.Legato.
Hikari enarcó una ceja y frunció los labios en una cómica mueca mientras observaba al rubio con su violín.
-¿Esa es tu postura? ¿Así es como tocas siempre? -preguntó con desaprobación.
Takeru se detuvo e interrumpió lo que iba a hacer.
-Yo…
-Sí, sé que ibas a tocar algo pero no soporto ver la forma en la que tomas tu violín. -interrumpió cortante la chica - ¿alguna vez te preguntaste por qué fallaban algunas notas o tenías ciertas imprecisiones en tu interpretación? Es por el ángulo de tu brazo que está demasiado exagerado y no te permite tener un buen ataque en las agilidades. Además tensionas demasiado el cuello.
Ella se acercó y le hizo intentarlo de nuevo. Takeru se colocó en la posición inicial y ella simplemente le corrigió la postura. Se alejó un paso y le indicó que comenzara a tocar.
Cuando el joven comenzó a ejecutar el ejercicio ella lo detuvo en seco de nuevo.
-Aguarda, ya volviste a lo anterior -Hikari se le acercó de nuevo mientras tomaba los brazos de Takeru y los llevaba a la posición correcta para que tomara el violín - Has adquirido varios vicios, que son los que determinan que tus interpretaciones hayan decaído en calidad. ¿Cuándo fue la última vez que tomaste una clase?
La pregunta lo tomó desprevenido, pero lo cierto es que no lo recordaba. Su rostro debió haber cambiado de expresión de un modo muy brusco, porque la castaña le dedicó una sonrisa llena de compasión y le habló con delicadeza, como si estuviera consolando a un niño.
-Todos adquirimos vicios con facilidad, es un riesgo demasiado presente en cualquier instrumento, por eso es importante estudiar con regularidad, tener un referente capaz de corregirnos, y ensayar con algún espejo.
Takeru advirtió que no hacía nada de eso y se lo hizo saber.
-Esa es la verdadera razón de tus fracasos. Yo estudio ocho horas por día y siempre estoy aprendiendo con algún profesor, presto atención a mis posturas en el espejo, escucho a mi cuerpo por si no se siente cómodo…
-Creo que hasta cierto punto lo hice, pero entré en la Waseda y ya no sentí que necesitara avanzar más, tenía planes y dejó de importarme de ese modo.
Hikari le sonrió con indulgencia.
-Corrijamos esas posturas, hay mucho trabajo por hacer ahora que sí te has decidido a avanzar.
El rubio asintió.
Observó el lugar donde estaban, en la habitación de Hikari, en casa de sus padres. Era un ambiente realmente acogedor, con paredes de color rosa pálido, una ventana de generosas proporciones desde la que se divisaban los muchos complejos de departamentos que había en la zona, algunos parques y a lo lejos un bello lago. La estancia estaba ordenada, tenía un escritorio de madera oscura en el cual había un ordenador, también había una bonita biblioteca que ocupaba la mayor parte de una de las paredes, repleta de libros de partituras, teoría musical, análisis de obras y biografías de grandes compositores. Había tres estuches que contenían violines en su interior, Hikari le había enseñado su violín eléctrico muy entusiasmada. También estaba su cama y había en el otro extremo un gran espejo que tenía ruedas -fue un detalle que le llamó la atención, dado que ella no parecía ser ese tipo de chica vanidosa- y un par de atriles con partituras que estaba estudiando ella. Había dos cuadros con paisajes y algunas fotos de ella en su infancia, tocando el violín, o con un grupo de amigas, o con su hermano, o con sus padres. Todo era armonioso.
Vio que la castaña le acercaba el mismo espejo que había estado observando momentos antes estaba y lo ubicaba frente a él. Luego se colocó detrás del rubio y le ordenó que se pusiera en posición y comenzara a tocar.
Takeru así lo hizo y notó que ella parecía estar pendiente de mil detalles a la vez, él tocaba y ella aparecía para corregir las posturas mientras él continuaba con la interpretación. Lo observaba desde cierta distancia y volvía a la carga a seguir con sus correcciones.
