La debilidad de Hermione

Hola! Quiero decir que LAMENTO MUCHO haber tardado aproximadaente 5 AÑOS en actualizar el fic. Sé que es mucho tiempo... ¿alguno de los lectores seguirá aquí luego de tanto tiempo? ¿Alguno habrá dejado de leer fics y se habrá dedicado a viajar por el mundo o se habrá hecho un rockstar? Espero que sí. Y para los que no, y aun les interese, aquí traigo la continuación! Como compensación por haber tardado 5 años en subir otro cap de la historia, he decidido publicar TODA LA HISTORIA completa aquí mismo, como si se tratara de un solo cap. Así que háganse un té, café, mate o lo que beban, pónganse cómodos que son como 66.000 palabras y que disfruten!


Rodeada por la noche

Eran las tres de la mañana y la chica se revolvía en sueños. De pronto el fuerte sonido de algo estrellándose contra el suelo la hizo abrir los ojos de par en par y sentarse en la cama, respirando agitada.

El rostro de Hermione fue marcado por las sombras que llenaban la habitación: Su suave y lisa piel, su cabello castaño enredado, sus ojos café, que expresaban el miedo que la invadía.

-Te digo que está yendo por ella –decía Harry, a muchos kilómetros de distancia. Estaba en casa de los Dursley y hablaba por teléfono celular con Ron, a quien le costaba entender esa tecnología y continuamente cortaba la llamada accidentalmente. Harry se quitó el teléfono de la oreja, frustrado, y volvió a marcar el número. -¡Te digo que dejes de cortar la llamada!

-Lo siento –masculló la voz de Ron del otro lado-. Sé que es muy útil, y toda la cosa, pero tú y mi padre sobrevaloran esta cosa…

-¡No es momento para discutir eso, Ron! ¡Hermione está en peligro!

La chica se había levantado de la cama, y caminaba despacio hacia la puerta, en pijama. Las blancas paredes de su cuarto sólo eran iluminadas por la luz de la luna que ingresaba débilmente por una ventana; un montón de libros estaban dispersos en pilas por todo el cuarto, así como algo de ropa muggle, un caldero y otros elementos mágicos. La chica apoyó el oído contra la madera de la puerta mientras asía el picaporte con una mano y trataba de descifrar los sonidos que venían del resto de la casa.

-Debes hacerlo, hijo, esta misma noche.

-Madre, ya te lo explicado. ¿Puedes entenderlo?

Narcissa perdió un poco la paciencia. Soltó un bufido mientras se ponía de pie. Su hijo seguía sentado a la larga mesa de madera, donde no había nadie más ya. La reunión había terminado horas atrás, el Señor Tenebroso se había ausentado así como los demás Mortífagos; pero el fuego en la chimenea seguía encendido y la siniestra silla delante de él llamaba la atención de madre e hijo, que involuntariamente giraban sus cabezas en aquella dirección continuamente, como esperando que el malvado mago de pronto se apareciera de la nada allí, sentado con su expresión malévola y sus ojos rojos.

-No lo entiendo, Draco –dijo la mujer-. Estás todos los días en esta casa, viendo lo que ocurre… Ya ves cómo nos trata a tu padre, a mí, incluso a ti. ¿Cómo es que te dan ganas de decepcionarlo aún más? ¿Acaso no quieres que nos deje tranquilos? –bajó la voz, atemorizada de que alguien los oyera-. ¡Yo también quiero que se largue de aquí, Draco! ¿Te piensas que no lo deseo? ¿Acaso crees que su presencia en la casa me deja dormir tranquila por las noches? ¡Claro que no! ¡Pero no podemos hacer nada, lo más sensato es permanecer fiel a él! ¡Y si te dice que hagas algo, tú sólo vas y lo haces! ¡En especial si se trata de aquella sangre sucia, Draco! ¡Me cuesta entender que te fascinaras por alguien así…!

-¡Yo no estoy fascinado! –protestó Draco, su expresión sombría y crispada por un súbito arranque de enojo. Lo negaría a toda costa, sin importar lo que realmente sintiera. No toleraría las burlas de su madre.

-¡Entonces ve y hazlo! –exclamó ella-. ¡Esta misma noche!

Hermione salió al pasillo y empezó a caminar, con la varita en alto. Nerviosa, giraba la cabeza hacia todos lados, temiendo aquello con lo que se podía encontrar. Los ruidos ya no se oían, pero estaba segura de que los había sentido venir de la cocina. Aunque, mientras atravesaba toda la casa para llegar allí, la duda empezó a apoderarse de ella, y el miedo consiguió hacer brotar unas gotas de sudor en su frente.

-¡Vamos, Ron, tienes que ir! ¡Ahora mismo! –Harry trató de no levantar más la voz para no despertar a los Dursley, aunque eso le importaba poco en ese momento.

-Harry, no es que no te crea –le dijo su amigo, desde la Madriguera-. Sé que puedes ver cosas en sueños, y si dices que ella está en peligro, yo soy el primero que puede desear ir a salvarla. Pero ni siquiera sé dónde queda su casa. No tengo la dirección. De hecho, sé muy poco de la ciudad donde vive con sus padres, Sheffield…

-Ron, créeme que muero por ir contigo –siguió Harry-. De verdad, no me importa mi seguridad, pero estoy seguro de que eso es lo que Voldemort quiere. Y la Orden me dio expresas órdenes de quedarme donde estoy hasta que vengan a buscarme. Sólo toma tu escoba, toma un mapa, dirígete hacia el sur, cuando veas luces de ciudad y estés en una zona aproximada, baja el vuelo y…

-¿Y empiezo a buscar en todas las casas hasta que Hermione abra?

-¡Qué ridiculez! ¿Cómo es que no tenemos su dirección? –se quejó Harry, furioso consigo mismo.

-¡Si tan sólo le hubiéramos dado uno de estos celulosas a ella! –dijo Ron, errándole al nombre del teléfono.

-Se me ocurre algo… -dijo entonces Harry, inseguro-. Espera.

Y salió del cuarto, para luego bajar las escaleras casi corriendo e internarse en la penumbra de la planta inferior de la casa de sus tíos. Encendió a toda prisa la luz del living, se acercó al mueble de revistas de Tía Petunia y apartó largos ejemplares de revistas de moda hasta dar con las páginas amarillas. Desesperado, y deseando que aquello funcionara, revolvió las páginas hasta encontrar la sección de la ciudad Sheffield, y el número telefónico y dirección de todos los dentistas.

-¿Qué haces? –preguntaba Ron por el teléfono, ansioso.

-Hermione mencionó que el consultorio de sus padres estaba conectado a su casa –dijo entonces Harry, pasando páginas a toda velocidad-. ¡Lo tengo! ¡Aquí está, el único dentista de la zona apellidado Granger, tiene que ser él! ¡51 Wellington Street, Ron! ¡Apresúrate!

-¡Voy para allá! –Ron lanzó el teléfono hacia el otro extremo de su habitación, ya que no tenía la menor idea de cómo finalizar la llamada, se subió en su escoba y, sin más ceremonias, salió a toda velocidad por la ventana del cuarto. Entonces, cuando había atravesado el límite de La Madriguera, se dio vuelta en el aire y Desapareció, sin siquiera bajar de la escoba primero.

-¿Mamá? ¿Papá? –Hermione se quedó aterrada al entrar al cuarto de sus padres. Ninguno de los dos estaba allí, y las sábanas estaban todas desacomodadas y en el suelo. Entonces otro estrépito se produjo en la cocina, como si alguien hubiera lanzado varias cacerolas al suelo, y la chica pegó un sobresalto en su lugar, cerró los ojos un instante y respiró varias veces, tratando de tranquilizarse. Luego se armó de valor y salió en dirección a la cocina.

Draco iba en su escoba, y el viento lo golpeaba en la cara. La noche era fría para ser pleno verano, y las estrellas se alzaban sobre él. Su cabello rubio se le apartaba mientras la brisa lo golpeaba fuertemente, y el muchacho aceleraba, apurando el vuelo sobre los extensos páramos desiertos bajo él. Había abandonado Wiltshire, su ciudad natal, donde estaba la Mansión Malfoy, y había sobrevolado Londres en dirección norte, hacia Sheffield. No había querido aparecerse para retrasar el momento de hacer aquello…

Era imposible echarse atrás, pensó, mientras volaba sobre la nada. Si no lo hacía, estaba seguro de que Voldemort mataría a toda su familia. No podía vivir con eso, no podía cargar con la muerte de su madre… Entonces Draco cerró los ojos y una lágrima cayó por debajo de un párpado. No tenía alternativa. Tenía que matar a Hermione.

-¡¿Quién anda ahí?! –chilló la chica, y abrió la puerta de la cocina de una patada. La brillante luz que alguien había encendido en el techo de aquella habitación titiló espeluznantemente y de pronto se apagó, un segundo después de que la puerta golpeara la pared tras ella. Todo quedó sumergido en tinieblas y la chica se echó hacia atrás, tropezó y cayó sobre su espalda, su varita yendo a parar debajo de un mueble. Una risa horrenda y macabra le llegó a los oídos, mientras unos pasos golpeaban el duro suelo de linóleo.

-¡NO! –chilló Hermione, cuando una ágil figura se le vino encima. Dos firmes manos la sujetaron del cuello y tiraron hacia arriba, obligándola a incorporarse. Una nube se corrió en el cielo y la luna lleno dio en la cara de un hombre, que estaba solo allí, delante de ella, examinándola con mirada seria. Mientras ella luchaba por liberarse, el hombre metió su mano libre en su túnica y extrajo una varita, que clavó dolorosamente en su cuello.

-¡Tú! –articuló la chica, mirando con terror aquel rostro familiar. Pero no pudo decir nada más. La mano del hombre le apretaba el cuello con fuerza y la dejaba sin respiración, y sus labios ya empezaban a abrirse para pronunciar el maleficio asesino…

Entonces la puerta principal se abrió de par en par en un golpe seco y alguien más irrumpió en la sala. Inmediatamente, el hombre que sujetaba a la chica apartó la varita de su cuello y la dirigió al intruso.

-¡Avada…!

-¡NO! –bramó otra voz-. ¡Soy yo!

Lucius se detuvo, horrorizado, mirando a su hijo, que estaba de pie en el umbral de la puerta.

-¡Draco! –dijo el hombre, casi olvidándose de Hermione-. ¡Casi… casi te…!

-¡¿Qué estás haciendo aquí?! –rugió Draco, fuera de sí-. ¡SUÉLTALA!

-¡No! –dijo entonces Lucius, y aferró a Hermione con más ímpetu-. ¡Si no lo hago yo, sé que tú no lo harás! ¡No puedo permitir que nos hagas esto a tu madre y a mí, yo mismo acabaré el trabajo!

-¡NO! –Draco apuntó a su padre con la varita y sus miradas se conectaron; la de Draco con odio hacia él, la de Lucius tratando de aparentar firmeza.

-Lo siento, hijo –Lucius dirigió su varita a Hermione y abrió la boca.

-¡CRUCIO! –se oyó el grito de Draco, y su padre abrió los ojos de la sorpresa mientras un dolor terrible lo envolvía, haciéndolo soltar a la chica y caer en el suelo, encorvado. -¡TE DIJE QUE NO LO HICIERAS! –Draco apartó la varita de su padre, que al instante empezó a incorporarse, rojo de la rabia, invadido por una cólera que daba miedo.

-¡Cómo… te atreves…!

-¡CRUCIO! –volvió a decir Draco, y Lucius volvió a caer en el suelo.

-¡Basta! –chilló entonces Hermione, agarrando a Draco por la túnica y mirándolo a los ojos, aterrorizada. Draco apartó la varita de su padre una vez más, pero no le dio tiempo de contraatacar.

-¡Petrificus Totalus!

Entonces, Draco caminó hasta el petrificado cuerpo de su padre, lo tomó de un brazo y giró en su lugar, desapareciendo con él. Hermione se quedó sola, llorando y mirando al lugar en el que ambos habían desaparecido. Luego se apartó, corrió hacia la puerta principal, la cerró y se quedo recostada en ella, con los ojos cerrados, respirando entrecortadamente. Luego volvió a abrir los ojos y empezó a correr por la casa.

-¡Mamá! ¡Papá! –con el corazón en la boca, se metió en la cocina y los vio: Los dos estaban petrificados y apoyados contra una pared, como estatuas-. ¡Ya vengo! ¡Esperen!

Corrió hacia la sala y metió la mano bajo el gran mueble, hasta que pudo encontrar su varita, llena de telarañas. Volvió a la cocina a toda prisa.

-¡Enervate!

Sus padres volvieron a la normalidad, y la chica los abrazó.

-¡Hermione, cielo! –exclamó su madre, abrazando a su hija-. ¿Qué ha ocurrido?

-Lo siento… -dijo la chica, llevándose una mano al pecho, mientras pensaba a toda prisa-. Lo siento…

-¿Qué cosa? ¿Qué ha pasado?

Pero entonces Hermione apuntó a sus padres con su varita y les borró la memoria.

-¡Hermione! –llamó una voz desde el living, media hora después. -¿Dónde estás?

-Aquí estoy, Draco.

-¿Estás bien?

-Sí… creo que sí –la chica se acercó al muchacho y lo miró con los ojos entrecerrados.

-¿Tus padres están bien?

-Sí –dijo ella, de nuevo. Había cumplido ya con el plan que tenía hacía tiempo; durante esa media hora, había llevado a sus padres a Australia con una nueva identidad y había regresado a su desolada casa. Aquello había sido el factor determinante para impulsarla a tomar su decisión.

-Quiero pedirte disculpas, por todo esto –dijo Draco, acercándose a ella. Su mirada era inexpresiva. Y entonces, de la nada, Hermione rompió a llorar, corrió hacia él y lo abrazó.

-Tranquila –dijo Draco, acariciándole el pelo una y otra vez, mientras la sentía temblar en sus brazos-. Todo va a estar bien.

-Draco, ¿qué hacía tu padre aquí? ¿Por qué trató de matarme?

-Vámonos –dijo Draco-. Tenemos que irnos de aquí, Hermione. Vendrán en cualquier momento. Luego puedo explicarte.

-Déjame ir a buscar un par de cosas –Hermione corrió a su habitación, metió todo lo que pudo en su bolsito de cuentas y regresó para encontrarse con el menor de los Malfoy. –Vámonos. ¿Nos aparecemos?

-No –dijo entonces Draco-. Creo que Voldemort vigila el ministerio, y eso incluye el Departamento de Transportes Mágicos. Si nos desaparecemos pueden detectar nuestra ubicación. Ven, iremos a pie hasta algún lugar seguro, donde podamos montarnos en escoba.

Salieron corriendo de la casa y caminaron media cuadra por la desierta calle. Entonces, súbitamente, Hermione se detuvo, tomó a Draco de la cara con las dos manos y le dio un beso en los labios. Draco cerró los ojos, totalmente desconcertado por aquello, y luego la sujetó firmemente de un brazo y continuó alejándola de allí, calle abajo.

Aunque ellos no repararon en su presencia, Ron estaba allí de pie, a dos pasos de la casa de Hermione, y miraba muy serio al lugar en el que ambos habían desaparecido.


Después de la muerte

Hermione se detuvo, tomó a Draco de la cara con las dos manos y le dio un beso en los labios. Draco cerró los ojos, totalmente desconcertado por aquello, y luego la sujetó firmemente de un brazo y continuó alejándola de allí, calle abajo.

Aunque ellos no repararon en su presencia, Ron estaba allí de pie, a dos pasos de la casa de Hermione, y miraba muy serio al lugar en el que ambos habían desaparecido corriendo, hasta perderse detrás de una casa. Entonces escuchó gritos y vio una brillante luz surgir de la nada en aquella misma dirección. Boquiabierto, Ron levantó su varita y corrió hacia allí.

-¡SUÉLTALA! –gritó una voz.

-¡NO! ¡Corre Hermione, vete!

-¡No voy a dejarte!

-¡VETE! ¡AHORA!

Y a continuación, una risotada desgarró la noche, una risa cruel que Ron pudo reconocer al instante, y eso le puso la piel de gallina. Después de aquella noche en el Ministerio dos años atrás, la horrenda voz de Bellatrix Lestrange aún venía a él en pesadillas.

Ron corrió todo lo rápido que pudo, mientras las luces seguían surgiendo delante de él. Estaban justo detrás de aquella casa, aunque no pudiera verlos…

-¡¿Por qué la proteges?! –gritó otra voz diferente, de hombre-. ¡Esta es tu última oportunidad, Draco! ¡Si no la matas ahora…!

-¡No va a hacerlo, Lucius! ¡Yo termino con esto!

-¡NO!

-¡AVADA KEDABRA!

Ron se detuvo en seco, aún a dos metros de la pared de la casa que lo separaba de la pelea. Su corazón dio un brinco y su mente quedó en blanco, mientras el intenso destello de luz verde se esfumaba con la misma rapidez con que había aparecido, y un grito de horror desconsolado le llegaba a los oídos, perdido en la inmensidad de la noche; un grito de sufrimiento como ningún otro que hubiera escuchado jamás.

-¡¿QUE HAS HECHO?! ¿QUÉ HAS HECHO, BELLATRIX?

Ron no podía pensar. Aquello no podía estar pasando. No podía ser real. El muchacho se recostó contra la pared de la casa, con los ojos desorbitados. Ya no quería cruzar al otro lado, no quería ver lo que sea que hubiera allí. Sólo quería despertar y que todo resultara ser una pesadilla, la pesadilla más horrible de todas. Hermione no podía haber muerto…

Vio entonces una maraña de rulos: Sin percatarse de su presencia, Bellatrix pasaba corriendo a su lado, se volvía en el lugar y Desaparecía con un ¡Crack!

Entonces Ron volvió a escuchar aquella voz, la misma que había lanzado el grito de pena.

-¡Es tu culpa! ¡Esto pasó por tu culpa! ¡VOY A MATARTE!

Ron salió a toda prisa de su lugar y sacó la varita mientras le daba la vuelta a la casa y quedaba de cara a la escena.

-¡Petrificus Totalus! –gritó, apuntando a las espaldas de Lucius Malfoy. El hombre cayó al instante hacia adelante, boca abajo sobre el asfalto, y Ron pudo ver, justo delante del lugar donde yacía el hombre, a una desconcertada, horrorizada y al borde del colapso Hermione; pero de pie y viva.

-¡Hermione! –dijo Ron, y cerró los ojos un instante, agradeciendo con todo su ser aquella imagen, aquella visión de Hermione viva. Entonces volvió a abrir los ojos y toda la felicidad se desvaneció de su mente. Hermione estaba viva, pero lloraba incontroladamente y pronto se dejó caer en el suelo de rodillas, junto a una figura oscura. Ron corrió hacia allí también, pero se detuvo a pocos metros. El horror volvió a él: Draco estaba tendido en el suelo, con los brazos extendidos y los ojos desenfocados.

-No… -dijo Ron, acercándose al muchacho. Hermione lloraba cada vez más fuerte. Ron fue hacia ella entonces, se dejó caer a su lado y la abrazó, sin poder apartar la vista de los ojos sin vida de Draco Malfoy.

Hermione no dijo nada, dejó que Ron la abrazara y lloró cada vez más fuerte, hasta que sus llantos se convirtieron en gritos, y los muggles que habitaban en las casas alrededor de ellos empezaron a asomarse a las puertas, algunos incluso a caminar hacia ellos, mientras muchas luces se encendían en las ventanas.

-Draco… muerto… -murmuró Ron, que no terminaba de creer lo que estaba viendo. Hermione temblaba en sus brazos. –Hermione… vámonos. Tenemos que irnos de aquí cuanto antes.

-No.

-Vamos, Hermione –Ron se puso de pie y trató de incorporar a la chica también, pero ella seguía sobre el cuerpo de Draco, derramando sus lágrimas sobre él. –Vamos… yo te sacaré de aquí.

Ron quiso levantar a la chica con cuidado, abrazándola por los hombros, pero ella se resistió. Cada vez se sacudía con más intensidad y gritaba más fuerte. Entonces, al llegar a un pico máximo de dolor, cayó hacia un costado, inconsciente: se había desmayado. A toda prisa, Ron se arrodilló a su lado. Entonces escuchó varios ruidos y voces que no eran de muggles. Alguien se había Aparecido justo detrás de la esquina de la calle, y los pasos caminaban hacia ellos…

Ron tomó el brazo de Hermione y giró en su lugar. Sintió una fuerte opresión, como si pasara a través de un estrecho tubo de goma, y de pronto ambos estaban en otra calle, también de ciudad, pero muy lejos de allí. Esta, a diferencia de la anterior, estaba completamente desierta.

Ron miró a Hermione, que seguía desmayada. No había sufrido ninguna despartición, estaba bien. Haciendo uso de todas sus fuerzas, el chico la levantó en brazos y cargó con ella a través de la calle, hasta llegar al número 4. Justo cuando alcanzaban la puerta principal, ésta se abrió y la mirada de horror de Harry Potter lo recibió.

-Está viva –se apresuró a decirle Ron, y esto hizo que Harry se dejara caer sobre el marco de la puerta, respirando aliviado-. Sólo se desmayó. Rápido Harry, vamos a tu habitación.

Harry condujo a Ron escaleras arriba, procurando no hacer ruido. Una vez que entraron en el cuarto de Harry, cerraron la puerta y Ron, que al ser mayor de edad podía usar magia sin que lo detectaran del Ministerio, echó el maleficio muffliato para que los tíos de Harry no pudieran oírlos. Recostaron a Hermione con cuidado en la cama de Harry, y Ron se volvió a su amigo con el semblante frío.

-Draco ha muerto.

-¿Qué dices? –Harry lo miró sin dar crédito a sus oídos-. ¿Qué Draco ha muerto? ¿Cómo?

-No lo sé… -Ron se quedó pensando, mientras miraba a Hermione con preocupación-. Cuando llegué a su casa, ella salía de allí con él… Entonces desaparecieron tras una esquina, escuché gritos… Lucius y Bellatrix Lestrange se habían Aparecido justo allí, donde estaban ellos, y empezaron a pelear… Creo que Draco quería protegerla, y entonces Bellatrix lanzó el maleficio. Al principio pensé que… pensé que Hermione había muerto. No me explico cómo, pero el maleficio le dio a Draco. Debe haber querido protegerla… Se debe haber interpuesto en el camino del hechizo.

Los dos se quedaron mirándose a los ojos, horrorizados. Por mucho que hubieran peleado con él en continuas ocasiones, ninguno le deseaba la muerte a Draco, y no sabían qué pensar o decir al respecto. Entonces Hermione empezó a moverse, y ellos se aproximaron a la cama. La chica tardó unos segundos en abrir los ojos, darse cuenta de dónde se encontraba y con quiénes.

-Harry… Ron… Oh, no –Hermione se tapó la boca con una mano, y sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.

-Tranquila, recuéstate –le dijo Harry, y le empujó el pecho con suavidad para que volviera a recostarse sobre la almohada.

-Fue mi culpa –dijo ella, sollozando-. Perdimos demasiado tiempo… Draco debe de haber dejado a su padre de vuelta en su casa, quizás petrificado o algo, pero no debe haberse dado cuenta de que Bellatrix estaba en la casa… Al volver conmigo, Bellatrix debe haber liberado a Lucius y le debe haber preguntado qué había pasado, así que los dos volvieron. Si no hubiese perdido tanto tiempo en ir a buscar mis cosas, él no habría tenido que salvarme…

La chica rompió en lágrimas otra vez, y los otros dos se acercaron más a ella. Harry la abrazó y Ron se quedó a un lado, tomándole una mano entre las suyas.

-Aquí estarás a salvo –le dijo Ron-. Debe ser el lugar más seguro al que ir, la casa de Harry. Aquí la protección de la madre de Harry nos protege, ellos no podrán ingresar.

Hermione se sentó en la cama y abrazó a Harry con fuerza.

-Vamos… Todo estará bien –le dijo él.

-No… no lo estará –la chica hundió la cara en su hombro, sin dejar de llorar-. Nada está bien.

Ron se inclinó hacia adelante y la abrazó también.

-Sé que lo querías –dijo entonces en un tono muy bajo casi al oído de ella, que también estaba cerca del oído de Harry-. Sé que sentías algo por él, y lo entendemos, Hermione. Haremos todo lo posible por ayudarte.

-Yo no sentía algo por él –dijo ella entonces, y se apartó de Harry para mirar a Ron-. ¡Pero murió para salvarme! ¡Y eso es horrible! No lo merecía, yo debí haber muerto.

-Claro que no –le dijo Harry, mirándola a los ojos con la misma expresión de preocupación-. Tú no tuviste la culpa, Hermione.

-Pensé que sentías algo por él –dijo entonces Ron-. Los vi besándose…

-¡Lo besé porque me había salvado, y… no lo sé… supongo que aún me gustaba, pero nunca sentí nada por él, no como…! –se interrumpió, sin decir nada más. Aún lloraba.

-Eso no importa ahora –dijo Harry, y trató de recostarla de nuevo-. Sé cómo te sientes, sólo trata de pensar en otra cosa, despeja tu mente, recuéstate. Nosotros te distraeremos. Hablemos de otra cosa. Ron, ayúdame…

Pero entonces Hermione se lanzó sobre él y lo besó, tan de improvisto que Ron se echó hacia atrás. Atrajo la cara de Harry a la suya y lo besó muy enérgicamente, las lágrimas aún resbalando por sus mejillas. Luego se separó, se reclinó hasta quedar delante de Ron, lo miró unos instantes con sus ojos recorriéndole el rostro, desde el cabello rojo hasta el mentón, donde crecía una corta barba pelirroja, y lo besó también. Luego tomó a Harry de un brazo y tiró de él. Los colocó a los dos en la cama y los besó por turnos, igual de enérgica que antes. Cuando ya se habían acostado, cruzó una pierna sobre Harry y puso un brazo de Ron sobre su costado, para que la abrazara. En medio de los dos, Hermione los acarició con ternura, se volvió hacia uno y luego hacia el otro, y no pareció hablarle a nadie en particular cuando sus labios soltaron un: "Te amo".


de su inmadurez y sus temores,

-Mira esto, Ron –susurró Hermione, con una sonrisita traviesa. Soltó aquello que sostenía entre dos dedos: el palito de un chupetín (paleta) que se había comido momentos atrás. El mismo calló por su parte dulce sobre el pelo de Dudley y se quedó allí pegoteado. Ron y Hermione se taparon la boca mientras se reían.

-A que le doy en la oreja –susurró Ron, y levantó una bombilla, que todavía goteaba un poco de Coca-Cola. La dejó caer sobre Dudley y esta se le metió en la boca, que estaba entreabierta mientras el rubio musculoso dormitaba, chorreando baba sobre su almohada. Esta vez tuvieron que mirar hacia otro lado para ocultar sus risas, la bombilla le había quedado bajo la lengua, y se levantaba y luego bajaba con cada respiración. Hermione espió para comprobar que el chico no se hubiera despertado, pero Dudley seguía envuelto en sueños, con aquella imagen tan divertida en la cara.

-¿Dónde está Harry? –preguntó, echándole un vistazo a la puerta del cuarto-. Se está perdiendo la diversión.

-Creo que fue a buscar más pastel –dijo Ron, y a continuación empezó a describir arcos con la varita sobre la cara del chico, pintándole una figura obscena sobre la frente.

-¡Ron! –lo reprendió Hermione, pero no pudo contener otra carcajada que tuvo que ahogar con su mano-. Es un poco parecido al tuyo, ¿no crees?

-Mmm… no sé por qué lo dirás.

-Por el tamaño, claro.

-Ya vas a ver –Ron se abalanzó sobre la chica, que no pudo evitar soltar su gritito de sorpresa característico. Dudley giró en su cama y se dio vuelta dormido, quedando de cara a la pared del cuarto. Ron empezó a hacerle cosquillas a Hermione, que lo miraba con súplica y se tapaba la boca con las dos manos para no soltar risas, con la cara poniéndosele roja.

-¡Hey, chicos! –era Harry, que acababa de entrar al cuarto de Dudley con un pastel de chocolate en la mano. Vio a los otros dos allí de pie contra el armario de su primo, bien juntitos, y al otro lado del cuarto a Dudley, que estaba dado vuelta pero aún así se le veía la punta de la bombilla asomar de la boca y el palito de chupetín en el pelo, y sonrió. -¿Quieren una porción?

-Harry, tu primo duerme como un oso en invierno. ¿Seguro que no le diste alguna poción? ¿Siempre es así?

-Siempre –le dijo Harry a Ron, que ya le sacaba una buena porción de pastel y se la llevaba a la boca.

-Y tus tíos, ¿a qué hora regresarán?

-No lo sé, no suelen ir a fiestas muy seguido, así que ni idea.

Los tíos de Harry se habían marchado a un casamiento, al que Dudley no había querido ir, alegando que tenía que "adelantar estudio". Aunque aquella confesión casi hiciera llorar del orgullo a tía Petunia, Harry había observado a su primo abrirle la puerta a una chica bastante fea, con quien estuvo un rato en la casa antes de que salieran juntos, y había regresado hacía una media hora, cerca de las dos. A todo esto, los Dursley no tenían ni idea de la presencia de Hermione y Ron en la casa. Harry los mantenía bien escondidos en su cuarto y constantemente llegaban lechuzas de la señora Weasley con montones de comida y dulces para su hijo.

-Los pasteles de mamá son los mejores –masculló Ron con la boca llena y con chocolate chorreándole por la barbilla.

-Eres un asco, Ron –dijo Hermione, mientras extendía un brazo para tomar una porción también. –Volvamos a tu cuarto, Harry. Y Ron, mejor regresa a la normalidad a Dudley antes de que haya problemas.

Volvieron al cuarto de Harry y Ron realizó perezosamente los encantamientos habituales, para que nadie los escuchara y para que no pudieran entrar. Hermione se dejó caer en la cama de Harry y extendió los brazos desperezándose, con una sonrisa. Se la veía muy feliz esos días, todo el día en el mismo cuarto con los dos chicos, sin hacer otra cosa que comer, ver televisión y tener sexo. Como había dicho Ron, ¿qué más podía pedir un ser humano?

-Hagan paso –dijo Harry, metiéndose al otro lado de Hermione. Ron ya se había acostado también. La cama era algo chica para los tres, pero no les importaba demasiado.

-Pasa otro pedazo de pastel, Harry –pidió Ron, que ya había encendido la tele y miraba el video del Gangnam Style en MTV. –Amo esta basura muggle.

-Opa gangnam style –canturreó Hermione, moviendo la cabeza al ritmo de la música.

-Esta cosa es más útil de lo que me habías dicho, Harry –comentó Ron, examinando su teléfono celular. Desde que Harry le había explicado bien como usarlo, se pasaba todo el día jugando Angry Birds.

-Ay, chicos –Hermione extendió los brazos sobre las cabezas de cada uno de ellos y miró hacia un lado y luego al otro, con la misma sonrisa de antes-. ¿No sería genial que la protección de la madre de Harry durara para siempre? Así no tendríamos que irnos nunca de aquí.

-Ya te lo he dicho –dijo entonces Harry-. Quiero encontrar los Horcruxes cuanto antes, así que en realidad es mejor así. Y tenemos que ir también a casa de Ron.

-¿Por qué? –dijo ella entonces, y la sonrisa se borró de sus labios mientras lo miraba de lleno, penetrando sus anteojos y también sus ojos con la mirada-. ¿Hay alguien allí a quien quieras ver, Harry?

-¿Qué? –dijo él, sin comprender-. ¡Oh! ¡No, no, Hermione, no tiene nada que ver con eso, lo juro! Es que pensé que sería bueno reencontrarnos con el señor y la señora Weasley, ya sabes, y los gemelos…

Hermione le sonrió de vuelta, tomó el control remoto y apagó el televisor.

-¡Hey, estaba viendo eso! –se quejó Ron.

-Nada de tele, tengo sueño –dijo ella, y apagó la luz con su varita, para luego dejarla de vuelta sobre la mesita de luz. Ya a oscuras, se acomodó entre los dos, le dio un beso a cada uno en los labios y se quedó allí tendida con la sonrisita. Una vez que sus ojos se hubieron acostumbrado a la oscuridad, Harry y Ron se miraron, indicándose con gestos algo más o menos como: "¿Quién se cree que es esta?", pero divertidos, mordiéndose los labios y sonriendo.

-Ya, ya, vengan acá –dijo Hermione entonces, aún con los ojos cerrados, y se acercó la cara de los dos chicos a la suya. Entonces empezó a besarlos más largamente, primero a Harry y luego a Ron. Se detuvo con este último un largo rato, y mientras tanto Harry empezó a levantarle despacio la blusa que llevaba puesta, más jugando con ella que quitándosela. Luego Hermione se volvió hacia Harry y Ron continuó el trabajo, levantando la blusa hasta que la espalda de la chica quedó desnuda, y con dos dedos le desabrochó el sostén. Ella giró de vuelta hacia el pelirrojo, y Harry terminó de quitarle la prenda superior y el brasier, dejando a la chica entre ellos con el torso desnudo y los pechos iluminados por la blanca luz de la luna que entraba por la ventana. Ron empezó a acariciarle un pecho y Harry el otro, desde atrás.

-No es justo –comentó ella, aún a los besos con Ron-. Yo me tardo una eternidad en desvestirlos a ustedes, y ustedes me quitan todo en diez segundos.

Harry y Ron rieron. Le desabrocharon el jean y se lo fueron bajando entre los dos hasta quitárselo, y lo arrojaron lejos. Por el sonido, el pantalón de la chica había caído sobre una bolsa de frituras.

-¡Beso, beso! –pidió ella a los grititos. Parecía una niña pequeña pidiendo dulces. O eso fue lo que pensó Harry, mientras pegaba sus labios a los suyos y le cumplía su deseo con más entusiasmo del que ella esperaba. Ron entonces se dedicó a jugar con la única prenda que le quedaba puesta a la chica, hasta que se la quitó también. Tanto Harry como él seguían completamente vestidos, con jeans y camisas. Estuvieron un rato así, jugando, y luego se desvistieron ellos también; Ron estaba de cara a Hermione y Harry detrás, Ron la besaba con ternura en los labios y Harry en la espalda, Ron le recorría los pechos con una mano y Harry las piernas con otra. Hermione llevó una mano hacia atrás y acarició el pecho de Harry, mientras besaba a Ron, y luego fue bajando la mano hasta que le agarró el pene con firmeza y empezó a masturbarlo. Harry se dejó llevar y Ron empezó a penetrarla, haciéndola gemir levemente. La chica acercó a Harry más a ella e hizo que la penetrara por detrás. Se mordió fuerte los labios mientras sentía a los dos chicos entrando en ella al mismo tiempo. Ellos la abrazaban y la recorrían con caricias. La besaban. La rozaban. Su pierna derecha se levantaba sobre el cuerpo de Ron, que la miraba con expresión perdida, el hermoso rostro de Hermione a la luz de la luna. Sus ojos cerrados y sus cejas castañas que se levantaban ligeramente, como sintiendo un leve dolor, pero más placer que eso. Y sus labios estaban un poco entreabiertos. Ron pensó que nunca había visto algo tan lindo en toda su vida. Aquello era como la expresión máxima de todo lo que es bello, el sentimiento que calienta el corazón y de a poco hierve la sangre, hace brotar belleza en forma de sedosos contactos de piel; expresión de deseo, lujuria pero también amor.

Cambiaron de pose. Hermione se sentó sobre Ron, mientras él seguía penetrándola, y Harry la besaba mientras ella se incorporaba y se dejaba caer sobre el chico. Luego Harry la recostó, le levantó las piernas, se las pasó por encima del hombro y continuó él. Más tarde Hermione le hacía sexo oral a Ron, que estaba recostado boca arriba mirando el techo y con una mano le acariciaba el pelo. Harry se había colocado tras ella y le levantaba la cola con ambas manos mientras la embestía. Al final estaban de vuelta en la pose original, los tres acostados y ella en medio de los dos, mientras la penetraban a la vez. Respiraban con dificultad y no dejaban de arrancar las sábanas y clavar las uñas en el colchón.

Las espaldas se arqueaban y los cuerpos se juntaban y se separaban brevemente. El crecimiento de la lava, el anticipo de la erupción. Harry y Ron estaban pegados a Hermione por ambos lados y cuando se movían hacia ella, para penetrarla, lo hacían a la vez. Ella lanzaba gemidos que hubieran despertado a más que sólo Dudley. Cada vez era más intenso, y no había forma de frenarlo. Totalmente abstraídos de la realidad, de cualquier cosa que no fuera ese momento. Más rápido. Más fuerte. Harry y Ron estaban dentro de ella. La erupción. La explosión del volcán. Se abrazaron con fuerza.

Recostaron sus cabezas juntas, la de uno en su pecho, la del otro en su pelo. Se acariciaron. Se cubrieron con una sábana y permanecieron en la postura más cómoda del mundo, incomparable con ninguna otra, posición perfecta. El sol ya salía, habían pasado varias horas ya. Pero el tiempo no estaba en sus mentes, sólo había lugar para la fragancia, el perfume de sus cuerpos, el gusto de los labios. Eran piel altamente sensible, delicada flor rosada que todo lo siente.

Se quedaron dormidos, juntos y abrazados. Tres piezas que se unían para formar el mismo rompecabezas, complementos perfectos. No sería sino hasta muchas horas después, tantas que el cielo tras la ventana se habría vuelto dorado ya, anunciando el comienzo de una nueva puesta de sol, que la vocecita de Hermione los haría darse cuenta de que estaban despiertos.

-Harry, mañana vendrán de la Orden –lo dijo con apenas un hilo de voz, sin abrir los ojos ni mover otro músculo aparte de los labios. –Tendremos que irnos. Será peligroso…

Una súbita imagen de oscuridad, hechizos y gritos pareció parpadear en el aire, interrumpiendo la tranquila escena.

-No te preocupes -dijo Harry, que aún se creía dormido-. Nosotros tenemos esa arma que el señor tenebroso no conoce… el amor.

Ron lanzó una risotada desde su lugar en la cama.

-Por las barbas de Merlín, Harry. Más vale que te despiertes y me traigas un buen desayuno.

después de todo lo sufrido,

Harry y Hagrid cayeron a escasos metros de La Madriguera, sobre el césped. Ginny y la señora Weasley se acercaban corriendo.

-¿Harry? ¿Eres el Harry auténtico? ¿Qué ha pasado? ¿Dónde están los otros?

-¿Cómo que dónde están? ¿No ha vuelto nadie? –Harry contempló a la señora Weasley-. Los Mortífagos nos estaban esperando. Nos rodearon en cuanto levantamos vuelo; sabían que iba a ser esta noche. Pero ignoro qué les ha ocurrido a los demás. Nos persiguieron cuatro Mortífagos y nos costó mucho librarnos de ellos. Y después nos alcanzó Voldemort.

-Por suerte estás bien, querido.

Entonces Ginny se acercó a Harry y lo abrazó muy fuerte, haciendo que la señora Weasley la mirara con extrañeza. A Harry le dio un vuelco el estómago.

-Ron y Tonks deberían haber sido los primeros en regresar –dijo entonces, cuando se separó de él-. Y luego papá y Fred. Sus trasladores volvieron solos… George y Lupin deberían llegar dentro de un minuto.

Harry miró a Ginny a los ojos, con miedo. En aquel momento la vida de todos sus amigos y de las personas que más valoraba en el mundo era una suerte, indecisa. Luego de la emboscada de los Mortífagos en el aire, cualquiera podía estar vivo o muerto. Eso incluía a Ron y Hermione, y el pensamiento hizo que le diera la espalda a la chica y mirara al cielo, deseando que se aparecieran allí en cualquier momento.

Una luz azulada se encendió de la nada, y todos miraron hacia allí. George y Lupin aparecieron frente a ellos. Y Harry supo que algo andaba mal, porque George estaba cubierto de sangre, tanto la cara como en todo el pantalón.

-¡George! –aulló la señora Weasley, corriendo al encuentro con su hijo inconsciente-. ¿Qué le ha pasado?

-Le dieron –dijo Lupin-. Ha perdido una oreja, Molly…

-¿Y qué es toda la sangre en su entrepierna?

-Bueno… -Lupin bajó la voz-. Otro de los maleficios le dio… "ahí", Molly. Temo que también haya perdido el pene.

Harry ayudó a que entraran a George en la casa y lo pusieran sobre el sofá. Los hicieron salir y Lupin se quedó con la señora Weasley, desnudando a George para examinarlo.

-Pobre… -comentó Ginny, mirando a Harry con melancolía mientras volvían a salir al jardín-. No puedo creerlo. Justo a él, que le encantaba tener sexo…

-Lo sé –dijo Harry, recordando la forma de actuar del gemelo unos meses antes, cuando se lo habían cruzado en Hogsmeade. Él y su hermano tenían entrada gratis en el club local y hasta eran socios del motel. Cuando despertara, quedaría destrozado por la noticia.

Entonces la luz surgió nuevamente, y Kingsley apareció con Hermione. Harry no pudo reprimir un grito: Hermione estaba inconsciente, en los brazos del alto y negro mago.

-¡Hermione! –se acercó a ella y se la quitó al mago, tomándola en brazos, aterrado. Pero sintió que la chica respiraba, y eso lo hizo tranquilizarse. -¿Qué le ha pasado?

-Un encantamiento muy extraño –dijo Kingsley con tono de misterio, frunciendo exageradamente el entrecejo y mirando a Harry de forma penetrante-. Se lo lanzó Snape, que venía detrás de nosotros. No sé que sea, la luz del hechizo era de un color verde distinto al Avada Kedabra, y estoy seguro de que está viva. Por alguna razón Snape no habrá querido matarla. Pero no sé qué sea, ni cuánto tardará en despertar. La llevaré adentro.

Le quitó a la chica a Harry de los brazos y desapareció con ella.

-Vamos adentro también –sugirió Ginny. Los dos entraron y caminaron tras Kingsley. En la sala de estar, George seguía inconsciente en el sillón. Le habían limpiado las heridas y lo habían vestido de vuelta.

-¿Y? –preguntó Ginny-. ¿Cómo está?

-Lo ha perdido –dijo su madre, negando con pesar la cabeza-. Ya no tiene su… ya saben.

-Y… -Ginny no sabía cómo formular la pregunta-. Qué pasó con sus… ya saben, sus amigos.

-Siguen ahí –la señora Weasley seguía negando con la cabeza-. Una imagen muy perturbadora.

Entonces George abrió los ojos lentamente y los miró a todos, por turnos.

-Oh… -dijo, palpando el lugar donde debería estar su oreja, con una sonrisita-. ¡Soy un santo! Es que estoy "holy"… ¿Lo entienden? Agujereado en inglés.

-No estarás tan contento cuando te enteres de lo otro que has perdido –le dijo Ginny. La sonrisa de George desapareció súbitamente de su cara y el chico se puso pálido como la cera.

Harry miró a Lupin, que se dejaba caer en un sillón, sujetándose el pecho.

-¿Estás bien?

-Sí, Harry, no te preocupes –dijo él, pero cerraba los ojos con fuerza, como si un gran dolor lo matara por dentro-. Me han dado con algún hechizo extraño a mí también, pero creo que no es nada… Me repondré.

Entonces escucharon ruidos en el exterior. Harry corrió hacia allí y se encontró con Ron y Tonks, sanos y salvos, que entraban en la casa desesperados.

-¿Están todos bien? –preguntó Tonks inmediatamente.

-Hermione está inconsciente –dijo Harry, mirando a Ron-. Pero está viva. Y George perdió un par de miembros, pero está vivo también.

-¿Y Remus? –preguntó Tonks, pero pasó junto a Harry y siguió de largo antes de escuchar la respuesta.

-¿Dónde está Hermione? –le preguntó Ron, y Harry lo llevó hasta la sala de estar. Ron tenía el rostro contorsionado, parecía al borde de la locura. Fue entonces que Harry cayó en la cuenta de que aquello sólo significaba una cosa.

-¿Qué pasó, Ron? –le preguntó, cuando ambos entraron a la sala. Todos miraron a Ron y a Tonks, pasmados. La bruja, que se había acercado a Lupin, miró a Ron con algo extraño en la mirada. Ron tragó saliva, y una lágrima le cayó del ojo.

-Han caído –dijo entonces, tratando de no mirar a nadie a los ojos-. Papá y Fred. Los vimos con nuestros propios ojos. Estaban delante nuestro y los alcanzó un embrujo… a ambos.

Ron se dio vuelta y se tapó la cara con una mano. Un fuerte golpe indicó que la señora Weasley se había desmayado. Hasta Hagrid miraba boquiabierto, sin saber qué decir. Harry no le daba crédito a sus oídos. Aquello no podía ser real…

Lupin corrió hacia la señora Weasley, la levantó y la colocó sobre otro sofá. Luego se dejó caer en el borde de este, se cubrió la cara con ambas manos y se estremeció.

-Lo siento mucho –dijo Tonks-. Si hubiéramos podido hacer algo…

Harry caminó hacia Ginny. La chica parecía al borde de la locura, como Ron. La abrazó con fuerza y ella empezó a llorar sobre él. Ron se había ido afuera, probablemente a ver si los demás volvían, como para mantenerse distraído con algo. Al poco rato volvió con Fleur, que lloraba y gritaba. Esto hizo que los pocos que mantenían el conocimiento aún, y podían ver lo que pasaba, se llevaran otro sobresalto, asustadísimos.

-¡No! –gritaba ella, tapándose la cara con las manos-. ¡No voy a greponegme! ¡Oh, Dios!

-Bill… -dijo Harry, caminando hacia ellos. Ron tenía los ojos bien abiertos y rojos, brillando a la luz de la sala. No necesitaron decir nada, porque el estado de Fleur hablaba por ella. Ginny se tuvo que sostener de la pared para no desmayarse como su madre.

-¡Le diegon! –gritaba Fleur-. ¡Tuve que seguig sola hagsta aquí! ¡Ni siquiega pude traer su cuegpo!

-¡REMUS! –bramó entonces una voz. Tonks se había levantado de un salto y corrido hacia su marido, que se había desplomado en el suelo. Lupin se estremecía en el suelo cada vez más fuerte. Aquello no tenía nada que ver con el dolor o la pena. -¡NO! ¡AMOR, NO! ¡POR FAVOR!

Todos corrieron hacia él. Lupin se movía convulsionando, y se agarraba el pecho con las dos manos, como si sufriera un infarto. Abrió la boca con dificultad y los miró a todos con los ojos bien abiertos.

-Esa… maldición… Ya sé que era –y entonces dio una última sacudida y se quedó bien quieto, con los ojos abiertos e inexpresivos.

-¡NOOO! –gritó Tonks, dejándose caer sobre él-. ¡NOOO! ¡¿POR QUÉ?! ¡¿POR QUÉ ÉL?!

La escena era demasiado ya. Harry sintió que la frente le ardía y se tambaleaba en el lugar. Sabía que él también se desmayaría en cualquier momento.

-¡Dios mío, hagamos algo! –gritaban varias voces-. ¡Llamen a un médico!

-¡Esto es hoguible! ¡Y Ojoloco también! ¡Lo hemos vigsto morir también!

Harry cayó hacia un lado y todo se volvió negro. Cuando despertó seguía siendo de noche, pero estaba en la habitación de Ron. Se incorporó de un salto y miró a un lado: Ron estaba sentado en su cama, con la vista clavada en el suelo.

-¡Ron! Dime que fue todo un sueño…

-No –dijo él, negando con la cabeza.

-¿Cuánto pasó?

-Unas horas.

-Yo… -Harry no sabía qué decir-. Lo siento mucho… Todo es mi culpa. Todo fue por mí.

Ron no dijo nada, pero lo miró y le indicó con la mirada que no lo culpaba por nada de lo ocurrido, y aunque Harry comprendió aquello, eso no lo hizo sentirse menos culpable. Todas aquellas cosas espantosas habían ocurrido debido a que todos fueran a buscarlo a él, para que viajara seguro a La Madriguera…

-Mamá ha perdido la cabeza –dijo Ron, lentamente-. Cuando despertó, Kingsley ya se había ido, llevándose a Lupin… Y no le dijimos nada de Bill, pero no tardó en descifrarlo por su cuenta. Entonces quedó como en blanco. Dejó de hablar y moverse. Ginny se está ocupando de ella, en su habitación, con unos calmantes. Hagrid y George tratan de calmar a Tonks y Fleur, aún están abajo con ellas.

-¿Tú como te sientes? –le preguntó Harry.

-No lo sé, Harry. Pero vámonos de aquí. No puedo estar solo con mis pensamientos un segundo más. Vamos abajo con los demás.

-¡Ron! –dijo Harry entonces, de pronto más asustado que antes-. ¡Aquello que le lanzaron a Lupin! ¡No será lo mismo que Hermione…!

-No –le aseguró Ron, negando con la cabeza-. Hermione respira, aunque sigue inconsciente. Si hubiera sido el mismo maleficio, ya habría muerto. Además está tranquila… no se mueve en sueños ni nada raro…

Bajaron juntos por la escalera. En la sala de estar, un sofá lo ocupaba Hermione, ahora con una almohada bajo la cabeza y unas mantas, que Harry reconoció como las de Ron, y el otro lo ocupaban Tonks y Fleur, ambas temblando con vasos de whiskey de fuego en la mano, y las miradas desenfocadas por haber estado tomando tanto, para ahogar las penas. Hagrid estaba sentado en el piso, con la mirada perdida, y George estaba de pie junto al sofá de las chicas, hablándoles para calmarlas. Harry no sabía qué decir o cómo mirarlos; cada vez era más consciente de que cinco personas acababan de morir por él, una había terminado gravemente herida y otra aún estaba inconsciente después de un extraño maleficio del que nadie sabía nada, y era nada más y nada menos que la chica que amaba.

Se agarró la cabeza. Se dejó caer en el piso junto a la cabeza de Hermione y se quedó mirando a la chica. Ella sería todo lo que le importara ahora. Así tuviera que buscar en todo el mundo una cura, la despertaría. De esa manera no tenía que pensar en todo el daño que ya había causado, se concentraría en curar lo que todavía tenía remedio. Pondría su vida en ello.

Le acarició la cara, mirándole los párpados tras los cuales descansaban sus bellos ojos café. Su pecho se inflaba y desinflaba suavemente y parecía dormir plácidamente, como en un lindo sueño, lo que lo hizo sentirse mejor, aunque sólo una mínima fracción. Fleur la miraba.

-La han puegsto a dormir –dijo entonces, muy seria.

-¿Cómo dices? –le preguntó Harry, con mucha delicadeza y cuidado al hablar.

