.Primer Movimiento.
El sol entraba por una mínima rendija entre las cortinas del cuarto de hotel. Hikari se levantó de buena gana. Levantarse temprano le hacía sentir que podía aprovechar el día al máximo. Se estiró placenteramente entre las sábanas y permitió que todos sus músculos se reactivaran y oxigenaran.
Había llegado a Odaiba el día anterior luego de un largo viaje desde Europa, y quería descansar y reponerse para comenzar la estadía en Japón del mejor modo. Lo que más le alegraba era el hecho de sorprender a sus padres y a su hermano con su llegada, pues ellos nada sabían de sus planes.
Luego de viajar por todo el mundo, había llegado a sus oídos que The Waseda Symphonic Orchestra de Tokio se proponía hacer un ciclo durante todo el año de conciertos de violín. No había dudado ni un segundo en enviar su audición al director de la misma y el resultado había sido más que positivo, por lo que tendría ese año de merecido descanso en su tierra natal haciendo lo que más amaba hacer.
Decidió levantarse de una vez por todas y comenzar con su rutina.
Se dirigió al cuarto de baño y se dio una ducha reconfortante, se detuvo unos instantes a observar su reflejo en el espejo que ocupaba casi media pared.
Frunció los labios al comprobar que la seguidilla de viajes le había hecho perder peso.
"Mamá no estará contenta con esto"
Sus clavículas se marcaban bastante pero por lo demás no parecía muy demacrada.
Peinó su cabello castaño -que había crecido mucho desde la última visita a su familia- y se concentró en su rostro. Algunas pecas diminutas aparecían en su nariz "mucho sol en el mediterráneo". Pero por lo demás se encontraba bien.
Se dirigió a la habitación principal y se decidió por un pantalón de jean, una blusa rosa y una chaqueta corta de color negro. Las sandalias completaron su atuendo y por si acaso en su bolso metió un pañuelo de varios colores, su agenda, su libreta para escribir canciones, su monedero y algunos pequeños regalos para su familia.
Antes de salir se puso los lentes de sol y tomó el estuche que contenía a su violín. Salió a la brillante luz del día otoñal y se internó entre las muchas personas que circulaban en la avenida en la que se encontraba el hotel.
Luego de tomar un bus con destino a una parte más céntrica de Tokio se bajó y se dirigió a una estación del metro a unas cuantas calles y pensó en lo mucho que había echado de menos a su ciudad natal.
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Takeru no se sentía muy bien. No era algo físico, le dolía su dignidad. Había terminado la noche con la chica de cabello azul en el departamento de ella. No se explicaba a sí mismo esa actitud, no se reconocía, y no se sentía orgulloso en absoluto.
Tampoco le simpatizaba el hecho de haber sido drogado, aunque el sexo había sido increíble bajo los efectos de esa condenada pastilla. Sonrió amargamente. La chica en cuestión le había confesado que nunca antes había hecho eso para estar con alguien, pero que él realmente había llamado su atención. "Como si ese discurso barato fuera realmente válido" pensó amargamente Tk. Se sentía abusado, engañado, indignado.
Pero estaba sólo y era la primera vez que lograba salirse del recuerdo de su ex. Así que de todos modos aceptó la oferta de ella de volver a verse. Mitsuki, la joven en cuestión, era muy guapa y sería una bonita distracción.
Su celular vibró en su bolsillo y lo extrajo para leer un mensaje de su amiga Miyako:
"Ya se ocupó la vacante de violinista solista. Lamento que no hayas sido tú, lo tenías merecido! De todos modos ahora eres tercer violinista! Nos vemos en unos días en el ensayo!"
Tk frunció el ceño recordando que durante un largo año tendría que conformarse con ser un simple violinista de la orquesta. Había audicionado para ser el solista durante la próxima temporada de conciertos de violín y le molestaba que su estado anímico le hubiera jugado tan mala pasada. Nadie podía negar que le hubiera puesto verdadero empeño y muchas horas de práctica y estudio. Su gran amiga Miyako, que le había acompañado durante esos tiempos, tocaba el cello. No entendería lo mal que Tk se sentía en esos momentos. Derrotado por la vida misma.
