Sonic Life
¡Hello! Pues aquí estoy de nuevo, presentándoles la siguiente parte de este fic, que espero que les guste, ya que añadirá a otro conocido personaje. Como dije en anteriores episodios, esta primera temporada de Sonic Life se basará directamente en Sonic X en cuanto personajes, así que están advertidos.
Sin más, espero que les guste.
Chapter 21: Liberados.
-Doctor, todos los sistemas funcionan perfectamente. Flying Battery está en perfecto funcionamiento gracias a la energía que suministramos de la Esmeralda Maestra. Además, nos ha sobrado para almacenar aún más Chaos Energy en las bóvedas de la sección inferior de la nave. –Informó la monótona voz electrónica de la computadora principal de Eggman, quien, sentado frente a los controles, se veía bastante feliz.
Logró vencer a Sonic, y ahora tenía sus esmeraldas más la más poderosa gema que existía. La Esmeralda Maestra.
Aunque sus E-2000 recibieron bastantes daños, ya podría repararlos después. Ahora mismo, debía llevar a Sonic y a sus amigos a su base secreta para iniciar los experimentos. Jamás había pensado en volver a seres orgánicos parte de sus fuerzas, transformándolos en máquinas que pudieran servirle para su conquista, pero eso sería lo que haría con Tails, y tal vez con Knuckles en un futuro próximo. Al único que tenía en mente ahora era a Sonic.
Ahora que lo tenía cautivo, por fin iba a poder examinar aquella extraña energía que le daba tanta velocidad, una habilidad única de él… la Light Speed. Con solo imaginar esa luz azul, pensaba en todas las posibilidades. Incluso podría utilizarla para crear a un robot de ultra rendimiento, que sería la máquina perfecta para que el mundo se sometiera a sus pies. Si encontraba la forma de manipular ese poder, sería definitivamente invencible.
Era una pena que haya tenido que dejar Angel Island atrás. No era consciente de que cuando apartara la gema del altar, la isla entera dejaría de elevarse, pero de cierta forma la pérdida de una futura base no le afectaba, pues ahora tenía en sus manos la clave de su conquista mundial. Tenía todas las cartas para triunfar, y ya no había nadie que se interpusiera en su camino. Se había encargado de todos sus obstáculos.
No se preocupaba por nada, pues era imposible que sus enemigos escaparan de su nueva fortaleza volante, más precisamente, de la "celda" en la que los había encerrado. Ya había ganado…
O eso pensó.
Infiltrarse en esa nave no había sido difícil, teniendo en cuenta sus habilidades del sigilo y el espionaje. Evadía las cámaras de seguridad, aquellos pequeños robots azules que recordaban a ratones, que patrullaban los pasillos, y los intimidantes, aunque pequeños tanques rojos armados con cuatro cañones que exhalaban proyectiles de fuego.
Se escurrió entre los guardias de seguridad, y más de un pelotón de Egg Pawns, hasta que por fin consiguió introducirse en una ventilación para despistar a los robots. Se trasladó en habitación en habitación, buscando sin detenerse ni un segundo, explorando gran parte de la nave en poco tiempo.
Su pelaje blanco se ensució un poco debido a lo polvoriento de la ventila, pero eso no le interesaba ahora. Solo quería encontrar esas esmeraldas de una buena vez.
Sus hermosos ojos turquesas resplandecieron en la oscuridad de la ventilación, cuando divisó por una rejilla una gruesa puerta metálica, con una complicada cerradura electrónica, pero no era nada que ella no pudiera abrir. El gran problema eran las cámaras de seguridad presentes, no podía persuadirlas de ninguna forma, así que solo tenía una opción…
Lanzó con gran precisión dos de sus cuchillos hacia las cámaras que monitoreaban la entrada, destruyéndolas, para luego salir de su escondite y correr hacia el cerrojo.