-Nos han ensegñado aquel hegchizo en Beauxbatons –dijo ella, y sacudió su rubia melena, como pareciendo querer demostrar que podía mantenerse entera, a pesar de todo-. Es magia muy ogscura, sólo paga que tengamos conogcimiento, dicen. Nunca para aplicagla. El mago tenebgroso lanza el maleficio y la vígtima queda dormida indegfinidagmente…

-¿Hasta cuándo? –le preguntó Ron. Fleur lo miró y luego volvió a posar sus ojos azules en Harry.

-Es un hegchizo ogscuro basado en cuentos de hagdas. Despertará al recibir el begso de su verdadero amor… pero sólo en el mogmento en el que éste más lo sienta, el begso. Tiene que segg el begso más significativo que le hagya dado nunca, y allí despegtará. El lado más ogscuro son las consecuencias si ese begso nunca llega… A los siegte días, si no lo recibe, mogrirá.

Harry y Ron se miraron el uno al otro, con sus corazones latiéndoles a mil por hora. Harry la hubiera besado allí mismo, porque no le importaba nada, pero sabía que aquello no sería muy significativo o especial, así desesperado y con todos mirando. Imaginaba que lo que quería decir Fleur es que debía ser como en los cuentos de hadas, románticamente… La perspectiva de que no funcionara hizo que su estómago se encogiera del horror. A su lado, Ron parecía pensar lo mismo, y Harry se preguntó entonces qué hacer. Para que fuera especial, seguramente debía ser el beso de una sola persona. No podían turnarse con Ron a probar un poco cada uno, aquello no sería significativo. Esto le dio vueltas en la cabeza hasta que se sintió mareado, y volvió a mirar a Fleur, que abrazaba a Tonks mientras esta lloraba, aunque al mismo tiempo le miraba el cabello rosa frunciendo la nariz.

-Vamos, ya es muy tarde –dijo Hagrid entonces, poniéndose de pie. Estaba algo borracho, y Harry vio que la botella de whiskey de fuego estaba su lado. –Vamos todos a dormir, vamos.

-No –Tonks negó con la cabeza, derramando lágrimas-. No puedo dormir sola, por favor…

Los recorrió a todos con la mirada, y sus ojos se detuvieron en Harry. El chico la miró algo boquiabierto. Entonces asintió con la cabeza autónomamente, pensando que haría cualquier cosa que la bruja le pidiera en ese momento para hacerla sentir mejor. Los demás se tomaron aquel intercambio de miradas de una forma muy extraña.

-Yo tampogco quiero estagr sola –dijo Fleur-. George, ¿puedo dogmig en tu habitación? ¿En la cagma de tu hegmano? –ella no pareció hablar con mucho tacto, porque hizo que el gemelo recordara a Fred, al parecer sin haber caído aún en la cuenta de todo lo que había pasado, y su expresión fuera más sombría que nunca, lo que se veía muy extraño en George.

-Claro. Alguien tiene que acompañar a Ginny. No puede quedarse sola con mamá.

-Yo iré con ella –dijo Ron.

-Yo me quedaré aquí, vigilando a Hermione –dijo Hagrid, sentándose en el sillón que acababan de desocupar Fleur y Tonks, y abarcando toda la extensión del mismo él solo. Se acercó la botella al hacerlo.

Los demás partieron en silencio, como en una marcha fúnebre. George y Fleur se metieron en el primer cuarto, después de desearles buenas noches –aunque nadie aún terminaba de creer realmente en todo lo que había pasado, la inmediata conmoción hacía que quisieran estar lo más unidos posibles-; Ron desapareció unos escalones más arriba, para reunirse con su derrumbada hermana menor, y Harry siguió con Tonks hasta el cuarto de Ron.

Sin decir una palabra, se metieron adentro y Harry se dirigió a la misma cama en la que había estado durmiendo momentos atrás. Tonks no fue a la otra, sino que se acostó con él y lo abrazó, mientras las lágrimas caían de sus ojos sin parar. Harry pensó que la situación de ella había sido la peor, la más terrible, porque su marido había muerto luego de que ella ya lo diera por salvado, en un contexto tranquilo, no en plena batalla, donde su cuerpo había quedado delante de ella, no se había esfumado en la noche dando la impresión de que nada había pasado, o de que quizás seguía vivo.

Harry la abrazó también y se quedaron así un largo rato. Aquel momento en el que ambos habían estado juntos en la Sala Multipropósito parecía haber ocurrido años atrás. Estaba claro que no podía sentirse más distinto respecto a ella ahora. Había dejado de tontear con todas las chicas que se le cruzaban, claramente, y estaba –o había estado, hasta unas horas atrás- muy feliz de que todo volviera a funcionar con Hermione, por lo que nunca arruinaría aquello, "volviendo a las andadas", por así decirlo. Seguramente ella se sentía igual, luego de haberse casado con Lupin, pero la presencia de Harry y su contacto físico seguramente la calmaban.

O eso pensó Harry en ese momento, porque un rato después las lágrimas de la bruja estaban corriendo por su propia cara: Tonks le había acercado la cara muy gradualmente en el último rato, y ahora Harry se daba cuenta de que la tenía casi encima, y sus labios estaban a centímetros de distancia.

Harry la miró a los ojos, pero ella los tenía cerrados. Parecía como si se hubiera dormido, o estuviera en algún punto antes de dormirse. Pero pasó una mano sobre el cuerpo de Harry y lo acercó más a ella. Harry sintió un ligero olor de whiskey de fuego. Sus caras estaban pegadas ya, y también sus labios. Él no sabía qué hacer. No quería seguir adelante, no quería ser partícipe de aquella forma inusual de expresar el dolor, o de manifestar la locura provocada por enviudar prematuramente. Pero sabía que tendría que seguir con el juego, cualquiera sea este, porque no había forma de decirle que no a alguien en un momento así. Simplemente no existía forma.

Tonks pasó una pierna sobre él y su túnica se levantó al hacerlo. Le pasó una mano por el pecho, por debajo de la remera. Luego bajó la mano y se la metió dentro del pantalón. Lo besó un poco, su cara estaba toda húmeda. No tardó en desvestirlo y empezaron a hacerlo muy lentamente. Mientras la bruja se movía hacia atrás y hacia adelante, y sujetaba los brazos de Harry con fuerza, él creyó oír un finísimo y casi imperceptible "Remus".

Tonks se quedó dormida, con la cabeza apoyada en el pecho desnudo de Harry. Pero Harry no pudo hacer lo mismo. Después de un rato, salió de la cama, se vistió y salió del cuarto, luego de asegurarse que no la hubiera despertado. Bajó en puntas de pie hasta la sala de estar, donde una luz seguía encendida, y Hagrid roncaba sobre el sofá, recostado con su cabeza echada hacia atrás.

Harry se acercó a Hermione y la miró a los ojos. Pensó en todo, en todo lo que pudo. En todos los momentos que habían pasado juntos, como amigos, sintiendo aquella atracción innata; en sus besos cuando lo hacían por primera vez, unos meses atrás; en los momentos transcurridos en la casa de los Dursley, riendo juntos. Entonces cerró los ojos, se dejó caer a su lado y la besó, con mucho cuidado.

Se quedó un rato así, respirando su aroma, esperando. No se atrevía a abrir los ojos, pero nada pasaba, así que al final lo hizo. Ella seguía durmiendo, tan pacíficamente como antes. Parecía sumergida en el sueño más profundo de todos. Nada había cambiado, no parecía haber notado en lo más mínimo que Harry la había besado. Tratando de convencerse a sí mismo de que había habido algún error y de que lo lograría al tratar de nuevo, ya que él tenía que ser su verdadero amor, Harry volvió a besarla. Pero no pasó nada.

-Ya lo intenté –dijo una voz. Harry se volvió y vio a Ron, de pie al borde de la escalera-. No funciona, Harry. No despierta. O Fleur se equivocó y no es eso lo que tiene, o… O no somos su verdadero amor.

Harry volvió a mirar el hermoso rostro de Hermione. Una lágrima le cayó finalmente, y fue a parar sobre la blanca y suave piel de ella.

-Nunca despertará –dijo entonces, sin importarle que su amigo lo viera llorar, cada vez más-. Nosotros nunca fuimos su verdadero amor, y él jamás podrá venir a salvarla… porque está muerto.


Su gloria florece

Al día siguiente, Harry despertó solo, en la habitación de Ron. Se vistió rápidamente, bajó las escaleras y, al llegar abajo, se acercó a Hermione y apoyó la cara en su pecho. La chica respiraba, pero seguía dormida. Su estado no había cambiado durante la noche.

Harry se metió en el comedor para presenciar una escena totalmente lúgubre: Todos estaban sentados a la mesa, comiendo en un silencio mortal y sin mirarse los unos a los otros. Todos menos la señora Weasley, que Harry supuso que seguiría en su habitación, y Tonks.

-El Profeta no menciona nada –comentó George, pasando las hojas del periódico. A su lado, Hagrid comía un pan con queso, ocupando dos sillas él solo. Al ver entrar a Harry, le indicó con una mano que se sentara a su lado, y de inmediato una nueva lágrima brotó de su ojo hasta perderse en la enmarañada barba.

-Por supuesto que no dirán nada –comentó el semigigante, al tiempo que se sonaba la nariz con un pañuelo enorme-. Ya no se puede confiar en ese periódico estos días.

-¿Dónde está Tonks? –preguntó Harry, sentándose y sirviéndose café.

-Se fue temprano –comentó Ginny, que estaba sentada frente a Harry. Tenía un aspecto terrible, Harry nunca la había visto tan demacrada. Aquella noche debía haber sido fatal para ella, así como para los demás… -Fue a casa de sus padres. Pero volverá más tarde para el… -tragó saliva antes de continuar, pero consiguió terminar la frase-. Para el entierro.

Harry pensó que Ginny era muy valiente. Sin duda lo era más que su madre, y quizás que Ron, que miraba su plato con el rostro vacío. Su aura daba mucha pena.

-Hemos encontrado los cuerpos –dijo una voz gruesa en la otra punta de la mesa. Harry no había reparado en la presencia de Kingsley hasta ese momento. El mago también parecía triste, pero más firme y decidido que los demás. –Son tiempos difíciles, estos. No podemos hacer un entierro apropiado sin correr riesgos. Sólo podemos confiar en la Orden, en nosotros mismos. Por ende hemos decidido hacer un funeral general para todos aquí, en La Madriguera, enterrar a nuestros caídos juntos en un lugar donde sus cuerpos puedan quedar a salvo de los Mortífagos… ya sabes, por todo el asunto de los Inferi. Por eso, y de acuerdo al deseo de Tonks, volveré a traer el cuerpo de Lupin para enterrarlo con los demás. Ojoloco no tenía a nadie más, pero creemos que su deseo sería yacer con los demás caídos, ser homenajeado por su muerte en batalla.

Harry asintió con la cabeza, comprendiendo.

-Así que el Ministerio ya no nos protegerá, ¿verdad? –concluyó, antes de llevarse la taza de café a los labios.

-Bueno… -empezó Kingsley-. No les hemos contado del tema a Ron, Hermione y a ti porque… ya sabes. Pero, mientras estaban de tus tíos, algo ocurrió…

Harry puso atención, nervioso.

-El Ministerio ha caído –dijo Kingsley-. Scrimgeour murió y Voldemort tomó el control. Todo ocurrió muy rápido, todo junto. Por eso es que no estoy cumpliendo mi usual labor de proteger al primer ministro muggle. Desde luego que Voldemort no puede autoproclamarse primer ministro, pero el nuevo ministro, Pius Thicknesse, está a su control, claramente. Sólo hay que ver las medidas que ha empezado a tomar…

Harry frunció el ceño y dejó el café a un lado. Así que ya había pasado. Voldemort ya tenía el control total del Ministerio.

Y justo en ese momento, en el que nada parecía menos apropiado que eso, George pegó un grito, y todos lo miraron sobresaltados. Aquel ruido en medio del silencio había sido como un cañón abriendo fuego.

-¡No puedo creerlo! –dijo, mirando el periódico con los ojos bien abiertos.

-¿Qué? –preguntó Harry, con renovado miedo.

-Escuchen esto –dijo George, leyendo-. Bueno, yo sólo lo oiré a medias –El gemelo levantó la mirada para comprobar si alguien había reído de su chiste, pero nadie lo había hecho-. Bueno, supongo que es aún muy pronto, ¿verdad?

-Ya lee el artículo –le espetó Ginny.

-"Este año, el colegio Hogwarts de magia y hechicería volverá a abrir sus puertas, como cada año" –leyó George-. Luego del fallecimiento del director Albus Dumbledore, el nuevo ministro Pius Thicknesse ha nombrado a un nuevo director, el profesor Severus Snape.

-¡Hijo de…! –empezó Harry, pero George le indicó con la mano que lo dejara seguir.

-No termina ahí –dijo el gemelo-. "Como una forma de demostrar a la población mágica que las viejas tradiciones son importantes para el nuevo gobierno, se ha decidido adelantar un proyecto que debería haber tenido lugar el año próximo. Nada más y nada menos que el Torneo de los Tres Magos, que, según la tradición, se celebraría cada cuatro años".

Todos se miraron los unos a los otros, y George continuó:

-"Sin embargo, se ha hecho un cambio en las reglas. En esta oportunidad, el colegio Hogwarts será el único participante, y el torneo será interno, más selecto, para poder aumentar la unicidad de los magos ingleses".

-Apuesto a que ningún otro país quiso participar –dijo Ron, tomando la palabra por primera vez-. Nadie es tan idiota para caer en la trampa de Voldemort.

-Déjame seguir –pidió George-. "Las nuevas reglas incluirán un cambio en el nombre del torneo, que a partir de ahora será conocido como El Juego de los Impuros, así como un cambio de normas: Ocho magos serán elegidos esta vez, un varón y una mujer de cada una de las cuatro casas del colegio. Los participantes serán exclusivamente hijos de muggles o mestizos, quedando excluida y prohibida la entrada para los sangre pura. El ministerio, por medio de selección azarosa, seleccionará a los participantes, que no podrán rehusarse a participar, aunque podrán someterse como voluntarios aquellos que lo deseen. Los ocho Campeones irán a representar a sus casas a los lejanos bosques de Albania, donde se llevará a cabo el Torneo, que será televisado aquí en Inglaterra en pantallas gigantes en la escuela, Hogsmeade y otros lugares mágicos, las veinticuatro horas. Una vez allí, habrá una sola prueba para los Campeones. Los ocho magos tendrán que demostrar su valentía y fuerzas en una batalla a muerte los unos con los otros, donde sólo uno, el último en sobrevivir, podrá proclamarse campeón y ganador del Torneo".

-Eso es absurdo –dijo Kingsley inmediatamente-. ¡Está clarísimo que es una excusa para matar a los mestizos y a los nacidos de muggles!

-Claro que eso es obvio –opinó Harry, con ira-. Pero nadie puede hacer nada al respecto, supongo. Voldemort nos tiene en sus manos, puede hacer lo que quiera con nosotros. Puede obligarnos a ir a Albania a matarnos los unos a los otros. ¿Cómo es que no ha venido por mí aún? Si tiene el Ministerio, ¿por qué sigo aquí en esta casa, vivo?

-Me consta que nuestros encantamientos no lo detendrán –dijo Kingsley-. Tendrás que darte a la fuga tarde o temprano, Harry. Quizás un día más puedas pasarlo aquí, pero no mucho más. No tardarán en encontrar una excusa para pedirnos registrar La Madriguera.

Harry asintió con la cabeza y se puso de pie.

-En ese caso, iré a empacar.

-Voy contigo –dijo Ron, levantándose también. Los dos subieron las escaleras hasta llegar al cuarto de Ron. Una vez allí, Ron lo miró a los ojos y habló: -Iremos juntos, Harry. A buscar los Horocruxes.

-No pienso dejar a Hermione –dijo Harry, que en realidad no tenía nada que empacar porque todo ya estaba en su mochila, pero quería una excusa para hablar en privado con su amigo-. Voy a despertarla.

-¿Pero cómo?

-Ya he pensado en algo –dijo Harry-. Esta mañana, cuando estaba solo aquí… Mira, veremos si da resultado. Pero tenemos que hacerlo cuando no haya nadie abajo, con ella. O mejor aún, subámosla ahora aquí alegando que queremos darle una cama mejor. ¿Me ayudas?

-Claro –dijo Ron, y los dos bajaron y trajeron a Hermione con cuidado. La pusieron en la cama de Ron y Harry la acomodó y la miró a los ojos unos instantes.

-¿Y bien? –dijo Ron, preocupado-. ¿Cuál es el plan?

-Este –dijo Harry, y se aclaró la garganta-. ¡Kreacher!

El elfo apareció de la nada frente a ellos, y Ron lo miró desconcertado.

-¿Y bien, Kreacher? –preguntó Harry-. ¿Lo encontraste?

-Kreacher fue a la casa de sus verdaderos amos, como usted lo ordenó –dijo el elfo, fríamente.

-Si –lo apuró Harry-. No hablaste con ninguno ni tuviste ningún contacto, como te lo ordené. ¿Y lo encontraste?

-Así es –dijo Kreacher-. El amo Malfoy está allí, hecho fantasma. Se oculta de su familia y no quiere que lo vean, pero ronda por los pasillos y Kreacher, con su magia de elfo, pudo encontrarlo rápidamente y le dijo que el asqu… que el amo Potter lo llamaba.

-¿Y qué dijo?

-Vendrá –dijo el elfo-. Le pidió a Kreacher que lo trajera hasta aquí, pero Kreacher tiene mucho trabajo en el colegio…

-Tráelo –le ordenó Harry-. Cuanto antes.

Kreacher le lanzó una última mirada de desprecio y se esfumó con un ¡Crack!

-¿Malfoy se ha hecho fantasma? –dijo Ron, incrédulo-. ¡Es un cobarde!

-No voy a juzgarlo –dijo Harry, paseándose por el cuarto, pensativo-. Pero se me ocurrió que podía existir la posibilidad. Sin embargo, debo admitir que no lo creí posible, y mucho menos que estuviera en su casa… Esto ha sido una suerte, es un punto a favor que esté y que haya accedido a venir.

Ron lo miró como con lástima.

-De verdad espero que funcione –dijo-. Porque no la dejaré morir. Me rehúso a hacerlo. No ella. No alguien más… Pero al mismo tiempo me matará si él resulta ser…

-Eso no importa –dijo Harry, mirándolo con seriedad-. No me importa quién sea su amor, pero ella tiene que despertar. Tiene que hacerlo, Ron.

Más tarde, estaban todos afuera, preparando la ceremonia. Pusieron unas pocas hileras de sillas y cinco de esa especie de mesas de mármol en la que habían recostado el cadáver de Dumbledore. Sería algo íntimo, sólo para familiares directos y miembros de la Orden, ya que no querían llamar la atención del Ministerio. Después de organizar todo volvieron adentro para almorzar. Harry fue a visitar a la señora Weasley brevemente, que estaba despierta pero seguía sin hablar, con la mirada perdida. El chico no fue capaz de decirle nada, porque sabía que era todo culpa de él, así que no tardó en volver arriba, con Hermione. Ron fue con él. Kreacher aún no daba señales de vida.

-Mírala –dijo Ron, contemplando a la chica-. Es muy linda… Ella no merece esto. Por favor, si sólo pudiera pedir una cosa… No ella…

-Tranquilo –dijo Harry, y le dio una palmadas, aunque sabía que nada podría cambiarle el ánimo. Entonces se escuchó otro ¡Crack! y ante sus ojos estaba Kreacher, sujetando una figura blanca como la nieve y semitransparente.

-Draco –dijo Harry, mirando al fantasma. Era lo más extraño que hubiera visto. Era Draco, con la misma mirada desdeñosa de siempre, vestido con la túnica de Hogwarts, pero también podía ver a través de él.

-Hola –dijo él, y le lanzó una mirada a Ron-. El elfo dijo que podía ayudar a Hermione.

-Sí, sí puedes –dijo Harry nervioso, y señaló la cama. Draco miró a la chica, se arrodilló junto a ella y la acarició con una mano que le traspasó la cara.

-¿Qué le ha ocurrido?

-Es un hechizo de magia negra –dijo Harry-. Sólo despertará si su verdadero amor la besa, y tiene que ser lo antes posible o morirá…

Draco lo miró con el ceño fruncido, y luego a Ron. Era totalmente extraño.

-¿Y creen que yo soy su verdadero amor?

-Eso creo –le dijo Harry, asintiendo con la cabeza-. Porque no funciona ni con Ron ni conmigo. ¿Puedes intentarlo? Sólo bésala…

-De acuerdo –dijo Draco, centrando la atención en ella nuevamente-. Voy a besarla.

-Tiene que ser un beso especial –aclaró Ron-. Tienes que desearlo mucho, debe ser el beso más significante que le hayas dado. Eso dijo Fleur.

El fantasma de Draco lo miró nuevamente, y asintió con la cabeza. Entonces se volvió a Hermione, cerró los ojos, y empezó a acariciarle el cuerpo. Harry miró algo consternado como el fantasma le acariciaba una mano a la chica y se reclinaba con una expresión en el rostro muy triste, la expresión de un enamorado sufriendo... Draco acercó sus labios a los de ella y al besarla la traspasó ligeramente, pero tuvo el contacto. Entonces el corazón de Harry dio un brinco, mientras él y Ron miraban con los ojos muy abiertos, esperando.

Pero nada pasó. Hermione siguió ahí, y Draco se separó de ella y se la quedó mirando con la misma expresión triste.

-Quería intentarlo –dijo, melancólicamente-. Pero, de cualquier forma, siempre supe que yo no era su amor, ¿saben? Ella nunca sintió nada por mí –los miró, primero a uno y luego al otro-. Ella los quería a ustedes.

Harry y Ron se miraron el uno al otro.

-Gracias por intentarlo, Draco.

-De nada –dijo él, y se acercó a Kreacher, que lo esperaba para llevarlo de nuevo a la Mansión Malfoy-. Les rogaría que no le dijeran a nadie que me han visto. Ya saben… No es lo más prestigioso.

-¿Y por qué volviste? –le preguntó Harry, sin poder contenerse.

-Para ayudar –dijo Draco, muy serio-. Haré cualquier cosa que ayude a la guerra contra Voldemort. Si alguien necesita que un ser que ya no puede morir otra vez viaje volando largas distancias, y le pase información a alguien, o si necesitan un medio de distracción en una batalla, o lo que sea… Sólo llámenme. ¿Sí?

-Por supuesto –dijo Harry, y observó como el fantasma y el elfo volvían a desaparecer en el aire. Entonces tanto él como Ron se dejaron caer en la otra cama y miraron a la chica. Era increíble que pudiese morir… Se veía tan pacífica.

-Es inútil –dijo Harry-. Nada funcionará.

-¿Sabes? –dijo entonces Ron-. Anoche me preguntaba… ¿Qué pasaría si ella despertaba con tu beso y no con el mío? Seguramente eso me haría sentir fatal. ¿Y qué pasaría si despertaba con mi beso, y no con el tuyo?

-Eso me haría sentir horrible –dijo Harry, que entendía la idea.

-Exacto –dijo Ron-. Y ahora me pregunto, ¿a quién de los dos quería más ella? ¿Quién era su verdadero amor?

-Bueno, pues… -Harry se detuvo, pensando-. No creo que ninguno lo fuera. No lo parecía, al menos. Parecía como si nos quisiera a los dos por igual.

-Exacto –dijo Ron, y se puso de pie-. ¿No lo ves, Harry? ¡Tenemos que besarla los dos a la vez!

Harry se puso de pie, con el corazón acelerado.

-Ron… -dijo entonces, mirándolo boquiabierto-. ¡Eres un genio!

-No digas nada aún, primero probemos –dijo su amigo. Harry asintió y los dos se acercaron a la otra cama y se colocaron de rodillas junto a ella, uno de cada lado. –Harry –dijo el chico, mirándolo-. Si la besamos los dos a la vez, ¿no será eso algo un poco… bueno, gay?

Harry no sonrió.

-Ron, no me importa besarte a ti también en el acto. Será solo unos segundos, nada malo, y su vida está en juego.

-Claro, claro, no me malinterpretes, yo también haría lo que fuera por ella. Sólo quería dejar en claro que…

-Ya cállate.

Los dos se reclinaron sobre Hermione y cerraron los ojos. Trataron de pensar en los recuerdos que habían tenido juntos, trataron de hacer aquello algo especial, un beso que no fuera uno más, y la besaron al mismo tiempo.

Estuvieron unos segundos con sus labios unidos a los de ella. Ron fue el primero en separarse. Harry se demoró, sin atreverse a abrir los ojos; entonces creyó oír algo, y su corazón empezó a latir más deprisa. Se separó, miró a Ron, y luego miró a Hermione. Aquello que había oído era el pie de Ron dándole una patada al borde de la cama, nada más. La chica seguía sumida en sueños.

-¡Mierda! –gritó Harry, con horror-. ¡Pensé que funcionaría!

-¡Yo también! –exclamó Ron, enojado-. ¡No puede ser, no! ¡Tiene que ser otra cosa, Fleur se equivocó!

-Mejor vamos abajo, Ron, el funeral empezará en cualquier momento…

Empezaron a bajar las escaleras. Ron se apuró ante el llamado de su hermano, pidiéndole que diera una mano acomodando a los invitados, y Harry se detuvo para atarse los cordones en un rellano. Entonces se abrió una puerta y apareció Ginny.

-Harry… -dijo la chica. Harry se incorporó y la miró.

-¿Cómo está tu madre? –le preguntó, mirándola con aprehensión.

-Igual –La chica le indicó que la acompañara a su cuarto. Harry caminó tras ella, algo temeroso, y se metió en el cuarto de la chica. Ella cerró la puerta. –Ven, Harry.

Entonces Ginny caminó hacia él, lo rodeó en brazos y empezó a besarlo. Harry la separó con cuidado, y ella cerró los ojos ante el rechazo. Le cayó una lágrima.

-Ginny, disculpa –le dijo Harry, sintiéndose muy mal-. Me encantaría… -Quería decirle que se moría de ganas de hacerla sentir mejor, pero que no podía ser así, que no podía traicionar a Hermione-. Si sólo pudiera hacerte sentir mejor…

-Está bien –dijo ella, apartándose y mirando avergonzada hacia otro lado-. Por un minuto pensé que quizás…

-Ginny, eres muy linda y cualquier chico tendría muchísima suerte de tenerte –le dijo Harry, buscando las palabras apropias-. Yo sólo… Amo a Hermione, ¿entiendes? Déjame apoyarte en estos momentos tan horribles, pero de otra forma, ¿sí?

Harry se acercó a ella dispuesto a abrazarla, pero la chica le indicó con la mano que se fuera. Harry vaciló, luego asintió y se retiró del cuarto mirando al suelo.

En el jardín de los Weasley había varios magos ya, la mayoría conocidos, y otros no, como la tía Muriel, por ejemplo, y Elphias Dodge. Harry observó que tía Muriel llevaba en la cabeza una diadema magnífica, probablemente muy valiosa, que no hacía para nada juego con su túnica negra. Seguramente la había llevado para ostentar.

Se sentaron. El mago bajito del Ministerio no estaba esta vez; Harry supuso que debido a que la ceremonia era secreta y el Ministerio no podía enterarse, estando dirigido por Voldemort. En su lugar, Kingsley se puso de pie y comenzó a hablar, mencionando la bondad y nobleza de espíritu tan característica de los Weasley, de Lupin, y la valentía de Ojoloco. Entonces Hagrid fue cargando los cinco cadáveres por turnos, llorando tan fuerte que temieron que se desplomara. La señora Weasley no había asistido, se había quedado adentro. Una vez los cinco cuerpos fueron enterrados y sus tumbas se cerraron, Muriel se dio vuelta y empezó a hablarle a Harry en susurros, claramente fastidiada de estar allí.

-Harry Potter, siempre quise conocerte –dijo con una sonrisita-. Ay, estas sillas matan la espalda, muchacho.

Harry la miró con aprensión, preguntándose cómo podía ser tan cruel para no mostrar respeto por sus parientes difuntos. La mujer se dio cuenta de lo que decía la mirada del chico.

-Oh, no me malinterpretes, muchacho, por darte conversación –dijo con una sonrisa, y Harry oyó que los demás ya se habían puesto a murmurar entre ellos también, dado el final de la ceremonia-. Pero a mi edad uno está acostumbrado a los funerales… Dime, hijo, ¿qué opinas de mi diadema?

-Muy linda –dijo Harry, algo cortante.

-Es una réplica de la diadema perdida de Rowena Ravenclaw –dijo ella, dándose aires. Pero pronto Harry se interesó en el tema.

-Ha dicho… ¿Diadema perdida de Rowena Ravenclaw? Y la original, ¿dónde está? –el chico miró a Muriel con más interés del que la bruja esperaba, y eso la incitó a seguir.

-Perdida, por supuesto. La palabra lo dice, muchacho. Sin embargo, hay un fabricante francés que hace excelentes copias… lástima que sea francés…

Harry no la escuchaba. Se apartó a pasos largos, entró en la casa de los Weasley y caminó hasta el recibidor, donde no había nadie. Una vez allí, exclamó "¡Kreacher!" y el elfó volvió a aparecer, fastidioso.

-¿Ahora qué? Es decir… ¿Qué se le ofrece, amo?

-Quiero que vuelvas a Hogwarts, Kreacher.

-Encantado.

-Pero con una misión –se apresuró a añadir Harry-. Encuentra y tráeme al fantasma de la casa Ravenclaw, Rowena Ravenclaw.

-Ravenclaw -repitió el elfo, despacio y resentido-. El amo debe saber que eso no ocurrirá, lamentablemente.

-¿Por qué? –protestó Harry-. Pudiste traer a Malfoy.

-Pero la dama Ravenclaw, con todo el respeto que usted merece… -y rechinó los dientes, indicando que Harry no le inspiraba ningún respeto-. No es un adolescente recién convertido en fantasma con deseos de dar viajes largos.

-Entonces iré yo –dijo Harry, y le tendió una mano al elfo-. Nos vamos para Hogwarts, Kreacher.

El elfo, después de suspirar de frustración, aferró la mano de Harry y ambos desaparecieron en el aire.

Mientras tanto, afuera, Ron y Ginny estaban sentados uno al lado del otro, con la mirada aún en las tumbas, llorando y abrazándose. Ambos acaban de caer en la realidad, de darse cuenta de que su padre y sus dos hermanos no volverían nunca, jamás volverían a aparecer por la puerta de la cocina.

-Tranquila, Ginny –decía Ron, acariciándole el cabello a la chica. Sentía mucho dolor, un dolor indescriptible. Pero lo que más lo apenaba era lo mucho que necesitaba a Hermione, lo mucho que la chica le hacía falta. Si sólo pudiera tenerla allí en ese momento, su dolor sería mucho más leve…

Entonces lo entendió. Finalmente se dio cuenta. El beso que despertara a Hermione tenía que ser el más significativo de todos, el más importante. Él nunca había necesitado tanto a la chica, y nunca había deseado tanto despertarla, nunca había necesitado tanto rozar sus labios como en ese momento.

Entonces Ron se apartó de Ginny, que quedó algo desconcertada, y caminó hacia su casa. Trató de no pensar en nada en el trayecto, porque no quería que la sensación que lo invadía se fuera, y subió las escaleras rápidamente hasta llegar a su habitación. Hermione dormía. Se la veía un poco más pálida que antes, un poco más débil…

Ron se acostó a su lado, mirándola con ojos brillosos. No había necesidad de reflexionar o de recordar bellos momentos, sólo se dejó caer sobre ella, la abrazó y la besó apretando sus labios a los suyos, sintiendo cómo su corazón disfrutaba aquel contacto y a la vez sufría por la ausencia de la chica, necesitándola tanto…

-Ron.

El chico abrió los ojos y miró a Hermione, fascinado. Pero no lo sorprendió tanto, porque estaba seguro de que, de existir un verdadero amor de Hermione, y de existir un momento que significara más que ningún otro, entonces aquel era el momento, aquella era la situación. Hermione pestañeó varias veces y se lo quedó mirando, muy preocupada y confundida.

-Ron, ¿qué ha pasa…?

-No digas nada –dijo Ron, poniéndole un dedo en los labios y mirándola a los ojos. Entonces volvió a besarla, y se besaron como nunca lo habían hecho antes, abrazándose y derramando lágrimas.

-¡RON! –se escuchó venir del piso de abajo. Alguien lo llamaba gritando, pero Ron no quería escuchar, no quería que nada lo sacara de aquel momento tan maravilloso. -¡RON! ¡VEN AQUÍ!

-Es Harry –dijo Hermione, y se separó un poco, mirándolo-. Vamos, ve. Puedo esperar.

-No quiero dejarte, temo que vuelvas a…

-Estoy bien –dijo ella, con suavidad-. Ve con Harry y los esperaré aquí.

Ron le lanzó una última mirada, como temiendo que no pudiera verla de nuevo, y salió de la habitación corriendo. Bajó las escaleras y se encontró con Harry en el segundo rellano. Este lo tomó del brazo deprisa y lo metió en el primer cuarto que encontró, el de George, donde no había nadie. Cerró la puerta y lo miró a los ojos.

-Harry, no vas a creer…

-Ron, escucha –dijo Harry, muy serio-. Acabo de encontrar un Horcrux.

-¿Qué?

-No lo encontré, en realidad, pero sé donde está –dijo Harry, a toda prisa-. Fui a Hogwarts y hablé con la dama de Ravenclaw, y ella…

-¿Qué fuiste a Hogwarts? ¿Pero qué dices?

-Y ella me dijo que la diadema quedó en los bosques de Albania la última vez –siguió Harry, sin escucharlo-. Su hija la escondió allí. Y eso no es todo, Riddle le sacó esa información, y también fue a Albania… Por eso Voldemort siempre iba a Albania, cuando era un espíritu, ¿comprendes? ¡Y por eso el Torneo de los Tres Magos se hará en aquellos mismos bosques! ¡Porque Voldemort los conoce, y sabe bien cómo encontrar a cualquier persona allí! Probablemente ya haya puesto miles de encantamientos…

-Harry…

-Ron, estoy seguro de que el Horcrux está allí, dentro de un árbol, como dijo la dama de Ravenclaw. Voldemort no tiene ni idea de que alguien sabe esto, siquiera que saben de la existencia de sus Horcruxes, y por eso no le importa hacer su torneo allí… Pero yo sí lo sé, ¿comprendes? Y voy a ir a buscarlo.

-Estás loco. Harry, escucha…

-No, Ron –dijo Harry, decidido-. Voy a ofrecerme de voluntario. Este año, volveré al Torneo de los Tres Magos.


La debilidad de Hermione

Los sub-títulos de este cap están en francés. La razón de eso, así como de la mayoría de las cosas que pasan en este fic, es que antes de escribir estuve sentado mirando una película… Esta vez no fue Los Juegos del Hambre, como en el cap anterior, sino Inglorious Bastards. Y hablaban mucho en francés, por lo que el idioma me quedó pegado. Respectivamente, vendría a significar "La debilidad de Hermione: Parte I", luego "Parte II", y así.

Por cierto que termina con Voldemort gritando AVADA KEDABRA! mientras apunta a Harry con la varita…. Jajaj no, no es cierto. Se imaginan que terminara así? Sería malísimo. Bueno, me dejo de divagar y les dejo el cap, nos vemos!

Hermione Faiblesse: Partie I

Algo frío se agitaba en el exterior. Harry lo percibía, mientras contemplaba la calle a través del mugriento vidrio. Parecía como si una sombra caminara por la calle, quizás deambulando sin rumbo. La noche era vacía, sin una estrella, y ellos estaban rodeados por el smog de la ciudad, todo afuera parecía una niebla gris horrenda; era un paisaje típico de Londres, la niebla en la calle, lo que no era típico era que sucediera en esa época del año. Harry se apartó de la ventana y caminó por la habitación, luego se sentó en el sofá y se quedó contemplando a Ron y Hermione. Los dos estaban dormidos, de la mano, y la cabeza de ella caía sobre sus hombros, mientras que la de él reposaba en el cabello de la chica. Harry frunció la nariz y miró hacia otro lado. Luego se puso de pie y se alejó, caminando por la sala del número doce de Grimmauld Place sin nada más que hacer que pensar. No tenía sueño, ni siquiera se sentía cansado.

Había intentado convencer a Ron y Hermione de que quería participar en el Torneo de los Tres Magos, pero ellos no sólo le habían señalado la estupidez de su plan, sino que lo habían hecho sentirse un idiota. Ron había despertado a Hermione, había sido su beso, y no el de Harry, el que trajera a la chica de vuelta. Por supuesto que él no les dijo nada, porque estaba contentísimo de verla entera, sana, pero… ¿por qué Ron? ¿Por qué Ron era más especial que él? Entonces, mientras paseaba por esa sala, imaginó que Ron debía estar el doble de feliz por haber salvado a Hermione, ya que eso significaba que por fin había vencido a Harry en algo. Sin embargo, Harry deseaba que Ron hubiera ganado en otras cosas, tal vez que siempre hubiese tenido más dinero que él, ya que eso parecía importarle tanto, y en cambio que Hermione lo hubiera preferido a él en vez de a Ron. O que no hubiese tenido preferencias, que despertara cuando la besaron ambos.

"¡Es que realmente fue un momento muy significativo para mí, Harry, por eso pude lograrlo!" le había dicho Ron, pero Harry no terminaba de convencerse. En cambio, los otros dos se habían empeñado en negar su plan de participar en el Torneo, diciendo que era mucho más fácil ir a buscar aquel Horcrux una vez que ya hubiera terminado el evento y Voldemort no vigilara la zona.

"Es que no entienden", les había dicho él. "Una vez que termine, será como buscar una aguja en un pajar, puede haber miles de árboles donde esté la diadema. En cambio, si me presento al torneo, seguro que Voldemort reducirá las posibilidades de que los participantes se acerquen a dicha área, y si alguno va hacia allí se encargará de alejarlo con algún hechizo (un incendio, etc.) Por ende, sólo tengo que ir a aquel peligroso lugar donde Voldemort no quiera que yo vaya, y habré encontrado la diadema".

"¿Y por qué crees que Voldemort no te matará ni bien te vea, en vez de dejarte participar felizmente?" había discutido Hermione, con bastante criterio.

"Porque lo considerará más entretenido", le aseguró él. "Pensará que una vez allí no tendré escapatoria, que moriré, y es que él nunca me dejaría ganar, y que de esa forma podrá humillarme y vengarse por todas las veces que huí de él".

Entonces Hermione le había dicho: "Y, Harry, dime. ¿No crees que es exactamente eso lo que pasará? ¿No crees que es totalmente imposible que, hayas encontrado el Horcrux o no, salgas de allí con vida?"

Harry ya se había planteado eso, y no pudo responderle a la chica. La verdad es que su plan se limitaba a destruir el Horcrux y morir allí, no pretendía nada más, y no le importaba morir si con eso remediaba en parte todas las muertes que ya había causado. Dio unas vueltas más por la habitación, y su mente volvió a su preocupación más importante.

Partie II

Ron y Hermione se despertaron al mismo tiempo. Ambos miraron a Harry desde el desvaído sillón en el que estaban; los dos pares de ojos se fijaron en los verdes bajo la cicatriz en forma de rayo, éstos últimos hacía rato que estaban clavados en aquellos. Harry los contemplaba con mucha concentración. En su mano derecha, un vaso lleno hasta la mitad de whiskey de fuego, en la izquierda su varita que giraba entre los dedos. Ron frunció el entrecejo y observó a su amigo vacilante, mientras Hermione, muy asustada, se cerraba un poco la chaqueta, ocultando de la vista su muy escotada blusa color carmesí.

-Buenas noches –los saludó Harry, paseando sus ojos primero por uno y luego por el otro. Se llevó el vaso de whiskey a los labios y tragó una pequeña cantidad de líquido sin apartarles los ojos de encima.

-¿Todo bien, Harry? –preguntó Ron, bastante nervioso. Sus largas tiras de cabello pelirrojo oscilaron un poco al entrar una brisa por la ventana que se hallaba detrás de Harry. Su expresión marcaba preocupación, igual que la de la chica a su lado.

-Todo está perfecto –Harry se cruzó de piernas y se respaldó contra el sillón-. Más que perfecto, de hecho. Enchanté.

-¿Encantado? –preguntó Hermione, confusa-. Sé Francés, Harry, estuve en Francia con mis padres de vacaciones… Esa palabra no era lo que quisiste decir –la chica negó rápidamente con la cabeza, con los ojos entrecerrados, pero Harry no cambió su expresión, la acrecentó aún más. –Estás enfadado por lo mismo, ¿verdad?

-No sé de qué hablas –por primera vez, Harry apartó la vista de los otros dos y la dirigió al tapiz que marcaba el árbol familiar de la familia Black, y pretendió que se interesaba por los nombres, con la nariz fruncida en una expresión de superación-. Yo sólo estaba aquí, tomando un trago, observando a mis amigos dormir, no hay nada de malo en eso. Me preocupo por su seguridad.

-Estás muy raro –observó Ron, recorriéndolo con la mirada. Nuevamente, Harry no cambio su postura, ni dejó de fruncir la nariz, como si algo le diera asco. Se llevó el vaso a los labios y dio otro trago.

-Harry, te lo dije –suspiró Hermione-. Estoy segura de que si el momento hubiera sido el indicado, como pasó con Ron, y tú hubieras sentido aquello que lo invadió a él, esa especie de no sé… de extrema necesidad de besarme, tú definitivamente lo habrías logrado también. No quiero más a uno que al otro.

Harry giró la cabeza bruscamente y la clavó en los ojos de la muchacha. Ella se asustó un poco y se echó hacia atrás en su asiento.

-Hermione –empezó Harry, con renovada expresión de seriedad absoluta y un índice de enojo creciente-. ¿Podrías explicarme a qué te refieres precisamente con… "extrema necesidad de besarte"?

-Bueno… -empezó ella-. Ay, qué estupidez. Mira, sé que no tuvimos mucho tiempo de hablar. Ni bien pudiste subir y verme sana y salva llegaron los Mortífagos a La Madriguera y tuvimos que huir de allí, y luego estábamos en Tottenham Court Road…

-Un interesante relato de los acontecimientos recientes –observó Harry tras su vaso de whiskey, levantando la mano que aún jugaba con la varita en el aire y dejándola suspendida allí-. Una síntesis exquisita, me atrevería a añadir.

-Ya deja de hablar así –lo reprendió la chica, mordiéndose el labio-. ¿Qué te pasa? ¿Por qué te ofendes tanto? No sé cómo más explicártelo. No fui yo la que me lanzó un maleficio que casi me mata, ¿sabes?

-¡Por supuesto que no! –dijo Harry, y entonces, furioso, lanzó el vaso al suelo, haciendo saltar vidrios por todos lados y logrando que la chica lanzara un grito. Dejó de adoptar aquellas expresiones tan extrañas y volvió a su cara de enojado que lo caracterizaba en momentos así, tal cual como cuando destrozaba las cosas en el despacho de Dumbledore-. ¡¿Cómo te atreves a insinuar que no estoy feliz de que sobrevivieras?! ¡Yo lo daría todo por ti, Hermione, TODO!

Hermione se quedó mirándolo boquiabierta, al igual que Ron. Ambos se habían quedado paralizados en sus lugares.

-¡Sólo te pido que entiendas lo que siento! –siguió gritando el chico-. ¡Quiero que entiendas lo mucho que me frustra no haberte salvado yo! ¡Verte ahí, acostada con él, durmiendo muy juntos! ¡No es justo, ¿sabes?! ¡No es justo!

-Harry, cálmate…

-¡¿Cómo quieres que me calme?! –Harry no lloraba, pero parecía como si estuviera a punto de llegar allí-. ¿Te crees que no pienso en eso? ¿En ustedes dos? No soy idiota… No estarás con los dos para siempre. Un día tendrás que decidir, esta relación entre tres no es sostenible a largo plazo. La gente querrá saber con quién sales, tu madre querrá invitar a tu novio a cenar a casa… ¿Qué vas a hacer entonces, Hermione? ¿Invitarnos a ambos? No lo creo… -el chico negó con la cabeza tristemente, ya no gritaba-. Pero no importa… Claro que no importa. Porque Voldemort me quiere a mí, y si no muero peleando con él, o huyendo de él, seguramente acabaré muriendo para vencerlo, si es que tengo esa suerte. Entonces tendrán el camino libre… Entonces será claro por qué él fue quien te despertó, y no yo.

-¡Harry! –Hermione lagrimeaba, y a su lado Ron no se movía, sólo miraba a su amigo muy conmocionado. Hermione abandonó el sofá de un salto, se lanzó sobre Harry y lo abrazó. Este no hizo nada, no la rodeó en brazos sino que se quedó con la mirada perdida donde estaba un momento atrás, manteniendo la expresión de enojo y tristeza. Hermione empezó a besarle la cara, se la sujetó con ambas manos y lo obligó a que la mirara a los ojos. La expresión de Harry se ablandó, y Hermione le dio un largo beso en los labios. –Eres un idiota –le dijo, mirándolo fijamente-. El idiota más grande que haya conocido –Harry le devolvió la mirada, y luego bajó la vista hasta sus labios. Se los quedó mirando, mientras sus manos y las de ella se encontraban. Ron carraspeó un poco, y ambos se volvieron hacia él.

-Antes de que empiecen –dijo, tratando de esbozar una sonrisa-. Quería decirte que estoy de acuerdo con ella, Harry, eres un idiota –entonces Harry lo miró e hizo un brevísimo asentimiento con la cabeza-. No deberías ponerte celoso. Estoy de acuerdo en que a largo plazo costaría más que ahora mantener esto… pero estamos en plena guerra, tú no eres el único que podría morir.

-Lo siento –dijo Harry, y volvió a mirar a Hermione-. Yo… lo siento –pero la chica ya jugaba con su camisa, pasándole los dedos por encima, y empezó a besarlo mientras se la iba quitando. Ron se levantó del sillón, caminó unos pasos hasta un pequeño bar en la esquina de la sala, destapó la botella de whiskey de fuego y se sirvió un largo trago para sí mismo.

Partie III (et finale)

-Este es el plan, ¿lo comprendes?

-Sí, amo.

-Entrarás al Ministerio con un encantamiento desilusionador, buscarás a Umbridge y le quitarás el relicario. Luego se lo traerás a Ron y Hermione. Tienes la ventaja de poder Aparecer y Desaparecer en cualquier lado, así que, si eres valiente, no será difícil.

Kreacher asintió con la cabeza, aunque lo miraba con odio.

-Recuerda que es una orden de tu amo. Y yo partiré esta noche –Harry miró al elfo detenidamente-. Ellos ya están dormidos. Procura tranquilizar a Hermione si ves que se desespera por mi partida… No, ¿qué estoy diciendo?, eso mejor se lo pido a Dobby. Tú sólo haz lo que te dije, ¿de acuerdo? Ya lárgate de mi vista.

Kreacher profirió una palabrota por lo bajo, creyendo que Harry no podía oírlo, y desapareció en el aire. Entonces Harry se colgó la mochila al hombro, se terminó de un trago un nuevo vaso, esta vez de brandy, y salió del número doce de Grimmauld Place con paso decidido.

No había dado tres pasos por la calle exterior a la casa cuando unas figuras salieron de la nada y lo apuntaron con sus varitas.

-Tranquilos –dijo Harry, sonriéndole a los Mortífagos-. Tengo buenas noticias para su amo… Llámenlo.

Los Mortífagos se miraron los unos a los otros. Algunos le examinaron la frente en busca de la cicatriz, luego asintieron entre ellos y uno alto y musculoso se tocó el tatuaje del brazo, llamando a su Señor. Una especie de Patronus, sólo que negro y con forma de serpiente, surgió en medio del aire y le susurró unas palabras al Mortífago en el oído.

-Dice que lo llevemos al punto de encuentro –dijo a los demás-. Andando.

Le sacaron la varita, lo sujetaron con fuerza y le aplicaron la Aparición conjunta. Entonces Harry apareció en un páramo oscuro y desierto, al parecer en medio de un campo. A lo lejos, algo oscuro, más oscuro que la noche, se acercaba volando por el cielo. Al llegar, descendió hasta quedar junto a Harry. Voldemort sonreía, mostrando sus horribles dientes amarillentos, y sus ojos se relamían de placer.

-Por fin, Potter. Por fin te decides a cumplir tu destino. Por fin te rindes ante las manos de Lord Voldemort…

-Tengo una sugerencia más interesante –dijo Harry, mirándolo a los ojos. Voldemort entonces se quedó serio. –Permítame entrar al Torneo de los Tres Magos… Al Juego de los Impuros, o como lo llame. Permítame jugar…

-¿Por qué haría eso? –exclamó Voldemort, con asco.

-Porque la chica que amo tiene a alguien más para cuidar de ella, no me necesita –dijo Harry, mirándolo sin miedo-. Y yo sé que no tengo esperanzas de derrotarlo a usted, mi Señor. Pero el deseo de matar sigue vivo en mí… Necesito desesperadamente derramar sangre. Tómelo como mi último deseo. Diviértase viéndome morir en el bosque. Lo que prefiera. O sólo máteme ahora. De cualquier forma, ya no quiero vivir.

Voldemort parecía encantado por la ira de Harry, por la furia en sus ojos, como si estuviera contemplando algo que anhelaba con ganas. Y Harry se lo quedó mirando de la misma forma, deseando con todas sus fuerzas que Voldemort le creyera, que se tragara el cuento y le dijera que sí.

Entonces se escuchó un ruido y un grito. Otro Mortífago había aparecido junto a ellos.

-Encontramos a ésta en el mismo lugar, mi Señor.

-¡NO! –bramó Harry, horrorizado-. ¡NO!

-Vaya, vaya –Voldemort cada vez estaba más sonriente y feliz-. ¿Y a qué le debo este honor, señorita?

-Yo también participaré –dijo Hermione, forcejando con el Mortífago que la tenía sujeta de los hombros, quien al parecer le estaba haciendo daño-. Soy sangre impura y me someto voluntariamente al Torneo.

-¡Hermione! –bramó Harry, separándose un poco de Voldemort y mirándola como si no pudiera darle crédito a sus ojos-. Pero… ¿Pero qué has hecho? No… No…

-Estaba segura de que harías esto –dijo ella-. Estaba tan segura…

-¡No debiste venir!

-¡Vine a demostrarte lo mucho que me importas! –gritó ella, y empezó a llorar mientras miraba a Harry-. ¡Ahora sabes lo mucho que te quiero, ya no podrás negarlo! ¡No pienso dejar que vayas solo allí! ¡De ninguna manera! ¡No iba a quedarme atrás viendo cómo morías, prefiero morir yo misma antes que pasar por eso!

Harry sintió que todo su mundo se desplomaba, que todo desaparecía en una nube de oscuridad. No había salida de aquello, lo había arruinado todo.

