Operación hámster

Esa mañana, al llegar a la escuela, Tikki estaba deprimida. Ver a una feliz Marinette dando vueltas en su silla, mientras celebraba alegremente que Chat Noir no la amaba era una pesada loza en su tierno corazón de kwami. Si tan sólo Marinette supiera lo que eso significaba…Sintiéndose miserable, un suspiro salió de su pequeña boca cuando sintió que Marinette abría la puerta de su casillero para guardar sus cosas.

Pero algo más llamó su atención. Lo sintió. A él.

—Marinette…— susurró tratando de no ser demasiado obvia.

—¿Pasa algo, Tikki?— Preguntó la portadora de su prodigio, mientras volteaba a todos lados para cerciorarse de que nadie la pudiese ver platicando con su bolso. Definitivamente eso sería muy raro.

—¿Podrías dejarme en tu casillero? Estoy un poco cansada, no dormí bien, y el salón luego es muy ruidoso, y… —

—Tikki, ¿te sientes bien? ¿Quieres que vayamos a ver al maestro Fu? — Marinette se preocupó enseguida.

—No, no es necesario, sólo necesito dormir un poco más. — Tikki se sentía mal engañando a su portadora, pero él estaba por ahí, en alguna parte, esperándola.

—Muy bien, vendré en el receso a verte— dijo Marinette con una sonrisa de alivio y cerró la puerta.

Tikki espero un par de minutos antes de llamar.

—¿Plagg? Se que estás aquí, ya puedes salir. —

—¡Hola, Terroncito! ¿Me extrañabas? — El kwami de la destrucción saludó coquetamente, tomando una de las rojas manitas y plantando un beso en ella.

—¡Por supuesto que no! Sólo me preguntaba qué haces aquí. — Contestó Tikki mientras lo apartaba de ella.

—Bueno, yo sólo quería saludarte, platicar un poco, cosas sin importancia, ya sabes… Y de paso descargar toda la rabia y el coraje que me hace sentir ese cachorro idiota que me tocó por compañero. —

Plagg había ido aumentando el volumen de su voz conforme dejaba salir toda la frustración que se había acumulado en su pequeño ser por culpa de su portador. Una risa histérica lleno el casillero mientras Tikki intentaba tranquilizarlo.

—Es que es hilarante, Tikki, ella es… y él la rechazó. La rechazó… A ella. ¿Lo entiendes? — Reía para no llorar.

Sin embargo, tuvo que parar cuando descubrió los ojos de la kwami llenos de lágrimas.

—Lo se Plagg, y lo más triste es que ella también estaba feliz, tan feliz de que él no la quisiera. Y yo no le puedo decir nada… Es muy triste.—

Plagg le dio un tierno abrazo tratando de consolarla. Transcurrieron varios minutos en los que ella dejaba caer silenciosas lágrimas mientras trataba de pensar en una solución que parecía no existir.

—Bueno, Tikki, quizás no todo está perdido. ¿Sabes? A él también le gustan los hámsters. Al menos tienen algo en común. —

Tikki lo volteó a ver con una expresión de sorpresa. El timbre que anunciaba el receso sonó justo en ese momento.

—Será mejor que me vaya antes de que él descubra que no estoy donde siempre—.

—Gracias por venir, Plagg — y le sonrió tiernamente mientras el oscuro kwami desaparecía atravesando los casilleros.

Por primera vez en el día, Tikki sintió una pequeña llama de esperanza en su tierno corazón de kwami. Cuando Marinette llegó preocupada a preguntarle cómo se sentía, la recibió con una amplia sonrisa para mostrarle que ya estaba bien; mientras empezaba a trazar el plan en su pequeña cabeza.

Sí, le metería la idea en la cabeza a Marinette de comprar un hámster. Y entonces le diría que les preguntara a sus amigos si era una buena idea, por supuesto que Marinette también le preguntaría a Adrien. Y entonces él diría que también le gustan ese tipo de roedores. Y entonces ella lo invitaría a acompañarla por uno. Y entonces…

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