Sonic Life

¡Buenas! He regresado otra vez con un nuevo capítulo de este loco fic. Gracias a todos aquellos que han tenido la paciencia para leer capítulo a capítulo de este loco invento mío. ¡Les pido que dejen sus comentarios para saber qué opinan sobre esto!

¿Qué más decir? Más personajes se unirán a la fiesta en este episodio, donde Eggman tomará un pequeño respiro para terminar con los detalles de sus poderosos robots E-2000.

Espero que les guste y nos leemos al final.

Chapter 17: Una mirada.

Perderse en medio de un bosque no era la mejor forma de empezar el día. Además, era imperdonable. ¿Cómo no podía cuidarse sola?

Ya hace una semana que llegó a Green Hill para visitar a su mejor amiga, y quedarse para celebrar su fiesta de cumpleaños. Aunque estaba acostumbrada a vivir en la ciudad, Green Hill era tranquilo y relajante. Spring Yard, aunque hermoso y elegante, había mucho ruido y era difícil calmarse y respirar. Aquí es distinto.

Quizás la vida pacífica de su amiga fue la que la hizo tan dulce y educada, tan pura y tierna. Un verdadero tesoro que nunca cambiaría por alguien más. Sin embargo, a ella le costaba mucho adaptarse a estar apartada de cualquier civilización, a estar fuera de su hábitat natural. Puede que solo se tratase de un capricho, pero no podía evitar sentir que no estaba en su lugar.

Aun así, solo se quedaría por unos días más, hasta que el cumpleaños de aquella pequeña coneja llegara.

La madre de su mejor amiga le pidió que fuera por algunas frutas en el bosque para preparar uno de sus famosos pasteles, pero hasta ahora, ni siquiera había conseguido llenar la canasta que trajo consigo. Y aún peor, no recordaba en camino de vuelta.

Buscaba, preocupada, a alguien que pudiera ayudarla, aunque no podía ver más que árboles y arbustos a su alrededor, sin encontrar ningún rastro de vida visible…

Pero encontró algo mucho peor.

Se lanzó al suelo al instante, dejando caer su cesto a un lado, para evadir un hacha que estuvo por decapitarla. La eriza rosada emitió un grito de terror, mientras aquel ser robótico negro, armado con un hacha dorada, se abalanzaba contra ella…

Esquivó por los pelos otro ataque de aquel peligroso robot, que cortó en dos a un árbol con su hacha, y seguidamente, lanzó el trozo dividido contra ella. Dio un impresionante salto para eludir al tronco, pero no tuvo tiempo de defenderse cuando los propulsores del robot se activaron, impulsándose hacia ella.

La eriza resintió la embestida del robot, terminando en el suelo, adolorida. Intentó ponerse de pie, pero no pudo levantarse a tiempo…

Hey Ho, el robot, blandió de nuevo su arma, intentando cortar en pedazos a la joven eriza de 14 años, que no pudo hacer más que cubrirse y esperar lo mejor…

Por un instante, su visión solo pudo captar un azul brillante, antes de sentir como era levantada del suelo para apartarla velozmente del lugar, salvándole la vida.

Amy Rose abrió los ojos, encontrándose cara a cara con su salvador, un erizo azul de ojos verdes que ahora mismo la cargaba en brazos.

–¿Estás bien? –Preguntó, sin obtener respuesta. Amy quedó estática, hipnotizada en los ojos de Sonic, quien, incómodo, la dejó en el suelo con delicadeza. –No te preocupes, yo me encargaré.

El Hey Ho regresó, pareciendo sobresaltarse al identificar a Sonic junto a la eriza rosada. De su cabeza plateada emergieron chispas eléctricas, que expulsó como un rayo azul hacia su objetivo, quien envolvió su puño con su Light Speed, usándola para desviar el ataque contra unos árboles a la izquierda.

–¿Eso es todo? –Bufó el erizo azul, tronando los nudillos. –Esperaba que me dieras más pelea, pequeño leñador.

El Hey Ho levantó su hacha, y arremetió contra Sonic, quien sonrió con confianza, antes de enrollarse a sí mismo en una bola para lanzarse en el aire hacia su oponente…

Al choque entre ambos solo pudo apreciarse por un instante, antes de que Sonic aterrizara al otro lado del campo con una mano sobre el suelo, respirando agitadamente. Frunció el ceño, y observó algo molesto un diminuto corte de no más de siete centímetros en su brazo izquierdo. Pero además de eso, no parecía haber sufrido otro daño. El Hey Ho, por otro lado, tenía un enorme hoyo que atravesaba su abdomen de par en par, que ahora mismo expelía violentas chispas brillantes. El robot trastabilló unos momentos, antes de emanar bastante humo y terminar envuelto en llamas, para finalmente desplomarse, destruido.

