Sonic Life

¡Hola otra vez! Ya regresé, como siempre, con un nuevo capítulo de esta pequeña gran historia, donde se verá el desenlace de la batalla entre Sonic y Knuckles. Espero que les guste.

Chapter 13: Último choque.

Sonic aterrizó en una particular habitación repleta de pilares tan altos que se perdían en la oscuridad del techo de la elegante sala. Miró a su alrededor con atención, en busca de su rival, y mientras vigilaba, pensaba, tal como Knuckles hacía antes de que la batalla iniciara.

Puede que esta no es la solución más pacífica, pero parecía ser la más lógica. Knuckles no iba a calmarse hasta liberar toda su furia, que por cierto, era mucha, y cuando se encontrara más tranquilo, podrían hablar con más calma.

Quizás todo esto sea solo una excusa para desquitarse por su anterior derrota, pero la verdad era que así era. El equidna rojo no iba a apaciguarse hasta que se deshiciera de todo su enojo, aunque darle una golpiza no era la mejor manera de liberar su ira.

Y hablando del rey de roma…

Sus pensamientos fueron interrumpidos tan abruptamente que apenas y reaccionó. Knuckles había aparecido enfrente suyo, mandándolo a volar con un poderoso doble puñetazo, antes de saltar a la caza de su presa.

Sonic logró estabilizarse en el aire mientras el impulso del golpe que había recibido lo seguía arrastrado hacia el muro de la sala, pero consiguió aterrizar en éste con sus pies, usándolo para propulsarse de regreso hacia Knuckles, quien también volaba hacia él. Las miradas de ambos se cruzaron antes de que llegaran junto al otro y atacaran al mismo tiempo. Sonic conectó una poderosa patada de talón de arriba abajo con una fuerza demoledora, solo igualada por el martillazo hacia abajo que Knuckles propinó con sus puños. Al final, la fuerza con la que ambos fueron golpeados los disparó hacia el suelo al mismo tiempo, rebotando en el piso de fino mármol y revolviendo el polvo a su alrededor.

Los dos terminaron boca arriba, tendidos en el suelo, y algo magullados, pero la batalla no había hecho más que empezar. Sonic se puso de pie primero, y acometió con un feroz Spin Dash que Knuckles imitó. Ambas esferas espinosas colisionaron entre sí, repeliéndose con fuerza con cada colisión, pero siempre regresaban para volver a atacarse. Con otro golpe, los dos retrocedieron bastante, sin dejar de rodar.

A pesar de girar a gran velocidad, sus visiones se conectaron reiteradamente, retándose entre sí a atacar con todas sus fuerzas y obviamente iban a aceptar el desafío.

Sonic iluminó su Spin Dash con su Light Speed, convirtiéndose en una esfera esplendorosa que se teñía cada vez más de un azul más claro y puro a medida que reunía energía en su cuerpo. Knuckles, por su parte, se envolvió de abrasadoras flamas, que ardía furiosamente a su alrededor, incrementando su intensidad mientras más rápido giraba el equidna, hasta que se transformó literalmente en una bola de fuego.

Una vez recargaron suficiente sus respectivos poderes en sus cuerpos, se abalanzaron el uno contra el otro con una potencia abrumadora. Knuckles dejó un camino de fuego a su paso, mientras Sonic levantaba una poderosa ventisca cuando se acercaba. Los dos avanzaron hacia el otro con determinación, sin planear en detenerse hasta realizar este último choque, cuyos resultados serían sin dudas catastróficos…

La colisión entre ambos fue inminente, y los dos rivales se lanzaron una última mirada, llena de osadía y tenacidad, antes de impactar. La fricción giratoria que ambos generaban producían poderosas reacciones energéticas, que se manifestaban como peligrosas descargas de luz, las cuales explotaban en todo el templo, derribando paredes y columnas, devastando gran parte de la zona, mientras el ambiente parecía alternar entre una feroz tormenta y una ardiente ola de calor…

Finalmente, no pudieron controlar su propio poder debido al creciente nivel del mismo, desestabilizándose casi al instante, y obviamente, tanta cantidad de energía descontrolada iba a resultar en una devastadora reacción…

En todo Hidden Palace se sintió la fuerza de una explosión, antes de que se sintiera como su onda expansiva consumía gran parte de sus alrededores, trayendo consigo una fuerte brisa de viento, entre fresco y ardiente.

