Sonic Life

¡He vuelto, amigos! Bueno, después de pocos días, he regresado con un nuevo episodio, que espero que disfruten. Sonic debe buscar a su amigo perdido en Hidrocity, y obviamente no se detendrá hasta encontrarlo. Además, conocerá un poco más sobre la historia de Angel Island, y los motivos de Knuckles.

Buena lectura.

Chapter 11: Exploración submarina.

–Agua, agua, agua, agua, ¿por qué tenía que ser agua? –Protestaba Sonic entre dientes, mientras se enfocaba en evadir lo más que podía aquel líquido, el único entorno que evitaba recorrer a toda costa.

Seguía en las misteriosas ruinas acuáticas en las que despertó, explorando, en busca de su pequeño amigo. No se sentía cómodo sin saber dónde se encontraba. Es decir, ¿cómo estarlo?

Era un niño, que estaba bajo su responsabilidad, y no podía perderlo de vista. No podía dejar que saliera herido. No podía descuidarlo…

No podía, y lo había hecho.

Se reprendió internamente a sí mismo por ello, pero luego se concentró en lo importante. Tails estaba por alguna parte, y debía encontrarlo.

Era su responsabilidad.

Rió silenciosamente, ironizando que él, quien siempre había eludido responsabilidades y compromisos, ahora estuviera obsesionado por este encargo que él mismo aceptó.

Aceptó protegerlo.

Aceptó cuidarlo.

Aceptó enseñarlo.

Y aceptó entrenarlo.

Y lo haría. Iba a asegurarse de que Tails obtuviera toda la fuerza que necesitaría en su vida. Iba a asegurarse…

Llegó finalmente, puso un pie sobre un extraño edificio de aquella ruinosa civilización deshecha. No había nadie, y por su estado, es posible que estuviera así desde hacía años. Exploró con la vista el panorama, preguntándose quiénes habían habitado esa extraña ciudad en el pasado…

Entonces, se puso en movimiento. Saltó, techo tras techo, entre varias edificaciones, mirando de un lado al otro, buscando… La ciudad abandonada se tornaba peor mientras más avanzaba, con monumentos derrumbados, calles inundadas, y edificios enteros completamente derruidos.

Sonic frunció el ceño. No era consciente de qué había pasado en ese lugar, pero lo que sea que sucedió, no fue nada bueno…

Notó un edificio en particular, con un peculiar toque más fino que el resto, aunque su estado no era mejor. Aparte, era más grande, y mejor edificado que los demás. Se dirigió hacia allí de inmediato, dejando una estela azul a su paso, a través de los tejados de la civilización. Las inundaciones parecieron apaciguarse un poco, por lo cual pudo trasladarse por los caminos de mármol húmedo que llegaban al interior del edificio.

–¿Hola? –Como sospechaba. Vacío. No importara a qué lugar fuera, parecía que era el único ser viviente que se encontraba en ese lugar.

Se adentró a través de la estructura, investigando unos dibujos en las paredes, de una tribu de seres que se le hicieron algo familiares…

Mientras caminaba a lo más fondo del edificio, el erizo escaneaba los ilustraciones, sin descifrar lo que realmente significaban.

La tribu, que anteriormente era enorme, fue dividida por una luz que caía del cielo, que los separó en siete clanes, protegiendo cada uno una joya en especial…

Le costó un poco, pero al final, pudo reconocerlas. Casi perdió el aliento por un segundo.

–Las Esmeraldas del Caos… –Susurró, mirando con atención un dibujo de siete joyas de diferentes colores, unidas, irradiando una luz divina con un poder tremendo, que podría destruir el planeta.

Él no las conocía mucho, pero lo que sabía era suficiente para calificarlas como sumamente peligrosas.

El siguiente dibujo mostraba a una octava gema, mucho más grande que las Esmeraldas del Caos, y con un brillo verde tan majestuoso y eterno que podría considerar como una deidad. La imagen de la poderosa joya lo hipnotizó unos segundos, antes de que siguiera avanzando.