–Bien, eso fue fácil. –Dijo Sonic, limpiando la sangre que caía de su herida. –¿Estás lastimada?

El erizo dirigió su mirada hacia Amy, que aún seguía petrificada, sin dejar de mirarlo a los ojos. Sonic se vio nervioso un segundo, aunque pareció tranquilizarse cuando la eriza asintió, todavía hipnotizada.

–Bueno, esa es una gran noticia. –El erizo azul sonrió, extendiendo una mano hacia Amy. –Sonic, Sonic the Hedgehog.

–Amy… –Respondió la eriza luego de unos segundos, aunque su expresión indicaba que seguía en su mundo. –Amy Rose.

–Fue un placer, y espero que tengas más cuidado la próxima. –Sonic le dio la espalda, pero antes de irse a gran velocidad, le regaló otra sonrisa a la chica, despidiéndose con un ademán de su mano para luego desaparecer a gran velocidad, produciendo una ráfaga de viento que por fin hizo reaccionar a Amy.

Su rostro se enrojeció casi por completo, y bajó un poco la mirada con una tierna sonrisa.

–El placer fue todo mío. –Susurró, tan pensativa que no se percató de como cogió de nuevo su canasta y regresó exactamente por donde había venido, sin dejar de sonreír…

–Debiste verla, Tails. No dejaba de mirarme como una loca. Aunque admito que me sorprendió bastante ver a otra eriza por aquí…

–Se supone que tu especie había inmigrado de las Blue Islands hace cientos de años, ¿no? –Murmuró Tails, pensativo, mientras conducía el Tornado a través de los cielos, con Sonic sentado sobre una de las alas del avión. –Jeje, creo que tienes una enamorada.

–Ni se te ocurra sugerir esa opción. –Bufó Sonic, cruzándose de brazos. –Tengo malas experiencias con fans enloquecidas. Es una de las razones por las que prefiero ocultarme.

–Oh, vamos. No es tan malo. –Razonó Tails, esbozando una pequeña sonrisa. –Más bien, creo que eres suertudo de tener a alguien detrás de ti.

–¿Desde cuándo el niño-lógica habla así? –Inquirió Sonic con una ceja levantada. Tails solo se encogió de hombros. –Como sea. Eggman sigue enviando sus robots leñadores para buscar otra Esmeralda del Caos y cortarle la cabeza a cualquiera que se interponga en su camino. Eso es peligroso.

–Mucho, en realidad. –Argumentó el zorro amarillo. –No todos pueden defenderse contra las máquinas de Eggman. Y estos Hey Ho son mortales. ¿Crees que debamos ir a buscarlos a todos?

–Últimamente creo que hemos perdido mucho tiempo valioso con el doctor. –Contestó el erizo, mirando de reojo la cicatriz en su brazo. –Lo mejor será encontrar la Esmeralda del Caos que permanece escondida en Green Hill, si es que hay una. Luego, le daremos una paliza al viejo y romperemos sus juguetes. ¿Vale?

–Vale. –Tails suspiró. –Esta búsqueda se ha vuelto interminable, incluso para ti, ¿no?

–Me es divertido explorar. Además, solo falta otra mitad de Green Hill y acabaremos. En una semana, ya no habrá dónde buscar.

Tails se limitó a quedarse callado, piloteando su avión rojo y blanco a través de los cielos de Green Hill, sin notar como a su paso dejó atrás a una pequeña cabaña, escondida entre la floresta…

La pequeña conejita de pelaje color crema jugaba en el patio de su casa con su pequeño amigo. Un Chao celeste con un pequeño moño rojo atado en su cuello, que revoloteaba alegremente alrededor de su compañera.

Dentro de la humilde morada de la pequeña, una coneja adulta, idéntica a ella, la supervisaba de reojo mientras preparaba el almuerzo, sonriendo de vez en cuando.

La tranquilidad era buena para todos. Le daba una sensación de paz que no había sentido desde hace mucho tiempo…

Sin embargo, la armonía se vio temporalmente interrumpida por el sonoro ronroneo de un motor, que fue audible en toda la zona.

La pequeña coneja levantó la mirada curiosa, al igual que su Chao, divisando un biplano atravesar las nubes tranquilamente…

–¡Es un avión! –La pequeña dio saltos de emoción. –¡Oye, mamá! ¿No podríamos ir a ver quiénes lo conducen?

–Recuerda, Cream. No podemos hablar con desconocidos. –Respondió la coneja adulta, desde la ventana de su hogar. La conejita hizo un puchero, que a su pequeño amigo le dio mucha risa.

Vanilla también rió, alegrándose de que, por primera vez desde hace mucho tiempo, estaba completamente tranquila, consciente de que nada malo iba a suceder…

Hasta ese momento.