Una vez llegó allí, tecleó rápidamente múltiples códigos, accediendo al sistema principal de Eggman sin dificultad, hackeándolo y abriendo la puerta. Ingresó a la sala al instante y cerró la entrada para retrasar un poco a los robots de Eggman, que de seguro ya venían en camino para comprobar qué sucedía.
Una vez cercioró que estaba a salvo por ahora, se escondió en las sombras para ocultar su identidad de las cámaras de vigilancia presentes para posteriormente desactivarlas. Después, examinó qué había exactamente en esta habitación tan protegida.
Lo que principalmente destacaban eran tres cápsulas de cristal, donde se veía perfectamente los cuerpos de tres curiosos personajes en cada una. Al reconocer a dos de ellos, se quedó bastante sorprendida un segundo, antes de sonreír.
–Vaya, vaya, Knuckles. ¿Te dejaste capturar? –Se burló del equidna rojo inconsciente en una de las jaulas, antes de acercarse a ellas. –Y tú debes ser esa Ráfaga Azul de la cual todo el mundo habla… –Continuó, dirigiendo su cautivadora mirada ahora hacia el erizo azul, en estado latente en su respectiva celda. –A ti no te conozco, pero si estás con estos dos, veces ser importante. –Ahora miró al joven zorro amarillo, en las mismas condiciones que los otros dos.
De pronto, las luces se apagaron, siendo reemplazadas por unos inquietantes focos rojos que emanaban una tenue luz, mientras se escuchaba el estridente sonido de las alarmas. Eggman ya se había percatado de que un intruso se encontraba en su nave, y obviamente no estaba feliz al respecto.
–Lo que me faltaba. Ahora estoy encerrada aquí, con ustedes tres. –Bufó la murciélago, pensativa, mientras caminaba en círculos apresuradamente. Cuando una alocada idea surcó su mente, pareció sobresaltarse, y sus ojos se posaron de inmediato en los tres héroes atrapados. –No serán Esmeraldas del Caos, pero aun así son útiles. Espero que esto salga bien…
Rouge the Bat, ladrona reconocida internacionalmente y una manipuladora empedernida, sonrió con malicia, mientras se acercaba al tablero de control frente a las cápsulas donde sus nuevos compañeros estaban encerrados.
Con sus habilidades para hackear este tipo de sistemas, no le costó mucho librar al trío de coloridos personajes, quienes, con aún terribles heridas en sus cuerpos, respiraron profundamente, antes de abrir mucho los ojos, estáticos.
Sin más, los tres se desplomaron como basura contra el suelo, liberados, pero muy adoloridos como para levantarse.
–¿Qué demonios…? –Murmuró Sonic, confuso, mientras contemplaba su alrededor. –¿Dónde estamos?
–Saludos, mis amores. –Aquella voz llamó la atención del grupo, cuyas miradas se dirigieron hacia aquella murciélago de pelaje blanco y ojos color turquesa, que con su mirada seductora, los observaba divertida.
Sonic y Tails la vieron de pies a cabeza, el último desviando la mirada al concentrarse de más en la preciosa figura de la mujer frente a él, pero el erizo se quedó embobado unos segundos, antes de reaccionar, y enrojecerse al igual que su mejor amigo. A Rouge esto le causó más que una carcajada.
Knuckles también estaba rojo (más de lo usual), pero por una razón muy distinta.
–¡TÚ! –Vociferó, abalanzándose como un animal sobre la murciélago, quien, entretenida, lo evadió de un brinco. –¡¿Cómo te atreves a asomar tu cara frente a mí, sucia ladronzuela?! Te haré arrepentirte de robar la Esmeralda Maestra aquella vez.
–Oh, vamos Knuckles. Creí que me extrañarías un poco más. –Rió Rouge, divertidísima. –Además, fui yo quien los liberó, así que deberías estar más agradecido.
–Estaré agradecido cuando te corte en pedazos. –Gruñó el equidna, levantando sus mortales puños amenazadoramente, aunque Rouge hizo caso omiso a sus advertencias.