La imagen contigua exponía a esta poderosa gema eligiendo a un ungido de uno de los clanes, para que fuera su… ¿guardián?

No pudo estar seguro de eso en ese instante, ya que solo vio como uno de los habitantes de uno de los siete clanes era iluminado por la luz de la enorme esmeralda, y era atraído por ella.

En las siguientes pinturas, solo mostraban destrucción y beligerancia. Los siete clanes entraron en guerra, eliminándose entre sí en un misterioso conflicto, cuyo origen consideraba que fueron las Esmeraldas del Caos. Una tribu en particular pareció ganar más fuerza que el resto, y acabaron con las aldeas vecinas, una por una, reclamando las Esmeraldas del Caos que se le habían encargado proteger. Pronto, lograron hacerse con las siete.

Pero deseaban más.

El clan se movilizó hacia el altar donde se exhibía la enorme esmeralda, donde su guardián, pidiéndole ayuda, la obtuvo.

Una criatura indescriptible apareció mágicamente enfrente de la joya, y fue la causante de la destrucción del último de los siete clanes, la extinción de una especie, pero no todo terminó ahí…

Su poder se incrementó cuando hizo contacto con las Esmeraldas del Caos, y se volvió mucho más poderoso. Su fuerza no tenía límites, y la usó para devastar el mundo, y acabar con cualquiera que se atreviera a interponerse… Todo Mobius entró en caos, y al final, el mismo guardián de la esmeralda gigante, el único que no pagó el precio por los pecados de su clan, usó su propia alma para sellar a la bestia de la destrucción, en la misma joya de donde salió…

La reacción provocó un radical cambio en lo que antes eran las tierras de los siete clanes, la tierra despegó del suelo, y se mantuvo flotando entre las nubes, hasta miles de años después…

Hasta ahora…

Sonic se quedó quieto…

Si esa era la historia…

Si eso fue lo que sucedió…

Entonces, ¿el erizo rojo que los sacó de la isla flotante es en realidad… uno de los sobrevivientes de esa destrucción?

Su mente escaneaba cada explicación posible, pero no llegó a una conclusión clara… Al menos, sabía más del porqué fueron sacados con tanta brutalidad de la isla. Si esa gema gigante seguía presente, incluso ese día, entonces…

Eggman iría por ella.

Y no podía permitírselo.

Aunque ese rojito intentara deshacerse de ellos de nuevo, no podía permitir que Eggman obtuviera tanto poder, y lo descargara contra el mundo. Eso no iba a permitirlo jamás.

Iba a salir de ese lugar, y a resolver este asunto ahora mismo.

–¿Sonic…? –Justo cuando iba a salir disparado de esa habitación, se quedó quieto, y volteó hacia la entrada del edificio, donde un confundido y dolorido zorrito amarillo lo mirada con una expresión disgustada, como si tuviera un molesto dolor de cabeza. –¿Dónde estamos?

–¡TAILS! –El erizo se abalanzó sobre el zorro y lo abrazó con todas sus fuerzas, casi destripándolo. –¡¿Estás bien?!

–¡Sonic, suelta! –Gritó el zorro, casi sin aliento.

–Ups. –El erizo liberó a su mejor amigo, que cayó como peso muerto al suelo, respirando profundamente para recuperarse. –Lo siento. ¿Cómo estás? Te he estado buscando por todas partes.

–Desperté flotando entre los canales de este lugar. Aun no comprendo cómo llegamos aquí. ¿No estábamos en una isla flotante o algo así?

–Sí, y volveremos. –Aseguró Sonic, ahora serio. –Tengo algo que mostrarte.

Respiraba con agitación, pero al menos aún podía mantenerse de pie. Eran muchos robots, pero pudo deshacerse de todos sin problemas, y ahora se encargaría del culpable de todo esto. La isla estaba a punto de caer en el mar, y debía resolver este problema ahora mismo, o sería demasiado tarde.

Miró a Eggman con fiereza, quien, algo nervioso, le devolvía la mirada seriamente, retrocediendo paso tras paso, aunque no tenía una escapatoria visible.