Así estuvieron durante la primer mitad de la clase, hasta ella lo detuvo y con su propio violín, ubicandose frente al espejo, le indicó cómo tocaba él y le mostró cómo hacerlo correctamente.
Ella era realmente muy seria a la hora de explicar, se transformaba en una persona estricta aunque no perdía nada de su encanto natural. Luego de esa clase Takeru se marchó con muchas indicaciones en su cabeza y muchos ejercicios a cuestas para trabajar en su casa y frente a un espejo. No había podido tocar siquiera un pasaje corto sin ser interrumpido por ella. Pero supuso que se lo merecía, se había abandonado tanto los últimos tiempos, sin buscar perfeccionarse era lógico que hubiera adquirido tantos vicios. Al menos confiaba en que ella realmente lo ayudaría.
Hizo el viaje de regreso en silencio.
Llegó de mal humor a su departamento y dejó el violín sobre el sillón mientras buscaba distraídamente el teléfono para ordenar algo de comida. A pesar de la cercanía de la casa de Hikari de la de sus padres, aún sabiendo que habría pasado a visitar a su familia de muy buena gana, había preferido seguir de largo hacia su hogar, pues la clase había sido tan exigente para su cerebro que prefirió aislarse.
Mucho por trabajar.
Luego de realizar su pedido se sentó frente a su laptop. Hacía bastante tiempo que ni siquiera la encendía, no se había encontrado muy animado y con la música en su celular ya bastaba, no era el tipo de persona aficionada a ver series o películas como la mayoría, Miyako solía decirle que por momentos él le resultaba un bicho raro, no podía culparla.
Recordó que al final de la clase de Hikari ella le había facilitado algunas fotocopias de las partituras de conciertos de violín que él desconocía, y además le pidió que mirara videos en internet de ciertos músicos solistas, que observara posturas, expresión, y todo lo que le resultara relevante para mejorar su interpretación.
Así lo hizo.
Miró a varios e incluso comenzó a anotar cosas que le llamaran la atención, no podía negar que Hikari sabía de lo que hablaba en cuanto a esos asuntos musicales.
Su comida llegó y almorzó mientras continuaba mirando videos distraído.
Hasta que se le ocurrió buscar algún video de ella.
Encontró tantos que se quedó con la boca abierta.
Con la Orquesta de Viena, con la Orquesta de Verona, de Berlin, de Londres… aquello no tenía fin. Ni siquiera se había atrevido a soñar tocar con esas orquestas… y aquella chiquilla siendo tan joven sí que había llegado a lo alto.
Se dispuso a elegir algún concierto y descubrió videos más viejos, de sus épocas de estudiante. Uno de los conciertos le llamó la atención, de hecho lo había conocido aquella mañana en la clase, porque ella le había dado las partituras.
Decidió que se concentraría en ese.
Al cabo de un buen rato había observado los movimientos de ella y estudiado atentamente su postura.
Lo intentaría más tarde. Ya estaba cansado y sentía que aquél día había aprendido demasiado de teoría, tendría que incorporar las posturas y sabía que le llevaría tiempo lograrlo, pero no se rendiría.
Era un buen momento para distraerse.
Decidió vagar por facebook mientras dejaba de fondo el sonido del concierto que Hikari le había mandado estudiar, y grande fue su sorpresa al encontrar una solicitud de amistad en esa red social que venía precisamente de ella.
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El chico de cabellos oscuros observó la ciudad desde la ventana del hotel mientras sonreía. Se revolvió los cabellos rizados, ansioso. Al fin había llegado a Tokio, al fin podría volver a verla.
Si bien habían terminado su breve romance hacía un tiempo, la distancia le había hecho recapacitar. Quizás se hubiera excedido un poco con ella, pero simplemente sentía que no quería dejarla ir.
Se había informado sobre los movimientos de Hikari y alguien le había facilitado el dato de que se encontraba con la Orquesta Waseda, que estaría todo el año allí, y esa era su oportunidad perfecta.