Tails observó el estallido desde su posición, y sintió como el soplo de aire de temperatura cambiante lo abrazaba pasajeramente, para luego desvanecerse. El zorro frunció el ceño, obviamente preocupado, cuando sintió como alguien se acercaba. No tardó en girar para encarar a Eggman, quien, conduciendo una versión mejorada del Egg Mobile, sonreía con malicia.

–Sorpresa. –Dijo son una perturbadora mirada, que petrificó temporalmente a Tails.

Éste reaccionó, retrocediendo un poco para acercarse más a la Esmeralda Maestra, consciente de su obvia misión. No le importaba si Eggman conduciendo una de sus locas mágicas le atacaba. Nada iba a impedirle proteger aquella gema, tal como Sonic se lo había ordenado.

–¿Qué pasa niño? ¿No me temes? –Preguntó el doctor, acercándose amenazadoramente al pequeño zorro amarillo, que ni siquiera se dejó intimidar.

–¿A quién? ¿A ti? No me dan miedo los humanos locos. No importa cuánto traten de cumplir sus insensatos deseos, siempre terminarán fracasando. ¡No te permitiré quedarte con esta esmeralda, Eggman! ¡Tendrás que pasar por encima de mí para conseguirla!

–Y pienso hacerlo, mi pequeño amigo. Pero primero, veamos qué tan fuerte te has vuelto al lado de Sonic. –Declaró Eggman, acompañando su alegación con una risa maniática, mientras una especie de cápsula caía en el centro del mismo altar, abriéndose para liberar a un pequeño batallón de máquinas, como Buzz Bomber, Buzzer, Motobug y Coconuts, que confrontaron intimidatoriamente a Tails, quien no retrocedió, preparándose para luchar, sin importar lo difícil que resultara.

Sonic se puso de pie lleno de moretones y raspaduras, pero solo eran daños superficiales, así que no se preocupaba. Observó la destrucción a su alrededor, buscando entre los escombros a su oponente, alerta. Le sorprendió que encontrara finalmente a un contrincante que pudiera igualar sus poderes hasta el punto de hacerlo llegar al límite, pero los juegos habían terminado.

Era el momento de demostrarle a Knuckles el por qué era mejor que él. Finalmente, usaría toda su capacidad.

–¡Destruiste un lugar sagrado que ha estado intacto por milenios! –Escuchó, pero ni siquiera miró a la dirección en la que Knuckles había aparecido.

El equidna se abalanzó sobre el erizo con violentos propósitos, pero, cuando creyó tenerlo entre sus manos, el erizo azul desapareció rápidamente, dejando tras de sí un destello de velocidad.

–¡¿Dónde estás, cobarde?! ¡Enfréntame! –Gruñó Knuckles, pataleando, mientras miraba sus alrededores con atención. Pero ni aun así alcanzó a verlo…

Sonic apareció a un costado suyo como un resplandor azulado, embistiéndolo con una fuerza arrolladora. Knuckles fue despedido hacia el sur, atravesando a su paso varios pilares, derribándolos, justo cuando Sonic apareció detrás de él, interceptándolo con un Spin Dash que lo lanzó por los aires. El equidna se observó a sí mismo metros por encima de Hidden Palace, sintiendo un terrible dolor en su cuerpo, tanto así, que apenas y vio cuando Sonic, ahora encima suyo, le propinó una devastadora patada giratoria hacia abajo para dispararlo de nuevo hacia tierra. El erizo azul se encontraba en el suelo, esperándolo, pero Knuckles lo vio venir y usó sus espinas para equilibrarse en el aire y controlar su descenso.