-Vaya, vaya… -repitió Voldemort, sus ojos rojos centellando como si hubiese un banquete ante él-. No sé qué me da más asco… Sus patéticas lágrimas o la inmensa debilidad que tienen ustedes dos… Sí, Potter, eres débil, caes fácil ante el amor, esa sensación que no hace más que destruir al hombre, esa mentira que hace caer a los tontos. Y tú… Granger –tuvo que hacer un esfuerzo para recordar su nombre-. Eres débil. Puedo ver tu debilidad… La debilidad de Granger –profirió una risotada que sonó siniestramente en la lejanía de aquel páramo desierto-. Debo admitir que me sentí cautivado por tu cambio de actitud, Potter, cuando llegaste aquí todo furioso… –el mago oscuro esbozó una sonrisa de oreja a oreja-. Esa… ira. ¡Sí! La ira que hierve la sangre, aquella que nos hace dejar de ser simples mortales y nos convierte en lo que anhelamos. La vi en ti un segundo y sentí placer, excitación.

Pero Harry ya no estaba furioso como antes, estaba abatido, su expresión mostraba derrota y horror, y sus motivaciones habían caído, porque aunque Voldemort se creyera el cuento y lo dejara ir al Torneo, sabía que no había posibilidades de que sobrevivieran, siendo sus enemigos. Ninguno de ellos dos sobreviviría.

-Lástima que sea demasiado tarde para convertirte al lado oscuro –dijo entonces Voldemort, imitando un llanto de niño con la cara, sarcásticamente, al tiempo que los Mortífagos a su lado reían de manera enfermiza-. Ya he acumulado suficiente ira contra ti personalmente, Potter, y no deseo retrasar el bello momento de tu muerte… Realmente, gracias por la oferta, pero prefiero ver tu inmundo cuerpo muerto ahora mismo.

Entonces Voldemort miró a Harry con furia y levantó su varita al tiempo que el alma del chico daba un salto.

- ¡AVADA KEDABRA!


La única en su esencia

Como están? Esta vez me he excedido, el cap es tan largo que tendrán que leerlo en unas dos o tres sesiones a menos que no hagan nada en todo el día como yo! :D Bueno no sé si tanto, pero es el más largo que haya escrito en lo que va de estos dos fics.

Como en el cap anterior comenté todo el final en los comentarios iniciales y se me hizo divertido, hoy comentaré el comienzo. Empieza que Voldemort no había matado a Harry en realidad… Estoy seguro de que los engañé con eso (a quién le hablo?) bueno ya empieza:

Amycus Carrow cayó muerto al suelo, con los ojos aún abiertos.

-Me tenía harto riéndose todo el tiempo –dijo Voldemort furioso, y le echó un vistazo al otro Mortífago, que por la expresión de su cara debía acabar de hacerse encima-. Y ahora, Potter, llega tu turno de tocar la piedra. O el césped, más bien.

Harry tragó saliva, pero lo miró a los ojos y se decidió a no mostrar flaqueza en el momento de su muerte. Voldemort lo examinaba de arriba abajo, como evaluándolo.

-Oh, veo que ahora vuelves a estar furioso –Voldemort sonrió exhibiendo sus inmundos dientes una vez más-. Oh, sí, ahí me gusta mucho más, Potter. ¿Sabes? Creo que empiezo a convencerme… Sí, definitivamente se vería bien en el torneo. Potter, no sólo capturado finalmente, demostrando así que todos deben temerme de ahora en más, sino que aniquilado en público ante los ojos de toda la población… Sí, me gusta la idea.

-Señor, Mi Señor –dijo el otro Mortífago, Avery-. Perdone mi interrupción, pero, ¿qué hacemos con la chica?

Voldemort giró sus ojos de serpiente lentamente hacia Hermione, que se puso pálida como la cera.

-Mátala –dijo entonces, echándole una rápida mirada a Harry, que ante esas palabras abrió sus ojos de par en par. Avery lanzó una risotada y apunto con la varita a Hermione.

-¡Avada Kedabra!

El grito lo había pronunciado Voldemort, y al instante Avery cayó muerto al suelo. Harry se quedó con el corazón en la boca, mirando a Voldemort primero, a Hermione después, que lucía como si fuera a desmayarse en cualquier momento, y por último al cadáver de Avery.

-¡JÁ! –se mofó Voldemort, y le sonrió a Harry con decisión-. ¡Apuesto a que te di un buen susto! No, no, la chica irá contigo al torneo, sí… Así será mucho más emocionante. Bueno, debo llamar a un par de Mortífagos para que se los lleven… Qué descuidado soy, siempre acabo matándolos a todos.

Harry y Hermione terminaron en la Mansión Malfoy, encerrados en el sótano. Ni bien Colagusano cerró la puerta y se marchó por las escaleras, los dos se miraron el uno al otro en la oscuridad y se abrazaron fuertemente.

-Eres… ¡La más estúpida, Hermione! ¡La más estúpida!

-No iba a dejarte… -La chica hundió la cara en su hombro, mientras él le acariciaba el pelo.

-Ambos moriremos –le dijo él, y entonces ella se separó y volvió a mirarlo a los ojos. Esta vez no lloraba.

-Lo sé –dijo ella, y Harry se preguntó por qué eso no la ponía triste o sensible como la había visto en otras ocasiones-. No me importa morir, Harry… No me importa nada si estoy contigo.

Se besaron. Sus manos se juntaron a la altura de la cintura y quedaron así quietos, con sus labios rozándose.

-Te amo, Hermione –susurró.

-Te amo, Harry.

Fueron a un rincón y se dejaron caer en el suelo, contra la fría pared de la habitación. Harry abrió las piernas y Hermione se sentó entre ellas, con su espalda contra el pecho de él, que la rodeó en brazos.

-Ron no sabe donde estamos –dijo Harry, cayendo en la cuenta-. Despertará y no sabrá dónde nos fuimos.

-Ya me encargué de eso –dijo ella-. Mientras Colagusano nos metía aquí le mandé un mensaje con un Patronus.

-¿Qué le has dicho?

-Que estamos bien, que no se preocupe y que no nos responda, porque los Mortífagos sabrían que estaba con nosotros. Y recuerda que se supone que Ron esté en casa con Spattergroit.

Harry asintió con la cabeza.

-¿Crees que Kreacher encuentre a Umbridge?

-Encontró a Mundungus… -razonó Hermione. Los chicos habían estado unos días en la casa de los Black, durante los cuales habían desentrañado aquel misterio, antes de la decisión de Harry.

Se escuchó un ruido proveniente el piso superior; sonaba como si alguien hubiera dejado caer algo muy pesado, y a continuación se oyeron gritos. Hermione se acurrucó más contra Harry y le apretó el brazo con fuerza.

-Tranquila –Harry la abrazó y le dio un beso en una mejilla, mientras echaba un vistazo a la puerta-. No dejaré que nadie te haga daño.

-Sé que todo estará bien, Harry –entonces ella se dio vuelta y lo miró-. Mientras estés conmigo.

EL JUEGO DE LOS IMPUROS

Se ha adelantado la fecha del recientemente creado Juego de los Impuros, en reemplazo al Torneo de los Tres Magos. El día 11 de Agosto serán trasladados los participantes a Albania, donde ya se están colocando las cámaras y otros medios mágicos de transmisión. La reciente modificación en la fecha se debe a un evento repentino, el indeseable Número 1, Harry Potter, se ha sometido como voluntario…

-¡NO! –gritó Ginny, apartando el periódico a un lado. Todos en La Madriguera la miraron con mucha preocupación. Entre ellos estaba la señora Weasley, que finalmente había vuelto a hablar.

-Ginny, ¿qué pasó? –le preguntó muy preocupada, ya que Ginny derramaba lágrimas, absteniéndose a seguir leyendo. George le quitó el periódico de las manos y continuó con el artículo.

…junto con su amiga muggle Hermione Granger, quien ya estaba en sospecha del Ministerio de ser una de los muchos hijos de muggles que han ostentado robar la magia. Ambos representarán a Gryffindor en los juegos, uniéndose al resto de los alumnos ya mencionados en la nota de ayer que han sido elegidos por sorteo por el Ministerio: La mestiza Cho-Chang, junto a su novio también mestizo Michael Corner, en representación de la casa Ravenclaw; Hannah Abbott y Justin Finch-Fletchley, ambos hijos de muggles, en representación de Hufflepuff; y, debido a que casi todos los alumnos de Slytherin son sangre pura, se ha decidido añadir a dos alumnos más de las otras casas: Luna Lovegood, mestiza por parte materna, de Ravenclaw, y Romilda Vane, sangre impura de Griffindor.

Junto con la noticia de la participación de Harry Potter y el cambio de fecha, se ha comunicado que se ha ampliado el número de participantes. El ministro ha decidido incluir también a varios magos adultos, entre los que se cuentan Bellatrix Lestrange, Dolores Umbridge, Lucius Malfoy, Petter Pettrigrew y Fenrir Greyback. Ante las preguntas de por qué añadir a estos magos, el ministro Thicknesse, con su ahora habitual expresión de mirada perdida y ojos en blanco, se limitó a decir "para hacerlo más interesante".

Trece entrarán a los bosques, sólo uno saldrá con vida. Los mantendremos al tanto.

-Están perdidos –comentó George, leyendo de nuevo los nombres de los Mortífagos-. No tienen ni una posibilidad, pobres.

-¡George! –lo reprendió Ginny. -¡No seas así!

-Hermana, he perdido el pene. No esperes que sea comprensivo con los demás, ¿ok?

-Qué mierda –comentaba Bellatrix, leyendo el mismo artículo en la Mansión Malfoy con cara de preocupación-. ¿Y así vengo a enterarme?

-Cada día le importamos menos –se lamentó Lucius, junto a ella, mientras se untaba un pan con mantequilla-. Nos mata como si fuéramos mosquitos.

A muchos kilómetros de distancia, en Grimmauld Place, Ron terminaba de leer aquella misma nota. Había estado desayunando solo en la sombría cocina un pan mohoso. Hacía tiempo que tenía problemas para hallar comida. Dejó el periódico que le había robado a un mago del ministerio (se había quedado el bolsito de cuentas, con la capa de Harry adentro), mientras espiaba con Kreacher buscando una forma de entrar, ya que el elfo había tenido problemas y no había podido robar el relicario él solo. Entonces perdió un poco los estribos, y el elfo, que estaba de pie junto a la chimenea, se volvió para verlo.

-Así que… se fueron juntos –comentó, más para sí mismo que para Kreacher, sus ojos clavados en la fotografía de la nota, en donde se veía un bosque enorme desde las alturas-. Y yo aquí como un tarado… Yo aquí, matándome del dolor pensando a dónde se habrán ido, qué les estará pasando, mientras me devano los sesos buscando una forma de entrar al ministerio con un elfo mugroso –Kreacher lo miró con cara de pocos amigos- y ellos me mandan un Patronus diciendo "No te preocupes, estamos bien". ¡Pero claro! –Ron se puso de pie, y de la ira pateó la silla donde había estado sentado, que voló un par de metros-. ¡Qué idiota soy! ¿Cómo no van a estar bien, si se han ido juntitos a jugar un torneo, sin siquiera decirme nada, así como así? Acaso… ¿lo habrían planeado ya? ¿Quizás no me habrán querido decir nada porque soy sangre pura? Si es así, más los odio.

Miró a Kreacher y entonces pateó otra silla, tumbándola.

-¿Y TÚ QUÉ ME MIRAS? ¡LARGO DE AQUÍ!

Pero en vez de alejarse el elfo, fue Ron quien salió del cuarto hecho una furia y subió las escaleras hasta el desván, donde tenía guardadas todas sus cosas. Se apresuró a recoger todo lo que hubiera dejado fuera del bolsito de cuentas y meterlo adentro. Ya estaba harto, hasta allí llegaba su paciencia. Después de que Harry hiciera semejante discurso sobre lo apartado que se sentía de ellos dos, sólo porque él había sido quien despertara a Hermione, tan sólo unas horas después lo abandonaban, así como así, provocando que al despertar se encontrara solo en la casa. ¿Sería casualidad que ellos se hubieran reconciliado tanto en ese rato que paso? ¿Qué se hubieran puesto a hacerlo mientras él los miraba desde la distancia? ¿Qué tan poco importante era Ron para ellos? ¿Por qué nunca le habían dicho que planeaban meterse en el torneo, por qué tuvo que enterarse leyendo una nota en el periódico?

Pero claro. Ron rió mientras bajaba de nuevo las escaleras, parecía un demente riendo allí en esa oscura y vieja casa sin nadie a su lado. Es que era evidente, Harry Potter jamás se hubiera perdido de otro Torneo de los Tres Magos, jamás hubiera renunciado a la posibilidad de exhibirse ante el mundo, de mostrar el sufrimiento provocado por tener que ser de nuevo la estrella que no quería ser estrella, el Elegido que no quiso ser Elegido, que "solo quería ser normal". Por favor… ¿Normal? Era obvio que le encantaba ser el centro de atención. Y desde luego, no podía ir solo, no… no sin la compañía de su fiel novia Hermione.

Abandonó la casa con la capa para hacerse invisible. Se quedó de pie en el primer escalón, mirando a los Mortífagos allí delante, que no podían verlo, y giró sobre si mismo desapareciendo en la nada. Lo curioso fue su destino: Como no se le ocurría donde ir, ya que no pensaba volver a La Madriguera y que todos se enteraran de que había dimitido a su supuesta "misión" tan misteriosa, de la que les habían preguntado tanto, se apareció en el medio del callejón Diagon. Simplemente, fue lo primero que se le ocurrió. Empezó a caminar a toda prisa entre los comercios, ya casi todos clausurados, y al final se quitó la capa de un tirón y la metió en el bolsito de cuentas, que a su vez metió dentro de su mochila, para que nadie lo mirara con cara rara. No le importaba exhibirse; si alguien le preguntaba, se había recuperado del Spattergroit y listo.

Se dio cuenta de que no estaba yendo a ningún lado, aunque caminara tan rápido. Miró a sus alrededores, pensando en cualquier lugar que le ofreciera una distracción, o algo que le dejara pensar en otra cosa. Luego se dio cuenta de que estaba totalmente solo, no tenía a nadie más aparte de Harry, Hermione y su familia, y ahora que lo habían abandonado estaba solo en el mundo. ¿A dónde ir? ¿Acaso debía volver a Grimmauld Place y quedarse con el elfo el resto de su vida, pudriéndose entre los sofás viejos y la mampostería? No, de ninguna forma.

Al final decidió que no le quedaba otra que reunirse con al menos un miembro de su familia, así que empezó a caminar hacia Sortilegios Weasley, entró al negocio con paso decidido y se apretujó entre la multitud en busca de su hermano. Era increíble, pero incluso en esos tiempos de miedo la gente iba a comprarle a George. Eso, sumado a que ahora no debía dividir ganancias con nadie, debía estar haciendo de George el mago más rico del callejón.

-Hola, George –lo saludó, al encontrarlo al final de la tienda. El gemelo se dio vuelta sorprendido y le sonrió.

-¡Ron! ¿Qué haces aquí? ¿Han venido de comp…? –entonces pareció recordar algo y se le borró la sonrisa-. ¡Hey, espera! Si los otros dos se fueron al torneo. Y tú… ¿Por qué no volviste a casa?

-No me hables de eso –dijo Ron con fastidio-. Si mamá pregunta, sólo dile que soy un maldito héroe y estoy cumpliendo la misión de Dumbledore yo solo.

-Ah, ya veo… -George miró a un lado y otro, y le indicó que lo siguiera hasta su oficina. Una vez que entraron, Ron se sentó en una silla y George le ofreció un capuchino producido por una máquina que reposaba sobre una mesita, con apariencia de ser costosa. –Dime, Ron, ¿por qué se fueron Harry y Hermione?

-No lo sé –masculló él, llevándose un trago a la boca. Hacía tiempo que no probaba nada tan delicioso, y George debió darse cuenta porque de inmediato abrió la puerta de un mini horno y sacó un enorme pedazo de pastel.

-Osea, ¿se fueron sin avisarte?

Ron asintió con la cabeza, mientras tragaba.

-Qué mal… Bueno, si quieres puedes quedarte aquí. Yo duermo arriba, y la habitación de Fred está libre ahora, así que supongo que… -se quedó un minuto sin decir nada, mirando el vacío-. ¿Sabes qué, Ron? Siempre me habían caído bien tus amigos, pero ahora entiendo que son unos verdaderos imbéciles.

Ron levantó la vista y lo observó algo sorprendido.

-¿Cómo se van así de la nada, sin avisarte, para ofrecerse a participar de ese torneo? –prosiguió su hermano, indignado-. ¿No se supone que son tus mejores amigos? ¿Y se van, así, abandonándote sólo días después de la muerte de la mitad de tu familia, cuando más los necesitas?

-Basta –Ron se puso de pie, terminando el pastel de un bocado enorme, y caminó hacia la puerta-. Me voy afuega, a dag una vuegta. Necegito estah sogo.

-Creo que entendí –dijo George, y asintió. Ron empezó a caminar por el negocio, examinando los productos que vendía su hermano. Por alguna razón, el que le recordara la muerte de su padre y sus hermanos sólo lo hacía sentirse más solo y vacío. Se sentía un desahuciado, estaba solo y a su suerte…

-¿Ron?

El chico se dio vuelta, y se encontró frente a Lavender Brown.

-Lavender. Hola, ¿cómo estás? –Ron se limpió el labio apresuradamente, temiendo que le quedaran restos de chocolate.

-¡Bien! –exclamó ella, muy contenta-. Estaba aquí dando un paseo con unas amigas –y le sonrió.

-Genial –dijo Ron, mirando en busca de las mencionadas-. ¿Viniste con Michael también? Es decir, oí que salían juntos ahora.

-Salíamos –la chica revoleó los ojos, pero luego volvió a sonreírle-. Cortamos hace un mes y él se fue con Cho Chang.

-Ah, sí, cierto –Ron asintió-. Lo leí en El Profeta. Tú sabes, en la nota del Torneo.

-¿Ah sí? Yo no leí nada, no suelo leer… ¡Ah, mira! ¡Ahí están! ¡Chicas, chicas, vengan!

Ron miró con el ceño fruncido a un grupito de tres chicas acercándose. Había dos de ellas a las que conocía sólo de vista.

-¡Él es Ron! –dijo ella muy contenta, presentándolos-. Ron, ellas son Janine y Miley. Y claro, ya conoces a Parvati –Parvati le sonrió.

-Hola –saludó Ron, sonriendo tontamente. Había visto a Janine y Miley en la Sala Común, pero no recordaba que Janine fuera tan linda. Ella lo miró unos segundos y entonces él apartó la mirada, quiso apoyarse sobre un estante, aparentando despreocupación, y acabó derribando una enorme caja de relojes saltarines al suelo. Las cuatro chicas prorrumpieron en carcajadas mientras se apartaban de los relojes, que empezaban a perseguir a todo el mundo a los saltitos.

-¡Ay, Ron, eres tan gracioso! –le dijo Lavender, dándole una palmadita en el hombro. Ron se extrañó de aquello, y se preguntó si Lavender no se habría enterado de que Hermione se había alejado de él, probablemente para siempre debido a los peligros del torneo… -Oye, esta noche haremos una pequeña fiesta.

-¿Fiesta? –dijo Parvati-. Vamos, no exageres –y lanzó una risita también.

-Bueno, una reunión, lo que sea –Lavender sonrió ampliamente-. Nosotras y un par de amigos, en mi casa. ¿Te gustaría venir?

Ron se lo pensó una fracción de segundo, y luego asintió con la cabeza, firme y decidido, como si el enojo que le guardaba a Harry y Hermione respondiera por él. Lavender le había contado el año anterior que vivía en Londres, así que su casa no podía estar tan lejos del callejón. Al menos en la misma ciudad.

-¡Fantástico! Bueno, te esperamos a las siete. Toma, esta es la dirección –le escribió apresuradamente una nota en un pedazo de pergamino con una lapicera correctora de ortografía de Sortilegios Weasley y se la pasó, mirándolo intensamente a los ojos y curvando los labios. Ron le respondió la sonrisa y las observó mientras se alejaban entre los estantes.

-Harry, estoy preocupada –dijo Hermione en un susurro. Los dos seguían en aquel sótano frío, recostados contra la pared. Hermione se había quedado dormida en sus brazos y ahora acababa de despertar.

-No debes preocuparte, mi amor –le dijo él-. Sabes que yo no dejaré que nada malo te pase. ¿Lo sabes, verdad? Sólo tienes que confiar en mí… Te prometo que te sacaré de allí con vida, no importa lo que pase.

-No es eso –dijo ella-. Mira, no quiero que te pongas celoso de nuevo…

-Es Ron –dijo Harry con un tono bastante más frío, desviando la mirada.

-Sí –admitió ella-. No dejo de pensar en que se debe estar haciendo la cabeza. Pensará que lo abandonamos.

-Sí, es cierto –ironizó Harry-. Pobre Ron, allí solo en el mundo mágico, con la protección de su familia y la excusa del Spattergroit, debe ser tan horrible no estar en el sótano de la mansión de un Mortífago esperando a que te lancen a un campo para morir.

Hermione le dio una suave palmadita en una pierna, se acomodó en él y se abrazó a su brazo.

-Harry, sabes bien lo que siento. Sólo me preocupo por él porque no está aquí con nosotros, pero no olvido dónde estamos ni por qué.

-Sí… Lo siento.

Entonces la chica se incorporó un poco y empezó a hablarle al oído en un susurro débil.

-Te amo, Harry. ¿Ya te he dicho eso?

-Creo que sí –le respondió él con el mismo fino tono-. Pero me gusta que lo digas, sigue haciéndolo.

-Te amo.

-Te amo –le dijo él, y le dio un beso-. Te amo, Hermione. Te amo mucho.

Se empezaron a besar y se fueron quitando la ropa. Hermione se sentó sobre él semidesnuda y lo abrazó muy fuerte. Siguieron besándose mientras rozaban la piel del otro, se acariciaban y pasaban las manos por todos lados.

-¡Has venido! –exclamó Lavender, feliz, cuando Ron llamó a la puerta de su casa-. ¡Vamos, pasa!

Era una típica casa norteamericana, blanca y de dos pisos, sólo que en un barrio de Londres. Ron atravesó con ella un recibidor muy moderno hasta llegar al amplio y cómodo living, que tenía hasta un televisor pantalla plana entre los objetos mágicos comunes de las casas de magos. Allí estaban las otras tres chicas y dos chicos que reconoció como Eddie Carmichael y Anthony Goldstein, ambos de Ravenclaw. Los saludó y se sentó en un sofá junto a Lavender.

-¿Cómo estás, Ron? –le preguntó Anthony-. No sabía que vivieras en Londres también.

-No, vivo en el norte –empezó él. Se sentía algo incómodo, como si hubiera irrumpido en medio de algo-. Pero estoy con mi hermano ahora, en el callejón Diagon.

-¡Ah, claro! –dijo él, asintiendo-. ¡Sortilegios Weasley! Si hemos comprado algunas cosas por allí, ¿verdad, Eddie? –Eddie rió, cruzado de brazos en otro sofá-. ¿Recuerdas esas plumas mágicas que les regalamos a estas dos? –los dos de desternillaron a carcajadas.

-Cierren el pico –dijo la chica que se llamaba Miley-. ¡Qué vergüenza! ¿Cómo dejaron que le entregara esa redacción a Flitwick, con todas las palabras obscenas que aparecieron?

-¡Fue estupendo! –gritó Eddie. Los dos chicos rieron aún más y Ron sonrió, tratando de integrarse al grupo.

-¿Ustedes salen juntos? –preguntó, señalando a los dos chicos y a las dos chicas que acababa de conocer recientemente. Las dos lanzaron risitas ante la pregunta.

-Eddie sale con Miley, pero Anthony no está con Janine, sino con Parvati –dijo Lavander. Parvati le sonrió, pero Ron pronto había clavado los ojos en el hermoso rostro de Janine. La chica era rubia de ojos castaños, y tenía una sonrisa hermosa que le marcaba unas pequeñas arrugas en la comisura de los labios.

Pasaron la noche hablando, riendo, contando anécdotas de Hogwarts y de otras cosas. Los padres de Lavender habían salido y tenían la casa sola toda la noche. Ron logró integrarse en el grupo después de un rato, haciendo bromas con los chicos y contando cosas cómicas que le habían pasado en el colegio. En un momento le preguntaron por Harry y Hermione. Se limitó a decir que sus dos amigos no le habían dicho nada a él, por eso no había podido detenerlos, y dejaron de preguntarle por eso. Pero al rato volvieron a animarse, tomando cerveza de manteca y escuchando a Miley, que resultó tener la lengua muy floja y hablaba de absolutamente cualquier cosa que se le cruzara por la cabeza, no guardaba nada. Ron concluyó que era peor incluso que Parvati y Lavender, que se la pasaban entre chismes.

-¡Ohh, abran paso! –dijo Lavender como a las once y algo, apareciendo por la puerta con varias cervezas de manteca nuevas y algo más. Aquella otra cosa era un instrumento fino y alargado semitransparente del que salían varias mangueras, al principio Ron creyó que era una pipa de agua, sólo que algo distinta. Lavender lo colocó en el medio de la sala en el piso mientras los demás silbaban y aplaudían, y dejó las cervezas a un lado. Luego le guiñó un ojo a Ron mientras buscaba en los bolsillos de sus jeans.

-No sabes qué es, ¿verdad? –le preguntó, a lo que Ron negó algo nervioso pero con una sonrisa.

-Es una pipa de Abracadabra –dijo Janine, que se había levantado para abrir una cerveza y luego, en vez de volver a su lugar, se había sentado junto a Ron-. Y el Abracadabra –continuó, sonriente-. Es la droga más popular entre los magos.

-Ah, claro, había oído hablar de ella, sólo que nunca la había visto –dijo él. Lavender finalmente sacó unas piedritas del bolsillo, muy pequeñas pero sin llegar a la consistencia de la arena. Las hizo pasar por la boca del tubo y con la varita encendió un fuego azulado por debajo. Se sentaron todos alrededor, riendo y tomando las mangueras. Ron estaba por llevársela a la boca cuando vio que los demás a su alrededor en lugar de hacer eso sacaban sus varitas y las ponían en los extremos de las mangueras. Confundido, hizo lo mismo, y Janine, a su lado, le explicó que tenía que sacar el vapor por medio de su varita y llevarlo allí colgando hasta su cabeza, de la forma inversa a la que se usaba con los pensaderos.

-Cuando lo haces –le explicó-. El Abracadabra entra en tus pensamientos, y luego, cuando vuelvas a llevar la varita a la pipa, parte de ellos quedarán flotando adentro, en forma de esencia. De esa forma, al seguir tomando, nos iremos contagiando de la esencia de los demás, conectándonos mutuamente.

Así lo hicieron, y la primer sensación de Ron fue que algo cálido que se sentía muy bien le aliviaba la mente. El efecto fue rapidísimo, y de pronto se dio cuenta de que había estado muy angustiado, y no habría caído en la cuenta de aquello si no fuera porque el contacto de la droga le había quitado toda su angustia, haciéndolo ver. Ya ni siquiera sabía qué cosa le había causado ese malestar, ni le importaba. Después de llevar esa especie de vapor, que no era ni líquido ni sólido, de vuelta a la pipa, vio que aquello que flotaba adentro mutaba y cambiaba de color. Luego de hacerlo unas veces más sintió que su aprecio por los chicos que lo acompañaban crecía. Miró a Lavender y supo al instante que la chica seguía gustando de él, pero que no sentía nada, no estaba enamorada, y fue maravilloso poder comprobar eso, porque ella lo miró desde el otro lado de la pipa con una sonrisa, y Ron estuvo seguro de que ella sabía que él, Ron, ya no sentía nada por ella, y que aunque no deseaba que volvieran a salir juntos ella le caía muy bien y la consideraba muy linda.

Luego Ron se volteó y miró a Eddie y Anthony, y se dio cuenta de que, a diferencia de lo que había creído, les caía bien a ambos. Y en ese momento una especie de ráfaga lo sacudió de arriba abajo, un montón de voces penetraban en su cabeza al mismo tiempo, aturdiéndolo y haciendo que la habitación vibrara. Janine, a su lado, parecía haber experimentado lo mismo.

-¡Miley, deja eso! –le reprochó ella a su amiga, dándole una palmadita en el brazo-. ¿Cómo haces para pensar tantas cosas al mismo tiempo? Me bloqueas.

Muchos rieron, al parecer acostumbrados al torrente de pensamientos, mezcla de chimentos y trivialidades que ella consideraba muy graciosas. Ron miró entonces a la otra chica, a Janine, y supo que ella ya sabía para ese momento que a él le gustaba. Entonces ella fue a mirarlo y él apartó la mirada algo tímido, porque también sabía que a ella también le había gustado él.

Janine dejó su último pensamiento mezclado con Abracadabra en la pipa, dejó la varita a un lado y se acercó a Ron. El chico hizo lo mismo, y se sorprendió de no sentir ningún tipo de nervios en absoluto. La miró, sin poder creer la suerte que tenía de que ella gustara de él, y sonriendo como tonto. Era extremadamente tranquilizador saber, momentos antes del beso, que no había nada que temer, que ambos se habían entendido y el Abracadabra les dejaba ver los pensamientos del otro, les dejaba saber que ambos querían lo mismo, así que, ¿por qué no hacerlo? Se empezaron a besar mientras los demás los aplaudían y les decían cosas que el chico no llegó a oír. Pero pudo ver la cara de Lavender entre las tiras de cabello rubio y vio que ella también sonreía.

Entonces la habitación tembló. Varios libros y objetos cayeron de los estantes, y Ron se apartó de la chica, algo asustado.

-Tranquilo –le dijo ella, tomándole una mano-. Nada de eso es real. Ven, vamos arriba.

El camino por las escaleras fue lo más extraño que Ron hubiera experimentado jamás (y había experimentado cosas muy raras). La silueta de Janine, su espalda, eran el centro de una imagen que se diluía hacia los bordes y parecía consumirse en sí misma. Su largo cabello cayendo sobre su espalda era lo único que permanecía enfocado entre todo el manchón de colores que giraban alrededor. Miró por encima del pasamanos y casi grita al ver una bandada de pájaros de color amarillo muy intenso atravesar la sala bajo él a una velocidad anormal, casi a la velocidad de la luz, diría, pero sin desaparecer, apareciendo nuevas aves tras otras continuamente.

-Vamos, Ron –resonó la voz de la chica que lo acompañaba, provocando un eco que hizo desaparecer a los pájaros pero hacer temblar más la casa.

Llegaron arriba. Estaban en una habitación. Janine estaba desnudándose, y no dejaba de sonreír. Ron conocía a esa chica tan bien que sentía que el hecho de que nunca la hubiera visto desnuda antes era absurdo. ¿Por qué había estado con ropa todo ese tiempo? ¿Por qué él llevaba ropa puesta? Parecía algo tan incómodo que en realidad no se desvistió porque ella lo hubiera hecho, o porque esperara que se acostaran juntos, lo hizo por lo incómodo que se le hacía el contacto de la piel con la tela, y supo que a ella le había pasado lo mismo.

Le miró sus pequeños pero lindos pechos un instante y ya estaba allí acostado con ella en el medio de la cama. Estaban abrazados y se miraban a los ojos. La habitación ya dejaba de temblar y las cosas parecían más normales, aunque sentía una explicable fascinación por esa chica, como si quisiera meterse más y más en su mente hasta lograr saber todo de ella. Le habría gustado que aún tuvieran la pipa allí con ellos, para poder hacerlo. Aún así, quedarse acostado mirándola a los ojos le producía un placer infinito, y siguió haciéndolo… Siguieron haciéndolo. En ningún momento tuvieron sexo ni se les cruzó la idea por la cabeza, pero se comunicaron con una larguísima mirada que duró hasta las tres y media de la mañana, momento en el que los efectos ya casi habían desaparecido y un sueño atroz se había apoderado de ambos, haciendo que cayeran dormidos.

Cuando Ron abrió sus enrojecidos ojos marcados por profundas ojeras, el sol entraba en el cuarto a raudales sobre la bellísima chica que descansaba a su lado. Aún estaban desnudos, sin ninguna sábana que los tapara. Le contempló su cuerpo y se dio cuenta de lo hermosa que era. Sabía que no había pasado nada entre ellos más que un beso, pero aún así supo también que más tarde sentiría culpa por aquello. Entonces se convenció a sí mismo de que no tenía nada que reprocharse a sí mismo, y se imaginó a Harry y Hermione, que en ese momento, donde sea que estuvieran, seguramente estaban muy juntitos…

Se recostó en la cama y cerró los ojos. Esperaría a que ella despertara y fingiría que había estado durmiendo. Ese parecía un buen plan. No sería difícil, ya que aún tenía sueño…

-¿Ron?

-¿Cómo dices?

Se incorporó en la cama. Se había quedado dormido de vuelta, lo supo porque ahora entraba aún más sol en la habitación, y la rubia lo miraba desde el borde de la cama, ya vestida, con una sonrisa.

-Oh, diablos –Ron se dio vuelta avergonzado en busca de su ropa, tapándose con una mano. La chica rió.

-Vamos, ya lo vi todo –le dijo, haciéndolo ruborizarse-. No tienes que avergonzarte.

Ron le sonrió mientras se vestía.

-Eso de anoche… Creo que me ha volado la cabeza.

-Es genial, ¿no crees?

-Tengo que admitir que por momentos me daba un poco de miedo –Ron terminó de calzarse una zapatilla y se sentó en la cama también-. Pero la mayoría del tiempo se sentía magnífico.

-Es porque no estabas acostumbrado. Cuando te acostumbras a las visiones, te olvidas de ellas y te puedes concentrar en lo demás.

Ron asintió y luego se puso de pie, con ambas manos hundidas en los bolsillos.

-Bueno, ¿vamos a desayunar?

Llegó el 11 de agosto. Un alegre Yaxley bajó a buscarlos al sótano. Iba murmurando para sí mismo.

-Sí, sí, qué felicidad. Ha seleccionado a Bella, ha seleccionado a Fenrir, pero no a mí. Claro que no, a mí aún me necesitará. A Severus y a mí nos tiene un especial afecto…

-No seas idiota –le dijo Harry, sin reparos, haciendo que el Mortífago se llevara un sobresalto-. No eres más que un pedazo de carne como el resto, esperando a ser arrojado a los perros. Todos ustedes significan la misma mierda para él, eres patético.

Yaxley esbozó una sonrisa burlona mientras habría la verja que conducía a las escaleras con la varita lista en la mano.

-Claro, Potter, por supuesto que no te importa mostrar respeto. Después de todo, habrás muerto mañana por la mañana –terminó de abrir sin dejar de enseñar sus sucios dientes, y miró a Hermione-. Y la chica, ¿sabes una cosa? Hemos apostado por ella. Severus dice que no durará hasta esta noche. Yo, en cambio, le aposté a que no duraría a las tres de la tarde.

-¿Por qué mejor no te guardas esa lengua con la que tan bien lames el culo de tu amo? Apresúrate a sacarnos de esta mierda antes de que tu "señor" se enfade, ¿quieres?

Eso hizo que Yaxley se mordiera los labios y se le pusieran blancos los nudillos de la mano con que sostenía la varita. Debía morir de ganas de atacarlo, pero por supuesto que no lo haría, ya que sería desobedecer órdenes. Se acercó a los chicos y, apuntándolos, los forzó a avanzar, a pesar de que ellos lo hubieran hecho voluntariamente. Subieron por las escaleras y llegaron al recibidor de los Malfoy, donde Lucius, Bellatrix, Fenrir y Pettigrew esperaban.

-¿Y Umbridge? –preguntó Hermione-. Creí que ella también participaría.

-¿Te parecemos pocos, mocosa? –le espetó Lucius, mirándola con desprecio-. No te preocupes, hará falta mucho menos que la cobarde de Dolores para acabar contigo. Se ha dado a la fuga, pero no tardaremos en encontrarla y darle su merecido.

-¿A la fuga, dices? –dijo una voz altanera, y de pronto, en el umbral de la puerta, apareció una bruja con cara de sapo y un lazo en la cabeza. Su sola presencia le provocó a Harry ganas de vomitar. –Sólo me tomé mi tiempo para desayunar, pero veo que ustedes los Mortífagos no pierden el tiempo en elaborar historias y planear venganzas.

-Ya cállate –Lucius no tenía paciencia para nadie-. Rápido, tomen a aquellos dos de la mano y recuerden el punto donde debemos aparecernos. ¡Rápido!

Dos pares de mano aferraron a Harry y Hermione y todos desaparecieron a la vez. Entonces Harry abrió los ojos y vio que estaba en el medio un enorme claro de bosque, donde había varios magos. Miró alrededor con más atención: Era un día soleado también allí, el bosque se alzaba infinito a lo lejos, podía verlo ya que estaban en la parte más alta de una elevación del terreno. También se veían varias montañas a lo lejos. Era una lástima tener que ver aquello en una ocasión así, porque los bosques de Albania eran preciosos.

Junto a ellos no sólo estaban los Mortífagos, sino también los familiares rostros de sus compañeros de escuela: Cho-Chang, de la mano con Michael Corner; Hannah Abbott, de pie junto a Justin Finch-Fletchley; Luna Lovegood, que miraba con curiosidad el bosque, como si no le importara la situación que la llevaba allí; y Romilda Vane, que al ver a Harry le sonrió y lo saludó con una mano.

"¿Pero qué le pasa?" pensó Harry, mirándola con preocupación. "¿No sabe que muy probablemente esté de pie sobre su lecho de muerte?"

Entonces, en el cielo, apareció una imagen gigante, como si hubiera una pantalla allí, que los mostraba a ellos de pie donde estaban. Luego la imagen parpadeó y desapareció.

-¡Perfecto, estamos en vivo! –dijo una voz. Harry volteó y vio al ministro Pius Thicknesse, que caminaba hacia ellos a pasos largos. –No se preocupen. Las cámaras son invisibles e indetectables, pero sepan que en este momento hay primer planos de todos ustedes en todos los lugares mágicos públicos y en todas las casas de los magos que se hayan suscripto a la transmisión del torneo en vivo las veinticuatro horas, que según las estadísticas han sido la mayor parte de los hogares mágicos. ¡Así que hola, señores televidentes, y démosle la bienvenida a nuestros concursantes! ¡Con ustedes, la señorita Cho-Chang!

Aunque no había más gente que ellos, Harry imaginó que debían estar enfocando a Cho, y quizás reproduciendo falsos sonidos de aplausos en las transmisiones en los hogares de Inglaterra. Se imaginó a Ginny en su casa mirándolos desde una pantalla grande.

-¡Y a su lado, su querido novio, el señor Michael Corner! –Pius aplaudió con entusiasmo, aunque sus ojos estaban algo en blanco y de vez en cuando quedaban fijos en la lejanía, como si el ministro fuera un robot-. ¡Ahora un aplauso para Justin Finch-Fletchley, uno de nuestros selectos nacidos de muggles! ¡Y la también sangre impura Hannah Abbott! –recorrió a todos con la mirada, sin dejar de sonreír y aplaudir-. Y, por supuesto, a la querida hija del escritor de "El Quisquilloso"… ¡Luna Lovegood! –Luna sonrió y saludó a la nada, y Harry sintió mucha lástima por ella. Al parecer disfrutaba que le pusieran atención incluso en esa situación, y no se daba cuenta de que la habían elegido porque su padre defendía a Harry en su publicación. –También tenemos a la señorita Romilda Vane –el ministro aplaudió de nuevo-. Y ahora un aplauso para nuestros invitados especiales. ¡Ellos son Lucius, Bellatrix, Fenrir, Pettigrew y Dolores Umbridge! –el ministro se deshizo en aplausos hasta que le dolieron las manos y se quedó con una gran sonrisa en el rostro-. Pero todos ellos no son nada, nada, al lado de nuestros dos invitados especiales… Sí, así es, todos saben de quién hablamos. O más bien de quiénes, ya que ha venido con su mejor amiga, o al menos "amiga" es lo que sabemos que es por ahora, hasta que las cámaras nos enseñen la realidad –Pius le guiñó un ojo a su invisible audiencia-. ¡HARRY POTTER Y HERMIONE GRANGER!

Esta vez Pius no fue el único en aplaudir, ya que Romilda y Luna también lo hicieron. Harry se sintió muy incómodo y se quedó con los labios curvados hacia abajo, para que quedara muy claro que no estaba allí por la fama o la gloria.

-Bueno, ahora que fueron presentados –siguió el ministro-. Allí, adelante, como pueden ver, hay un montón de armas que pueden usar. Encontrarán arcos con flechas, lanzas, hachas, de todo. Como saben, todos nuestros concursantes han sido despojados de sus varitas, y la pelea será de forma muggle, para que nuestros participantes, mestizos e hijos de muggles, luchen con justicia, es decir sin magia; que en el caso de los sangre impura han obtenido robando, claramente. Esperamos que esta transmisión sirva para enseñarle a la comunidad mágica lo débiles que son los muggles, y lo insensato que es considerarlos como un igual. En estas demostraciones sin magia, sólo el más fuerte saldrá victorioso, y se hará acreedor del premio del Torneo: Su vida, y, si ocurriese en el caso de un sangre impura, la autorización por parte del Ministerio para utilizar la magia, sólo como caso excepcional por haber ganado este torneo. Y ahora, sin más, empezamos la cuenta regresiva.

Harry miró a Hermione y, casi sin mover los labios, le indicó que no fuera hacia el montículo de armas. Ella asintió, comprendiendo; si iban a buscar las armas llegarían junto a los demás y probablemente los mataran allí mismo. Luego miró a Luna y buscó su mirada. Fue más difícil, puesto que ella miraba soñadoramente todo a su alrededor, pero finalmente hicieron contacto visual y Luna comprendió la indicación de Harry, no correr a las armas. Trató de lograr lo mismo con algún otro de sus compañeros, quizás hasta Romilda, pero nadie más lo miraba.

-¡Tres! –gritó el ministro, y se apartó un poco de los magos-. ¡Dos! ¡Uno! ¡FUERA!

El ministro se subió rápidamente en una escoba y se fue volando. Harry dedujo que volaría hasta algún punto en que no hubiera encantamientos que prohibieran desaparecerse, para desaparecer allí. Delante de Harry, todos los Mortífagos iban corriendo hacia las armas. En cambio, Hermione y Luna dieron la vuelta y corrieron hacia el bosque. Harry no las siguió, fue corriendo hacia sus demás compañeros. Logró que Cho, Michael y Hannah entendieran sus gritos, giraran hacia atrás y corrieran a los bosques; pero Justin y Romilda iban decididos hacia las armas, y no lo escucharon. Harry desapareció a toda prisa hacia el bosque con los demás y se sumergió entre los árboles. Vio a sus compañeros correr a toda velocidad y perderse tras arbustos y plantas. ¿Dónde estaba Hermione? Siguió corriendo lo más que pudo, y tuvo que aceptar que había perdido a la chica, pero no podía volver hacia atrás porque era demasiado peligroso, seguramente Hermione no se habría quedado esperándolo, habría sido muy estúpido de su parte…

El ruido de un cañonazo rompió el parcial silencio del bosque, y en el cielo apareció de nuevo una pantalla gigante. Mostraba el rostro sonriente de Romilda Vane, y enseñaba la inscripción "Derrotada".

-No… -dijo Harry, y sintió pánico. La muerte volvió a invadirlo con sus terribles manos sin piedad, como había ocurrido esa noche en la Madriguera. La muerte era cruel y no admitía retornos o arrepentimientos, era imposible de revertir, y se hundía en el pecho de Harry como si hubiera tragado una piedra fría y dura. Volvió a sonar otro cañonazo. Harry volvió a correr, escapando entre árboles y plantas, pero llegó a ver el rostro de Fenrir Greyback. Esta vez no sintió pena, sino victoria. "Uno menos", pensó.

Pero luego se preguntó, ¿quién lo habría matado? Desde luego no los Mortífagos, ellos sin duda intentarían permanecer juntos y establecer una alianza, al menos hasta que se quedaran solos… ¿Habría sido Justin?

Otro cañonazo, y la respuesta a su pregunta llegó de una forma muy cruel: El rostro de Justin Finch-Fletchley lo miraba desde el cielo, con un horrendo "Derrotado" inscripto debajo. Harry se dio cuenta de que no podía seguir corriendo más, le dolía un costado y su mente no soportaba la idea de todas aquellas muertes inocentes… Así que dejó de correr y se metió dentro de un enorme arbusto, que serviría de escondite por el momento, ya que era hueco por dentro y casi todo su contorno estaba compuesto de espesas hojas. Una vez allí, aunque sin mucho espacio, se hizo un ovillo y trató de recuperar el aliento.

¿Dónde estaría Hermione? Le había prometido que no la dejaría morir, y aún así, no habían pasado ni quince minutos de comenzado el torneo y ya la había perdido. Se sentía un idiota, si ella moría, eso sería su culpa y la de nadie más. Haber decidido ir a aquel torneo había sido la peor idea de su vida…

Tuvo una especie de Flash Back. Se vio a sí mismo en el sótano de la Mansión Malfoy, sentado abrazando a Hermione. En esa ocasión, la chica lo había mirado a los ojos y había dicho: "Sé que todo estará bien, Harry. Mientras estés conmigo".

No pudo evitar ponerse a llorar. Metió la cara entre las piernas, y confió en que ningún televidente lo vería, ya que estaba dentro de un arbusto. Se quedó allí un rato, y luego decidió salir. Era una estupidez esconderse, era de cobardes. Tenía que encontrar a Hermione antes de que ella se le perdiera para siempre en la inmensidad de esos bosques, y si tenía que luchar con un Mortífago en el proceso, lo haría con ganas, sabiendo que al matarlo habría una amenaza menos contra la chica.

Así que Harry salió, caminó unos pasos, decidido, y de pronto un silbido le pasó rozando el oído. Sobresaltado, se dio vuelta y vio un hacha clavada en la tierra. Miró hacia el otro lado y vio a Lucius Malfoy, con ira en el rostro, mientras el mago se apresuraba a sacar una flecha y colocarla en su arco.

-¡No! –gritó Harry. Corrió hacia él y, antes de que éste pudiera disparar, se le lanzó encima y lo tumbó al suelo. Dobló el arco y lo empezó a llevar hacia el cuello del mago, mientras éste luchaba con Harry, tratando de soltarse. Entonces se oyó otra voz.

-¡Estoy aquí, Lucius!

Harry actuó más rápido de lo que habría sido capaz en otra ocasión. Le quitó una de las flechas de la mano a Lucius, la clavó hacia abajo con todas sus fuerzas y se fue corriendo, saltando el arbusto en el que se había escondido y desapareciendo tras unos árboles. Podía escuchar la voz de Bellatrix tras él, pero luego de un rato corriendo a toda velocidad la perdió.

Esta vez no se detuvo a descansar. Aunque su costado dolía insoportablemente siguió corriendo, tratando de buscar algún indicio que le indicara que Hermione podía estar cerca, quizás alguna señal que ella le hubiera dejado. Era evidente que Lucius y Bellatrix lo habían visto meterse en el bosque mientras buscaban sus armas y no habían perdido el tiempo en ir tras él de inmediato, esperando ser ellos quienes mataran al famoso Harry Potter. De otra forma nunca lo habrían encontrado tan rápido. ¿Habría logrado lastimar a Lucius? Sabía que le había clavado la flecha en alguna parte, pero había escapado tan rápido que quizás sólo le había dado a su mano, o a la tierra junto a él. No había sonado ningún cañonazo, así que el menos por el momento el mago seguiría vivo.

Corrió y corrió, y a medida que pasaban los minutos, quizás las horas, fue disminuyendo la velocidad gradualmente, decidido a no parar de recorrer la mayor cantidad de distancia posible, hasta que terminó caminando. No podía más. Le ardía la cara y estaba cubierto en sudor.

La duda volvió a él. ¿Y si Hermione había quedado atrás? ¿Y si, en vez de correr, se había ocultado también, y ahora que él había huido tanto estaban lejos el uno del otro?

Llegó la noche. Harry tenía una mochila con provisiones que les habían dado mientras el ministro los presentaba, y sabía que había una linterna en ella, pero nadie con un mínimo de cerebro la usaría. Estaba pensando aquello cuando vio una luz a lo lejos. Una luz blanca… Algún idiota que había hecho exactamente eso en lo que él pensaba.

Empezó a caminar hacia allí. No tenía esperanzas de que fuera Hermione, puesto que ella era muy inteligente. Quizás Luna, con suerte, o… Se detuvo en seco. ¿Y si era una trampa? ¿Y si eran los Mortífagos? Se puso a pensar. Tenía dos opciones: o se alejaba de la luz, evadiendo la posible trampa pero arriesgándose a que uno de sus amigos muriera debido a su falta de ingenio; o iba hacia la luz y se arriesgaba él para salvar a alguien.

Suspiró, casi enojado con sí mismo, y empezó a caminar hacia la luz poniendo los ojos en blanco. Siempre el héroe Potter, arriesgándose por los demás.

Cuando estuvo cerca espió desde detrás de un árbol. Sin hacer ruidos, asomó la cabeza tras el tronco y miró a la persona que emitía la luz. Era Hannah Abbott. Estaba muy asustada, moviendo su linterna hacia todos lados y respirando agitada. Estaba sola, y no tenía ningún arma más que la linterna, al menos que se pudiera ver. Harry decidió que si hubiera algún Mortífago en las inmediaciones ya la habrían matado, así que salió resueltamente y con las manos en alto, indicando que estaba yendo hacia ella en son de paz.

-¡Hannah, soy yo, Harry! ¡No te asustes!

La chica apuntó la linterna hacia él al tiempo que pegaba un grito que resonó entre los árboles. Harry cerró los ojos lamentando la estupidez de la chica, luego los abrió trató de mirarla, aunque la luz de la linterna lo cegaba.

-¡Ya apaga eso! ¡Vendrán a buscarnos, idiota!

La chica tardó unos segundos en comprender. Apagó la linterna, pero siguió manteniendo su distancia.

-¿Cómo sé que no vienes a matarme? –preguntó, muy asustada.

-¡Hannah, soy yo, Harry! ¡No mataría ni a una mosca, me conoces!

-¿Y cómo sé que eres Harry? ¿Y si eres alguien más con poción Multijugos?

-Aunque admito que la poción Multijugos es muy popular estos días –dijo Harry, recordando la jugada que les había hecho Hermione el cuatrimestre anterior-. Aquí no puede usarse magia, ¿de acuerdo? Y si algún Mortífago hubiera traído pociones o algo mágico, evidentemente nosotros no habríamos durado tanto. Me encontré con Bellatrix y Lucius en mi camino aquí, y no pudieron matarme. Sólo están usando armas muggle, y por lo visto no son nada buenos con ellas.

Hannah lanzó un suspiro, aliviada, y se acercó a Harry corriendo.