Los ojos verdes cambiaron de expresión de un momento a otro. Realmente había recapacitado. Pero aún así, sentía que ella le pertenecía.
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La alarma sonó de modo estridente y Takeru la apagó de mala gana.
Había decidido comenzar a mejorar de verdad. Lo necesitaba. Llevaba varios días con la nueva rutina y ya comenzaba a acostumbrarse.
Se levantaba temprano, desayunaba viendo algún video de un concierto y luego empezaba a hacer estiramientos, preparar su brazos, manos y hombros. Hacía ejercicios de calentamiento para los dedos y se ubicaba con su instrumento frente al único espejo que había en su casa, el del baño.
"Debería comprar otro"
Había tenido algunas quejas de sus vecinos por lo temprano que practicaba, y especialmente porque al hallarse en esa habitación todo parecía retumbar demasiado.
Ya notaba que había corregido algo de su técnica y postura pero eso lo evaluaría mejor Hikari. Le gustaban las obras que ella le había dado para estudiar, y le había hecho mucha ilusión que le hubiera propuesto hacer un concierto con ella y un amigo pianista.
Estuvo un buen rato practicando hasta que vio que la hora de su clase se acercaba.
Se dio un baño y se preparó para salir con el estuche de su violín colgado al hombro mientras maniobraba con las llaves.
Por alguna razón había salido temprano, quizás era su ansiedad para ir a la clase y ver a Hikari. Llegó a la estación de trenes antes de la hora estimada. El día estaba realmente hermoso, el sol arrancaba destellos de las últimas hojas que quedaban en los árboles. Se acercaba el invierno poco a poco, pero aquella jornada era bastante cálida para la època.
Media hora más tarde, ya se encontraba caminando en los bloques de edificios en los que había transcurrido su infancia. Con las manos en los bolsillos caminaba tranquilamente, sabiendo que tenía tiempo de sobra para cubrir la distancia hasta el edificio donde vivía Hikari.
Observó el parque enorme que había cerca, había varios grupos de personas, niños que salían temprano de la escuela y personas mayores que contemplaban la naturaleza, algunos adolescentes metiéndose en problemas y más gente mirando hacia el lago. Realmente el clima ayudaba. Quizás cuando saliera de la clase podría ir a recorrer un poco esos caminos y escuchar el sonido de los pájaros, echaba de menos esos momentos para sí mismo cuando podía meditar y caminar con su ex novia por allí, haciendo planes para el futuro.
Cruzó la última calle y llegó a su destino. No quería molestar con el timbre, así que simplemente le escribió a la chica para que bajara a abrirle la puerta.
Momentos después la vio aparecer en la planta baja, sonriente y bellísima con su blusa azul y los jeans. El cabello recogido en un descuidado moño que parecía querer desarmarse. Pero ella irradiaba esa luz que hacía que cualquier cosa que vistiera le sentaría genial. Takeru le devolvió el gesto sintiendo algo en el estómago. Tendría que intentar fingir un poco más o su interés pasaría a ser demasiado evidente. Si bien ella había aceptado gustosa las clases y había dejado atrás los rencores del pasado, algo le decía que no iba a ser posible plantearse llegar mucho màs lejos en una relación con ella, Hikari era cordial pero marcaba su distancia con sutileza.
Subieron por el elevador en silencio, él procurando mirar hacia un punto fijo cerca de la puerta y ella mirándose en el espejo, intentando desviar la mirada que se iba automáticamente hacia donde estaba el rubio.
Esperaba que eso no le ocurriera en las clases, porque si empeoraba iba a tener que replantearse cómo llevarlas a cabo. Una cosa era deleitar la vista con un alumno guapo y otra muy distinta era tener sentimientos y esperanzas hacia él. No quería salir con un chico mujeriego, ya había tenido experiencias de ese tipo y había aprendido que nada hacía cambiar esas cabecitas.
Entraron a su departamento y Takeru vio a los padres de la joven y a su hermano. Apenas recordaba a aquel joven, había pasado tiempo desde aquel suceso con Mitsuki.