Knuckles había hecho explotar su nave en pedazos.

La Esmeralda Maestra ahora yacía a un lado del Altar Emerald, intacta, pero algo sucia, lo cual desagradaba mucho a su guardián, quien iba a desquitarse con ese estúpido anciano. No iba a sobrevivir a esta.

–¿Piensas que te dejaré huir después de todo este desastre? –Le reclamó el equidna, empezando a avanzar hacia su presa. –No puedes escapar de mí. Me encargaré de que no vuelvas a molestarme, nunca más.

–Sonic nunca me ha vencido definitivamente, y tú no lo harás. –Replicó Eggman, frunciendo el ceño, mientras dejaba de retroceder.

–¿Así que ese erizo azul en realidad no es un villano? Bueno, eso no me interesa. No dejaré que nadie se acerque a mi isla, incluyéndote. –Las manos de Knuckles se encendieron con un violento fuego, que el equidna planeaba arrojar contra Eggman sin piedad alguna. –¿Últimas palabras?

–Nunca subestimes a Eggman. –El doctor sonrió, cuando el Egg Mobile apareció detrás de él, disparando un láser contra Knuckles para botarlo lejos de su creador.

El equidna profirió un gruñido de frustración mientras estaba en el suelo, pero no alcanzó a levantarse a tiempo. El humano ya había montado su extraño vehículo flotante, pero antes de irse, le lanzó una última mirada a Knuckles, acompañada con una escalofriante sonrisa.

–Nos vemos pronto, pequeño guardián. –Se despidió el doctor, soltando luego una carcajada maniática antes de escapar volando hasta perderse entre la oscuridad de la noche…

–Bah. Si te atreves a volver, estaré preparado para ti, humano bigotudo. –Bufó el equidna, haciendo caso omiso a la advertencia de Eggman.

Se cruzó de brazos, y miró pensativo el suelo, hasta que un último temblor le hizo despabilar. La isla entera se tambaleó cuando impactó contra la superficie oceánica bajo ella, hundiéndose poco a poco en el agua.

–¡Diablos! –Exclamó, moviendo sus ojos inmediatamente hacia la Esmerada Maestra.

Aceleró hacia ella de golpe, cargándola encima de su espalda, para dirigirse lo más rápido que podía hacia el altar. Solo debía colocarla ahí, y todo estaría bien. La isla volvería a flotar, y todo regresaría a la normalidad.

Pero esa enorme joya era pesada, y aunque podía cargarla sin problemas, mantenerla encima de él y moverse con ella no era exactamente fácil.

Oyó un alarmante sonido, y volteó sus ojos hacia el oriente. La parte este de la isla se estaba inundando, y rápido. Se alteró, y de un salto, incrustó la Esmeralda Maestra en su lugar, donde, como una relajante pulsación de energía que se expandía por toda la isla, como una brisa, detuvo la inundación. El espectáculo de luces que se manifestó frente a él lo hipnotizó, y cuando terminó, Angel Island ascendió prontamente.

El equidna suspiró con gran alivio, y se desplomó a un lado de su amada gema, cerrando los ojos mientras disfrutaba de la reciente paz que llegaba…

Que mal que no duraría mucho.

–¡Corre! ¡La perderemos! –Urgió Sonic, corriendo a una gran velocidad por encima de altísimos edificios de piedra, mientras las calles de la antigua ciudad en ruinas se desbordaban con grandes cantidades de agua.

–¡Ahí voy, ahí voy! –Tails seguía de cerca al erizo azul, siguiéndolo con sus dos colas, que aprovechaba para volar por encima de la inundación que enfrentaban, y que pronto sumergiría toda la civilización bajo el agua.

–¿Tienes la Esmeralda del Caos?

–No fue complicado encontrarla. –Respondió el zorro, mostrándole la esmeralda amarilla, que brillaba con su luz característica. –La idea es que necesitamos salir de aquí antes de ahogarnos.

