Sonic Life

¡Saludos a todos! Como pueden ver, ya está listo el siguiente episodio de Sonic Life, que narrará la primera parte de la revancha entre Sonic & Knuckles. No tengo mucho más que decir, así que iniciemos. Espero que les guste.

Chapter 12: Inicia la revancha.

Estaban listos.

Ya habían arribado en Angel Island nuevamente y, después de localizar el Tornado, se movilizaron hacia el centro de la isla para buscar a cierto personaje rojo. Corrían con su reconocida velocidad entre la jungla que no habían tenido la oportunidad de explorar anteriormente, dirigiéndose hacia las grandes montañas de Angel Island, Sonic teniendo la seguridad de que ahí se encontraba esa misteriosa fuente de energía, aunque Tails no estaba tan seguro.

Y por supuesto, para pasar el tiempo, charlaban. Para pasar el tiempo, y para tranquilizar sus nervios. Sonic no quería admitirlo, pero volver a pelear contra Knuckles, aunque tentador, podría ser muy arriesgado y peligroso. Ya comprobó que el equidna podría ser muuuuuy peligroso cuando se lo proponía, y aunque no planeaba retroceder ni dejarse intimidar, tendría que asumir un especial cuidado esta vez para que el resultado anterior no se repitiera.

Y Tails obviamente estaba nervioso por todo lo que sucedía. Una fuente de poder TAN grande en las manos de Eggman podría significar una catástrofe total, y si no lo evitaban, el doctor sería invencible…

Y no podrían permitir eso.

Agregando, por supuesto, que lo único que obstaculizaba era un furioso animal antropomórfico de especie desconocida con una fuerza sobrenatural que ya les había pateado el trasero a ambos, y que a él en especial lo dejó a la merced de un río, inconsciente. Aunque adquirió un pequeño gran temor por ese personaje carmesí, aún estaba algo curioso respecto a cómo supo que llegarían, y quién le advirtió sobre eso…

Y por supuesto, haría saber sus dudas a Sonic.

–Debe haber algo más… –Decía el zorro. –Uno no ataca así como así. Es decir, ¡intentó matarnos! No tiene cara de villano, así que no creo que sus intenciones sean realmente malas. Si mi hipótesis es correcta y es el actual guardián de esa gema gigante, entonces querría sacarnos a toda costa de la isla para proteger a su joya, ¿cierto?

–Eso no justifica que me haya mandado a volar como torpedo y que te dejara flotar como tronco sobre el río a una muerte segura. Es peligroso, y si atacará a cualquiera que se tope con esta loca isla flotante, entonces hay que ponerle un alto. Se pasó de la raya cuando hirió mi orgullo…

–¿Estás seguro que todo esto de la revancha no es solo por tu orgullo? –Puntualizó Tails, perspicaz, mientras arqueaba una ceja. –¿No te sentirás humillado solo porque te vencieron, verdad?

–Bah. No me venció. El sol estaba en los ojos. –Bufó Sonic, haciéndose el desentendido. –Además, eso no sucederá esta vez. Si ese tipo quería guerra, la desencadenó cuando se atrevió a derrotarme. ¡NADIE HUMILLA A SONIC! –Añadió, rugiendo enfurecido mientras escupía fuego.

–Por supuesto. No es por tu orgullo. –Tails puso los ojos en blanco. –Aún creo que hay que encontrar alguna otra solución. Oíste bien cuando dijo lo de tu velocidad. Hay algo más… creo… creo que alguien lo engañó para hacerle creer que éramos ladrones. Solo así explicaría cómo sabía que íbamos a llegar. Alguien fue el culpable de todo esto… y creo que tengo una idea de quién fue…

–¡Eggman! –Gritó el erizo, señalando al horizonte, donde el zorro pudo divisar al Egg Mobile, alejándose de entre lo alto de las colinas adónde ambos se dirigían.

–¡No, no, no! ¿Y si consiguió la esmeralda gigante?

–No, no habría forma de que la escondiera en ese huevo flotante de metal. –Detalló Sonic, pensativo. –Creo que nuestro nuevo amigo le ha dado su merecido a Eggman. Veo unas ruinas allá adelante, y se ven muy bien atendidas. Es ahí.

Knuckles no se había separado de la Esmeralda Maestra durante casi una hora. Y probablemente estaría así por un buen tiempo. Ahora que sabía que había un científico loco en busca de su valiosa gema, no iba a apartarse de ella hasta asegurarse de que ese anciano no volvería jamás.

Era obvio que iba a regresar, pero cuando lo hiciera, iba a desear nunca haber puesto sus ojos en el objeto más valioso de su vida, que había prometido proteger por siempre.

Paseaba de un lado al otro atentamente, como un guardia de seguridad, con sus ojos púrpuras yendo y viniendo a través de todo el altar, vigilante a cualquier movimiento sospechoso.

