Sonic Life

¿Saben? Al principio creí que este solo sería un proyecto para entretenerme, una historia con capítulos ligeros y fáciles de leer, pero terminé obsesionándome tanto con este fic que ya tengo como cinco episodios listos :P. Agradezco a todo el que se haya tomado el tiempo de leer esta historia, y espero que continúen apoyándome en ella, y siguiéndola parte por parte.

Y sin más que decir, es hora de continuar con Sonic Life, con la revelación de cierto famoso personaje…

¡Espero que les guste!

Chapter 8: Mi tiempo entre las nubes.

Nunca supe por qué estaba aquí, ni quien me encargó esta misión.

O en realidad, fue hace tanto tiempo que no alcanzaba a recordarlo.

¿Cómo sobreviví? Eso no lo sé.

La catástrofe ocurrió hace cientos de años, y mis ancestros fueron los únicos que salieron con vida de tal catástrofe.

No sé lo que sucedió con ellos, y probablemente nunca lo sabré.

Estuve sólo desde hace tanto tiempo, que solo imaginarme socializando con alguien me provoca escalofríos.

Estaba bien así. Sólo, y continuando mi labor de por vida.

Protegerla a ella.

–Doctor, llegaremos a nuestro destino en alrededor de quince minutos. –Informó una voz electrónica y femenina al nefasto Dr. Ivo Robotnik, quien, descansando en su cómodo asiento frente a los controles de su Wing Fortress, se dirigía con paso seguro hacia el origen de una variación de Chaos Energy que absorbió toda su atención.

Una Chaos Energy eterna, y poderosa. Preciosa, pero con propiedades energéticas tan catastróficas que con solo obtenerla…

Podría hacer realidad el Imperio Eggman de solo parpadear.

Y no pensaba fallar de ninguna forma.

–¡Sonic! –Gritó Tails, corriendo como un demente a través del extenso bosque de Green Hill, buscando al erizo azul.

No más de 50 horas pasaron desde su primer entrenamiento para aprender el Spin Dash, y hasta ahora, los resultados habían sido siempre los mismos. Pero eso era otra historia.

Ahora, enfrentaban un problema mucho más grande.

–¿Qué sucede, compadre? –La voz de quien buscaba llamó su atención, deteniéndose en seco. Cuando levantó la vista, encontró al erizo azul, descansando cómodamente en la rama de un árbol.

–¡Sonic! –Exclamó el zorro, usando sus colas para volar hasta él como un relámpago. –¡Es Eggman!

–Conque al fin se decidió en aparecer, ¿eh? ¿En dónde?

–Sale de las Blue Islands. –Respondió Tails, cuya noticia sobresaltó a Sonic. –Nadie sabe adónde se dirige, pero de seguro no es nada bueno.

–Nunca es algo bueno cuando se trata de nuestro querido doctor. –Repuso el erizo, poniéndose de pie. –¿Cómo está el Tornado?

–En óptimas condiciones. –Aseguró el joven zorrito. –Tengo las llaves, ¡vayamos ahora!

Ni siquiera tuvo que repetírselo a Sonic. De un salto, bajó del árbol en donde se encontraba, cogió la mano de Tails y salió disparado a una velocidad sónica, dejando a su camino una nube de polvo.

No tardaron más de unos minutos en llegar a su humilde, pero acogedor hogar, dirigiéndose al taller de Tails, donde, una vez abrieron la entrada, se reveló al Tornado, en un perfecto estado. Sonic abrió los ojos con sorpresa e incredulidad. Le parecía alucinante que Miles haya logrado repararlo a la perfección de esa manera, pero así fue.

No tardaron en abordar el avión, y pronto estuvieron ya en el cielo, encendiendo los propulsores a toda velocidad.

Pronto, dejaron atrás Green Hill, y minutos más tarde, toda South Island.

Nada los detendría de plantarle cara a Eggman una vez más, y el inventor tendría que vérselas con ellos antes de poner en marcha otro de sus diabólicos planes.

Lo que no sabían, era que esta vez los procedimientos a tomar del doctor eran mucho más ingeniosos de lo que pudieron predecir.

–Aquí vamos de nuevo, Eggy. –Susurró Sonic, firme sobre las alas de su avión. –¿Quieres bailar otra vez? Pues bailaremos, hoy y cualquier otro día que pretendas hacerle daño a mi planeta.

Tenía 16 años, más o menos.

Lo sabía porque contaba cada día que pasaba, desde que tenía memoria, marcándolos en una de las paredes del antiguo castillo en ruinas que llamaba hogar.

Aunque no estaba muy "en ruinas" que digamos.

Él se había encargado de mantenerlo en perfecto estado durante años. Cada habitación, cada cuarto estaba intacto, como nuevo. Se aseguraba de que el lugar en el que alguna vez moraron sus ancestros permanezca respetable, en memoria de ellos.

