Sonic Life

¡El tercer chapter está listo! Les agradezco a todos los que hasta ahora se han tomado el tiempo de leer este fic, y espero que lo sigan haciendo, porque la acción apenas inicia.

Espero que lo disfruten.

Chapter 3: El nacimiento de una amistad.

Todavía no podía resistir sin ellos.

Los extrañaba cada día, y no podía dejar de preguntarse por qué sucedió…

Apenas y lo recordaba, porque sucedió hace casi cuatro años, pero esos vagos recuerdos aún dolían…

Los recuerdos en los que sus padres se sacrificaban por él.

Ahora, vivía solo, y a pesar de solo tener once años, era lo suficientemente inteligente como para sobrevivir por sí mismo. Era solitario, pues los demás niños lo molestaban por ser un mutante de dos colas. Muchos otros habitantes de su pueblo también lo despreciaban por ser diferente… por ser distinto a ellos.

Se había aislado de toda su aldea, y se mantenía encerrado en su taller, en donde construía todo tipo de artefactos con sus sorprendentes conocimientos de robótica e ingeniería, aunque casi siempre terminaban fallando.

Y eso mismo había ocurrido ese día.

Uno de sus pequeños robots, en el que había estado trabajando por semanas y parecía ya estar listo, se descontroló completamente y escapó de su laboratorio. Hizo algunos destrozos en la aldea, y desapareció en el bosque. Todos sus vecinos lo culparon a él por ello, lo amenazaron de expulsarlo de la aldea si continuaba causando problemas, y se retiraron, totalmente enojados.

Tuvo miedo de ellos por unos momentos, cuando se dirigían como una turba furiosa hacia su hogar. Pero sintió un gran deseo de escapar cuando todos empezaron a gritarle.

Decidió no concentrarse en eso ahora, y centró su atención en su entorno, intentando encontrar a su robot. Caminaba sin rumbo fijo en el bosque, buscando algún rastro que su invento haya dejado atrás, pero no encontraba nada. Se aventuró cada vez más profundo en aquel bosque, hasta que se percató de un punto bastante importante.

Sintió un ruido detrás de él y cuando volteó, no vio nada. Tal vez era solo un pájaro, una ardilla o cualquier otro animal primitivo que vivía allí. Pero, cuando miró atrás, no reconoció en donde se encontraba.

Y entonces, entendió que se encontraba perdido.

No tenía ni la más remota idea de cómo volver a casa, y eso lo perturbó hasta lo más profundo de su ser. Intentó regresar, pero no pudo. Tampoco consiguió volar para localizar su aldea desde las alturas, porque el follaje de los árboles se lo impedía, y, por lo frondoso del bosque, dudaba encontrar algún claro por donde escapar de su prisión forestal.

El curioso zorro amarillo de dos colas siguió caminando, sin tener ninguna idea de hacia dónde iba, y poco a poco, perdió esperanzas de conseguir regresar. Y si lograba volver, sabía que nunca conseguiría alcanzar la felicidad en su aldea, donde nadie lo deseaba cerca. Se desplomó de rodillas, y cuando estaba a punto de caer en lágrimas, lo vio.

Un veloz destello azul pasó enfrente suyo a una rapidez imposible, levantando una ventisca a su andar. Miles Prower se levantó de golpe, siguiendo con sus ojos a la Ráfaga Azul, como solían llamarlo en las Blue Islands, queriendo pedirle ayuda.

Sin embargo, cuando el conocido héroe se detuvo, no a más de unos metros de distancia del zorro, su corazón se paralizó.

La luz que lo rodeaba se deshizo, dejando ver qué era en realidad.

No era un ser hecho de luz, como contaban las historias. Era algo aún más increíble…

–¿Un erizo? –Se sorprendió Tails, consciente de que esa especie era mucho menos común desde hace décadas. Jamás imaginaría que su ídolo, y el de muchos otros en todo el archipiélago, sería un erizo…

La Ráfaga Azul miraba alrededor constantemente, como intentando orientarse, sin llegar a voltear para encontrarse cara a cara con el niño perdido, que no se atrevía a abrir la boca.

El erizo pareció ubicarse en aquel enorme bosque en Green Hill, y salió despedido hacia el noroeste, pero a una velocidad mucho menos legendaria.

–¡Es-espera! –Miles intentó detenerlo, pero no lo logró a tiempo.

