Sonic Life
¡Hola! Ya he venido de regreso con un nuevo capítulo. Me he sentido muy poco animado últimamente, por lo que he decidido pasar directamente al episodio. Buena lectura y nos leemos al final.
Chapter 18: Camino a la perdición.
¿Cómo pudo permitir algo así?
Sus pies resonaban sobre la reluciente estructura de piedra, mientras corría a toda velocidad hacia su urgente destino. La lluvia empapaba el suelo, y le hacía más difícil moverse firmemente, pero eso no le interesaba. Lo único que le era importante era proteger la Esmeralda Maestra.
Sky Sanctuary ahora mismo estaba atestado de trozos metálicos, que antes eran robots que el equidna rojo destruyó cuando se interpusieron en su camino. Las torpes máquinas de Eggman lograron distraerlo demasiado. Era obvio que el doctor iba a llevarse la Esmeralda Maestra en cualquier segundo… Y no podía permitirlo.
Cuando su actual camino concluyó, dando paso a un vacío sin fondo, el equidna rojo dio un salto y usó sus espinas para volar lo más rápido posible, desplazándose en el aire como una veloz sombra, mientras la noche lo refugiaba de la vista del ejército robótico de Eggman.
Cuando chocó contra una pared de roca, incrustó sus garras en la estructura para sostenerse de ella, y de inmediato empezó a trepar, con un solo objetivo en mente… Destruir al doctor.
Finalmente, llegó a Hidden Palace, aterrizando justamente sobre Altar Emerald. Se incorporó con una mirada asesina, observando al hombre que estaba parado junto a la Esmeralda Maestra, sonriendo con confianza.
–Saludos, doctor. –Dijo Knuckles, caminando amenazadoramente hacia el humano, cuya sonrisa se agrandó, dejando escapar una leve carcajada.
–Es un gusto volverte a ver, Knuckles. –Respondió Eggman, divertido. –Aunque esperaba que vinieras antes.
–Tus malditas parafernalias se encargaron de atrasarme. –Respondió el equidna, cada vez más cerca del doctor. –Pero siguen siendo muñecos sin alma ni voluntad, máquinas estúpidas que solo correr y disparan. Nada de lo que no pudiera encargarme. Y ahora… –El puño izquierdo de Knuckles se iluminó fugazmente en un destello rojo. –Me encargaré de ti.
–Piensas que mis robots son solo soldados de metal, y técnicamente, es cierto. –Alegó Eggman, despreocupado, a pesar de que Knuckles cargó furioso hacia él. –Pero no son débiles, y jamás lo serán.
El guardián de la Esmeralda Maestra lanzó un puñetazo directo al rostro del humano, pero, para su gran asombro, su puño impactó contra un escudo de metal.
–Y para mostrártelo, te presento a… –Eggman sonrió, complacido.
Dos golpes, uno en el rostro y otro en el pecho, lanzaron a Knuckles contra el suelo con gran fuerza. El equidna ni siquiera pudo ver quién lo atacó, pues un tercer ataque lo lanzó contra una de las columnas del altar.
–¡Los E-2000! –Exclamó el doctor, mientras tres robots rojos y amarillos con apariencia humanoide aparecían frente a su creador. Venían armados con un escudo en un brazo y un láser en el otro, mientras sus ojos rojos y vacíos le daban un aspecto algo atemorizante.
Un trueno resonó estruendosamente en la lejanía, mientras Knuckles se ponía de pie, confrontando a sus tres enemigos.
–No tengo idea de qué son estas cosas… –Expuso el equidna, chocando sus puños. –Pero caerán como todas las demás.
Las manos de Knuckles se vieron envueltas en un ardiente fuego, que el equidna expulsó como proyectiles flamantes, que se dirigían rápidamente hacia los E-2000. Pero grande fue la sorpresa de Knuckles cuando los robots solo se cubrieron con sus escudos, protegiéndose de las bolas de fuego de su rival, y quedando intactos. El equidna rojo frunció el ceño.
–Al menos me darán algo de pelea. –Murmuró, rodeando sus puños de energía eléctrica.
