Sonic Life
Hola otra vez. Sé que no hace mucho se deshicieron de mí, pero quiero aclarar que, como esta historia será rematadamente larga, decidí que sus actualizaciones serían muy constantes. Puede que al menos tres capítulos a la semana, si mi conexión a internet coopera. Y, como últimamente escribir es uno de mis principales medios de entretenimiento, decidí actualizar cada uno de mis fic en cuanto complete sus capítulos, para así terminar más rápido con ellos.
Así que, sin más, les dejo la segunda parte de este antiguo fic mío, que ahora renuevo con mis actuales conocimientos sobre narración.
Espero que les guste.
Chapter 2: Reacción de Caos.
Sonic, con una mirada fastidiada, era arrastrado por los brazos mecánicos que surgían de la Wing Fortress al interior de ésta. Observó poco interesado las fábricas de robots y los laboratorios por los que pasaba, mientras lo llevaban en dirección al calabozo de la nave.
Bufó con molestia. Aún no se creía que fue capturado con tanta facilidad, pero debía encontrar la forma de librarse del efecto del rayo inmovilizador de Eggman para ir a por él. Miró de reojo a su alrededor, divisando múltiples robots que no conocía exactamente bien, como mantis robóticas, o nuevos modelos de los Egg Pawn.
También observó con curiosidad unos escarabajos metálicos con un extraño fuego en su interior, que expulsaban desde sus cuernos.
Intentó pensar en alguna forma de huir, pero no tenía ningún plan. Volvió a refunfuñar, con un notable malhumor, cuando los brazos metálicos lo lanzaron a una oscura celda. El erizo aterrizó igualmente quieto, sin siquiera mover un músculo, pero todavía de malas.
Una vez estuvo apresado, y sin ninguna salida visible, tuvo por fin unos segundos para elaborar un plan.
Esta vez, Eggman tenía la ventaja.
Tenía la Esmeralda del Caos, y posiblemente conseguiría otra, al menos que encontrara la forma de escapar. Sin embargo, sin siquiera poder moverse, parecía algo imposible.
Además, había bastantes cámaras de seguridad que lo vigilaban desde todos los ángulos, y si tan solo intentaba algo, de seguro todos los robots de la nave irían a por él.
Aunque de seguro podría contra todos, gastaría mucho tiempo y no alcanzaría a Eggman a tiempo.
No tenía más opción que utilizar su última carta.
Sonrió con malicia, mientras su cuerpo adquiría un brillo azuloso, que parecía exterminar la energía residual que quedaba en él. Una vez estuvo libre, las alarmas no tardaron en dispararse.
El erizo no perdió el tiempo, y aún rodeado por esa luz azul, usó su Spin Dash para atravesar los muros metálicos como si fueran papel. Los pocos robots que alcanzaban a interponerse en el camino del erizo azul terminaban hechos pedazos, mientras Sonic, lleno de determinación, continuaba su camino.
Permaneció girando como una rueda mientras avanzaba como un relámpago, que arrasaba con todo a su paso como una bola de demolición.
Pronto, se llevó consigo el núcleo central de la nave, que de a poco empezó a desplomarse hacia la tierra, cuando un destello azulado atravesó la coraza superior de la Wing Fortress. Sonic dejó de girar, usando el impulso que había tomado para suspenderse en el aire, sonriendo antes de dar el golpe final.
–No predigas una confrontación antes de que termine, Eggy. –Dijo Sonic, cerrando los ojos mientras la luz que lo rodeaba se hacía cada vez más intensa. –Porque siempre terminarás decepcionado. ¡Mi Light Speed siempre me impulsará a la victoria! Ahora, Eggman, ¡voy por ti!
El erizo descendió como un cohete, girando de nuevo sobre sí mismo para convertirse en un meteoro que atravesó de arriba abajo la enorme nave, derribándola.
Sonic no se detuvo, y siguió cayendo hacia el vacío a una velocidad alucinante. Precisó su punto de aterrizaje, corrigiéndolo en el aire para aterrizar de pie. Cuando sus pies se estrellaron contra el suelo, una poderosa explosión sónica se desató, provocando una caótica ventisca que sacudió el polvo de alrededor, mientras, en el fondo del firmamento, se contemplaba como la Wing Fortress de Eggman se desplomaba contra el mar, hundiéndose alarmantemente rápido.
