Sonic Life
Ya regresé para torturarlos de nuevo con esta historia, donde narraré como la relación entre Tails y Sonic se profundizará un poco más, y se verá cómo vivía el zorrito antes de conocer a Sonic, y lo que sucedió con sus padres. Intentaré describir de la mejor manera la crisis de culpa que tiene Tails con la muerte de sus progenitores. Espero que me haya salido bien :P.
Sin más, espero que les guste.
Chapter 5: Mi vida.
–Y ahí está mi aldea. –Dijo Tails, señalando un pequeño poblado a la distancia, mientras conducía al Tornado a través de las nubes de Green Hill, con Sonic descansando sobre las alas del avión.
–Oh, yo la conozco. –Recordó el erizo azul, levantándose de un salto. –Fue en una de mis primeras confrontaciones contra el viejo Eggy, hace años. Intentó usar a todos sus habitantes como rehenes para matarme de una vez por todas, pero obviamente los salvé a todos gracias a mi súper velocidad, como siempre.
–Sí, sabía eso. –Rió Tails. –Mis padres me ordenaron esconderme en mi cuarto antes de que los robots los sacaran. Estaba muy asustado.
–Ja. Y pensar que podríamos habernos conocido antes. –Determinó la Ráfaga Azul, riendo un poco, aunque después se tornó algo pensativo. –Me pregunto si Eggman podría seguirnos hasta allí. No queremos poner en riesgo a inocentes.
–¿Crees que Eggman vuelva a atacarnos hoy? –Inquirió el zorro, señalando que apenas había pasado dos horas desde que vencieron al doctor. –No creo que esté tan desesperado por destruirte este día en específico.
–La tercera es la vencida. –Respondió el erizo entre risas. –Sí, creo que el viejo gordo tomará un pequeño descanso. Vamos por tus cosas y continuemos nuestra misión.
–¿Misión…? –Subrayó Tails, de pronto meditativo. –¿Cuál es nuestra tarea? ¿Proteger a las Blue Islands de Eggman?
–Eso, y reunir las Esmeraldas del Caos.
–¿Esmeraldas del qué?
El erizo azul suspiró. Apenas y conocía la leyenda sobre esas gemas, y le disgustaba hacer un esfuerzo para recordarla.
–Hace unos meses, el Dr. Eggman encontró unas ruinas ocultas en North Island. Allí descubrió unas inscripciones misteriosas en las paredes, que relataban la historia de las Esmeraldas del Caos, siete gemas que guardan dentro un poder sin límites. Eggman no me contó muchos detalles, pero entre su parloteo entendí ciertos puntos. Una guerra se desató hace miles de años entre muchos pueblos para adueñarse de las joyas. Lucharon entre sí por décadas, hasta que devastaron gran parte del mundo entre el fuego de sus poderes bélicos. El Caos reinó en Mobius por años, hasta que un tal guardián de no sé qué les arrebató a los reyes de todos los reinos para ocultarlas donde nadie pudiera encontrarlas, para que la misma tragedia no se repitiera nunca más… resulta que las siete Esmeraldas del Caos están ocultas en las Blue Islands, esperando a ser encontradas de nuevo para liberar su poder contra todo el planeta… Eggman obviamente se vio tentado por todo ese poder, y de inmediato inició su búsqueda de las joyas por todas las islas, hace poco más de tres meses. Un día, encontró una en las entrañas del Labyrinth, y la usó para potenciar sus máquinas a un nivel abismal. Estuve más cerca de la muerte ese día que en toda mi vida, y eso es mucho decir. La batalla duró horas, y apenas y pude arrebatarle la gema a Eggman en el último segundo, antes de que todo Green Hill se viera destruido. La energía de la Esmeralda del Caos estaba tan alterada por los experimentos que Eggman realizó sobre ella que estallaría en pedazos con una fuerza que haría trizas la mitad de Green Hill. Fue difícil, y aún no lo entiendo del todo, pero pude dominar un nuevo poder. Un poder que me ayudaría a controlar el mismo caos, y a manifestarlo de diversas formas. El Chaos Control. Con él, reduje toda la caótica energía de la Esmeralda del Caos para impedir que detonara, pero pronto me di cuenta de que no podría absorberla, o terminaría siendo yo quien explotara… sin otra opción, liberé toda esa Chaos Energy de mi cuerpo, sin pensar en las consecuencias. La energía que expulsé fue tremenda, y con ella, todo el ejército de Eggman fue destruido, y no volví a ver al doctor por un buen tiempo… hasta hace una semana, donde volvió por venganza o algo así, pero, gracias a la Esmeralda del Caos, fue fácil vencerlo.