Se lanzó como un toro sobre sus oponentes, quienes lo eludieron transformándose en simples destellos de velocidad. Knuckles se detuvo en seco, mirando a su alrededor atentamente, en busca de sus enemigos. Un embate en su espalda le hizo caer con una rodilla en el suelo, y otro golpe frontal lo tumbó de espaldas. De un salto, se puso de pie y golpeó el suelo con una fuerza infernal. La onda expansiva que generó desorientó temporalmente a sus adversarios, quienes fueron finalmente visibles para el equidna.
Knuckles aceleró con rapidez, golpeando con ambos puños a uno de los robots, lanzándolo fuera de la plataforma. Con una sonrisa arrogante, el equidna rojo encaró ahora a sus otros dos objetivos, quienes ya se habían recuperado del ataque anterior.
–Ja. Todos son iguales. No importa qué habilidades tengan. –Se burló Knuckles, cuyos ojos morados resplandecieron por un instante.
Sin embargo, no alcanzó a siquiera moverse de un lugar cuando una bala de energía impactó en su espalda, haciéndole caer de rodillas. Incrédulo, el equidna miró hacia atrás, divisando al mismo E-2000 que había lanzado del altar, transformado ahora en una especie de vehículo aéreo armado con un cañón laser.
–¿Duele? –La voz burlona de Eggman le hizo mostrar los colmillos con enfado. Volteó su mirada, divisando al científico, respaldado por los otros dos E-2000, que lo apuntaban con sus cañones. –Y eso que apenas inician.
Antes de que pudiera reaccionar, el E-2000 transformado le arrojó una red electrificada encima, atrapándolo y torturándolo con una poderosa descarga eléctrica.
–Con estas armas, nadie podrá interponerse en mi camino. –Expuso Eggman, al borde de la risa. –Ni Sonic, ni ningún otro insecto que quiera jugar a ser héroe. Son veloces, fuertes e indestructibles. Son mis armas más poderosas, y con ellas, haré surgir mi imperio…
Los dos E-2000 a los costados del doctor se transformaron también en esos curiosos tanques aéreos, cargando en sus cañones una poderosa energía violeta. El tercer robot se unió a ellos, también listo para disparar…
No pudo evitarlo.
La descarga de energía que los tres robots expulsaron de sus armas fue lo suficientemente poderosa para lanzarlo miles de kilómetros de Hidden Palace, arrastrándolo como una corriente irresistible hasta que se perdió en la oscuridad de la noche…
Eggman rió, completamente fascinado y complacido. No hubiera podido salir mejor. La misión de prueba había salido perfectamente, pero ahora seguía la verdadera prueba.
Destruir a Sonic.
-¡Vamos, Tails! ¡Debes ser más veloz! –Exclamó Sonic, avanzando rápidamente entre la floresta de un bosque, esquivando muchos árboles, rocas, entre otros obstáculos que se interponían en su camino.
Muchos metros detrás de él, un agotado zorro amarillo se impulsaba lo más rápido que sus colas le permitían. Todavía ni le llegaba a los talones a Sonic en cuanto a velocidad.
Aunque consideraba que lo había hecho bien en su última batalla con Eggman, aún no lograba sacarse de la mente el trauma que vivió al ser casi carbonizado por el Flame Mobile. Obviamente podría contar con Sonic para protegerlo en situaciones como esa, pero no siempre debía depender de su amigo en las batallas.
Quizás pelear no fuera exactamente su fuerte, le pero correspondía ser de algún tipo de utilidad en las confrontaciones con el doctor, e igualar a Sonic en velocidad podría volverlo extremadamente ventajoso. Lograrían superar a Eggman por completo en cualquier situación.
No obstante, el que el joven Miles alcanzara algún día la rapidez de Sonic parecía muy improbable. Pero aun así, había que intentarlo.
Habían estado corriendo durante poco más de una hora, explorando gran parte de Green Hill en el proceso. Además de atravesar incontables bosques, espesuras, explanadas, prados y puentes, encontraron algunas cuevas ocultas en distintos puntos, pero no detectaron ninguna Esmeralda del Caos dentro, así que continuaron con su búsqueda, entrenando las habilidades de Tails en el proceso.
