Sonic Life
¡Hola a todos! Me alegra estar de vuelta con un nuevo episodio de esta loca historia. No tengo mucho que decir, y en realidad, no hay nada más que agregar, así que solo espero que lo disfruten.
Chapter 10: En las profundidades.
Aún estaba cayendo…
Probablemente recuperó la conciencia rápido, porque aún veía Angel Island, a cientos de kilómetros encima de él. El viento era tan fuerte que parecía arrancarle la piel.
Estaba aturdido, con un fuerte dolor en todo el cuerpo, pero aún más fuerte en la cabeza…
Tardó unos segundos en reaccionar.
Una vez despabiló, entró en pánico. Emitió un grito de terror mientras giraba alocadamente, descendiendo hacia su fatal destino…
Entonces, fue que vio algo…
Una pequeña isla, flotando en el mar, como una solitaria masa de tierra inundada por la vegetación. Intentó dirigir su caída cual paracaidista, posicionando su cuerpo de tal forma que podía controlar su rumbo, y así elegir su destino.
Su salvación.
Pocos minutos más tardes, la isla era mucho más cercana. Giró su cuerpo de nuevo, aterrizando con los pies en la tierra con una fuerza que hizo vibrar el terreno a su alrededor.
La potencia con la que cayó retumbó en todo su entorno, provocando una ventisca que sacudió la flora cerca, como un pequeño ventarrón.
Se incorporó, observando serio en donde se encontraba. No pudo reconocerlo. No era ninguna de las Blue Islands, y eso le extrañaba. Debía ser un islote perdido, cuya existencia era desconocida para el resto del mundo.
Se sintió provocado a explorar, cuando el fugaz recuerdo de Knuckles le llegó a la mente…
–Ese canalla… –Murmuró, frunciendo el ceño. –Ya me encargaré de él, primero debo encontrar a…
Sus ojos se abrieron con sorpresa, levantando la vista. La isla flotante era tan lejana, que apenas parecía visible, aunque alcanzó a ver la enorme cascada que caía desde ella miles de metros en el aire hasta terminar en el océano.
–Tails… –Susurró, preocupado por su amigo.
Iba a correr hacia la enorme montaña, en el centro de la isla, cuando sus ojos verdes consiguieron captar un pequeño punto amarillo cayendo con la corriente de la cascada, siendo arrastrado hacia abajo por esta. Aguzó la mirada, intentando determinar de qué se trataba, pero cuando lo averiguó, su preocupación cambió radicalmente a alarma.
Era Tails. Quien, inconsciente y malherido, se desplomaba hacia el mar.
No esperó otro segundo para operar.
Salió disparado con un gran porcentaje de su velocidad hacia la montaña, dejando a su andar una brisa leve, pero notable. La Ráfaga Azul avanzó cual relámpago a través de la espesura de aquel bosque, esquivando árboles, arbustos o cualquier otra planta que lo molestase.
Sus ojos consiguieron visualizar una extraña civilización en ruinas, pero no iba a quedarse a investigar.
Aceleró cuando alcanzó a ver como Tails parecía caer más deprisa, bajando hasta el punto que el mar debajo de él parecía cada vez más cercano.
Empezó a desesperarse, y se apresuró aún más, arrasando con cualquier cosa que se interpusiera en su camino. Nada iba a impedirle rescatar a Tails.
Finalmente, subió toda la montaña en menos de 10 minutos, hasta llegar a la cima, y desde allí, saltó con todas sus fuerzas, aprovechando el impulso que ganó durante su recorrido para llegar aún más alto.
Ni siquiera pensó en lo que podría ocurrir al alcanzar a Tails, como el que caerían en el fondo del mar, y se ahogarían, ya que Sonic no sabía nadar.
Y ni planeaba aprender.
Ignoró ese punto y se concentró en su objetivo mientras avanzaba como un cohete por el aire, en dirección a Tails… y cuando estaba a punto de alcanzarlo, consiguió visualizar un pequeño resplandor amarillo que caía junto a él…
La Esmeralda del Caos que el zorro traía consigo cuando llegó…
No pensó en eso de inmediato, y solo tomó a Tails, empujándolo de la corriente de la catarata. Suspiró lleno de alivio al comprobar que aún respiraba, y que sus heridas eran solo superficiales. Probablemente solo había recibido un par de golpes antes de quedar noqueado.
Y era obvio quién lo había lastimado.
Miró hacia arriba con furia, visualizando Angel Island, que desde ahí parecía lejana y apenas visible. Mostró los colmillos con ira, y cuando decidió que volvería por una revancha contra ese rojito, recordó que ahora mismo, estaba cayendo hacia el mar.