-Qué bueno que me haya encontrado contigo, Harry –dijo, y lo abrazó, algo que dejó a Harry de piedra-. No podría haber pedido mejor protección. No quisiera ofender a nadie, pero si en vez de ti hubiera sido Luna, quizás ahora ambas estaríamos con las linternas llamando a todos a los gritos.

-Sí… -dijo Harry, que estaba de acuerdo-. Vámonos. No podemos descartar que alguien nos haya visto. Tenemos que alejarnos de aquí.

Harry y Hannah caminaron muy deprisa en la oscuridad, divisando la silueta de los árboles cuando los tenían a pocos metros de distancia y alejándose más y más, siempre tratando de mantener el rumbo, para no dar vueltas en círculos y regresar a dónde habían salido, el lugar donde, pensaron, era más probable que se hubieran quedado los Mortífagos, para proteger el cúmulo de armas tan valioso.

Harry tuvo mucho miedo. No había pensado en Luna. La chica era mucho más vulnerable que Hermione o él, estaba muy expuesta al peligro. O al menos eso pensaba él. Aunque la joven no solía mostrar temor, siempre se quedaba contemplando algo con mucha curiosidad, Harry no la imaginaba corriendo muy lejos para escapar. Quizás había dado dos pasos y se había detenido a observar alguna planta silvestre que en Inglaterra no existía y parecía ser el hábitat de alguna criatura extraña en la que su padre se hubiera interesado alguna vez…

-Harry, paremos –dijo Hannah-. Ya no puedo caminar más. Busquemos algún lugar para pasar la noche.

-No lo sé –dijo Harry, mirando alrededor. No habían oído pasos ni nada extraño aparte de los de ellos. El bosque era muy silencioso y eso era una ventaja para saber si había enemigos cerca, al mismo tiempo que una desventaja para delatar su posición. Pero esa área parecía segura, o al menos le inspiraba más confianza a Harry que las inmediaciones del claro o el lugar donde había aparecido Lucius.

-Voy a hacer esto –decidió-. Subiré a un árbol, lo más alto que pueda, y miraré por encima de la copa de los árboles. Aquel claro estaba en lo alto de una elevación del terreno, así que debería ser visible desde cualquier lado. Quizás pueda ver qué tan lejos estamos, porque estoy seguro de que los Mortífagos se instalarán allí, en el claro donde empezamos, con las armas. Si estamos lo suficientemente lejos, podría ser seguro dormir. Sin embargo, es muy probable que envíen a uno o dos a rondar por las lejanías en busca de nosotros…

-Bueno, yo subiré contigo –dijo ella-. Mira, este de aquí no se ve tan difícil, y es muy alto.

Harry ayudó a la chica a subir primero. Luego se trepó él y empezaron a escalar, rama por rama. Aunque fue muy difícil y casi se caen varias veces, lograron llegar lo más alto posible, al menos hasta la última rama lo suficientemente gruesa para sostenerlos. Se podía ver por encima de la copa de los demás árboles desde allí. Hannah se sentó contra el tronco del árbol, mirando hacia abajo con miedo, y Harry se sentó delante de ella, sujetándose de la rama.

-Toma –dijo, y rebuscó en su bolso hasta encontrar una cuerda-. Átanos al tronco si puedes, y asegúrate de dejarme bien pegado a ti, para estar más seguros.

Hannah hizo lo que él dijo, y ambos quedaron sujetos firmemente al tronco. La espalda de Harry tocaba el pecho de la chica, y ambos tenían las piernas abiertas cayendo a ambos lados de la rama.

-¿Crees que puedan vernos desde abajo? –dijo ella, que no dejaba de mirar al suelo, aunque desde allí, y con esa oscuridad, no podían verlo.

-No –concluyó Harry-. Estamos muy alto y está muy oscuro. Quizás deberíamos pasar la noche aquí arriba. Si es que tenemos cuidado de no caernos, claro.

Harry sacó unos binoculares de la mochila y miró a lo lejos. La elevación en el terreno que marcaba la colina donde habían estado al principio no le fue fácil de divisar. Se dio cuenta de que había muchos lugares donde el terreno era más alto, algunos más cerca y otros más lejos, y que estaba demasiado oscuro para poder distinguir si eran claros o no. Al final se resignó, guardó los binoculares y decidieron que, cerca o lejos, la suerte sería la que decidiera si un Mortífago pasaría caminando bajo ellos o no.

-Trata de dormir –le dijo Harry, y se recostó contra ella-. ¿Te es incómodo si me pongo así?

-No, no te preocupes –la chica se recostó contra el tronco. Harry escuchó que empezaba a llorar.

-Lo siento –le dijo entonces-. Sé que Justin y tú eran muy cercanos.

Ella asintió con la cabeza, pero no dijo nada más. Se quedaron ahí juntos, tratando de descansar.

-¿Harry? –le preguntó ella. Harry ya estaba medio dormido en ese momento, y no fue muy consciente de la charla. -¿Es cierto lo de que andas con Hermione?

-Si –dijo él, con los ojos cerrados y la cabeza colgando hacia adelante-. Hermione es la única… La única en mi esencia.

Y con esas extrañas palabras se quedó dormido.

Al día siguiente, Harry abrió los ojos y vio la débil luz del sol que recién salía por el horizonte y alumbraba la copa de los árboles ante él. Se puso a observar en busca del claro con las armas. Entonces fue que vio, muy a lo lejos, una débil nube de lo que parecía humo grisáceo. Se apresuró en sacar los binoculares y apuntó hacia allí. En una de las elevaciones de terreno salía humo, desde detrás de un árbol. Podía ser tranquilamente el claro que él buscaba, y ese humo uno producido por los Mortífagos, apiñados muy juntos cubriéndose sus sucias espaldas el uno al otro. Trató de ver entre los árboles, de distinguir las armas apiladas o alguna silueta en movimiento, pero le fue imposible. Estaba muy lejos. De pronto miró a los árboles cercanos a donde estaban ellos dos y un torrente de miedo le llenó el pecho. Estaban muy al descubierto, y si alguien más se subía a un árbol cercano podría verlos.

-¿Hannah? –preguntó, girando hacia atrás la cabeza para ver a la chica, que estaba dormida-. Despierta, Hannah.

Hannah abrió los ojos despacio y lo miró. Parecía muy cansada.

-¿Estás bien?

-Sí –dijo ella, parpadeando varias veces, aunque el sol no estaba fuerte, era sólo una mancha rojiza tras los árboles más lejanos-. ¿Has visto a algún Mortífago?

-No -dijo Harry-. Anoche, mientras yo dormía, ¿ha habido alguna muerte?

-No que yo haya visto –dijo ella-. ¿Crees que deberíamos bajar? Podrán vernos aquí arriba si se trepan a otro árbol.

-Pensé lo mismo. Vamos, bajemos. Yo iré primero.

Pero entonces resonaron gritos a lo lejos y se arrastraron hacia ellos debido al eco, y los dos se quedaron petrificados, Hannah con sus manos en las cuerdas, las que se disponía a desatar. Los gritos venían de un punto medio entre el humo y ellos, como a mitad de camino. A Harry le dio un vuelco el corazón, y la imagen de Hermione apareció en su rostro, al mismo tiempo que el terror.

Sonó un cañonazo. Hannah lo abrazó con fuerza mientras miraban el cielo, los dos tratando de decidir si querían mirar o no, puesto que no querían ver el rostro de algún amigo de ellos muerto, aunque al mismo tiempo necesitaban saber quién había sido…

Apareció la pantalla gigante en lo alto. El rostro era el de Cho Chang. Derrotada.

Harry no se movió. No podía creerlo. Cho no podía haber muerto, eso tenía que ser… Pero no, claro que no era una pesadilla. Era real, y él se había metido allí voluntariamente, así que ahora no le quedaba otra que seguir. Seguir y buscar el Horcrux, y que le quedara el consuelo de que, al menos, al postularse él al torneo había salvado la vida de una persona, una persona sin rostro a la que no habían seleccionado puesto que debían ser ocho concursantes del colegio y Harry era uno de ellos. Aunque claro, al meterse también había hecho que Hermione se metiera.

Cerró los ojos y los volvió a abrir. Cho estaba muerta.

-Vamos, Harry –dijo Hannah-. Bajemos.

-Sí –dijo él. Terminaron de sacar las cuerdas y las guardaron, luego Harry bajó primero, y al llegar a una rama más baja se aseguró de que no hubiera nadie antes de hacerle señas a la chica para que lo siguiera. Los dos bajaron y empezaron a caminar, lo más silenciosamente posible, en dirección opuesta al grito de Cho y al humo. Caminaron durante horas, hasta que encontraron un pequeño lago. Se detuvieron a tomar agua y llenaron una cantimplora hasta arriba y se la guardaron. Luego sacaron un poco de las limitadas reservas de comida que tenían en las mochilas y comieron en silencio. Siguieron avanzando, siempre en la misma dirección. De pronto había más espacio entre los árboles y podían abarcar más territorio con la mirada. Hannah miraba hacia un lado y él hacia el otro, preparados para encontrarse con lo que fuera. Habían juntado dos rocas puntiagudas del lago y las llevaban en la mano como sus únicas armas. Pasó el rato, y se detuvieron a descansar en aquel páramo de finos árboles y más visibilidad.

-Aún estamos nosotros, Hermione, Michael y Luna –dijo ella, como si aquello fuera algo positivo que pudiera darle ánimos a Harry-. Si tan sólo pudiéramos encontrarlos, estaríamos mucho más seguros todos juntos. Ése debe ser el plan de los Mortífagos, que nos separemos, para buscarnos todos en grupo y matarnos por separado. Nadie puede solo contra un grupo de muchos de ellos, equipados con esas peligrosas armas. Somos blanco fácil.

-Es cierto –dijo Harry-. ¿Pero cómo encontramos a los demás? El bosque es inmenso, pueden estar en cualquier lado. Sabemos que estamos caminando en dirección contraria a aquel claro que, si no me equivoco, debe ser el centro exacto del campo de batalla, es decir del terreno delimitado por Voldemort. Lo sé porque vi humo viniendo de un terreno alto, y no creo que Luna, Hermione o Michael decidieran hacer una fogata, ¿no crees? Si tenemos suerte ellos tres estarán juntos… Eso espero. De cualquier forma, pueden haber caminado en esta dirección, o en cualquier otra dirección, incluso pueden haber ido hacia el lado contrario a nosotros, más allá del claro con las armas, y entonces no los encontraríamos nunca.

-Si tuviéramos las monedas del ED –dijo ella-. ¿Recuerdas? Podríamos mandarles un mensaje.

Entonces Harry la miró boquiabierto.

-¿Qué? –dijo ella, emocionada-. ¿Las tenemos? ¿Trajiste monedas?

-No, claro que no –dijo él-. Pero ese no es el único medio de contacto entre nosotros. ¿Cómo no me di cuenta antes?

-¿De qué? –insistió ella.

-Aquí no se puede usar magia –razonó Harry-. Pero nadie dijo nada de…

-¿DE QUÉ? –preguntó ella, impaciente. Harry sonreía.

-Na –dijo el chico, negando con la cabeza-. No funcionará. Sería absurdo. Voldemort no puede ser tan idiota.

Hannah lo miraba con urgencia y ya empezaba a enojarse.

-¿Vas a decirme de qué estás hablando?

-Verás –le dijo él-. Hace días me quitaron mi varita, me revisaron y me quitaron sólo eso. Luego me trajeron aquí, y nadie me volvió a revisar. Seguramente un encantamiento les indicó que no llevo nada mágico conmigo, pero nadie me ha quitado esto… Y estoy seguro de que tampoco le han quitado a Hermione el suyo.

Entonces Harry metió la mano en el bolsillo interior de su chaqueta y, sin dejar de sonreír, extrajo su Samsung Galaxy SIII, igual al que le había regalado a Ron, aquel en el que su amigo no dejaba de jugar Angry Birds. Le echó una ojeada y comprobó que tenía una línea de señal. No era mucho, pero…

Marcó el número de Hermione y esperó. Sonó una vez. Luego dos. Hannah lo miraba boquiabierta, incrédula. El teléfono siguió sonando y, justo cuando parecía que lo atendería el contestador, escuchó ruido del otro lado. Una respiración.

-¿Harry? –dijo la voz de Hermione-. Dios mío, no puedo creerlo –la voz de la chica susurraba del otro lado con emoción-. ¿Eres tú, Harry?

Harry cerró los ojos y sintió como un placer infinito se apoderaba de su cuerpo.

-Gracias –dijo entonces, abriendo los ojos y mirando al cielo-. Dios bendiga la estupidez de lord Voldemort.


Cześć jak się masz? Según el traductor de google, eso es un saludo en polaco :p a mí me suena un poco agresivo no sé por qué…

Espero que noten que los títulos de los capítulos son algo raros o más bien no hacen referencia a la totalidad del capítulo en sí, esto no es por mi falta de ganas de pensar títulos adecuados, es por algo que diré más adelante :p

Escenas del capítulo anterior (generalmente estas "escenas" son alteradas y/o modificadas para causar más emoción, y a veces incluyen escenas nuevas que nunca antes habíamos visto):

-La chica irá contigo al torneo –dijo lord Voldemort, sus ojos rojos chispando del placer mientras observaba a Harry como un demente-. Sí… Así será mucho más emocionante –y lanzó una espeluznante risa maligna que quedó haciendo eco en la noche.

-Eres… ¡La más estúpida, Hermione! ¡La más estúpida! –le gritó Harry, acercándose a ella, ya en el sótano de la Mansión Malfoy. Mientras la miraba, enojado porque ella lo siguiera en aquella peligrosísima aventura, sus ojos se encontraron y empezaron a besarse locamente, revolviéndose los cabellos con las manos.

-No me importa morir, Harry… No me importa nada si estoy contigo.

-¡Ohh, abran paso! –decía Lavender, llevando una especie de pipa de agua al centro de la sala. Ron miraba sonriendo a la hermosa chica rubia a su lado. La habitación temblaba, y los dos empezaron a besarse mientras el efecto del Abracadabra los llenaba y les permitía leer los pensamientos del otro…

-¡En sus marcas! –gritaba entonces el ministro Pius Thicknesse a los campeones, ya en los bosques de Albania-. ¡Listos! ¡FUERA!

Justin Finch-Fletchley corría junto a Romilda Vane y los Mortífagos hacia las armas. No habían ni llegado hasta ellas cuando Fenrir Greyback se desvió y, en vez de correr a las armas, se lanzó sobre Romilda Vane, la arrojó al suelo y empezó a morderla salvajemente.

-¡NO! –Justin llegó antes que los Mortífagos, tomó una lanza y se la arrojó al hombre-lobo, que fue atravesado por el arma y cayó hacia adelante, muerto-. ¡ROMILDA! –el chico corrió hasta su compañera, pero ya estaba muerta-. ¡Mueran, malditos! –gritó, fuera de sí-. ¡MUERAN!

Esa fue la escena heroica del chico del que nunca supimos mucho: Justin Finch-Fletchley corrió hacia los Mortífagos, con el rostro crispado por la ira, tomó un hacha del suelo y empezó a pelear salvajemente con todos a la vez. Su hacha y la de Lucius chocaron entre sí furiosamente, y Lucius no tardó en agarrar a Bellatrix del brazo y alejarse con ella de allí. Justin peleó con Pettigrew hasta que consiguió desarmarlo. Entonces rugió de rabia y se lanzó furioso sobre él, dispuesto a matarlo. Pero antes de que pudiera hacer nada, sintió un dolor inmenso: Alguien lo había atacado por la espalda, y la punta ensangrentada de una lanza asomaba por su pecho. Pero, ¿quién? ¿Quién era tan cobarde para atacar por la espalda?

Justin cayó al suelo y lo último que pudo ver antes de desvanecerse fue una cara de sapo que sonreía melosamente, la malvada expresión de alegría de Dolores Umbridge.

Placer y perdición

Aquella lucha impresionante entre Justin y los Mortífagos había quedado atrás. Ya era el día siguiente, y el terrible torneo se había llevado la vida de Cho Chang también. Ahora, Harry y Hannah Abbott caminaban entre los árboles en dirección al centro del bosque, a aquel mismo lugar en el que habían empezado, donde estaban las armas, donde Justin y Romilda habían muerto. Se habían alejado de allí en una misma dirección el día anterior, más y más, pero, al hablar con Hermione, luego de algunas deducciones habían llegado a la conclusión de que ella debía estar al otro lado del bosque, más allá del claro, porque al empezar a correr ella había ido en dirección a unas montañas que, según Harry y Hannah comprobaron, quedaban al otro extremo de donde estaban ellos, pasando el claro con las armas y más allá de él.

-Todavía no sé si estamos haciendo lo más inteligente –le dijo la chica a Harry, mientras avanzaban entre árboles y plantas-. Estamos yendo hacia donde sabemos que están los Mortífagos… Por aquí deben haber matado a Cho –se puso a mirar alrededor, habían deducido que estaban a medio camino hacia el centro del bosque ya.

-Y yo te he dicho –dijo Harry, que ahora parecía más frío y rudo que la noche anterior, y miraba con enfado hacia adelante-. Que yo voy a buscar a Hermione. Tú puedes venir conmigo o alejarte hacia donde estábamos antes. No estás obligada a venir.

-¡No pienso quedarme sola! –dijo ella, mirando con miedo en derredor-. De acuerdo, pero, ¿no podríamos bordear ese claro, tratar de ir por alguna zona más lejana? Tú me estás llevando derechito hacia allí, hacia el humo…

-Porque no quiero perder tiempo –dijo Harry, algo frustrado. Cada segundo que perdían en encontrar a Hermione era un segundo en que podría oírse un cañonazo sonando en el aire y la imagen de la chica en el cielo… Estaba aterrorizado. Ella le había dicho que estaba sola, que la noche anterior la había pasado escondida en una cueva, pero que no estaba segura de que fuera segura así que ahora daba vueltas por el bosque en busca de agua, ya que no había encontrado y se moría de sed… Y Harry tenía una cantimplora llena de agua y, para colmo, estaba con otra chica. Se sentía la peor persona del mundo. La había hecho meterse en eso y ni siquiera estaba allí con ella, ayudándola. Habían tenido que terminar la conversación porque los teléfonos se habían quedado sin señal, y aunque revisaba cada cinco minutos, todavía seguía sin volver. Y una nueva preocupación lo invadía: Sabía que todo el mundo mágico los veía, en pantallas gigantes, y eso quería decir que Voldemort también lo había visto, lo había visto sacar su celular del bolsillo y exclamar en voz alta: "Dios bendiga la estupidez de lord Voldemort". Eso no traería nada bueno. Voldemort era capaz de lo que fuera. Quizás, de la rabia, lanzaría algún animal salvaje para que persiguiera a Hermione y la matara, o alguna cosa así…

Harry caminó más de prisa, y sin darse cuenta empezó a correr.

-¡Oye! –le gritó Hannah, tratando de seguirle el paso-. ¡No vayas tan rápido!

En el caldero chorreante, un gran grupo de magos miraban emocionados por la pantalla gigante a Harry y Hannah corriendo por el bosque, mientras se llevaban vasos de cerveza a los labios y murmuraban entre sí. Algunos negaban con la cabeza, horrorizados de lo que veían. Un poco más lejos de allí, en casa de Lavender, la chica miraba la misma transmisión en su televisor muggle junto a su amiga Janine, que estaba pasando el día con ella. Y mucho más lejos, en casa de los Weasley, Ginny y la señora Weasley se sostenían las manos una a la otra mientras miraban la imagen, que ahora mostraba a Hermione caminando entre los árboles muy asustada, sin dejar de mirar a todos lados.

-Harry, creo que ya estamos cerca –dijo Hannah, agitada. Harry dejó de correr y aguzó el oído. Ya no había humo, pero estaba seguro de que iban en la dirección correcta.

-¿Has oído a alguien?

-No –dijo ella, y puso cara de miedo.

-Aguarda –Harry se llevó un dedo a los labios y se metió tras un árbol. Ella lo siguió y se quedaron allí, aferrándose a sus únicas armas: las dos piedras puntiagudas que habían recogido del lago.

Esta vez lo oyeron bien: Había ruidos adelante, alguien iba pisando hojas y arrastrando los pies descuidadamente, no tan cerca pero tampoco no muy lejos.

Hannah se acercó más a Harry, se abrazó a su espalda y escondió la cara contra su nuca, como si así fuera a alejar al Mortífago. Harry, en cambio, se asomó un poco y espió. Lo vio a unos veinte o treinta metros de distancia, pasando entre los árboles. Aquella figura podría haberle resultado imposible de descifrar de no ser porque no había nadie más en esos bosques tan bajito y rechoncho como Peter Pettigrew.

-No te preocupes, Hannah –dijo Harry en un susurro, valientemente-. Éste no será difícil.

-Quieres decir que vas a… ¿a matarlo?

-No lo sé –admitió Harry. No le gustaba la idea de matar a alguien, de jugar al juego de Voldemort. Pero, por otro lado, cada Mortífago vivo era una amenaza contra Hermione.

Espió otra vez. Peter caminaba a pasos largos hacia donde estaban ellos, pero no podía saber que estaban allí, evidentemente, porque se lo notaba distraído y arrastraba las piernas. Harry buscó con la mirada pero no había nadie más, el Mortífago estaba solo.

-Bien, éste es el plan –dijo Harry, pensando a toda prisa-. Viene hacia aquí, ¿de acuerdo? –dicho esto, sintió que la chica tras él temblaba-. Viene con un arco en la mano y unas flechas en la espalda. Eso es una ventaja, porque necesitará tiempo para sacar la flecha, y eso nos dará una ventaja si lo tomamos por sorpresa. Tenemos que salir los dos tras este árbol cuando él esté lo más cerca posible, y golpearlo con las piedras en la cabeza, ¿lo entiendes? Tiene que ser en la cabeza, para confundirlo o desmayarlo, no tienes que matarlo si no quieres, pero debemos hacerlo. ¿Está bien?

Ella movió la cabeza hacia arriba y abajo enérgicamente, parecía que el hecho de que no tuviera más opción que hacerle caso a Harry la había llenado de la adrenalina suficiente para actuar. Peter se acercaba, sus pasos eran más audibles y hasta pudieron oírlo murmurar por lo bajo. Hannah y Harry se acercaron más el uno al otro y caminaron un poco hacia atrás, porque, si bien el árbol era muy grueso, temían que Pettigrew les viera algún codo sobresaliendo por detrás.

Hannah ya no temblaba, pero respiraba cada vez más fuerte en el oído de Harry, como queriendo tomar suficiente aire para correr una maratón a toda velocidad. Esto lo molestó un poco, ya que no podía escuchar al Mortífago con claridad.

-Malditos idiotas –venía diciendo para sí mismo, según escucharon una vez que estuvo lo suficientemente cerca-. "Ve a buscar a Potter", me dicen, mientras ellos se quedan allí felizmente comiendo los animales que yo he cazado. "Ve a buscar a los niños o te cocinaremos a ti, Peter" Y se empiezan a reír a carcajadas… Estúpidos, inútiles…

Los pasos de Pettigrew estaban tan cerca que sentían que debía estar caminando justo del otro lado del árbol. El corazón de Harry latía rapidísimo, y el pecho de Hannah se inflaba y desinflaba con tanta velocidad en la espalda de Harry que el chico temió que la chica se desmayara.

Entonces ocurrió. Pasó todo tan rápido que Harry no pudo terminar de entender los detalles. Peter Pettigrew pasó caminando por delante de ellos, sin verlos, cruzó a pasos largos el árbol que los escondía a ellos dos, mirando en dirección opuesta, y siguió de largo, dándoles la espalda, mientras continuaba insultando por lo bajo a los otros Mortífagos. Entonces, mientras Harry se quedaba inmóvil, sin saber qué hacer, sin poder tomar una decisión, un grito feroz, inhumano, totalmente salvaje le destrozó los tímpanos: Hannah se separó de él rugiendo como una fiera. Peter se llevó tal susto que se le cayó el arco de las manos y el mago resbaló y cayó de espaldas al suelo, torpemente. Pero Hannah estaba fuera de sí, estaba desquiciada. Con su rostro rojo y sin dejar de aullar como enferma un segundo, se lanzó a toda velocidad sobre el mago, levantó la puntiaguda piedra que llevaba en la mano en alto y la dejó caer sobre la cara de Peter, una y otra vez, con una fuerza que Harry jamás habría creído que la chica tenía.

-¡MUERE, RATA INMUNDA! –chillaba a todo pulmón. Harry aún no se había movido de donde estaba, tras el árbol, y había quedado paralizado por la sorpresa y la conmoción-. ¡MUERE! ¡MUERE! ¡MUERE!

Hannah no dejaba de subir y bajar el brazo con mucha fuerza. La piedra ya estaba toda llena de sangre y Harry no podía distinguir la cara de Pettigrew, que ya casi no tenía forma…

-¡Basta! –dijo finalmente, saltó corriendo hacia ella, la separó del Mortífago y cayeron juntos al suelo, a unos metros del cadáver-. Ya está muerto, Hannah, ya está muerto. Tranquila, no pasa nada, ¿sí?

Pero la chica ahora lloraba a viva voz. Abrazó a Harry, mientras temblaba de pies a cabeza, y lanzó unos gritos de dolor que podrían haber llegado a la otra punta del bosque perfectamente. Lloraba mientras miraba la piedra en su mano. Harry se dio cuenta de que la tenía toda llena de sangre, y era difícil decir si era la sangre de Pettigrew o la de ella misma. Finalmente consiguió hacer que soltara la piedra y la dejara caer al suelo, y la ayudó a levantarse.

Sonó un cañonazo, pero Harry no se molestó en mirar hacia arriba.

-Hiciste bien, Hannah… -le dijo, tratando de calmarla. La chica miró el cuerpo del Mortífago, que prácticamente terminaba del cuello para arriba, y lloró más fuerte, mientras Harry la abrazaba y le examinaba la mano. –Te lastimaste la mano –le dijo, sosteniéndosela entre las suyas-. Vamos, nos alejaremos de aquí antes de que lleguen los demás y te la limpiaré con el agua que tenemos.

La chica no dijo nada. Se calmó un poco y dejó que Harry le guiara lejos de allí, lo más lejos posible. Estaba seguro de que los demás habrían escuchado e irían a buscarlos. Se alejaron en otra dirección hasta que Harry pensó que estaban a salvo, se dejaron caer tras unas espesas matas de plantas y Harry buscó la cantimplora en su mochila.

-Ven, dame la mano –le dijo. Hannah puso su mano en el aire, sacudiéndola con cada temblor que le azotaba el cuerpo, y Harry vertió una buena cantidad de agua. Pronto fue evidente que se había lastimado bastante ella misma, ya que tenía varios cortes, pero no parecían graves. –Estarás bien, ¿sí? –ella asintió con la cabeza muy nerviosa, mirándolo a los ojos. -¿Cómo te sientes?

-Estoy bien –dijo entonces, y se asomó brevemente por encima de las plantas tras ellos-. No estamos muy seguros aquí… Sigamos.

-Sí –dijo Harry, contento de que ella tuviera esa sugerencia. Se pusieron de pie y continuaron. Habían caminado una media hora cuando vieron, a su izquierda, algo que resaltaba entre los árboles y las hojas.

-Llegamos –anunció Harry, deteniéndose y mirando hacia allí-. Es el claro. Eso de allí son las armas apiladas.

Los dos miraron en esa dirección. Tras unos árboles se divisaba el sol cayendo de pleno en aquel claro, el pilón de armas de metal y los restos de una hoguera que ya no humeaba.

-Tal vez deberíamos ir a buscar algunas armas –sugirió Hannah. Harry la miró preocupado. Esa nueva Hannah Abbott tan lanzada y con sed de sangre le resultaba algo inquietante.

-Estoy de acuerdo, si es que no hay nadie allí.

-Miremos –dijo ella, y empezó a acercarse. Harry la siguió, pensando en que quizás, luego de matar a alguien, las personas sentían una renovada sensación de valentía y protección. Fue tras ella y se acercaron lo más sigilosamente posible. El montículo de armas cada vez estaba más cerca, de hecho estaba casi en el extremo del claro por donde estaban ellos en ese momento, a unos tres metros del primer árbol. Era muy tentador.

Hannah le hizo señas a Harry indicándole que vigilara en los alrededores, mientras ellas corría en puntitas de pie hacia otro árbol y espiaba el centro del claro. Luego lo miró y negó con la cabeza. Harry hizo la misma seña y se acercó a ella mientras observaba los alrededores expectante.

-Deben haberse ido donde Pettigrew –le dijo, cuando llegó a su lado-. Es ahora o nunca. Tomemos un par de armas y larguémonos.

Salieron los dos de detrás del árbol y corrieron hacia el claro. Cruzaron el último árbol y se lanzaron sobre las armas. Entonces la hoguera captó la atención de Harry. La habían hecho en el centro mismo del claro y era negra con algunas formas extrañas. Luego de mirarla un segundo se dio cuenta de que lo que había allí era carne humana chamuscada: Habían incendiado los cuerpos de los caídos para hacerla.

-¿Qué es ese olor? –susurró ella asqueada, mientras se escondía tras la pila de armas y sacaba un arco y un pilón de flechas, que se colgó a la espalda.

-No quieres saber –le dijo Harry, mientras tomaba un montón de lanzas-. Rápido, vámonos.

Se alejaron a toda velocidad hacia el otro lado, hacia la zona en la que pensaban que estaba Hermione, y se esfumaron entre los árboles, corriendo rápido. Harry se repartió las lanzas entre las dos manos, porque había agarrado muchas y se le resbalaban entre los dedos. Corrieron y corrieron durante mucho tiempo, de vez en cuando mirando sobre sus cabezas, como si esperaran que algún Mortífago se revelara tras ellos, persiguiéndolos. Pero eso no pasó, por suerte, y cuando la tarde ya caía ellos seguían avanzando hacia adelante, en la misma dirección. Luego de un par de tragos se quedaron sin agua, y no podían encontrar ningún lago ni arroyo ni nada de donde sacar más. Comieron las últimas migajas de pan del que tenían en las mochilas y siguieron en marcha.

Harry miró su teléfono por infinitésima vez, o eso pareció. Pero esta vez vio que volvía a tener una línea de señal.

-¡Genial! –exclamó triunfante, y no perdió un segundo en levantarlo y tratar de llamar a Hermione. Al principio no lo logró, ya que no le daba tono, lo que le hizo pensar que ella no debía tener señal, o batería, o quizás había roto su teléfono… Y luego, en el quinto intento, escuchó el tono, y su corazón dio un salto.

-¡Harry! –dijo la voz de Hermione en un susurro que hizo que Harry sintiera una oleada de miedo. Se la escuchaba muy nerviosa, mucho más que por la mañana, y parecía haber estado llorando-. ¡Por fin, Harry, por fin! ¡Tienes que venir!

-¿Qué ha pasado? –preguntó Harry, muy preocupado.

-¡No perdamos el tiempo, puede cortarse de nuevo! –dijo ella, muy apurada-. Escúchame, voy a lanzar un grito, y luego otro, y ustedes sigan los gritos. ¿Fueron en dirección a donde les dije?

-Estamos ahí –dijo Harry-. Pero tiene que haber otra forma, es muy peligroso que…

Y en ese momento, escucharon un grito a lo lejos. Se quedaron los dos de piedra. No venía de ningún lugar cercano, y no podían identificar la dirección.

-¡Hermione! –gritó Harry por el teléfono-. ¡No hagas eso! ¡No logro distinguir de dónde viene el sonido!

-¡Grita tu también, Harry! –y se volvió a escuchar otro grito, Harry creyó que venía de la izquierda.

-Se volvió loca –dijo Harry, tomó a Hannah del brazo, aterrado, y corrió con ella en dirección a los gritos, mientras tomaba aire y empezaba a gritar él también.

-¡AHHHHHH! –vociferaba, mientras corrían saltando ramas y atravesando árboles. Tomó el teléfono y comprobó que la llamada aún estaba activa-. ¡¿Me oyes, Hermione?! –ni siquiera trató de hablar en voz baja, lo dijo tan fuerte como los gritos que resonaban entre los árboles.

-¡Te oigo, Harry! –gritó ella en su oído, casi aturdiéndolo-. ¡Te oigo! ¡Estoy corriendo hacia allí!

-¡Van a matarnos! –chillaba Hannah a su lado, corriendo con cara de afligida-. ¡Nos encontrarán, son unos idiotas!

Pero Harry gritó más y más fuerte, porque ya no le importaba nada, y sabía que si lograba llegar al lado de Hermione tendría suficientes fuerzas para pelear contra un Colacuerno Húngaro.

-¡TE AMO, HARRY! –le dijo por teléfono, y Harry supo que estaba llorando-. ¡Por favor, ven! ¡Tengo mucho miedo!

Hermione gritó de nuevo, y Harry oía su voz ya no tan lejos, quizás a unos cincuenta metros, quizás menos, no sabía decir. Corrían a su encuentro, el uno y el otro, gritando y hablándose por el teléfono. Ya no miraban alrededor, no les importaba quién más podía estar por allí.

-¡Te amo! –le dijo él, con el teléfono pegado al oído-. ¡No llores, tranquila, ya llego, ya llego! ¡HERMIONE! –bramó, apartando un poco el celular-. ¡HERMIONE!

-¡HA…! –el grito de Hermione, que había empezado a sonar ya cerca de ellos, se interrumpió con brusquedad, y Harry sintió como su alma abandonaba su cuerpo.

-¡HERMIONE! –gritó en el auricular del teléfono, asustadísimo. Pero la llamada se había cortado.

Se olvidó totalmente de Hannah. Empezó a correr a una velocidad a la que nunca había corrido en su vida. Atravesó todas las plantas que se le cruzaron en el camino, y los árboles eran una imagen borrosa que desaparecía a su lado, con la velocidad. Veía algo allí adelante, en el lugar donde tenía que estar ella. Había una figura en el suelo.

-¡No! –gritó Harry, acercándose a toda velocidad a la Hermione que yacía entre las hojas, boca abajo-. ¡NO!

Levantó una lanza justo en el momento en el que Lucius aparecía delante de él y lanzaba una flecha que le pasó rozando el oído. Harry aulló furioso y arrojó la lanza con todas sus fuerzas, pero no consiguió darle. Entonces alguien salió de un árbol a su lado y lo empujó al suelo.

-¡JÁ! ¡Por fin te tenemos, Pottercito! –la desquiciada imagen de Bellatrix Lestrange apareció ante él. Harry se incorporó a toda velocidad y trató de atacarla, pero Bellatrix se hizo a un lado y se cubrió con un árbol. Un silbido le indicó que Lucius le había lanzado otra flecha, que se clavó en el árbol ante él.

-¡SAL DE AHÍ, COBARDE! –Harry dio la vuelta al árbol, levantó otra de sus lanzas y trató de clavársela a la Mortífaga, pero esta se escabulló y se acercó al otro mago, que tenía el arco cargado y trataba de apuntar a Harry mientras este se movía a toda velocidad hacia ellos.

-¡Dale, Lucius! –gritó Bellatrix con una risotada. La bruja se acercó al cuerpo Hermione y levantó del suelo una corta hacha. Harry no quería mirar, sólo quería matarlos a ambos lo más rápido posible.

Lucius lanzó otra flecha, y esta le hizo un rasguño en el hombro y siguió de largo mientras Harry gritaba furioso, se lanzaba sobre él y lo empujaba al suelo. Vio que Bellatrix se acercaba con el hacha, pero fue más rápido y le arrojó una lanza que se le clavó en el brazo con el que sostenía el arma, haciéndola gritar de dolor. Harry miró hacia abajo y vio que Lucius levantaba una mano cubierta con una venda. Así que ahí le había dado el día anterior, en la mano…

-Esta vez no fallaré, Lucius –dijo Harry rojo de la ira, al tiempo que levantaba su última lanza y la clavaba con todas sus fuerzas en el pecho del mago. Luego se dio vuelta y quiso correr hacia Bellatrix, pero a la bruja se le había caído el hacha y ahora huía de él a toda velocidad, gritando de dolor mientras trataba de quitarse la lanza del brazo.

Harry no fue tras ella, se arrodilló junto a Hermione y la hizo girar para dejarla boca arriba.

-Hermione… -la miró a los ojos y ella le devolvió una mirada de horror-. Dime que estás bien, dime que vas a salvarte, por favor.

-Harry, Harry –la chica se incorporó tan rápidamente que dejó a Harry desconcertado. Se lanzó a sus brazos y lo abrazó fuertemente. Entonces se empezaron a besar y acariciarse, sin poder contenerse. Harry escuchó a Hannah llegar muy agitada junto a ellos y escuchó al moribundo Lucius hablar:

-Niña… Sálvame –decía, con un hilo de voz-. Te lo imploro.

-Ya cállate, Mortífago inmundo –se oyó decir a Hannah, y luego hubo un silbido que indicó que la chica le había lanzado una flecha para acabar con él.

-¿Dónde te dio? –dijo Harry, apartándose de Hermione y mirándola rápidamente de arriba abajo, temblando-. ¿Dónde fue, Hermione? Tengo que curarte, dime…

-¡Cálmate, no tengo nada! –dijo ella, y le acarició la cara con una mano, mientras lo miraba y oían el sonido de un cañón que indicaba la muerte de Lucius-. Bellatrix me lanzó el hacha, que empezó a girar en el aire y me golpeó con el mango, no me hizo nada. Me dio en la cabeza y caí al suelo, pero no fue la parte del filo, no me he hecho nada.

-¡Diablos! –gritó Harry, abrazándola muy fuerte-. ¡Podría haberte matado! ¡Esa hija de puta! ¿Por dónde se fue? Voy tras ella.

-¡Harry, no! –Hermione lo tomó de un brazo y lo obligó a caer de nuevo a su lado-. Quédate aquí, quédate conmigo.

-Chicos –dijo entonces Hannah, que había tomado las flechas de Lucius y las ponía entre las suyas-. No quiero interrumpir la escena de amor, pero hay que largarnos de aquí cuanto antes. Escucho gritos a lo lejos acercándose, y eso no puede ser nada bueno.

-¡Vamos a la cueva! –dijo Hermione, poniéndose de pie-. ¡Rápido, es en aquella dirección!

Harry tomó el hacha de Bellatrix del suelo y los tres empezaron a correr, alejándose entre más y más árboles. Pasó un buen rato, y, de pronto, Hermione les indicó que se detuvieran.

-Es aquí.

-Primero me aseguraré de que nadie nos haya seguido –dijo Harry, y empezó a caminar en torno a los arbustos que había señalado ella, con el hacha en alto, como esperando a que alguien se asomara tras un árbol a lo lejos.

-Nadie nos ha seguido –dijo Hermione-. Vamos, entremos.

Se metieron entre las plantas. No parecía que hubiera nada allí, y fue una sorpresa cuando bajaron por un túnel angosto y terminaron en un recinto no muy grande de paredes rocosas. La luz del sol poniente se filtraba por entre las hojas que cubrían la entrada y pudieron ver que en el suelo Hermione había dejado su mochila con sus pertenencias.

-No puedo aguantar más la sed –dijo entonces, dejándose caer en el suelo. Harry se quedó de pie.

-Iré a buscar agua –anunció-. Ustedes esperen aquí, y yo…

-¡No! –protestó Hermione.

-No hace falta –dijo Hannah entonces, y se puso a buscar en su mochila-. Acabo de robarle una cantimplora llena a Lucius.

-Hannah… eres una genia –dijo Harry, mientras la chica sonreía y le pasaba la cantimplora a Hermione, que se puso a beber con rapidez. Luego les dio a los otros dos y bebieron con ganas. Estaban muy agitados de tanto correr y necesitaban descansar.

Harry se sentó al lado de Hermione y la abrazó. Juntaron sus cabezas y rozaron sus labios mientras se miraban a los ojos en la oscuridad parcial. Hannah se recostó y se quedó mirando la entrada de la cueva, mientras ellos dos empezaban a besarse más rápido y se recorrían el uno al otro con las manos.

-Te sangra el hombro –observó ella, muy preocupada, y Harry no pudo evitar darle otro largo beso luego de aquel comentario.

-Te golpearon con un hacha en la cabeza y te preocupas por mi hombro –le dijo, mientras ella lo abrazaba y él le acariciaba con cuidado el chichón que se le había formado en la cabeza.

Estuvieron así mucho rato, hasta que se hizo de noche. Ellos dos abrazados, sin soltarse un segundo, y Hannah al otro lado de Hermione, acostada. Contaron lo que les había pasado y lo que habían visto. Hermione se había quedado el día anterior en la cueva y no había hecho nada más. Se sorprendió de que Hannah hubiese matado a Pettigrew y de que se hubieran metido en el claro a robar las armas.

-¿Y qué haremos ahora? –preguntó Hannah en un momento.

-Yo digo que salgamos de aquí y caminemos lejos –dijo Harry-. Al parecer ellos no cazan de noche, aprovechan la luz del sol y a estas horas se acurrucan como idiotas alrededor de una fogata. Será más seguro alejarnos con la oscuridad cubriéndonos.

-O cubriéndolos a ellos –opinó Hannah. Hermione no dijo nada, pero Harry pensó que debía haber sentido miedo ante esa sugerencia.

-Vamos –les dijo entonces, tratando de animarlas-. No estamos seguros en ningún lado, también pueden encontrarnos aquí.

Eso no las animó demasiado, pero accedieron y los tres salieron de la cueva y empezaron a caminar por el oscuro bosque, que a esas horas inspiraba temor. No había luna ni estrellas, o al menos no se veían a través de la copa de los árboles. Estuvieron horas y horas caminando en la noche, sin ser muy conscientes del tiempo, Harry y Hermione de la mano.

-¿Dónde creen que estén Luna y Michael Corner? –preguntó Hermione, mientras bajaban una leve ondulación del terreno y luego volvían a subir esquivando raíces de árboles que sobresalían de la tierra.

-Hubiese pensado que Michael estaría con… ya saben, con Cho –dijo Hannah, en voz muy baja-. Pero sea donde sea que esté él ahora, debe estar destrozado…

-Me sigue preocupando Luna –dijo Harry, y sintió cómo Hermione apretaba más fuerte su mano-. Todavía me es difícil de creer que las personas aguanten esto, que los magos y brujas de Inglaterra nos estén mirando desde sus casas sin hacer nada al respecto.

-Cada uno hace lo que puede hacer, y salva lo que puede salvar –dijo Hannah, reflexiva-. Lo que de verdad importa es lo que llevamos en el corazón.

Harry levantó la mirada y la dirigió hacia el frente con el ceño fruncido, tratando de concebir el hecho de que en ese momento podían estar haciendo un primer plano de él, con alguna especie de cámara invisible que flotaba en el aire. En efecto, en La Madriguera, Ginny estaba en camisón con una taza de café entre las manos, sin poder dormir y mirando a Harry, Hannah y Hermione caminar en la oscuridad, muy preocupada. Lejos de allí, George estaba en su cuarto sobre Sortilegios Weasley mirando lo mismo. Estaba esperando una visita, pero siempre que podía miraba a Harry para ver cómo le estaba yendo en el torneo. En ese momento, precisamente, estaba reflexionando sobre lo que acababa de decir Harry, pensando en si realmente ellos podían hacer algo para detener aquel torneo que transcurría en un lugar tan remoto, cuando golpearon la puerta.

-Pasa, Angelina –la saludó, mientras la chica echaba un vistazo y entraba al cuarto.

-¿No está tu hermano? –preguntó ella, mirando alrededor.

-¿Ron? No, se fue con sus amigos –dijo George mientras se apresuraba a buscar algo que había junto a la mesa y se lo pasaba a la chica: un ramo de flores.

-Estás rarísimo –dijo ella, tomándolo con más preocupación que emoción-. ¿Desde cuándo me regalas flores?

-Quiero hacerte sentir bien, una novia feliz –dijo George simplemente, indicándole que se sentara en el sofá mientras cerraba la puerta e iba a la cocina. Al instante regresó guiando dos tragos con la varita, que los depositó en la mesita frente al televisor antes de atenuar las luces de las velas. -¿Estás segura de que ya cenaste? Puedo prepararte algo en sólo unos momen…

-George –dijo ella, mirándolo muy seriamente-. Ya deja eso, ¿sí? Te lo dije, no me importa que no podamos seguir teniendo sexo, yo te sigo queriendo, ¿me oyes? Y me gusta el viejo George que me jugaba bromas, me tiraba del pelo y a veces, sí, lo admito, me eructaba al oído, también me hacía gracia eso. Este nuevo George romántico que se siente inferior y trata de compensar su falta de virilidad sólo me pone nerviosa. ¿Puedes olvidarlo?

-Pero –dijo George, mientras, detrás de ellos, en la pantalla mágica, se veía a un muy oscuro Harry guiando a dos chicas hacia un arroyo-. ¿De verdad vas a decirme que no te dan ganas de dejarme e irte con otro que… bueno, que…?

-¡George! –gritó ella, muy enojada-. ¿Acaso tú me dejarías si por alguna razón…?

-No, claro que no. Pero entiende cómo me sien…

-Tú entiende como me siento –dijo ella-. ¡Yo te amo! No me importa…

-¿De verdad me amas?

-Sí.

-¿Por qué nunca me lo habías dicho?

-Porque eres un tarado.

-Eso no es excusa.

-Ya bésame.

Angelina y George se besaron y se dejaron caer sobre el sofá. Un pequeño fuego que George había encendido horas antes titilaba tras ellos y, en la transmisión del torneo, podía verse a Harry y las otras dos chicas bebiendo agua del arroyo y llenando sus cantimploras.

En la casa de Lavender, sin embargo, miraban una película de terror hecha por magos, llamada "Actividad Normal", donde un mago y una bruja se acostaban a dormir en su casa de recién casados y, al escuchar ruidos, creían que se trataba de un simple fantasma o poltergeist normal de los que suelen aparecer en casas de magos, pero, luego de unas noches, cosas extrañas empezaban a pasar: de pronto se encendían Lumos Máxima en los pasillos sin que nadie los conjurara; los personajes de los cuadros que decoraban la casa aparecían sentados en las sillas de la cocina, fuera de sus marcos, como si estuvieran vivos; el reloj mágico que decía donde estaban los dos miembros de la familia no cambiaba de la posición "peligro de muerte"; y todo tipo de cosas así.

-¡No, no entres ahí! –chilló Miley y escondió la cara en el pecho de su novio mientras, en la película, la protagonista se metía al cuarto en el que había oído los ruidos. Ron estaba sentado junto a Janine, que le apretaba el brazo muy fuerte, asustada. Había varios paquetes de golosinas mágicas entre ellos, montones de ranas de chocolate, grageas bertie bott y demás.

-Ron, ¿me acompañas arriba? –le susurró Janine al oído un rato después. Ron giró la cabeza para ver a los demás: Lavender se había quedado dormida en el sillón más grande, Parvati se besaba con Anthony desde hacía más de media hora y la otra pareja, Miley y Eddie, estaban abrazados mirando la película y ocasionalmente susurrándose cosas y dándose besos.

Ron asintió y los dos se levantaron despacio y empezaron a subir hasta llegar al cuarto de Lavender. Se metieron y Ron se sentó en la cama, mientras Janine caminaba hasta la otra punta del cuarto y se quedaba mirando por la ventana.

-¿Estás bien? –le preguntó Ron. La chica parecía haberse quedado perdida en pensamientos.

-Ron –le dijo ella, todavía mirando a la calle-. ¿Por qué crees que nos tengan que pasar cosas malas?

Ron la miró algo sorprendido por la pregunta. Se detuvo a pensar un segundo antes de contestar.

-No lo sé… -se dio cuenta de que esa respuesta lo hacía quedar como un imbécil, así que se esforzó en buscar algo mejor-. Bueno, quizás, a veces uno hace que le pasen cosas malas. Cuando traicionas a tus amigos, por ejemplo, luego puedes quedarte sin nadie.

Ella se dio vuelta y lo miró. Parecía muy deprimida.

-Sé que no me conoces muy bien aún, ni yo a ti. Hay cosas que no sabes de mí.

-¿Qué cosas? –Ron se levantó, fue hacia ella y se quedó de pie a su lado, apoyado contra la ventana-. Puedes decírmelo.

-Mi familia es un caos –le confesó, mirándolo de cerca-. Mis padres están separados y mi hermana y yo vivimos peleando a muerte desde siempre. Nos odiamos, siempre nos hemos tratado muy mal. Sé que a veces es normal entre hermanos, pero lo nuestro ha pasado a otro nivel. Nos hemos hecho cosas muy feas. Yo… me siento muy culpable…

Ron la abrazó mientras ella sollozaba, y lamentó haberle dicho que las cosas malas pasaban porque uno se las buscara.

-No quise decir… -empezó-. Estoy seguro de que, sea lo que sea que haya pasado, no lo hiciste a propósito. Se nota que eres una buena persona.

-No –dijo ella, apartándose un poco de él-. Lo que hice fue lo peor, Ron. Lo peor.

-Cuéntame –el chico la miró a los ojos tratando de inspirarle confianza-. Puedes confiar en mí.

Janine se alejó un poco y se sentó en la cama, mirando el suelo.

-Hice que mi hermana se matara.

Ron se quedó pálido, mientras la miraba. No cambió su expresión ni hizo señal alguna de que eso lo hubiera tomado por sorpresa, pero no pudo evitar ponerse blanco como el papel.

-Ella… -empezó, lentamente-. Tú…

-Bueno, aún sigue viva –dijo, mirándolo con un dejo de súplica-. Pero no le queda mucho. Y fue mi culpa. Y tú pareces un chico tan bueno, Ron. Me ha encantado conocerte, pero no deberías estar conmigo, ¿sabes? Estoy segura de que hay chicas mucho mejores…

-No –Ron fue hacia ella y volvió a quedarse a su lado, sentado en el borde de la cama-. Dime. ¿Qué pasó exactamente?

-Peleamos –empezó-. Mi madre no quería que volviéramos al colegio este año. Yo estaba de acuerdo, pero ella estaba empeñada en ir. Mi madre discutía con ella todas las noches, diciéndole lo peligroso que era. Ya no lo aguantaba más. Un día la escuché hablando con una amiga, y confesó que la razón de que quería ir a la escuela es que quería hacer algo contra Voldemort, encontrar una forma de salvar a la gente. Dijo que ya no podía tolerar ver las noticias de muertes y desapariciones. Y entonces yo entré al cuarto y le dije lo estúpida que era, querer matarse de esa forma y dejarnos solas. Ella se enojó mucho, y luego le conté a mamá y se empezaron a pelear peor. Mamá trató de convencerla de que se quedara, nuevamente, y ella la insultó y le dijo que era una cobarde, y que por culpa de ella papá se había ido. Mamá terminó dándole una bofetada, algo que no hacía hace años.

Una lágrima le cayó rodando por la mejilla, mientras Ron la abrazaba.