El erizo se incorporó con tenacidad brillando en sus ojos, y se precipitó hacia el túnel, decidido a seguir a Eggman. Nuevamente, empezó a desplomarse hacia un vacío, pero esta vez, en completa oscuridad, y no caía a una velocidad peligrosamente alta.
Se preparó para su confrontación contra el doctor Eggman, apretando los puños, y agudizando sus sentidos, en caída libre hacia el campo de batalla.
–En cualquier momento… –Susurró el erizo azul, aguardando…
No obstante, la espera se prolongaría más que lo que suponió. Casi un minuto enteró pasó, y aún caía hacia un lugar indeterminado, y no podía hacer más que esperar.
Empezó a impacientarse, gruñendo por lo bajo.
No podía concentrarse en otra cosa que no fuera patear el feo trasero de Eggman fuera de South Island. No pensaba permitir que el doctor se saliera con la suya otra vez. Aunque pudo darle su merecido hace casi una semana, al parecer no fue suficiente para el anciano.
Tendría que ser más rudo esta vez.
Aún no entendía la forma de pensar de Eggman. ¿Qué lo habría impulsado a razonar de esa manera tan despiadada? ¿Eliminar a las formas de vida imperfecta para crear un mundo mejor? ¿Qué tenía eso de coherente? Si tenía algún problema contra Mobius, no tenía derecho alguno de manifestarlo con tales actos de egoísmo y crueldad.
Mostró los colmillos con frustración, mientras su brillo azul volvía con una energía flamante y furiosa. De pronto, se propulsó con un poderoso turbo hacia abajo con más velocidad que nunca, superando sus propios límites gracias al impulso extra de la gravedad. Al superar la velocidad del sonido, la repentina aceleración produjo una explosión sónica bastante sonora, que se extendió tanto hacia arriba como hacia abajo.
Era obvio que Eggman lo escucharía, pero eso ya no le interesaba. Solo quería ponerle las manos encima a ese vetusto…
Y entonces, lo entendió.
Frenó sus poderes y empezó a descender, de a poco, de forma normal, mientras miraba sus propias manos.
–No voy a estresarme por esto. –Se dijo a sí mismo, respirando profundamente para calmarse. –Eggman es Eggman, y siempre será así, así como yo soy yo, y siempre seré así. No hay nada qué hacer al respecto, y debo entenderlo. Lo único que puedo hacer es… –Una pequeña sonrisa apareció en el rostro del erizo. –Darle su merecido a ese viejo lunático.
El erizo extendió sus extremidades en el aire, pero luego volvió a juntarlas, imitando el paracaidismo, mientras se acercaba segundo tras segundo a su destino…
En lo más profundo de Green Hill, podía apreciarse una misteriosa cueva, con sus paredes decoradas con antiguas pinturas que narraban una historia olvidada. Aquellas ruinas habían estado escondidas durante siglos, pero su quietud y tranquilidad se vería completamente entorpecida por un épico evento, que estaba por transcurrir.
–¡Hola, hola! –Exclamó Eggman, abriendo el techo de la caverna con su peligrosa máquina. –Oh, lindo lugar, pero no es lo que estoy buscando. Ahora, mi amada esmeralda… –Continuó, alzando la Esmeralda del Caos que acababa de conseguir. –¿Dónde está tu amiguita?
La gema verde brilló con una luz mística, sintiendo una energía similar a la suya muy cerca. El doctor sonrió con satisfacción al divisar un brillo amarillo emerger debajo de una pila de rocas, que aparentemente se habían derrumbado del techo de la cueva. El humano condujo su Eggman Drill hacia los pedruscos, apartándolos sin problemas.
Y justo cuando la última roca fue apartada, un poderoso resplandor dorado cegó al doctor, quien se sobresaltó cuando una fuerza irresistible y desconocida le arrebató la Esmeralda del Caos.
–¿Qué rayos…? –Soltó Eggman, alarmado, pero cuando logró observar lo sucedido, no pudo evitar quedarse perplejo.
Las dos Esmeraldas del Caos (una verde y otra amarilla) levitaban por sí solas, girando alrededor de la otra en perfecta armonía, pero provocando un caos que ni siquiera aquel humano con un extraordinario intelecto alcanzó a prevenir.
Una poderosa energía envolvió a ambas joyas, cuyas propiedades energéticas reaccionaban devastadoramente entre sí. Relámpagos de Chaos Energy salieron disparados a todas las direcciones, destruyendo todo alrededor. Eggman retrocedió para evadir múltiples disparos, pero dos de ellos acertaron en su Eggman Drill, averiándolo.