–Vaya. –Moduló Tails, sorprendido, una vez el relato acabó. –Pero, ¿no habías dicho que el doctor te atacó hoy más temprano?
–Afirmativo. –Confirmó Sonic sacando de su alborotada cabellera espinosa ambas gemas, que brillaban con aquel destello místico. –Esta mañana, mi Esmeralda del Caos brillaba de manera extraña, y nunca dejé de preguntarme qué sucedía. Entonces, mientras corría, vi como su resplandor menguaba o se fortalecía a medida de que me acercaba a lo que sea que estuviera localizando. Comencé a seguir la dirección a la que la Esmeralda del Caos se veía atraída, y llevé a los confines de Green Hill. Allí, me encontré con el simpático de Eggman, y me comentó que las Esmeraldas del Caos sienten la presencia de otra y reaccionan con ese brillo misterioso, lo que significaba que había otra cerca. Con mucho esfuerzo, le di su merecido al viejo gordo y cogí esta esmeralda también, todo de un solo movimiento. Y ahora, tengo dos de siete. Solo faltan otras cinco.
–¿Y qué harás cuando las tengas todas?
–No lo sé. Esconderlas de Eggman no parece la mejor opción, así que supongo que las tendré siempre encima, para asegurarme de que nuestro querido doctor no las consiga. –Expresó el erizo, encogiéndose de hombros. –Pero ya terminó nuestra charla. La aldea está ahí mismo. Aterriza en ese claro.
Los habitantes de aquella pequeña aldea vivían sus propias vidas en paz y tranquilidad. Desde que el pequeño zorro desapareció desde hacía unas horas, por fin podían completar sus tareas diarias sin temer que una máquina loca los atacara mientras menos se lo esperaran y arruinara todo. Por fin, hoy podían descansar, y respirar con calma y relajación…
O eso fue lo que pensaban.
Todos vieron como un pequeño avión rojo se acercaba a su pueblo a gran velocidad, incitado a aterrizar en él. Nunca alojaron a extranjeros en su aldea, y no era por nada, ya que no estaban acostumbrados en lo absoluto a encontrarse con desconocidos. Muchos se reunieron expectantes en el punto donde la nave aterrizaría, con deseos de saber de quién se trataba exactamente…
Una vez la avioneta aterrizó, soltaron un quejido de decepción y fastidio al ver al pequeño zorro amarillo de dos colas asomándose del asiento del conductor.
–Es solo Miles. –Bufó uno de los pobladores. –Larguémonos de aquí. De seguro solo es otro de sus locos inventos.
–Más te vale que no destruyas mi tienda con esa cosa. –Le advirtió un oso al pequeño Tails, quien se hundió aún más en su asiento.
Una vez los habitantes del pueblo se dispersaron, Sonic, a quien no le prestaron ningún tipo de atención, los miró con cara de pocos amigos.
–¿Qué clase de bienvenida es esa? Dices que estabas perdido en el bosque, ¿y a nadie le importó tu ausencia? Ya entiendo por qué no extrañarás este lugar.
–Me lo merezco. –Admitió Tails con una mirada triste. –Todos aquí vivirían felices si no fuera por mí…
–Es egoísta que ellos piensen eso. –Resopló el erizo, algo molesto. –Marchémonos de aquí lo antes posible antes de que me arrepienta de haber salvado este lugar en el pasado.
Una vez Sonic bajó de un salto del Tornado, Tails se encargó de apagarlo, mientras el erizo se alejaba un poco para recordar mejor cómo era exactamente esa aldea, y en donde se encontraba cada hogar que él se había encargado de que no resultara dañado.
–Vaya, vaya. Pero miren quién es: el pequeño fenómeno. –Una mueca de disgusto apareció en el rostro de Tails al escuchar esa voz. Miró de reojo a la derecha, y vio al perro antropomórfico junto a su pandilla de amigos que lo molestaban día tras día. –¿Trajiste un nuevo juguete para nosotros?
