Sonic Life

¡Hi! Bueno, aquí estamos de vuelta. Espero que hayan tenido una linda semana, pues con este capítulo, todo se les arruinará XD. Pero hablando en serio, aquí ocurrirá cierto suceso catastrófico, que marcará a todos los personajes, pero a uno en especial…

Puede que no sea una sorpresa, pero igual les digo que vale la pena leerlo.

Sin más, espero que les guste este episodio, que dejará huella en el resto de estas dos primeras temporadas…

Chapter 23: Ruptura.

–¡Por aquí!

–¡No, creo que por aquí veo la superficie!

–¡Cuidado Tails!

–Estoy bien… ¡Solo salgamos de aquí de inmediato!

–¡Veo la salida!

–¡Venga, muévanse!

–¡El techo se desmorona!

–¡Corran, YA!

El trío de animales antropomórficos dio un último salto con todas sus fuerzas, destrozando la barrera de metal que los separaba de la vida y la muerte. Lograron salir de la nave, al exterior de ésta, más precisamente, en la parte superior del transporte aéreo, que se precipitaba hacia su destrucción lentamente. Los motores y turbinas fallaban, por lo que podrían tener en cuenta que no iban a permanecer en el aire mucho tiempo.

Tails, Knuckles y Rouge, cubiertos de polvo y cenizas, saltaron de una pequeña abertura en el techo de Flying Battery, para emerger en el exterior, donde el infinito cielo nocturno los calmaba, y la luz de las estrellas y de la luna los iluminaban. Se limpiaron lo mejor que pudieron y observaron sus alrededores.

–Perfecto. Adiós a nuestro plan de escape. –Refunfuñó Knuckles, limpiando sus piernas polvorientas. –¿Y ahora qué?

–No podemos volver para ir al hangar, y apuesto a que está completamente destruido. Salir de aquí no parece una probabilidad muy alta.

–Al menos, no con vida. –Murmuró el equidna rojo, cruzándose de brazos.

–No digan esas cosas. Todavía tenemos la oportunidad de salvarnos. Solo hay que encontrar la forma correcta…

–Solo quiero encontrar a Sonic… –Dijo Tails, con una mirada deprimida. –¿Creen que estará bien?

–Sonic es un idiota, irresponsable e impulsivo, pero sabe cuidarse solo. –Respondió Knuckles con indiferencia, pero también con sinceridad. –No te preocupes por él, y concentrémonos en sobrevivir nosotros. Además, aún no hemos encontrado la Esmeralda Maestra…

–Eggman debió llevársela consigo… –Pensó Rouge, concentrándose en algo. –Pero, ¿dónde está?

–No debieron preguntar.

Antes de que pudieran reaccionar, una misteriosa máquina camuflada en la oscuridad se abalanzó sobre ellos. Solo alcanzaron a alejarse para no resultar heridos, para después confrontar a su atacante…

Era obvio de quién se trataba.

Eggman, conduciendo una versión algo atemorizante del Egg Mobile, sonreía divertido, mientras su máquina exhibía la Esmeralda Maestra, utilizando parte de la energía de ésta para repotenciarse. El transporte de Eggman era de un color oscuro, con largas extremidades metálicas armadas con garras afiladas, y repletas peligrosas de espinas. Encima de la cabina de cristal donde Eggman se encontraba, el vehículo llevaba un sutil lanzallamas.

–¡Contemplen el Hang Mobile, estúpidos! –Bramó el doctor, fervoroso. –Espero que se preparen, ¡porque terminarán hechos trizas cuando acabe con ustedes!

El doctor controló su feroz máquina de combate, cuyas mortíferas extremidades se abalanzaron contra sus tres enemigos, quienes retrocedieron casi al instante para esquivar los letales golpes.

El suelo retumbó debido al choque de los miembros robóticos del Hang Mobile, demostrando la infernal fuerza que poseía. Knuckles mostró los colmillos, con el ceño fruncido.

–¿Cómo osas usar la energía de la Esmeralda Maestra en esta monstruosidad…? –Clamó, apretando los puños con furia. –¡Te despedazaré por esto!