Mientras el tiempo pasaba, hacía una de las cosas que más le relajaba cuando era consciente de que alguien estaba al asecho de la Esmeralda Maestra: pensar.

Los dos invasores de los cuales el anciano le advirtió no parecían tener intenciones nefastas, pero recibieron su merecido por entrar en Angel Island, así que no se preocupaba por ellos, y dudaba que volvieran a asomarse por ahí después de la paliza que recibieron. Les restó importancia y se concentró en la amenaza más notable…

Las máquinas asesinas del viejo lunático parecían débiles, pero podrían ser peligrosas en un futuro cercano. Puede que estuviera aislado en una isla por casi toda su vida, pero no siempre estuvo ahí. Una vez, cuando cierto personaje robó la Esmeralda Maestra y la sacó de la isla, fue obligado a perseguirle hasta una civilización actual, donde conoció más sobre el exterior, incluyendo estos chiflados inventos de los humanos que atestaban sus ciudades como "guardias de seguridad", aunque estaba convencido de que no eran de confianza.

¿Quién confiaba en los robots de todas formas? Tal vez estaba mal, pero vida artificial creada para superar las capacidades de cualquier ser viviente no parecía de fiar en lo más mínimo. La imperfección que crea perfección termina destruida siempre por la misma, según él creía.

Pero claro, no temería si las máquinas tomaban el control, pues ya demostró que no eran rivales para él, y que podría eliminarlos sin esfuerzo. Su fuerza jamás sería superada por una máquina sin alma, con el único propósito de obedecer a su creador… por ahora.

Olvidando ese punto, el Dr. Ivo aún era una amenaza peligrosa, y debía encargarse de ella. El peligro que suponía era claro, y no podría permitir que alguien usara su valiosa esmeralda para sus oscuros propósitos.

Iba a detener a ese vetusto él mismo, y nada o nadie iba a interponerse en su camino…

Fue una casualidad que él apareciera justo cuando pensó aquello.

Un golpe en el suelo, como si alguien hubiera aterrizado en el altar, lo alertó. Fijó sus ojos al otro lado del Altar Emerald, y lo vio. Aquel erizo azul de ojos verdes que tanto lo irritó en su batalla anterior, había regresado por una segunda ronda. Al principio, parecía divertido de volver a encontrarse con él, pero su mirada cambió radicalmente a una mucho más seria, como si esta vez no fuera a contenerse en lo más mínimo.

Segundos más tarde, el joven zorro amarillo que siempre lo acompañaba llegó volando con sus dos colas, como si se trataran de las hélices de un helicóptero, pero Knuckles ni lo miró.

Seguía atento a Sonic, ya que obviamente era el más peligroso de los dos.

–¿Me extrañaste? –Preguntó el erizo en un tono burlón, pero su expresión férrea no cambió.

–Para nada, Sonic. –Respondió el equidna rojo, chocando sus puños mientras se preparaba para pelear.

–¿Sabes? Me parece alucinante que sepas mi nombre, cuando yo ni siquiera conozco el tuyo. ¿Quieres presentarte?

–Soy Knuckles, el guardián de la Esmeralda Maestra que ves aquí, pero no te permitiré ponerle ni un dedo encima. No te atrevas avanzar ni un paso más.

–Y eso corrobora tu suposición, Tails. –Profirió Sonic, dirigiéndose a su compañero, aún sin apartar los ojos de su rival. –Entonces, no hay razones para llevar esto a los golpes. Solo es un malentendido. ¿Hacemos una tregua para arreglar este asunto?

–No hago tratos con los intrusos, y respondiendo tu otra palabrería, sí hay razones para llevar esto a los golpes. ¡Y es que nunca debieron atreverse ni a poner un pie en este altar ni en esta isla! –Rugió Knuckles, abalanzándose como un toro furioso contra Sonic, quien ni se inmutó, aunque sonrió ligeramente.

–Me lo esperaba. –Sonic se encogió de hombros y mantuvo su cuerpo abajo, en posición para iniciar el combate.

Esquivó el letal puñetazo de Knuckles dirigido a su rostro, tomó el brazo de su oponente y lo lanzó contra una columna de mármol presente, derribándola. El equidna soltó un gruñido molesto, y se impulsó con sus piernas del pilar caído hacia Sonic, intentando golpearlo con sus dos puños en el pecho. Sin embargo, esta vez el erizo azul no iba a permitirse retroceder ni un centímetro.

–Déjame decirte algo, Knuckles. –Le dijo Sonic, segundos antes de que Knuckles estuviera por impactar contra él. –El resultado anterior no volverá a repetirse. Ni hoy, ¡ni nunca!

