De forma extraña Ciel se dejaba seducir por el intenso beso del demonio, quien en ningún momento le bajaba la mirada, al notar esa mirada penetrante y algo desafiante también le dirigió la mirada con fijación. Ahora ambos se encontraban como en una batalla de miradas, como viendo quien la bajaba primero, pero esa actitud desafiante de los dos solo intensificaba ese beso delicioso.
El travieso demonio sabiendo que no se dejaría ganar por un mocoso, de repente en medio de ese beso mordió ligeramente el labio del otro haciéndolo sangrar un poco, esto hizo perder la concentración de Ciel bajando la mirada.
-Perdiste.- Dijo burlón el demonio cuando se separaron pues ya habían terminado ese jueguito de miradas. El jovencito algo molesto, porque detestaba perder, lo miraba con fastidio.
-Eres un tramposo... me mordiste.- Le reprendía molesto el joven sintiendo con sus dedos su labio humedecido de sangre.
-Para que el contrato se selle debe haber sangre.- Respondía el otro sin borrar de su rostro ese gesto burlón.
-Entonces debe ser sangre de ambos ¿no?- Era la respuesta del joven que disimulaba que se estaba divirtiendo así, ¿Quién diría que se divertiría con un demonio? Acercándose a sus labios los rozaba a los suyos para morderle de igual manera. Entonces la sangre de ambos se mezclaba, esto produjo los dos un extraño calor invadirles, estaban excitándose y lo mejor que hicieron para saciarse fue dejarse llevar por un apasionado beso que disfrutaron hasta quedarse sin aliento.
-Creo que será divertido este pacto contigo.- Le susurraba el demonio con la mirada que le destellaba un poco, mientras acariciaba al muchacho que desviaba la mirada con soberbia.
-Puede ser...- Dijo jactancioso el tener la atención de ese sensual demonio que lo halagaba.
-¿Me dejarás corromperte?- Le cuestionaba coqueto el demonio con la intención de seducirlo ya no se conformaba con un simple beso.
-Demonio, estoy corrompido.- Musito serio el muchacho con la mirada un poco sombría.
-Si pero no lo disfrutas... conmigo si lo harás.- Le aclaraba el mayor tratando de recostarlo en el pasto. -No es por presumir pero soy un buen amante.- Murmuró sensual recostándose un poco sobre el mientras coqueto le guiñaba el ojo.
-No lo dudo con ese beso lo pude sentir.- Insinuaba coqueto también Ciel hasta el mismo se sorprendía de verse actuar así, era la primera vez que tenía este tipo de conversación con alguien, eso lo abrumó un poco y empujándolo se sentaba para calmar los ímpetus del demonio y los suyos también,
-Pero todavía no te dejaré hacerme nada.- Con altivez sentenciaba al jovencito que desviaba la mirada.
-Me rogarás por placer, ya lo verás.- Se le escuchaba decir al demonio también con cierta altivez arreglándose la ropa. Ciel solo sonreía al verlo y en el fondo no le ofendía aquella insinuación porque sospechaba que podía cumplirse, pues sinceramente estaba atraído al demonio.
-¿Cómo me llamarás amo?- Cuestionaba el demonio para iniciar una nueva conversación.
-¿Sebastian? Suena bien en ti...- Le respondió con una pequeña sonrisa acariciándole sutilmente el rostro.
-Me halagas...- dijo con una sonrisa el demonio al ver el gesto amable del pequeño.
-Sonaba bien también en mi perro muerto.- Se le burló Ciel soltando una pequeña risilla. Ambos sonrieron con algo de complicidad y coquetería, querían besarse pero prefirieron contenerse. No querían parecer novios, pensaban para si. Ya estaba haciéndose algo tarde y el jovencito debía regresar a la mansión para no levantar sospechas. El demonio veía alejarse a su nuevo contratista, mientras no dejaba de ver como su delgada y pequeña silueta se alejaba.
-Estaré cerca.- Le dijo en voz alta cuando lo veía alejarse, fue algo inconsciente que se le escapó de los labios. Ciel al escucharlo no volteó a verlo con un ademán de mano se despedía y se sonrojaba un poco. Al llegar la noche Vincent estaba en el despacho junto a su hijo, quien estaba con una actitud menos hostil de la acostumbrada.
-Padre... he pensado que...- Iniciaba la conversación el joven pues ahora debía idear como Sebastian entraría a la mansión, y tenía una ligera idea de cómo hacerlo.
-¿En qué?- Su padre cuestionó interesado, era raro que su hijo le hablara de sus pensamientos.
-Debería tener a un mayordomo para mí.- Sugirió con gesto aburrido aparentando no darle mucha importancia, aunque para él era algo muy importante pues de lo que su padre decidiera dependía su plan.
-¿Por qué eso tan de repente?- Le cuestionaba el conde con curiosidad mirándolo fijamente.
-Bueno lo pensé... porque tú tienes a Tanaka pero él ya está anciano, no me servirá para después, podríamos ir preparando a un nuevo mayordomo.- Respondió con frialdad el pequeño eso cautivaba al hombre que se enorgullecía por verle actuar así. -Suena bien...- Fue su respuesta simple pero sabía que su hijo le seguiría hablando.
-Pero yo lo quiero elegir.- Le decía el joven con algo de altivez para convencerlo, conocía la debilidad de su padre, y esa era su actitud arrogante.
-Es algo inesperada tu petición.- Algo dudoso dijo Vincent tomando el bello rostro de su hijo para que lo mirara a los ojos y no le mintiera.
-Tú siempre dices que debo comenzar a tomar buenas decisiones, quiero empezar con esta, es solo elegir a un simple sirviente.- Le respondía con mala cara pero a la vez con seriedad, mirándolo fijo también para que no sospechara de sus verdaderas intenciones.
-Si me convences tal vez te diga que si...- el mayor le hablaba seductor sobre los labios, Ciel de alguna forma sabía que su padre le pediría algo así, no quedaba de otra sino de resignarse y ceder a los sucios deseos de su padre.
-¿Me dirás que si...?- Cuestionó con fingida emoción el jovencito aunque le asqueaba pensar lo que haría por conseguir que Sebastian entrara a la mansión.
-Se un niño bueno hoy y te dejaré que hagas lo que quieras.- Con la mirada lasciva parecía devorar a su hijo, queriendo hacerlo suyo ahí mismo. Ciel desviando la mirada asentía con la cabeza y se desabrochaba la camisa para acabar de una vez con el suplicio.
-Ngh...- era el jadeo que minutos después de los labios del jovencito se escuchaba emitir, cuando este sentado sobre la erección de su padre se embestía así mismo con firmeza, no era para nada placentero lo que hacía pero esa noche se sentía algo estimulado pues recordaba al demonio, esa mirada penetrante y ese beso exquisito que compartieron, lo hacía de alguna forma olvidar su penuria y humillación, imaginándose estar pronto así con él.
-tsk...- era el chasquido del demonio que fuera de la ventana de ese despacho observaba con sigilo como a su contratista lo corrompían. ¿Acaso estaba celoso? Pensó y eso le molestó aun más, cuando sintió la mirada de Ciel sobre él, con un destello de tristeza que lo cautivó por completo.
Gracias por seguir la lectura de este fic...
Besos