–¡Inténtalo, topo descerebrado! –Le retó Eggman, encendiendo el lanzallamas del Hang Mobile.

La llamarada que expelió aquella arma casi los consume, si el equidna no las deshace con sus poderes para controlar el fuego.

Rouge se lanzó contra la máquina en un costado, propinándole una tremenda patada que le hizo trastabillar, antes de recuperarse y expulsar las espinas que sobresalían de sus brazos hacia todas las direcciones.

Tails, con un esfuerzo industrial, generó un campo magnético, y desvió cada espina hacia él, haciéndolas orbitar a su alrededor magníficamente, para después redirigirlas hacia Eggman. El científico accionó un escudo de Chaos Energy a su alrededor para protegerse, para la indignación de Knuckles, y seguidamente desplegó dos cañones que expulsaron poderosos haces de energía verde, que arrasaron con todo en su camino.

Tails y Knuckles lograron evadir los disparos gracias a su velocidad, mientras Rouge usaba sus alas para mantenerse en el aire, lo más alto posible.

Observando a Rouge como un blanco vulnerable, eyectó un flamante torrente hacia ella con su lanzallamas, pero, para su desagrado, la murciélago solo batió sus alas con gran fuerza, formando una ráfaga de viento lo suficientemente poderosa como para devolver el fuego de regreso al vehículo del doctor, que nuevamente activó su escudo para protegerse.

Knuckles atacó por la espalda con una poderosa tacleada, desbalanceando al monstruo de metal, y además se apegó a él, sujetándose firmemente con una mano mientras que con la otra descargaba golpes tan potentes que resonaban en todo aquel traste robótico. Sin embargo, Eggman se zafó de él con una bofetada de su robot, lanzándolo contra Tails.

Ambos terminaron en el suelo, algo adoloridos, pero no tuvieron el chance de levantarse cuando el doctor los atacó con una ráfaga de mortales espinas…

No obstante, un repentino viento las descarrió, enviándolas al vacío de la noche.

–¿Me extrañaron? –Aquella voz los alivió en lo más hondo, especialmente al zorrito amarillo.

Sus ojos azules se abrieron con asombro, mientras Sonic, frente a él, le sonreía tranquilamente.

–¡Sonic! –Exclamó Tails, acercándose al erizo. –¿Estás bien?

–Pues claro. ¿Acaso dudabas de mí? –Respondió él, lanzándole al zorro de dos colas la Esmeralda del Caos amarilla. –Recuperamos las Esmeraldas del Caos, ahora sigue la Esmeralda Maestra. ¿Estás listo para la acción, Knux?

–Por supuesto. –Confirmó el equidna, chocando los puños con una expresión desafiante.

–No lo permitiré, Sonic. –Eggman vio al erizo azul con odio en sus ojos, y enseguida, disparó con los cañones a los costados de su máquina de combate dos poderosos rayos de energía. –¡NO permitiré que arruines todo de nuevo!

El trío evadió los disparos con facilidad, y atacaron al mismo tiempo con un Spin Dash en conjunto, que volcó el aparato hasta hacerlo caer boca arriba.

El Hang Mobile se levantó, pero antes de conseguir contraatacar, Rouge lo golpeó frontalmente con una patada hacia abajo, tumbándolo de nuevo contra el suelo.

–Muy bien, Sonic. Es bueno volver a tenerte con nosotros. –La murciélago le guiñó un ojo al erizo azul, quien le sonrió en respuesta. –Yo me encargo ahora.

Rouge explayó sus alas y, para la sorpresa de los presentes, proyectó desde ellas una ráfaga de cuchillas, hechas de un viento negro, que estallaban con fuerza sobre la coraza robótica del Hang Mobile. Eggman intentaba desplegar sus escudos lo más rápido posible, pero los mandos no funcionaban correctamente debido a los constantes ataques. Cuando la murciélago concluyó su ataque, aterrizó coquetamente sobre el suelo y lanzó un beso hacia el doctor, que, por arte de magia, hizo aparecer una luminosa perla rosada, que rápidamente se desplazó hacia Eggman como un proyectil, y estalló en su vehículo como una granada de luz. El destello cegó temporalmente al doctor, dándoles el tiempo suficiente a los héroes de rematarlo con todo.