Sonic interrumpió el ataque de su adversario, pateándolo en el rostro como si se tratara de un balón de futbol un instante antes de ser golpeado por éste. Knuckles salió despedido ligeramente hacia atrás, pero usó sus espinas para recomponerse en el aire, y así descendió con lentitud hasta volver a poner sus pies en el suelo. Se limpió el golpe que recibió con la cara con el torso de la mano, sin apartar sus ojos asesinos de su objetivo, quien sonrió burlonamente. Tails solo se mantenía expectante.

–Nada mal. Al menos, creo que esto será más entretenido que la última vez. –Alegó Knuckles, mientras sus puños se iluminaban con una luz rojiza.

–¡Pues intenta alcanzarme! –Lo desafió Sonic en respuesta, desvaneciéndose en un destello azul para empezar a dar rápidas vueltas por el altar, buscando desorientar a su enemigo para atacarlo con todo.

Por supuesto, no iba a ser tan fácil como lo planeó.

Aunque al principio los ojos de Knuckles iban y venían de una dirección a otra, al final el equidna pareció hartarse y golpeó el suelo con ambos puños, produciendo una onda expansiva de energía roja, que alcanzó a Sonic, enviándolo a rodar dolorosamente por el piso.

El erizo se recuperó con una expresión dolorida, pero velozmente se rehízo y encaró a su rival con una divertida sonrisa. No dijo ni mu, pero se abalanzó sobre el equidna con un repentino frenesí, embistiéndolo con fuerza. Knuckles plantó sus pies en el suelo para detenerse, e instantáneamente envolvió sus manos en fuego, expulsándolo como ardientes proyectiles hacia Sonic, quien solo sonrió.

El erizo dio un pisotón, que resonó en el altar, y para sorpresa de Tails y Knuckles, una barrera de viento apareció alrededor de Sonic, como un tornado que el erizo azul invocó, la cual arrastró las bolas de fuego como si de una corriente se tratase, para desviarlas de nuevo hacia su dueño. Éste se sobresaltó al verse atacado por sus propios ataques, pero reaccionó a tiempo haciendo emerger una parte del suelo enfrente suyo para usarlo como escudo, pero Sonic ya veía venir eso.

Sonrió con astucia, y se lanzó hacia su oponente como un relámpago, quien no podía verlo debido a que un gran fragmento rocoso se interponía entre ellos. El erizo se lanzó hacia delante como un cohete brilloso y colisionó con gran fuerza contra la protección del equidna, desprendiéndola por completo del terreno para lanzarlo contra Knuckles con gran fuerza.

El guardián de la Esmeralda Maestra salió despedido fuera del altar, cayendo entre las ruinas de Hidden Palace, perdiéndose entre la antigua civilización. Sonic lo observó caer seriamente. Se dirigió hacia el borde de Altar Emerald, y dirigió una mirada hacia su mejor amigo, que se sobresaltó al percibirla.

–Quédate aquí y protege esta cosa por si el viejo Eggy aparece. –Le ordenó, refiriéndose a la Esmeralda Maestra. –No podemos permitir que Eggman la obtenga, y tal vez así nuestro nuevo amigo comprenda que nosotros no somos el enemigo.

Y sin más, el erizo se precipitó hacia el abismo en persecución de su rival, dejando a Tails mudo, quien al final aceptó la orden a regañadientes, sentándose junto a la enorme gema con un ligero fastidio. Se limitó a estudiar su alrededor, sin percatarse del pequeño robot volador que lo grababa desde la distancia…

Eggman observaba todo desde su Wing Fortress, aparcada e invisible a un costado de la isla. El científico se encontraba cómodamente sentado en el asiento principal de toda la nave, donde era piloteada automáticamente por la computadora. El hombre sonrió con malicia al ver la escena, y susurró unas palabras apenas perceptibles.

–Esos tontos me dejaron a una presa fácil la misión de resguardar algo tan valioso de mí… Que idiotas. –Rió, pulsando un botón de su tablero de control. –Enviando al escuadrón de ataque ligero. Preparando el Flame Mobile. Listo para iniciar la acción… –Miró al joven e inocente zorrito en la pantalla, distraído y sin ninguna idea de lo que iba a suceder. –Mi venganza iniciará contigo, pequeña pelusa. Pagarás por aliarte con Sonic con tu vida. –Prometió, poniéndose de pie con un centello oscuro en sus gafas. –Y tú, mi querido erizo, lamentarás por cruzarte en mi camino nuevamente.

Espero que les haya gustado. La batalla entre Sonic y Knuckles concluirá en el siguiente episodio para no ampliar más la cosa, pero además, Eggman hará nuevamente otro movimiento para apoderarse de la gema más poderosa que existe y eliminar a su odiado némesis de una vez por todas. Espero que todos estén presentes en la siguiente actualización, y sin más, me despido.

Cuídense y nos leemos.