Abdominales
–La situación de ella–

Con la cara completamente sonrojada, Ladybug se preguntó cómo es que siempre terminaba en situaciones tan surreales y extrañas, mientras que un decidido Chat Noir la sujetaba fuertemente entre sus brazos y la llevaba lejos de las miradas curiosas, como si temiera que en cualquier momento la muchacha entre sus brazos pudiera salir corriendo y alejarse de él.

Y es que ella no podía negar que justamente estaba pensando como huir rápidamente de ahí.

Cuando por fin Chat Noir llegó al lugar elegido por él, delicadamente la dejó en el suelo y la invitó a sentarse en un escalón. Al parecer estaban en una azotea lo suficientemente alta para evitar los ojos ajenos. Ladybug rápidamente tomó nota mental de los posibles puntos de fuga mirando discretamente a su alrededor. O al menos eso creyó ella.

—No estarás pensando en huir cobardemente, ¿verdad ma lady? — una sonrisa traviesa adornaba su rostro.

—Por supuesto que no, Chat— mintió convenientemente. Pero entonces sus mejillas se colorearon furiosamente porque, en un movimiento sumamente descarado, su compañero empezó a deslizar lentamente el cierre-cascabel de su traje.

—Purrrfecto— fue lo único que comentó mientras seguía con el atrevido movimiento.

Ladybug bajó la mirada avergonzada sin poder creer todavía que había caído en el juego de ese gato callejero. Todo por culpa de aquel anuncio.

Tan solo unos minutos antes, Ladybug y Chat Noir habían terminado su patrulla del día sin ningún incidente digno de mención. Se habían detenido sobre un edificio a charlar un poco antes de marcharse cada uno por su lado cuando Ladybug lo vio. Un enorme espectacular de la nueva línea de trajes de baño de Gabriel. Por supuesto que Adrien era el modelo estelar de la campaña. Por supuesto que Marinette ya lo había visto –y suspirado– hasta el cansancio. Pero definitivamente no era lo mismo verlo en una revista de formato medio que en un anuncio de al menos 3 metros de alto.

Adrien se veía maravillosamente bien. Enfundado en un bañador de color negro, el torso desnudo, esos abdominales perfectamente marcados, el cabello húmedo y una toalla sobre los hombros, como recién salido de la piscina,; el pulgar de su mano derecha sobre el resorte del bañador, bajando apenas un par de centímetros y dejando ver el atisbo de un tatuaje escondido.

—Adrien…— Un susurro emocionado con el nombre de su amor imposible salió de sus labios, lo suficientemente bajo para que sólo ella pudiera escucharlo; sin embargo, olvidó el pequeño detalle de que en ese momento se encontraba acompañada de Chat Noir, cuyos poderes mágicos incluían visión nocturna y el oído mejorado.

—No me digas que te gusta ese niño bonito, bichito.— comentó curioso.

Al verse pillada, su Marinette interior salió a flote enredándose con sus propias palabras mientras intentaba componer la situación, lo que ocasionó las carcajadas de su compañero.

—Ma lady, te aseguro que este gato no tiene nada que envidiarle a ese modelucho, creo que más bien, él me envidiaría a mí. Mis abdominales son infinitamente mejores.— Y, por alguna razón que todavía no alcanzaba a comprender, su compañero la había convencido de demostrarle, con hechos reales, que Chat Noir siempre tenía la razón.

Así que ahí estaba ahora, observando las puntas de sus pies como si fueran la cosa más interesante del mundo.

—Ladybug, mírame por favor. — La voz suplicante de Chat llegó a sus oídos.

Mente sana como manzana, Marinette, mente sana como manzana – se repitió mentalmente mientras encontraba el valor suficiente para levantar la vista. Sin embargo, al hacerlo, se arrepintió de inmediato mientras sentía como sus mejillas se calentaban aún más de ser posible. Ese condenado gato se había quitado la parte superior del traje, a excepción del lado donde tenía el anillo. Lo que no iba a negar es que definitivamente estaba en lo cierto; no tenía nada que envidiarle a Adrien.

Bajando nuevamente la mirada mientras pensaba rápidamente en cómo salir del embrollo en el que se había metido, no pudo notar cuando él se acercó sigilosamente hasta quedar a su lado; tomó una de sus manos y la colocó encima de su pecho desnudo justo a la altura de su corazón.

—¿Puedes sentirlo, ma lady? Es mi corazón, que sólo late así por ti—.

La boca de Ladybug se abrió por la impresión mientras sus miradas se conectaban durante un tiempo que a ella le pareció eterno. Justo cuando iba a decir algo –aún no sabía qué–, sus aretes comenzaron a parpadear, emitiendo la alerta que llegó como una salvación.

—Este, yo… Tengo que irme… Adiós. — Y, lanzando su yoyo, se alejó como si el mismísimo Hawk Moth la estuviera persiguiendo.

—Pero, Ladybug, ¡ni siquiera has usado tu Lucky Charm!— Chat se quejó amargamente. Con un suspiro de felicidad, se acomodó de nueva cuenta el traje y emprendió el camino hacia su casa con una sonrisa boba en la cara.

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Una sonrojada Marinette se cubría el rostro con las manos mientras rodaba sobre su cama sin parar.

—¡Gracias, Tikki, gracias! De la que me has salvado, ¡gracias!—

—Marinette, parecía que tu corazón iba a estallar de lo rápido que estaba latiendo— .

Marinette sólo dejó escapar un gruñido de frustración. Definitivamente no iba a poder volver a ver a su compañero sin enrojecer de nuevo durante algún tiempo.