-Y entonces –continuó ella-. Entonces salió la noticia de ese torneo… El nuevo Torneo de los Tres Magos.

Ron sintió como si algo frío le descendiera por el estómago, ya que se había estado obligando a sí mismo a creer que dicho torneo no existía, ni tampoco Harry y Hermione.

-Y ella quiso ir.

-¿Qué cosa?

-Quiso ir –dijo Janine, simplemente-. Dijo que ella podía hacer lo que quisiera con su vida, que no podían obligarla a quedarse en su casa. Dijo que si ella se metía como voluntaria, le estaría salvando la vida a alguien, a algún chico que habría sido elegido injustamente, y que eso era lo que pretendía. Pero yo sé que no es verdad, ella estaba harta de las interminables peleas y del odio en nuestra familia, y lo que buscaba en verdad era un suicidio. Debí haber entendido que hablaba en serio, pero pensé que era otro de sus juegos, para hacernos sentir mal, y le dije cosas horribles… le dije… le dije… -se detuvo un momento, pero ya había contado todo, así que iba a terminar-. Le dije que ojalá fuera, así la mataban y nos dejaba en paz de una vez.

Empezó a llorar de una forma muy fea. Ron no sabía qué decir. Al principio pensó que la chica le iba a contar algo tonto, alguna pelea familiar normal que la estaba haciendo sentir mal, pero eso ya parecía tomar otro color.

-¿Y qué pasó? –preguntó por fin.

-Se postuló –dijo Janine, con un hilo de voz-. Se postuló como voluntaria y se la llevaron al torneo. Está allí ahora.

Ron se quedó boquiabierto.

-Pero… -empezó, pensando a toda prisa-. Pero Janine… ¿Quién es tu hermana?

-Cuidado –advirtió Hannah, mientras los tres caminaban alejándose del arroyo y seguían atravesando árboles en la oscuridad-. Me pareció oír ruidos.

-No creo que haya nadie por aquí –aventuró Harry, en voz muy baja-. Estamos lejísimos. Creo que debemos estar por llegar al límite del terreno delimitado por Voldemort.

-Yo no me fiaría de que eso fuera algo bueno –dijo Hermione-. Hannah, no tuve oportunidad de decirte… -se sintió algo incómoda, pero continuó-. …que siento mucho lo de Justin, sé que ustedes eran amigos.

-Sí, lo éramos –dijo ella-. Pero está bien, no es que no lo viera venir… Todos estamos aquí para morir, a fin de cuentas. Esto no es un torneo para ganar, es un juego macabro donde se mata a las personas injustificadamente, es un horror. Creo que por eso decidí venir, no soporto las injusticias. Si puedo salvar a alguien de ser arrastrado aquí, al menos moriré sabiendo que hice algo bueno en un mundo de maldad.

-¿Decidiste venir? –repitió Harry, confundido-. ¿Tú decidiste ofrecerte de voluntaria?

-Sí, igual que ustedes -dijo ella-. Me alegro de que estemos juntos ahora. Aunque soy de Hufflepuff, mi hermana Janine Abbott está en Gryffindor y siempre me ha contado de ustedes, y tengo que admitir que los admiro mucho, son muy valientes…

Pero no pudieron seguir hablando, porque en ese momento un silbido cruzó la noche, Hannah se llevó las dos manos al pecho y se empezó a tambalear en el lugar.

-¡Hannah! –gritó Harry, corriendo hacia ella. La chica se desplomó en el suelo y la flecha que la había atravesado quedó brillando a la luz de una luna que acababa de asomarse por detrás de una espesa nube. Muy asustado, Harry se puso delante de Hermione y la cubrió con todo su cuerpo, mientras miraba hacia todos lados.

Otro silbido. Harry empujó a Hermione al suelo y empezó a correr en la dirección de donde había venido la flecha que pasó a su lado. Subió una pequeña elevación a la carrera, levantó su hacha y la dejó caer encima de la figura que estaba allí, con un arco y flechas ya preparados para disparar de nuevo. Pero Harry fue más rápido y logró hacerlo caer hacia atrás con el hacha clavada en el tórax.

Miró rápidamente alrededor. No había nadie más, el Mortífago había actuado solo. Entonces Harry se inclinó sobre el cuerpo agonizante y se dio cuenta de que no era un Mortífago quien había lanzado esas flechas… Era Michael Corner.

-¡Tú! –dijo, sin poder creerlo. Michael se retorcía de dolor en el suelo, con el hacha inmóvil en su pecho y mucha sangre brotándole del cuerpo-. Tú… Quisiste matarnos.

Michael no decía nada, pero con la luz de la luna Harry pudo ver que lo miraba con odio, quizás con asco. Entonces un pensamiento horrible atravesó la mente de Harry.

-¿Tu mataste a Cho? –lo dijo, pero no lo creyó. Sólo quería ver qué cara ponía el chico. Michael, entonces, ante la sorpresa de Harry, sonrió, mientras un hilito de sangre le salía de la boca.

-Nada… personal… Harry… -dijo muy débilmente-. Pero esto es… la supervivencia del más fuerte… ¿sabes?

-Me das asco –dijo Harry, negando con la cabeza, sin poder creer lo que oía. El chico, el que había sido novio de Ginny, el que había sido compañero de escuela con ellos tantos años, resultaba ser un asesino que mataba a sus compañeros, a su propia novia, para poder llegar vivo al final del torneo y salvarse él. Harry se dio vuelta y lo dejó allí, muriendo. Volvió a bajar la pequeña elevación y se dejó caer al lado de Hannah, donde Hermione ya estaba arrodillada, mirándola a los ojos y llorando muy fuerte.

-No se preocupen –dijo Hannah, que tenía las dos manos cerradas alrededor de la flecha y cerraba los ojos ocasionalmente por el intenso dolor-. Yo elegí esto… Yo lo elegí… Sólo díganle… -cerró los ojos de nuevo e hizo un esfuerzo para hablar-. Díganle a mi mamá y a mi hermana que las quiero mucho… Díganle que siempre las he amado.

Y Hannah murió. Su cabeza se reclinó hacia un lado y se quedó inmóvil. Dos terribles cañonazos rompieron el silencio de la noche, y las imágenes de Michael y de ella aparecieron en el cielo.

Harry no podía creer lo que había pasado. No podía creer lo horrible que era aquello, lo despiadado, lo cruel. Abrazó a Hermione muy fuerte, ya que la chica lloraba desconsoladamente, con su cuerpo sacudiéndose sin control. La abrazó y la dejó llorar en su hombro, y miró al cielo, a la luna que brillaba en lo alto, a las copas de los árboles. No lo entendía, no podía comprenderlo. Todo estaba fuera de su alcance, de su control. La gente continuaría muriendo y él no podría hacer nada para evitarlo. Entonces recordó una frase que había oído un rato atrás:

"Cada uno hace lo que puede hacer, y salva lo que puede salvar" había dicho Hannah. "Lo que de verdad importa es lo que llevamos en el corazón".


Lluvia atroz,

Harry abrazaba a Hermione y pensaba en el horror de todo aquello. Con la mente inmersa en eso, no se puso a pensar en que todo el ruido y los gritos podían atraer gente que estuviera allí cerca, y prácticamente se olvidó de moverse, de activar su cuerpo, cuando la figura llena de rulos asomó por entre los árboles frente a él. Lo que es más, Bellatrix no venía sola, había otra figura a su lado.

Harry vio a Bellatrix levantar el arco y la flecha. Supo que la flecha les daría justo a ellos, probablemente los atravesaría a los dos, pero no se movió. No podía explicarlo, simplemente se dio cuenta de que era demasiado tarde, de que ningún movimiento que realizaran sería lo bastante ágil para evitarla.

Y entonces una tercera figura se abalanzó sobre Bellatrix y la derribó. Harry se apartó corriendo de Hermione y fue hacia Umbridge, que tenía una espada en su mano y la blandía amenazadoramente.

-¡MUERE, CARA DE SAPO! –gritó Harry, y se lanzó sobre la bruja, en el preciso momento en que, a su lado, Luna y Bellatrix luchaban acaloradamente; Luna con una lanza larguísima y Bellatrix defendiéndose con la flecha que había estado a punto de lanzarles.

Harry no tenía ningún arma, y Umbridge sonreía como tonta mientras lo amenazaba con la espada y hasta Harry creyó oírla exclamar uno de sus típicos "¡Ejem, ejem!".

-Eres la persona más patética e infeliz que haya visto –le dijo Harry, mirándola con odio. No le tenía miedo, le tenía repulsión. A su lado, Bellatrix gritaba furiosa mientras trataba de matar a Luna, pero Harry no se preocupó porque su amiga estaba como trastornada blandiendo esa lanza y parecía controlar la situación.

-Oh, Potter… -empezó Umbridge, con la sonrisita tonta. Tenía puesto su asqueroso vestido rosa. –No se le habla así a tus superiores.

-Yo te mostraré lo que le hago a mis superiores –Harry le dio una patada al brazo de Umbridge; la espada salió volando por los aires, Harry la atrapó al vuelo y se la clavó de lleno en el estómago, atravesando a Umbridge de lado a lado. Lo curioso fue que su sonrisita de idiota no desapareció de su rostro, y seguía allí cuando ya había muerto. Así que Harry la escupió antes de darse vuelta para ayudar a Luna. Pero al echar un vistazo se dio cuenta de que ya era tarde.

-¡Toma esto! –gritó Bellatrix, con el rostro desencajado, y comenzó a reír. Luna había perdido su lanza y estaba asustada contra un árbol. Bellatrix se acercó a ella con la flecha en la mano a sólo centímetros de la desprotegida chica-. ¡Esto es para tu mugroso padre, que nos mira por TV!

Y Bellatrix se movió hacia adelante con mucho ímpetu, levantó la flecha y empezó a bajarla a toda velocidad contra Luna. Pero entonces salió un hacha de la nada, un hacha que brillaba a la luz de la luna y atravesó a Bellatrix de lado a lado, entrando por su pecho y saliendo por su espalda. La bruja abrió grandes los ojos, horrorizada, y cayó de bruces ante los pies de una temblorosa Luna.

-¡Y esto es para Voldemort, que también nos mira por TV! –gritó Hermione, con el hacha firme entre las dos manos, la misma hacha con que Bellatrix la había golpeado a ella horas antes. Harry la miró boquiabierto por la sorpresa, y de pronto empezó a reír. Entonces los tres corrieron hacia el otro y se abrazaron. Harry se alegraba mucho de ver a Luna, y la chica acababa de salvarles la vida.

-¡Lo logramos! –dijo la rubia, emocionadísima, con una sonrisa radiante-. ¡Ya no quedan Mortífagos! ¡Hemos ganado!

-Me alegro mucho de que aparecieras, Luna –dijo Harry, revolviéndole el pelo a la chica, no muy consciente de lo que hacía. De pronto se sentía inmensamente feliz. Se apartó unos pasos y se quedó mirando el cuerpo de Umbridge. Mientras oía el sonido de dos nuevos cañonazos, vio algo que brillaba en el pecho de la bruja…

Harry se agachó y fingió que la revisaba.

-¿Qué haces, Harry? –preguntó Luna.

-Busco comida o agua –dijo Harry, puesto que fue lo primero que se le ocurrió. Era consciente de que era probable que Voldemort los estuviera mirando desde una pantalla, así como el resto de la población. -¿Pueden revisar a Bellatrix? En serio, me muero de sed.

Sabía que todo el mundo mágico debía estar pensando que era un estúpido por decir eso en un momento así, pero no le importó. Se metió el relicario con la enarbolada "S" en un bolsillo interior de la chaqueta mientras Hermione y Luna, desconcertadas, revisaban el cuerpo de Bella.

-Aquí hay agua –dijo Hermione, sacando una cantimplora de un bolso que había caído junto a la bruja. Bebieron un poco y se quedaron mirándose.

-Claro –dijo Luna, comprendiendo-. El torneo aún no termina. Ellos estarán esperando, ya saben… que nos matemos el uno al otro.

-Pues que esperen –dijo Hermione, y entonces miró a Luna con algo de desconfianza y se acercó a Harry.

-Tranquila –le dijo él-. Luna acaba de salvarnos. Creo que los tres estamos de acuerdo en que ninguno matará a…

Entonces se escuchó una voz que parecía venir desde dentro de sus cabezas. Era la voz de Voldemort.

-Han llegado a la final del torneo –anunció la aguda voz-. En este momento, unas criaturas especiales se unirán a ustedes… La única forma que tienen de sobrevivir a ellas será matarse los unos a los otros. Cuando sólo uno haya quedado, ése será el ganador, y las criaturas desaparecerán. Pero si no se atacan mutuamente, estas los devorarán a los tres, no dejarán a ninguno con vida… Ustedes deciden.

Y entonces el bosque se vino abajo. Horrorizados, contemplaron como cientos de serpientes caían desde el mismísimo cielo, era toda una lluvia de serpientes muy enormes y muy gruesas…

-¡CUIDADO! –Harry apartó a Hermione cuando una de aquellas criaturas caía pesadamente en donde estaban ellos. Los tres se alejaron corriendo y Harry levantó del suelo la lanza de Luna, que se la arrojó a ella, y luego la espada con que había matado a Umbridge, que sostuvo en alto; Hermione empuñaba su hacha.

-¡¿Qué tienen en los ojos?! –gritó Luna sobre el alboroto; la serpiente que estaba cerca de ellos se agitaba furiosamente y quebraba los árboles que los separaban. Al mirarla con atención, Harry vio que en el lugar donde debían estar los ojos había dos profundos agujeros llenos de sangre.

-¡Son basiliscos! –gritó entonces, dándose cuenta-. ¡Les quitaron los ojos para que pudiéramos tener… una pelea!

Esquivaron la cola del basilisco que golpeaba el árbol junto a ellos y lo partía a la mitad y miraron hacia arriba: Miles y miles de basiliscos sin ojos caían en una lluvia sin fin, y de pronto varios relámpagos cruzaban el cielo y empezaba a diluviar ferozmente.

-¡CORRAN!

Salieron corriendo entre los árboles, esquivando basiliscos por todos lados. Las criaturas destrozaban todo a su paso y se lanzaban sobre ellos furiosamente, ellos los esquivaban y blandían sus armas contra ellos mientras corrían a toda velocidad. Harry creyó que se había hecho de día, porque el relámpago más terrible que hubiera visto en su vida iluminó todo el cielo de punta a punta. Y las criaturas parecían salir de todos lados, de la tierra misma bajo ellos. De pronto mucho fuego empezó a surgir por todos lados, incendiando el bosque. Harry supo que no había escapatoria de aquello. Si sólo pudieran…

Y entonces se dio cuenta. Entonces lo supo.

-¡HERMIONE! ¡LUNA! ¡ACÉRQUENSE! ¡RÁPIDO!

Todos los magos y brujas de Gran Bretaña que estuvieran despiertos estaban petrificados junto a sus pantallas, mirando aquellas escenas totalmente asombrados, y aquellos que habían estado durmiendo fueron despertados por otros magos y brujas a los gritos. Nadie podía creer la magnitud de lo que veían. George y Angelina estaban en el sofá del piso de George boquiabiertos, viendo el bosque en llamas y a los tres chicos esquivando basiliscos mientras se juntaban. De pronto, el cuerpo de un basilisco enorme tapó la cámara y no pudieron ver qué pasaba por unos instantes. Lejos de allí, Ginny y la señora Weasley miraban horrorizadas lo mismo. En la pantalla, el fuego y la lluvia no permitían que se viera qué estaba pasando… Y entonces, de pronto, vieron a Harry correr a toda velocidad, esquivando a las criaturas. Pero las otras dos chicas ya no estaban allí, estaba solo.

Harry corrió por el bosque, esquivó a un enorme basilisco ciego que se le lanzaba encima y de pronto no pudo avanzar más. Horrorizado, quiso avanzar hacia adelante, porque allí parecía no ser tan terrible, no había tanto fuego y caos, pero había una barrera invisible que le cerraba el paso, una especie de escudo, como una pared, que le impedía avanzar. Lo golpeó con los puños, pero era sólido y fijo. Podía ver los árboles del otro lado, pero estaba arrinconado. Aquello era el final del terreno delimitado por Voldemort, del área que el mago había dispuesto para que jugaran.

Un basilisco se le lanzó, y Harry, que no podía correr a ningún lado, se lanzó encima de él y se quedó subido a su cuerpo, agarrándolo por el cuello con los dos brazos extendidos como si pretendiera montarlo, como si fuera un caballo. El basilisco saltó por los aires, luchando furioso, tratando de quitárselo de encima, y en medio de sus saltos pasó del otro lado del muro invisible. Entonces Harry se soltó de él en un salto de unos cinco metros que podría haberlo matado, se incorporó y corrió por aquel nuevo terreno, que no era tan caótico. Desfiló a toda velocidad entre árboles y más árboles, y de pronto se dio cuenta de que todos los basiliscos saltaban el muro invisible yendo tras él y que el fuego empezaba a brotar allí también, todo iluminado por unos relámpagos tan intensos que el cielo pasaba más tiempo encendido de blanco que teñido en negro.

Harry se metió dentro de un árbol, en su búsqueda de algún refugio. Así es, dentro de un árbol, porque había un hueco en él y por dentro había mucho espacio. Entonces Harry se tropezó con algo y cayó al piso. En ese mismo momento, un enorme basilisco abrió su boca, y se lanzó con ímpetu hacia él, dispuesto a tragarse el árbol entero. Harry levantó la diadema de Ravenclaw del suelo y la lanzó con todas sus fuerzas hacia las fauces de la bestia, que cerró la boca y, con sus puntiagudos dientes llenos de veneno, la destrozó completamente. Entonces, sin perder tiempo, Harry sacó el relicario del interior de su chaqueta y lo levantó también.

-¡VAMOS, VEN! –le gritó al basilisco-. ¡VEN POR ÉL! ¡ATRÁPALO, ES UN PEDAZO DEL ALMA DE TU AMO, IDIOTA!

El basilisco abrió la mandíbula amenazadoramente y Harry lanzó el relicario, al tiempo que un atronador "¡NOOOOOOOOOOOO!" sonaba en el aire, con aquella aguda voz. El basilisco mordió el relicario y lo destruyó también. Y entonces, de repente, todas las criaturas, el fuego, todo, salieron despedidos hacia los costados como si alguien hubiera lanzado el encantamiento repulsor más potente del mundo. Voldemort apareció de la nada frente a Harry, con su blanco rostro lleno de marcas, más terrible de lo que nunca había parecido, sus ojos rojos lanzando llamas de ira.

-¡HASTA AQUÍ HAS LLEGADO, POTTER! –gritó, con más cólera de la que nunca hubiera experimentado. Harry sintió cómo la cicatriz lo partía del dolor, pero no se movió, se quedó mirándolo a los ojos. En sus casas, todo el mundo tenía los ojos clavados en la pantalla, con horror, y muchos, como la señora Weasley, se habían desmayado.

-¡TE EQUIVOCAS! –le gritó Harry, para que Voldemort lo oyera entre medio del estruendo de los truenos-. ¡LLEGARÉ MUCHO MÁS LEJOS!

Entonces, mientras Voldemort levantaba la varita y la apuntaba hacia él, Harry gritó:

-¡KREACHER!

El elfo doméstico apareció al instante frente a él y Harry lo aferró con todas sus fuerzas. Ambos desaparecieron en el aire en menos de un segundo, mientras la maldición de Voldemort golpeaba sin éxito contra el árbol donde momentos antes había descansado una parte de su alma, ya perdida.

Hola, recuerdan la película del cáliz de fuego? Recuerdan la parte en la que están por ir al baile de navidad y Harry y Ron hablan sobre las parejas que invitarían en la clase de pociones, aquella misma clase en la que Snape los golpea en la cabeza varias veces? Bueno hay algo que siempre quise decir sobre esa parte y acabo de acordarme… Qué carajo hacían Fred y George en la misma clase de pociones que Harry y Ron? Son como dos años mayores, osea… Bueno nada, quería decirlo. : )

Okey, entonces, quedamos en que Voldemort se muere, quiero decir, se le mueren algunos Horcruxes (yo les digo horxcuses, bueno eso) y luego Harry escapa con Kreacher… Bien… No tengo la menor idea de qué escribir ahora

Es ese amor su existencia

Harry se tambaleó en su lugar e intentó recuperar el equilibro. Se dio cuenta de que estaba en un callejón oscuro y desierto, al parecer en una ciudad. A escasos metros estaban Hermione y Luna. Se lanzaron sobre él y Kreacher ni bien aparecieron.

-¡Por fin! –chilló Hermione, y lo abrazó con fuerza-. ¡Pensé que… Dios, ¿por qué tardaste tanto?! ¿Por qué no lo llamabas? Cuando nos hiciste desaparecer a nosotras dijiste que te quedarías sólo un segundo más, pero luego no volvías…

-Lo sé, lo sé, no van a creerlo… -Harry miró a Luna, tratando de decidir si sería prudente hablar de los Horcruxes frente a ella. Decidió que, desde que había mencionado el tema en televisión abierta ante miles de personas momentos atrás, era ridículo seguir guardando el secreto. Entonces les contó que había destruido los dos trozos de alma de Voldemort, y Hermione quedó muy sorprendida.

-Ingenioso –comentó Luna, mirando con perspicacia-. Pero ahora que él sabe que tú sabes, lo más probable es que oculte el resto en algún sitio remoto donde no los encontrarás jamás.

-Gracias por el apoyo, Luna –le dijo él con una sonrisa amable-. Y díganme, ¿dónde estamos?

-El amo me ha llamado y pidió que sacara a las dos muchachas de allí inmediatamente –dijo Kreacher-. Sin embargo, no especificó a dónde quería que las llevara, así que las he traído al callejón Knockturn.

-Gracias, Kreacher –Harry miró con recelo alrededor-. Sin embargo, no creo que estar aquí sea lo más seguro.

-Vamos de George –sugirió Hermione-. Sobre Sortilegios Weasley. Es el único sitio seguro por aquí.

Los tres caminaron temerosos hasta allí, con el elfo junto a ellos. Era muy tarde y no se cruzaron a nadie; sin embargo, cuando George los hizo pasar, no perdieron el tiempo en meterse y cerrar a toda prisa.

-Sabía que vendrían conmigo –dijo él, sonriendo, mientras subían las escaleras hasta su piso, un lugar enorme y muy moderno-. Acababa de verlos en televisión, y dije, ¿a dónde irán ahora? A La Madriguera no, allí ya los han ido a buscar, pero aquí no ha aparecido ningún Mortífago. Ella es Angelina, creo que ya la conocen.

Saludaron a la chica y se sentaron en un sofá enorme.

-Esperamos no…

-¿Incomodar? –George rió-. Hasta son educados cuando vienen de huir del Innombrable. ¿No te lo dije, Angie? Pero ya los conoces.

Ella sonrió.

-Siéntate, Kreacher –le dijo George-. Ahora eres un héroe, mi casa es tu casa.

Kreacher hizo una reverencia y se sentó. A partir de ese momento se mostró mucho más amable con ellos, o quizás fuera que Harry le regalara el viejo relicario de Regulus. George iba a ir a cocinarles algo ("¡Deben estar muertos de hambre!", había dicho al caer en la cuenta), pero Kreacher insistió en cocinar él, y desapareció.

-Ron está aquí, ¿saben?

-Oh, genial –dijo Harry-. Así podremos hablarle. Se ha quedado el bolsito de cuentas de Hermione y lo necesitamos para huir.

-Claro –dijo el gemelo, comprensivo-. Sí, no sería seguro que se quedaran. Ahora son los más buscados en todo el país, no tardarán en venir a registrar aquí también. Sin embargo, te aconsejo que no le digas a Ron que sólo lo quieres por un bolso.

-¿Qué dices?

-Está enojado. Debo admitir que al principio le di la razón, pero luego de verlos allí en el torneo…

-Increíble –Harry se puso de pie y negó con la cabeza, mientras Hermione lo miraba como diciendo "te lo dije"-. Ron enojado. Pero qué raro. ¿Sabes? Creo que hay una cosa que me interesa más que Ron, ¿qué hay de comer?

Hermione carraspeó muy fuerte. Harry la miró sin comprender, y luego miró a la puerta de entrada y vio a Ron allí parado, con la puerta aún abierta. Parecía que sólo había escuchado la última parte de lo que dijo Harry.

-Genial –dijo Ron, al verlo-. Vine temprano porque me enteré de que se habían ido y pensé que podía encontrarlos aquí… Pero qué idiota fui al pensar que me buscarían a mí. Sólo vinieron para comer. Bueno, mejor me largo de una vez y les dejo la casa a ustedes.

Y se fue hecho una furia hacia otra habitación. Harry no fue tras él, y detuvo a Hermione cuando ella intentó hacerlo.

-Déjalo, ¿quieres? Si no entiende nada, problema suyo. Sólo comamos algo, pidámosle el maldito bolso y larguémonos.

-¡No! ¡Déjame! –Hermione se soltó de Harry y fue tras él. Ron estaba juntando todas sus cosas y metiéndolas en su mochila.

-Toma –Ron le pasó el bolsito de cuentas, pero ella lo ignoró y trató de abrazarlo. Pero Ron no la dejó, se apartó de ella y la miró enojado-. No fijas, Hermione. No vengas ahora con que me has extrañado, porque no te lo creo.

-Pero Ron, no era como que estuviéramos pasándolo…

Pero entonces entró Harry a toda prisa, se lanzó sobre Ron y le dio un puñetazo con todas sus fuerzas, lanzándolo al suelo. El ruido del golpe resonó en toda la habitación, y Hermione se quedó helada, como si le hubieran pegado a ella.

-¡¿Qué te pasa?! –bramó Ron, poniéndose de pie.

-¡YA DEJA DE HACER TUS ESCENITAS, RON! –Harry estaba totalmente alterado. Por dentro aún sentía como si estuviera escapando de los basiliscos, y no podía controlar lo que le pasaba por la mente. -¡VETE DE UNA VEZ! ¡VETE! ¡NADIE TE QUIERE, ENTIÉNDELO! ¡SÍ, HERMIONE Y YO NOS FUISMOS PORQUE ESTÁBAMOS HARTOS DE TI, Y LUEGO NOS REÍMOS HABLANDO DE TI EN EL TORNEO MIENTRAS LA PASÁBAMOS BIEN JUNTOS! ¡ASÍ QUE VETE, YA NO TE QUEREMOS AQUÍ! ¡LARGO!

Ron se puso totalmente rojo. Primero parecía que iba a pegarle a Harry también, pero luego pareció pensarlo mejor y se fue hecho una furia, sin saludar siquiera a su hermano. Se escuchó como cerraba de un portazo y en ese momento Hermione se dio vuelta corriendo y desapareció también, dejando a Harry solo.

-Creo que te has excedido –le dijo George en voz baja, cuando Harry volvió a reunirse con Luna y él. Harry no dijo nada, se quedó respirando muy agitado mirando al suelo. Había perdido los estribos con Ron, pero no podía culparse, hacía sólo unos minutos que había regresado de aquella pesadilla, Ron no podía pretender que lo tratara conscientemente.

-Alguien debería ir a buscar a Hermione –dijo Luna-. Nos buscan por todos lados, no puede estar por ahí…

Pero Hermione parecía haber llegado a la misma conclusión, porque en ese momento volvió a entrar, aunque no le dirigió la mirada a Harry.

-Desapareció –anunció-. No sé donde se fue.

-No se preocupen, debe haber ido con sus amigos, estará bien –dijo George, y al instante pareció arrepentirse de lo que había dicho.

-¿Con sus amigos? –dijo Hermione, con el ceño fruncido, captando el arrepentimiento de George, y se decidió a mirar a Harry, que también parecía confundido.

-Bueno, sólo se ha estado juntando con unos chicos… Mejor no me meto más en esto –concluyó George-. Creo que ya debe estar la comida.

Después de la comida, Harry, Hermione y Luna se despidieron de los otros dos y se fueron con Kreacher. Desaparecieron y se fueron al bosque en el que había sido el Campeonato Mundial de Quidditch. Armaron la carpa, pusieron los hechizos protectores y se metieron dentro a organizar el lugar. Decidieron que irían con la carpa por todos lados para que no los encontraran. Cuando Harry acababa de poner su falsoscopio sobre la mesa, vio que Hermione se dejaba caer en una cama y empezaba a llorar.

Las semanas siguientes fueron horribles. Todas las mañanas armaban la carpa, deshacían los hechizos y desaparecían hacia un nuevo lugar: campos, colinas, etc., ya saben. Pero Hermione estaba enojada con Harry por su manera de tratar a Ron y, si bien le hablaba, lo hacía de manera fría y todo terminaba ahí, no pasaba nada más entre ellos. Harry trató de explicarle que lo había sacado de quicio la testarudez de Ron y por eso lo había atacado tan violentamente, pero ella no cambió de opinión. Así que tanto Harry como ella pasaban la mayor parte del día hablando con Luna, que estaba encantada de encontrarse en medio de una "aventura" y de que ambos le prestaran tanta atención.

Y, mientras iban de un lado al otro, sin hacer mucho más que viajar, las semanas se convirtieron en meses. Y de pronto era Diciembre, y nadie sabía muy bien cómo el tiempo había pasado tan rápido. Se acercaba Navidad y Luna, que era la única alegre, no dejaba de sugerir ideas para celebrar, como podar un pino de algún bosque y meterlo en la carpa y decorarlo. Ellos no la dejaban hacer ninguna de sus locuras. Lo bueno de aquello era que Kreacher los acompañaba, y aunque le costaba conseguir los ingredientes, en general hacía unas comidas maravillosas. Esa misma noche, mientras estaban en la rivera de un río, el elfo pescó unos peses que terminó cocinando en aquella diminuta cocina de la carpa con una salsa hecha con hojas de una planta que encontró. Todo estaba exquisito. Después de comer los tres estaban muy satisfechos, y Luna había encendido la radio y puesto un canal de música que le gustaba mucho.

-¿Bailas? –preguntó Harry. Estaba de pie delante de Hermione, que se había ido a sentar sobre una butaca, con un brazo extendido. Ella levantó la mirada hacia él con una expresión que parecía mostrar tristeza. Pero asintió y se puso de pie. Los dos empezaron a bailar, algo torpemente… Sí, exactamente igual que en la película. ¡Felicidades, has descubierto lo que quise decir! Bueno, los dos bailaban y Harry hacía unos movimientos algo raros… Harry no es muy bueno bailando. Pero intentaron, y Hermione soltó unas risitas y se abrazó al chico, finalmente, después de tanto tiempo. Entonces, mientras bailaban abrazados, muy juntos, con los ojos cerrados, por fin sintiendo que podían volver a llevarse como antes, dejando de lado el resentimiento y la tristeza por la pelea con Ron, alguien más los abrazó. Luna se había acercado a ellos y los había abrazado mientras tarareaba la canción y cerraba los ojos también. Harry y Hermione se miraron en complicidad con el ceño fruncido y luego sonrieron, mientras la chica a su lado aún bailaba con los ojos cerrados y un brazo sobre cada uno.

Y entonces escucharon ruidos afuera. Se apartaron los tres bruscamente y fueron a buscar sus varitas. Sólo Luna siguió dando vueltas con los brazos extendidos y tarareando la melodía de la canción.

-Toma –dijo Hermione, pasándole a Harry una oreja extensible. La pasaron bajo la puerta de la carpa y escucharon. Las voces se habían detenido en la orilla y los magos que hablaban parecían estar preparándose una cena.

-Entonces, Ted, ¿hace cuánto estás huyendo? –dijo una voz.

-Dean y yo estamos juntos desde hace unos meses –dijo otra voz. Comprendieron que eran Ted Tonks y Dean Thomas.

-¿Y ustedes quiénes son?

-Yo soy Griphook, nosotros huimos hace meses también. Trabajábamos en Gringotts.

Siguieron hablando un rato, y de pronto Griphook y el otro duende rieron por un chiste. Les preguntaron qué era tan gracioso, y dijeron:

-Bueno, antes de que nos fuéramos, nos tomamos una pequeña venganza.

-¿Qué venganza? –preguntó Dean.

-Aquella bruja Bellatrix, la que murió en ese torneo, había venido al banco. Quería ocultar algo en su bóveda. Fuimos, le abrimos y la dejamos hacer lo suyo. En el viaje de vuelta en el carrito, no paró de quejarse de lo mal que atendíamos y de que presentaría una queja contra nosotros ante los otros "asquerosos duendes" del banco. Griphook y yo estábamos ya planeando nuestra fuga, y decidimos… llevarnos algún pequeño souvenir para el viaje. Cuando se fue, volvimos a su bóveda y decidimos quitarle algo valioso.

Los dos se desternillaron de la risa, junto con Ted y Dean.

-¿Y qué le robaron? –preguntaron.

-Bueno, pues, no hicimos nada malo –se defendió Griphook-. No creo que le perteneciera a ella en primer lugar. La copa de Hufflepuff es un artefacto muy antiguo y…

Entonces apareció, de la nada, Harry Potter frente a ellos. Se quedaron asombrados y los duendes dieron varios pasos hacia atrás con horror.

-¿La tienen? –preguntó Harry, sin dar explicaciones a nadie de qué hacía allí-. ¿Tienen la copa?

-Sí, claro, la tengo aquí… -dijo Griphook, asustadísimo, y sacó la copa.

-Genial –Harry la agarró, se dio vuelta y desapareció en la nada, sin decirle a nadie qué demonios hacía allí. Volvió a esfumarse en el aire y todos quedaron asombrados.

-Mierda –dijo el otro hombre que estaba con ellos, asombradísimo-. Es cierto todo lo que dicen de Harry Potter, es un maldito friki que se aparece de la nada y le roba cosas a la gente.

-¡La tenemos! –exclamó Harry triunfante, cuando volvió a entrar en la carpa, con la copa en las manos.

-Eso fue muy fácil –dijo Hermione, con el ceño fruncido-. No puedo creerlo…

-¡Lo sé! ¿No es genial?

-Pero… ¿cómo la destruiremos?

Entonces escucharon que los demás, afuera, volvían a hablar.

-Bueno, yo también me robé algo –decía Dean-. No sé por qué lo hice, la verdad, pero supe que si no podía volver a Hogwarts entonces quería llevarme algún recuerdo… Y miren, me traje al sombrero seleccionador.

Entonces Harry volvió a aparecer frente a ellos y se plantó delante de Dean.

-Con permiso –le quitó el sombrero de las manos y desapareció nuevamente.

-¡Pero qué carajo! –se quejó Ted.

Harry volvió a entrar en la carpa, se puso el sombrero en la cabeza y sintió como la espada de Gryffindor salía del mismo, cayéndole en la cabeza.

-Fantástico –dijo Hermione, que no salía de su asombro.

-Parece que ha sido un buen día para el amo –dijo Kreacher, mientras Harry destrozaba la copa con la espada-. ¿Alguien quiere postre?

Ahora que sólo les faltaba Nagini para terminar con los Horcruxes decidieron celebrar. Al día siguiente, cuando levantaron campamento, volvieron a armar la carpa en medio de una plaza en Londres. Si bien pasaba gente caminando continuamente, sus encantamientos no dejaban que nadie viera la carpa ni a ninguno de ellos.

-Esto es genial –exclamó Luna sonriendo mirando por la puerta de la carpa. Muchos londinenses iban caminando y cruzaban por delante de la entrada, sin imaginar que había una carpa con tres prófugos dentro. –Podría desnudarme y salir a la puerta, y nadie se daría cuenta.

-No lo hagas… -pidió Harry.

-¿Por qué no? No verás nada que no hayas visto ya – le guiñó un ojo, y Hermione la fulminó con la mirada.-. Tú tampoco, Hermione.

-Entonces, ¿lo haremos? –preguntó Hermione-. ¿Saldremos?

-No veo por qué no –dijo Harry, cómodamente sentado en una butaca mientras giraba la destrozada copa sobre un dedo-. Si sólo nos mezclamos entre muggles, no pasará nada. Tranquila, Hermione, el Innombrable no estará bailando en medio de una disco muggle, nadie nos verá. Hace meses que estamos en esta carpa, quiero celebrar.

-Sí, lo sé –la chica caminó hacia él y se sentó a su lado-. Tenemos que celebrar todo esto. Siento haber estado tan rara. Con todo lo de Ron, no sé…

Harry la miró a los ojos, se acercó a ella y le dio un beso en los labios. No sabía cómo se lo tomaría, y hacía mucho que no lo hacían, así que tenía miedo. Pero no podía contenerse. Y ella le devolvió el beso, muy suavemente. Entonces se abrazaron y se quedaron allí. Harry vio que Luna los miraba con melancolía desde la entrada.

Esa noche cenaron y se sentaron en círculo en el suelo de la carpa. Harry, en la tarde, había ido con poción multijugos al callejón Diagon y había comprado una botella de tekila explosivo.

-Bueno, así es el juego –dijo, mientras colocaba la botella con un pequeño vaso boca abajo ante ellos y el elfo se apresuraba en traer limón y sal-. Verdad o atrevimiento mágico, los chicos me enseñaron a jugarlo en el castillo. Pones la varita sobre el vaso dado vuelta. Si alguno miente al elegir verdad, la varita se enciende y entonces la persona debe tomarse un vaso. Si alguien no se atreve a cumplir el castigo al elegir atrevimiento, lo mismo. También se puede elegir una tercera opción, "match". La varita instantáneamente gira hacia una persona cualquiera y esa persona debe beber, pero puede tocarte a ti mismo. ¿Empezamos?

-Sí, sí –dijeron las otras dos muy emocionadas.

-Hey, Kreacher, ¿quieres jugar? –preguntó Hermione, y los otros la miraron sorprendidos-. Vamos, no esperen que acepte que lo usemos sólo para cocinar, él merece divertirse también. ¿Qué dices, Kreacher?

-Bueno, estoy algo viejo, y los elfos no digerimos tan bien el alcohol… -dijo él, arrugando el entrecejo-. Pero qué diablos, háganme un lugar –el elfo lanzó su repasador al suelo con ímpetu y se sentó entre ellos. Todos reían.

-Bien, tú empieza, Luna –dijo Harry alegremente.

-Te elijo a ti –dijo ella.

-Bien… -Harry se quedó pensando-. Verdad.

-¿Es cierto que el año pasado, cuando estabas peleado con Hermione, venías a verme a mi habitación para que tuviéramos sexo? –Luna levantó las cejas con una sonrisa malvada, y Harry se quedó serio al instante.

-Luna… creo que no es el objetivo del juego hacer ese tipo de preguntas de las que ya sabes la respuesta –dijo molesto.

-¿Es cierto o no? –inquirió ella.

-Sí, es cierto –Harry miró a Hermione, pero ella le sonrió brevemente. No pareció importarle.

-Bueno, te elijo a ti, Hermione –dijo Harry.

-Adelante –la chica se sentó más erguida en la butaca y lo miró algo nerviosa.

-¿Qué elijes?

-¡Ah, claro! Bueno, humm… Verdad.

-Veamos… -Harry se puso a pensar-. ¿Es verdad que tu primer beso fue con Víctor Krum?

Hermione abrió la boca, luego la cerró y se puso muy colorada. Harry la miró divertido.

-No, no es cierto –dijo ella con altanería y una miradita de suficiencia-. Fue con un chico muggle a los diez años. Y él tenía veinte.

La varita se encendió encima del vaso invertido como si alguien hubiera hecho un Lumos.

-¡Mentirosa! –exclamó Harry, sorprendido-. ¡Al principio te creí!

-Maldita sea –protestó ella-. Siempre quise mantener eso de Krum en secreto, no sé por qué.

Entonces llenó el vaso hasta la mitad y puso cara de asco mientras se tomaba un trago. Se apresuró a meterse un limón en la boca y los miró con toda la cara arrugada.

-Qué horror –dijo-. Esto es fuertísimo… Bueno, Kreacher, te elijo.

El elfo sonrió abiertamente y los miró a todos. Era muy raro como últimamente parecía quererlos tanto, pero había cambiado totalmente desde que le regalaran ese relicario, que ahorra llevaba siempre colgado al cuello.

-Escojo atrevimiento –dijo con su ronca voz. Los demás se miraron con una sonrisita.

-De acuerdo –dijo Hermione, mirando hacia el techo de la carpa mientras pensaba-. Tendrás que desaparecerte y regresar con un ramo de flores para mí –y sonrió abiertamente mientras el elfo desaparecía en el aire. No habían pasado ni veinte segundos que regresó con un ramo lleno de rosas. -¡Gracias! –dijo ella muy contenta, y el elfo le hizo una reverencia y volvió a sentarse.

-Escojo a Luna –dijo Kreacher, y la chica lo miró con sus ojos muy abiertos.

-Atrevimiento –dijo ella sin más.

-Hazle una mamada a Potter –dijo Kreacher, y entonces puso ambas manos detrás de la cabeza y se recostó hacia atrás. Parecía estar pasándoselo de maravillas.

-¡Kreacher! –dijo Luna, roja-. ¡Eres un pícaro! No, no haré eso –y Luna llenó un vaso y se lo tomó. No se asqueó como Hermione, parecía muy acostumbrada a ese tipo de bebidas porque volvió a poner el vaso boca abajo con estilo y se inclinó hacia Harry. -¿Harry?

-Verdad.

-¿Es verdad que el año pasado te acostaste con Tonks? Me lo han dicho por ahí.

-Mierda, tengo que dejar de elegir verdad –protestó Harry-. Si, Luna, es verdad. ¿Contenta?

-Mucho –dijo ella con otra sonrisita. Y Harry se acordó de que también se había acostado con Tonks ese año.

-Elijo a Kreacher.

-¿Sí, amo? Es decir, elijo Match.

La varita empezó a girar sobre el vaso como una ruleta. Giró y giró cada vez más despacio hasta que se detuvo ante Harry. Entonces él llenó el vaso y, tratando de no sentir arcadas al recordar la última vez que había bebido aquello, se lo tomó de un trago.

-Perfecto –dijo Kreacher, y miró a Hermione-. Te elijo a ti.

-Atrevimiento. Oh, no esperen. Va a pedirme algo como a Luna…

-Ya es tarde –el elfo rió maliciosamente-. Debes darle un beso con lengua…

Hermione miró a Harry, sonrió y empezó a acercarse a él.

-…A Luna –terminó el elfo, y guiñó un ojo.

-¿A quién? –Hermione se detuvo en seco y miró a Luna. Entonces suspiró y se acercó a la chica. Las dos juntaron las cabezas, Hermione algo consternada, Luna bastante emocionada, y se besaron durante unos cinco segundos. Luego se separaron y Hermione empezó a llenarse un vaso con tequila.

-Pero si ganaste –dijo Harry, confundido.

-Nada personal contigo, Luna, pero es para sacarme el gusto –y Hermione bebió otro trago. –Bueno, Harry, te elijo.

-Atrevimiento.

-Dame el mejor beso que me hayas dado nunca.

Entonces Harry sonrió, se acercó a ella y se besaron con mucha pasión y energía. De hecho se dejaron caer hacia atrás y siguieron besándose en el suelo, Hermione muy mareada por sus dos vasos de tequila.

-Ya sepárense, queremos jugar –dijo Kreacher, y los chicos volvieron a incorporarse y se sentaron, Hermione limpiándose la saliva del labio.

-Lo siento –dijo ella, y miró a Luna-. ¿Luna?

-Verdad.

-Bien… humm… ¿Es verdad que te gustó nuestro beso? –Hermione ya estaba borracha. Luna asintió con la cabeza, muy sincera y sin preocuparle lo que los demás pensaran.

-Kreacher, te elijo –dijo entonces.

-Bien… Atrevimiento.

-Genial –dijo Luna con malicia, frotando sus manos-. Esto es lo que harás, Kreacher… te darás un beso, también con lengua, con Hermione.

Kreacher se quedó mirando a Hermione, que abrió grandes los ojos y miró a Luna, luego a Harry y luego a Kreacher. El elfo la miró con una mirada como diciendo "¿puedo?" y Hermione siguió boquiabierta, estupefacta, pero luego se ablandó y se encogió de hombros.

-Qué diablos –dijo la chica-. Ya he estado con tantos… Anda, Kreacher.

Entonces el elfo se puso en puntitas de pie y empezó a besarla. Harry y Luna miraron con el ceño fruncido y girando un poco la cabeza como Hermione y el elfo se besaban, él con su larga y ganchuda nariz rozándole la mejilla y sus párpados llenos de pliegues cerrados.

-Vaya –exclamó Luna, mirando bastante impresionada. Por fin los otros dos se separaron y se quedaron mirando a los demás. Hermione tenía la cara muy roja pero no lucía como si tuviera asco ni nada parecido.

-Bien –el elfo tosió y sacudió un poco la cabeza, conmocionado-. Hacía muchos años que no hacía eso… En fin, amo Potter, lo elijo.

-Ah, sí, claro –dijo Harry, saliendo de su ensimismamiento y frotándose los ojos, un poco deseando no haber visto lo que acababa de pasar-. Ehhh… ¿Luna?

-No te toca elegir, te toca a ti.

-¡Ah, claro! Bueno, ehhh… Atrevimiento, supongo. ¿Me disculpan un momento? –Harry se llenó un vaso de tequila y se lo tomó sólo por placer-. Mucho mejor… ¿Y bien?

-Esto es lo que harás –Kreacher se puso en cuclillas, y Harry supo que estaba planeando algo terrible-. Te quitarás toda la ropa y seguirás jugando desnudo el resto del juego.

-No hay problema –Harry empezó a quitarse la ropa, totalmente ebrio. Por último se quitó los bóxers y se sentó de vuelta, mientras las dos chicas lo miraban y apartaban las miradas. –Bueno, ahora te elijo a ti, Hermione.

Luna, mientras tanto, se sirvió otro vaso de tequila y se lo tomó con rapidez.

-Verdad.

-Vamos, no seas aburrida.

Hermione rió.

-Atrevimiento.

-Genial. Ven y hazme el amor.

-¿Qué? –Hermione miró a Harry y luego a Luna y a Kreacher-. ¿Con ellos mirando?

-¿Cuántos vasos de tequila has tomado ya?

-Tienes razón –Hermione volvió a encogerse de hombros y se empezó a quitar la ropa. Kreacher y Luna observaron cómo se sacaba todo, quedaba desnuda y caminaba hacia Harry. Se sentó sobre él y empezaron a hacerlo mientras se miraban a los ojos, moviéndose con rapidez. Luna se mordía el labio mientras los miraba. Cuando acabaron, sólo cinco minutos después, Harry lanzó un grito y Hermione se dejó caer hacia atrás con los brazos extendidos y los ojos en blanco.

-Ufff… ¡hacía tanto no lo hacíamos! –dijo extasiada, y se volvió a sentar en su lugar, tapándose un poco con la ropa y respirando agitada-. Bien, eh… Bueno, elijo a Kreacher.

-Match –dijo el elfo, y la varita lo apuntó a él-. Mierda. Bueno, supongo que un trago no hará mal…

Después de tomar, los ojos del elfo se pusieron rojos y empezó a caminar en el lugar a los tropezones.

-¿Estás bien, Kreacher?

-¡Oh, sí! –dijo él muy contento, mostrando los dientes-. ¡Nunca mejor! ¡Hip! –lanzó un hipido y volvió a sentarse-. Pero si son mis amos queridos… ¡Hip! La hermosa niña rubia… El niño de la cicatriz extraña, ¡Hip! Y la niña que besa bonito… ¡Hip! Bueno, elijo a la rubia.

-Atrevimiento –dijo Luna, y miró a Kreacher con los ojos muy abiertos, como tratando de transmitirle un mensaje telepático.

-Bueno, pues… Hazle una mamada a Potter, ¿verdad? ¡Hip!

Y entonces Harry vio que Luna le sonreía, se acercaba a él y bajaba la cabeza…

Hermione miró con mucha curiosidad, y decidió llenarse otro vaso. Se quedó sentada mirando a Luna y bebiendo lentamente, de a sorbos. A su lado, Kreacher se le acercó y le murmuró al oído:

-Soy lo mejor con lo que has estado, ¿verdad, preciosa?

Hermione le lanzó una mirada de soslayo y siguió contemplando a los otros dos. Esta vez pasaron quince minutos hasta que terminaron, y Luna finalmente se apartó de Harry. Entonces él fue al baño, luego volvió y se sentó en el mismo lugar, todavía desnudo.

-Bueno, ya me he terminado el tequila –Hermione levantó la botella vacía, sonrió de oreja a oreja y la lanzó al otro lado de la carpa, haciéndola añicos contra el mármol de la mesada de la cocinita-. ¡Vamos de fiesta!

La chica se levantó, se mareó de pronto, tropezó y cayó adelante sobre Luna. Ella, riendo, la sujetó y la ayudó a ponerse de pie con Harry.

-¡Vamos, vamos!

-¿Yo puedo ir?

-¡Claro, Kreacher! ¡Vamos todos!

-¡Harry! ¡Es una disco muggle!

-¿Y?

-¡Él es un elfo!

-No molestes, Hermione.

-Chicos, miren lo que le compré hoy a la tarde a un muggle –dijo Luna, y sacó un montón de marihuana de su bolsillo.

Media hora después, la puerta de la carpa se abrió. Salió un montón de humo al exterior, a la fría noche de Diciembre, y también una música de rock and roll muy pesada que Luna había puesto en la radio. Y luego salieron los cuatro, todos vestidos como los muggles se visten para salir. Hermione y Luna iban muy escotadas y con minifaldas, y Kreacher llevaba un pequeño traje con corbata. Le habían puesto mucho maquillaje, un sombrero y anteojos, y parecía un anciano muy pequeño y algo deforme.

Caminaron por la oscura plaza, riendo y aferrándose a los otros para no caer. Hasta el elfo estaba drogado, con los ojos muy rojos y sin dejar de reír como enfermo continuamente.

-¡Recuerden dónde dejamos la carpa! –dijo Harry, mirando a Luna con la boca muy abierta en una carcajada, como si estuviera contando el chiste más gracioso de la vida-. ¡En medio de la plaza! ¡JÁ!

Fueron tambaleándose hasta el otro lado de la cuadra, pasaron varias calles más y llegaron a la disco que habían visto. Hicieron la cola riendo y mascando chicle. El club era enorme y la música electrónica se escuchaba ahogada allí afuera, donde varias personas miraban con curiosidad la silueta de Kreacher.

-¿Sus documentos? –preguntó el enorme tipo de seguridad una vez llegaron a la puerta. Miró a Kreacher con el entrecejo fruncido.

-Mire, hace tiempo que quemé mi documento –le explicó Harry, con voz de borracho y señalándolo con un dedo-. No lo necesitas cuando eres mago, ¿de acuerdo? Sólo déjennos pasar, maldita sea, o juro que le lanzo un Avada Kedabra del que no se olvidará en su vida, ¿eh? Jajaja. Sólo bromeo, vamos, usted ni sabe lo que es eso. Bueno, ¿pasamos?