–Harry, no puedes quedártelo. –Replicó Tails, intentando mantener la calma.
–¿Y qué harás al respecto? –Preguntó el canino de pelaje negro, mientras sus compañeros examinaban el avión de arriba abajo, preguntándose cuánto debería costar.
–Él, nada. –La voz de Sonic los hizo retroceder unos pasos, justo cuando el erizo azul apareció de la nada, con una mirada bastante intimidante. –Pero yo les patearé el trasero de aquí a Westside Island si no dejan a mi amigo en paz.
–¿Hiciste un amiguito? –Sonrió Harry, recordando que no se encontraba solo. Sus cinco camaradas se colocaron junto a él, respaldándolo para confrontar al erizo azul. –Escúchame azulito, esto no es tu problema, así que mejor no te metas en nuestro camino si no quieres recibir una…
Sonic apareció en un segundo enfrente al perro, con una mirada tan dura que podría cortar diamantes. Harry y su séquito retrocedieron aún más, mientras los ojos del erizo parecían intimidarlos más y más.
–¿Qué decías? –Dijo el erizo, sonriendo un poco.
–¿Qui-quién te crees que eres para entrometerte en nuestro asuntos? –Le reclamó Harry, enfurecido, pero al mismo tiempo, asustado.
–Oh, nadie en especial. –Respondió Sonic, empezando a caminar hacia el perro, sin que nada pudiera detenerlo. –Solamente la Ráfaga Azul.
La pandilla rió ruidosamente después de oír esas palabras, aunque, en el fondo, su miedo seguía presente.
–Veo que eres tan estúpido como ese zorro. –La sonrisa de Sonic desapareció después de escuchar esas palabras. –Ahora mejor vete por donde viniste o lo pagarás.
–Será lo contrario. –Contestó Sonic, mientras un destello azul empezaba a rodearlo. Al verlo todo el grupo, y muchísimas otras personas quedaron estáticas. –Ustedes lo pagarán.
Sonic alzó su mano hacia la pandilla, y, como si de magia se tratase, produjo una poderosa ventisca que arrastró a los bravucones como si se tratara de un huracán, hasta mandarlos a estrellarse contra una casa
–¡¿Qué rayos fue eso?! ¡Miles, ¿qué hiciste ahora?! –Rugió el oso de antes, saliendo de la misma vivienda en la que Harry y sus compañeros fueron estrellados.
El furioso y gigantesco animal se encaminó hacia en pobre zorro, quien no alcanzó a reaccionar después de que Sonic confrontó a los buscapleitos por él.
Y después de que mismo erizo azul se interpusiera en el camino del oso, finalmente pudo despabilar.
–Hey, tranquilo. –Le avisó Sonic. –No vinimos a causar problemas.
–¡¿Y quién demonios eres tú?! –Exclamó el oso, amenazando a Sonic con los puños.
Grave error.
–¿Acaso así le agradecen a quien salvó sus vidas en el pasado? –Gruñó Sonic, con su enfado ya incontrolable.
Si no se desquitaba con algo pronto, definitivamente terminaría destruyendo toda la aldea.
En un súbito impulso, cargó al oso encima de su cabeza y lo lanzó hacia unos árboles.
–Tails, vamos a tu casa ahora. –Le ordenó el erizo al zorro amarillo, quien de inmediato saltó del Tornado y guió a Sonic hacia su hogar, que no estaba muy lejos de ahí.
Y mientras se encaminaban hacia la morada de Tails, todo el pueblo miraba al erizo azul desconcertados, reconociéndolo finalmente como su gran salvador, defensor y protector.
La Ráfaga Azul.
–Esto me gano por ocultar mi rostro de todos a quienes rescato. –Protestó Sonic, una vez ingresaron al humilde taller del joven zorro. –Nadie me conoce, y si nadie me conoce, ¿cómo rayos me respetarán?
–Al menos a ti te respetan. –Murmuró Tails, quien recogía alguna de sus cosas para introducirlas en una caja que trajo consigo. –Gracias, por cierto.