Desvió esos pensamientos y luego de hacer una respetuosa inclinación, siguió a Hikari a su habitación, no sin antes notar la mirada fulminante que le dirigía Taichi Yagami.
-No le hagas caso a mi hermano- dijo Hikari por lo bajo mientras le sonreía con dulzura, entrando delante de él – Taichi siempre ha sido algo celoso y muy protector conmigo, pero ignóralo-
"Como si fuera fácil" pensó Takeru contrariado.
Cerró la puerta tras él y observó que el espejo estaba en el centro de la habitación y había un atril junto al mismo.
-¿Has ensayado?-preguntó la chica mientras volvía a acomodarse el cabello.
-Si. Intenté corregir las posturas, y vi varios videos al respecto, y vi tus videos del concierto que debo estudiar.
Hikari asintió, le encantaba que él hubiera estando trabajando en todo lo que le había corregido, sabía que había sido bastante dura en la primer clase, pero a su vez algo le decía que ese joven tenía muy buenas condiciones para salir adelante y destacarse.
-Muéstrame lo que has hecho.
Takeru se acercó al espejo y se colocó en posición para comenzar a ejecutar la pieza. Ella asintió, aprobando la postura y le indicó con un gesto que empezara, mientras marcaba el compás para que el rubio la siguiera.
Sí que había mejorado. Lo notaba al ver la confianza con la que el chico tenía el violín y la postura correcta con la que tocaba. Sus avances eran notorios. Se sintió encantada. Incluso los sonidos que hacía el violín eran más armoniosos y afinados.
Le corrigió algunos pocos detalles, le enseñó nuevos ejercicios para los dedos y se le ocurrió una buena idea.
-Tu mejora es impresionante, seguro que te esforzaste mucho!
-Te hice caso y armé mi propia rutina para tocar varias horas.
-Excelente, realmente tenías los elementos pero los habías olvidado! Sabes? Me recuerdas un poco a mí. Te has aprendido este concierto de memoria?
-Yo… si, solo el primer violín, claro está- comentó Takeru aflojando la postura y contemplandola expectante. Era un concierto para dos violines y se había esmerado en aprender el primero, tal como Hikari le había indicado.
-Pues perfecto, podríamos interpretarlo ahora, qué dices?
-Ahhh claro.
-No te pongas nervioso ahora -dijo ella con una sonrisita. Se alejó hacia el extremo en el que se encontraban sus violines y tomó uno de ellos. Se acercó y se acomodó a su lado, frente al espejo.
Ella respiró hondo y con un leve asentimiento ambos comenzaron a tocar.
Se trataba de un dúo para violines de Haendel y era muy bonito.
La sensación de estar allí junto a ella tocando fue única. Takeru consultaba apenas la partitura para asegurarse de ir bien, pero no podía evitar observarla mientras ella tocaba, con sus ojos cerrados y sintiendo la música. Tenía un aura completamente angelical. Le transmitía muchas sensaciones y todas eran buenas.
Observó las posturas de ella, sus brazos en el ángulo perfecto, su delicadeza para tomar el arco y los dedos firmes que se movían sobre las cuerdas. Los ojos de Takeru se perdieron en el moño que la chica tenía y que se desarmó, dejando el cabello castaño suelto, se detuvieron un instante en la delicada blusa azul, en sus mejillas levemente sonrosadas y su pequeña cintura. Tuvo que desviar la mirada bruscamente porque ella abrió los ojos y lo observó muy seria a causa de la concentración.
Finalizaron la obra y Hikari lo miró con una expresión alegre y relajada. Se mordió el labio con picardía.
-Genial. Vamos al parque a tocar.
-Qué?!
-Al parque. Ahora mismo!- Exclamó ella radiante- es la mejor forma de probarnos a nosotros mismos!
Recogió una chaqueta de tela fina y luego de guardar el violín en su estuche, se marchó con Takeru, que la esperaba con su respectivo instrumento aún asustado.
Caminaron por los senderos que allí habían y se acercaron a la zona del lago.