El tipo le bloqueó el paso y lo miró seriamente.

-Si no tienen documentos, no pasan.

-Bah, pero si de cualquier forma aquí en el mundo muggle aún somos menores de edad –dijo Hermione, y se acercó al hombre tambaleándose-. Mire, ¿le parece bien si le doy unos… dos Sickles?

-¿Qué demonios es esto? –dijo él, mirando las monedas con curiosidad.

-Vamos, no traje dinero muggle, acéptelo –dijo Hermione-. Es un soborno.

-Bueno, pero si fuera dinero de verdad, al menos –dijo él, y le devolvió las monedas negando con la cabeza-. Ustedes no pasan. Apártense y dejen pasar a los demás.

-Yo me encargo –dijo entonces Luna. Se le acercó, lo miró a los ojos de forma traviesa e infló el escotado pecho. –Y si… ¿yo le hiciera un favorcillo a usted?

-¿Qué clase de favor? –preguntó el con el rostro serio y arrugado, mirándola con enojo. Luna se acercó y le susurró algo al oído.

-No –dijo él, apartándosela de encima. Pero entonces centró de nuevo su atención en Kreacher. –Él.

-¿Qué dice?

-Ya me oíste –le dijo el hombre, señalando a Kreacher con un musculoso brazo-. Él.

Veinte minutos después, estaban los cuatro adentro. Harry, Hermione y Luna bailaban al ritmo de la música electrónica y al rato apareció Kreacher, muy mareado y caminando algo rengo.

-¿Cómo te ha ido? –le preguntó Luna, con amabilidad.

-¡Bastante mejor de lo que pensé! –dijo el elfo con una sonrisita-. ¡Ha sido muy cariñoso, de verdad! Pero tuvo que irse porque debía continuar trabajando… ¿Alguien quiere algo de tomar?

Siguieron bailando y riendo. Se tomaron unas cervezas convencionales, que, en el caso de Harry y Hermione, jamás en su vida habían probado, puesto que cuando alcanzaron edad para beber ya estudiaban en Hogwarts y por ende habían probado la cerveza de manteca. A ambos les pareció asquerosa, así que fueron a la barra y encararon al barman.

-Disculpe –le dijo Hermione, mirando su cerveza con asco-. ¿No tendría por casualidad… un trozo de manteca?

-¿Cómo dice?

-Sí, sí –insistió ella, con urgencia-. ¿Tiene o no?

Algo confundido, el hombre metió la mano bajo la barra, buscó y sacó dos envases de esa manteca en envases pequeños que se da en los restaurants con el desayuno.

-¿Así está bien?

-Sí, gracias –y Hermione vació los dos envases en su vaso y en el de Harry, ante la mirada de confusión del barman. Los dos se fueron y siguieron bebiendo sus cervezas. Cuando volvieron con Luna y Kreacher, casi se les caen sus tragos. Ron estaba allí de pie, hablando con ellos.

-Ustedes… -dijo, al verlos. Luna dejó de hablarle y se apartó un poco con Kreacher. –Les preguntaba qué hacían aquí.

-¿Qué haces tú aquí? –le preguntó Harry, mirándolo con resentimiento.

-Bueno, ahora vivo en Londres –dijo él-. Aquí no hay clubes mágicos, así que salimos a los de los muggles, tratando de no llamar la atención.

Entonces apareció una chica a su lado y Harry y Hermione se la quedaron mirando. Una chica rubia que había tomado a Ron de la mano. Hermione la miró furiosa y entonces habló.

-¿Y ésta es?

-Mi novia –Ron miró a los otros dos como desafiándolos-. Janine. Janine, ellos son Harry y Hermione.

-Claro –dijo ella, lanzándoles una mirada rápida-. Qué tal.

-Bueno, mejor nos vamos –dijo Ron. Abrazó a la chica por la espalda y empezó a caminar con ella, alejándose.

Eso fue suficiente para arruinarles la noche. Harry y Hermione se quedaron juntos, sin bailar más, y Luna y Kreacher acabaron por aburrirse de ellos y se fueron a bailar solos a otra parte de la pista de baile.

-Pensé que, al final, volveríamos a reconciliarnos –dijo Hermione en un susurro, cabizbaja, mientras Harry la abrazaba por la cintura. Se habían alejado un poco de la gente, las risas y el baile. –Pensé que sería como la última vez, que no nos separamos.

-Yo también –le dijo Harry. Ya no parecía que estuvieran borrachos ni nada. Se miraron a los ojos y Harry le acarició la cara con delicadeza, mientras ella lo miraba muy triste. Entonces se acercaron y se besaron despacio. Luego se abrazaron y Harry miró por sobre su hombro al resto de la gente, que reía y bailaba. Y más allá lo vio, cerca de la puerta de los baños. Ron y su novia estaban con Lavender y unos chicos más. Todos rieron, incluido Ron, mientras una de las chicas hablaba. Entonces Ron giró su cabeza y miró a Harry. Fue una mirada muy breve, pero bastó para que Harry se diera cuenta de que el lazo que los unía se había roto. Entonces Ron apartó la vista, le hizo una seña a sus amigos, con una sonrisa extraña en los labios, y se alejaron todos de allí.

Bueno eso es todo. Muchas, pero muchas gracias por tu apoyo incondicional. Lo siento, ya estoy desvariando. Mejor me voy ahora antes que sea tarde. Bueno un último comentario. Serán quince capítulos, como la parte anterior, la humedad de Herms. Luego se termina y revelo el súper secreto que he estado guardando desde el comienzo y entonces empieza la tercera parte! Porque sí, es una trilogía. Seguro que nunca han leído una trilogía. Es algo totalmente nuevo y original que se me ha ocurrido a mí… Bueno cuídense! Saludos


Pero el sol siempre sale,

Pasaba algo extraño en el aire. Oscuridad y neblina opacaban aquella alegría que los había invadido horas atrás. La nieve bajo sus pies crujía y las huellas tras ellos eran pruebas irrefutables de que estaban vivos, las pruebas de que no eran sólo dos ideas perdidas en la mente de alguien, eran dos adolescentes que estaban vivos, que respiraban, que sentían. La realidad era tan cruda como el viento frío que les golpeaba los rostros desprotegidos, la violencia de la existencia humana era fría y la nieve que les caía suavemente encima, como un polvo delicado y frágil capaz de destruirlos carcomiéndoles de a poco la piel, la prueba de que sentían.

Su sonrisa había quedado suspendida como un eco del mal en la noche. Su mirada dirigida hacia él, torcida en una mueca, no parecía suya. Aquel no era el amigo con el que había pasado casi siete años, aquella persona era otra. En la retina de Harry estaba grabada la cara de desprecio de Ron, sus ojos parecían brillar con alguna clase de cruel felicidad, y sus labios se habían curvado en una sonrisa macabra, mientras lo miraba desde la otra pared del boliche. Y la cara de Harry había sido de susto, de miedo, por comprobar que aquella persona que había sido tan especial para él tanto tiempo se había ido.

-Vamos, entremos –llegó la voz de Hermione a través de la ventisca helada. Entraron en la carpa. Kreacher y Luna se habían quedado en la fiesta, diciendo que volverían un rato más tarde.

Hermione fue a la cocinita y puso a calentar agua para un té. Harry se dejó caer en una butaca y se frotó los ojos con un puño, los sentía muy cansados.

-Ten –le pasó una taza y se sentaron los dos en la misma butaca. Hermione se abrazó a él y apoyó la cabeza en su hombro. También estaba muy cansada.

-Parecía otro… -dijo Harry, mientras se llevaba la taza de té a los labios con la mirada ausente.

-No pienses más en él, Harry.

-¿Tú no pensarás más en él? –Harry la miró de cerca.

-No –dijo entonces ella, fría, pero luego le sonrió y le acomodó un mechón de cabello, bajando la mirada de allí a sus ojos y de allí a sus labios-. Ron ya no está. Hace tiempo no está, Harry. Pero tú has estado conmigo todo el tiempo.

Y lo besó despacio, y se besaron, y se desnudaron e hicieron el amor sobre la butaca, de una forma muy romántica. La radio aún estaba encendida (jamás la habían apagado al irse) pero la estación que había puesto Luna ahora pasaba música de los setenta y ochenta, y David Bowie sonaba de fondo mientras lo hacían.

-Buenas buenas, disculpen –dijo la rubia un rato después cuando apareció con Kreacher y pasó junto a ellos rumbo a su cama, con sus zapatos de taco en una mano-. No se preocupen, sigan tranquilos, ¡nosotros no estamos aquí!

-¡Vaya noche! –exclamaba Kreacher, agotado-. ¡Y no he tomado doce shots de vodka seguidos como ésta chica! ¡Está de atar!

-Déjalos, Kreacher, intentan hacer el amor –dijo ella con una risita, y se dejó caer exhausta en su cama con mucho ruido.

Harry y Hermione se taparon con la campera de Hermione, que estaba en el suelo a su lado, y continuaron, Hermione apagando las luces con su varita primero.

-¡Kreacher, qué haces! –se escuchó venir la voz de Luna, seguida por una risa muy fuerte-. ¡Basta!

-¡Vamos, déjale un lugar a Kreacher! –decía el elfo, su voz muy cerca de la de ella. Harry y Hermione rieron y ella le tapó los labios con un dedo mientras se aguantaba la risa y lo miraba en la oscuridad. Entonces Harry la abrazó por la cintura y volvió a correrle una pierna por encima suyo.

Llegó la mañana de Navidad. Ahora la carpa estaba emplazada a metros de un acantilado nevado desde el que se veía un paisaje magnífico; el campo en la inmensidad bajo ellos estaba teñido de blanco y en el lejano horizonte tenía lugar un magnífico amanecer dorado y rojo.

Harry estaba soñando algo muy divertido, que incluía a muchos duendes corriendo torpemente por las calles de Londres y tropezando los unos con los otros. Varios Horcruxes les caían de los bolsillos y se hacían añicos con una facilidad tremenda, como si realmente fueran algo tonto y delicado. Entonces, sin abrir los ojos aún, fue consciente de que aquello era un sueño y de que ahora estaba despierto y era la mañana de Navidad. Pero no abrió los ojos aún, porque estaba muy contento de la situación en la que estaba y quería disfrutarla. Estaba acostado en la cama que había sido de Hermione aquellos cuatro meses, y podía sentirla respirar a su lado suavemente, profundamente dormida. Hermione era muy linda cuando dormía, muy pacífica y relajada. Él tenía un bíceps bajo la nuca de ella y su mano derecha aún le sostenía la de ella; se habían quedado dormidos así, mientras se daban besitos y se repetían lo mucho que se amaban. ¿Acaso podía existir una situación mejor en la vida? Estaba seguro que no, o eso pensó en ese momento.

Abrió los ojos. Por sobre el cabello ondulado de ella pudo ver la cama cucheta, donde había dormido él sobre Luna (en la cama de arriba y ella en la de abajo) los meses anteriores. Ahora la chica dormía con Kreacher todas las noches. No era alguna especie de relación bizarra ni nada por el estilo, sólo le tenía mucho cariño y el dormía acurrucado a los pies de la cama de ella, como un perrito. Harry vio que Luna estaba moviendo los labios en sueños. Parecía estar hablando con alguien, muy contenta, y entonces, de pronto, la chica levantó ambos brazos en el aire y empezó a hacer la mímica de estar bailando el vals con alguien, aún dormida. Harry tuvo que reprimir las ganas de ponerse a reír, no quería despertar a Hermione.

Pasó un rato y finalmente despertó. Hermione le dirigió una sonrisa y le dio un beso de buenos días en los labios. Se sentaron en la cama y se desperezaron. Hermione llevaba un camisón plateado con encaje. A los pies de la cama había seis regalos, igual que a los pies de la cama de Luna.

-¡Hey! –dijo Luna, sorprendiéndolos a todos, porque se despertó de golpe y se sentó en la cama con los ojos muy abiertos al tiempo que despertaba, muy rápido. Parecía estar aún dormida pero con los ojos abiertos y como mirando a la nada, pero entonces sacudió la cabeza, sonrió y miró a sus amigos-. ¡Es Navidad! ¡Y tenemos regalos! ¡Pensé que nadie nos mandaría regalos aquí!

-Deduzco que sé de quiénes son –comentó Harry sonriendo.

Luna abrió sus regalos muy deprisa. Harry le había dado una ciruela dirigible que se había encontrado en uno de los remotos lugares a donde habían ido, Hermione un Plimpy de agua dulce (o al menos una criatura en una pecera que se asemejaba a aquello y que Luna había identificado como a uno en uno de sus viajes), y Kreacher le había dado una tanga rosada ("¡Kreacher! ¡Pero qué te pasa últimamente!", le dijo ella). Luego Harry abrió sus regalos: Un tubo destapa-inodoros de parte de Luna (no logró entender por qué), un par de calcetines nuevos de parte de Kreacher y una cadenita de oro de parte de Hermione (que no decía nada, ya que por suerte los dijes con frases tales como "corazoncito mío" no eran del estilo de ella).

-Esos son tuyos, Kreacher –le dijo Hermione al elfo, que al parecer no había entendido que el otro pilón de regalos era suyo. Asombrado, desenvolvió un repasador nuevo, mucho más limpio y blanco, un juego de cacerolas nuevos (Hermione había pagado con dinero muggle en la tienda) y una tabla de inodoro (¿pero qué le pasaba a Luna?).

-A ver qué tengo yo –Hermione empezó a desenvolver los suyos. Lo primero que sacó fue una colaless roja de un paquete pequeño, le lanzó una sonrisa tímida a Kreacher y la dejó de lado. Luego empezó a desenvolver una caja gigantesca que resultó contener todo el depósito de un inodoro.

-Gracias, Luna… -dijo ella algo nerviosa-. ¿Puedo preguntar a qué se debe toda esta serie de regalos relacionados con inodoros?

-Sólo pensé que podíamos poner otro en el baño, para sentarnos juntas a charlar –dijo ella alegremente, con mirada soñadora-. Faltan un par de partes aún…

-Bellísimo. Gracias –Hermione sonrió falsamente y luego abrió el regalo de Harry, una pulsera. Entonces se pusieron a desayunar. Se pasaron el resto del día charlando y riendo todos juntos, Hermione sentada sobre las piernas de Harry en una butaca la mayor parte del tiempo mientras Luna les contaba toda clase de cosas disparatadas. Cuando empezó a atardecer, Luna se metió en la cocinita a ayudar a Kreacher con la cena, y Harry le pidió a Hermione que lo acompañara a buscar agua. Caminaron unos metros por los bordes del acantilado y luego, cuando ella empezó a girar hacia adentro, Harry la detuvo.

-Espera –le dijo, tomándola de la mano-. Tengo otro regalo de Navidad para ti.

Hermione lo miró perpleja, mientras Harry le tomaba la otra mano también y la miraba a los ojos. Se dio cuenta de que Harry parecía muy nervioso, y de inmediato se puso tensa. Del lado opuesto al precipicio ahora se escondía el sol, lanzando toda clase de tonos de rojo y naranja en el cielo, en las rocas nevadas bajo sus pies y también más allá, bajo el acantilado y los campos. El brillo de la hermosa luz parecía multiplicado por toda la nieve que los rodeaba, pero no hacía frío, después de la larga tarde soleada, y el paisaje era incluso más hermoso que antes.

-Te amo, Hermione –empezó, sin dejar de mirarla a los ojos-. Sabes que te amo muchísimo y que eres lo más lindo que me haya pasado nunca. Todos estos años supe lo especial que eras para mí, desde el principio –ella lo miraba con aquella mirada tan de ella, con la frente ligeramente fruncida y los ojos enfocados en él, pareciendo haber sido tomada por sorpresa y sintiendo como si algo muy grande le pasara por dentro-. Cuando éramos chicos… y éramos dos niños que empezaron sin hablarse, o peleándonos y discutiendo las pocas veces que nos veíamos; y que luego de aquel episodio con el Troll en el baño de mujeres nos hicimos amigos, ¿recuerdas? –ella asintió con una sonrisa y los ojos vidriosos y apretó fuerte los labios-. Luego, cuando un basilisco te paralizó y sufrí tanto por miedo a lo que pudiera pasarte… Y crecimos, me encantó crecer junto a ti, y estar juntos en esas aventuras, volver en el tiempo y salvar a Sirius, y… Bueno, todo lo que hemos pasado juntos. No sé si alguna vez te dije lo mal que me sentí por no haberte invitado al Baile de Navidad en cuarto, o lo que me pasaba por dentro al verte tan hermosa allí, o todo lo que me pasaba por dentro cuando estábamos juntos en el ED, si alguna vez rozabas mi mano, todo… Yo… -Harry empezó a quedarse sin aliento y tuvo que respirar hondo antes de seguir, arrugando el entrecejo y luchando contra algo que quería salir desde dentro de él-. Sé que lo he callado mucho en ese entonces… Quizás ahora también, me cuesta decir todo lo que siento y lo que me haces sentir, pero quisiera poder decirlo porque lo mereces y es algo muy grande. Quisiera que realmente supieras lo que me pasa por dentro, ojalá pudiera poner en palabras las cosas que siento porque no puedo hacerlo y eso me hace sentir muy mal, pero eres tan hermosa, Hermione, tan hermosa, y espero que lo sepas –tomó aire, volvió a mirarla a los ojos y se acercó un paso más a ella-. Y si todo esto termina bien, si sobrevivimos, yo… Hermione, ¿te casarías conmigo?

Casi se olvida del anillo. Se lo sacó rápidamente del bolsillo y lo abrió frente a ella, mientras la miraba temblando de pies a cabeza y respirando muy agitado. Hermione se había tapado la boca con ambas manos y lloraba. Entonces asintió con la cabeza y se lanzó a abrazarlo con mucha fuerza, haciendo que el anillo casi se le cayera de las manos al tembloroso chico. Lo besó y él le devolvió el beso mientras una fuerte ráfaga de viento helado los azotaba de pronto y la nieve se arremolinaba bajo sus pies. Los últimos rayos del sol llegaban débiles, y ellos siguieron besándose, y Hermione siguió llorando, y aunque él trató de calmarla y de secarle las lágrimas no lo logró.

-Eso fue muy hermoso –le dijo en el oído sin parar de llorar-. Yo tampoco puedo decir todas las cosas que siento… Pero te amo mucho… Mucho… -lanzaba un sollozo entre cada palabra-. Claro que me casaré contigo. Claro que sí. Te amo, Harry. Siempre será así, nada nunca cambiará lo que siento por ti, nunca se irá lo que me pasa ahora, en este momento.

Se quedaron abrazados un rato larguísimo, mientras todo a su alrededor oscurecía.

Harry trataba de aparentar tranquilidad para que ella dejara de llorar, pero por dentro su pecho se inflaba y las cosas parecían irreales, la felicidad de tenerla en sus brazos amenazaba con hacerlo colapsar, porque no podía contener tantas sensaciones juntas, y sus ojos estaban muy abiertos para poder abarcar toda su belleza, desde su cabello hasta sus ojos, hasta la piel de sus manos, que las sentía en las suyas, la suavidad de su cuerpo mientras lo abrazaba, la calidez que emanaba.

Eran dos adolescentes atravesados por el amor, felices hasta el extremo y también terriblemente tristes, al mismo tiempo; o terriblemente emocionados, atacados por todos los sentimientos que se pueden sentir, todos juntos. Harry veía más allá del hombro de Hermione el sol a punto de desaparecer, y sabía que llegarían momentos oscuros, sabía que no sería fácil; pero el pelo de ella estaba teñido de un rojo violáceo con aquel último rayo de luz, y sabía que nada podía quitarle la felicidad que le producía ese momento, aquello que estaba experimentando en ese único e inigualable momento. Y nadie, ni Voldemort ni quien sea, nunca se lo podría quitar, y ese momento era todo lo que importaba entonces.

Tuvieron que volver porque el viento empezó a soplar más fuerte y la noche trajo consigo una tormenta de nieve. Pero esa noche, cuando Luna y Kreacher se hubieron quedado dormidos, se dijeron todas las cosas que nunca habían podido decirse en besos, dejaron que todo saliera en forma de besos, calor, caricias, abrazos apretados. Se quedaron hasta muy tarde despiertos. Harry sintió cada caricia de Hermione con más intensidad que nunca, su mano en su pierna, sus labios apretados a los de él, nunca nada había sido tan real.

Se quedaron juntos, allí acostados, transformando una noche en un momento eterno. Y Harry comprendió, mientras la besaba, mientras la acariciaba y recorría su cuerpo, y mientras su piel desnuda hacía contacto con la de ella, que realmente no hay peligro alguno en la muerte, no hay peligro en la oscuridad ni en el mal ni en las peleas sangrientas, todas esas cosas a las que estaba tan acostumbrado y solían aparecer siempre ante él. No hay peligro, porque lo que le dejaba ese maravilloso día era mayor a todo lo demás. Aunque muriera, aunque pasara lo que pasara, ese momento con Hermione aún estaría allí. Eso fue lo que había estado pensando, y eso fue lo que comprendió enteramente entonces. Algo que trasciende al tiempo; lo que tenía en sus manos era mucho más que una situación, o algo que estaba pasando. Aquello era algo que era real, algo que existía. Sintió sus manos en su cuerpo. No había necesidad de desear que aquello durara para toda la eternidad ni nada así, porque todo eso ya era eterno.

Luego de la noche más oscura

El reloj giraba, el sol se alzaba en el cielo y luego caía, una y otra vez. Las sábanas se removían con rapidez, luego estaban en el suelo, luego no estaban. Las figuras de Luna, de Kreacher, estaban por todos lados, sentados, acostados, durmiendo. El sol se alzaba de nuevo, y caía. Era el tiempo moviéndose a toda velocidad.

Ya era año nuevo, y de pronto Febrero, y de pronto Marzo, y ya no había nieve. Y la carpa seguía moviéndose por todos lados, dando vueltas por todo el país. Harry se preguntaba cómo pasaba el tiempo tan deprisa y era consciente de que se acercaba la batalla final con Voldemort. Sólo quedaba Nagini. Tenían que matar a la serpiente.

-Yo digo que vayamos a Hogwarts –sugirió por enésima vez, mientras cenaban, una noche, en la carpa-. Ya sé que dices que no estará allí, Hermione, pero estoy convencido de que tenemos que ir a Hogwarts. Si Vold…

-¡No digas ese nombre!

-…emort añoraba un lugar en el… Oh, mierda. ¡Saquen sus varitas!

Se escucharon ruidos y pasos. Apagaron las luces justo en el momento en que unas figuras entraban a la carpa. Sintió cómo los ataban entre ellos y los sacaban de allí a las fuerzas. De pronto estaban atados con sogas entre sí, los cuatro. Había dos Mortífagos ante ellos, sonriendo burlonamente. Eran Yaxley y Selwyn.

-Vaya, vaya –dijo Yaxley, alegremente-. Si es nada menos que Potter. ¿Recuerdas lo último que me dijiste, mocoso, cuando me faltaste el respeto en la casa de los Malfoy? Oh, sí, me llamaste "pedazo de carne arrojada a los perros", lo recuerdo bien. Pues ésta noche, cuando el Señor de las Tinieblas te meta las manos encima, ya veremos qué tan valiente eres. Y tú… -se acercó a Hermione-. ¿No es esta la hermosa chica por la que no dejabas de llorar en el torneo, Potter? –rió maliciosamente.

-¡NO TE ATREVAS A PONERLE LAS MANOS ENCIMA! –bramó Harry, furioso, tratando de liberarse de las cuerdas que lo mantenían aprisionado. Le habían quitado su varita también.

-Vamos –dijo Selwyn-. Llevémoslo a la Mansión Malfoy. Allí podremos llamarlo… Seremos tan recompensados, Yaxley…

-Ya lo creo –el Mortífago agarró a Harry del pelo con fuerza, y pronto todos desaparecieron en la oscuridad. Cuando volvieron a pisar suelo firme estaban ante los barrotes de entrada de aquella familiar casa, la misma en la que los habían encerrado meses antes, justo antes de enviarlos al torneo. Yaxley atravesó las verjas con un brazo en alto –aquel que tenía la Marca Tenebrosa- e hizo pasar a los demás consigo. Atravesaron todo el jardín delantero de la mansión hasta llegar a la puerta. Luego Yaxley golpeó y esperó.

-¿Alguna conserva su varita? –le preguntó Harry a las otras dos chicas en un susurro, para que el Mortífago no los oyera. Ambas negaron con la cabeza.

-Yaxley. Selwyn –dijo Narcissa, apareciendo en el umbral, con voz monótona-. ¿Qué están haciendo aquí?

-Tenemos a Potter, Narcissa. Míralo.

Narcissa se acercó a Harry y lo miró de cerca. Abrió grandes los ojos y los hizo pasar. Una vez adentro, Harry vio que ella no estaba sola. Alecto Carrow estaba allí.

-¿Cómo estás, Alecto? –preguntó Yaxley, al pasar con los prisioneros.

-Mucho mejor ahora –dijo ella, mirando a Harry con una sonrisita.

-Ya tendrás suficiente diversión para olvidar lo de tu hermano –dijo el Mortífago, y volvió a tirar del pelo de Harry mientras los lanzaba en el suelo en medio de la sala-. Mientras miras cómo los matan a estos.

En ese momento Harry vio algo extraño: Alecto se acercaba a Narcissa y la tomaba de la mano. Entonces ambas brujas se miraban brevemente a los ojos y volvían a concentrarse en ellos.

-Tiempo sin vernos, Narcissa –dijo Selwyn-. Me he enterado de lo de ustedes. Felicidades.

-Gracias –dijo ella-. Luego de lo de Draco y Lucius… Alecto me ha ayudado a reponerme en estos tiempos tan difíciles para mí, sin duda.

Entonces Harry comprendió, porque Alecto se acercó a ella y la abrazó por la cintura, y ambas se miraron con mucha ternura en los ojos. Harry sacó la lengua, sin disimular su asco, y miró a Yaxley, que se apartaba la manga de la túnica…

-Espera –lo urgió Narcissa-. ¿Es seguro llamarlo? Si no llega a ser Potter…

-¿Pero qué dices? –dijo él-. ¿Lo has visto? ¿Has visto a la chica? Son ellos, Narcissa, no hay duda.

-Puede ser poción multijugos –insistió ella, nerviosa-. Ha pasado, hace cosa de un mes. Aparecieron unos diciendo que habían capturado a Potter, unos Carroñeros. Resulta que ellos habían sido los encargados de limpiar los cadáveres en Albania y encontraron unos pelos de Potter, y se los pusieron a un frasco de poción multijugos que le dieron a otro tipo para hacerlo pasar por él. Querían cobrar la recompensa, y pensaron que el Señor de las Tinieblas lo mataría sin darse cuenta y les daría el dinero… Desde luego que se dio cuenta, y lo mató a todos. Incluso mató a sus familias y a otras personas que estaban en la habitación…

-De acuerdo –dijo Yaxley, mirando a Harry a los ojos, quien miraba hacia otro lado, asustado-. Los encerraremos en el sótano una hora. Si son impostores, volverán a sus formas originales. Si en una hora siguen siendo ellos, entonces no es poción multijugos, y lo llamaremos.

-¿Qué hacemos con los otros dos, con el elfo y la otra chica?

-Sobran. Mátenlos a los dos.

Selwyn levantó su varita y la dirigió hacia Luna.

-¡Avada…!

-¡NO! –bramó Harry.

-Un momento –lo detuvo Narcissa-. No sabemos quién es quién hasta que haya pasado una hora. Mételos a los cuatro en el sótano, Selwyn. Bueno, no al elfo, los elfos no pueden tomar poción multijugos. A él puedes matarlo.

-¡Huye, Kreacher! –le gritó Harry-. ¡Desaparece!

Kreacher le lanzó una mirada de temor.

-No lo abandonaré, amo, volveré por usted –y entonces giró en el aire, pero no logró desaparecer, seguía allí de pie. Alecto empezó a reír a carcajadas.

-¿De verdad creen… -dijo, entre risas-. …que después de lo que pasó en el torneo, de cómo huiste con el elfo, el Señor de las Tinieblas no colocó protección contra la desaparición de elfos en toda la casa?

-¡Avada Kedabra! –gritó Selwyn, y luego de un destello de luz verde Kreacher se desplomó en el suelo.

-¡NO! –gritó Harry, desconsolado-. ¡NO!

Las manos de Selwyn se aferraron a él y el mago empezó a arrastrarlos por un pasillo oscuro hasta el sótano. Pero Harry no podía dejar de ver, una y otra vez, al elfo cayendo al suelo, muerto…

-No llores, Potter –dijo el Mortífago, mientras abría la puerta del sótano-. En una hora te reunirás con él.

Entonces cerró de un portazo y los dejó allí abajo, abandonados.

-¡Harry! –se lamentó Hermione, apoyando su cabeza en su hombro y llorando. No podían moverse debido a las sogas que los ataban.

Harry estaba a punto de decirle que no se preocupara, que la sacaría de allí con vida (aunque no tenía la menor idea de cómo), cuando escuchó voces.

-¿Harry? ¿Hermione? ¿Son ustedes?

Al oír esa voz, Harry casi se desmaya de la conmoción. Pero Hermione habló antes que él.

-¡¿Ron?!

Se encendió una luz y vieron a Ron. Estaba de pie ante ellos, junto a alguien más. Harry parpadeó para acostumbrarse a la luz y vio a la tal Janine a su lado. Entonces volvió a mirar a Ron, atónito, y vio que el chico lo miraba con un rostro muy vacío, sin expresión.

-Oh, no, los capturaron también –se lamentó Hermione, mirando a Ron con tristeza.

-Si –dijo él, todavía con la misma mirada vacía-. Nos han capturado. Hace semanas que estamos en este sótano.

-¿Pueden quitarnos estas cuerdas? –le preguntó Harry. Ron se acercó a él, sin dirigirle la mirada, y empezó a romper las cuerdas que unían a los tres chicos con algo que llevaba en la mano. Cuando se soltó, Harry miró y vio que Ron llevaba una corta daga.

-La encontré por aquí –le explicó él-. Planeamos usarla para escapar, pero aún no encontramos el momento adecuado.

Harry observó las luces que se habían encendido, iluminando todo el sótano. Ron las había hecho aparecer, pero no entendía cómo, ya que el chico no llevaba varita ni ningún dispositivo que pareciera servir para esos fines; sin embargo, decidió que había cosas más importantes en qué preocuparse.

-¿Cómo nos iremos de aquí? –preguntó-. No podemos desaparecer, y tampoco los elfos pueden. Aunque pudiéramos llamar a Dobby, de nada serviría…

-No hay forma –dijo Ron, y se quedó mirando una pared, al parecer rendido, sin esperanzas, o quizás ofendido. Harry se preguntó si realmente podía seguir tan enojado con ellos para no hablarles incluso en una situación así.

-Usemos la daga –sugirió Hermione entonces-. Sé que las probabilidades son remotas, pero si, cuando vienen a buscarnos, en una hora, podemos atacar a alguno… Quizás podamos robarle su varita.

-Sí, sí –dijo Harry-. Vamos, no vendrán a buscarnos todos juntos. Cuando venga Selwyn, o quien sea que manden a buscarnos, en una hora, lo atacamos y le robamos su varita. ¿Qué opinas, Ron?

Pero Ron estaba mirando la misma pared, y no mostraba señales de haber oído nada. Entonces les lanzó una rápida mirada antes de volver a quedarse muy serio.

-De acuerdo. Si.

Y no dijo nada más. Hermione se acercó a Harry, mirando a Ron muy nerviosa, y se quedó a su lado. Harry la abrazó. Esperaron y esperaron… hasta que por fin pasó una hora, durante la cual Ron no les dijo ni una palabra, y Harry empezó a sentir tanta ira hacia él como la que sentía por los Mortífagos que aguardaban arriba. Entonces escucharon pisadas en las escaleras, y se prepararon. Ron fue a un lado de la puerta y se quedó allí con la daga en alto, indicándoles que no se movieran. Harry dedujo que él quería atacar al Mortífago, así que se quedó apartado con Hermione y Luna, esperando.

La puerta se abrió con un crujido y Selwyn ingresó en el sótano. El corazón de Harry dio un salto, mientras esperaba a que Ron lo atacara. Y esperó… Y esperó… Pero Ron no hizo nada.

-Ahí los tienes, Selwyn –dijo entonces Ron, y, para sorpresa de todos, bajó el brazo y se guardó la daga en un bolsillo-. Son los auténticos, puedo confirmártelo.

-Gracias, Weasley –le dijo el Mortífago, con una sonrisa-. Ya puedes subir, tú y tu novia. Sus otros amigos están esperándolos arriba. ¿Se quedan a cenar?

-Claro, amigo, como siempre.

Harry no podía creer lo que veía. Ron, entonces, miró a Harry de la misma forma en la que lo había hecho en la fiesta, con esa sonrisa cruel, malvada, tan poco propia de él, y sacó de otro bolsillo su varita mágica, que había tenido con él todo el tiempo, y con una sacudida apagó las luces. ¿Qué demonios le había pasado?

-¡TRAIDOR! –rugió Harry, mirándolo con odio. O quizás con tristeza, profunda tristeza. No lo sabía. Era imposible que aquello estuviera pasando.

Ron rió, sin dejar de mirarlo, y le dio unas palmaditas a Selwyn en el hombro mientras subía las escaleras, con su novia caminando tras él. Ambos desaparecieron escaleras arriba, tranquilos, como si estuvieran en su casa. Luego Selwyn se acercó a los tres chicos y los apuntó con su varita. Hermione había empezado a llorar muy fuerte y se abrazaba a Harry.

-¿Ron es un Mortífago? –preguntó Luna, atónita, que al parecer acababa de caer en la cuenta de lo que pasaba.

-Todos arriba –anunció Selwyn-. Un movimiento en falso, y la primera en morir en la sangre impura, ¿me oíste, Potter? A ti te quiere matar en persona el Señor de las Tinieblas, pero con ella puedo hacer lo que me dé la gana. Así que suban despacio y sin hacer alboro…

Pero entonces se escuchó un rugido muy fuerte, un grito atroz, que venía justo desde detrás del Mortífago, de las escaleras. Harry lo vio antes que Selwyn: La figura semitransparente bajaba las escaleras volando y con los brazos extendidos, mientras aullaba furiosa. Selwyn se dio vuelta con un sobresalto, y Harry supo que aquella sería su única oportunidad de escapar: Mientras el fantasma de Draco se abalanzaba sobre el Mortífago, sin ser capaz de hacerle daño pero si de asustarlo esos pocos segundos, Harry corrió hacia él y la arrebató la varita de la mano.

-¡Desmaius! –bramó, y Selwyn cayó al suelo inconsciente.

-¡Draco! –exclamó Hermione, sin poder creer lo que veían sus ojos.

-¡Gracias! –le dijo Harry, pasmado, con la varita del Mortífago en la mano, y miró alternativamente al fantasma de Draco y a la puerta del sótano, abierta.

-¡Rápido, tienen poco tiempo! –les dijo Draco, mirándolos con miedo por medio de unos ojos blanquecinos y semi invisibles-. ¡Nadie en mi casa sabe que me he hecho fantasma! ¡Subiré con ustedes y apareceré en la sala, causando sorpresa, y ustedes aprovechen la distracción para huir! Se podrán desaparecer ni bien crucen la puerta de entrada, en el primer escalón de la escalerita de afuera.

-Draco… -Harry no sabía qué decir ni cómo expresarle su gratitud.

-¡Rápido! ¡No hay tiempo!

Empezaron a correr, todos juntos. Subieron las escaleras y atravesaron el pasillo. Entonces, en la sala, Narcissa, Yaxley y Alecto giraron las cabezas mientras tres adolescentes y un fantasma entraban corriendo en la habitación.

-¡SOY YO, MADRE! –gritó Draco, volando a toda velocidad hacia los magos, con sus brazos extendidos-. ¡HE VUELTO!

Narcissa y Alecto lo miraban estupefactas, olvidándose de los demás, que estaban a sólo un metro de la puerta de entrada. Pero Yaxley no se había dejado engañar, y ya los estaba apuntando con su varita, furioso.

-¡CRUC…!

-¡Expelliarmus! –gritó Harry, apuntándolo con la varita de Selwyn, y ocasionó que la de Yaxley volara por los aires. A Narcissa no le importaba en lo más mínimo lo que pasaba, ya que miraba a Draco con tristeza y algo más, al perecer decepción. Pero entonces, cuando Harry empezaba a abrir la puerta y estaba a centímetros de la salvación, sintió que algo muy fuerte lo golpeaba detrás de la cabeza, y tropezó, cayendo al suelo. Su varita se le escapó de la mano.

Levantó la mirada. Ron estaba de pie en el umbral de una puerta que parecía dar al comedor, y lo apuntaba con su varita. Él lo había hecho caer.

-Tú… -Harry entonces olvidó todo lo demás. Olvidó que ninguno de ellos tres llevaba varita y que los Mortífagos, en cambio, estaban casi todos armados, pero no le importó. Corrió hacia Ron, que seguía apuntándolo con los labios torcidos en una mueca y los ojos destellando de ira. Harry corrió y corrió, y cuando estuvo a centímetros de él, Ron trató de lanzarle un maleficio imperdonable, pero Harry lo esquivó, se lanzó sobre Alecto, le quitó la varita de la mano y apuntó con ella a Ron.

-¡CRUCIO!

Pero el grito no lo había pronunciado Harry. Lo había pronunciado Lavender, que apareció detrás de Ron para salvarlo de la maldición aturdidora de Harry. Harry se lanzó al suelo y el rayo pasó sobre él, sin alcanzarlo. Quiso volver a tratar de atacar a Ron, pero Yaxley ya estaba en su camino para recuperar su varita del suelo y de pronto varias personas salían del comedor dispuestas a atacar a Harry: Janine, dos chicos a quienes Harry creyó haber visto antes en Hogwarts, otra chica que no conocía y Parvati.

Estupefacto, sin poder creer lo que veía, mientras Parvati levantaba su varita hacia él, supo que eran demasiados y que no podría vencerlos nunca. Entonces corrió de nuevo hacia la puerta de entrada, esquivando los miles de encantamientos que en ese momento salieron dirigidos hacia él, tomó las manos de Hermione y Luna, que ya habían abierto la puerta de entrada y lo esperaban con un pie en el escalón afuera, y desapareció con ellas en el aire, mientras la daga de Ron volaba hacia ellos girando, y el chico que alguna vez fue su amigo miraba desde el centro de la sala con los ojos bien abiertos, esperando que su afilada arma le diera a alguno de los tres chicos, mientras ellos desaparecían en una nube de oscuridad. La daga desapareció con ellos.

Develando el problema

-Luna… -Harry se acercó a ella. Estaban los tres tendidos en una playa, tras la cual se encontraba la casa de Fleur, puesto que aquel lugar era lo primero que se le había ocurrido. Harry se arrodilló junto a su amiga, que estaba llena de sangre.

-¡No! –chilló Hermione, arrodillándose también. Luna los miraba boquiabierta y no dejaba de sangrar.

Entonces Harry le retiró la daga de la pierna, dejando al descubierto una herida bastante fea.

-Hermione… rápido –dijo-. Tu esencia de díctamo.

-Harry…

-¡Vamos, Hermione!

-¡Ya no tengo el bolsito de cuentas! –dijo ella, muy triste-. ¡Quedó en la carpa! ¡Iré a buscar a Fleur, esperen!

Pero en ese momento llegaba ella corriendo, y se quedó mirando a Luna muy seria.

-¡Fleur! –suplicó Harry-. Tiene una herida muy grande, ¿tendrás por casualidad…?

-Aquí tgraje –dijo ella, sacando el frasco de esencia de díctamo del bolsillo y arrodillándose junto a la pierna lastimada de Luna-. Vi la sangue desde la ventana… No te pgreocupes, esto te cugará enseguida.

Le aplicó el líquido y la herida se cerró al instante. Entonces todos respiraron aliviados.

-Vengan, vamos aguentro –dijo Fleur. Harry cargó a Luna en brazos, para que no forzara la pierna. Entraron todos a El Refugio y, ni bien pasaron, dejó a Luna con cuidado en un sillón y se volvió hacia los demás. Harry recordaba que Fleur les había dicho que solía convivir con Bill ahí, por lo que Harry pensó que ahora estaría sola en la casa, pero resultó que, en esa misma sala, estaban Ginny y la señora Weasley, mirándolos con preocupación.

-¡Ginny! ¡Señora Weasley! –dijo Harry sorprendido, al tiempo que la señora Weasley se acercaba a abrazarlo-. ¡Qué sorpresa! Pensé que ya no se verían con Fleur desde que… -se detuvo, dándose cuenta del error que había cometido al decir eso, pero la señora Weasley le sonrió para indicarle que no había problema en que mencionara a su difunto hijo Bill.

-Nos hemos venido a vivir aquí –dijo Molly, mirándolo con compasión, desde su cara llena de agua, barro y pelo sucio por los hombros hasta su ropa muggle mojada por haber aparecido sobre la orilla del agua-. No tenía sentido quedarse en La Madriguera, sabíamos que los Mortífagos no tardarían en ir a buscarnos, y ahora que Arthur… Bueno, ya nadie de nuestra familia tenía que ir a trabajar, así que vinimos con Fleur, quien siempre fue muy amable con nosotros y mantuvo el contacto. ¿Pero qué hacen ustedes? ¿Qué pasó? Pensamos que estarían…

-Sí, bueno, lo estamos –dijo Harry-. Pero necesitábamos un lugar donde huir y sólo se me ocurrió…

-Hicieron lo coguecto en venig –dijo Fleur-. Pasen y acomódense, de todas fogmas nos sobraba un cuarto.

Estuvieron un rato hablando, les contaron lo que había pasado en la Mansión Malfoy y Ginny miró horrorizada, aunque Harry conscientemente evitó mencionar a Ron. Luego, Harry y Hermione cargaron a Luna hasta el piso superior y la dejaron en una de las dos camas simples que había en el cuarto vacío. Se dieron una rápida ducha los dos juntos en el baño del cuarto y se vistieron con algo de ropa muggle que Fleur tenía. Aunque los jeans y camisa de Bill le quedaban algo grandes a Harry, no le importó.

Después de que comieron algo, Hermione se puso a ayudar a la señora Weasley a lavar los platos y Harry subió a ver cómo estaba Luna, que había perdido mucha sangre y necesitaba descansar y permanecer inmóvil para reponerse. Cuando había llegado al piso superior, se abrió una puerta y Ginny lo miró desde el umbral.

-¿Puedes pasar un segundo, Harry?

-Claro –dijo él, y se metió en el cuarto que Ginny compartía con su madre. También había dos camas simples en él. -¿Cómo estás?

-Bien, supongo –dijo ella, sentándose en una de las camas-. Quería hablarte de Ron.

Harry palideció al instante, y Ginny se dio cuenta de que ese nombre había desencadenado una reacción en él.

-Mira –empezó Harry-. No les dije toda la verdad. La verdad es que…

-Ron anda con los Mortífagos –dijo ella, mirándolo a los ojos. Harry se quedó boquiabierto.

-¿Tú… ya sabías esto?

-Sí –dijo Ginny, y cruzó los brazos mientras lo miraba con el rostro triste-. Ocurrió hace unos meses… Cuando aún estábamos en La Madriguera. Una noche, Ron apareció. Yo estaba sola, porque mamá se había ido de Tonks. Entonces me dijo que quería que yo lo acompañara, que me fuera de casa con él, porque "algo espectacular había pasado". Yo no sabía de qué me hablaba… Se veía horrible, tenía los ojos enrojecidos con enormes bolsas, como si no hubiera dormido en días, y estaba sin afeitar y tenía un olor raro…

Harry escuchó con atención.

-Me dijo que se había unido a los Mortífagos –dijo Ginny, muy dolida-. Realmente esperaba que yo me fuera con él, que lo acompañara a "cazar muggles" –se tapo la boca con una mano. Harry supo que no le había contado nada de aquello a su madre, porque lucía como si hace tiempo muriera por compartir eso con alguien, sin poder hacerlo. Entonces empezó a llorar despacio. –Nunca lo había visto tan raro, no creía que fuera Ron, me asusté mucho. Pensé que era alguien más haciéndose pasar por él, pero no… En casa habían puesto encantamientos protectores, y sólo el verdadero Ron podía haber entrado. Y era él, y me miraba sonriendo y me decía que había cambiado, que ahora entendía cosas que antes no… Y entonces me di cuenta.

-¿Qué quieres decir? –preguntó Harry, preocupado.

-Su olor… supe lo que era –dijo Ginny, mientras las lágrimas le caían-. Harry, Ron está consumiendo Abracadabra.

-¿Qué?

-Abracadabra –repitió ella-. Una droga muy poderosa, hecha con magia. Hace que la gente empiece a ver cosas que antes no veía… Figuras en movimiento, cosas tenebrosas… Puede volverte loco.

-Entonces… ¿por eso es? –preguntó Harry, perplejo-. ¿Por eso se comporta así? ¿Por eso se unió a los Mortífagos?

-Supongo, no lo sé –dijo Ginny, con el ceño fruncido-. No. Nadie se une a los Mortífagos sólo por una droga, por más fuerte que sea. Es sólo otra de las cosas horribles que está haciendo Ron ahora. Yo ya sabía que algunas chicas del colegio habían experimentado con eso, Lavender me había dicho que la probó y que era muy peligroso, pero no creo que ellas nunca…

-Ellas estaban con él –dijo Harry, y Ginny lo miró sorprendida-. Lavender y Parvati. Todos están de parte de los Mortífagos, junto con otros cuatro. Lavender y Parvati deben haber probado la droga, y luego se volvieron adictas… Y luego arrastraron a Ron. Sin embargo –dijo entonces, volviendo a sentir la ira nacer en él, mientras recordaba el rostro de Ron riendo-. Eso no es excusa. Una droga no es excusa para olvidarte de tus amigos y pasarte de bando así…

-Lo sé –dijo ella, afligida-. Harry, tengo mucho miedo –Ginny se incorporó, fue hacia él, se sentó a su lado y lo abrazó. Harry la abrazó también, mientras su mente seguía en Ron. –Tengo miedo de en lo que se ha convertido… No puedo creerlo, porque él no es así, nunca fue así… -se puso a llorar y lo abrazó más fuerte-. Si está con ellos, quiere decir que estará con Voldemort también. Estará de su lado, haciendo sus misiones… Podría pasarle cualquier cosa, podrían matarlo.

Harry reprimió las ganas de expresar su emoción en voz alta, de decir que realmente esperara que lo mataran por ser tan idiota. Pero se contuvo, y se dio cuenta de que, así y todo, no le deseaba la muerte a Ron. Pero, desde luego, si eso pasaba, y era algo muy probable, él se lo había buscado solito.

-Harry… Harry… -Ginny estaba hablándole más cerca del oído, de la cara, en un susurro, y recién ahí Harry cayó en la cuenta de que tenía a la chica tan encima-. Bésame, Harry…

-No… -Harry quiso apartársela con cuidado, tratando de no herir sus sentimientos. Ya sabía que la chica sentía algo por él. Entonces ella se apartó, muy colorada y avergonzada.

-Lo siento –le dijo-. ¿Sabes? –entonces volvió a mirarlo-. Perdí la virginidad este año, al final.

-¿Ah, sí? –Harry no sabía que otra cosa decir. ¿Por qué le contaba aquello?

-Sí, con Dean Thomas –le dijo-. Justo antes de que él huyera. Lo buscan por ser hijo de muggles.

-Sí, lo sé, le robé el sombrero selec… -Harry se dio cuenta de que Ginny no lo escuchaba, porque estaba muy cerca de él de nuevo y lo miraba a los ojos con una mirada que a él no le gustaba nada… -Mira, Ginny –empezó, tratando de no perder los estribos con ella-. Sabes que pienso que eres muy linda y todo, pero Hermione y yo…

-Hermione, Hermione… -dijo ella, negando con la cabeza-. Siempre Hermione…

-Sí, mira –Harry empezó a retroceder en la cama, porque ella se acercaba cada vez más-. Hermione y yo vamos a…

Pero entonces Ginny se le lanzó encima, le agarró la cara firme entre las manos y empezó a besarlo con locura. Aunque trató de separarse de ella, no pudo, y en ese mismo momento la puerta se abrió de par en par. Ginny lo soltó y Harry giró la cara bruscamente. Hermione estaba de pie en el umbral, y por su cara parecía como si acabara de ver un fantasma.

-Hermione, no… -empezó Harry, pero Hermione cerró de un portazo. Harry creyó escucharla llorar en el pasillo mientras se alejaba. Entonces se puso de pie, sin mirar a Ginny ni decirle lo que tantas ganas tenía de decirle (que era una estúpida), y, justo cuando se disponía a salir de la habitación, escuchó un grito detrás de él.

-¡Petrificus Totalus!

Harry se quedó petrificado y cayó sobre la puerta, como una estatua que acababa de perder el equilibrio. Horrorizado, movió los ojos, lo único que podía mover, preguntándose por qué diablos Ginny acababa de petrificarlo.

-Lo siento, Harry –dijo la chica, acercándose a él. Sujetó su congelado cuerpo y lo enderezó, dejándolo de pie. Entonces cerró la puerta con llave y lo miró a los ojos. –Lo siento, pero de verdad necesito mucho hacer esto, y tú sólo tienes que entenderlo.

Entonces ella empezó a besarlo. Fue rarísimo, porque Harry no podía mover un solo músculo, eso incluía los músculos de la boca, pero Ginny apretaba sus labios con los de él, y de pronto bajaba una mano y empezaba a acariciarle la entrepierna. Harry se horrorizó aún más al darse cuenta de que era capaz de tener una erección estando petrificado. Ginny se agachó, le bajó los enormes jeans que solían ser de Bill y empezó a recorrerlo con la boca…

Harry no podía creer lo que estaba pasando. Estaba loca, loca como su hermano, no había otra explicación. La chica de pronto se enderezó, lo levantó con ambos brazos, como si él fuera su juguete de plástico, lo llevó a su cama y lo recostó allí. Luego se sentó encima de él con las piernas bien abiertas, y Harry sintió cómo se movía encima suyo, en círculos, con los ojos cerrados y la boca muy abierta, disfrutándolo. La chica llevaba un vestido floreado. De pronto se dio cuenta de que estaba penetrándola. Ginny gemía despacio, le acariciaba el petrificado torso y agitaba el cabello con placer.

Acabaron. La chica volvió a vestirlo, con cuidado, y se quedó allí, sentada encima de él, mirándolo a los ojos con renovada tristeza. Y entonces empezó a llorar, cada vez más fuerte. Harry la miraba fijo. Ella lloró y lloró hecha un mar de lágrimas, se acostó a su lado y lo abrazó, llorando encima de su cuello.

