Ciel Phantomhive joven de apenas trece años, se prepara para algún día ocupar el lugar distinguido de su padre, ese lugar en la aristocracia inglesa en la cual su familia desde generaciones pasadas ha venido trabajando desde la oscuridad. Actos atroces y a veces llenos de crueldad son los que deben realizar por cumplir su objetivo el cual es salvaguardar el buen nombre de la Reina y por ende de Inglaterra. La frialdad de sus actos no se reflejaba en la sonrisa amable que Vincent Phantomhive regalaba de forma hipócrita a quien se le cruzaba.

-Buenas noches mi señor... ¿necesita algo?...- Preguntaba con clara devoción el anciano mayordomo de la mansión cuando se acercaba a su amo, quien apenas llegaba de la ciudad.

-Sirve la cena, en unos minutos Ciel y yo iremos al comedor- Eran las palabras de Vincent con esa tan encantadora sonrisa suya, el mayordomo asintió con su cabeza para aceptar aquella orden cuando se disponía a marcharse una pregunta de su señor detenía su andar.

-¿Dónde está Ciel?- Cuestionó curioso mirando a su mayordomo que volteaba a verlo para dar una respuesta.

-Lo vi hace unos minutos dirigirse a la biblioteca... debe estar ahí...- Su simple respuesta provocaba una sonrisa en su amo. -¿Quiere que lo llame?- Preguntaba el anciano con un poco de extrañeza, pero quien era el para cuestionarle algo así que solo se prestaba a encaminarse a la biblioteca.

-No te preocupes yo voy a buscarlo, después de todo lo he dejado solo por muchas horas.- Detenía nuevamente el andar de su mayordomo, quien se prestaba a dirigirse con diligencia a la cocina para hacer que la servidumbre sirviera la cena. El conde con una sonrisa agilitaba el paso para llegar a la biblioteca al llegar con sigilo abrió la puerta y sin que su hijo lo notara se le acercaba por la espalda.

-Ciel...- escuchó su llamado el joven de hermosa mirada azulina que se sobresaltó un poco en su asiento, estaba tan concentrado en su lectura que no había notado la presencia de su padre, rápidamente cerró el libro que leía y con disimulo lo escabullía con otros que tenía apilados en la mesita junto a él.

-Buenas noches...- Le saludaba fríamente el jovencito levantándose de su asiento, mirándolo fijo con evidente fastidio su padre esbozó una pequeña sonrisa al ver el "amoroso" gesto de su hijo, tomando su mano lo halaba para si, regalándole un abrazo.

-¿Me has extrañado?- Era el cuestionamiento disfrazado de ternura de su padre, el joven sentía sus mejillas sonrojarse un poco pero no precisamente como reacción agradable a ese abrazo sino de coraje y frustración.

-Nosotros no extrañamos a nadie.- Murmuró en voz baja sintiendo como su padre lo acariciaba con firmeza y algo de perversión en medio de ese abrazo.

-no deberías ser tan frío.- Con sarcasmo su padre le decía, el joven sonriendo con ironía se apartaba aprovechando la oportunidad, sus sonrisas eran un reflejo entre si, la frialdad entre ambos era más que evidente, sin el mínimo ápice de amor fraternal entre ellos.

-Creo que estás molesto porque te deje solo hoy.- Hablaba Vincent con evidente sarcasmo pues conocía muy bien el odio que su hijo le guardaba, mientras lo miraba como se disponía a arreglar los libros que había leído en esa tarde hasta la noche.

-Esta noche compensaré mi ausencia.- Le sorprendió con esas palabras susurradas al oído, Ciel al oírlo y tenerlo tan cerca solo fruncía el ceño con molestia, su padre sonreía divertido al notar su enojo, y para llenarlo más de ese vil sentimiento atrapaba sus labios con los suyos en un profundo beso.

-Preparémonos para cenar.- Musitó el mayor un par de segundos después de ese inesperado beso, el joven que estaba ya al parecer acostumbrado a ese tipo de contacto agachaba humillado la cabeza, pues le llenaba de repulsión sentir ese beso. Tan perdido estaba en sus pensamientos de odio y coraje que solo escuchó cuando la puerta se cerraba. Su padre se había marchado seguramente con esa sonrisa de evidente satisfacción, porque ese hombre al parecer amaba el humillarlo.

-Te odio...- Musitaba Ciel con coraje y su mirada se tornaba llorosa por ese sentimiento que le agobiaba el alma, apretando sus puños trataba de calmar su frustración. Lo que venia pensando hace días parecía hacerse más claro para si, tomando un libro sobre demonios se aferraba a él con fuerza apretándolo a su pecho. Un trozo de papel caía de entre ese libro, el joven lo leyó y esbozó una maliciosa sonrisa, escondiéndola de nuevo en ese misterioso y algo aterrador libro.

-Acabaré con mi vida pero antes de hacerlo te haré pagar mi humillación, querido padre.- Era el murmullo del jovencito saliendo de la biblioteca, estaba seguro de lo que haría, aun cuando eso le costara su propia vida.

La pequeña nota que había escrito con su puño y letra el joven, advertía una triste sentencia a su miserable existencia.

Mi ser está roto, mi alma no tiene valor...

Muchas gracias por comenzar esta historia pues si no les agrada el incesto, creo que no será de su agrado este fic.

Besos *