Sonic, Tails y Knuckles corrieron hacia su enemigo a gran velocidad, uno junto al otro, como un equipo perfectamente coordinado. Los tres dieron un salto a la vez, terminando unos metros encima del Hang Mobile, e hicieron su táctica.

Tails y Sonic se enrollaron sobre sí mismos para transformarse en esferas de sus respectivos colores, mientras Knuckles rodeaba sus manos de fuego y los golpeaba como si pelotas de vóleibol se tratasen, aventándolos con gran fuerza contra el Hang Mobile, y envolviéndolos de igual manera en fuego. Las dos bolas ardientes cayeron sobre la cabina de Eggman con una potencia atroz, destrozando por completo el vehículo de combate de Eggman, para liberar al Egg Mobile en perfectas condiciones.

Los restos del Hang Mobile acabaron en el suelo hechos pedazos, mientras el doctor emergía intacto en su clásico transporte flotante, que, con una garra de metal, sostenía afirmadamente al a Esmeralda Maestra, para el desagrado del grupo.

–¡Todavía tiene la Esmeralda Maestra! ¡No lo dejen escapar!

–¡Lo tengo! ¡Te pillé, Eggy! ¡Danos la Esmeralda Maestra!

–¡Eh, suéltame, enano azul! ¡Ni se te ocurra acercarte!

–¡Esto le pertenece a mis ancestros, anciano decrépito!

Sonic se aferró directamente al científico, justo antes de que escapara volando de Flying Battery, que estaba a breves minutos que colisionar contra el mar. Knuckles planeó testarudamente detrás del doctor, y logró afirmarse con todas sus fuerzas a la Esmeralda Maestra que la pinza robótica del Egg Mobile sostenía.

–¡Eh, chicos! ¡No nos dejen atrás! –Tails y Rouge persiguieron volando al transporte del doctor, decididos a no dejarlo huir, pero…

–¡Aléjense de mí, alimañas! –Vociferó Eggman, activando el láser de su Egg Mobile, que disparó directamente a Rouge.

Ante la atónita mirada de Tails, al lado de la murciélago, Rouge se desplomó hacia el vacío, casi inconsciente. Reaccionó lo más rápido que pudo, descendiendo hacia ella, olvidando por completo a Eggman y a sus amigos. La tomó en sus brazos y voló lo más fuerte que pudo hacia Flying Battery, tendiéndola delicadamente en la plataforma de la nave para comprobar sus heridas.

Miró de reojo hacia Eggman y sus amigos, suspirando al comprobar que ya estaban demasiado lejos para alcanzarlos. Ignoró ese detalle y se concentró en Rouge, quien, poco a poco, iba abriendo los ojos y orientándose.

–¿Tails? ¿Qué sucedió? –Preguntó la murciélago, con una mueca confundida y adolorida.

–Eggman te hirió con su rayo y caíste al vacío, pero logré ponerte a salvo. ¿Te duele algo?

–Un poco, pero estoy bien… gracias a ti. –Rouge se acercó peligrosamente al rostro del zorrito, que se sonrojó de golpe, pero no intentó alejarse. –Eres tan dulce…

La murciélago le besó una mejilla, y el rostro de Tails enrojeció completamente. Se quedó mudo y completamente petrificado, mientras Rouge lo miraba divertida.

–Y tonto.

Antes de reaccionar a esas palabras, Tails recibió un fuerte golpe en la cabeza que lo dejó desorientado en el suelo. No supo qué sucedió, pero sabía que le habían arrebatado la Esmeralda del Caos que Sonic le lanzó. Abrió los ojos con desconcierto, divisando a Rouge, a unos metros por encima de él, volando sin dificultad alguna y con una sonrisa entusiasmada. Sus preciosos ojos se encontraban hipnotizados por la gema dorada que sostenía en sus manos, sin ser capaz de apartarse de ella.

–¡Ja! Manipularte fue fácil, mi pequeño Tails. –Rió, encantada. El aludido se puso de pie, entendiendo finalmente la situación.

