Disclaimer: Ninguno de los personajes de OUAT me pertenece, y cada una de las canciones presentadas son de sus respectivos autores.

"Notas Difusas Entre Mundos Discordantes"

Golden Time Lover

Aunque ni el sol ni la luna estén de mi lado,

"Debo intentarlo" me digo a mí mismo.

La situación es adversa pero huir sería cobarde,

Quizá no sirva de nada pero seré valiente para mantener fijo mi objetivo

¿Saborearé el licor de la victoria o la amargura de la derrota?

Una sonrisa igual a la de una diosa, he sido poseído por su encanto,

Cuanto más me llama más hondo caigo,

Una sonrisa que se ha apoderado de mi corazón,

Un sueño que no para de crecer. Ya nada puede detenerme.

Es como un increíble cuento de hadas grabado en la historia.

Aprovecharé esta oportunidad de oro,

Me pondré en marcha con rostro inexpresivo,

Arrastrando a todos a un mundo de ilusiones.

Encontraré la salida de este interminable juego de presión,

Y así superar el límite que me separa de la gloria.

¿Cuánto? ¿Cuál es el precio que tendré qué pagar?

¿Qué es lo único a lo que no puedo renunciar?

(Sukima Switch)


Belle despertó en una extensión interminablemente blanca, tan vacía que se sentía totalmente expuesta a la nada. Frente a ella un par de puertas de losa grabadas con incontables símbolos que por alguna razón sentía familiares.

-Oye –escuchó una voz a su espalda que la hizo estremecerse, cuando volteó sólo había una figura traslúcida cuyo único rasgo facial era una inquietante sonrisa.

-¿Quién eres?

-¿Quién? Bueno, eso es muy amable. Siempre supe que llegarías aquí.

-Eludes mi pregunta.

-Sólo soy yo, o nada. Soy la existencia que a ustedes les gusta llamar mundo, universo o posiblemente dios o la verdad o todo.

Belle lo miró fijamente tratando de respirar con normalidad.

-¿Dónde está mi esposo? –dijo con cautela causando una nueva sonrisa.

-Eres inteligente al no usar su nombre.

-Los nombres son valiosos y tengo la impresión de que tú sabes de costos.

-Pero tú no, o al menos te resistes al concepto del "intercambio equivalente"

-Mi esposo lo llama "pagar el precio"

-Si deseas comprenderlo todo, sólo tienes que empujar esa puerta.

Belle observó cuidadosamente cada grabado del muro tratando de descifrar cualquier indicio de estafa, sin embargo su instinto le gritaba que no lo hiciera.

-Si veo detrás habrá un precio qué pagar ¿verdad?

-Qué extraño, aunque tienes una curiosidad innata, no detecto esa ansiedad desesperada que usualmente acompaña a los alquimistas.

-Alquimistas, no yo no soy…

-Pero eso que llevas al cuello es una gran moneda de intercambio "querida"

-Has hablado con él…-el corazón de Belle se agitó con la preocupación de que Rumpelstiltskin hubiera tomado una decisión equivocada.

-¡Hey despierta! –una voz insistente la trajo abruptamente a la realidad. Fue cuando se dio cuenta de que sudaba y respiraba tan fuerte que le dolía el pecho.

-Trata de respirar más lento, la droga está en tu sistema así que necesito darte agua, pero si no te calmas no puedo hacerlo –Belle recordó sus días encerrada en una celda acolchada por Regina, odiaba tener la mente embotada, incapaz de aclarar sus ideas y que su cuerpo no respondiera cuando su cerebro ordenaba.

-¿Quién eres tú y…dónde estoy? –se las arregló para decir aunque su lengua estaba adormecida.

-Soy la oficial Riza Hawkeye, o al menos lo era antes de que nos dieran la bienvenida a la cárcel de Amestris –eso la hizo finalmente abrir los ojos enfocando a una mujer rubia de ojos castaño rojizo, su expresión era seria y preocupada.

-¿Y mi esposo?

-¿Tu esposo? No tenía idea de que el Teniente Goldwin estaba casado, de hecho pensábamos que había muerto en Ishbal –dijo dándole un vaso con agua.

Belle la miró tratando de comprender lo que esta mujer decía, así que trató con todas sus fuerzas en enfocarse y hablar con coherencia.

-Creo que no estoy al tanto de esa parte de su vida, -Belle escondió su rostro detrás del vaso.

-Teniente William Goldwin, lo último que se supo de él es que desertó del ejército antes de la masacre de Ishbal tildándolo de cobarde, luego nadie volvió a verlo.

Belle sintió que se ruborizaba cuando escuchó esa odiosa palabra otra vez, ¿este mundo era otro más visitado por Rumple en el pasado?

-Disculpa, no fue mi intención hacerte sentir mal, tal vez los demás también debimos seguir su ejemplo y enfrentar un tribunal por deserción a uno por crímenes de guerra.

-¿Crímenes de guerra?, no entiendo…

-¿Dónde has estado estos últimos años? Después de que el ejército derrocó al Führer se reveló la verdadera razón detrás de la masacre de Ishbal. Todo un pueblo fue sacrificado con tal de crear piedras de alquimia.