Sonic frunció el ceño, e iba a saltar hacia su oponente si este no aterriza antes, enterrándose en el suelo gracias a sus garras. Esto sorprendió un poco a Sonic, pues no se esperaba una táctica así, pero su sobresalto se acrecentó cuando sintió como su rival emergía del suelo detrás de sí, conectando un gancho tan potente en la nuca que lo aturdió brutalmente, dejándolo de rodillas en el suelo. Knuckles sonrió al encontrar por fin su oportunidad de desquitarse, y atacó con un enjambre de veloces puñetazos, que parecían simples borrones, pero provocaban un daño feroz en el cuerpo del erizo azul, que no alcanzaba a defenderse al estar de espaldas al equidna rojo.

Knuckles se percató de que su oponente intentaba escapar corriendo hacia adelante, por lo cual alzó sus manos para conectar un tremendo martillazo en la cabeza del erizo, estampándolo de cara contra el suelo para mantenerlo inmóvil. Esbozó una sonrisa maliciosa, y continuó conectando duros puñetazos en la espalda vulnerable de su enemigo, haciendo temblar el suelo con cada golpe. Continuó atacando, una y otra vez, con cada vez más velocidad, hasta que provocó constantes vibraciones en todo Hidden Palace gracias a la gran fuerza que ejercía en sus ataques.

Con otro revés a la columna del erizo azul, se detuvo un momento para recuperar el aliento, antes de echarse hacia atrás para ganar impulso, y de un súbito movimiento, lanzó un puñetazo doble lo suficientemente poderoso que incluso destruyó el suelo, haciéndose camino a la sección inferior de Hidden Palace.

Aterrizó lentamente gracias a sus espinas, y porque la sala era bastante alta, hasta tocar el suelo de la oscura habitación. Frunció el ceño cuando los escombros dejaron de caer y el polvo se disipó, notando que Sonic no estaba en ningún lado…

Había evadido ese último golpe.

Antes de que pudiera abrir la boca para reprender a Sonic por desaparecer en medio de la batalla, recibió un puñetazo directo a la mandíbula que lo derribó, seguido de una patada tan poderosa que lo hizo terminar estampado en uno de los muros de la habitación, que se fracturó ligeramente gracias a la fuerza del impacto. Cuando el equidna iba a liberarse para continuar luchando, Sonic apareció frente a él, castigándolo con un Spin Dash, demasiado veloz como para evadirlo. El ataque atravesó el muro, y ambos guerreros se aventuraron en las entrañas del templo antiguo, dejando atrás aquel singular paradero, donde, en lo alto, se exhibía un enorme mural que ninguno de los dos había visto, donde se veía perfectamente la imagen de un personaje azul envuelto en un aura dorada, que parecía luchar contra un enorme ser que en su mano izquierda portaba una esmeralda brillante, combatiendo en un entorno que simulaba tratarse del espacio exterior…

Tails retrocedió con su respiración agitada, mientras mantenía los puños cerrados y una mirada seria, y un poco preocupada, observando a aquel peligroso enemigo que sonreía con diversión, mientras sus fuerzas robóticas avanzaban con la intención de acabar con él. Le enfurecía que no pudiera hacerle frente al doctor por sí mismo, y que siempre debía depender de Sonic para pelear, pero no iba a permitir que eso se quedara así.

No iba a ser el mismo zorrito débil de siempre. Era el momento de independizarse, al menos por una vez.

–¿Qué sucede, Tails? –Preguntó Eggman con una expresión complacida, al ver la mirada enfurecida de su pequeño rival. –¿Tienes miedo de pelear sin tu protector?

–Sonic no es mi protector. Es mi amigo, y lo menos que puedo hacer para compensar todo lo que ha hecho por mí, ¡es no dejarte salir con la tuya! –Respondió Tails, saltando hacia el doctor mientras giraba sobre sí mismo muy rápido.

Eggman solo se movió a un costado y atacó con una poderosa llamarada que exhalaron sus cañones para incinerar al joven zorro. Éste usó sus colas para ascender y así evadir las peligrosas llamas, para después descender rápidamente hacia el científico y embestir un costado del transporte del mismo. El Flame Mobile trastabilló un instante, antes de volver a la normalidad, pero esta vez, Eggman se había enojado un poco.

