Sonic Life
¡Estoy de regreso! Luego de una larga espera (sorry :P), llega una nueva actualización de este loco proyecto mío. Ahora, los dejaré con el capítulo, y espero que lo disfruten.
Chapter 27: Frustración.
–¿Dices que sólo llegaron a atacarlas? –Inquirió la preocupada madre de Cream, intentando entender la situación que su pequeña hija acababa de contarle.
–Sí, dicen querer el diamante que Amy encontró. Creo que son ladrones o algo. –Respondió la niña, abrazando al pequeño Cheese, quien la miraba con preocupación. –Dijo que corriera, que ella se encargaría, pero no sé si podrá sola contra ellos…
–No te angusties, cariño. –Le aseguró Vanilla, acariciando la mejilla de la pequeña. –Yo me ocuparé de traer a Amy sana y salva, tú ocúltate. No sabemos lo peligrosos que podrían ser estos desconocidos.
–Pero mamá…
–Quédate en casa. –Ordenó la mujer con más firmeza, mientras se dirigía hacia la salida de su hogar. –No intentes venir a ayudar. Amy y yo nos aseguraremos de que todo esté seguro para ti.
Y sin decir otra palabra, la coneja abrió la puerta hacia el exterior, pero, antes de salir disparada hacia el sendero que Amy y Cream habían seguido, se quedó petrificada en el umbral de la puerta.
–¡Amy! –Al oírla nombrar a su amiga, el corazón de Cream vio un brinco.
La pequeña voló enseguida a la entrada de su casa, encarando al igual que su madre y Cheese a la eriza rosada, quien, cojeando débilmente con su martillo, llegaba a las puertas de aquella hermosa cabaña donde se alojaba temporalmente.
Al verla, Cream quedó estática, igual que su madre.
–¡AMY! –Bramó luego de unos segundos, corriendo junto a Vanlla para auxiliar a la eriza y tratar sus heridas. –¡¿Qué te sucedió?! ¿Fueron ellos…?
–Sí. –Respondió la joven con una expresión de dolor. –Eran mucho más fuertes de lo que aparentaban. Me deshice de ellos, pero creo que volverán…
–No te preocupes por ello ahora, querida. Solo entra. Cream, cura sus heridas, yo…
Pero antes de alcanzar a contestar, un objeto desconocido cayó del cielo como un meteorito, colisionando a unos metros de la vivienda con un estruendoso impacto.
Era el mismo equidna rojo que habían visto con anterioridad, aterrizando con un puño en el suelo y una mirada furiosa. Al verlo, Amy frunció el ceño e intentó incorporarse, pero volvió a decaer, demasiado lastimada como para confrontar al enfurecido guardián.
–¿Creíste que podrías huir de mí? –Masculló Knuckles, ignorando su propio dolor para mantenerse de pie y confrontar a la eriza. –Fue una estupidez de tu parte pensar que podrías salirte con la tuya y librarte de mí.
–¡Y tú erraste al querer venir a seguir causándonos daño! –Bramó Amy en respuesta, manteniendo su martillo en alto y una expresión enfurecida, pero cayó con una rodilla sobre un escalón de la vivienda de Cream y Vanilla, respirando agitadamente. –¡Sólo atrévete a dar un paso hacia nosotras, y yo voy a…!
–Me aseguraré de que pagues por robar lo que no te pertenece. –Le interrumpió Knuckles, frunciendo el ceño. Se incorporó como pudo, y empezó a acercarse hacia sus objetivos, que lo miraron con nerviosismo.
Vanilla dio un paso al frente, colocándose entre la eriza lastimada y el enfurecido equidna, quien bufó.
–¿Acaso quieres terminar como ella? No te metas en mi camino, coneja.
–No dejaré que le hagas daño, seas quien seas. –Replicó la madre de Cream, seria. –¿Cuáles son tus intenciones?
–No tengo que darte explicaciones. Ella tiene lo que quiero, y no me marcharé hasta conseguirlo, aún si tengo que demoler tu tonta casita. –Respondió Knuckles con firmeza y severidad, mientras avanzaba a paso lento, pero firme, hacia Amy.
La tirantez de la situación ponía los nervios de punta a las tres antropomórficas, que intercambiaban miradas de preocupación mientras Knuckles se iba aproximando. Amy intentó nuevamente levantarse, pero volvió a fallar, y Vanilla extendió los brazos hacia los lados, dispuesta a proteger a la mejor amiga de su hija…
Quien observaba aterrada, en el recuadro de la puerta de su casa, abrazando a su pequeño Chao como si fuera un oso de peluche.