–¡Oye, Knux! Calmado. –Intervino Sonic, deteniendo a Knuckles. –Ella nos salvó. Deberías al menos decirle gracias.
–¡¿A una canalla como ella?! ¡Ni hablar! Va a lamentar haber puesto sus sucios dedos sobre mi esmeralda…
–Tú y tu esmeralda. Vaya que nunca cambias. –Reprochó la murciélago, cruzándose de brazos. –Ahora, ¿podemos no perder tiempo? Los robots de Eggman vienen a capturarnos a todos.
–Por supuesto, eh…
–Rouge. Rouge the Bat.
–¡Sí, Rouge! ¿Cómo salimos de aquí?
–Estamos en el nuevo transporte de Eggman, que utiliza como una fábrica móvil de sus robots. Ahora mismo, estamos a kilómetros del suelo, así que será complicado escapar sin un transporte. Sin embargo, si vamos al hangar y cogemos una de sus naves, podremos huir sin problemas.
–¡Perfecto, entonces! –Sonic tomó la iniciativa, todavía sonrojado. –Entonces, déjenme derribar las paredes para salir de aquí.
Dicho esto, el erizo se envolvió sobre sí mismo para formar una bola y lanzarse contra una pared con todas sus fuerzas. La habitación resonó potentemente, pero el muro no cedió, y solo mostró un leve rasguño.
Sonic retrocedió con una expresión fastidiada.
–Titanio reforzado. Es lo único que no puedo destruir. –Protestó, frustrado.
–No podemos volver por donde llegué. –Puntualizó Rouge, escuchando con sus agudos oídos como los robots de Eggman ya venía a por ellos por donde ella entró. –¿Algún plan?
–Sonic no puede derribar la pared… –Recalcó Tails, pensativo. –¿Qué tal todos juntos? Si unimos nuestras fuerzas, quizás podamos salir de aquí.
–Buen plan, dulzura. –Le felicitó Rouge, acariciándole suavemente una mejilla. Tails se ruborizó y miró hacia otro lado, avergonzado.
–¡¿Y trabajar con ella?! ¡Ni en un millón de años! –Rugió Knuckles, cruzándose de brazos con un rostro irritado. –No cuenten conmigo.
–No empieces, Knuckie. –Le recriminó Sonic, sin paciencia. Al oír aquel sobrenombre, Rouge no pudo evitar reírse. Knuckles la fulminó con la mirada. –Y la cosa es como entendí, ella robó la Esmeralda Maestra en el pasado, pero ahora nos liberó. ¿Qué tal si haces las paces con ella, al menos hasta que salgamos de este lugar?
–Eh, chicos… –Los llamó Tails.
Al instante, se escucharon fuertes golpes al otro lado de la puerta que los protegía de las fuerzas mecánicas de Eggman. Se les estaba acabando el tiempo.
–Basta de tonterías, Knuckles. ¿Vas a ayudarnos y quieres que te usemos como escudo humano cuando los robots entren a despedazarnos? –Le reclamó Rouge, seria. El equidna resopló.
–Solo lo hago porque es nuestra única opción. Aunque preferiría ser destripado antes de trabajar junto a ti.
–¡No pierdan más tiempo! –Les avisó Sonic, apresurándolos. Pronto, los cuatro personajes estuvieron en posición, con sus miradas fijas en dirección a la pared. –¿Listos?
El resto del grupo asintió, mientras presentían que la puerta estaba a punto de caer.
–¡En ese caso, adelante! –Bramó el erizo, golpeando la pared con un poderoso Spin Dash, al igual que Tails, mientras Knuckles envolvía su puño en Chaos Energy y lanzaba un poderoso puñetazo al muro, y Rouge acometía girando como un taladro para penetrar la pared con sus piernas.
