El joven se deleitaba de ese apasionado beso, sintiendo como su cuerpo comenzaba a experimentar un extraño calor. Y este calor aumentaba ya que el demonio acariciaba con firmeza su desnuda y húmeda piel.

-¿quieres hacerlo?- Cuestionaba segundos después Ciel con un fuerte rubor en sus mejillas y sus labios humedecidos por ese beso, mirando al demonio entre desafiante y excitado. Sus alientos se mezclaban de forma tan exquisita que no hubo respuesta solo continuaron ese beso. Rodeando algo amoroso sus brazos a su cuello profundizaba ese beso, se sentía tan bien muy diferente a esos besos que su padre le obligaba a corresponder, esos besos le daban asco estos con su demonio le eran adictivos, segundos después se quedó sin aliento y separándose se miraban.

-Tu cuerpo debe estar cansado.- Era la respuesta del demonio sobre sus labios, pero obviamente no le preocupaba si estuviera cansado o no, solo quería subestimarlo y escucharlo refutar por ello.

-Supones que soy débil...- Eran las palabras con tono sarcástico y coqueto que le daba el joven y seguía abrazado al demonio como esperando solo recuperar el aliento y continuar.

-No lo sé... Un demonio como yo podría matarte de placer.- Advertía con igual coquetería Sebastian y lo tomaba en sus brazos, para llevarlo a la cama.

-Presumes demasiado...- Con un pequeño sonrojo le susurraba al oído al darse cuenta a donde lo llevaba, se sentía algo estúpido porque de pronto la timidez le invadió. ¿Por que se ponía de esa manera? no era la primera vez que lo haría, bueno en si si lo era, porque lo haría por mero gusto, no por obligación.

-¿Te pusiste tímido?- Le habló un poco burlón el demonio al notar su actitud.

-No es como si fuera tu primera vez... ¿O si?- Le decía en un tono irónico con algo de malicia, mientras lo recostaba en la cama. El joven torció la mirada con algo de molestia, por sentirse descubierto.

-No es mi primera vez... y lo sabes... hace rato viste como me la metían.- Quitandose la pena le hablaba con una falsa sonrisa de malicia, pues sentirse el juguete sexual de su padre le llenaba de verguenza, pero ante el demonio no mostraria aquello sin sospechar que Sebastian leia todos sus gestos y palabras.

-Juju... Que rudo sonó eso... Un jovencito como tu no debería hablar así...- Le susurró al oido y pretendia besarlo a manera de castigo, pero lo que sintió fue la mano del joven empujarlo de su rostro.

-No me beses... ya me puse de malas...- Dijo con un bufido molesto y se cubria con una sabana.

-Bueno no es como que estuviera tan desesperado por estar contigo.- Algo ardido el demonio le dijo al verse rechazado de esa forma.

-Te morías de ganas, lo noté.- Burlonamente le decia el jovencito de traviesa mirada azulina con una sonrisa.

-Tal vez te mentí...- Le refutó el otro con fingida seriedad.

-Pues no quiero que vuelvas a mentirme, es una orden- Hablaba con autoridad Ciel mirandolo fijamente pero sin borrar esa pequeña sonrisa de malicia.

-Si... mi señor...- Era lo que se escuchaba del demonio y le besaba la mano con una sonrisa mientras no le bajaba la mirada.

-Entonces... ya que al joven se le quitaron las ganas ¿Qué hacemos?- Cuestionaba algo sarcástico el mayor sentándose en el filo de la cama. -¿Nos abrazamos hasta dormir? ¿Te cuento una historia? ¿Te entono una linda canción de cuna?- Le seguía preguntando con evidente burla e ironía mientras acariciaba su mano con la suya.

-Eres un idiota...- Le replicó el joven sintiendo esa caricia, disimulaba su bochorno, no entendía que tenia este hombre o más bien demonio para despertarle esas sensaciones.

-Tendrás que acostumbrarte...- Eran las palabras con una sonrisa que le regalaba su demonio y se prestaba a levantarse de la cama para buscar alguna ropa, ya que era lo que se suponía que debía hacer oficialmente cuando ya fuera contratado como su mayordomo, era mejor practicar desde ahora. El joven le vio alejarse y se sentó a observarlo mientras caminaba hacia su armario.