Vio con decepción como su único boleto a salir de ahí se alejaba como un rayo, pero no pensaba en dejarlo ir así como así. Una repentina determinación relampagueó en sus ojos, y usando sus dos colas como si de hélices se tratasen, se desplazó rápidamente, en persecución de su posible salvador.

Se esforzó bastante, respirando cada vez de manera más pesada, mientras el oxígeno escaseaba más y más en sus pulmones. Pronto ya no iba a poder mantener el ritmo, pero al menos tenía que intentarlo.

No se detuvo ni por un segundo, mientras su objetivo parecía cada vez más cercano. En menos de un minuto, el legendario protector de las cuatro islas parecía tan cercano…

Sonic miró de reojo hacia atrás por menos de un segundo mientras corría, y lo vio. Era interesante que un niño común y corriente pudiera igualar su velocidad moderada, y sentía curiosidad de hasta donde era capaz de llegar para alcanzarlo. Aceleró aún más, y por unos instantes, el zorrito amarillo desapareció de su rango de visión.

El erizo pareció decepcionado de que se librara de su enemigo tan fácilmente, pero no podía esperar mucho de alguien tan joven. Estaba por aminorar la marcha de nuevo, cuando lo sintió.

Miró hacia atrás de nuevo por solo un instante, y obviamente contempló como el mismo zorro, con una mirada que delataba un tremendo esfuerzo, aún lo seguía, aunque a duras penas.

Al principio se mostró sorprendido, pero luego sonrió divertido.

Si te crees tan rápido… –Pensó, mientras sus pies se movían tan rápido que se veían borrosos. –¡Pues demuéstramelo!

Antes de que Miles pudiera reaccionar, Sonic desapareció de su vista, perdiéndose entre la espesura del bosque. Intentó apresurarse aún más para llegar a él, pero solo terminó completamente exhausto. Sus colas dejaron de girar, pero no por eso iba a detenerse. Con sus propios pies, corrió lo más que pudo hacia la misma dirección en la que había visto que el erizo desapareció, con la expectativa de encontrárselo. Tal vez se detendría pronto, o tal vez no.

Pero no le importaba.

Era su única opción, y no planeaba desperdiciarla.

Así que continuó avanzando, aunque muy agotado, por unos pocos minutos, que para él parecieron eternos.

Y entonces, vio como el bosque finalmente terminaba, desembocando a una preciosa playa, que según recordaba, había visitado con sus padres cuando era aún más pequeño.

Entonces, reaccionó. Conocía ese lugar, y conocía el camino para volver a su aldea. Suspiró con alivio, y estuvo por trasladarse hacia su hogar, cuando algo llamó su atención.

Desvió sus ojos hacia el transporte con una notable intriga. Era un avión, o mejor dicho, una avioneta, de color rojo, con detalles blancos, y el nombre SONIC inscrito en ambos costados. Nunca había visto uno de esos en persona, por lo cual su curiosidad lo impulsó a examinarlo más de cerca.

Fisgoneó los controles, que estaban algo viejos, e inspeccionó el motor. Era un buen modelo, pero podría mejorarlo sin problemas. Encontró unas herramientas dentro del asiento del acompañante del avión, y de inmediato empezó a trabajar, sin advertir al erizo azul detrás de unas palmeras que lo observaba con una mirada suspicaz, pero al mismo tiempo, irradiando simpatía.

–Terminé. –Anunció el zorro amarillo a sí mismo, mientras acababa de darle unos retoques a la nave.

Una vez concluyó su trabajo, se alejó unos pasos para contemplar su éxito. El avión se veía igual, pero los cambios eran más internos que externos, y apostaba a que a su dueño le fascinaría.

Nunca sospechó que el dueño era el mismo erizo al que él perseguía desde muchas calles atrás.

–Hola, ¿puedes decirme qué haces?

El zorro erizó su pelaje del susto, y volteó sus ojos rápidamente hacia la Ráfaga Azul, aquel erizo azul de ojos verdes que lo observaba con una amigable sonrisa.

–Lo siento. Cuando vi este avión, descubrí que tenía unos pequeños problemas, y me tomé la libertad de arreglarlos. ¿Te molesta?

–Para nada. Ya necesitaba un arreglo.