No pretendía olvidarlos, pero apenas y recordaba cómo eran, y eran solo memorias vagas, que poco a poco se volvían más borrosas y difíciles de remarcar.

El tiempo pasaba, y su joven cuerpo maduraba. Su mente se desarrollaba, y sus habilidades también.

Se estaba haciendo un guardián admirable, probablemente el más vigoroso que haya existido, o tal vez no.

Pero algo era seguro, nadie robaría su más grande tesoro mientras él estuviera presente.

Subió de nuevo hacia el altar, un gran monumento que consistía en una plataforma circular al aire libre, en lo más alto de todo Hidden Palace, donde se alzaban enormes pilares de mármol. En el centro de la sagrada construcción, se ubicaba el altar: unos escasos escalones que ascendían hacia el tesoro más valioso de toda la isla…

Soberbia y esplendorosa, la Esmeralda Maestra brillaba con su enigmática luz verdosa, que parecía irradiar paz y calma.

Knuckles the Echidna subió la pequeña escalera y se tumbó junto a la gema, aburrido. Sabía que probablemente estaría allí, sólo, durante toda su vida, y aunque no era precisamente lo que deseaba, era su destino. Su tarea, y su única razón para existir. Por ello, se sentía obligado a permanecer ahí, vigilando la Esmeralda Maestra, durante el resto de su existencia…

Cuando todo sucedió.

Unos robots que se asimilaban a rinocerontes salieron de la nada. No eran muy grandes, pero parecían peligrosos, y se desplazaban con velocidad con una única rueda bajo sus cuerpos metálicos.

Como una manada de animales salvajes, arremetieron contra Knuckles, quien aún no reaccionaba.

Pero, cuando entendió la situación, dibujó en su rostro una diminuta sonrisa. Hace mucho tiempo que no tenía rivales a los cuales destrozar.

El equidna rojo chocó sus puños, y se abalanzó sobre sus atacantes. Con feroces puñetazos que destripaban el metal como si nada, hizo trizas a los Rhino Tank, eliminándolos. Pero la cosa no había acabado allí.

Más robots empezaron a aparecer como si fueran fantasmas, y atacaron unidos al equidna rojo como una furiosa estampida. Knuckles los destrozó sin piedad, sin importarle qué rayos eran esas cosas, y por qué le atacaban. Porque en realidad no le interesaba, pero, si querían llevarse consigo la Esmeralda Maestra, recibirían la muerte como castigo.

Era su obligación como guardián nunca permitir que algo malo le ocurriese a su amada joya.

Buzz Bomber se desplomaron ante él como chatarra. Dragonfly explotaban en el aire, y Butterdroid no tenían ninguna oportunidad en contra de sus puñetazos.

Al final, ninguna máquina quedó en pie. El equidna los observó sin interés, como simple basura, y se encaminó de nuevo hacia la Esmeralda Maestra, justo cuando unos pasos lo alarmaron.

–Impresionante. –Dijo una voz, que, aunque para el resto del continente era muy bien conocida, para él no.

Volteó de nuevo, y cuando iba a lanzarse contra aquel desconocido, éste intentó detenerlo.

–¡Espera, espera! –Le imploró Eggman, sin su Egg Mobile, ni ninguna máquina que lo protegiera del mortal equidna. –¡No soy un enemigo, solo quiero ayudarte!

–¿Por qué debería confiar en ti? ¿Y quién eres? –Inquirió Knuckles con suspicacia.

–Puedes llamarme Ivo, y vine aquí para advertirte sobre este ataque, pero veo que llegué algo tarde. –Se explicó el doctor, esbozando una sonrisa que irradiaba tanta confianza y amabilidad, que Knuckles bajó la guardia.

–Habla entonces. –Le exigió el equidna, aún incómodo con la presencia de alguien tan cerca de la Esmeralda Maestra.

–Escucha, tengo una información que podría servirte. –Continuó Eggman. –Primero, déjame que me presente como se debe. Soy el Dr. Ivo, gran diseñador de dispositivos que utilizo para hacer un buen en el mundo. Mi sueño es que Mobius sea lo que siempre debió ser, con ayuda de mis máquinas. Muchos siguieron mi causa, pero otros… se vieron más hostiles al respecto. Sonic the Hedgehog fue el peor de ellos. Es un erizo azul que cuenta con una velocidad insuperable, que obtuvo gracias a uno de mis artefactos que robó. Él siempre ha saboteado mis planes, y destruido mis inventos, y hasta entonces no he logrado que me deje en paz. Y ahora tiene un pequeño aliado que le ayuda en sus fechorías contra el nuevo régimen que intento crear: un zorro amarillo cuyo nombre desconozco. Es joven, pero tiene un ingenio que superaría el de cualquiera de su edad. Robó varios de mis diseños robóticos, y los utilizó para crear estas abominaciones que usa para ayudar a Sonic. Entre ambos, piensan conseguir el poder suficiente para arruinarme, y para ello, robarán esta gema tuya…

–La Esmeralda Maestra… –Susurró Knuckles, apretando los puños, enfurecido.

