Un par de días pasaron el demonio y su joven contratista parecían estar una platónica luna de miel, al estar constantemente deleitándose de sus cuerpos, por mucho que intentaban contenerse les resultaba difícil, una mirada, un roce bastaba para desatar sus más bajos instintos. Ambos parecían estar volviéndose adicto al otro y ese detalle empezaba a entorpecer sus planes, ciertamente no estaban enfocados en lo que importaba pero aun así lo disfrutaban, no podían evitarlo.

Era muy temprano apenas la luz de la mañana aparecía y los amantes desnudos bajo las sábanas parecían dormir, el demonio no dormía solo estaba ahí aparentando hacerlo, embelesado lo miraba se veía tan inocente. ¿Quién imaginaría que tan dulce niño cayó rendido luego de una agotadora sesión de placer? Solo pensarlo lo hacía sonreír perverso, por momentos pensaba si el lo estaba corrompiendo o ese niño lo estaba corrompiendo a él. Suspiró ante tan confusos pensamientos y prefirió olfatearlo sentía embriagarse en su aroma que sin darse cuenta lo levantó, mirándole por la forma en que ansioso lo olía.

-Me encanta tu aroma- le susurraba al oído a manera de respuesta ante su mirada mientras no dejaba de impregnar sus sentidos con su delicado aroma parecía excitarse por la firmeza en que se aferraba a su cuerpo.

-¿Cual aroma? Descríbelo- Coqueto el joven le decía, no le desagradaba sentirse consentido de tal forma sino que acariciaba sus brazos que lo apretaban a su cuerpo.

-Tu alma mezclada con el olor de perversión, de maldad, pero a la vez tiene algo de inocencia , tu sucia alma vibra hermosa y deliciosamente ante mis sentidos, es el deleite de este demonio- Le respondía embelesado en su aroma en un tono dulce a la vez provocativo, al escuchar esas palabras se ruborizó un poco pero lo disimuló con una sonrisa jactanciosa.

-Eso sonó tan cursi- Se le burlaba para disimular el sonrojo causado por tal halago y notar la mirada extraña que el demonio le dedicaba.

-Ciel... ¿Qué se siente enamorarse?- Cuestionaba el demonio de forma algo ingenua casi sin pensarlo, solo era una duda que tenía; cuando ya la dijo es que se dio cuenta de la intensidad de esa pregunta no entendía por qué la había dicho.

-¿De qué hablas?- Cuestionó el otro confuso, sorprendido y tal vez algo emocionado que obviamente disimuló con un gesto molesto.

-Solo es curiosidad, tu eres un humano deberías explicarlo- Hablaba el demonio malhumorado por su propia estupidez, esa era una pregunta que nunca debió hacerla solo guardarla en su mente. El ambiente se tornó tenso entre ambos y dejaron los mimos a un lado separándose.

-¿Quién te dijo que todos los humanos sentimos esa clase de estúpidos sentimientos?- Murmuraba molesto Ciel mientras miraba con algo de desprecio al demonio que se levantaba de la cama y recogía su ropa que yacía alrededor de esta.

-Ohhh era una simple pregunta no te enojes- Musitó el demonio sin inmutarse y le devolvía una mirada burlona.

-¿Temes enamorarte de mi?- Cuestionó el joven entre burlón y coqueto dedicándole una fría mirada.

-Los demonios no sentimos, no te hagas ilusiones- Igual burlón le respondía este, mientras se sentaba al filo de la cama y se empezaba a vestir sin decir más palabra.

-Y el enojado era yo...- Murmuró el joven que buscaba su pijama y se volvía a acostar, solo vio como su mayordomo se fue sin decir más. No entendía su actitud mucho menos su pregunta, el demonio estaba empezando a sentir algo por él, eso le causaba gracia pero la gracia se perdía al pensar que el también estaba sintiendo algo que no había sentido antes por el demonio. Se suponía que esta relación era basada en el sexo y placer, los sentimientos eran desechables, no tenían sentido entre ellos. No pudo volver a conciliar el sueño, luego de casi una hora su mayordomo aparecía pero con una fría actitud que el no se iba a poner a cuestionar y así mismo imitaba su actitud. A media mañana el joven en la biblioteca leía un libro aún con el malhumor en su ser no podía concentrarse.

-Ciel... Tengo un rato libre ahora- Le interrumpió los pensamientos Vincent al entrar a la biblioteca.

-No molestes... No quiero nada de ti- el joven molesto lo rechazaba poniéndose de pie se disponía a marcharse, estaba de mal humor y lo que menos quería era sentirse acosado por su pervertido padre.

-Has estado extraño desde hace días- En un murmullo su padre lo detenía atrayéndolo hacia su cuerpo lo abrazaba con fuerza, siendo posesivo.

-Simplemente no estoy de humor... Es todo- Ciel le hablaba molesto mientras trataba de deshacer ese agarre con igual fuerza pero a la vez colaba sus manos en su pantalón muy ansioso lo acariciaba lascivo.