–No fue nada, pero ¡en serio odio este lugar! Todos estos imbéciles son unos egoístas que solo piensan en sí mismos. Si me preguntas, haces bien al largarte de aquí.
–Lo sé… –Contestó Tails, pensativo. –Pero al menos ya sabes todo lo que he vivido desde que mis padres murieron…
Sonic se sobresaltó al oír esas palabras, mientras Tails detenía su labor y suspiraba con pesar.
–Sucedió unos meses después de que salvaras la aldea… –Contó Miles. –Mis padres y yo habíamos vivido felices durante todo ese tiempo, hasta esa noche… Se inició un incendio en nuestro hogar. Mis padres fueron a mi cuarto muy rápido y me sacaron de ahí. Los vecinos intentaron apagar el fuego, pero no lo lograron. Había fuego en todas partes, y apenas y podía respirar. Mi madre tropezó y se lastimó el tobillo, pero le gritó a mi padre que me sacara de ahí a toda costa. Cuando estuve a salvo, volvió a entrar en la casa para rescatar a mamá, y entonces, todo mi hogar sucumbió ante el fuego, con ellos adentro… –Una lágrima cayó de los ojos azules del zorro mientras decía lo siguiente: –Y no pude hacer nada para salvarlos… Fue mi culpa. Si yo hubiera huido por mi cuenta, y junto a ellos, y ellos no tuvieran que verse obligados a venir por mí, hubieran sobrevivido. Todos hubiéramos sobrevivido. Pero no lo hice. Solo me oculté del fuego hasta que ellos salvaron mi vida… y no fui capaz de devolverles el favor. Todo sucedió… porque fui débil.
Tails estuvo por sollozar, pero soportó su tristeza, y no permitió quebrarse ante su héroe.
–Cuando todo terminó, mis vecinos se mostraron muy simpáticos conmigo, solo por lástima. Aún de pequeño mis inventos que salían mal causaban problemas, y mis padres siempre tenían que defenderme. Ahora, de seguro se sentían mal por mí, y por eso me ayudaron a construir una nueva casa. Pero, cuando me enfoqué solo en la construcción de máquinas para no lamentarme por siempre por la muerte de mis padres, ellos empezaron a odiarme. Mis robots arruinaban todo, y nada de lo que creaba funcionaba como debería. Al final, terminé solo y sin amigos. Me sitié lejos de los demás, y terminé por volverme solitario, como tú, pero por una razón completamente diferente… A pesar de que vivía lejos de los demás, mis proyectos seguían causando destrozas en la aldea, y una semana después, todos me despreciaban… Pero ya no me importaba. Diseñar, crear y reparar máquinas era lo que me distraía de todo… Era lo que me ayudaba a no caer en depresión, por lo cual seguí inventando, sin importarme lo que decían los demás, y por ello, nunca conseguí la simpatía de algún aldeano… Todos me ven como una molestia, y jamás me apreciarán. Estaba perdiendo la cabeza aquí, y sé que lo mejor es que me vaya mientras pueda… Quiero un verdadero sentido para mi vida, y creo que tú puedes dármelo. Por eso, iré contigo Sonic. Te ayudaré a luchar contra Eggman.
Sonic escuchó atentamente cada palabra que Tails pronunció, casi entre lágrimas, y, cuando estaba por contestar, el aterrador sonido de una explosión llegó a sus oídos, seguido por gritos de terror y desesperación.
Miraron por la ventana, y sus temores se hicieron realidad.
Un batallón mecánico destruía todo a su paso, y robots Egg Pawn arrastraban a los pobladores hasta el centro de la aldea, reuniéndolos a todos ante la satisfecha mirada de Eggman.
Quien estaba listo para una tercera ronda.
¡BUM! Quinto capítulo terminado. Sonic y Tails ahora deben combatir una terrible amenaza: las tropas de Eggman, y encontrar la forma de vencer al doctor sin que los "inocentes" aldeanos del pueblo de Tails salgan perjudicados. ¿Cómo podrán lograrlo? Lo mejor será averiguarlo en el siguiente episodio.
¿Y bien? ¿Qué opinan? ¡Envíenme sus review, comentando qué les pareció! No importa lo insignificante que sea para ustedes, pero para mí, significan mucho.
Cuídense y nos leemos.