–¡No se queden ahí, chatarras andantes! ¡Ataquen! –Les ordenó el doctor a sus máquinas, que reaccionaron al instante.

Los Coconuts atacaron con sus cocos bombas, que caían como lluvia sobre Tails, sin forma de que pudiera esquivarlos a todos. Pero no era obligatorio eludirlos. El zorro dibujó una sonrisa en su rostro, y giró sus colas como hélices a gran velocidad, apuntando con ellas hacia los proyectiles. Las hizo moverse tan rápido que generaron un débil ciclón de viento, pero con la fuerza suficiente como para desviar los explosivos hacia sus dueños, que estallaron al recibir sus propios ataques.

Tails dio saltos de emoción cuando vio que su plan había resultado, pero de inmediato dejó de festejar y dio un salto para evadir las granadas de energía con las que los Buzz Bombers lo agredían, mientras los Buzzers disparaban feroces ráfaga de metralla láser contra el zorro, en un vano intento de eliminarlo. Pero no tuvieron en cuenta la velocidad de Tails.

El zorro amarillo evitó cada misil que las abejas le arrojaron moviéndose en zigzag a través del altar, eliminando a Motobugs que se interponían en su camino con débiles ataques giratorios, pero competentemente poderosos como para destruir a los insectos mecánicos. Un Coconut se interpuso en su camino, intentando aventarle sus cocos explosivos, pero Tails derrapó en el suelo para derribarlo, sujetarlo de la cola y lanzarlo contra las abejas y avispas robóticas. La mayoría lo esquivaron, pero dos Buzz Bombers terminaron hechos trizas al recibir al simio de metal, que explotó sobre ellos.

Tails aprovechó la distracción para atacar a unos Buzzers desprevenidos con un sólido latigazo de sus dos colas, haciéndolos pedazos, pero en seguida todos los demás reaccionaron y tomaron distancia para atacar desde lejos. No obstante, sus señaladores y radares internos no conseguían mantener en la mira a su objetivo, y por ello, todos sus disparos erraban.

El joven de ojos azules parecía estallar de felicidad en medio de la batalla. Se sorprendía a sí mismo de sus propias habilidades, y de que pudiera hacerle frente a las fuerzas de Eggman por sí sólo. Por fin estaba demostrando que no siempre necesitaba a Sonic para luchar contra el doctor, y por fin sería él quien derrotara a Eggman…

Que inocente fue al imaginar que sería así de fácil.

El zorro se escurrió entre las abejas robóticas que disparaban frenéticamente con todo lo que tenían, sin acertar un tiro, y súbitamente, Tails miró muy rápido sobre su propio eje, como un tornado, reuniendo incluso una débil corriente de viento a su alrededor. No obstante, la potencia de sus giros era la acertada para alcanzar a derrotar a sus enemigos, derribándolos bruscamente para que terminaran desactivados.

Al final, solo quedaron tres Buzzers, que no se permitieron retroceder y atacaron al mismo tiempo con sónicos aleteos de sus alas artificiales, generando un fuerte ventarrón.

Tails usó sus colas para impulsarse en contra al viento, y así evitar salir volando. Poco a poco, fue ganando terreno gracias al movimiento giratorio de sus colas, permitiéndole así llegar hasta uno de los Buzzers y destrozarlo de una patada a la cabeza. Sin embargo, se descuidó al arrojar el golpe y la ventisca que provocaban los otros dos robots terminó por arrastrarlo bastante, haciéndole perder todo el transcurso que había logrado. Se aferró con sus manos al suelo para detenerse, con el resto de su cuerpo elevado gracias a la poderosa ráfaga de viento, pero pronto logró estabilizarse de nuevo gracias a sus colas, imitando la estrategia anterior para llegar a otro Buzzer, y destruirlo de un coletazo. Con un único robot generando aquel ventarrón, su fuerza se vio bastante disminuida, y por ello el esfuerzo que realizó para no salir disparado fue menor, y llegó con facilidad hasta su último oponente, quien intentó dispararle con sus ametralladoras, pero no lo hizo a tiempo y al final sucumbió ante los potentes ataques del niño.