–¿Qué es eso? –Cream levantó sus orejas al captar un extraño ruido. Se puso de pie, al igual que su Chao. –¡Cheese, vamos a ver!

–¡Espera, Cream! ¡Puede ser peligros! –Vanilla intentó detener a su hija, pero ésta ya se había ido.

Sin dudar ni un momento, la madre de Cream corrió hacia la dirección por la que se había ido, dejando la casa abandonada, justo en el momento en el que una eriza rosada con una boba sonrisa llegó.

–¡Cream! –Llamó, pero se quedó quieta al notar que la cabaña donde vivía su mejor amiga y su madre estaba vacía…

¿Adónde se habían ido?

La pequeña conejita era muy curiosa. Su madre muy pocas veces la llevaba a Spring Yard para comprar algunas cosas, y luego volvían casi enseguida. Vivir en Green Hill era divertido y calmado, pero, cada vez que veía algo nuevo, no podía evitar emocionarse. Y esta vez no iba a ser la excepción.

Cream avanzó rápidamente, impulsándose con sus fuertes piernas para dar veloces saltos hacia adelante, adentrándose cada vez más en el bosque. Junto a ella, volaba a su misma velocidad Cheese, el pequeño Chao de la conejita.

Juntos, corrían apresuradamente hacia el lugar donde provenía aquel misterioso ruido…

Se detuvieron al distinguir a una figura metálica que, con un hacha dorada, rebanaba árboles, uno tras otro, en busca de algo. Al ver la intimidadora apariencia del robot, la pequeña se quedó quieta, mientras que Cheese lo mirada con curiosidad.

Los sensores del robot captaron a aquellos dos pequeños seres vivientes, y su nuevo objetivo fue destruirlos.

Los propulsores del Hey Ho se encendieron, catapultándolo hacia Cream con propósitos asesinos. La pequeña profirió un grito de terror, antes de lanzarse al suelo, evitando por los pelos el hachazo de la máquina, cuya arma terminó incrustada en el tronco de un gran árbol.

–¡Es malo! –Chilló Cream, asustada. –¡Cheese, vámonos ya!

–¡Chao! –Asintió el nombrado, dirigiéndose junto a su dueña por donde habían venido.

El Hey Ho desatascó su arma del árbol, y con un brillo oscuro en sus ojos, se trasladó con velocidad a perseguir a sus presas.

La nerviosa coneja se impulsaba lo más rápido que podía lejos de ahí, con Cheese siguiéndola de cerca. Al principio, creyeron que ya estaban a salvo, pero, cuando el Hey Ho voló hacia ellos como un cohete, casi se les detiene el corazón.

El robot leñador levantó su hacha, y la dejó caer sobre la cabeza de Cream, quien la evadió al usar sus orejas como alas para elevarse, esquivando las garras de la muerte por los pelos.

Cheese se mostró molesto al ver como su amiga estuvo a punto de ser lastimada, por lo cual embistió repetidamente el cuerpo del robot, haciéndolo retroceder un poco.

El Hey Ho abrió un compartimento de su pecho, revelando un cañón láser, y no tardó en disparar un poderoso disparo de plasma contra Cheese, quien terminó chamuscado e inconsciente en el suelo…

–¡CHEESE! –Gritó Cream, corriendo hacia su compañero.

La pequeña coneja, al borde de las lágrimas, tomó al Chao en sus brazos, protegiéndolo con su cuerpo del siguiente tajo del Hey Ho…

Que por milagro, nunca llegó.

Cream abrió los ojos con asombro, observando como su madre ahora se interponía entre ella y el robot. La mirada de Vanilla era seria e inexpresiva, como si ahora se tratara de alguien más, pero algo era seguro.

Estaba muy molesta.

–Cream… –Dijo. –Vete.

La conejita no titubeó, tomando el cuerpo inconsciente de su compañero antes de salir disparada por donde había llegado.

–No me interesa qué eres, chatarra. –Habló Vanilla, con una mirada tan dura que podría cortar diamantes. –Pero nadie le hace daño a mi hija y se sale con la suya.

El Hey Ho pareció aceptar el desafío, lanzándose sobre la mujer con su mortal arma en alto. La coneja esquivó de un brinco el hacha del robot, que terminó clavándose en el suelo por unos instantes. Vanilla aterrizó encima de su oponente con fuerza, lanzándolo contra el suelo, y seguidamente, aterrizó junto al hacha de su enemigo.

De una patada, el arma voló por el aire y aterrizó en la cabeza del robot, destrozándola. Vanilla creyó que el trabajo ya había terminado, por lo cual se dio la vuelta, pero, cuando sus orejas percibieron un sonido metálico, fue demasiado tarde…

Aún sin su cabeza, el Hey Ho seguía funcionando, blandiendo su hacha contra Vanilla, quien logró eludir el mortal corte de una pirueta en el aire, pero recibió la dura embestida del robot, siendo lanzada con fuerza contra un árbol, que fue derribado por el impacto.

