Sonic Life

¡Hello! Saludos de nuevo, y espero que les hayan gustado los anteriores capítulos de este loco invento mío. Como saben, esta primera temporada está basada en una combinación de Sonic Mania Adventures, Sonic X y Sonic Boom en varios puntos, por si se lo preguntaban. Las siguientes serán las independientes y quisiera decir originales, pero es obvio que es mentira XD.

Este capítulo será algo tranquilo en comparación con los anteriores, pero explicará cómo se han relacionado Sonic y Tails últimamente.

Espero que les guste y nos leemos al terminar.

Chapter 7: Alcanzando la velocidad.

Green Hill se encontraba bastante tranquilo durante los últimos días. Ninguna otra noticia había aparecido sobre Eggman desde que Sonic, y su nuevo compañero, Tails, lo habían derrotado en la pequeña aldea del zorro. Y obvio que estos dos jóvenes héroes estaban aprovechando al máximo sus pequeñas vacaciones de enfrentar al doctor.

–¡Vamos, Tails! ¡Sigue adelante! –Dijo Sonic, corriendo a una velocidad media (al menos para él) a través de una pequeña jungla en su amado hogar, Green Hill.

Sus pies parecían dos estelas azules, blancas y rojas, que se mantenían constantemente en movimiento, mientras el erizo azul avanzaba con gran agilidad hacia ningún punto en específico, y un pequeño zorro amarillo intentaba seguirle el paso, pero no lo conseguía.

Su pecho parecía estar por estallar, su corazón latía con fuerza, su respiración era agitada y le faltaba oxígeno a sus pulmones.

Además de eso, aún podía avanzar, haciendo todo el esfuerzo que su joven cuerpo resistía. Hasta ahora, su resistencia y rapidez se habían incrementado mínimamente, pero la mejora era notable. Y mientras más rápido fuera, más útil sería en las misiones para afrontar a Eggman.

Nunca pensó en detenerse, mientras observaba como Sonic parecía alejarse cada vez más. No estaba ni cerca de igualar su velocidad, pero eso no lo detenía.

Y a pesar de esto, no podía dejar de preguntarse cuáles serían los límites del erizo…

¿Qué tan rápido podía correr?

Ya quería saberlo, pero era consciente de que no lo averiguaría pronto…

Sin más, siguió moviéndose, y pronto llegaron a su destino…

La costa de Green Hill, donde acababa aquella gigantesca Zona, la más grande de todo South Island. Casi se desmaya cuando llegó a la playa, desplomándose en la suave arena, mientras el erizo azul lo observaba con una divertida sonrisa.

–Eres veloz, pero no lo suficiente para al menos equiparar mi rapidez. –Señaló Sonic, como un maestro que le enseña a su alumno. –Además, te cansas mucho después de unos minutos corriendo. Debes ser más fuerte, y resistir grandes distancias. Sé que será difícil, pero en algunos meses, podrás recorrer todo Green Hill sin detenerte.

–¿Acaso nunca fuiste así de rápido?

–Solamente recuerdo hasta mis siete años, pero sé que no era tan veloz como lo soy ahora. Correr siempre fue mi pasatiempo desde pequeño, y poco a poco fui mejorando, y desafiándome una y otra vez. Y me convertí quién soy ahora. Y tú, ¿estás dispuesto a darlo todo?

–Pues claro… –Afirmó Tails, asintiendo, mientras se ponía de pie, con un poco de dificultad claro. –¿Sabes? Jamás me imaginé siendo entrenado por el héroe de las Blue Islands. Todo parece tan… irreal.

–Esto no es un sueño. –Aseguró Sonic entre risas.

–Lo sé. Solo digo que… –Aclaró Tails, con un brillo en los ojos. –Gracias por hacer realidad todo lo que alguna vez deseé… Ser útil y ayudar por la causa correcta… Eso es todo lo que alguna vez quise, y seguro que mis padres estarían orgullosos de eso.

–Claro que lo estarían. –Respondió el erizo, sonriendo. –Por cierto, ¿cómo vas con la reparación del Tornado?

–Está casi listo. –Explicó Tails. –Puede que mañana esté como nuevo, e instalé un nuevo motor que lo hará más veloz. Tendré que practicar con él también para asegurarme de que no ocurra lo mismo que en esa vez.

–Más te vale que no ocurra lo mismo. –Advirtió el erizo azul, aunque después empezó a reírse. –Mírame, ya hasta parezco tu hermano mayor.

–Je. En realidad sí… –Concordó el zorro amarillo con una pequeña sonrisa. –¿Vamos por unos chilli dogs, "hermano"?