Al llegar al final del bosque que trascurrían, Sonic se detuvo en seco con su típica sonrisa de paz. Aunque durante los últimos días han tenido que enfrentarse a incontables leñadores robóticos, eso no les impedía de disfrutar los momentos tranquilos que llegaban por sí solos.
Qué lástima que toda esa paz iba a ser brutalmente exterminada…
Aquel ruido constante de débiles pisadas lo alertaron, pero no lo demostró exteriormente. Aguzó sus oídos, e intentó captar la dirección en la que provenía. No era Eggman, eso era seguro. Pero algo le decía que no debía bajar la guardia…
–¡Ya llegué! –Declaró Tails, desplomándose a los pies del erizo azul una vez lo alcanzó. –Uf. Al menos no te he perdido de vista.
–Tails, de pie. –Ordenó Sonic, sin mirarlo. Por su tono serio, era obvio que algo iba a suceder.
No perdió más tiempo, y ambos se pusieron espalda contra espalda, observando el terreno por doquier. No había árboles, ni arbustos donde esconderse por un lado, así que era claro que, quien sea que se acercaba, los estaba persiguiendo por el bosque.
Cuando una figura oscura fue visible entre las sombras que proyectaban los árboles, el dúo no dudó en encararlo.
–¿Quién eres? –Preguntó Sonic, en postura ofensiva.
–No creí… que se olvidaran de mí tan rápido. –Masculló con una risa la silueta, cuya voz lo identificó.
–¡Knuckles! –Exclamaron tanto el erizo como el zorro, examinando con horror el estado del maltrecho equidna, que sonreía débilmente, apoyándose en el tronco de un árbol a su costado. –Odio decir esto más de lo que pueden creer, pero necesito su ayuda…
Antes de decir otra palabra, Knuckles estuvo a punto de desplomarse, si Sonic no lo sujeta a tiempo.
–¿Qué sucedió? –Preguntó Tails, acercándose preocupado.
–Llevémoslo a la cabaña. –Expuso Sonic, ayudando a Knuckles a caminar. –Luego vendrán las explicaciones.
Y sin más, el erizo llevó casi a cuestas a Knuckles a través del bosque, con un intranquilo Tails siguiéndolos, con ya una idea de quién le había causado esas heridas al equidna rojo…
–¿Dices que estos nuevos robots son tan poderosos? –Inquirió Sonic con una ceja alzada. –He luchado miles de veces contra Eggman, y aunque algunos de sus inventos son fuertes, ninguno me ha quejado en tu estado.
El trío ya se encontraba en la cabaña que Sonic y Tails llamaban hogar. Habían acostado a Knuckles en un sofá para dejarlo reposar, y de paso comprobar que sus heridas no eran tan graves. Y luego, llegó la hora de respuestas.
–Puedes suponer lo diferente que fueron estos con solo verme. –Señaló Knuckles, frunciendo el ceño. –Esto es humillante.
–Vamos, vamos. –Intervino Tails. –Solo necesitas unas horas de descanso y estarás como nuevo, e iremos a darle su merecido a Eggman. No hay nada de qué preocuparse.
–En realidad, sí. –Replicó el equidna. –Ese anciano se llevará la Esmeralda Maestra con él, y desaparecerá. Es obvio. No va a quedarse en el mismo lugar para arriesgarse a que vayamos a darle su merecido.
–Quizás sí… –Expuso Sonic, pensativo. –Eggman tiene la costumbre de mostrarme siempre sus nuevos juguetes, para comprobar que de una vez por todas puede derrotarme con ellos, pero nunca funciona, y él nunca cambia de estrategia. Es claro que estos E-2000 los diseñó especialmente para acabar conmigo, y si ese es su plan, ahora mismo nos está esperando en Hidden Palace, aguardando hasta que llegue allí…
–Que Eggman se tome tantos detalles solo para destruirte es estúpido.
–Sí, pero el doctor es muy confiado.
–Creo que en ese punto se parecen. –Murmuró Tails, girando los ojos. –¿Creen que podremos derrotarlos? Si dejaron a Knuckles en este estado…
–Esos robots atacaron con todo lo que tenían, los tres juntos, y ni aun así pudieron matarme. Ni siquiera estuvieron cerca. Además, me tomaron por sorpresa. –Repuso Knuckles, arrogante, aunque luego emitió un quejido de dolor y volvió a acostarse. –Solo necesito a alguien que me respalde mientras los hago pedazos. Es todo.