–Rouge… ¿tú… nos mentiste?

–Creí que eras más listo, niño. Pero creo que sin importar su edad o inteligencia, los hombres siempre caerán a mis pies. –Alegó Rouge, dándose aires mientras mantenía su premio en alto. –Fue un placer hacer negocios por ustedes, y espero verte pronto, cariño.

La murciélago le guiñó un ojo a Tails, antes de alejarse rápidamente hacia una pequeña isla que se veía lejanamente, perdiéndose entre la oscuridad de la noche. Miles quedó estático en su sitio, y difícilmente digirió lo que acababa de suceder. Rouge lo había usado, y engañado para robarles una de sus Esmeraldas del Caos. Habían perdido uno de sus tesoros más valiosos, todo por su culpa. ¿Por qué no escuchó a Knuckles? ¿Por qué se dejó manipular tan fácilmente? Se reprendió a sí mismo en silencio por unos segundos, hasta recordar que tenían una misión.

Captó el luminoso destello de la Esmeralda Maestra en el horizonte, lo cual indicaba que no los había perdido por completo. Su mirada de culpa pasó a una más determinada. Habían perdido una Esmeralda del Caos. No perderían la Esmeralda Maestra.

Rápidamente, se desplazó hacia allí, mientras observaba de soslayo como Flying Battery finalmente se hundía en el mar, siendo arrastrada por la oscuridad del océano hasta verse sepultado por éste…

–¡No puedo romperlo! –Gruñía Knuckles con desesperación, lanzando golpe tras golpe contra la garra que sujetaba la Esmeralda Maestra, en un intento por destrozarla para salvar su preciada gema.

–¡Apresúrate, Knux! ¡No puedo controlarlo mucho más tiempo! –Le urgía Sonic, con las manos sobre los ojos de Eggman, quien con una mano intentaba quitarse al erizo de encima, mientras que con la otra conducía alocadamente su vehículo.

–¡No tiene caso! ¡Sonic, lancemos a Eggman a patadas de esta cosa y conduzcámosla hasta Angel Island! –Decidió Knuckles, determinado a cualquier opción.

Eggman se mostró horrorizado al escuchar ese plan, y enseguida se hartó de jugar. Finalmente alcanzó a Sonic, e intentó lanzarlo del Egg Mobile, pero el erizo se aferró con todas sus fuerza al costado de éste.

–¡Estoy cansado de ustedes, molestas moscas! ¡Déjenme en paz a mí y a mi botín! –Voceó el científico, activando precisos botones de su tablero de control.

Al instante, una descarga eléctrica cruzó los cuerpos de sus dos pasajeros no deseados. Sonic no pudo mantenerse sostenido del Egg Mobile, y fue obligado a soltarse, desapareciendo en el vacío bajo ellos.

–¡SONIC! –Gritó Knuckles, aguantando la electricidad que dañaba terriblemente su cuerpo, aunque suspiró con alivio cuando vislumbró entre la penumbra y las sombras la figura de Tails, volando como un cohete para auxiliar a su mejor amigo.

–¿Sigues aquí, insufrible parásito? –Masculló Eggman al verlo aún aferrado a su tesoro. –¡Déjame en paz de una vez, desgraciado!

La potencia del chispazo se multiplicó. Los músculos de Knuckles no soportaban más. El equidna estaba a punto de sucumbir, y lo único que lo mantenía consciente era el inquebrantable deseo de proteger a su gema.

Solo podía mantener los ojos abiertos, si los clavaba fijamente en la Esmeralda Maestra, y su relajante resplandor…

Y obtuvo la respuesta que buscaba a la situación.

Era una locura, y no quería optar por ella, pero era la única opción. La única forma de que Eggman no poseyera su poder.

Sintió como su aliento desapareció, y un fuerte dolor en el pecho. No era el que estuviera siendo terriblemente electrocutado. Sus lágrimas lo demostraban.

–Lo siento… –Fue lo último que dijo, mientras rodeaba su puño de una furiosa energía roja…

Y lo hizo.