-Si mañana estoy de humor... lo haremos... te concederé ese privilegio...- Le advertía divertido el joven, algo coqueto, ya ni el mismo entendía porque estaba comportándose de esta manera.

-Oh mi señor, rogaré a Dios que te den ganas...- Replicaba con aire melodramático el demonio volteando a verlo.

-Eres insoportable.- Con una sonrisa le decía el joven, de alguna forma se divertía con el, ese demonio despertaba su interés romántico, y eso era patético pensaba y entonces se quedó callado. Sebastian después de unos minutos encontró una pijama junto con ropa interior y se acercaba a dársela para que se vistiera. El joven no le miró a los ojos y solo se vistió casi ignorándolo, ese cambio de actitud era evidente.

-Me gustas...- Le susurró el mayor cuando le ayudaba a abotonar su pijama, tan cerca a su rostro que Ciel solo se sonrojó al escuchar aquello.

-Te gusta mi alma... yo no...- Eran sus palabras que pronunciaba con un dejo de nostalgia y molestia, recostándose en su cama se acurrucaba en las sabanas le daba la espalda.

-Tienes razón... bueno mi dulce amo, debes descansar mañana será un largo día- Eran las palabras de despedida de Sebastian mientras apagaba las luces se disponía a marcharse, fue al baño a arreglarlo, después de todo estaba a prueba, al terminar ya se retiraba pues no quería pasar la noche allí, pero antes de irse se dio cuenta que el joven se durmió acercándose solo acarició su cabello y con un suspiro se marchó. A la mañana siguiente, Ciel estuvo ocupado atendiendo a los postulantes para ser su mayordomo, aunque era una perdida de tiempo esa farsa puesto que ya el cargo estaba designado. Al final llegó Sebastian a la supuesta entrevista, fingiendo no conocerlo, decidieron jugar un poco.

-Señor Michaelis... veo que tiene un prestigioso perfil de trabajo...- Le comenzaba a hablar el jovencito teniendo frente a el a Sebastian que no dejaba de mirarlo algo embelesado.

-Si señor... está más que comprobado.- Respondió siguiéndole el juego.

-Veo que tiene muchas habilidades...- Le dijo con una picara sonrisa el jovencito.

-Si... Algunas no las apunté... Porque prefiero enseñárselas directamente.- Le advirtió coqueto el demonio acercándose a él en el otro lado del escritorio, le quitaba los papeles que leía.

-Ah si... ¿Cuales?- Algo excitado le decía Ciel sintiendo como su respirar se agitaba con solo tenerlo cerca.

-Puedo besar hasta quitar el aliento.- Le susurró sobre sus labios sintiendo ese aliento entrecortado.

-¿En serio?- Cuestionaba el otro con la mirada fija a él, aun cuando la puerta no tenia seguro, cualquiera que no tocara antes podría encontrarlo en esa posición comprometedora.

-¿Quiere que le enseñe?- Le cuestionó solo por presunción porque de todas maneras pensaba besarlo.

-Tal vez...- Dijo coqueto, y sin más ambos unieron sus labios en un apasionado y ansioso beso, que les quitó el aliento hasta segundos después.

-¿Y que más?- Acalorado el joven le insinuaba para que siguiera, aun cuando temia que alguien entrara.

-Puedo hacer que te corras solo con lamertela en un par de minutos.- Perversamente le respondió Sebastian apretando con sus manos su entrepierna, lo próximo que escuchó fue un jadeo del joven.

-¿Dos minutos?- Con fingida inocencia le decía el conde, mirando de reojo la puerta.

-Es suficiente...- Dijo el demonio y bajando su pantalón y ropa interior dejaba su entrepierna al desnudo, al notar como estaba algo dura solo sonrío y se prestó a lamerla con tal firmeza, que en un minuto ya estaba totalmente erecta, tenia un minuto más y eso bastó para meterla toda en su boca y con sus colmillos la estimulaba también. Ciel no resistía tanto placer, y trataba de no jadear alto además que estaba por correrse, ciertamente dos minutos le habían bastado y eso le molestaba.

-Sebas... tian... Ngh... nos van a oír...- Entre jadeos dijo antes de correrse, y cuando iba a gemir fuerte la mano de Sebastian tapó su boca, empujando su cabeza hacia su silla, estando arrodillado ahí entre su entrepierna bebía y succionaba su deliciosa esencia con mayor excitación.