–Por supuesto, "hermanito". –Rió Sonic, mientras ambos empezaban a dirigirse tranquilamente hacia un nuevo destino: la pequeña ciudad al noroeste de Green Hill.

Los dos camaradas empezaron a llevarse cada vez mejor mientras más días transcurrían. Incluso podrían calificar al otro como el mejor amigo que tuvieron en su vida. Puede que no tengan tanto en común, pero sus personalidades distintas parecían complementarse entre sí, y así volver más fuerte su relación.

La confianza que el uno compartía con el otro ya era inmensa, y sus lazos, irrompibles.

Tenían unos pocos desacuerdos, pero nunca llegaban a una discusión, y los solucionaban casi al instante.

Vivían juntos en una pequeña cabaña abandonaba que Sonic usaba de hogar hace un par de años, y el zorro no tardó en arreglarla un poco, y tomar una parte de ella para convertirla en su nuevo taller, donde depositó al Tornado.

El destruido avión estaba casi deshecho cuando lo encontraron, pero con el tiempo, fue volviendo poco a poco a lo que era, y no faltaba mucho para que se transformara de nuevo en el fantástico medio de transporte que Sonic utilizaba para viajar a través de las islas del archipiélago.

Convivir con Sonic no era para nada molesto para Tails, quien ya estaba acostumbrado a la soledad, y era divertido tener a alguien con quien platicar de diversos temas. Sonic se mostraba también feliz de tener a alguien como Tails de compañía, y aunque no entendía ni una palabra sobre sus explicaciones sobre mecánica y robótica, seguía teniéndole paciencia, recordando que solo quería enseñarle todo lo que sabe hacer, con la intensión de impresionarlo. Aunque últimamente las explosiones en la vivienda improvisada del erizo eran más frecuentes, a él no parecía molestarle.

Su verdadero hogar era todo Mobius, después de todo, y no le importaba que el zorrito destruyera aquella vieja cabaña, en la que apenas y pasaba tiempo ahí, con sus locas invenciones. Además, al final, Tails se disculpaba y de inmediato arreglaba todo.

Sin duda, sus vidas parecían estar destinadas a ligarse entre sí, y nunca elegirían a alguien más para que fuera su compañero. Con solo tener al otro a su lado estaban conformes.

El tiempo pasó, mientras por fin los dos animales antropomórficos llegaban a la ciudad de Green Hill. Era bastante pequeña y simple, pero sus ciudadanos se satisfacían con eso. Los diseños de sus edificaciones estaban perfectamente diseñados para convivir en armonía con la naturaleza, sin contaminar en lo absoluto.

Muchos saludaron a Sonic y lo alabaron y agradecieron una y otra vez por sus actos heroicos, pero era algo a lo que el erizo azul estaba acostumbrado.

Los habitantes de ese poblado eran de los pocos que conocían como lucía la Ráfaga Azul, y, como nadie salía de ahí o tenía medios de comunicación, la noticia nunca se amplió.

Tails se sorprendió al ver que Sonic parecía singularmente tranquilo rodeado de personas. Aunque no había vivido con él por mucho tiempo, fue suficiente para conocer algo muy notable sobre él: no le gustaba la compañía.

Era un alma solitaria y libre, que ansiaba la paz, pero también la aventura.

Sin embargo, en ese momento se veía bastante cómodo, como si estuviera rodeado de gente amigable y confiable. Y realmente lo eran.

A pesar de que nadie ahí lo conocía, muchos lo trataron amablemente, y cuando supieron que se trataba del nuevo compañero de Sonic, aún más. Le ofrecieron comida, alojamiento y provisiones, a pesar de que el erizo aclaró que sólo estaban de visita.

Una vez el vendedor de perros calientes les vendió sus chilli dogs, el dúo abandonó la ciudad tan rápido como llegaron. Y eso era decir mucho.

–Eso fue divertido. –Dijo Tails, mientras le daba un mordisco a su salchicha. –¿Desde hace cuánto tiempo visitas esta ciudad?

–Un par de años, cuando la salvé de las garras del doc. No me conocían, pero me trataron como si fuera uno de ellos. No como las otras civilizaciones que he protegido de Eggman. Son distintos, y eso es lo que me agrada de ellos. –Contó el erizo azul, sonriendo disimuladamente. –¡Bien! Suficiente descanso. Vayamos rápido a la cabaña. Veamos qué tan veloz te has vuelto después de tanto entrenar. ¡Intenta seguirme el paso!

–¡No me dejarás atrás tan fácilmente, Sonic! –Aseguró el zorro, una vez su amigo salió disparado hacia lo profundo del bosque.