–Bueno, mientras Eggy espera paciente, será mejor que descanses. –Concluyó Sonic, dirigiéndose hacia afuera. –Tails, prepara el Tornado. Iremos a Angel Island en unas horas.
Una vez Sonic se retiró, un silencio incómodo persistió unos segundos. Recapitulándolo, Tails y Knuckles no habían tenido ninguna conversación no violenta desde que se conocieron, y estar solos ahora no era muy agradable. Sonic era el que mejor se desenvolvía entre ambos, y aunque no lo hiciera precisamente bien, ya que solía irritar a Knuckles y deprimir a Tails con alguno de sus comentarios, al menos conseguía entablar una conversación.
El zorro se mantuvo alejado de todos por gran parte de su vida, mientras que Knuckles estuvo aislado de cualquier otra forma de vida inteligente. Ninguno de los dos era precisamente "bueno" socializando, y eso les impedía abrirse con el otro. Además, la primera vez que cruzaron miradas no fue exactamente una situación pacífica.
Después de todo, uno de ellos terminó consciente y siendo arrastrado por la corriente de un río.
–Y dime, ¿cómo llevaste de Angel Island hasta aquí? –Inquirió Tails, tratando de aliviar las cosas entre ambos. Agregando también la curiosidad que le provocaba pensar que el equidna llevó hasta allí en ese estado.
–Los E-2000 me lanzaron fuera de la isla, y nadé hasta aquí. No fue muy complicado. –Respondió Knuckles, sin deseos de dormir. –Necesito golpear algo.
–¿Podrías tranquilizarte? Si estos nuevos robots de Eggman son tan mortales como los describes, tendremos que estar al 100%. Y te recuperarás más rápido y descansas. Sonic y yo vamos a apoyarte.
–Nunca quise su apoyo. –Bufó Knuckles, mirando hacia otro lado. –Sólo les pedí su ayuda porque no puedo hacer trizas a Eggman en estas circunstancias. Y creo que son los únicos aliados que tengo…
Tails se sorprendió de oír esas palabras, y sonrió.
–Vale, si tenemos la oportunidad de ser tus aliados, te aseguro a que sacaremos a Eggman a patadas de Angel Island, con o sin esos E-2000. Es una promesa.
Knuckles sonrió. Nunca imaginó que estos idiotas estarían dispuestos a ayudarlo así como así, pero, de cierta manera, se encontraba profundamente agradecido con ellos, y en deuda. Juntos, vencerían a Eggman como ya lo habían hecho antes, y nadie iba a poder detenerlos.
Iban a asegurarse de eso.
Ya atardecía, y ya era hora de partir. El Tornado estaba armado y listo para una posible batalla aérea, y además, ahora contaba con distintos artefactos que podrían serle útiles al trío.
Knuckles estaba ya en perfectas condiciones. Sus heridas, aunque muy dolorosas, pudieron sanarse ligeramente en un par de horas. Y ahora, con el grupo listo para la acción, era hora de iniciar el ataque.
Con Tails como piloto y Knuckles y Sonic en las alas del avión, surcaron los cielos en un vuelo suave, dirigiéndose rápidamente hacia su destino…
–Esto será divertido. –Susurró Sonic, apretando ambas manos, donde portaba en cada una las dos Esmeraldas del Caos que poseían.
Ninguno de los tres sospechaba que iban a una de las batallas más decisivas que podrían pelear.
Iban camino a su perdición.
Bueno, después de un pequeño bloqueo, finalmente logré terminar este capítulo. Espero tener listos los demás pronto, pues ahora empezará un pequeño arco de cuatro episodios, contando a este, donde nuestro trío de héroes deberá hacerle frente al doctor Eggman, y evitar que se lleve consigo la Esmeralda Maestra, además de una pequeña sorpresa…
Sin más, gracias a todos los que se han tomado el tiempo de leer este fic. Ahora mismo debo ponerme manos a la obra con mis otras historias, así que puede que el siguiente episodio no lo tenga listo tan rápido como los anteriores.
Cuídense y nos leemos.