Miró hacia abajo con alarma, comprobando que la gravedad ya hacía de las suyas, empujándolos hacia el suelo con una fuerza tremenda e irresistible.
Sonic no alcanzó a hacer algo al respecto, pues la distancia que los separaba del mar no era mucha, y al final, ambos terminaron sumergidos bajo el agua, hundiéndose cual roca en las profundidades del océano…
Lo último que vio Sonic fue el distante destello dorado de la Esmeralda del Caos que no logró recuperar, que se hundía a kilómetros de ellos, compartiendo su destino…
Estaba molesto, pero no sabía muy bien porqué.
Aquellos ladrones recibieron su merecido, y probablemente no molestarían a nadie nunca más. Había hecho algo bueno, ¿no?
Aunque, ¿qué le interesaba eso? Su trabajo no era hacer justicia, era proteger la Esmeralda Maestra, y eso había hecho. Cumplió con su labor, aunque debió ensuciarse un poco las manos.
Dejar inconsciente a un niño y lanzarlo a un río no era una hazaña muy noble, pero no era de su importancia.
Además, recibió un pequeño, pero valioso tesoro…
–Una Esmeralda del Caos… –Murmuró, examinando la joya verde en su mano, que encontró de camino a Hidden Palace, en el bosque.
Probablemente esos ladrones la traían encima, y se perdió durante su batalla con ellos. Y ahora que la había recogido, al menos podría ponerla en un lugar donde no cayera en malas manos…
Su especie pereció por ello.
–Aún me parece curioso encontrarte por aquí. –Dijo Knuckles, hablando con la propia gema, como solía hacer a veces con la Esmeralda Maestra. –Jamás pensé que volverías al lugar donde fuiste creada, que te mantendrías lejos, como todas las demás, pero regresaste… Y quisiera saber por qué.
Obviamente, la joya no le respondió, pero Knuckles no paraba de inspeccionarla, consciente de que nunca podría encontrar una igual en su isla.
Habían sido escondidas lejos de ahí hace milenios.
Sin embargo, su tranquilo recorrido fue interrumpido por una extraña sensación, que solo había experimentado unas pocas veces en su vida, pero la reconoció de inmediato.
Se lanzó como un torpedo hacia Hidden Palace, escondiendo la esmeralda en su mano entre sus púas. Atravesó Marble Garden lo más rápido que pudo, levantando una cortina de polvo a su andar, mientras su expresión revelaba profunda preocupación. Corroboró sus temores cuando toda la isla tembló, y segundos después, comenzó a descender…
–Al final, siempre tengo razón… –Se dijo a sí mismo, mientras llegaba finalmente a Hidden Palace por un atajo que solo él sabía que existía. –Todos los que se aparecen en esta isla solo vienen por la Esmeralda Maestra.
Subió unas finas escaleras en espiral a toda velocidad, con la mirada fija hacia arriba, hasta que finalmente llegó a Altar Emerald, y allí, contempló lo que se esperaba…
Una pequeña nave que encontraba encima del altar, en la cual operaban distintos robots, algunos intentando transportar la Esmeralda Maestra, que había sido quitada de su lugar, donde transmitía su energía en toda la isla para hacerla flotar.
Entre toda la parafernalia robótica, se encontraba aquel hombre que había iniciado todo esto…
–Tú… –Masculló Knuckles, mostrando los colmillos. –¡Siempre fuiste el responsable de los ataques! ¡Tú enviaste a estos estúpidos aparatos!
–Oh, conque por fin te das cuenta de la verdad, Knuckles. –Eggman volteó hacia el equidna cuando lo vio llegar y le sonrió. –Es una suerte para mí que el guardián de todo este poder sea tan ingenuo. Gastaste tu tiempo encargándote de Sonic y su peludo aliado para que yo me quedara con el premio mayor. Debo agradecerte por eso, mi amigo, con esta gema de poder infinito… ¡Nadie podrá interponerse nunca más en mi camino!
–¡No dejaré que te quedes con la Esmeralda Maestra! –Rugió Knuckles, abalanzándose sobre el doctor, quien sonrió.
–Pues veamos qué tan rudo eres. –Contestó, sacando un interruptor de su chaleco, que activó sin vacilación.
Los robots reaccionaron una vez el botón fue pulsado, encarando al equidna rojo, contra quien se abalanzaron de inmediato. Knuckles giró sobre sí mismo mientras tomaba un impulso corriendo, convirtiéndose en una bola espinosa que arrasó contra todos los robots a su paso.