Apresuradamente, corrió tras él, usando sus colas para darse un impulso extra y llegar más rápido a su destino.

Que era alcanzar a Sonic.

El día transcurrió bastante tranquilo. Ningún ataque de Eggman, ningún robot que destruir y ningún inocente que rescatar.

Así había sido durante muchísimas horas, y planeaban disfrutar todas las que quedaban hasta que Robotnik apareciera de nuevo.

La calma los inundaba en aquella noche de luna llena, mientras paseaban pacíficamente por la orilla de la playa, en Green Hill. No dijeron ni una sola palabra, y solo disfrutaron el momento. Jamás pensaron que podrían conocer a alguien con quien pudieran divertirse tanto. A alguien a quien pudieran llamar "amigo".

Pero lo hicieron. El destino los unió por una razón, y fue para que ambos fueran los protectores de Mobius.

Para ello, enlazó sus dos vidas, uniéndolas fuertemente por el resto de sus existencias.

Una unión sólida, que jamás podría romperse.

–Bien. Te has vuelto bastante rápido durante los últimos días, pero es momento de subir el nivel. –Declaró Sonic con aire misterioso. Tails solo lo miró inquisitivamente. –¿Listo para aprender a usar el Spin Dash?

–¿Que qué? –Exclamó Miles, dando un paso atrás. –¿Cómo piensas que podría solo pensar en realizar ese ataque? ¡Ni siquiera tengo espinas como para que funcione efectivamente!

–No necesitas espinas, solo fuerza, y eso es en lo que trabajaremos ahora. –Señaló Sonic, tronando los nudillos. –¿Listo? ¡Muéstrame lo que tienes!

Antes de que Tails supiera lo que sucedió, se retorció en el suelo del dolor debido a un golpe que Sonic le propinó directo en el rostro. El erizo lo miró algo incrédulo, para después tornar su expresión un poco más severa.

–¿En serio? ¡Debes aprender a resistir un puñetazo o nunca podrás hacerle frente a Eggman! –Le reprochó Sonic, levantando sus puños. –¡Ahora, de pie! Apenas estoy calentando.

–¡¿Quieres que pelee contra ti?! –Bramó el zorro, dolorido. –¡N-no puedo! ¡No soy tan fuerte como para…!

–¡Muévete! –Le advirtió Sonic, interrumpiéndolo, mientras le lanzaba una patada directo al abdomen. Tails no tardó en usar sus manos para cubrirse, pero la potencia del ataque bastó para lanzarlo unos pocos metros hacia atrás.

Sonic lo miró, aguantándose las ganas de sonreír por mostrarse más riguroso, penetrando a Tails con una mirada de decepción.

Al verla, el zorro sintió como su corazón se destrozaba, y entendió que, si realmente quería ser útil para Sonic, debía demostrar que siquiera tenía el valor de afrontarlo…

Se puso de pie de un salto, y embistió a Sonic como un relámpago, ganando un impulso extra gracias al giro de sus colas.

Sonic decidió que no usaría su Light Speed en esta pelea, y se sorprendió bastante cuando no alcanzó a evadir el ataque con su velocidad ordinaria. No pudo resistirlo más y esbozó una enorme sonrisa.

Esto sería entretenido.

Con un solo brazo, el erizo contraatacó con una ráfaga de veloces puñetazos, uno seguido de otro, sin detenerse. Tails intentó cubrirlos todos, pero retrocedía un paso tras cada golpe, y Sonic aprovechaba la ocasión para acercarse. Una vez que vio una falta en la defensa de su rival, atacó con su otro puño, con un gancho de abajo arriba hacia el hocico.

Tails cayó de espaldas al suelo, lastimado, pero no se iba a dar por vencido tan fácilmente. Le costó un poco, pero consiguió ponerse de pie otra vez, y acometió con un latigazo de sus colas al pecho del erizo, quien lo eludió por poco. Sin embargo, no alcanzó a prevenir la patada del zorrito a la pierna, seguida por un puñetazo al rostro.

Sonic retrocedió dos pasos, con la mano en la cara, mientras se recuperaba del golpe y sonreía. Tails, algo magullado, sonrió de igual manera, con los puños en alto. Recordó que su padre siempre le había enseñado a boxear desde pequeño, e incluso conservaba todavía unos guantes de boxeo azules con una estrella roja, guardados en su nuevo taller.

Podrían servirle para este tipo de entrenamientos.