Vanilla intentó levantarse con todas sus fuerzas, pero no lo logró a tiempo. El Hey Ho decapitado levantó su hacha, y estuvo a punto de cortar en dos a la coneja con ella, si un martillo no se interpone en el camino.

Amy ahora estaba entre la madre de Cream y el robot, forcejeando ambos para superar la fuerza del otro con sus armas.

–¿Amy? –Musitó Vanilla.

–¡Asegúrese de que Cream esté bien! –Le ordenó la eriza, incrementando de golpe su fuerza para hacer retroceder a su rival. –Yo me ocupo de esta basura. ¡Venga, métete con alguien de tu tamaño!

Vanilla se mostró bastante sorprendida ante la actitud de Amy, pero luego sonrió, incorporándose para salir de ahí lo más rápido que podía, con una plena confianza en que la amiga de su hija podría encargarse de ese robot…

Una vez estuvieron solos, Amy sonrió con decisión, dando un salto hacia el Hey Ho para golpearlo con su martillo, pero la máquina se cubrió con su hacha, y con sus propulsores, se impulsó hacia adelante para embestir a su adversaria y así la hizo retroceder.

–Nada mal… –Masculló la eriza rosada, poniéndose de pie. Sujetó su martillo con firmeza. –¡Pero no es suficiente!

Amy cargó frontalmente contra el Hey Ho, que estaba listo para dar el golpe final, interceptándola con su hacha. Pero, para la confusión del robot, la eriza derrapó por debajo de su cuerpo, y una vez ella estuvo detrás de él, lo estampó contra el suelo con un sólido martillazo.

El Hey Ho intentó levantarse, pero otra embestida del arma de Amy lo clavó aún más en el terreno, terminando atascado. Una vez comprobó que su enemigo no podía moverse, la eriza se preparó para dar el golpe final.

Levantó su martillo, y golpeó el suelo con una fuerza sin precedentes, que muy pocos podrían poseer, generando una onda sísmica que disparó al Hey Ho por los aires, desorientándolo. La eriza giró sobre sí misma con su martillo varias veces, tomando cada vez más impulso, y una vez consiguió el suficiente, lanzó su arma hacia su objetivo, que voló por los aires a gran velocidad antes de golpear al robot con una fuerza destructora. La coraza metálica del hombre mecánico se destrozó, haciéndose pedazos que cayeron como peso muerto al suelo.

El martillo de Amy aterrizó estruendosamente un par de metros de ahí, pero la eriza solo celebraba haberle enseñado a ese robot lo que es bueno. Consiguió vencer, y siendo honesta, fue mucho más fácil de lo que imaginó.

–¡Eso te ganas por atacar a los inocentes sin ninguna razón, licuadora flotante! –Vitoreó Amy, dando saltitos de alegría. –¡Nadie se mete con Amy Rose!

La eriza rosada siguió festejando unos segundos más, hasta percatarse de que había dejado su canasta junto a un árbol cercano, pero no sabía exactamente cual…

Suspiró con fastidio, y se encaminó por la zona, en busca de su cesto…

Ya tendría tiempo para tranquilizar a Cream, aunque sentía un enorme rencor al pensar que terminaría traumada por esta experiencia. Si otra máquina se atrevía a mostrar su metálico rostro por aquí, ella misma iba a asegurarse de que no volviera a funcionar.

Luego pensó en que aún le faltaban varias frutas por conseguir, para preparar el pastel favorito de Cream, por lo cual su misión aún no había terminado.

Y finalmente, su rostro se enrojeció al recordar a su héroe, aquel erizo azul que la había salvado, y de la que ahora estaba profundamente enamorada…

Quizás fuera el destino quien decidió que se encontraran en aquel instante, o tal vez no. Aunque, mucho tiempo después de ese encuentro, a la eriza rosada le pareció chistoso que se enamoró de Sonic con solo una mirada…

¡Listo! Amy y Vanilla son fuertes, ¿verdad? Aclaro que, aunque la madre de Cream no tendrá mucho protagonismo, no será solo un personaje inútil, como es en casi todos los juegos en los que aparece. Después de todo, creo que es la personaje más madura de todos los héroes, y la única adulta además de Vector y Big, ya que los demás son menores de 18 años.

No se imaginarán los esfuerzos que Amy tendrá que realizar para convencer a la madre de Cream que le permita ayudarlos en la batalla contra Eggman, además del encuentro con Sonic y los demás, pero eso vendrá en varios capítulos en adelante.

En el siguiente, Sonic y Tails volverán a verse las caras con Eggman, pero esta vez, los resultados serán inesperados. Hasta entonces, espero verlos pronto.

Cuídense y nos leemos.