–¡Hay que ir a ese edificio, pero ya! –Le señaló Sonic, cuando ambos aterrizaron en la azotea de una estructura tambaleante, que pronto iba a ser arrastraba por las poderosas corrientes de agua.

Lo más notable del nuevo entorno, era la enorme masa de tierra que había atravesado el techo de la inmensa caverna en donde la ciudad había sido edificada, para el horror de ambos amigos, y ahora, el agua se filtró por el daño en la estructura, expandiéndose como una plaga por toda Hidrocity, inundándola rápidamente.

No tenían que ser genios para ser conscientes de que esa "gran roca misteriosa" era Angel Island, que había caído del cielo.

–¡VAMOS! –Gritó Sonic, tomando todo el impulso posible para saltar del tejado ruinoso hacia su destino, que se encontraba mucho más apartado que el resto…

Una explosión sónica se escuchó en toda la zona, mientras la Light Speed fluía como el agua a través del cuerpo del erizo, quien, determinado a llegar a su destino, tuvo un crudo revés.

No pudo llegar hasta la torre rocosa, y se precipitó hacia las peligrosas aguas crecientes muy abajo. Por un momento, creyó que era el fin, que se ahogaría en el agua o se golpearía la cabeza con algún fragmento rocoso y moriría, pero olvido que no estaba sólo.

Sintió como alguien tomaba sus manos con firmeza, y pronto, se desplazó por el aire gracias al movimiento giratorio de sus colas. Sonic miró con sorpresa a su salvador, que solo le sonrió, mientras ambos se dirigían hacia el edificio que podría ser su salvación…

–Gracias.

–No hay de qué.

Los dos aterrizaron en la alta edificación, mirando ahora hacia arriba, donde Angel Island ahora se alejaba tan repentinamente como había aparecido. Obviamente no podían dejarle ir sin ellos. Podía ser su última oportunidad para escapar.

Sonic miró a Tails a los ojos, y le extendió su mano. El zorro le sonrió, sujetándola con todas sus fuerzas, ambos determinados a lograrlo.

La Light Speed del erizo azul lo envolvió con un poderoso resplandor, y, flexionando sus piernas, la descargó en un poderosísimo salto, que derrumbó toda la torre en la que se encontraban debido a la potencia.

Ambos volaron por los cielos de Hidrocity en dirección a Angel Island, que se alejaba cada vez más. Sonic vio de reojo hacia abajo, pensando en todo lo que Tails y él descubrieron, y sobre la hipótesis del zorro…

Ese rojo… ¿Es el nuevo guardián de la gran gema? –Se preguntó, hasta percatarse de que perdían impulso.

Levantó la mirada con alarma, percatándose de que no les faltaba mucho para llegar a su destino, pero pronto, la gravedad iba a jugar en su contra, y a empujarlos hacia su perdición. La respiración de Sonic se volvió agitada, intentando pensar en una solución, cuando para Tails ya era más que obvia.

Con el rápido giro de las colas del zorro, ambos consiguieron llegar a la masa rocosa, que era en realidad la parte inferior de la enorme isla, de la cual se sujetaron con firmeza, apegándose a ella con su vida. Sonic respiró con alivio, y agradeció internamente el tener un compañero como Tails…

Siempre era quien le terminaba salvando el pellejo de morir. Aunque era claro que ambos se complementaban entre sí.

El erizo se puso serio, y mientras la isla emergía del mar, empezó a escalar, decidido a volver por una revancha.

–Eso no se quedará así, rojis. –Prometió, determinado. –Es hora de ajustar cuentas.

–¡Sonic, no me dejes atrás! –Se quejó el zorro cerca de él, quien de inmediato lo siguió volando.

Bueno, creo que terminamos. Gracias a todos los que se hayan tomado el tiempo de leer, y espero que sigan presentes en los siguientes capítulos. Próximamente, Sonic tendrá su tan ansiada revancha contra Knuckles, y esta vez, los resultados serán muy distintos. Espero que sea de su agrado.

Cuídense y nos leemos.