–Sí, y pensé en advertirte antes de que…

–Largo de aquí. –Le ordenó el equidna rojo, sorprendiendo al humano.

–¿Eh?

–No lo repetiré otra vez. Vete, y nunca vuelvas. No me interesan esos dos imbéciles, y si se atreven a asomar sus rostros por aquí, yo mismo me encargaré de ellos. Pero no quiero a ningún intruso en mi isla, así que más vale que te largues ahora mismo si no quieres caer antes que ellos.

Knuckles alzó sus puños con una expresión intimidante. Eggman no dijo ni mu. Retrocedió unos pasos, y apretó un interruptor que guardaba en su chaleco. Su Egg Mobile llegó rápidamente, subió en él, y desapareció de Hidden Palace tan rápido como había llegado.

Knuckles solo lo vio alejarse, meditando acerca de las palabras del anciano…

Si unos sucios ladrones planeaban tocar su esmeralda, lamentarían el día que pusieron un pie sobre Angel Island.

Porque no saldrían con vida.

Eggman se retiraba volando sobre su transporte característico con una sonrisa satisfecha. Ahora, podría matar dos pájaros de un tiro: Knuckles se encargaría de Sonic, y él robaría la Esmeralda Maestra, todo con un solo movimiento. Y cuando el equidna descubra su plan e intente vengarse, se ocuparía de él con una facilidad obvia. Tenía problemas con Sonic gracias a su velocidad y resistencia, pero Knuckles contaba sólo con la fuerza bruta, y podría lidiar con eso sencillamente. Ahora, solo debía planear su última jugada.

Y ahora que no tenía por qué preocuparse por Sonic, se dirigió hacia su enorme nave, camuflada junto una enorme isla, que, para la incredulidad de muchos, parecía flotar millones de metros sobre el océano, escondiéndose entre las nubes…

Angel Island.

–Oh, querido Sonic. No puedo esperar para ver cómo eres destrozado por Knuckles. Nunca tendrás una oportunidad contra él. –Eggman sonrió malignamente, mientras accedía a la invisible Wing Fortress, que parecía lista para iniciar un devastador bombardeo contra la isla…

–Tails, ¿seguro que es por aquí? –Le preguntó Sonic a su compañero, sin ver más que nubes a su alrededor, y debajo de ellos, solo alcanzaba a distinguirse el mar infinito.

Habían estado viajando en el Tornado desde hacía horas, y no consiguieron seguirle la pista a Eggman durante todo el trayecto hacía ahí. Pero las coordenadas que el zorro recibió eran exactas, y decían que la Wing Fortress de Eggman se dirigía justamente hacia esa dirección, sin falta alguna.

–No lo sé… –Admitió Tails, siendo honesto consigo mismo: no habían conseguido encontrar a Eggman.

Sonic suspiró, y estaba por ordenarle a Tails dar la vuelta para volver a South Island, cuando consiguieron vislumbrarla.

Una enorme masa de tierra parecía levitar en medio de un cielo azul, cubierto de nubes.

Ambos aventureros quedaron sin aliento al ver esta secreta anomalía, seguramente desconocida para el resto del mundo.

Era obvio que Eggman se dirigía hacia allí.

Y lo corroboraron segundos después.

Un brillo cegador los aturdió por unos instantes. Tails perdió el control del Tornado unos segundos, pero lo recuperó al instante.

Sonic sacó de su enredada cabellera las dos Esmeraldas del Caos que poseían, observando como ambas brillaban con un destello enigmático y desconocido, sin asemejarse a nada que hubieran visto antes.

–¡Vaya! ¿Hay otra Esmeralda del Caos por aquí? –Se sorprendió Tails, sonriendo un poco. –¡Es obvio que está en esa isla! ¡Y seguro Eggman va por ella! ¡Debemos evitarlo!

–Por… por supuesto. –Asintió Sonic, bastante pensativo…

Había examinado minuciosamente el brillo de la Esmeralda del Caos verde cuando localizaba la amarilla, y era mucho más intenso que éste. No parecían estar sintiendo a otra como ellas cerca…

Parecían estar sintiendo a algo aún más grande…

O a alguien.

No obstante, decidió quedarse callado para no sonar paranoico, y se lanzó junto a su compañero para afrontar esta nueva travesía, que seguramente duraría un buen tiempo…

Nunca podrían imaginarse lo que encontrarían en aquella isla.

¡Capítulo listo! Pues bien, ¿qué puedo decir? Knuckles es agregado a este loco fic, iniciando como un rival para Sonic y Tails gracias al engaño de Eggman. Es hora del primer round entre nuestro erizo favorito y este carismático equidna rojo, que de seguro les sorprenderá, ya que agregué algunas nuevas habilidades para Knuckles, además de varios poderes que ya poseía en varios videojuegos.

Espero que estén presentes ahí, y sin más que decir:

¡Cuídense y nos leemos!