Knuckles apretó los puños, y éstos se encendieron en débiles flamas. Estaba por acometer contra sus enemigos, pero una veloz sombra se le adelantó, dejándolo en blanco.
Vanilla recibió una patada en el estómago que la dejó sin aliento, y Amy un golpe en el rostro que la derribó, y por ello no pudo evitar que su agresor le arrebatara el bolsito amarillo donde guardaba el valioso fragmento de la Esmeralda Maestra que tan codiciado era últimamente.
Cream y Knuckles dieron un respingo, observando atónitos a la inesperada invasora que había interrumpido la tensión del combate que estaba por iniciar…
–¡Rouge gana de nuevo! ¡En tu cara, cerebro de músculos! –Fanfarroneó ella, manteniendo su premio entre sus manos, mientras volaba por encima de la cabaña. –¿Quién es mejor ahora?
–Tú… maldita rata voladora. –Musitó él entre dientes, pero cuando iba a acercarse no hizo más que caer de rodillas.
–Oh, lo siento, Knuckie, pero en ese estado tan débil no eres un rival digno para mí. –Señaló ella con arrogancia, elevándose poco a poco. –Por ahora, tengo lo que quería, así que, ¡adiosito!
Amy dio una rápida voltereta para lanzar su martillo contra la murciélago, pero ésta se propulsó como un cohete con una fuerte aleteada de sus alas, y en breves segundos, su figura no era nada más visible que un borrón que iba alejándose hasta perderse en la lejanía…
–Se ha… ido. –Murmuró Amy, algo adolorida, mientras ayudaba a Vanilla a incorporarse. –Y se llevó mi regalo para Sonic…
–¡Arg! ¡Maldita sea! –Bramó el equidna, golpeando el suelo con todas sus fuerzas debido a la frustración.
El terreno bajo sus pies se fracturó debido al puñetazo, y el cráter fue haciéndose más y más grande con cada golpe que recibía del irritado equidna. Amy, Vanilla y Cream lo observaban con preocupación y algo de temor. Cuando ya se hubo desahogado con el suelo, Knuckles se puso de pie, con la mirada gacha.
Ni siquiera se molestó en mirar a las tres antropomórficas que lo vigilaban. Dio media vuelta, y empezó a marcharse. Ya no había nada que le interesara ahí.
En otras circunstancias, Amy le hubiera reclamado al menos disculparse por todo lo que había hecho, pero teniendo en cuenta lo peligroso que era aquel equidna, prefirió dejarlo pasar esta vez… Además, ya le había dado una golpiza, así que estaba satisfecha por ahora.
Solo esperaba no volver a encontrarse contra ese bruto en un largo tiempo.
Cuando Knuckles desapareció entre los árboles y la vegetación de Green Hill, Vanilla y Cream soltaron un suspiro de alivio, y la mujer cayó sentada en el suelo, todavía recuperándose del golpe en su abdomen.
–Creo que estoy perdiendo práctica. –Musitó, a un volumen tan bajo que Amy apenas y pudo oírla.
–Todavía me sorprende mucho que usted pueda luchar de tal manera como lo hizo aquella vez. ¿Dónde aprendió eso?
–Bueno… –La coneja intentó ocultar su expresión apenada, y algo decaída. La sonrisa de Amy desapareció, y su mirada se tornó un tanto preocupada.
–¿Sucede algo?
–¡Mamá! –Cream llegó rápidamente, antes de que Vanilla tuviera oportunidad de contestar. La madre sonrió tiernamente, y abrazó a su hija cuando ésta se desplomó en sus brazos. –¡Estaba muy asustada! ¿Estás bien?
–Estamos bien, mi niña. –Contestó, cerrando los ojos. –No te preocupes.
Amy las observó con una sonrisa, aunque su mirada decayó de nuevo al recordar que había perdido el regalo que tenía preparado para Sonic… Bueno, ya tendría otras oportunidades para conquistar su amor, quizás de alguna forma menos material.
Un poco lejos de ahí, el frustrado equidna caminaba casi cojeando por los valles de Green Hill, gesticulando furiosamente, y golpeando de vez en cuando cualquier árbol que se cruzara en su camino, arrancándolo de raíz.
Estaba más que enojado.
Era un enojo similar al que sintió cuando Eggman consiguió echarlo de su propia isla. Y ya no lo soportaba. No soportaba que cualquiera pudiera vencerlo, que fracasara en su labor como guardián una y otra vez. Odiaba sentirse débil. Odiaba fallar.