-¡Lo siento tanto! –dijo, descontrolada-. ¡Perdóname, Harry! ¡¿Qué he hecho?! Dios, lo siento… Perdón…

Se tapó la cara con las manos y se puso de pie. Corrió hacia la puerta de la habitación y se fue. No le quitó el hechizo. Harry se quedó allí, duro, congelado. Si tan sólo le hubiera quitado el hechizo antes de irse…

Estaba recorriendo el jardín, hacia la entrada de la Mansión, donde estaban todos los ineptos, los incompetentes…

Harry quiso cerrar los ojos con fuerza, en su intento por reprimir el dolor de la cicatriz que acababa de empezar a destrozarlo, pero ni siquiera podía mover los párpados. Una imagen centelló ante él.

Ahora se movía por el vestíbulo, se deslizaba hasta la puerta, ellos se daban vuelta y lo miraban con horror.

No quería ver eso. No le importaba. Sólo quería ir detrás de Hermione, decirle que lo que vio no era lo que parecía…

Entonces su cicatriz se abrió y Harry era Voldemort, Harry caminaba por la Mansión Malfoy hacia un grupo de aterrorizada gente.

-¡Idiotas! –gritó, furioso-. ¡Cómo pudo escaparse, escaparse otra vez! ¡Cómo dejaron que huyera cuando lo tenían en sus manos, y encerrado!

Vio los rostros de Narcissa, de Yaxley, de Ron.

-Ustedes… -ahora se dirigía exclusivamente al pequeño grupo de adolescentes. Estaba Parvati, muy cerca de un chico, y también Lavender-. Ustedes fueron la peor decepción. Realmente pensaba que podrían hacerlo, que tenían una oportunidad… -Los ojos de Janine miraban con culpa a su amo, apenada-. Pero resultaron ser igual de inservibles que tantos otros. Y tú… -ahora le hablaba a una mujer, una mujer adulta que Harry nunca antes había visto-. Julia Abbott… –la madre de Janine miró a Voldemort. En uno de sus brazos, desnudo bajo una blusa oscura de mangas cortas, se veía la marca tenebrosa. –Eres una mujer valiente, Julia Abbott… Te divorciaste de tu marido cuando él quiso oponerse a tus ideales, y te uniste a nosotros. Lograste poner de nuestra parte a una de tus hijas, aquí presente… La otra, sin embargo, sufrió lo que debía sufrir, por ser terca y oponerse a nuestros ideales, incluso siendo lo bastante estúpida para postularse al torneo, ¿estás de acuerdo conmigo?

La mujer asintió, mientras lo miraba muy seria.

-Tengo entendido que discutían constantemente –siguió Voldemort-. Tengo entendido que las dos hermanas peleaban a muerte porque Hannah estaba a favor de Dumbledore… Pero, como ves, nosotros siempre triunfamos. Hannah ha muerto, y en cambio Janine está viva. Y ahora, dime, respecto a Janine, aquí presente, ¿piensas que la has educado correctamente en nuestra ideología?

-Por supuesto –dijo ella, sin dudarlo-. Janine ha demostrado ser más que…

-Sin embargo –la interrumpió él, furioso-. No pudo detener a Harry Potter. Ella y todos sus amigos han sido encomendados a una misión especial por mí, encontrar a Potter, y nunca tuvieron nada de éxito, y cuando Potter cae en esta casa traído por mis otros Mortífagos, por Yaxley y Selwyn, sin que ellos hubieran conseguido hacerlo como se los pedí, lo dejan huir por la puerta principal…

-¡Lo estábamos intentando! –soltó entonces Janine, sin poder contenerse-. ¡Tenemos a Ron, en quién Harry confiaba, su mejor amigo, y teníamos todo un plan…!

-Teníamos, teníamos un plan… -se burló él-. ¿Ha funcionado? ¿Está Potter muerto?

La chica se quedó con las palabras en la boca y decidió callar.

-Esto es lo que haré –dijo entonces Voldemort, volviéndose al grupo de adolescentes-. Los dejaré vivir… Voldemort puede mostrar clemencia también… Y les diré por qué. Después de mi último intento fallido de capturar a Potter, he descubierto que no sólo no puedo hacerlo con mi varita, sino que tampoco puedo hacerlo con una varita prestada. He estado buscando… tratando de localizar aquella varita que me permitiera acabar con él, pero la búsqueda no da resultados. Así que me dije, ¿por qué molestarse tanto? Potter es sólo un chico… un adolescente bobo y escurridizo. Tengo otros asuntos que atender, así que, ¿por qué mejor no hacerlo simple? Si yo no puedo matar a Potter, lo mejor es que lo haga alguien más y ya. Si les hubiera dado la orden de matarlo antes, en vez de reservarlo para mí, no sólo no tendría que haber lidiado con el problema de las varitas, sino que Potter habría muerto hace mucho. Lo habría matado Snape en el castillo de Hogwarts el año pasado, o ustedes esta noche, en vez de encerrarlo. Así que, como ven, he decidido cambiar mis planes.

Entonces Voldemort caminó hacia Ron, que estaba de pie con la mirada al frente, casi como un militar.

-Weasley, ¿verdad?

-Sí, señor –dijo él-. A sus órdenes.

-Tú, Weasley, eres el encargado ahora –Voldemort lo miró con regocijo-. Tú serás quien mate a Potter, ¿entendido?

-Sí, señor.

-Lo buscarás y lo matarás. Potter es débil, y cree en esa basura del amor. Así que quizás aún te guarde cariño. Usa eso en su contra, y en su momento de mayor debilidad, acaba con él. ¿Lo entiendes?

-Lo entiendo perfectamente –dijo Ron.

-Bien… bien… -Voldemort lo examinó con la mirada, evaluándolo-. Y una cosa más. Quiero que sufra… Antes de matarlo, quiero que mates a la otra chica que Potter quiere tanto, a Granger. Quiero que la mates y quiero que Potter la vea morir, y que luego lo mates a él.

Ron, ésta vez, tardó en contestar, pero finalmente asintió con la cabeza.

-Vamos a asegurarnos de que entiendes bien lo que te digo –dijo Voldemort, y, bruscamente, tomó el brazo de Janine y la condujo hasta su novio-. Tómalo del brazo, Janine, toma a tu novio. Así es. Harán un Juramento Inquebrantable. ¿Preparados?

Los dos chicos asintieron con la cabeza, sujetando sus brazos. Voldemort apuntó su varita a ellos.

-Weasley, ¿juras matar a Harry Potter?

-Lo juro –dijo Ron, y un hilo de luz unió su brazo con el de la chica.

-¿Y juras que matarás a Granger, delante de Potter, antes de matarlo a él?

Ron vaciló una milésima de segundo y finalmente asintió.

-Lo juro.

-Perfecto –dijo Voldemort, mientras otro hilo de luz unía los brazos y el encantamiento quedaba sellado. Se paseó brevemente por el cuarto y volvió a dirigirse a Ron.

-¿Sabes dónde encontrarlo? ¿Dónde puede haber ido Potter?

-Creo que sí –dijo Ron, y tragó saliva-. Creo que irá a Hogwarts, milord.

-¿A Hogwarts? –Voldemort estaba sorprendido.

-Así es –dijo Ron-. De hecho, siempre estuve seguro de que querría ir allí, al final. Lo conozco.

-Entonces, Weasley, ve a Hogwarts –dijo Voldemort, sonriendo-. Tienes una misión que cumplir para mí.

-Lo haré con gusto, milord –y Ron esbozo aquella sonrisa tan maligna y perversa.

Entonces Harry abrió los ojos y volvía a estar en El Refugio, recostado en la cama, cubierto en sudor y temblando de pies a cabeza. Y Luna estaba encima de él, mirándolo de pie al lado de la cama, muy preocupada.

-¡Enervate! –dijo la chica.

-Luna… -Harry se sentó en la cama y la miró asustado-. Gracias. ¿Puedes estar en pie? Tu pierna…

-Mi pierna está bien, se curó enseguida –dijo ella, y empezó a bailar para mostrar lo bien que se sentía.

-Escúchame, Luna, Hermione… Necesito ver a Hermione, está en peligro…

-Hermione se fue –dijo ella.

Harry se puso de pie de un salto, aterrado.

-No –negó con la cabeza-. No, no puede irse. Tengo que protegerla…

-Estaba muy dolida, por cierto –continuó Luna-. No dejaba de llorar. Intentamos detenerla, pero dijo que no podíamos hacer nada, que necesitaba irse. Así que salió afuera y Desapareció.

-Pero… ¿dijo a dónde iría? –preguntó Harry, mirando a Luna con mucha urgencia.

-Bueno, sí dijo algo… -Luna trató de recordar-. Dijo que iría a terminar la misión en la que tú debías de haber trabajado en vez de tontear…

Y entonces el alma le cayó a los pies.

-¿A dónde iría? –se preguntó Luna en voz alta-. ¿Tú le has dicho a dónde pensabas ir, quizás, para terminar la misión? ¿Le has dicho de algún lugar en el que pensabas buscar esos pedazos del alma de Voldemort?

-Sí –admitió Harry, horrorizado-. Si le dije. Se lo dije justo antes de que nos capturaran y nos llevaran de los Malfoy, cuando pronuncié su nombre, estúpidamente, el nombre del Innombrable. Justo le estaba diciendo que pensaba que debíamos ir… a Hogwarts.

-Ginny también se fue –dijo Luna-. Se fue de su tía Muriel, esa casa también está protegida por un encantamiento Fidelio, como esta. Dijo que prefería ir allí y quedarse en ese lugar.

-Escucha, Luna –Harry la miró a los ojos-. Necesito que me hagas un favor.

-Lo que sea.

-Esto es lo que quiero que hagas…

Harry le contó su plan, y Luna lo escuchó con atención.

-Pero Harry –dijo-. Tengo entendido que todos se han destruido…

-No todos –dijo él-. Estoy seguro de que alguno había quedado entero. ¿Puedes hacerlo? ¿Puedes ir?

-Claro, no hay problema, recuerdo cómo llegar.

-Bien –Harry pensaba a toda prisa-. En ese caso, nos vamos ahora. Desapareceremos juntos.

Los dos salieron del cuarto y de la casa. Una vez que estuvieron afuera, miraron la playa por última vez y se Desaparecieron, Luna hacia un lado y él hacia el otro. Entonces Harry pisó tierra y estaba de pie ante la carpa, la misma carpa en la que los habían encontrado horas atrás. Apuntó con la varita por si había algún Mortífago aún allí, pero no había nadie. Entonces entró a la carpa, buscó el bolsito de cuentas de Hermione, metió todo lo que pudo allí, y se fue a toda prisa, olvidándose de la carpa y de algunas otras cosas poco importantes. Se Desapareció de nuevo y apareció frente a Hogwarts, en el camino que conducía al castillo. Ni bien pisó tierra allí, sacó la capa para hacerse invisible del bolso y se la puso. Luego caminó hacia las verjas de entrada. Cuando estaba ante ellas, levantó la varita y lanzó un Patronus hacia la torre Gryffindor.

Y esperó. El tiempo corría rápido, ya se había hecho de día y el sol asomaba por detrás del castillo. Harry esperó y esperó y, finalmente, llegó ante él la figura de Neville.

-Soy Harry –le dijo-. Estoy aquí, bajo la capa.

-¡Harry! –dijo Neville, muy sorprendido-. ¡Lo sabía! ¡Sabía que vendrías!

-Escucha, necesito entrar –le dijo-. ¿Tienes idea de cómo puedo hacerlo?

-Pues no por aquí –razonó Neville, preocupado-. Tendrás que dar la vuelta, volver a Hogsmeade, entrar por lo de Aberforth.

-¿Aberforth?

-El hermano de Dumbledore –explicó él-. Su casa está en el bar Cabeza de Puerco. Ve allí.

-De acuerdo, una cosa más, Neville.

-Sí, dime.

-Hermione debe haber venido aquí, hace poco. ¿Tienes idea de… de algo de eso?

-No –dijo él, extrañado-. ¿Vino sola? ¿No estaba contigo?

-Mejor me voy –Harry se dio la vuelta y corrió hasta Hogsmeade. Llegó jadeando a Cabeza de Puerco, golpeó varias veces, frenético, sintiendo que perdía el tiempo, y le abrió el cantinero.

-Sabía que vendrías –le dijo él, cuando se quitó la capa-. Albus me dijo que te vigilara.

-Escuche, no tengo tiempo –dijo Harry, algo grosero, pero no le importó-. ¿Ha venido aquí una chica…?

-¿…de cabello castaño, muy linda? Sí, conozco a Hermione, vino hace un rato –dijo él, y a Harry volvió a caérsele el alma al suelo.

-¿Dónde está? Tengo que encontrarla. Espere, ¿de dónde la conoce?

-El año pasado ella venía aquí disfrazada de otra chica, con poción multijugos –dijo él-. Esa época en que estuvo peleada con ustedes, en esa época nos pusimos a hablar y nos empezamos a llevar bien, me contaba todo lo que le pasaba, pobre… Así que esta noche ella sabía a quién pedirle ayuda para entrar al castillo.

-Perfecto, más tiempo que estoy perdiendo, porque ella no dio el rodeo que di yo –se lamentó Harry-. ¿Puede hacerme entrar al castillo, por favor?

Harry entró al castillo con la ayuda de Aberforth. Se metió con la capa puesta, ya que no quería ver a nadie, no quería perder más tiempo, quería ir directo al grano. ¿Dónde estaría Hermione? ¿Habría llegado Ron ya? Ron no necesitaba entrar por túneles secretos, Snape le abriría la puerta principal…

Corrió por los pasillos, con la capa puesta. ¿Dónde iría ella a buscar la serpiente? En realidad, él nunca pensó que la serpiente estuviera allí, sólo lo había dicho porque quería volver al castillo. No se le ocurría a donde podía haber ido Hermione…

-Vamos –se dijo a sí mismo en voz alta-. Trata de pensar como ella… Trata de pensar como Ron… Si él está aquí y la está buscando para matarla, ¿a dónde irá? ¿Dónde la buscará? Ron no es muy inteligente… relacionará serpientes con la Cámara Secreta… Iré allí.

Harry empezó a correr hacia el baño de Myrtle la llorona. Sabía que Hermione no iría allí, lo que era incluso mejor, porque si Ron sí iba, entonces podría pelear con él a solas sin Hermione en el medio. ¿Habría ido allí? ¿Estarían en otro lado? ¿Estaría perdiendo el tiempo mientras le hablaba en pársel a una canilla y se metía por un tubo, mientras se quitaba la capa, la guardaba en el bolso y caminaba hacia la Cámara Secreta?

Llegó a la puerta de la Cámara y le habló en pársel. La puerta se abrió, develando el largo recinto en el fondo del cual había una escultura de un rostro enorme. Y se detuvo en seco. Había dos figuras allí, las dos enfrentadas la una a la otra, apuntándose con las varitas. Las dos se volvieron hacia él cuando entró.

-¡Vaya, pero si esto se pone mejor! –exclamó Ron con una risotada diabólica, sin dejar de apuntar a Hermione.

-Déjala ir, Ron –dijo Harry, caminando hacia él despacio, apuntándolo con la varita que horas atrás había pertenecido a Selwyn-. Déjala ir y acabemos esto entre nosotros.

-Lo siento, Harry –dijo él, sin borrar la sonrisa de su rostro-. Tengo órdenes. Primero ella… Luego tú…

-No lo lograrás nunca –le dijo Harry, avanzando hacia él, mirándolo con odio-. Somos dos contra uno, Ron, y los dos somos mejores que tú. Date por vencido. No nos obligues a matarte.

Ron rió de una forma que le puso los pelos de punta, con unas carcajadas que no denotaban miedo en absoluto. Ron era todo un Gryffindor, no tenía temor…

-Gracias por venir, chicos, en serio –dijo-. Los empezaba a extrañar –y rió aún más.

-Hermione, ¿por qué has venido? –le preguntó Harry. Ella lo miró con una mezcla de temor y resentimiento. -¿Por qué estás aquí? La serpiente no iba a estar aquí abajo…

-¿Qué dices? –lo contradijo Ron-. La serpiente está aquí abajo, por eso es que ella vino.

-¿Qué?

-Así es –corroboró Hermione, mirando ahora a Ron, con desprecio-. Cuando entré al castillo le pregunté a los chicos, a Seamus y los demás. ¿Tú no hablaste con ellos, Harry? Pensé que lo harías. Ellos sabían que Snape cuidaba de Nagini, y que la serpiente solía estar escondida aquí abajo, por seguridad.

Harry escuchó un siseo venir desde alguna de las cañerías. Nagini debía estar dando vueltas por allí.

-Bueno, basta de hablar –dijo Ron-. Te llegó la hora, Hermione.

-¡Ron! –gritó la chica, y lo miró a los ojos con mucha tristeza. Harry creyó ver en esa mirada un rastro de aquello que Hermione había sentido por él… -Ron… -las lágrimas empezaron a caerle por las mejillas. -¿Qué te ha pasado, Ron?

Ron dejó de sonreír. Entonces su rostro se puso pálido, y el chico bajó un poco la varita.

-Yo te quería… -Hermione lloró más, y de pronto bajó la varita y dejó el brazo colgando a su lado, indefensa-. Si vas a matarme, sólo hazlo. No voy a defenderme.

Pero Harry no iba a correr riesgos, apuntaba Ron directo al pecho y estaba preparado, listo para actuar si Ron movía un solo músculo. Estaba a sólo unos metros de ellos…

-Yo también te quería –dijo Ron, con el brazo a medio camino para bajar su varita también-. Yo te quería mucho, Hermione –y sus enrojecidos ojos, rodeados de profundas ojeras, se pusieron brillosos. Estaba a punto de llorar. –Pero no lo entiendes… Ustedes no entienden nada… Ahora todo ha cambiado.

-Ron, nada ha cambiado –dijo Hermione, mirándolo a los ojos con súplica-. Aún no has hecho nada terrible, aún puedes volver atrás. Puedes dejar aquello en lo que te han metido esos chicos y volver con nosotros, y todo será como antes.

Las lágrimas caían de la cara de Hermione. Ella miraba a Ron con mucha ternura y tristeza, y, por un segundo, mirando a Ron, Harry creyó que su amigo era el de siempre, que realmente estaba muy triste, con la cara gacha, clavada en el suelo, ensombrecida. Realmente creyó que Ron iba a dejar caer su varita y ponerse a llorar pidiéndoles perdón, como todo parecía indicar que pasaría… O, al menos, eso creyó, hasta que pudo atisbar algo que Hermione, desde su lugar, no podía ver: Oculto por las sombras, Ron estaba curvando sus labios en otra malévola sonrisa…

-Ataca, Nagini –dijo Ron en voz baja. Entonces Harry, que estaba a punto de lanzarle a Ron un encantamiento, sintió que algo salía de la nada y le mordía el brazo. Nagini le había mordido el brazo de la varita, haciendo que Harry la soltara y quedara desarmado.

Entonces Ron levantó su varita muy rápida y ágilmente y apuntó al pecho de Hermione.

-¡AVADA KEDABRA!

-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

El grito de Harry retumbó por todas las paredes, y la verdad sucedió ante sus ojos: El rayo de luz verde golpeó a Hermione sin piedad en medio del pecho; ella, desprotegida, con la varita baja aún, salió despedida hacia atrás y cayó al suelo, con los ojos abiertos. Había muerto, eso era real y eso no tenía remedio. Era tan real como la carcajada que lanzó Ron, la carcajada de desprecio y asco. Tan real como la mirada que le lanzó a Harry, mientras éste trataba de quitarse a la serpiente de encima, desarmado.

-Eso fue divertido –dijo Ron, y empezó a caminar por el recinto hacia la salida-. Cumplí la primer parte de mi misión. Luego volveré por ti, Harry, pero primero te dejaré tranquilo un tiempo… Para que sufras.

Ron estaba por desaparecer por la entrada, y Nagini seguía atacando a Harry, que se defendía con los brazos, sin conseguir agarrar su varita.

-¡Vamos, Nagini! –gritó Ron desde la puerta. Y entonces la serpiente dejó en paz a Harry y se fue a toda velocidad hacia él. Ron cerró la puerta y dejó a Harry solo. Pero Harry no fue tras él, Harry fue corriendo hacia Hermione, sin dejar de llorar a viva voz, más fuerte de lo que nunca había llorado, más desesperado que nunca, más destrozado de lo que nunca sintió que podía estar.

Se dejó caer a su lado, hecho un mar de lágrimas. Sus ojos estaban tan empañados que apenas podía ver la cara de ella, ya sin vida. La levantó en brazos y la abrazó, derramando lágrimas sin cesar por todo el suelo de piedra. La abrazó con fuerza y gritó, gritó tan fuerte que creyó que el cerebro le estallaría.

Pero eso realmente había pasado. No pudo quitarse esa sensación, la sensación de lo real, lo real que era aquello. Estaba seguro de que no era un sueño, de que no despertaría en cualquier momento…

La abrazó muy fuerte, luego la sostuvo en sus brazos y le contempló la cara, inexpresiva, con la mirada perdida. Le cerró los párpados con dos dedos, la recostó en el suelo con cuidado, se dejó caer a su lado y lloró aún más fuerte.

Hermione estaba muerta.


Escena del capítulo anterior que quizás pasaras por alto y/o no recuerdes:

Harry despertó y vio a Luna ante él, quien le quitó el encantamiento que le había echado Ginny.

-Escucha, Luna –Harry la miró a los ojos-. Necesito que me hagas un favor.

-Lo que sea.

-Esto es lo que quiero que hagas…

Harry le contó su plan, y Luna lo escuchó con atención.

-Pero Harry –dijo ella-. Tengo entendido que todos se han destruido…

-No todos –dijo él-. Estoy seguro de que alguno había quedado entero. ¿Puedes hacerlo? ¿Puedes ir?

-Claro, no hay problema, recuerdo cómo llegar.

-Bien –Harry pensaba a toda prisa-. En ese caso, nos vamos ahora. Desapareceremos juntos.

Trae en palabras lo que abandona el dilema

Luna Lovegood apareció en medio de una calle de Londres. Lanzó unas miradas rápidas alrededor y empezó a caminar tranquila, imaginando que era otra de los muggles que iban a los negocios alrededor, al trabajo o a la escuela. De hecho, para ella era muy fácil imaginarse en situaciones ajenas a la propia, y fue tan natural para ella disfrazarse con el entorno y caminar sonriente, disfrutando del sol cayéndole en la cara y el ruido de los autos pasando a su lado, que de pronto olvidó por qué estaba allí, delante de una cabina telefónica roja.

-¡Oh, cierto! –exclamó en voz alta, acordándose. Entonces detuvo a una de las muggles que pasaba por allí, una mujer rubia de unos treinta y pico de años. La mujer, que no iba con prisa, le sonrió al ver que ella se disponía a hablarle. –Disculpe, señora –le preguntó Luna, muy educada-. ¿Podría extraerle un pelo de su cabeza? Es para fines totalmente nobles y honestos.

La mujer frunció mucho la frente y la miró como si la chica estuviera totalmente loca. Pero entonces la sonrisa de Luna la hizo compadecerse de la niña y volvió a sonreírle. A decir verdad, aunque Luna no lo supo, la mujer pensó que estaba tratando con alguna chica discapacitada mental, y decidió que no debía ser dura con ella.

-Claro, cariño, por supuesto –dijo de forma pausada, como si hablara con alguien tonto-. Aquí tienes –se arrancó un cabello y se lo dio, mirándola con ternura-. Espero que todo salga bien, ten un buen día, corazón –le sonrió aún más y siguió caminando.

-Genial –Luna sacó del bolsillo de sus pantalones rosados el frasquito que le había dado Harry. Al parecer, Fleur tenía en su casa un poco de poción multijugos que habían preparado por si acaso, estando en épocas tan difíciles, y Harry ni se había molestado en preguntar y, cuando había bajado las escaleras a toda prisa para abandonar El Refugio, un rato atrás, había tomado sin reparos la botellita, de pasada a la salida. Así que ahora Luna puso el cabello rubio que le había dado la gentil señora en el frasco y se tomó la poción. Al instante, se irguió varios centímetros, sus facciones cambiaron y los pantalones le quedaron algo cortos, haciendo que se le vieran los tobillos. Pero su cabello no cambió casi nada, sólo se volvió más lacio.

Luna se metió en la cabina y empezó a descender hacia el Ministerio de la Magia.

-Hola, Travers –saludó soñadoramente al pasar, reconociendo en el Vestíbulo del Ministerio al Mortífago que llevaba ese nombre, puesto que lo había visto una vez en una foto de El Profeta. Travers se quedó mirándola, preguntándose quién sería aquella mujer, pero luego siguió de largo, al parecer con prisa. Entonces Luna sonrió y caminó hacia los ascensores sin ningún miedo ni nada por el estilo. A decir verdad, la chica no era consciente de todas las implicaciones que podía tener el descabellado plan de Harry; por ejemplo, que alguien le preguntara quién era, que la detuvieran, que le exigieran saber a qué departamento pertenecía (cosa que Luna no tenía ni idea de nada relacionado con el Ministerio de la magia, porque no le interesaba el gobierno). Bajó lo más tranquila hacia el subsuelo y hasta saludó a Yaxley cuando se lo cruzó. Este último, que al parecer estaba en horas de trabajo, también la miró raro, pero no le preguntó quién era y siguió con prisa hacia los ascensores. –Vaya, que poco educada es la gente –comentó la chica para sí misma, sin percatarse de que acababa de salvarse de que el Mortífago quisiera saber más sobre ella.

Caminó por el pasillo y se dio cuenta de que, a diferencia de lo que le había asegurado a Harry, no recordaba tan claramente cómo llegar al Departamento de Misterios. La vez anterior Harry había guiado el camino, cuando todos fueron allí a tratar de salvar a Sirius, y ella, la verdad, estaba pensando en los Snorkacks en ese momento y no ponía nada de atención, sólo seguía a los demás.

-Disculpe –le preguntó a un mago que pasaba por allí; este mago también iba a las apuradas hacia los ascensores-. ¿Sabría decirme cómo llegar al Departamento de Misterios?

-Sí, señora, es la puerta negra, al fondo –le dijo el mago, señalando al fondo del pasillo, y volvió a enfilar apurado hacia los ascensores.

-¡Gracias! –le gritó Luna, pero él ya estaba fuera del alcance de su grito-. Que poco educados…

La chica se metió en el Departamento de Misterios justo cuando dos magos salían a toda prisa de él. Ellos la miraron de arriba abajo y luego se miraron entre sí.

-Disculpe, ¿quién es usted? –le preguntó uno de ellos-. ¿Por qué asunto viene al Departamento de Misterios?

Ella estuvo a punto de responder "Luna Lovegood", pero entonces cayó en la cuenta de que estaba disfrazada de una muggle y eso sería muy inapropiado. Pero nunca le había preguntado a la muggle su nombre… que descuidada había sido. Mejor se inventaba un nombre y ya.

-Mi nombre es Areopajita Selamira Preciosísima Del Campo.

Los dos magos quedaron boquiabiertos, estupefactos por el extraño nombre de la mujer.

-Un placer, Areopajita –dijo el más alto de ellos-. ¿Podría dejarnos la puerta abierta? Tenemos que subir al Vestíbulo a buscar un armario embrujado para traerlo aquí.

-¡Claro, no hay problema! –dijo Luna alegremente. En vez de entrar, se quedó custodiando la puerta, asegurándose de que permaneciera abierta. Al rato volvieron los dos magos, cargando el pesado armario.

-Vaya, se quedó esperando… -dijo uno, muy impresionado-. Gracias, señora, no tenía que hacerlo.

-No se preocupe –le dijo Luna. Los dos magos llevaron el armario a una de las habitaciones y luego salieron. Ella los esperó, mirando todo con ojos soñadores.

-Gracias, de nuevo –le dijo el mismo mago de antes, al pasar-. Recuerde cerrar bien con los mecanismos habituales, Areopajita, usted sabe que si no lo hacemos luego los de "arriba" nos hacen la vida imposible…

-Oh, sí –Luna les guiñó un ojo, sonriente-. Cerraré.

Ellos se fueron, comentando lo amable que había sido la "nueva empleada del Departamento de Misterios" al esperarlos, se metió y cerró la puerta. Estaba de vuelta en aquella habitación circular llena de puertas…

Media hora después, Luna ya había salido del Ministerio de la Magia, sin tener ningún problema en absoluto, y caminaba por las calles de Londres alegremente. Se detuvo a mirar un hermosísimo vestido en una vidriera, luego se tomó un frappuccino en un Starbucks (ella amaba mezclarse en el mundo muggle, para variar), y continuó caminando, hasta que se dio cuenta de que había vuelto a olvidar qué se suponía que estaba haciendo allí.

-¿Por qué estoy en Londres? –se preguntó de pronto. Ya había recuperado su aspecto habitual. -¡Ah, claro! ¡Harry!

Entonces giró en su lugar y Desapareció. Cuando volvió a aparecer, estaba de pie ante Cabeza de Puerco, en Hogsmeade. Golpeó la puerta y Aberforth le abrió.

-¡Hola, Abi! –saludó alegremente, y se lanzó sobre él y lo abrazó.

-¡Luna! –dijo el anciano, maravillado y riendo-. ¿Cómo estás, tanto tiempo?

-¡Genial! –le dijo ella, radiante-. ¡Tengo amigos! ¡Estuvimos de aventuras muchos meses, y ahora estoy cumpliendo una misión para uno de ellos!

-¡Eso es fantástico! –le dijo él, sonriendo-. ¿Quieres entrar en Hogwarts?

-¿Cómo dice?

-Por eso has venido, ¿verdad? Deduzco que quieres entrar al castillo para reunirte con tus amigos.

-¡Ah, claro! –dijo ella, que en realidad sólo había pasado por allí para saludarlo, pero se dio cuenta de que era una buena idea ir al castillo, así ya se reunía con Harry como habían acordado-. ¿Cómo hago para entrar?

Aberforth la ayudó a subir al túnel y se despidió de ella. Luna entró al castillo y se encontró en una habitación en la que estaban Seamus y otros miembros del ED. Los saludó alegremente y se quedó conversando un rato con ellos. Al final olvidó que tenía que reunirse con Harry, se sentó en una butaca y se quedó charlando con todos, que le preguntaban sobre dónde había estado y qué había estado haciendo con Harry y Hermione. Entonces sintió que alguien le tocaba el hombro, pero no había nadie allí. Así que sacó sus Spectrespecs y vio que había un montón de torsopolos en el aire, sin duda en la cabeza de alguien invisible. Caminó junto a la persona invisible, que la guió fuera de la sala y la gente, por uno de los pasillos y hasta un baño vacío, en el que se metieron.

-Luna, soy yo –en cuanto Harry se quitó la capa, toda la alegría desapareció de Luna. Harry se veía destruido, tenía todos los ojos rojos, le caían lágrimas continuamente, no dejaba de temblar y de respirar agitado, tenía toda la ropa rasgada y el pelo mojado chorreando agua. La chica pensó que debía haberse lavado la cara en ese mismo baño en algún momento atrás, porque también había mucha agua en el piso, como si la persona que se lavó no hubiese tenido el menor reparo en inundar todo el lugar.

-¿Qué ha pasado, Harry? –preguntó ella, seriamente. Aunque Luna podía ser despistada y muchas otras cosas, no era nada estúpida, y se daba cuenta de que algo muy malo acababa de pasar.

-¿Lo has conseguido? –le preguntó él, sin responderle a su pregunta-. ¿Lo tienes?

-Tienes suerte –dijo ella, sacando del bolsillo de sus pantalones una cadena dorada de la que pendía un instrumentos circular, también dorado, con una especie de reloj de arena pequeño en el centro-. Un giratiempo. El último que quedaba. La vitrina del Departamento de Misterios que los contenía, la que destruimos en la batalla de quinto, no pudo ser retirada de su lugar, de hecho aún estaba cayendo y levantándose cuando fui, se ve que es imposible de reparar. Todos los giratiempos y demás relojes parecían estar destruidos… Pero entonces vi que uno no lo estaba, estiré el brazo y bueno… simplemente lo tomé.

Harry respiró algo aliviado. Había previsto que algo horrible pasara, y por eso había mandado a Luna a ver si podía encontrar uno. No había albergado esperanzas, sin embargo, porque le habían dicho que todos los giratiempos del Ministerio habían quedado destruidos; pero incluso entonces, mientras tocaba el instrumento dorado con los dedos, no terminó de respirar tranquilo, porque sabía que, en ese momento, Hermione estaba muerta, independientemente de que tuviera una posibilidad de salvarla en las manos.

-Vamos, Luna –dijo Harry, y le pasó la cadena por el cuello a su amiga-. Vamos a volver en el tiempo… Tenemos que salvar a Hermione.

-¿Qué le ha pasado a Hermione? Harry, no… -Luna acababa de comprender. Pero Harry no dijo nada más, giró el instrumento tres veces, aunque sabía que aún no habían pasado ni dos horas desde aquel encuentro en la Cámara Secreta, pero quería estar seguro. Todo alrededor de ellos empezó a cambiar rápidamente… de hecho fue bastante cómico, ver cómo la gente entraba al baño y salía a toda velocidad, en cámara rápida, se metían en los cubículos, salían rápido a lavarse las manos, y de pronto el sol que entraba por la ventana parecía más débil, porque habían retrocedido hasta más temprano en aquella mañana, y todo quedó quieto.

-Aún es muy temprano –comentó Luna, al tiempo que Harry le quitaba la cadena del cuello y se guardaba el instrumento en el bolsito de cuentas-. ¿Serán como las siete de la mañana? A esta hora debíamos estar en la casa de Fleur aún.

Harry no dijo nada. No había caído en la cuenta de lo rápido que había pasado todo. Todo había pasado la misma noche; la Mansión Malfoy, la huida hacia El Refugio, la casa de Fleur, Ginny inmovilizándolo… él teniendo la visión de Voldemort, despertando y saliendo con Luna a toda prisa, mientras terminaba de amanecer… Hace menos de doce horas él y Hermione estaban en una carpa en medio de un lugar muy bonito disfrutando de una cena… Iban a casarse…

Se quitó los pensamientos de la cabeza. Hermione estaba viva. Lo estaba, realmente, porque habían retrocedido en el tiempo así que nada le había pasado aún. Y él iba a evitar que le pase.

-Veamos –dijo, pensando en voz alta a toda velocidad-. Lo más prudente sería, desde luego, ir a la casa de Fleur, agarrar a Hermione antes de que Desaparezca y decirle que no vaya a ningún lado, que se quede allí, a salvo. De paso podría contarle que fue Ginny quién me obligó… Eso no importa ahora, lo que importa es que sobreviva. Pero no sería lo más prudente, porque si llego allí después de que ella desaparezca, entre que regrese aquí será lo mismo, quizás no haya tiempo… ¿Y si volvemos en el tiempo una hora más y vamos a la casa de Fleur?

-¡Harry, no! –advirtió Luna, preocupada-. Mi padre siempre dice que no se juega con el tiempo o con los aparatos que el Ministerio esconde, llamados giratiempos. Si hemos regresado, ahora debemos seguir hasta que sea la hora en la que nos desaparecimos, es decir dentro de tres horas, no podemos irnos de nuevo hacia atrás porque estaríamos creando dobles. Y por ningún motivo debemos volver luego, otra vez, a la misma franja horaria en que ya hemos vuelto una vez. No puede haber cinco Harrys y cinco Lunas dando vueltas por todos lados, es peligrosísimo.

-De acuerdo, no importa –dijo Harry, algo molesto-. Vamos a la Cámara Secreta. Me esconderé allí y mataré a Ron en cuanto lo vea.

-¡¿Qué dices?! –Luna lo miraba atónita.

-¡Ron ha matado a Hermione! –dijo él, mirándola muy atormentado-. ¡No, no lo ha hecho! ¡Pero va a hacerlo, si no lo detenemos, y, por lo que dices, sólo tenemos una oportunidad de volver en el tiempo para detenerlo, así que no perdamos el tiempo y vamos allí!

Harry sacó la capa para volverse invisible del bolsito de cuentas, que llevaba en un bolsillo interior de la túnica aún, y la pasó sobre él y Luna. Salieron del baño y fueron a toda prisa hasta el baño de Myrtle la llorona.

-¿Es esto una especie de excursión por los baños de Hogwarts? –preguntó ella, curiosa, pero Harry ya se había acercado a la canilla.

-¡Abrete! –le dijo en pársel. Sonó algo así como "Sai na ja sa ma ja sa" para los oídos de Luna. Entonces se metieron en la Cámara y se quedaron cerca de la escultura enorme en la pared del fondo, ocultos por la capa. A Harry se le encogió el estómago al recordar las escenas que habían tenido lugar allí sólo momentos atrás para él…

-Ahora, a esperar –dijo él, con la varita en la mano y apuntando hacia la puerta de entrada a la Cámara, como esperando que Ron apareciera sólo segundos más tarde.

-Harry… -empezó Luna, con un tono de voz que irritó a Harry-. Mi padre sabe mucho sobre giratiempos, ¿sabes?

-Ah, qué bueno –Harry sabía que Luna estaba a punto de decir algo que lo hiciera perder su optimismo, el optimismo que había impedido que colapsara o enloqueciera luego de lo ocurrido, lo único en su mente que mantenía firmes los engranajes de su cerebro, y no quería escuchar lo que sea que ella fuera a decir, porque su plan funcionaría, y sólo momentos después Ron estaría muerto o amordazado y recibiendo varios Cruciatus de su parte (aún no decidía eso), y, lo más importante, Hermione estaría viva, y se quedaría así.

-Es que, Harry –siguió Luna-. Cuando tú estuviste aquí, y Ron mató a Hermione… -lo decía con una soltura que dejó a Harry preguntándose si la chica siquiera se sentía mal por lo que él le había dicho o le daba igual, pero en el fondo sabía que ella hablaba así de suelta porque ella era así, siempre directa a la hora de hablar, y eso lo irritó más-. Cuando eso pasó, ¿viste a otro Harry aparecer de la nada y detener a Ron?

-¿Pero qué dices? –se extrañó Harry-. Por supuesto que no vi a una réplica mía salir de la nada y detener a Ron, porque eso es totalmente ridíc… -pero entonces entendió lo que la chica quería decir. Pero seguro que ella estaba equivocada, no dejaría que esa idea lo hiciera sentirse mal, porque él estaba allí, él tenía la varita en la mano, y por ende el poder de cambiar el destino.

-Es que, verás –cuando Luna volvió a hablar, Harry tuvo que reprimir el deseo de pedirle que se largara de allí-. Cuando vuelves en el tiempo, en realidad no estás cambiando nada, las cosas ya han sido cambiadas. Pero, como es lógico, tienes que volver igual porque la razón de que las cosas hayan cambiado es que tú volviste en el tiempo…

-No entiendo nada –Harry trataba de no escucharla.

-Bueno, pues, si estás, supongamos, viendo como matan a un Hipogrifo desde lejos, y ves que salen volando los cuervos y supones que el Hipogrifo ha muerto y luego vuelves en el tiempo y lo salvas, en realidad los cuervos habían salido volando por otro motivo, por ejemplo, porque el verdugo clavó el hacha en unas calabazas, por el enojo. Pero, en realidad, el Hipogrifo nunca había muerto, porque tú volviste en el tiempo y lo salvaste. Y así con todo.

Harry recordaba que él y Hermione, una noche en la carpa, le habían contado de la vez que volvieron a salvar a Buckbeak, y por eso la chica usaba ese ejemplo.

-Eso quiere decir –concluyó Luna-. Que ahora no tendremos éxito… Porque tú no viste a Hermione salvarse, ¿verdad? La viste muerta, delante de ti, viste cómo eso ocurría, ¿verdad?

Harry no le contestó. Estaba planeando la mejor forma de dejar a Luna inconsciente el resto de la mañana en esa cámara, para que se callara y lo dejara concentrarse en su trabajo.

-Si tuviéramos éxito, entonces, cuando tú, hace un rato, viste a Ron matándola, también deberías haber visto algo más, como a Ron cayendo hacia atrás y Hermione salvándose, sin saber que ese eras tú que había vuelto en el tiempo para salvarla…

-Eso no tiene sentido –dijo Harry, aferrándose a un error que veía en la explicación de Luna, mientras seguía apuntando a la puerta con la varita-. Porque si yo, hace un rato, hubiera visto a Hermione salvarse, entonces no habría sentido la necesidad de volver en el tiempo para hacer algo que ya está hecho, ¿no crees?

-Pero si la hubieras visto salvarse –continuó ella, dispuesta a ganarle-. Es porque tú definitivamente habrías vuelto en el tiempo a salvarla. Desconozco la razón, pero lo más probable es que luego te hubieras visto a ti mismo, al Harry que regresó al pasado, te hubieras quitado la capa y te habrías advertido que regreses en el tiempo, aunque parezca innecesario… Claro que tú no deberías temer nada entonces, porque sabrías que, al mismo tiempo, ya has regresado y has tenido éxito.

-¿Sabes, Luna? –Harry ya no disimulaba su enojo-. Cada palabra que dices tiene menos sentido. ¿Quieres callarte la boca?

Luna no dijo nada más, y Harry no dejó que lo absorbiera con su pesimismo. Sabía que ella estaba equivocada… Era cierto que, la vez que volvieron con Hermione para salvar a Buckbeak, todas las cosas que habían pasado eran, efectivamente, las que antes (cuando no habían vuelto en el tiempo aún) habían visto y no habían logrado entender… y que podían explicarse porque ellos mismos las habían ocasionado al volver atrás. Pero esto era diferente, porque Ron entraría en cualquier momento por esa puerta, y Harry sabía que eso pasaría simplemente que porque ya había pasado, y nada podría impedir que Harry lo derrotara. Nada, ya que estaba oculto por la capa, es decir que Ron no podía verlo.

Esperaron un largo rato que se les hizo eterno, y de pronto escucharon ruidos afuera, pasos que se acercaban. Harry se tensó de golpe, apuntando hacia adelante con la varita, preparado para actuar en cuanto lo viera entrar.

La puerta se abrió. Hermione echó un temeroso vistazo hacia el interior de la habitación y empezó a caminar hacia donde estaban ellos, apuntando con la varita, muy nerviosa, y mirando alrededor.

-¿Nagini? –preguntó, con una voz que denotaba miedo. Harry se dio cuenta de que había olvidado completamente la razón de que Hermione fuera allí abajo en primer lugar.

-No se te ocurra revelar tu presencia –le susurró Luna, desde debajo de la capa.

-¿Qué dices? –le espetó Harry, que estaba por quitarse la capa-. Ella no verá a dos Harrys, no va a volverse loca ni nada así. Pensará que llegué primero, simplemente.

-¡No es por eso! –dijo Luna, impaciente-. ¡Si te ve alguien del pasado, se crea una metamorfosis en el espacio-tiempo y puedes crear un daño en la interfaz espacial!

Harry se quedó de piedra. Sabía que eso podía ser una de las locuras de Luna. No iba a arriesgar la vida de Hermione por aquello, le importaba un bledo la interfaz espacial. Pero entonces decidió obedecer a su amiga, por las dudas, porque total podía hacer su trabajo perfectamente desde debajo de la capa. No había necesidad de que Hermione lo viera. Podía salvarla igual porque sabía exactamente cuándo y cómo Ron la atacaría, y estaba más que preparado para atacar desde su lugar, invisible.

-Sal, Nagini… -dijo Hermione, que realmente no parecía muy apta para una luchar con la serpiente, porque se la veía con un aspecto horrible y abatida, probablemente por haber estado llorando por culpa de Harry…

-Nagini –dijo Harry, desde debajo de la capa, en un susurro, cuando se dio cuenta de algo-. Luna, Nagini está por aquí. Tenemos que matar a Nagini.

-¿Por qué? –se extrañó ella.

-Porque quizás pueda vernos –le explicó, sin dejar de mirar a Hermione, con su corazón latiéndole muy deprisa, sabiendo que la vida de aquella chica hermosa, la persona más importante que hubiera conocido jamás la razón de su existencia, dependía de las decisiones que tomara en ese momento. –No me consta que la capa funcione con animales. El gato de Filch… -un recuerdo fugaz le cruzó la cabeza: Estaba de pie, años atrás, en una escalera, con el pie atascado en un escalón falso, y la Señora Norris lo miraba, aunque tuviera puesta la capa. –Si Nagini nos ataca lo arruinará todo, tal como lo hizo al saltarme en el brazo… Vamos.

Sigilosamente, mientras Hermione recorría la Cámara buscando a la serpiente, él se puso a hacer lo mismo que hacía su novia, buscar a la serpiente. Le pareció escuchar siseos en una tubería…

-Vamos –dijo Luna-. Está por allí, puedo oír los siseos.

-No –dijo Harry, con miedo. Se dio vuelta y volvió a concentrarse en Hermione. –No voy a perder a Hermione de vista. De ninguna manera. Tú vigila que la serpiente no aparezca. Por Dios, hazlo bien, Luna, si la ves lánzale un maleficio. Yo vigilaré que Ron no aparezca…

-Confía en mí, Harry –le dijo Luna en voz muy baja-. Yo también la quiero mucho, haré todo lo que pueda… Si aparece, la ataco.

Harry se sentía dividido entre dos caminos. El miedo lo golpeaba en el pecho, porque veía dos posibles desenlaces en el que las cosas no salían bien, y quería prevenirlos ambos, pero era imposible: Uno, si iban tras la serpiente a las tuberías, Ron podía llegar mientras estaban persiguiendo al animal y matar a Hermione con ellos lejos de allí… El otro desenlace era si se quedaban allí, y de pronto la serpiente aparecía, atacaba a Luna, que no lograba defenderlos, luego a Harry, y de esa forma les impedía salvar a Hermione.

Era un dilema que no sabía cómo resolver. Buscó alguna forma, quiso decirle a Luna cuál era el plan a seguir, pero no encontraba palabras para resolverlo. No podía traer las palabras…

Decidió que, pasara lo que pasara, no perdería a Hermione de la vista. Esas tuberías eran un laberinto, una trampa, no pensaba meterse por ellas. Se acercó con Luna a la puerta, susurrándole al oído.

-Ni bien entre Ron, lánzale lo que se te ocurra, Luna. Lo que sea. Avada Kedabra, hablo en serio. Mejor algo aturdidor, que sepas lanzar mejor. Y si ves a la serpiente, lo mismo. Vamos a salvarla, ¿me oyes?

-Sí –asintió Luna, pegada a él. Estaban a metros de la puerta, cuando de pronto ocurrió: Algo salió de la nada y empezó a atacarlos.

Luna ahogó un grito, y Harry empezó a forcejar con la serpiente. Los dos habían caído al suelo, a un metro de la puerta de la cámara, aún cubiertos por la capa.

Hermione se dio vuelta y se quedó mirando en dirección a donde estaban ellos, al parecer sin comprender qué eran los ruidos que oía. Harry se preguntó por qué la chica no veía a la serpiente y le lanzaba un maleficio… Entonces se dio cuenta de que la serpiente se había metido dentro de la capa, con ellos, y peleaban los dos contra ella haciendo mucho ruido y gritando, pero cubiertos por la tela de la capa. Hermione no dejaba de mirar con los ojos muy abiertos, pero sin moverse, muy asustada por lo incomprensible de lo que pasaba ante ella.

Y entonces se abrió la puerta y entró Ron. Harry lo vio caminar hacia Hermione con paso decidido, sacar su varita y apuntarla, mientras ella lo apuntaba a él… Pero no pudo hacer nada, porque Nagini, larga y ágil, se había enroscado alrededor de su cuello y lo asfixiaba, y no sólo eso, sino que también se había enroscado alrededor del cuello de Luna, siendo tan larga que podía ahorcarlos a ambos a la vez.

-¡Detente! –gritó la voz de Hermione.

-Detenme –dijo Ron, con una risita. Los dos se apuntaban con las varitas, y entonces la puerta volvió a abrirse y Harry se vio a sí mismo entrando en la Cámara y yendo hacia Ron lentamente.

-¡Vaya, pero si esto se pone mejor! –dijo Ron.

-Déjala ir, Ron –dijo el Harry que acababa de entrar, el Harry del pasado. Mientras tanto, el Harry del presente luchaba por respirar mientras Nagini lo ahorcaba silenciosamente. Él y Luna ya no hacían ruido, ya que la serpiente los tenía inmovilizados contra el piso.

-Tengo órdenes –decía Ron-. Primero ella… Luego tú…

-No lo lograrás nunca. Somos dos contra uno, Ron, y los dos somos mejores que tú. Date por vencido. No nos obligues a matarte.

Harry estaba desesperado. Tenía las dos manos alrededor de la serpiente, pero no conseguía que lo suelte. Luna tampoco tenía éxito. El animal se retorcía con delicia y apretaba sus cuellos. Vio, a su lado, que Luna estaba toda colorada…

-¿Qué dices? –decía Ron ahora-. La serpiente está aquí abajo, por eso es que ella vino.

-¿Qué?

-Así es –y entonces se escuchó un siseo venir desde una cañería, pero no podía ser Nagini, ya que Nagini estaba ahí, en el suelo, atacándolos…

-Bueno, basta de hablar –dijo Ron-. Te llegó la hora, Hermione.

-¡Ron! Ron… ¿Qué te ha pasado, Ron?

"Yo te diré lo que le ha pasado, se ha vuelto la peor mierda que nadie haya cagado nunca", pensó Harry, que ahora trataba de apartar la capa con el pie. Había decidido que no moriría allí, asfixiado por Nagini, dejando morir a Hermione de nuevo. Se quitaría la capa para que los presentes en el cuarto pudieran verlos, a él, a Luna y a Nagini. Si los veían, probablemente más de uno se volvería loco al ver a dos Harrys tan cerca del otro, pero quizás lo entendieran, después de todo los tres eran conscientes de que existían los viajes en el tiempo. Y entonces existía la esperanza de que las cosas resultaran distintas…

Pero no podía. Nagini parecía haberse dado cuenta de lo que pretendía y, si bien, por suerte, aflojó la presión en su cuello, también enroscó su cola en las piernas de Harry, inmovilizando éstas también. Harry trató de gritar, pero la serpiente apretó más su garganta y no pudo. Luna estaba tan roja que parecía que estallaría…

Y entonces Harry lo comprendió, porque, mientras todo a su alrededor se oscurecía por la falta de aire, consiguió ver, al levantar la cabeza, la escena que tenía lugar ante él. Lo que comprendió fue que tendría que verlo por segunda vez. Y la idea lo aterrorizó hasta el punto en que olvidó que estaba por morir asfixiado. Nada podía ser más terrible que tener que ver eso por segunda vez, sin poder hacer nada para evitarlo.

