.Staccato.
Hikari se despertó algo confundida y tardó unos segundos en entender dónde estaba, hasta que vio a Takeru dormir a su lado.
Sonrió mientras lo contemplaba y decidió que sería una buena idea levantarse y desayunar.
Se incorporó con lentitud, procurando no hacer ruido ni moverse con brusquedad.
Estaban en el dormitorio del departamento de Takeru. Era una habitación pequeña que tenía un armario mediano y la cama, una mesita de luz y un pequeño escritorio. La persiana no cerraba de todo, por lo que algunos rayos de sol se colaban al interior para proyectarse en la pared opuesta a la ventana.
Buscó a tientas entre la ropa que estaba en el piso y recuperó su vestido. Se vistió en silencio y se alejó sigilosamente de la habitación, entornando la puerta para dirigirse a la cocina.
Mientras preparaba té -porque detestaba el café- pensaba en todo lo que estaba viviendo. Por fin su vida comenzaba a estabilizarse, porque comenzaba a hacerse un nombre.
La semana anterior la habían contactado desde la Orquesta de Berlín y había sido tentada con una gran oferta. Aún no lo había hablado con nadie.
Se sentía feliz pero a su vez pensaba que volver a Alemania sería complicado, porque había procurado no volver a pisar ese país hasta estar segura de que estaría a salvo. Aún tenía tiempo de decidirlo, pero debía hablarlo con Taichi, que conocía mucho más en materia legal.
Estaba distraída con esos pensamientos cuando sintió un movimiento detrás y Takeru apareció en su campo visual para rodearla y apoyar su cabeza sobre la de ella.
Le encantaba que fuera tan alto.
Momentos después desayunaban y se reían mientras compartían experiencias divertidas en el escenario, como aquella vez en la que un solista había maltratado al anterior director de la Waseda y en el concierto se había tropezado y caído sobre el primer violinista.
Era muy positivo poder hablar de todo tipo de cosas con Takeru, a su entender eso lo hacía realmente especial.
Tenía que reconocer que la noche anterior había sido hermosa y se había sentido muy bien, no solo con la intimidad, sino con la forma en la que lentamente las cosas se habían dado. Parecía haber una sincronicidad maravillosa actuando detrás de lo que estaban viviendo.
-Estás callada – murmuró él al verla perdida en sus pensamientos.
-Mucho en lo que pensar – dijo Hikari sonriendo.
-¿Tienes planes para hoy? ¿Quieres quedarte a almorzar?
Ella lo observó bastante risueña, no tenía idea de qué hora era -benditos fines de semana- pero aquel plan le sentaba de maravilla.
-Solo quisiera darme un baño.
Takero se rió.
-Quizás luego de una dosis de cariño…
-Cállate - Hikari se había levantado y al pasar junto al sofá le lanzó un almohadón al chico, que lo esquivó con facilidad y lanzó una carcajada.
Ella no le hizo caso y se marchó a la habitación con una sonrisa pintada en el rostro.
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La tarde había sido maravillosa y se lo había pasado genial con Takeru, pero ya debía volver a su casa para no preocupar más a su madre, que por alguna razón le había llamado varias veces al celular.
Eso no era normal, sus padres ya habían entendido que ella a sus veinticinco años era una adulta que hacía su vida. Les había avisado la noche anterior que no volvería a dormir allí para no preocuparlos.
Entró al departamento y encontró en la mesa de la sala un gran ramo de flores.
Hasta allí podría ser algo irrelevante, pero entonces notó que eran cierto tipo de flor. Eran crisantemos violetas.
Algo en su interior se revolvió.
"Adornarán tu tumba, tonta, eso o entiendes de una vez por todas que eres sólo mía" Las palabras resonaron desde el pasado en su cabeza con esa voz tan particular. La voz del terror.
Salió corriendo de allí en dirección al baño y llegó a tiempo para vomitar con fuerza en el inodoro.
Escuchó la voz de su madre a sus espaldas, que llegaba para socorrerla y le recogía el cabello a la vez que tomaba con fuerza la mano de su hija.
Hikari temblaba violentamente.