Y esta vez, contra nada más y nada menos que Rouge the Bat… Esa desgraciada ahora tendría más de una oportunidad para burlarse por este fracaso… Ella logró vencerlo.
Y esa eriza… tan caprichosa, tonta e infantil, ¿y aun así pudo deshacerse de él de un martillazo? ¡¿Cómo demonios se permitió algo así?!
Nuevamente, destrozó cualquier cosa que estuviera cerca a base de puñetazos, rugiendo furiosamente mientras descargaba su ira contra todo lo que estuviera a mano.
No quería que esto siguiera sucediendo. No quería seguir fallando, y que todo de lo que estaba orgulloso se le fuera arrebatado. Primero Sonic, luego Eggman, ¿y ahora una eriza lunática y la murciélago que más odiaba en el planeta?
¿Cómo demonios permitió todo esto?
¿Cómo permitió que Eggman invadiera su isla?
¿Cómo permitió que él lograra engañarlo?
¿Cómo permitió que lo lanzaran fuera del altar?
¿Cómo permitió que se apoderara de la Esmeralda Maestra?
¿Cómo permitió todo eso…?
Se sujetó la cabeza, con los ojos fuertemente cerrados y los dientes rechinantes. Detestaba esta sensación. Quería acabar con todo.
Quería que todo volviera a ser como antes: él en su isla, solo, sin que nadie lo molestara.
Solo la Esmeralda Maestra y él, como siempre debió ser.
Pero Eggman tuvo que llegar, y tuvo que arruinarlo todo. Los únicos aliados que había conseguido como apoyo para la tarea de reconstruir su valiosa gema ya no están, y ahora, estaba allí, más solo que nunca, y con su más preciada posesión destrozada en pedazos, y esparcidas por cuatro islas enteras, con un científico loco y una ladrona profesional compitiendo con él para reunir la mayor cantidad de sus trozos antes que el resto…
Sacó de entre sus espinas el único fragmento de la Esmeralda Maestra que poseía, y frunció el ceño. Solo tenía uno, uno de muchos. A este paso, jamás lograría reunirlos todos a tiempo…
No pudo soportarlo más.
Cayó de rodillas, con lágrimas renegadas deslizándose por sus mejillas, y gruñendo por la desesperación. Lanzó un grito al cielo, y golpeó el suelo una y otra vez, pensando que así podría liberar toda su frustración…
Pero no sirvió de nada.
Se sintió débil y fracasado, solo y deprimido.
Sintió que su vida carecía de sentido otra vez, ahora que le habían arrebatado lo más importante para él, y que ya no podría recuperarlo…
Sintió que ya todo había terminado…
–Oye, ¿escuchaste eso?
–Claro que lo escuché. Vino por aquí. Se me hizo muy familiar.
–Hey, creo que veo algo.
–Yo también. Acerquémonos.
–¿Crees que sea Eggman?
–Era un grito, no un chillido de las máquinas asesinas del doctor.
–¿Quién podría ser entonces?
–Un momento… ¿Ese no es…?
–¡Es Knuckles!
Escuchó sus pasos acercándose, pero ni siquiera se molestó en levantar la mirada. Seguía sumido en su amargo dolor, sin que nada ajeno le importase.
–¡Knuckles! –Sintió la mano de Tails sobre su hombro, agachándose a su lado. –¿Qué te sucede?
No respondió.
–¿Knuckles? –Este era Sonic. Debía estar parado frente a él, pero no tenía interés. –¿Qué sucedió?
Siguió sin contestar. Ya no tenía importancia para él. Él los había necesitado, y ellos no estuvieron ahí. Ya no podían fingir que querían ayudarlo. Ya no tenía ningún significado la simpatía que le ofrecían ahora.
Sonic frunció el ceño. Se agachó para estar a la altura de Knuckles, y le obligó a verlo a los ojos. El erizo se sorprendió al notar que el equidna había estado llorando.
–¿Knux…?
–Suéltame. –Gruñó Knuckles, apartando la mano de Sonic con brusquedad. Se puso después de pie, y empezó a caminar lejos de sus supuestos camaradas, quienes intercambiaron una rápida mirada.
–¡Knuckles! –Le llamó Tails, intentando acercarse, pero Sonic lo sujetó del brazo, en un tirón prohibitivo.
Sonic se encontraba muy serio, y no despegaba sus ojos del equidna que iba apartándose hacia lo más profundo de Green Hill.
–Yo me encargo.