-La piedra filosofal… -la voz de Belle se quebró cuando sintió el estómago revolverse, instintivamente llevó su mano al collar, lo único que quería era separarse de él.

-La sangre de miles de ciudadanos crearon esas piedras a fin de aumentar los poderes de los alquimistas estatales, la gente aprendió a temerles por ello es que ahora un grupo de extremistas de Ishbal está exigiendo sus cabezas al nuevo Führer.

-Pero mi esposo…

-El Alquimista Oscuro, ese era su nombre como alquimista estatal…


-Hey, ya despierta hombre o te perderás tu propio fusilamiento –la gruesa voz de un hombre lo sacó de la inconciencia. Rumple despertó en el suelo de una celda (para variar) su chaqueta había sido doblada para que le sirviera de almohada. Entonces todo cayó en su cabeza como balde de agua helada.

-¿Dónde está mi esposa? –trató de levantarse de un salto pero una punzada de dolor proveniente de su maltrecho tobillo lo obligó a caer al suelo de nuevo.

-Tranquilo Goldwin, ella debe estar en el ala oeste con las demás… -Rumple se fijó en aquél sujeto sentado en la cuneta de la prisión, era un hombre joven de cabello negro, tez blanca y parecía estar ciego, pues sus ojos estaban velados de blanco. A pesar de su situación parecía muy despreocupado.

-Lo siento, no sé si sea la droga pero no creo recordarte.

-Es comprensible, cuando estábamos en Ishbal usted ya era el Teniente William Goldwin mientras que yo era un soldado más. Pero mi amigo Maes Hughes dijo que era un buen tipo, le sorprendió mucho la noticia de su deserción antes de la batalla.

"Cobarde una vez, cobarde siempre" pensó Rumple con una sonrisa irónica y dejando que su auto odio corriera como fuego a través de él.

Ambos permanecieron en silencio por un rato más hasta que una estrepitosa explosión sacudió los muros del lugar.

-¿qué fue eso?

-¿eso?, es nuestra señal de salida –El hombre se levantó colocándose su chaqueta.


Después de la primera explosión hubo una serie de otras más pequeñas y el corte de energía que les dejó en penumbras. Había ruidos afuera de gente corriendo y gritando órdenes, escucharon un golpeteo más cercano y gemidos de dolor, luego las celdas se abrieron creando más alboroto y confusión.

-Coronel Mustang, es un gusto verlo. –Rumple se sorprendió al ver que su salvador era un joven rubio de no más de 16 años de sonrisa inocente y ojos dorados –Teniente Goldwin un placer conocerle.

-Ya era hora Elric –Mustang salió de la celda y el joven le extendió el brazo para que se apoyara. –No olvides los guantes chico –el joven sacó un par de guantes blancos bordados con símbolos de alquimia que Mustang se puso de inmediato -Rumple también se puso de pie con la ayuda de los barrotes.

-Ahora tendremos qué correr

-No creo que sea una opción para mí –El chico se percató de su tobillo, juntó ambas manos como lo hizo el extraño que los había atacado y luego las dirigió a los barrotes, desprendió uno para formar un bastón provisional.

-Tome –le entregó a Rumple, luego volvió a palmear sus manos y las dirigió al suelo, el muro de su celda se derritió como si fuera arena movediza, afuera la oscuridad de la noche y el alboroto de las explosiones ofrecían una distracción perfecta.

-El coche está cerca…

-No me iré sin Belle –Rumple se dirigía al otro lado pero el joven lo detuvo con firmeza.

-El Coronel Amstrong está ocupado con la salida de los prisioneros del ala oeste, para este momento seguro que ella estará con la Teniente Hawkeye.

-Pero también irán tras ellas.

-Somos los prisioneros de mayor rango así que somos prioridad –dijo Mustang –nuestra preocupación ahora es salir de aquí. –Rumple estaba ansioso por ver que Belle estuviera bien…

-Señor le prometo que mi hermano mayor las sacara de allí y las llevara a un lugar seguro.

-¿Acero también está aquí? –preguntó Mustang sorprendido.

-Ya conoce lo testarudo que es.

-¿Tu hermano es una persona en quien puedo confiar? –preguntó Rumple con toque de ansiedad.

-No hay nadie en quien confíe más –los ojos de ese chico eran tan verdaderos que Rumple no vio ningún atisbo de engaño en él, así que asintió y caminaron hasta el coche.

Sin embargo cuando estaban a pocos metros estalló en llamas.

-¡Demonios! –masculló el joven.

-¡Alto! ¡Mustang no nos haga disparar! –los soldados llegaron apuntándoles con rifles, ellos corrieron hasta los restos del coche para cubrirse.

-Alphonse –Mustang susurró –corre y encuentra otro vehículo.

-Pero ustedes…

-No te preocupes, creo que los efectos de la droga están pasando y podré utilizar mi alquimia… -sonrió y el chico asintió.

-¿Qué hacemos mientras? –Rumple volvía a sentirse inútil como si hubiera vuelto a la Guerra de los Ogros, sólo que ahora en lugar de gruñidos bestiales podía escuchar el silbido de las balas pasar por encima de sus cabezas.