-Aquí es donde suele haber más gente, parece ser nuestro día de suerte! Hay muchas personas hoy!- el joven aún no sabía si aquello era bueno para él, pero no podía detenerla, la castaña estaba demasiado entusiasmada con la idea de probarlo frente al público. Se giró con una expresión pícara y tomándolo de la muñeca lo guió hasta una zona amplia junto al agua.
Sí que había gente. Estaba lleno. Takeru notó que pronto se pondría aún más nervioso, especialmente cuando Hikari se detuvo y abrió su estuche en el suelo mientras que tomaba el violín y le indicaba a él que hiciera lo mismo. Algunas personas se les acercaron algo curiosas. Ya no había escapatoria.
Procuró respirar hondo y calmar su acelerado pulso mientras pasaba la cera sobre el arco y luego cuando afinaba el instrumento.
Se colocaron en posición y minutos después ya tocaban el concierto. Las notas de ambos violines se entrecruzaban en el aire, dibujando bellas melodías que deleitaban al público. Intercambiaron miradas de complicidad entre ellos y el rubio sintió que podía relajarse, pues nada podría salir mal con ella.
Apenas vio cómo cada vez había más gente y algunas personas dejaban dinero en los estuches que se encontraban abiertos en el suelo.
Cuando finalizaron el concierto, que era bastante corto, recibieron cálidos aplausos y comentarios de los espectadores. Aquello era nuevo para él, no se acostumbraba a que vinieran personas a saludarle y felicitarle.
Se habrían quedado más tiempo pero comenzaron a escucharse truenos a la distancia. El día se había oscurecido bruscamente y la lluvia no tardó en llegar. Recogieron los instrumentos con prisa y se refugiaron bajo un grupo de árboles tupidos mientras la gente huía para refugiarse en otros lugares.
La lluvia no tardó en intensificarse y se quedaron allí, de pie y procurando no mojarse. Hikari temblaba un poco debido a la fina chaqueta con la que había salido. Lo observaba de buen humor pese a todo.
-Fue un éxito -murmuró tiritando.
Takeru comenzó a quitarse su abrigo para dárselo, pero ella se opuso.
-Estás temblando Hikari.
-No te preocupes, de veras.
-Eres muy terca -se quejó el rubio de mala gana, acto seguido se le acercó y le rodeó los hombros con su brazos, estrechándol contra su pecho.
Ella se quedó congelada por la sorpresa, pero no sintió nada de frío. Por el contrario, sus mejillas se encendieron y ocultó el rostro en el pecho de él, queriendo disimular el rubor que cubría su cara. Takeru no le hizo caso, la estrechó con un poco más de fuerza. Ese contacto le hacía sentir bien.
Poco a poco la lluvia fue amainando y se separaron con lentitud, sin despegar los ojos del otro. Hikari seguía algo sonrojada pero a él le resultó encantadora así, ella lo observaba con una expresión distinta.
Sin desviar la vista, notó que ella volvía a tiritar y ya no pudo evitar volver a acercarse. Ella retrocedió sin saber porqué y muy nerviosa sintió en su espalda el contacto del tronco de un árbol. Takeru se le acercó con su expresión más serena, con uno de sus brazos la encerró entre el árbol y él y con la otra tomó el mentón de ella a la vez que la miraba con intensidad. Poco a poco acercó su rostro al de ella y la besó con ganas.
Transcurrieron unos segundos con mucha confusión, al principio Hikari se sentía dividida entre qué hacer, pero finalmente hizo caso a su corazón, que palpitaba con fuerza y a gran velocidad y rodeando el cuello del chico, entreabrió los labios para rendirse ante aquel beso que se intensificó, haciendo que se estrecharan aún más y que él la rodeara con sus brazos para no soltarla.
Lamento la tardanza en actualizar!! Decidí juntar dos capítulos, y aunque al parecer Takeru ha logrado acercarse mucho más a nuestra talentosa violinista, un nuevo oersonaje asoma en el horizonte.
Buena semana para todos