Knuckles caminaba sin fuerzas por el bosque que recorría, ignorando el dolor de sus heridas, y lamentándose más en su dolor interno. De vez en cuando, caía de rodillas, sin energías para continuar, pero obligándose, volvía a ponerse de pie para seguir avanzando. Ni él sabía qué rumbo estaba tomando, hasta percatarse al reconocer aquel camino.
Se dirigía hacia la costa de Green Hill, en la dirección exacta donde se encontraba ahora Angel Island, hundida en el fondo del mar. Supuso que podría luchar por encontrarla, explorando debajo del océano, y luego dejarse ahogar para morir en el mismo lugar en el que había nacido, y pasado la mayor parte de su isla, aunque realmente, ahora aquello parecía estar exento de significado para él.
Pero descansar eternamente, sin sentir nada, era bastante tentador.
¿Y a quién le interesaría? ¿A Sonic? Sí, claro. No estaba de humor para que ese héroe sintiera pena por él. Apretaba furiosamente sus puños.
La frustración regresaba, pero ya no tenía fuerzas que descargar contra los pobres árboles que estaban a su alrededor. Se limitó, entonces, a acelerar el paso, y llegar lo más rápido posible a su destino final, cuando otra molestia se cruzó en su camino…
–Apártate, erizo. Esto no te interesa.
–Me interesa más de lo que crees. –Replicó el erizo con el ceño fruncido. Había aparecido en un segundo enfrente del equidna impidiéndole avanzar. –¿Adónde crees que vas? ¿Sabes que Angel Island no ha ascendido de nuevo, verdad?
–Lo sé, pero ya no importa. A ti tampoco debería importarte mucho. Si a mí mismo no me interesa mi vida, ¿por qué a ti sí? –Knuckles se veía dispuesto a seguir avanzando, si Sonic no vuelve a encararlo, obstaculizando su camino. Knuckles lo miró con enojo. –¿Acaso debo aplastarte para que me dejes pasar?
–¿Con esas pintas que tienes? Lo menos que podrías hacer es hacerme cosquillas. –Lo retó Sonic, con una mirada desafiante. Knuckles se vio deseoso de molerlo a golpes en ese instante, pero ¿qué beneficio saldría de eso?
–Tsk. Sólo eres una pérdida de tiempo. –Bufó el equidna empujando al erizo fuera de su camino para continuar.
Sonic lo miró incrédulo, sin asimilar lo que acababa de suceder. Sea lo que sea que sucedió, debió ser algo muy grave para que Knuckles no cayera en sus provocaciones. Frunció el ceño, y empezó a caminar junto al equidna, que lo miró de soslayo con molestia.
–¿Quieres decirme qué pasó?
–No.
–Vamos, amigo…
–Ya no somos amigos.
–¿Por qué lo dices? Tal vez tú no lo sientas así, pero nosotros sí. Eres nuestro compañero, Knux.
–¿Y entonces por qué no me ayudaron? –Reclamó él, deteniéndose para encarar al erizo con ojos encolerizados. –Los necesité, necesité su apoyo y su colaboración para restaurar la Esmeralda Maestra, pero sólo me dejaron de lado. Accedí a que me ayudaran, y ni aun así… fueron capaces de ello.
–No estábamos dispuestos a pasar días enteros buscando tus lindos trozos de cristal por todo el mundo, ¿entiendes? –Contestó Sonic con fastidio. –Solo tú eres capaz de hacer algo así. Mírate ahora. Parece que quieres morirte solo porque no tienes a tu enorme joya a tus espaldas. Es triste que te hayas convertido en esto, Knuckles. Pensé que podrías ser un buen rival, pero no eres más que un inmaduro, y mira que lo digo yo.
–No sabes lo que estoy pasando ahora…
–Quizás no lo sé, pero sí sé esto: ¿qué importa si la Esmeralda Maestra está rota en pedazos? ¿Qué importa que Eggman haya logrado vencerte? Conseguimos arreglar ese problema, conseguimos… conseguiste asegurarte de que Eggman no tuviera a su poder la Esmeralda Maestra, y no lo hiciste por tu tarea como guardián. Lo hiciste porque sabías que el mundo entero estaría en aprietos si Eggman usaba esa gema como fuente de energía para su ejército. Destruiste la posesión ancestral de tu pueblo, por el bienestar del planeta. Eso no te hace un egoísta avaro, te hace un héroe, aún si no lo admites. Deja de pensar en lo que sucedió, y de culparte al decir que tu decisión no fue la correcta, porque no es cierto. Hiciste lo correcto, y aunque hayas pagado caro por eso, salvaste a miles de vidas con sacrificar lo más importante para ti. Deberías estar orgulloso de eso.