-Idiota... hiciste que mi pantalón se manche...- Era lo que el joven murmuraba al estar arreglando su ropa interior y pantalón, después de ese momento de placer.

-¿Quieres que te siga mostrando mis habilidades?- Le insinuaba con una sonrisa mientras se relamía los labios por el delicioso sabor que aun estaba en su boca, y se prestaba a besarlo pero el joven volteó el rostro rechazando ese beso.

-No... me las muestras cuando celebremos tu contrato, más tarde.- Le dijo sobre sus labios con coquetería, el demonio iba a besarlo pero rápidamente volvió a su asiento, al sentarse la puerta se abrió.

-Ciel...- Le llamaba su padre entrando de imprevisto, el joven disimuló el bochorno que aun tenia por lo de hace unos segundos.

-Padre...- Respondía a su llamado tratando de mantener la compostura, pero sentía las mejillas acaloradas todavía ¿Como disimularlo? entonces comenzó a estornudar.

-¿Estás sonrojado?- Cuestionaba su padre algo dudoso.

-Creo que voy a resfriarme... - Murmuraba el joven disimulando se tapaba la nariz con su pañuelo.

-Señor Phantomhive... He escuchado mucho de usted me alegra conocerlo- Saludaba Sebastian levantándose de su asiento extendía la mano al dueño de la mansión.

-Espero sean cosas buenas las que escuchó de mi...- Dijo este con una amable sonrisa, mientras que el demonio fingía la molestia que le causaba tener este hombre cerca.

-Claro que si... una persona intachable como usted solo se pueden escuchar elogios.- Con fingida sonrisa le hablaba mientras por dentro lo maldecía.

-Es bueno saberlo...- Respondió este y dieron por terminada la entrevista. Todos los aspirantes a mayordomo del joven aguardaban en un salón aparte, todos casi eran ya adultos, el único joven era el demonio. Vincent no desaprovechó este pretexto para tener cerca a su hijo y comenzaba a manosearlo mientras evaluaban los perfiles de los hombres.

-El es muy joven... Necesitas a alguien con más experiencia...- Aclaraba su padre al ver el perfil de Sebastian, algo receloso por su presencia junto a la de su amado hijo.

-¿No estarás celoso, padre mio...? El no te quitará tu lugar en mi corazón.- Con evidente sarcasmo le murmuraba Ciel a su padre que solo sonrío ante esas palabras que sabia que no eran sinceras, su hijo lo odiaba.

-Además... debes admitir que aunque es joven, su perfil y recomendaciones son intachables.- Le trataba de convencer, aunque ya la decisión ya estaba tomada, no en vano la noche anterior se entregó a este.

-Dame un beso y dejo que te lo quedes...- Sugería con perversión Vincent para obtener algo a cambio, pues la verdad poco le importaba quien fuera a ser su mayordomo, tal vez experimentar con otro le favorecía.

-Solo un beso...- Con resignación aceptaba y con mala cara esperaba que lo besara. Fue un beso de unos segundos quien más lo disfrutaba era su padre, pero así la decisión fue tomada su Sebastian era el elegido, le dieron la buena nueva y los demás postulantes se retiraban.

-Ese maldito cerdo me obligó a besarlo...- Con mal humor se desahogaba en su oficina cuando estaba a solas con Sebastian, cuando firmaban el contrato. Una vez firmado, el nuevo mayordomo se acercó a la puerta con rapidez poniéndole seguro.

-Estoy contratado ¿Verdad?- Con sensualidad le hablaba el demonio de nuevo arrodillándose donde el estaba sentado, tomando su rostro notaba como se sonrojaba lentamente.

-Bueno usted prometió algo cuando me contratara...- Le decía al oído de forma seductora, recordando sus palabras de antes, mientras desabrochaba su camisa con lentitud.

-Yo cumplo mis promesas... además me ayudará a quitar mi mal humor...- Dijo el jovencito dejándose seducir, con una traviesa sonrisa.

-Utilízame para lo que desees...Mi señor...- Susurraba el demonio sobre sus labios con sensualidad y ambos unieron sus labios en un apasionado y casi desesperado beso. Cerrando este contrato, daban inicio a sus maliciosos planes.

:3 gracias a quienes siguen este fic

besos...