-Y si te digo que no te estaba preguntando- Posesivo y amenazante le decía al oído mientras lo llevaba a una pared donde pretendía hacerlo suyo, estaba tan ansioso, no lo había probado por días que ya excitado lo besaba con fuerza. Ciel solo trataba de zafarse se suponía que no volvería a estar con él.

-Déjame...- le decía entre ese fogoso beso que el no correspondía, que diferente reaccionaba todo su cuerpo, todo su ser ante su padre no era igual cuando caía ante el encanto del demonio, con quien un solo roce, mirada o beso abría las piernas sin dudarlo y lo disfrutaba hasta los más placenteros gemidos mientras pedía más en el éxtasis. Al pensar en eso se sonrojó un poco más pero no por las caricias forzadas que le regalaba su padre sino porque se daba cuenta que si le atraía el demonio en que sentido aún no lo tenía claro.

-Te dije que no estoy de humor- Le dijo mirándolo con odio y se retorcia fuerte para irse, cuando en la puerta se escucharon unos golpes, interrumpiendolos

-Joven amo... ¿puedo pasar?- Era la voz del demonio con un tono suave, Vincent lo maldecía en voz baja y se apartaba de su hijo, quien molesto iba al asiento donde estaba leyendo antes le permitía el paso a su mayordomo.

-Señor Phantomhive, pensé que el joven amo estaba solo, lamento si interrumpí su conversación.- Entraba el mayordomo con una aparente tranquilidad y una charola con galletas en su mano mientras Vincent con una falsa sonrisa le miraba.

-Le traía su postre de la mañana- El demonio con su suave voz se acercaba a su joven amo dándole el plato de galletas y este animado comenzó a comerlas.

-No estés comiendo mucho dulce- Le regañaba su padre también acercándosele.

-Es que Sebastian prepara los mejores postres- Con aire coqueto casi imperceptible le respondía al regaño y de reojo miraba a su amante que sonreía amable.

-Me halaga joven amo- El mayordomo con una sonrisa le respondía, cualquiera se daba cuenta que ellos tenían una extraña complicidad que su padre la notó llenándose de celos pero que no los dejaría ver y los disimuló.

-Hablamos después hijo...- Decía mientras salía y cerraba la puerta dejándolos solos.

-Te tardaste demasiado idiota, su lengua estuvo toda mi boca y sus manos me tocaron perversamente- Le regañaba en voz baja cuando pasaron un par de minutos y el demonio confirmaba que no estaba ya cerca.

-Estaba molesto- Murmuró el demonio con una sonrisa victoriosa, pues dejar que su padre hiciera eso era parte de su pequeña venganza por lo de la mañana.

-No esperes una disculpa de mi parte, porque no hice nada en la mañana y así lo hubiera hecho tampoco te la daría.- Jactancioso el joven le decía mientras terminaba de comer esas deliciosas galletas.

-Lo sé y lo mismo digo...- Le decía al oído el demonio con un tono burlón, ya dejando a un lado la tonta discusión de la mañana al rozar sus labios en su oreja.

-Algun día responderé tu tonta pregunta- Coqueto el joven decía al sentir esos labios cálidos rozarlo, esas caricias si eran placenteras le estremecían todo su ser.

-Ojalá sea antes de que te devore el alma- Provocativamente Sebastian le susurraba en forma divertida.

-Si justo en ese momento te lo diré- El joven decía tomando su rostro le obligaba a verlo como pidiendo que lo besara y quitarse la desagradable sensación de antes con su padre.

-Besarte cuando alguien más lo hizo me parece poco higiénico- Expresaba burlón rozando ahora sus labios a los suyos, finalmente en ese juego seductor a los pocos segundo se besaban de forma apasionada.

-Ngh...- Un sutil jadeo se escapaba de los labios de Ciel cuando se separaron un poco.

-Esa lengua tuya a tocado partes pocas higiénicas de mi cuerpo- Terminaba decir jadeante en un tono perverso.

-¿Cómo cuáles?- Con fingida inocencia le cuestionaba el demonio sintiendo como en esa cercanía sus alientos se mezclaban, ambos excitados se besaron nuevamente.

-Vamos a mi habitación mi padre puede volver- Le pedía el joven porque ambos estaban ya con ansias de unir sus cuerpos ahí mismo pero era muy peligroso, el demonio asentía aceptando su petición se marchaban a su lecho casi marital.

Mientras ellos se entregaban a sus bajos instintos, en su despacho Vincent pensaba sobre esta supuesta relación de su hijo con el mayordomo que lo ponían algo celoso al principio no lo vio como un rival sino tal vez como una pieza en su juego, al igual que era Ciel para él. Se suponía que este Sebastian ayudaría a su hijo en su exploración sexual pero al parecer y al notar la mirada de su hijo esto estaba más allá de sus expectativas.

-Ese hombre no me agrada nada... Tendré que deshacerme de él como lo he hecho con quienes me estorban.- Hablaba para sí mismo el hombre comenzando a pensar un plan para deshacerse de este mayordomo sin sospechar que este no sería alguien fácil de eliminar.

Muchas gracias por seguir esta historia... gracias por su paciencia espero este capítulo haya sido de.su agrado.