–Sigues sin entenderlo… –Objetó el equidna, implacable. –No entiendes cómo es que todo tu mundo… todo en lo que tu vida giraba, sea roto en pedazos frente a tus ojos, y que tu única esperanza por recomponerlo… sea aplastada. Encontré otro fragmento de la Esmeralda Maestra, y Rouge logró arrebatármelo. Fallé, y no conseguí hacerla pagar por ganar nuestra confianza y engañarnos. ¿Estás feliz ahora, Sonic? Adelante, búrlate como todos los demás. Búrlate del gran chiste que soy. Fui vencido, de nuevo. Humillado, de nuevo. Y, de nuevo, comprobé que ya no soy lo suficientemente fuerte para proteger lo que siempre debí mantener a salvo… Ni siquiera puedo reponer la Esmeralda Maestra por mí mismo, y necesito la ayuda de un inútil como tú para algo así… Qué patético.
–En efecto. –Concordó Sonic con una gran sonrisa. Knuckles lo miró enojado. –Eres patético, pero eso no significa que seas inútil. Eres… uno de los mayores rivales con los que me he encontrado, y supiste ser la piedra en mis zapatos cuando llegamos a Angel Island la primera vez. Cuando me derrotaste… me sentí como tú. Últimamente, Eggman ha logrado mantenerme a raya de una forma u otra, y antes, no necesitaba la ayuda de nadie para defender a Mobius de él. Cuando me derrotaste, sentí que me estaba oxidando, que ya no era suficiente para defender al planeta solo. Me sentí fracasado, pero… no me rendí ahí, ¿verdad? –Sonrió, sorprendiendo a Knuckles. –Volví a Hidden Palace para patear tu trasero, y lo hice únicamente porque no podía rendirme. Yo soy Sonic the Hedgehog, la Ráfaga Azul que defiende las Blue Islands y todo Mobius del infame Doctor Eggman, ¿y qué sería de toda esa reputación si dejo caer las manos con solo un fracaso? Ese no sería yo. Yo jamás me daría por vencido así, y tú tampoco debes. Tienes que seguir luchando, así como yo sigo luchando contra Eggman, y si sientes que no puedes solo, que tu fuerza individual no es suficiente… pues recuerda que Tails y yo estamos aquí para apoyarte. No por nada somos un equipo ahora, ¿verdad?
Todo quedó en silencio por abundantes segundos. Knuckles parecía alucinado por toda esa parrafada, remarcando cada palabra en su mente. Sonic esperaba su reacción con una sonrisa, ya con una idea de la respuesta que le daría su amigo y rival…
–Como quieras, idiota. –Knuckles sonrió, y le propinó un puñetazo amistoso en el hombro. –No voy a rendirme, ni hoy, ni mañana, ni nunca. ¿Cómo demostraría que soy mejor guerrero que tú si no?
–Así se habla, hermano. –Sonic se incorporó animado, y con una gran sonrisa. –Es bueno que hayas entrado en razón, y que estés devuelta, porque Eggman nos hizo una pequeña visita que no terminó del todo bien.
Knuckles enarcó una ceja, frunciendo el ceño, y Sonic rió nerviosamente.
Al principio, Sonic pensó que tal vez, se molestaría porque estuvieran más pendientes del doctor que de ayudarlo con la recuperación de los fragmentos de la Esmeralda Maestra, y por ello, la respuesta del equidna le sorprendió bastante, aunque no pudo evitar sonreír.
–Cuéntame.
Luego de mil novecientos años, estoy aquí de nuevo. Tuve algunos problemitas (falta de inspiración, de tranquilidad, y de paciencia) que me impidieron seguir escribiendo por un tiempo, pero intentaré actualizar más constantemente, como antes. Espero que tengan paciencia si es el caso contrario, aunque estoy seguro de que a pocos les interesa realmente esta cosa.
Pero bueno, siempre que haya una sola persona que guste de leer este loco proyecto mío, estoy contento con ello :3. Intentaré a partir de ahora hacer más hincapié en las relaciones de los personajes, y hacer ver como a veces chocan sus personalidades y ello provoca pequeños conflictos algo problemáticos. Ya veré si me sale bien.
Sin más, espero que hayan pasado un buen año nuevo, y que todos sus deseos y aspiraciones se cumplan en este 2019. Sin más, me despido.
Cuídense y nos leemos.