-No soy el Alquimista de Fuego por nada, sin embargo tendrá que ser mis ojos, guíe mi brazo derecho para crear distracciones en lo que viene Alphonse, no quiero muerto a ninguno de esos hombres.

-Claro…

-Es en serio, no quiero matar a nadie ¿oíste? Era famoso por su crueldad en el campo.

Rumple bufó cada vez más hastiado del tal Goldwin.

-¿estás listo o no? –preguntó arrastrándose hacia el otro lado de los escombros para tener una visión más amplia de la situación y sonrió al notar un polvorín lo bastante cerca, escuchó la recarga de las armas y dirigió el brazo de Mustang hacia él -¡Ahora!

Gritó e inmediatamente Mustang chasqueó los dedos haciendo explotar el polvorín, la onda expansiva hizo a los soldados caer pero sin herirlos demasiado, en eso llegó Alphonse con un carro, Rumple ayudó a Mustang a subir y luego entró cerrando la puerta, Alphonse pisó el acelerador a fondo.

-Wow, eso fue una explosión impresionante Coronel –sonrió Alphonse.

-El crédito no fue mío, parece que Goldwin tiene una gran capacidad estratégica –Rumple se mantuvo en silencio viendo por el espejo retrovisor como se alejaban de la gran llamarada hasta perderse en el horizonte. Rogó por que no pasara lo mismo con su Belle.


Estaban en el coche cuando una explosión retumbó a su espalda, Belle miró hacia atrás con las entrañas en un nudo.

-No… déjenme bajar, necesito saber si… -ella hizo el intento por abrir la puerta del coche pero la mano firme de Edward Elric se lo impidió.

-Ese debió ser el Coronel Mustang, no se preocupe, por el tamaño de esa explosión deben estar escapando ahora –Ella miró al chico que las había sacado de esa celda, sus ojos dorados mirándola con seguridad, a pesar de su corta edad ella pudo ver el rastro de una vida dura en ellos.

Edward miró aquellos ojos azules que parecían mirar hasta lo más profundo de su alma haciéndolo sentir incómodo, se apartó lo suficientemente rápido para que nadie notara su sonrojo.

-Abajo todos, cúbranse con las mantas –susurró Gracia Hughes que conducía su auto con toda la normalidad que podía tener una persona con tres fugitivos en la parte trasera.

-Señora Hughes qué hace tan tarde por esta zona, ¿no sabe que ha habido un disturbio en la zona de detención? –preguntó un soldado con el ceño fruncido.

-Lo sé Carl estaba ocupándome de unos asuntos cerca de allí y de pronto nos evacuaron a todos, ahora me dirijo a casa con Elysia.

-Muy bien, entonces sólo revisaré su vehículo y podrá seguir.

-En verdad no creo que sea necesario Carl –su tono no ofrecía dar lugar a discusión

-Lo… siento señora pero es mi deber… -tartamudeó un poco el hombre.

-Hughes siempre dijo que eras de los pocos hombres que se tomaba en serio su compromiso con la milicia –comentó como si nada -¿cuántas veces salvó tu vida Carl?

-Más de las que puedo contar señora –Carl susurró con la cabeza baja.

-Hey oficial, ¿qué está pasando ahí? –otro soldado se acercaba, Carl la miró por última vez y luego habló con firmeza.

-Todo en orden señora puede seguir su camino –el soldado se detuvo y vio alejarse el carro –Sólo estaba asegurándome señor, perdón por retrasar el flujo.

-No se preocupe, es mejor ser precavido.

Todos dieron un suspiro de alivio mientras se alejaban de la ciudad, cuando estaban en las afueras Gracia frenó y le cedió la conducción a Riza.

-Muy bien chicos, yo llego hasta aquí, el coronel Amstrong se asegurará de llevarme a salvo a casa.

-Gracia no sabes cuánto te agradecemos por arriesgarte así por nosotros.

-Ni lo digas Riza, nadie sabe mejor que yo lo mucho que les quería Hughes.

-Te juro que no te hubiera pedido nada si hubiera tenido más tiempo y más opciones –dijo Edward en tono de disculpa.

-Lo sé, sólo promete que tú y Al vendrán más seguido para visitar a Elysia, ella los extraña mucho.

-Es una promesa.

Gracia miró a Belle, ella miraba ansiosamente hacia la zona en llamas que todavía podía distinguirse a lo lejos.

-Como esposa a veces tienes que aprender a confiar en su habilidad para mantenerse con vida.

Belle trató de sonreír en agradecimiento por el consejo, sin embargo toda su vida con Rumple había sido una serie de separaciones que nada bueno auguraban.

-Ahora váyanse y encuentren al responsable de esto –dijo Gracia alejándose del vehículo.

Riza asintió y arrancó a toda velocidad. Belle sintió que su corazón se rasgaba con cada metro que avanzaban.

Otras vez separados, lo sé, lo sé, como si en el show no los mantuvieran así, sin embargo será por un corto tiempo. No sufran.