-Ataca, Nagini –dijo Ron en voz baja, y la serpiente se fue. En un segundo, el animal dejó de ahorcarlos y saltó hacia el otro Harry, el del pasado, que estaba no muy lejos de ellos. El Harry del presente quiso levantarse, quiso actuar antes que Ron, pero realmente la serpiente lo había dejado al borde de la muerte, y tuvo que desperdiciar valiosos segundos tomando una fuerte bocanada de aire porque no había forma física de que se levantara y detuviera a Ron sin hacer eso primero. Pero esa bocanada de aire le costó la vida a Hermione.

-¡AVADA KEDABRA! –se escuchó la voz de Ron rebotando por todos lados. Harry se puso de pie, al mismo tiempo que Luna, que se tambaleó en su lugar pero logró incorporarse. Los dos vieron cómo el rayo de luz verde golpeaba a Hermione, al tiempo que la capa se les deslizaba y caía a un lado. Pero era tarde, y ese pensamiento mataba a Harry por dentro. Era tarde… Había ocurrido otra vez.

-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

El grito era del Harry del pasado, porque el del presente no tenía aire para gritar, no tenía aliento para expresar el dolor que lo mataba por dentro en voz alta. Hermione salió despedida por el aire, otra vez. Y entonces Ron se dio vuelta y los vio, vio a los Harry y Luna del presente, allí parados, ya sin la capa. Pero el Harry del pasado no los vio, porque no dejaba de mirar a Hermione mientras peleaba con Nagini, que ahora estaba sobre él. Ron no mostró signos de sorpresa, de hecho parecía muy inexpresivo, casi como un robot, y caminó derecho hacia ellos y les pasó por al lado, hablando en voz alta para el otro Harry.

-Eso fue divertido –decía-. Cumplí la primer parte de mi misión. Luego volveré por ti, Harry, pero primero te dejaré tranquilo un tiempo… Para que sufras.

Parecía un autómata, sus ojos estaban un poco en blanco…

-¡Vamos, Nagini!

Harry lo miró. Lo vio pasar a su lado, sin poder creer que Ron no lo mirara ni se mostrara sorprendido por su presencia. Lo vio salir, y se lanzó detrás de él, furioso, dejando atrás el cuerpo de Hermione y al Harry del pasado que se lanzaba sobre la chica muerta llorando… Luna y él pasaron justo cuando la puerta se cerraba y esta golpeó fuerte tras ellos cuando cruzaron al otro lado.

-¡Ven aquí, basura! –le gritó Harry, corriendo tras él. Ron se alejaba a pasos largos, con la serpiente. Harry se dio cuenta de que aún no podía gritar fuerte, la serpiente lo había dañado mucho-. ¡No pude detenerte, pero aún así voy a matarte! ¡Y luego volveré otra vez y la salvaré y te mataré de nuevo!

-Vete –le dijo Ron, que seguía caminando, sin darse vuelta-. No sé qué eres, pero vete.

-¿Qué no sabes qué soy? ¡Soy Harry, idiota, que he vuelto en el tiempo!

-Ah –Ron iba hacia los tubos de salida, dispuesto a abandonar aquellos lugares de vuelta al baño de Myrtle. No mostró ningún interés en los gritos de Harry, que iba tan rápido como le permitía su debilitado cuerpo, tras él. Harry tomó aire con mucho esfuerzo. -¡VEN Y PELEA, COBARDE! ¡MIERDA! ¡VEN Y PELEA, HIJO DE PUTA!

Ron seguía caminando, sin inmutarse.

-¡TU MADRE ES UNA PUTA! –le gritó Harry, en un arrebato de rabia y dolor sin precedentes-. ¡MOLLY ES UNA PUTA! ¡UNA SUCIA PUTA BARATA, RON!

Y entonces fue que se dio cuenta. Porque él sabía que, si ese Ron fuera el verdadero, nunca, ni en su más remoto estado de locura, hubiese seguido caminando, de espaldas a él, ignorando sus gritos, luego de haber oído aquello.

-Tú no eres Ron –dijo Harry. Se detuvo y se metió la mano en la túnica. Sacó la varita y apuntó hacia la espalda de la persona que se alejaba. -¡CRUCIO!

Al oír el hechizo, Ron se dio vuelta y apuntó a Harry, repeliendo su conjuro. Estaba a sólo un paso de los tubos que daban al baño de Myrtle. Entonces apuntó hacia él, pero Harry había empujado a Luna y la había resguardado tras unas rocas. Aún estaban allí las rocas que les habían complicado las cosas muchos años atrás, cuando habían bajado con Lockhart, pero esta vez sirvieron para resguardar a Luna y a Harry, que atacó a Ron asomándose sobre ellas.

-¡Desmaius!

-¡Protego! –bramó Ron-. ¡Avada Kedabra!

Harry se agachó a tiempo para evitar el embrujo.

-¡¿Quién eres?! –bramó, oculto por las rocas, junto a Luna-. ¡¿Quién eres y qué has hecho con Ron?!

Escuchó las risas macabras. Ron se había olvidado por un segundo de su plan de huir a toda prisa y volvía a reír.

-¿Ron? ¡Pero si yo soy Ron!

-¡Tú no eres Ron! ¡Lo sé!

De nuevo las risas.

-Sí y no, Potter. Pero a ti eso no te importa. ¿Sabes qué? Mejor te mataré ahora. Y luego iré a celebrar por haberle hecho honor a las órdenes de mi amo.

-¡¿De qué ordenes hablas?! ¡La razón de que hagas esto es que quieres salvarte a ti mismo por haber hecho un juramente inquebrantable! ¡Tu amo es la misma mierda que tú!

Hubo un silencio, y luego volvió a oírse la voz de Ron.

-Me importa tres carajos el juramento inquebrantable, Harry –dijo-. Porque yo estoy a salvo, ¿sabes? Estoy a salvo, nada puede lastimarme.

-¡Yo voy a lastimarte! –gritó Harry-. ¡Ahora mismo, voy a matarte!

-Matarás a Ron –dijo la voz de Ron, y eso era exactamente lo que Harry quería oír antes de tomar la decisión de abalanzarse sobre el chico con toda su ira-. Pero no a mí, Potter, porque yo estoy a muchos kilómetros de aquí.

Esto último lo dejó desconcertado, muy desconcertado.

-¿A kilómetros? Pero… No hay forma de que alguien controle un cuerpo a kilómetros de…

De nuevo, Ron se reía maliciosamente.

-Imperius –dijo Harry, entendiendo-. Lo pusieron bajo el maleficio Imperius… Soy un tarado, era tan simple.

-Todo este tiempo, Potter –dijo la voz de Ron-. Desde hace meses que tu amiguito no es más que una marioneta mía, y créeme que he disfrutado controlándolo.

-¿Cómo lo hiciste? ¿Quién eres?

-Ron vino a mi casa una noche… A una fiesta. Se había enojado contigo y con la muerta…

-¡NO LA LLAMES ASÍ! –horrorizado, Harry volvió a ser consciente de que Hermione seguía muerta, de que no la habían salvado. Pero ahora no tenía a nadie a quien atacar, porque el o la responsable de aquello no estaba en esa habitación, sólo utilizaba el cuerpo de Ron para hablar, matar y hacer lo que le diera la gana, mientras lo controlaba desde la comodidad de un sillón en su casa, quizás.

-Luego de la fiesta, se empezó a llevar bien con nosotros –continuó la voz de Ron-. Lo invitamos otro día y vino, y entonces le eché el maleficio Imperius… Sí, Harry, soy Janine Abbott. Quizás era hora de presentarme apropiadamente. Mi amiga Miley y yo somos Mortífagas, como nuestras madres. Parvati y Lavender también están bajo el maleficio Imperius hace mucho tiempo, las usamos para atraer a Ron con nostras, diciéndole que éramos amigas… Al principio seguíamos órdenes del Señor de las Tinieblas, para llegar a ti por medio de él. Luego tú te entregaste para el torneo, así que ya no hacía falta, pero seguimos adelante con él, sólo por diversión. Me reí mucho la primer noche, luego de que conseguimos drogarlo. Ron no tenía ni idea de lo que es el Abracadabra, pero fingió que sabía de qué se trataba y luego se puso aún más divertido. Y la otra noche, luego de que se mostrara tan preocupado por mí y mis problemas (siempre me he enorgullecido de mis dotes actorales), finalmente me lo llevé a la cama. Me estaba riendo como nunca, pasándolo de maravillas con él, pensando en si el Señor de las Tinieblas me dejaría torturarlo hasta la locura cuando te matara a ti en el torneo. La noche que te escapaste hicimos que Ron montara una escenita de enojo con ustedes en lo del tal George, luego de verlos escapar del torneo con vida, pero porque aún el Señor de las Tinieblas no nos había renovado la misión, la verdad fuimos poco conscientes, estábamos tan drogadas… La cuestión es que si, lo admito, recibimos un regaño por no usar a Ron en ese momento para atraparte, pero luego pusimos más esmero y quisimos hacerlo. ¿Sabes, Potter? Casi te atrapamos… En esa fiesta, cuando te vimos en la disco muggle, estuve a punto de mandar a Ron para que les pidiera reconciliarse, y así lograr infiltrarlo con ustedes donde sea que fueran. De nuevo cometí un error, porque me dije a mí misma, ¿para qué hacer eso? Si ya te teníamos, ahí en la disco, no ibas a ir a ningún lado. Así que llamé al Señor de las Tinieblas… Pero tú y la muerta se fueron de allí antes que él llegara, y no pudo agarrarlos. Y sí, pagué mi error, pero seguí estando a cargo de la misión. Y esta noche, finalmente, te tengo, Potter. Aún me río de cómo fuiste solito hasta tu muerte, hasta Hogwarts, hasta la Cámara Secreta donde han puesto a varias serpientes en las tuberías, aparte de esta, Nagini. Serpientes que, según órdenes de mi amo, son enviadas arriba para torturar a los alumnos a veces… Menos Nagini, claro, por quien tiene un afecto especial. Pero, en fin, ahora sal de ahí y mata a Ron. Hazlo con gusto, ¿quieres? Véngate, pásalo bien, yo sólo me reiré más y más. Ya le he advertido a Snape que estás en el castillo, así que de cualquier forma morirás pronto, y yo seré recompensada. Y, lo que es más importante, ¡me reiré mucho!

Y volvió a escucharse la horrenda risa de Ron, que era en verdad la risa de la desquiciada Janine.

-Eres una enferma –dijo Harry, pensando a toda velocidad-. Pero no entiendo una cosa, cuando controlas a Ron desde la distancia, tus reflejos para los ataques no deben ser muy buenos.

-Bueno, verás… -empezó ella, pero Harry salió en ese momento, aprovechado que ella debía estar pensando una respuesta, apuntó a Ron y gritó:

-¡Desmaius!

Ron, que había bajado mucho la guardia, cayó hacia atrás inconsciente. Entonces Harry actuó a toda velocidad: Se quitó del bolsillo el bolsito de cuentas, gritó "¡Accio sombrero seleccionador!", se lo puso en la cabeza, sacó la espada de Godric Gryffindor y partió a la mitad a la serpiente, que en ese momento trataba de alejarse. Los dos pedazos de Nagini volaron en direcciones opuestas y Harry sintió algo pesado en el estómago que no tenía que ver con el dolor por lo de Hermione, era como si una parte de su alma sufriera un daño, pero una parte más oscura que la que sufría por su novia...

-Wow –musitó Luna, impresionada, ante la actuación de Harry.

-Rápido, llevémoslo arriba –dijo Harry, tomando las piernas de Ron mientras Luna lo ayudaba con la parte de los hombros-. Snape puede venir en cualquier momento.

Juntos subieron a Ron hasta el baño de Myrtle la llorona y lo escondieron con cuidado en uno de los vacíos cubículos. Entonces oyeron ruidos y se ocultaron. Harry vio al Harry del pasado salir de donde ellos habían salido momentos atrás, y dirigirse hacia la puerta del baño, destrozado, al tiempo que se ponía la capa para hacerse invisible.

-Rápido, Luna –dijo Harry, cuando el otro Harry abandonó el cuarto. Metió la mano en el bolsito de cuentas, pero esta vez sacó el giratiempo-. Vamos a volver de vuelta y salvarla…

-Harry…

-Basta, Luna, esta vez lo haremos bien.

-Harry, no puedes. Va contra las leyes de…

-¡Si puedo! –le gritó Harry, enfurecido. Le temblaba tanto la mano que se le cayó el giratiempo, golpeó contra la cerámica y estalló en mil pedazos. -¡NO! –Harry se agachó y tomó los pedazos de oro circular, luego el reloj de arena, que se había partido y su arena estaba en el suelo… -Tiene que poder arreglarse… Luna… Luna, ayúdame…

Luna lo abrazó. Harry volvió a llorar. Lloró más y más fuerte, otra vez. No le importaba haber matado a Nagini. No le importaba que Ron fuera inocente, que lo hubieran salvado y que pronto, quizás, volvieran a ser amigos. Nada de eso importaba porque Hermione estaba muerta, y ahora no había forma de salvarla. O quizás nunca había habido forma de salvarla, porque cuando salvaron a Sirius volviendo en el tiempo en tercero él no había muerto aún. Recordó algo que había oído: "Ninguna magia puede traer de vuelta a los muertos. Ninguna". Quizás por eso la serpiente los había inmovilizado contra el suelo. Aunque consiguieran otro giratiempo y regresaran, siempre pasaría algo que les impediría que la salven, porque una vez que un mago muere no hay nada que se pueda hacer para revivirlo. Ni siquiera volver en el tiempo…

Y eso lo hizo llorar más. Y perdió el control. Y lloró más fuerte. Y Luna creyó que se desmayaría. Y se desmayó.


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Uff tengo tanto que decir…

Gracias a cualquiera que sea que lea, sea que comente, agregue a favoritos o no, da lo mismo! :p thank youuu i love people reading what I write lol

Spanish mode on: ahí está mejor. Bueno, decía, ejem, este es el último cap de la parte 2. Respecto a la parte 3, les cuento que se llamará "La humedad de Hermione asciende". NO SE PREOCUPEN, no será un crossover entre Harry Potter y la película de Batman, aunque claramente el título lo puse en parodia/referencia a la peli jaja No pude evitarlo, se me hizo tan gracioso…. De repente estaba haciendo no sé qué cosa y pensaba, ahh voy a ponerme a escribir 3 partes.. la tercera, cómo se llamará? Humm pensé títulos como: "La sexualidad de Hermione", "La prostitución de Hermione", "La homosexualidad de Hermione" y creo que también se me había ocurrido "El orgasmo de Hermione" (oookey, ya vemos por donde viene la mano). Jjaja, pero al final se me ocurrió esto xq estaba pensando en Batman y jaja, fue muy graciso (que tarado, me río solo) es que primero lo pensé y después caí en la cuenta del significado de la frase y uff. . cuánta risa. Bueno después de todo el drama en este pensé que ese podía ser algo así bien cómico, mucha comedia…

Ahora sí que me excedí con los comentarios, pero da lo mismo. Falta el tercer comentario y ya dejo de abusar de esto usando la página a modo de diario jajja. Bueno el comentario es que desde el primer cap de este fic que vengo guardando un súper secreto, yeahh y voy a revelarlo: Tananann (redoble de tambores)… Si leen todos los títulos de los capítulos seguidos, desde el primero hasta el último, que sería este, se forma… UN POEMA! Sorpresa! Jaja no sé por qué tuve esa idea.. xD bueno aquí está:

Rodeada por la noche

Después de la muerte

de su inmadurez y sus temores,

después de todo lo sufrido,

Su gloria florece

La debilidad de Hermione

La única en su esencia

Placer y perdición

Lluvia atroz,

Es ese amor su existencia

Pero el sol siempre sale,

Luego de la noche más oscura

Develando el problema

Trae en palabras lo que abandona el dilema

Presta los versos para este poema

Pensé que sería divertido, aunque hacia la mitad empecé a arrepentirme porque cada vez era más difícil que las frases del poema guardaran relación con los capítulos… eeen fin, el poema vendría a hablar del amor que siente Hermione… (¿en serio? ¡No me digas!) jaja y ahora sí que he batido el récord de comentarios extensos. Aquí el cap! Creo que no pondré más comentarios al final porque ya he dicho muuucho, así que, gracias por haber esperado tanto por el fic, y tengan MUCHOS ORGASMOS.

-Vamos, Harry…

-No.

-Vamos. Tienes que ir a matar a Voldemort.

-No quiero.

-Harry, por favor… -Luna tiraba de él. Los dos estaban bajo la capa para volverse invisible, que habían recuperado del suelo de la Cámara Secreta, mientras iban a buscar el cuerpo de Hermione… Luego Harry había decidido que no quería moverlo de allí, no quería sacar el cuerpo de la Cámara porque tenía miedo de lo que los Mortífagos que controlaban el castillo podían hacer con él si lo descubrían. Había envuelto a Hermione en varias sábanas que sacó del bolsito de cuentas, llorando a lágrima viva, la había dejado lo más cómoda posible en el suelo de la Cámara Secreta, había matado a absolutamente todas las serpientes que vagaban por allí para que no generaran ningún disturbio en el sueño de la chica y le había aplicado tantos encantamientos protectores alrededor del cuerpo que se dio cuenta que ni siquiera se había esmerado tanto cuando se escondían con la carpa. Una vez que acabara aquello, le haría el mejor funeral del mundo, se lo había prometido, y si él no sobrevivía, lo cual era muy probable (y secretamente ansiado por él), Luna tenía instrucciones de decirle a alguien más dónde se hallaba el cuerpo. Y también, por si acaso algo le pasara a Luna, ya estaba planeando revelarles la ubicación a todos los chicos del ED. Era allí a donde se dirigían en ese momento, a reunirse con ellos, pero Harry se había quedado de pie en medio del pasillo del quinto piso, con la mirada perdida.

-Harry, ya has destruido todos sus Horcruxes –le dijo la chica, dulcemente-. Lo has hecho mortal. Ahora es el momento para batirte a duelo con él.

-No puedo hacerlo –Harry se sentía incapaz de cualquier cosa. Sólo quería lanzarse a un agujero y morir. –Desearía que fuera otra cosa… Que no tuviera que batirme a duelo, ni moverme… Que tuviera que rendirme.

-¿Harry?

La voz que vino desde detrás de ellos hizo que giraran bruscamente, ambos. Se llevaron una sorpresa tremenda al ver de pie ante ellos a Severus Snape.

-¿Cómo lo supo? –susurró Luna, aferrándose a la tela de la capa con miedo.

-Sé que están bajo la capa, los escuché hablar y les veo los pies –dijo Snape-. ¿Les importaría acompañarme a mi despacho?

-Nunca –dijo Harry, quitándose la capa, con una súbita y repentina sensación de odio renovado. Tenía la oportunidad de desquitar su sufrimiento con alguien, con otro asesino. –Primero voy a matarte.

-Estoy de tu lado, Harry –dijo Snape, mientras Harry levantaba la varita y le lanzaba un maleficio Imperdonable tras otro, pero el director los repelía con vagos movimientos de varita. -¿Ya terminaste?

Harry lo miró con odio, respirando agitado.

-Por aquí –le dijo Snape, y los dos chicos fueron tras él. Llegaron a la escalera en forma de caracol y subieron al despacho que solía ser de Dumbledore. En el camino, Harry le lanzó varios Cruciatus más, pero el profesor daba una sacudida con la varita cada vez que veía la luz de uno, mientras seguía caminando con tranquilidad, y así se los quitaba de encima con facilidad. –Siéntense –les dijo, cuando entraron. Harry dejó de tratar de matarlo cuando vio a Ron, inconsciente, recostado sobre una silla en otro extremo del despacho.

-¿Qué hace él aquí? –preguntó Harry-. ¿Cómo supo usted…?

-¿Cómo supe que lo dejaron en el baño? –Snape estaba sentado en la silla ornamentada de Dumbledore, y eso le daba rabia a Harry-. Pues, los vi salir de allí poniéndose la capa a toda prisa, entré, abrí una puerta y lo vi. No es como que se hayan esmerado demasiado en esconderlo de la vista…

-Está bajo un maleficio Imperius –dijo Harry, con furia-. Usted puede matarme, hacerme lo que quiera, pero si le hace algo a Ron su amo se enojará porque tenía planes con él…

-Harry, estoy de tu lado –repitió Snape, mirándolo a los ojos. Entonces le explicó todo lo que ustedes ya saben, que planeó la muerte de Dumbledore con él, que estaba enamorado de Lily, todo. Cuando terminó, Harry se debatía entre si creerle o no, porque su historia era muy convincente y tenía sentido.

-¿Usted mató a Dumbledore porque él se lo pidió?

-Sí, y traje a Ron aquí para quitarle el maleficio Imperius. No es tan fácil como creen, pero ya se lo quité y despertará en cuestión de minutos. Y hay algo más, Harry, algo que debo decirte…

-¿Qué cosa?

-La noche en que tus padres murieron, el maleficio asesino rebotó contra ti. Una parte del alma del Señor de las Tinieblas se desprendió de su cuerpo y fue a parar a la única cosa viva que había en el cuarto… Un cachorro pequeño que te había regalado tu madre.

-¿Cómo dice?

-Estoy bromeando –Snape sonrió, y eso resultó extrañísimo-. Se metió en ti, Harry, tú eres otro Horcrux. El último.

-No le creo –le dijo él-. Sé lo que quiere hacer. Inventa todo esto para que me entregue a Voldemort y él me mate, pero si piensa que soy tan estúpido…

Resignado, Snape sacó el pensadero, los metió en él y le mostró todo a Harry, para que le creyera. Cuando salieron, Ron había despertado y los miraba horrorizado. Harry tuvo la oportunidad de ver a su amigo, de verlo a él realmente, por primera vez en mucho, mucho tiempo.

-Harry –dijo él, que miraba todo a su alrededor con terror, luego se miró sus manos y se quedó contemplándolas, y Harry vio que unas gruesas lágrimas empezaban a caer sobre ellas-. Estuve afuera, ¿verdad? –Harry no comprendía qué quería decir-. Hice cosas horribles, ¿verdad?

-Estuviste bajo el maleficio Imperius.

-Lo sé… -Ron estaba tan confundido como horrorizado. Se agarró la cabeza con ambas manos y cerró los ojos un momento. Luego los abrió de golpe y empezó a gritar. -¡NO! ¡NO! ¡NOO, DIOS, NO! Fue real… Fue real… Lo sé, fue real, yo... Y yo lo he hecho. Oh, no, yo la maté. Yo la maté, Harry, ¡YO LA MATÉ!

Se derrumbó. Cayó al suelo tirándose del pelo y siguió gritando. Harry se lo quedó mirando con lástima. Una parte de él quería decirle "sí, Ron, tú lo hiciste", porque le costaba sacarse de la cabeza las miradas de repugnancia en la cara de Ron y sus risas macabras, aunque no fueran suyas. Le costaba borrarse esas cosas de la cabeza así como así.

Snape lo miraba con algo extraño en los ojos… Después de lo que acababa de ver en el pensadero, Harry dedujo que sería tristeza, porque Snape debía sentirse identificado con Ron. La culpa, la muerte de la mujer amada…

Pero nada de eso le importaba. Qué carajo importaba que Snape fuera bueno, que Ron fuera bueno, que años atrás el profesor se hubiera enamorado de su madre. Todo eso no le importaba en lo más mínimo. Nunca más volvería a importarle nada de la vida mortal en la que se encontraba, nada. Entonces recordó lo que Snape había dicho.

-Debo morir –dijo-. Debo entregarme a Voldemort para que me mate. Soy el último Horcrux.

Snape apartó la mirada de Ron, que seguía gritando y llorando en el suelo, miró a Harry y asintió.

-Lo haré con gusto –dijo Harry, decidido-. ¿Puede hacerlo Ron?

-¿Cómo dices? –Snape no entendía.

-¿Puede ser Ron quien me mate? Lo obligaron a hacer un Juramento Inquebrantable, que incluía matarme. Si no me mata él, entonces morirá.

-¡No, Harry! –dijo Ron, poniéndose de pie a toda velocidad y lanzando lágrimas por el aire-. ¡De ninguna manera! ¡Pero qué dices, ¿dar tu vida por mí?! ¿Después de lo que hice? ¡Prefiero morir mil veces, y dejarte vivir a ti! ¡¿Cómo te sentirías tú si tú hubieras sido quien...?!

-No lo digo para salvarte –le dijo Harry con más violencia de la que hubiera preferido mostrar-. Es que tengo que morir de todas formas. Soy el último Horcrux, tengo que morir para que matemos a Voldemort.

-Me alegra ver como todos están tan dispuestos a entregar sus vidas –dijo Snape-. Pero debe ser Voldemort quien te mate, Harry.

-¡No!

-Es la única forma de que el pedazo de alma en ti se destruya realmente.

-¿Por qué? ¿Por qué no sólo me atraviesa Ron con la espada de Gryffindor, de la misma forma en que hemos destruido los otros?

-No lo sé, Potter, recuerda que sólo sigo las indicaciones de Dumbledore. Él quería que fuera Voldemort quien lo hiciera.

-A la mierda Dumbledore –se quejó Harry-. Lo que está diciéndome es que todo esto terminará con nosotros tres muertos, Ron, Hermione y yo. Ron por no haber cumplido su Juramento. Pero claro, seguro todo eso no le importa a Dumbledore. Todo sea "por el bien mayor".

-Harry, yo quiero morir –le aseguró Ron, que nunca en la vida había tenido un aspecto peor, tan demacrado-. Ya deja de preocuparte por eso. Ve y hazlo rápido. Así todo terminará de una vez. Sé cómo funciona esto, porque recuerda que la mitad de mi familia murió hace meses. Primero sufres, pero es sólo una capa de sufrimiento exterior, porque tu corazón aún no se ha enterado de lo ocurrido. Sólo espera unos días a que tu corazón realmente se entere de lo que ha pasado… No hay dolor peor que eso. Quiero irme antes que eso pase. Hazlo ahora, y nos iremos juntos. Iré a tu lado.

-Quiero que le den un entierro digno, el mejor –le dijo Harry a Snape, y sintió cómo las lágrimas salían de él haciendo que los ojos realmente le dolieran, un dolor físico, no mental-. No quiero que nadie se preocupe por mí, sé que todos se lanzarán sobre mí por ser famoso y querrán enterrarme junto a Dumbledore aquí en Hogwarts, o cosas así. No me interesa eso. Láncenme a los lobos, pero a Hermione deben darle los más altos honores. Es mi último deseo. Está en la Cámara Secreta, oculta por varios hechizos.

-De acuerdo –dijo Snape-. Yo también haré mi parte, Potter, haré lo imposible por matarlo una vez que te hayas ido… Una vez que sea mortal.

Pero Harry no lo escuchaba. Había salido afuera y bajaba ya las escaleras. Ron iba tras él. Cuando llegaron abajo, escuchó un montón de llantos que hasta ahora no había oído, con una voz mucho más aguda que la de él o Ron. Al darse vuelta, sorprendido por eso, vio bajar a Luna a toda prisa, que estaba toda roja y lloraba a los gritos cuando se lanzó a abrazarlos. Se había olvidado de ella, y se sintió culpable por eso mientras le daba un beso en la cabeza en señal de cariño, sobre su pelo rubio, y le devolvía el abrazo. Finalmente ella los dejó ir.

Entonces empezaron a alejarse por el pasillo, lado a lado. A Ron le daba lo mismo que lo mataran antes que a Harry o después, producto del encantamiento. Y Harry no estaba sorprendido de descubrir que la perspectiva de morir lo había llegado a emocionar ligeramente…

-¡Potter, espera! –gritó alguien tras ellos. Se dieron vuelta y vieron que Snape se acercaba, ondeando su capa negra con soltura-. Tonto de mí, olvidé decirte lo último que me pidió Dumbledore.

-¿Algo más? –preguntó Harry, con rencor en la voz.

-Sí, me dijo que te diera esto –y sacó de un bolsillo de su túnica una llave dorada-. Esta llave abre el último cajón del armario en el despacho de Dumbledore. No tengo ni idea de qué hay allí, porque aunque la tuve todo el año no he espiado ni una sola vez. Lo que sea que está allí es tuyo y sólo tuyo, y el director quería que lo tuvieras antes de morir. Puedes ir ahora a buscarlo.

-De acuerdo. Volveré en unos minutos, Ron.

Veinte minutos después, tanto Harry como Ron habían bajado a los jardines. Muchos alumnos y profesores los habían visto, pero ellos se limitaron a saludar a los primeros con vagos ademanes y a aturdir a los segundos con vagos hechizos, mientras se abrían paso y llegaban a los terrenos del castillo. Era extraño, porque no había ni una nube en el cielo y era una tarde espléndida, con mucho calor por primera vez en lo que iba del año. Y ellos se pararon en un punto cerca del lago, miraron el hermoso castillo que se alzaba ante ellos, el bosque a lo lejos, y esperaron. Esperaron a morir.

De pronto, mucha gente salía del castillo, cada vez a más velocidad. La noticia se había corrido rápido, y los alumnos salían a toda prisa para reunirse con Harry. Todos lo saludaron con alegría, pensando que había venido a desatar alguna batalla, que estaba allí para salvarlos. Él apenas los saludó con amargos movimientos de cabeza.

Y no tardó en ocurrir. Uno de los Mortífagos a quien habían aturdido debió haberlo llamado, o quizás el mismo Snape, para mantener su papel de agente doble. La cuestión es que las verjas del castillo se abrieron y Voldemort en persona empezó a caminar hacia ellos, bajo el sol. Venía con un séquito de Mortífagos, entre los que estaban Yaxley, Selwyn y Janine Abbott. Los alumnos, que segundos atrás saludaban a Harry y le decían que lo ayudarían en lo que sea, se apartaron bruscamente hacia el lado opuesto a la entrada al colegio, dejando a Harry y Ron solos, delante de todos los demás.

Voldemort sonreía, mientras iba hacia ellos. Se detuvo a varios pasos de Harry y lo miró con curiosidad. No dijo nada, ningún discurso, nada por el estilo. Levantó su varita, apuntó al pecho de Harry y exclamó: "¡Avada Kedabra!"

Y Harry cayó al suelo. Voldemort también. Todo se volvió blanco. Harry abrió los ojos, se puso de pie y estaba en un lugar todo blanco, y Hermione estaba allí.

-Hermione…

Se acercaron. Se besaron. Ella lo rodeó en brazos y lo miró a los ojos. Le dijo que todo estaría bien, le dijo que lo amaba muchísimo. Se besaron más y más. Todo era como un sueño, pero también era real. Y entonces Harry tuvo que volver…

Estaba de vuelta en el suelo, en los jardines. Voldemort se ponía de pie. Harry también se puso de pie, y todos alrededor lanzaron exclamaciones de asombro.

-¡No puede ser! –bramó Voldemort, ahora furioso. En ese lapso de tiempo que había pasado todos los Mortífagos y profesores del castillo se habían unido a la muchedumbre también. Todo el mundo estaba allí afuera, en un círculo enorme, mirando con mucha sorpresa. -¡Te he matado! ¡Esto es imposible!

-No lo es –le dijo Harry, con calma. Miró a su lado y su corazón le dio un vuelco. Ron había caído al suelo, y estaba desplomado boca abajo. Y supo que había muerto, porque durante ese breve instante transcurrido Harry había muerto, y no había sido Ron el autor del asesinato, lo que ocasionó que el Juramento Inquebrantable lo matara a él. Pero trató de no pensar en eso y volvió a dirigirse a Voldemort. –Verás, yo no puedo morir, Voldemort. ¿Quieres intentarlo de nuevo?

Y entonces Harry sonrió de oreja a oreja, por primera vez en muchas horas.

El rostro de Voldemort se contorsionó con ira. Ya era mortal. Ya no quedaba ningún Horcrux, y Harry volvía a ser un mago normal con su alma íntegramente suya. Voldemort lo apuntó con la varita, hecho una furia.

-¡AVADA KEDABRA!

El rayo de luz verde salió de su varita y golpeó a Harry en el pecho. Pero no pasó nada. Harry se quedó de pie, intacto, no se movió ni un centímetro. Estaba sano y salvo, aún sonriendo.

-¡NO! –entonces el rostro de Voldemort se llenó de terror-. ¡NO! ¡No existe nada, nada que pueda hacer… Los Horcruxes son lo único… tú no puedes ser inmortal! ¡AVADA KEDABRA!

Pero el maleficio no le hacía nada a Harry. Ni siquiera le alborotaba el cabello.

-Parece que he llegado a superarte en el camino a la inmortalidad, Voldy –dijo Harry, y le guiñó un ojo. Voldemort estaba aterrado. –Sin embargo, los Horcruxes no son mi estilo. Demasiado… fáciles de destruir.

Y se miró las uñas, como comprobando si tenía bien hecha la manicura, porque sabía que eso irritaría a Voldemort.

-Esto es un truco –dijo él-. Alguien me está jugando una broma, eres un holograma o algo así, no eres real. Quien sea que haya hecho esto…

Harry rió, levantó su varita y le lanzó un maleficio aturdidor a uno de los Mortífagos, con pereza.

-¿Lo ves? Soy real.

Voldemort, entonces, cayó de rodillas al suelo. Estaba estupefacto, como todos los demás, y parecía al borde de la locura.

-Ya no te quedan Horcruxes, por cierto –le dijo Harry, como comentando el clima. Entonces levantó la varita y la dirigió hacia él, que empezó a temblar y se tapó la cara con las dos manos, aterrado.

-¡No me mates! –chilló Voldemort. Era lo más patético que Harry hubiera visto nunca. -¡Si me arrepiento, los Horcruxes volverán a mí y tendré una sola alma otra vez! ¡Oh, sí, haré eso! ¡Oh, estoy tan arrepentido…!

Pero no pasó nada. Aunque se hubiera arrepentido en serio, cosa que estaba muy lejos de la realidad, ya no quedaban Horcruxes para que volvieran a él. Harry rió aún más fuerte.

-Patético… -dijo, miró a sus compañeros de Gryffindor, que estaban todos pálidos, y les guiñó un ojo. -¿Ya has terminado de llorar, Voldy? ¿Quieres saber cómo logré mi inmortalidad?

Voldemort se puso de pie, lo miró y asintió enérgicamente.

-Dime, Potter, dime… -parecía un perrito que pedía un hueso con vehemencia.

Harry, lentamente, metió una mano bajo su túnica, y sacó la capa para hacerse invisible, brevemente, la acarició unos instantes y volvió a guardársela. Luego levantó la varita que llevaba en la mano para que él la viera, pero no era la vieja varita de Selwyn, sino una nueva, más larga. Por último, le hizo un "fuck you" a Voldemort, y en el dedo mayor, que le levantaba con rebeldía, centelló un anillo con una piedra oscura.

-Soy el amo de la muerte –dijo Harry, simplemente.

-¿Qué?

Voldemort no entendía nada, estaba estupefacto.

-Así es, Voldy –Harry lo miró a los ojos-. Reliquias de la Muerte, ya sabes… si tienes las tres, te conviertes en el amo de la muerte. Dumbledore tenía dos, una en su despacho y otra en su mano continuamente. La tercera me la dejó a mí, nunca me la pidió porque no tenía intenciones de ser amo de la muerte. Desde que consiguió el anillo, él sabía que sólo tenía que pedirme la capa para serlo, pero no quiso. En cambio, me dejó el anillo y, antes de que Snape lo matara, encomendado por él, guardó su varita también en un cajón, y todo me lo dejó a mí. Porque quería que yo fuera el amo de la muerte, para poder destruirte. Y, ¿sabes? Creo que voy a llamarla ahora mismo. Ya me aburrí de verte.

Harry cerró los ojos y entonces todo el cielo se oscureció. Se oyó un relámpago a lo lejos y un rayo de luz salió de entre dos nubes y cayó sobre Harry. Todos gritaban y se apartaban, algunos hasta salieron corriendo; pero Voldemort contemplaba a Harry con mucho horror, inmóvil. Entonces apareció, caminando desde otra parte de los terrenos del castillo: La Muerte, con su capa negra y su bastón, se acercaba hacia ellos, caminando. Todos gritaron aún más, y ya quedaron pocos viendo lo que pasaba, porque la mayoría de la gente huyó al castillo, algunos se quedaron mirando por las ventanas, desde adentro, temerosos de estar cerca. La Muerte fue derecho hacia Voldemort.

-¡NO! –chilló él, tratando de apartarse-. ¡Piedad! ¡Piedad!

Harry rió. La Muerte se detuvo, inclinó la cabeza hacia Harry, negó varias veces y luego se dio una palmada en la frente que decía claramente "patético", mientras Voldemort se ponía a llorar. Harry se cruzó de brazos y miró, con bastante asco, la lastimera y sollozante figura de Voldemort. Casi se compadeció de él…

La Muerte lo aferró con una mano esquelética y de pronto el suelo tembló. Voldemort chilló con su aguda voz mientras su cara de serpiente se desintegraba en el aire y se esfumaba. Murió dejando tras de sí sólo una nube de polvo. Ya ni alma le había quedado…

-Gracias –dijo Harry, mirando a la Muerte con respeto-. Me gustaría pedirte algo más… -y ahora se puso serio, porque lo de Voldemort había sido como un juego, pero ahora llegaba la parte que a él le interesaba más-. ¿Puedes traerlos de vuelta? ¿A Hermione? ¿Puedes traerla?

Se puso triste mientras lo decía, porque pensó que quizás la Muerte no le concedería su deseo, aunque fuera su amo. Ésta se acercó a él, y habló con una voz grave y temible:

-Sólo a aquellos que así lo deseen.

Y entonces desapareció. Todo seguía oscuro, y aún había un rayo de luz que caía desde el cielo, entre las nubes, directo sobre Harry. Y el suelo empezó a temblar. De pronto, Harry vio que miles de aves doradas cruzaban el cielo, salidas de la nada misma, y los árboles del bosque prohibido se sacudían. Se escuchaba una especie de coro angelical… Y entonces Ron se puso de pie, a pesar de que Harry sabía que momentos antes había muerto. Y no fue el único. Surgían figuras desde la tierra, creciendo de ella como si se tratara de plantas en un video acelerado en el que se las veía crecer a toda velocidad. Y distinguió algunos rostros familiares: Hannah Abbott, Ojoloco…

Todos ellos habían surgido del suelo excepto Ron, que al haber muerto hace poco sólo se había incorporado en el lugar, como si sólo lo hubieran aturdido. Los demás parecían muy confundidos, como si acabaran de despertar del sueño más largo de todos, y se miraban con asombro, a ellos y a todo a su alrededor.

Se hizo de día de nuevo. Dejaron de oírse truenos. Harry miró alrededor. Los Mortífagos huían de él y de los resucitados, espantados, o casi todos. Janine se había quedado petrificada, mirando a Hannah, sin poder creerlo.

Entonces fue que la mirada de la resucitada Hannah Abbott se encontró con la de su hermana.

-¡Tú! –Hannah empezó a caminar hacia ella, con el rostro contorsionado por la ira.

Janine abrió grandes los ojos y quiso correr, pero se tropezó. Hannah fue tras ella. Janine lanzó un chillido muy agudo mientras la veía acercarse, alzó las dos manos en el aire y las agitó ridículamente, mientras abría la boca todo lo que le era posible, cerraba los ojos con fuerza y chillaba más y más, aturdiéndolos a todos. Al parecer no se daba cuenta de que Hannah no era ningún ser sobrenatural con poderes superiores sino la misma chica que había sido siempre, un poco más enojada de lo usual. Ni siquiera tenía varita, pero entonces uno de los alumnos que se había quedado afuera le lanzó la suya: era Ernie; y la chica acuchilló el aire con furia, matando a Janine en el acto.

Y entonces apareció Snape, que se acercó corriendo hasta llegar junto a Harry, con su grasiento cabello ondeando al viento.

-¡Harry! –dijo, y le dirigió una amplia sonrisa-. ¡Ella… la estaba trayendo de la Cámara, como dijiste, y, justo recién, ella…! Bueno, ya lo verás por ti mismo.

Se apartó a un lado y el corazón de Harry se detuvo. Su mente quedó en blanco. Hermione estaba de pie en la entrada del castillo, y todo el mundo se volvió para verla. Tenía sus ojos clavados en Harry, y la mirada muy asustada.

-Hermione… -Harry no pudo evitar llorar de nuevo. Se tapó la boca con una mano mientras lloraba más y más, y le importaba un bledo que todos lo vieran. Empezó a caminar hacia ella, despacio, y ella hacia él… Y luego corrieron. Llegaron a donde estaba el otro y se abrazaron; Harry la levantó en el aire al hacerlo, le agarró la cara con ambas manos y la miró de lleno a los ojos, tratando de convencerse a sí mismo de que eso era real, de que estaba pasando, de que realmente era ella.

-Harry, no tengo idea de qué ha pasado –dijo ella, asustadísima. Tenía esa mirada tan suya…

Harry la besó, y siguió besándola, y no dejó de hacerlo. La abrazó y volvió a besarla, y todo el resto del mundo desapareció de su mente, incluidos Voldemort, la Muerte y cualquier otra cosa de las que había visto recientemente. Sólo había lugar para Hermione.

-¿Estás bien? –le preguntó-. ¿Eres real? –ella sonrió con tristeza y asintió-. ¿Estás completa? ¿Algo ha salido mal? ¿Te sientes… rara o…?

-Soy yo, Harry –dijo ella, tomándole una de las manos con que le acariciaba el rostro-. Y me siento perfectamente bien. Pero no recuerdo nada. Sólo que estaba… que estaba en la Cámara Secreta, buscando a Nagini, y luego aparecí en brazos de Snape… Y en el medio sé que pasó algo, pero… No, debió ser un sueño -sacudió la cabeza como para convencerse de que algo que le parecía demasiado increíble para ser real no había pasado-. ¿Estuve enferma o algo así?

Harry se puso a llorar tanto que creyó que nunca más podría volver a mirar a los ojos a ninguna de las cientos de personas que lo miraban, y aún así seguía sin importarle.

-No fue mi culpa –le dijo, entre lágrimas-. Lo de Ginny, no fue lo que creíste…

-Lo sé –le dijo Hermione-. Creo que siempre supe qué había pasado en realidad, pero estaba enojada y me fui…

Siguieron besándose y abrazándose un rato que pareció eterno. Entonces se separaron, finalmente, y Harry caminó hacia Ron, que los miraba a cierta distancia, tímidamente.

-Ven aquí, amigo –fue hacia él y lo abrazó, y Hermione lanzó un gemido y se puso a llorar muy fuerte también, mientras los miraba. De a poco la gente comprendió que los tres chicos tenían que estar solos, y empezaron a alejarse…

Se casaron sólo unas semanas después, una brillante tarde de Junio. La boda fue en medio de Hogwarts, porque todo el mundo mágico le debía la vida a Harry y el nuevo ministro, Kingsley, creó una ley que le permitía a Harry hacer lo que sea que le diera la gana. Así que los bancos en que se sentaban los invitados estaban en medio de los jardines, y Hermione bajó las escaleritas desde la puerta del castillo con un hermoso vestido blanco y el cabello resplandeciendo al sol, más producida que nunca, y todos se pusieron de pie mientras caminaba radiante hacia su novio. Harry estaba vestido de túnica de gala junto a Ron, que hacía a las veces de padrino, y Luna, la madrina, esperaba también cerca de ellos. Hermione llegó y se subió al estrado, y le tomó la mano.

Kingsley los casó. Harry quería que lo hiciera Dumbledore, pero el mago se rehusó a volver del mundo de los muertos. De hecho, aunque esos días usó su poder de amo de la Muerte para intentar traer a la vida a todos los que habían muerto alguna vez por su culpa o por culpa de la guerra, muy pocos de ellos aceptaron volver. Entre los que sí quisieron se encontraban Bill, que quería cuidar de Fleur, que nunca había visto a otro hombre luego de él, y lo recibió llorando incluso más de lo que había llorado Harry por Hermione; Lupin, que volvió para cuidar de Tonks y su hijo; y Fred, que dijo que, aunque del "otro lado" la vida era maravillosa, no sentía que hubiera hecho suficientes travesuras aquí.

Harry besó a Hermione en el altar, y todos aplaudieron y festejaron. Miles de lechuzas surcaron el cielo y dejaron caer de sus patas pétalos de rosas blancas sobre ellos. Hagrid y su hermano gigante aplaudieron desde la última fila con tanta fuerza que sus aplausos sonaban a cañonazos, y por un terrible momento que por suerte duró poco Harry recordó el torneo al que había ido meses atrás; pero luego miles de fuegos artificiales cortesía de Sortilegios Weasley (cuyo nuevo lema era, "volvemos del más allá para que puedas seguir haciendo de las tuyas") rompieron en ese momento en el cielo, y aunque era de día brillaron claramente y se convirtieron en mariposas de miles de colores, y Harry se olvidó de su pensamiento anterior y miró a Hermione, más feliz que nunca.

Se fueron del castillo en una limusina voladora. Harry había vaciado la mitad de su bóveda de Gringotts para poder pagar la luna de miel que, según él, seguía siendo menos que lo que merecía Hermione… No querían contratar choferes ni a nadie extraño, así que el auto lo manejó George, y, cuando llegaron a las islas Fiji, todos sus amigos y conocidos estaban allí, habiendo sido contratados por Harry como recepcionistas e instructores de surf, o barman, entre otras cosas.

-Es la mejor luna de miel que pudiera haber imaginado –dijo Hermione, estando los dos sentados en reposeras, con tragos frutales exóticos en la mano preparados por Bill y Fleur, mirando al mar, aunque no tanto como se miraban el uno al otro, muertos de amor. Les habían pagado suficiente a todos por sus servicios para que sus amigos no tuvieran que volver a sus trabajos tradicionales durante un año. Aunque muchos insistían en hacerlo gratis, Harry se aseguró de que todos recibieran sus pagas. Fred, en ese momento, hacía surf con su hermano; ambos habían acordado ser instructores de surf. El chico nunca había estado tan vivo y feliz, y su espíritu contagiaba. Aseguraba que recordaba todo lo que había pasado en el "más allá", aunque sus historias eran cada vez más trilladas y las versiones cambiaban, hasta el punto en que terminó diciendo que luego de morir todos vamos a parar a Magicnight, la disco de Hogsmeade, y que los tragos siempre son gratis y hay camareras con alas de ángeles.

Harry había destruido la Varita de Saúco y lanzado el anillo al Lago Negro. Lo había pensado mucho. Si bien le habían traído de vuelta a todos sus seres queridos, y le parecía egoísta guardarse eso sólo para él cuando debía haber miles de magos en el mundo deseando poder hacer lo mismo, en el cajón del despacho del director no sólo había encontrado las dos reliquias que le faltaban, también había una carta del director que decía que las usara sólo en aquella ocasión y luego las destruyera. Así que obedeció los deseos de Dumbledore.

Y luego de verlos a todos allí, realmente vivos, sin ninguna secuela, incluso más alegres que antes, llegó a una conclusión que lo sorprendió un poco: ¿Para qué sentirse mal por los muertos? ¿Para qué llorarlos? Ellos se la pasan de maravilla en el más allá.

-¡Apártense! –gritó entonces Fred, pasando a toda prisa junto a ellos con la tabla de surf bajo el brazo. Luego se oyó la voz de George, que corría a toda velocidad tras él.

-¡Eres un idiota! ¡Te dije que no usaras el conjuro para agrandar las olas!

Y Harry tomó a Hermione de la mano mientras una ola enorme rompía contra ellos. Cuando el agua se fue y pudieron verse el uno al otro, estaban empapados y Hermione tenía un alga en el pelo. Rompieron a reír y un rato más tarde fueron a su habitación de hotel.

-Voy a hacerte toda mía –le decía Harry entre risitas, mientras se acercaban y se miraban con deseo a los ojos. Hermione llevaba un vestidito blanco semitransparente sobre su bikini, y tenía el pelo aún revuelto y con sal de mar.

Se empezaron a besar, fueron despacio hasta la cama y entonces se abrió la puerta del baño y Ron salió, vestido de traje y corbata, con una pila de toallas en los brazos.

-¡Lo siento! –musitó, mientras se apresuraba hacia la puerta-. ¡Estaba cambiando las toallas! ¡Ya me voy!

-¡Claro que no te vas! –dijo Hermione riendo, y se acercó a él. Entonces se detuvo y miró a Harry. Él le lanzó una mirada alegre que decía "adelante, hazlo", y ella se volvió hacia Ron y lo besó. Fue como si nada hubiera cambiado. Los tres se juntaron y le hicieron el amor a Hermione. Terminaron en la cama toda la tarde, y ella no podía sentirse más cómoda que entre los dos chicos, mientras ellos le besaban cada centímetro de piel, le acariciaban el pelo y la envolvían con sus cuerpos.

Entonces Ron, de pronto, se apartó un poco, y parecía muy avergonzado.

-¡Oh, no! –dijo, angustiado-. No debí dejarme llevar. Ustedes se han casado, y esta es su luna de miel, y yo…

-No seas idiota –le dijo Harry-. Sabes bien que hubiéramos seguido juntos, los tres, si no fuera por… bueno, por lo que te pasó.

-No, no lo entienden –él de pronto se había puesto muy serio-. Yo los traicioné, incluso antes del maleficio Imperius. Fui a la casa de esos chicos y… y besé a esa chica y… y luego, luego me acosté con ella. Todo eso pasó antes de que me echaran el maleficio. Yo los traicioné, no merezco que me perdonen…

-Déjalo, Ron –le pidió Hermione-. Todos hemos hecho cosas así, este año, el año pasado… Pero ahora estamos juntos, y eso es lo que importa.

-Además –convino Harry-. Te habían drogado, amigo. Así que vamos, ven aquí. ¿Y saben qué? Si quiero puedo pedirle a Kingsley que cree una nueva ley que permita expandir un matrimonio a tres personas, ¡estos días me deja hacer lo que yo quiera!

Los tres rieron y volvieron a acurrucarse en la cama.

-Esto es genial –dijo entonces Hermione, sonriendo de oreja a oreja-. Todo ha terminado, finalmente. Ahora podemos disfrutar.

-Sí –convino Harry-. Ahora que nada nos ata a ningún tipo de obligaciones, somos libres de hacer lo que queramos, como viajar por el mundo… Este año podríamos hacer ese viaje que iba a hacer Dumbledore en su juventud, en el que recorres todo el mundo.

-¿Qué dices? –Hermione lo miró con el ceño fruncido-. Este año volveremos a Hogwarts.

-¿Qué? ¿Por qué? Tenemos oro, tenemos libertad, todos nos aman…

-¡Porque tenemos que terminar nuestros estudios! No vamos a abandonar faltándonos sólo un año. ¡Tenemos que hacer séptimo!

-Uff… mejor le pido a Kingsley que me regale el título y ya –comentó Harry. Entonces Hermione lo miró con seriedad, y se miraron así durante cinco segundos… y los labios de ella se curvaron en una sonrisa y empezó a estallar en carcajadas. Los tres rieron hasta el cansancio.