Una vez se encargó de todos los robots de Eggman, soltó una exclamación de victoria, y con aire triunfal, enfocó su atención ahora hacia su más peligroso oponente…

El Dr. Eggman había observado el destino de sus máquinas sin mostrar ninguna emoción, como analizando las capacidades de Tails para diseñar una estrategia que aplicar contra él. Cuando captó los ojos azules de su oponente fijos en él, sonrió tenebrosamente, en un intento de asustar al chico, pero no funcionó.

Con una mirada decidida, Tails encaró a su feroz oponente, quien activó al máximo los cañones flamantes de su máquina para asegurarse de carbonizar a su enemigo de forma definitiva. Esta vez, no iba a andar con juegos.

Y ninguna bola de pelos amarilla iba a interponerse en su camino, ni hoy, ni nunca.

Hidden Palace era un caos. Lo que antes había sido un santuario sagrado, ahora no era más que ruinas devastadas, todo por culpa de los dos combatientes, que, por encontrarse tan enfrascados en su batalla, no les interesaba en lo más mínimo las reliquias que destruían a su paso.

Sonic y Knuckles, llenos de heridas y raspaduras, se observaron mutuamente con seriedad, pero sus actitudes competitivas parecían afectar sus expresiones también, mostrando que, a pesar de la importancia de esta pelea, no podían evitar disfrutarla. Su rivalidad acrecentaba sus deseos de superar al otro.

Ambos desaparecieron de pronto, dejando en su lugar un estallido de polvo, antes de reaparecer en el centro de la destruida habitación, chocando sus puños con una fuerza tan desastrosa que todo el lugar pareció temblar. Sus puñetazos volvieron a colisionar otra vez, seguido de otro impacto, tras otro, y otro, y otro. En poco tiempo, ambos lanzaban golpes tan velozmente que sus manos parecían simples borrones, mientras el encuentro entre sus puños producía poderosas ondas expansivas. Una última colisión, mucho más poderosa que las anteriores, generó una fuerza tan potente que lanzó a los dos guerreros lejos de otro, al instante que el suelo bajo de ellos se fragmentaba debido a la fuerza que aplicaban en sus ataques.

Nuevamente, ambos se miraron a los ojos, exhaustos y agotados. Parecían carecer de energías, y sacaban fuerzas para seguir luchando de donde no tenían. O simplemente se trataba su orgullo de guerrero, que les impedía dejarse someter por el otro. Sea lo que sea, lo que los estuviera impulsando a batallar les ayudaba a permanecer de pie, y a continuar combatiendo. Ninguno de los dos iba a ceder, ni mucho menos a detenerse ni un segundo.

O eso imaginaron.

Justo cuando estaban por lanzarse contra el otro de nuevo, un sonido apenas familiar para ellos los alertó. Frenaron su carrera hacia su rival temporalmente, y miraron al mismo tiempo arriba, donde alcanzaban a ver el gran altar de la Esmeralda Maestra, que parecía cubierto en peligrosas flamas, sonido cual era acompañado por la risa maniática de cierto científico, que hizo que ambos fruncieran el ceño.

Se miraron por un segundo, y observaron su propio estado. No estaban del todo de acuerdo de suspender su encuentro, pero ahora mismo, había algo más importante en juego que su violenta competencia.

Impedir que Eggman se hiciera con la Esmeralda Maestra.

Buenos, hasta aquí llega este capítulo. Espero que les haya gustado, y les pido que dejen sus reviews para saber qué tal les parece la historia. Si lo desean, pueden escuchar la canción "MANIA", tema principal de Sonic Mania, que en mi opinión, es la canción que mejor va con la primera temporada de este fic.

Sin más, espero que tengan un gran día, y me despido.

Cuídense y nos leemos.