La sonrisa de Miles resplandeció, mientras parloteaba sobre los cambios que había ejercito sobre el avión, y algunos que otros detalles. Sonic parecía prestar atención, pero en realidad, su mente estaba en otro lugar, evitando así aburrirse con la cháchara del zorro.

–Oye, ¿quién eres? –Inquirió Sonic, callando finalmente al zorro.

–Eh, Miles Prower. Pero puedes llamarme Tails. –Contestó Miles, presentándose. –Un amigo que tuve solía llamarme siempre así.

–Soy Sonic. Es un gusto, Tails.

Un silencio algo incómodo se prolongó por unos segundos. Tails, algo nervioso, solo observaba a su gran ídolo, que se distraía, examinando las mejoras de su avión.

–Vaya, y pensar que eres solo un niño. –Silbó Sonic, una vez terminó de comprobar que todo estaba en un estado incluso mejor que el anterior. –Ahora podré volar aún más rápido, gracias, Tails.

–Je. De nada… –Respondió apenado Miles, cuando un tema en especial salió a la luz.

–¡El Tornado está como nuevo! Tus padres deben estar muy orgullosos de tener a un hijo tan listo como tú. –Dijo Sonic, presenciando su avión con una sonrisa.

Las orejas de Tails cayeron, mientras una expresión triste aparecía en el rostro del zorro. Sonic no tardó en notarlo, y analizó sus propias palabras para asegurarse de que no había dicho algo indebido.

–Eh, ¿dije algo malo?

–Oh, por supuesto que no. Es solo que… no tengo padres. Al menos ya no…

Otro silencio mucho más tenso que el anterior apareció. La mirada de Sonic cambió a una más compasiva. Que un niño tan joven viviera sin las personas que tenían como obligación enseñarle y cuidar de él era duro.

Porque él mismo lo vivió.

–Oye, ¿y alguien te cuida?

–Eh, no. Vivo solo en una pequeña casa en una aldea cerca de aquí.

–¿Sin compañía? ¿Qué hay de tus vecinos?

–Pues… no les agrado. –Admitió Tails con sinceridad. –Suelo causar muchos problemas sin querer. Mis inventos nunca funcionan bien y terminan destruyéndolo todo. Si cometo otra falta así, tendré que buscarme otro lugar para vivir…

Nuevamente, la mirada de Sonic se tornó piadosa, razonando una pequeña ocurrencia que nació de lo más profundo de su mente…

O tal vez el destino sería quién impulsaría al erizo a amigarse con el zorro que lo acompañaría por mucho tiempo.

–¿Sabes? Si deseas salir de esa aldea llena de alargados, me vendría bien un mecánico… y un compañero.

–¿Compañero? –Repitió Tails, incrédulo, retrocediendo dos pasos.

–Pero si no quieres, no tienes porqué…

–¡Por supuesto! –Accedió Tails, saltando de alegría.

Una gota de sudor apareció en la frente del erizo, quien se preguntaba si sería una buena idea. Había vivido solo durante años, sin ningún tipo de compañía, y no estaba seguro si tener un amigo así de la nada era lo correcto…

Sin embargo, su avión ahora era muy viejo, y necesitaba ser arreglado continuamente, y tal vez se zorro podría encargarse del problema, porque él era mejor destruyendo máquinas que reparándolas. Además, era bueno tener a alguien con quien hablar de vez en cuando…

–Pues bien, Tails. –Dijo Sonic, decidido. –¿Listo para volar?

Eggman caminaba lentamente por unos pasillos de un amplio corredor, con una expresión pensativa… Su anterior ataque a Sonic fue un rotundo fracaso, y debía suponer que ahora el erizo tendría otra Esmeralda del Caos a su poder…

Debía encontrar la forma de arrebatárselas, y así conseguir una fuente de poder infinita para sus máquinas, pero para ello, se encargaría de su némesis de una vez por todas.

Era el momento de que Sonic the Hedgehog y cualquiera que se interpusiera en su camino, enfrentara la ira de Eggman.

¡Actualizaciones cada vez más constantes! Me he fijado que mis chapters son bastante cortos, así que subiré uno cada vez que lo tenga listo, y así esta historia se desarrollará con más rapidez. Gracias a todos los que se hayan tomado el tiempo de leer este loco proyecto mío y espero que sigan leyéndolo hasta que finalmente venga lo bueno.

Cuídense y nos leemos.