Los cuatro ataques en conjunto formaron una fuerza abrumadora, que hizo retumbar la nave un segundo, y derribó la pared de par en par al instante, justo cuando un numeroso ejército robótico se hizo camino finalmente para atrapar a sus prisioneros. No obstante, ellos ya no estaban ahí. Habían escapado por la abertura que habían abierto en la pared…
–¡Eso estuvo realmente cerca! –Exclamó Tails, nervioso por lo que acababa de suceder. –¿Y ahora qué, Rouge? ¿Dónde está el hangar?
–Está en…
–Un segundo… –Sonic, quien lideraba al grupo a gran velocidad, se detuvo en seco. –¿Y las Esmeraldas del Caos?
–¡Las olvidé por completo! ¡Sonic! ¿No las tienes?
–¡No! Por eso pregunto por ellas. Eggman debió quitármelas cuando nos capturó.
–Y la Esmeralda Maestra… –Añadió Knuckles, bajando la mirada. –Vi como Angel Island se hundía en el mar antes de que nos metieran en esta nave de pesadilla. El doctor también debe tenerla aquí, en algún lado.
–¡Debemos encontrarlas! Si el doctor las usa para sus planes de conquista, ¡será invencible! –Se apresuró a decir Rouge.
Sonic y Tails asintieron, conscientes de que no podían irse aún sin aquellas joyas, pero Knuckles miró a la murciélago suspicazmente, sin tenerle ni un poco de confianza, a diferencia de sus compañeros.
Rouge miró a su alrededor, observando la amplia sala que se encontraba, cuyo techo era bastante alto, y solo podían verse extraños artefactos trabajando. La ladrona profesional intentó orientarse, predecir el lugar en el que Eggman guardaría algo tan valioso como unas gemas con un poder infinito, y tuvo una hipótesis al respecto.
–Según tengo entendido, esta nave no funcionaba debido a que Eggman no encontraba una fuente de energía tan potente como para activarla, y supongo que las Esmeraldas del Caos encajaron perfectamente en el papel de motor, o fuerza de arranque…
–¡Por supuesto! ¡Las Esmeraldas deben estar en el motor de la nave! –Dijo Tails. –Pero, ¿dónde podríamos encontrarlo?
–En lo más alto, por supuesto. Eggman quería las esmeraldas lo más cerca posible de él. El motor de la nave está debajo del cuarto de control.
–Entonces tendremos que ver de nuevo al doctor obligatoriamente. –Sonic tronó sus nudillos, con una sonrisa confiada. –Pues es el momento de una revancha.
–Mejor enfoquémonos en lo importante por ahora. –Terció Tails, con una gota de sudor en la nuca. –¿Qué tal si evitamos otra posible derrota contra Eggman? Esos E-2000 también podrían estar por aquí.
–El jovencito tiene razón. –Argumentó Rouge, guiñándole el ojo. –Por cierto, todavía no conozco tu nombre.
–Eh, yo… Tails. –Se presentó penosamente el zorrito, aunque se petrificó por la seductora mirada que le lanzó la murciélago.
–Un gusto, Tails. –Dijo, y seguidamente, corrió a gran velocidad por un pasillo específico, seguida por Sonic y Knuckles.
Tails se quedó estático en su sitio unos segundos, antes de despabilar y sonreír bobamente, sonrojado. Después, decidió seguir a sus compañeros a las entrañas de aquella peligrosa nave, cuya exploración suponía un mortal trayecto…
Debían asegurarse de no ser encerrados de nuevo, ya que, gracias a esa murciélago, tenían otra oportunidad.
Gracias a ella, fueron liberados.
¡Rouge se une a la fiesta! Si se lo preguntan, este personaje será al principio bastante eventual, y luego se sumará al grupo en la batalla contra Eggman. Al principio este personaje no me agradaba mucho, pero después de verla desde otra perspectiva, entendí que tenía potencial si tan solo me enfocaba más en encontrarlo. Ahora, es uno de los personajes que más me gusta narrar, y aseguro que su rol en esta historia será muy destacable en el futuro.
Sin más, espero que pasen un bonito día, y nos vemos pronto, en la siguiente actualización.
Cuídense y nos leemos.