Balkiry atacaron desde los cielos con una lluvia de metralla, pero Knuckles se cubrió creando una pared de fuego, que expandió hacia el cielo para incinerar a los Badnik aéreos sin problemas. Los Rhinobot y Monkey Dude tampoco eran inconvenientes para el equidna, que los hacía pedazos con furiosos golpes, abriéndose paso hacia Eggman con una mirada furiosa.
El doctor presenciaba la increíble fuerza del equidna desde su lugar, pensativo… Puede que no fuera tan peligroso como Sonic, pero podía ser una futura molestia si no se deshacía de él ahora, y eso mismo pensaba en hacer.
Varios Bloominator salían de la nada para disparar sus mortales espinas por doquier en un intento por detener al peligroso equidna, quien, imparable, los hizo explotar al rodearlos con una poderosa descarga eléctrica. Caterkiller Jr. cayeron del cielo, estallando en puntiagudos proyectiles que se disparaban hacia cualquier dirección, pero Knuckles levantó un fragmento rocoso del suelo de mármol, usándolo como escudo para protegerse. El equidna sonrió y, con un poderoso impulso, salió eyectado hacia Eggman, eliminando a cada robot que interfería en su camino.
–Control sobre el fuego, la electricidad y la tierra… –Susurró el doctor, sonriendo, justo cuando Knuckles se lanzó contra él. –Tu cuerpo se adaptó por completo a la radiación de Chaos Energy de la Esmeralda Maestra, y la manifiesta sobre el control sobre los elementos. Fascinante…
Segundos antes de que el puño del equidna llegara al rostro del humano, un proyectil eléctrico lo golpeó en un costado, lanzándolo hacia a un lado del altar con una potencia bestial.
–Sería fantástico tenerte como sujeto que pruebas. –Sentenció el doctor con un oscuro brillo en sus gafas, justo cuando, de la nave donde apareció, emergieron varios Spinner, con la variedad de que eran de un color azul oscuro, y centelleaban con chispas eléctricas.
–Je… –Rió el equidna entre dientes, mientras se ponía de pie, con su pelaje algo humeante. –¿Crees que dejaré que me uses como un experimento? Ni tú, ni ninguna de tus estúpidas máquinas me someterán. ¡No pienso permitirlo!
Las espinas de Knuckles se encendieron con un rojo llameante, mientras sus mismos ojos resplandecían con furia, brillando como estrellas carmesí.
Eggman arqueó la ceja, mientras sus Electro Spinners se ponían en posición para la batalla, y el guardián de la Esmeralda Maestra plantaba sus pies en el suelo y un aura rojiza lo envolvía.
Knuckles mostró los dientes, con sus ojos fijos en la Esmeralda Maestra, cautiva en la nave de Eggman, y tenía pensado recuperarla a como diera lugar.
No iba fallar en su labor, ni hoy, ni nunca.
Abrió los ojos. No sabía en dónde se encontraba, pero estaba muy oscuro. Apenas y podía ver los antiguos bloques que juntos creaban la húmeda estructura en la que la corriente lo arrastraba. Una pequeña masa se agua se desplazaba tranquilamente por un camino hecho de finos ladrillos, por donde él flotaba, boca arriba.
Entonces, reaccionó.
–¡¿Dónde estoy?! –Sonic dio un gran salto, alarmado, y cuando volvió a aterrizar en el agua, se alteró aún más.
Vio a su alrededor. Estaba en un túnel lleno de agua. Dos direcciones, y no sabía exactamente cuál elegir. Lo más obvio sería volver por donde vino, pero, ¿dónde estaba Tails? ¿Habría caído en otro lugar? ¿Qué camino podría llevarlo a él?
Miró a ambos lados seriamente, intentando tomar una elección, mientras su cuerpo se teñía con una luz azul clara… Una vez escogió, fue corriendo a la velocidad de una estrella, desplazándose por encima del agua gracias a su rapidez. En su mente, solo le llegaba la imagen de Tails, herido e inconsciente, sólo y perdido en un estúpido laberinto submarino, que ahora él tendría que atravesar para salvarlo y salir de ahí, misión que planeaba cumplir ahora mismo.
–No sé dónde has terminado, compañero, pero voy a buscarte. –Se dijo, mientras llegaba al final del túnel, que se expandía ampliamente para revelar una enorme civilización, perdida y olvidada, donde se alzaban antiguas estatuas de cierto erizo azul…
Sonic.
¡Fin! Bueno, últimamente he sufrido duros bloqueos de escritor, que me impulsan a hacer otras cosas que no sea escribir. No he disfrutado de esta actividad tanto como antes, pero espero que se me pase pronto…
Cuídense y nos leemos.