Rápidamente recordó las tácticas que su padre le enseñó, lanzándose al ataque con rápidos puñetazos, con la intensión de propinarle a su rival una serie de combos que podrían destrozar su defensa y dejarlo vulnerable.

Jamás pensó que utilizaría alguna vez esas tácticas, y mucho menos contra Sonic. Preferiría valerse de sus colas para pelear cuerpo a cuerpo, pero aprender a luchar con sus propios puños podría serle útil.

Incluso él mismo se sorprendió cuando las técnicas que ejecutó funcionaron contra Sonic, y no tardó en atacar con rápidos hits al pecho y estómago, planeando dejarlo sin aliento. El erizo ni siquiera intentó defenderse, preguntándose hasta qué punto podría llegar el pequeño zorro si se dejaba aporrear a golpes.

Y lo descubrió.

Tails asestó su último ataque: un uppercut a la barbilla que alzó a Sonic del suelo unos segundos, antes de caer al suelo…

El zorro amarilló miró completamente sorprendido lo que acababa de hacer. Logró vencer a Sonic.

Aunque obviamente era consciente de que el erizo no se había empleado a fondo, ya parecía ser solo una fantasía que él pudiera derribar a la Ráfaga Azul de tal manera. Parecía una ilusión, un sueño o incluso un espejismo, pero no creía que era real…

Pero lo era.

Después de tanto esforzarse, finalmente logró lo que tanto anhelaba…

Demostrar ser un factor útil en este equipo.

–¡Excelente! –Le felicitó Sonic, levantándose como si nada. –Nunca pensé que fueras tan bueno en los puños. Vaya, ni siquiera vi venir ese último golpe, pero la fuerza que ejerciste en él fue estupenda. Pero sí te diré que tus puñetazos siguen siendo muy blandos. Trabajaremos en eso después. Por ahora, preparémonos para lo que de verdad importa. Intentemos el Spin Dash.

La sonrisa de Tails se borró cuando recordó que la razón de aquel ejercicio era probar su fuerza, y que solo era un calentamiento antes del verdadero reto…

Aprender a usar uno de las técnicas características del gran Sonic the Hedgehog.

Tragó saliva, y se preparó para la enseñanza. Sonic lo miró con una sonrisa, mientras se preparaba.

–Intentemos una maniobra simple. –Resumió Sonic. –El Spin Jump.

Sonic dio un salto en el aire mientras se enrollaba en sí mismo a gran velocidad, convirtiéndose en una bola espinosa. Una vez aterrizó, dejó de rodar y observó de nuevo a su aprendiz, que intentó memorizar el proceso para imitarlo lo mejor posible.

–Simple. Ahora, hazlo tú.

Tails suspiró, consciente de que no lo lograría en el primer intento. Dio un gran salto con un apoyo de sus dos colas, y rápidamente dio varias piruetas en el aire para intentar rodar. Al principio, pareció funcionar, pero de inmediato perdió su fuerza de rotación y terminó de boca al suelo.

El erizo azul sonrió de lado. Tenían mucho trabajo por hacer, pero al menos era un comienzo.

Tails se incorporó un poco dolorido y le lanzó una mirada de decepción a Sonic.

–Lo siento, pero creo que necesitaré más práctica.

–Eso es un hecho. –Concordó Sonic, riendo. –¿Creíste que lo lograrías al primer intento? ¡Esto requiere días de entrenamiento! Pero te aseguro que pronto dominarás la técnica como si fuera tuya. Ahora, larguémonos de aquí. Tenemos que dormir bien para despertar con las pilas bien puestas mañana temprano.

Tails sonrió, un poco consolado, aunque indirectamente. Le alegraba saber que no era un caso perdido, y finalmente se sentía realmente seguro de que se convertiría en un guerrero igual a Sonic algún día.

E imaginar que podría asimilarse al gran héroe de las Blue Islands parecía una fantasía.

Pero no.

Iba aprendiendo sus técnicas.

Iba equipando su fuerza.

E iba alcanzando su velocidad.

Por una vez, sentía que si continuaba en este camino, cumpliría su única meta.

Proteger a los inocentes de fuerzas malignas.

Como sus padres siempre hubieran querido…

¡No puedo escribir ni un capítulo que no contenga una batalla!

Pensé que solo se trataría sobre cómo convivían Sonic y Tails, y sobre sus extrañas costumbres, pero terminé con un loco entrenamiento, en el que agregué el "boxeo" como una de las habilidades de Tails. Esto último está basado en los guantes de boxeo que utiliza en Sonic Advance 3, por cierto.

Bien, ya con esto termina este loco episodio, y sin más que decir, espero que les haya gustado.

Cuídense y nos leemos.