–¿Qué rayos sucede? –Bramó el doctor, trastornado, mientras contemplaba con expectación las lenguas de energía que salían disparadas por doquier.
Antes de ser alcanzado por alguna otra descarga, desacopló su transporte circular del Eggman Drill, esquivando con algo de dificultad los ataques que ambas gemas, que parecían volverse cada vez más poderosas mientras más tiempo pasaban juntas.
El doctor empezó a alarmarse, mientras observaba como la Chaos Energy de las Esmeraldas del Caos se incrementaba más y más, hasta el punto de asemejarse a una nova de poder, que planeaba consumir con todo a su paso.
Lo ineludible finalmente sucedió.
Las descargas de Chaos Energy de ambas joyas que impactaban contra los muros y techos de la cueva provocaron un súbito derrumbe. Grandes peñascos caían en distintos puntos de la caverna, y fue entonces cuando Eggman se percató de que, si no salía de ahí pronto, sería sepultado para siempre.
–Nunca pensé que sucedería esto… –Susurró, mientras conducía su extraño transporte en reversa, sin apartar los ojos del tesoro que estaba por abandonar. –La Chaos Energy es mucho más misteriosa de lo que pensé… Necesito investigar más. Pero por ahora…
Condujo rápidamente su Egg Mobile, dirigiéndolo como un rayo a la abertura que había abierto para ingresar allí en primer lugar. Pero, justo cuando estaba por salvarse, un destello azulado entró por su ruta de escape, cortándole la retirada.
Eggman retrocedió, mientras Sonic aterrizaba enfrente de él con una expresión amenazante.
–¡Sonic! –Exclamó el doctor, nervioso. –¡Que suerte que estás aquí! ¡Las Esmeraldas del Caos se salieron de control! ¡Debes arreglar esto!
–¿Crees que solucionaré tus problemas y tú saldrás impune? –Preguntó Sonic con el ceño fruncido, mientras sus puños se iluminaban con su Light Speed.
–¡Espera, espera! ¡Puedo ayudarte! ¡Puedo…! –Intentó excusarse Eggman, pero fue abruptamente callado por una patada de Sonic, que le hizo rebotar contra el suelo y salir despedido hacia la grieta en el techo de la cueva.
–No te necesito. –Susurró el erizo, observando seriamente su única manera de salir: aquel extenso túnel por el cual había llegado.
No perdió más tiempo y encaró a las dos poderosísimas gemas, que al parecer previeron su presencia.
Ambas esmeraldas descargaron contra el erizo un aluvión de relámpagos de Chaos Energy, que el erizo esquivó con veloces movimientos, eludiendo los disparos con gran habilidad, mientras se acercaba poco a poco a las piedras preciosas.
Sin embargo, no iba a resultarle tan sencillo.
Una poderosa onda de energía se extendió desde el centro de las Esmeraldas del Caos hasta golpear a Sonic y enviarlo a impactarse contra un muro.
La Chaos Energy empezó a volverse cada vez más violenta y peligrosa, mientras cientos de escombros se desprendían de lo alto de la cueva.
Sonic se levantó de un saltó con una expresión más tensa. Si no se apresuraba, toda la caverna se le vendría encima. Decidió no perder más tiempo, acelerando como un meteoro a través de toda la cueva, mientras se movía de un lado al otro para evitar los truenos de energía que obstruían su camino. A medida de que aceleraba, su cuerpo parecía teñirse del mismo color azul claro que le envolvía al correr con toda su velocidad, aumentando el ritmo con cada segundo que transcurría.
Las gemas empezaron a volverse cada vez más peligrosas, irradiando toneladas de energía contra el terreno a su alrededor, mientras que los muros la cueva parecía estar por ceder, cuando el erizo dio un salto final hacia su objetivo.
Accedió al domo de energía que protegía a ambas joyas, resultando invulnerable a la Chaos Energy, ya que su Light Speed parecía protegerlo de ese poderoso halo de luz. Sin embargo, cuando tomó con cada mano una de las esmeraldas, no pudo evitar soltar un grito de dolor, mientras la Chaos Energy recorría como electricidad su cuerpo, dañándolo. Respiró profundamente para soportar el dolor, aguantándose las ganas de desplomarse sin fuerzas.
Sabía exactamente lo que debía hacer, porque lo había hecho antes. Consiguió salvar a todo Green Hill de Eggman en aquella ocasión, y podría lograrlo de nuevo con solo recitar unas palabras.