Golpeó la Esmeralda Maestra con todas sus fuerzas, ante la anonadada mirada de Sonic, Tails y Eggman. La enorme joya se fracturó por completo, irradiando una poderosa luz del dolor, pero lo que siguió fue lo peor…

El puñetazo de Knuckles detonó, explotado en pedazos la Esmeralda Maestra, cuyos trozos se elevaron hacia el cielo, emitiendo todavía aquella luz que delataba su sufrimiento. Los pedazos se perdieron entre las nubes, mientras el Egg Mobile perdía la potencia para seguir emanando aquella electricidad, y Knuckles, ya sin fuerzas para sostenerse, se dejó caer hacia la nada, observando directamente los fragmentos de la Esmeralda Maestra…

–Ese idiota… –Dijo Rouge, observando desde la isla en la que se encontraba aquel desenlace. Su voz revelaba una enorme furia, mientras sus ojos se iluminaban con ira. –¡¿Cómo pudo ocurrírsele semejante idea?! ¡Destruyó la Esmeralda Maestra, la joya más anhelada del mundo! Sé que lamentarás esta decisión el resto de tu vida, pero lamentarás aún más lo que te haré por esto. Vas a pagar, Knuckles.

Y dicho esto, la murciélago desapareció en la oscuridad, mientras el cielo se iluminaba con una lluvia de cristales verdes…

Los fragmentos de la Esmeralda se dispersaron en lo más alto del cielo, descendiendo como una suave llovizna por todo el archipiélago de Blue Islands.

Sonic y Tails observaron callados la escena, con decaídas miradas reflejadas en sus rostros. Eggman se encontraba perplejo al respecto, aunque seguía conduciendo aparentemente sin rumbo lejos de sus enemigos, no dejaba de mirar hacia atrás para observar a los pedazos de la gema más poderosa del mundo, que ahora dividida, se perdía en la oscuridad, dejando tras de sí, decenas de luces brillantes…

Sin embargo, el más conmovido al respecto fue Knuckles, todavía cayendo. Su mirada seguía fija hacia arriba, mientras veía como lo más valioso para él se caía a pedazos (literalmente) ante sus ojos.

No quiso seguir viéndolo. No quería seguir escuchando los llantos de dolor de la poderosa gema, que había sido destruida por su propio guardián…

Lloraba en silencio.

Su vida ya no tenía significado.

Perdió la única chispa de emoción que tenía.

Ya no era nada…

Fracasó como guardián, y rompió el juramento que ejerció al prometer cuidar la gema con su vida…

Había fallado.

Y esta falla…

Y esta ruptura en su corazón, sería la que lo llevaría a tomar esa decisión…

La decisión, de dejar que su vida terminara ahí mismo.

Compartir el destino de la Esmeralda Maestra, y hundirse en lo profundo del mar, por el resto de la eternidad…

Adiós, Sonic, Tails. Fue divertido. –Decía, cerrando los ojos. –Pero así son las cosas. No cumplí con mi palabra, y debo pagar por eso.

Cruzó sus manos encima de su pecho, y entregó su vida a las frías manos de la muerte. Chocó contra el mar que lo consumiría, y dejó que lo arrastrara hasta lo más profundo de la oscuridad…

¡FIN! ¿Qué les pareció? Tal como sucedió en los juegos, la Esmeralda Maestra se ha hecho pedazos. Knuckles está tan afectado que decidió ni intentar salvar su vida. Después de todo, a diferencia que en el canon, aquí cree que la Esmeralda Maestra ya no existe, que fue completamente destruida, y por ello, piensa que su vida ya no tiene significado. Sonic y Tails se sentirán realmente culpables por esto, y harán hasta lo imposible para ayudar al equidna a recuperarse.

En el siguiente arco de Sonic Life, nuestros tres protagonistas deberán esforzarse para reunir los fragmentos de la Esmeralda Maestra, desde cero, y así tratar de restaurarla a su estado original. Pero especialmente, deberán lograr que Knuckles recupere su voluntad.

Hasta entonces, estén atentos a lo que viene. LycanrocMoon se despide.

Cuídense y nos leemos.