Se bajó en la estación de metro que le correspondía y salió entre varias personas. Aturdido.
De pronto escuchó un forcejeo detrás suyo y vio como un hombre intentaba arrebatarle algo a una chica.
Se detuvo en seco. Le intentaba robar un violín.
Takeru se movió con rapidez entre la gente y llegó a tiempo para atrapar al ladrón. Que había logrado zafarse de la chiquilla que intentaba retenerlo.
Logró apresarlo para quitarle el estuche rígido que contenía al instrumento y el tipo se le escabulló por muy poco, aunque ya no le importaba. La chica ya tenía el violín a salvo.
Se giró hacia ella, que ya llegaba a su lado, con las mejillas encendidas y el cabello levemente desordenado. Tardó unos instantes en darse cuenta de que la chiquilla era en realidad una mujer. No era muy alta, y era muy delgada. También era hermosa.
Ella balbuceó un "gracias". Temblaba.
-Estás bien? -Tk quedó preocupado porque ella estaba muy nerviosa.
-S… si. Gracias. -sonrió débilmente.
-Bajabas en esta estación?
-S…si
-Puedo acompañarte a donde vayas, no quisiera que ese hombre intente robar tu violín de nuevo.-
Ella palideció un poco al imaginarlo, pero con una bonita sonrisa asintió agradecida.
-Si no te molesta, me encantaría que me acompañaras. Me siento fatal.
-No te culpo -Tk sonrió -mi nombre es Takeru- agregó mientras le estrechaba la mano cordialmente y le devolvía el instrumento con la otra.
-Hikari -se presentó ella.
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Takeru la acompañó durante varias calles, la veía muy asustada y eso le conmovió.
-No creo que se vuelva a aparecer -dijo para romper el hielo y desestresarla.
-Tampoco yo. Gracias por tu compañía.
-Así que estudias violín…
-Oh sí! Desde pequeña.
-También yo
Hikari abrió mucho sus ojos castaños, tenía una expresión adorable. Takeru podía entender cómo la había confundido con una chiquilla adolescente, ella tenía expresiones intensas en el rostro, rasgos bastante angelicales, y además no era muy alta. Si sumaba eso al hecho de que él mismo había practicado baloncesto en la secundaria por ser tan alto, entendía la confusión.
Descubrieron que habían estudiado con el mismo profesor de violín, que su infancia se había desarrollado en el mismo barrio, en los mismos parques, y que habían asistido a colegios "rivales".
Al cabo de unas pocas calles charlaban y reían alegremente sobre antiguas anécdotas de la infancia -Tk agradecía mucho que el tema de la música se hubiera esfumado luego de la mención al profesor- y se convenció de lo bien que se sentía al hablar con una desconocida y poder exteriorizar sus primeras carcajadas en meses, porque esa chica sí que era divertida.
-Espera- dijo Takeru de pronto -dijiste que tu apellido es Yagami… mi hermano tenía problemas con un chico con ese apellido.
-Espera, eres algo de un tal Ishida?
-Jajaja es mi hermano…
Se rieron mucho, porque de pronto comprendían que en sus vidas habían demasiado paralelismos.
Quizás la razón por la que no se hubieran conocido eran las diferencias y rivalidades entre sus hermanos.
-Uno hace tantas idioteces cuando transita la adolescencia -comentó Tk muy divertido.
La joven se detuvo en la puerta de un bloque de departamentos.
-Ha sido un placer, Takeru Ishida. Muchas gracias por acompañarme y salvar mi violín. Hubiera sido una pérdida irreparable.
-Te entiendo. Quisiera poder escucharte tocar.
-Ya habrá oportunidad, y también quisiera escucharte pues mi profesor sólo tomaba buenos alumnos, así que tú debes serlo. -le sonrió nuevamente, Tk vio los hoyuelos que se formaban en las mejillas de la bella castaña. De pronto supo que se había memorizado esos rasgos. Ella tenía una luz muy cálida.
Se despidieron con una leve inclinación y cada uno siguió su camino.
"Mierda. Justo cuando empiezo a disfrutar de la soltería, debe aparecer una chica así. No me quieres nada, Universo."
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