Abrió la boca, pero de sus labios solo escaparon unas palabras inentendibles. Se reprendió a sí mismo por ser tan débil, pero no planeaba rendirse por ello. Se tragó los impulsos de darse por vencido, y con un súbito esfuerzo, concentró todas sus energías en un único grito:
–¡CHAOS CONTROL! –Exclamó con sus únicas fuerzas, pero debía hacer algo más antes de caer.
Al decir estas palabras, las Esmeraldas del Caos se iluminaron aún más por unos segundos, casi pareciendo estar hechas de luz de sus respectivos colores. Se deshizo la Chaos Energy que las rodeaba en segundos, mientras el erizo azul hacía galas de sus sorprendentes dotes de controlar el Chaos, fuerzas que se creían indomables.
De pronto, la luz de ambas gemas se desvaneció, pero hubo un notable cambio. La Chaos Energy ahora envolvía a Sonic con una fuerza sin igual, y, concentrando toda la energía obtenida en sus manos, las extendió hacia arriba, mientras toda la caverna se derrumbaba a su alrededor…
Eggman finalmente logró salir de aquel túnel. Aunque se sentía realmente frustrado por haber perdido no una, sino dos Esmeraldas del Caos, no podía dejar de pensar en lo que acababa de ver…
Nunca habría sospechado que las Esmeraldas del Caos escondían tanto poder dentro de sí mismas. Se percató de que aún debía encontrar la forma de canalizar bien sus energías, pero no resultaría fácil. Tendría que conseguir al menos una de ellas e iniciar una serie de cuidadosos experimentos.
Pero primero, se aseguraría de deshacerse de una molesta plaga…
Volteó de nuevo hacia el foso del que acababa de emerger, y no pudo evitar sonreír con perversidad. Apuntó y disparó dos pequeños misiles desde su Egg Mobile contra el agujero, que estalló con una enorme fuerza, cerrándose para siempre…
Eggman soltó una risa maniática, feliz de por fin haber logrado deshacerse de su odiado némesis. Pero, cuando estaba por retirarse, notó como todo el lugar había empezado a vibrar.
Pensó que se trataba de las Esmeraldas del Caos, reventando con enorme fuerza miles de metros bajo de sus pies, pero, cuando la intensidad del temblor se incrementó, supo que era algo más.
Cuando tuvo una idea de qué se trataba, fue demasiado tarde como para escapar.
El suelo a un radio de diez metros, justo debajo de él estalló con la fuerza de una docena de granadas. El doctor Eggman salió despedido por los aires, y solo se le escuchó gritar unas últimas palabras antes de desaparecer a la distancia:
–¡Pagarás por esto, Soniiiiiic!
Un enorme haz de luz blanca destrozó el terreno, y cuando la Chaos Energy se desvaneció, un veloz destello azul emergió del enorme foso que se había producido.
Sonic the Hedgehog logró salir con vida de ahí por poco, sonriendo lleno de paz, mientras sostenía en cada mano una de aquellas peligrosas, pero deseadas gemas, que se iluminaban con una luz mística y enigmática…
–Bueno, fue un día fructífero. –Se dijo a sí mismo el erizo azul, retirándose de ahí a súper velocidad, en dirección al norte. –Otra Esmeralda del Caos y una nueva lección para Eggman, aunque es seguro que volverá por más… Pero bueno, siempre ha sido lo mismo con él… –Suspiró, embozando una diminuta sonrisa. –Aunque siempre me ha divertido patear su trasero… Como sea, ahora, ¿dónde rayos dejé mi avión?
¡Fin! Bueno, ya acabé el segundo capítulo de esta semana, y puede que el viernes tenga el siguiente listo. Por si las dudas, los primeros capítulos de esta historia se tratarán sobre las típicas confrontaciones contra el Dr. Eggman, mientras Sonic va conociendo unos pocos aliados, ya famosos para nosotros, y desarrollan su relación con el pasar de los episodios, mientras Eggman sigue determinado a eliminarlos, vez tras vez. Pero no crean que siempre será así. Los eventos que narraré una vez este fic se desenvuelva serán aún más emocionantes y, al menos en mi opinión, dignos de ser leídos.
Me alegra de se hayan tomado el tiempo de leer, y les pido que dejen sus comentarios para saber qué les pareció.
Cuídense y nos leemos.