Cuando pudo serenarse al cabo de unos minutos, luego de lanzar un poco más, pudo incorporarse con lentitud para mirar a los ojos a su madre.
Ambas tenían los ojos llenos de lágrimas.
-¿C… cu… cuándo?
-Llegaron hoy por la mañana.
-Y… yo… ¿Dónde están papá y Taichi?
-Tranquila. Fueron a la policía. Harán una denuncia.
-Mamá tengo miedo.
La mujer rodeó con sus brazos a su hija y la consoló mientras ella se echaba a llorar ruidosamente. Realmente algo se había roto en su interior.
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Sora transitaba por el centro de Tokio muy concentrada en el camino que hacía. Había encontrado un buen luthier que había dejado su violoncello en perfectas condiciones y eso le hacía marchar de muy buen humor, pero ahora se dirigía a su casa intentando evitar cierto hotel en particular porque no quería otra vez una mala jugada del destino.
Hacía una semana que había llevado su instrumento para ponerlo a punto y por desgracia se le había ocurrido pasar ingenuamente por la puerta de ese dichoso lugar cinco estrellas para cruzarse con su ex novio. Por supuesto ella no le había visto, pero Yamato sí. Lo peor fue que intentó acercársele y ella, como si hubiera visto un fantasma le dijo una tonta excusa y se alejó casi corriendo.
Sin ir más lejos, pensaba que la noche anterior prácticamente se habían llevado por delante mutuamente y a punto había estado de perder pie hasta que él la había sujetado hábilmente del brazo para que no cayera al piso. Por supuesto ni siquiera había imaginado que se fuera a tratar de Yamato. Había intentado decirle algo pero ella se escabulló nuevamente al baño.
¿Por qué él había vuelto?
Ciertamente estaba molesta. No le agradaba que a Hikari, su querida amiga, se le hubiera ocurrido comenzar a salir con el hermano de Yamato, pero no podía culparla, aquel chico era muy distinto a su hermano mayor de carácter hosco.
"No puedes seguir huyendo, ¿por qué no le dices que se vaya a la mierda?"
Los reproches de su amigo Taichi tampoco habían logrado nada positivo.
Había hecho años de terapia pero simplemente no podía manejar ese dolor, era demasiado. Se sentía estúpida pero no podía evitar pensar en él.
Habían pasado varios años pero sin duda su error había sido que cada vez que aquel endemoniado rubio volvía al país, lograba seducirla. Ya no quería eso, pero él se había tornado insistente.
"Es un idiota" se dijo a sí misma.
Iba tan compenetrada en sus pensamientos que no se dio cuenta de que estaba en el medio de una calle y un automóvil se acercaba a gran velocidad.
Escuchó varias voces gritando, incluso reconoció una de ellas en particular,que gritaba su nombre. Sintió un empujón fuerte seguido de un gran dolor y todo se oscureció.
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-Flashback-
-Es muy guapo. -dijo Midori suspirando por enésima vez a la vez que observaba el paisaje por la ventana.
Hikari estaba demasiado concentrada practicando solfeo con una partitura y no escuchaba los suspiros de su amiga.
-Hikari.
-No entiendo porqué no te le declaras de una vez por todas - dijo la castaña por fin mientras retiraba su vista de la hoja que tenía en frente para ver a su amiga.
Midori se sonrojó, tomó un mechón de sus largos cabellos negros y comenzó a juguetear con él entre sus dedos a la vez que se quedaba pensativa.
-No debe ser tan difícil para una chica tan bonita como tú, además creo que de verdad le gustas a Ryo.
-¿Tu crees?
La castaña asintió y sonrió a su amiga, que parecía más tranquila.
-Anda, ve a buscarle.
Midori dudó unos segundos y echó a correr por el pasillo del instituto a la vez que Hikari sonreía. Sabía que la chica no tendría problema alguno, era realmente muy bonita y todos la adoraban.
Recogió sus cosas luego de terminar con la partitura y se marchó del salón de clases. Ya oscurecía y hacía rato que había finalizado la jornada, pero ella había decidido aprovechar la tranquilidad del instituto a esa hora para terminar de interpretar unas complicadas partituras que le había enviado su profesor de violín para estudiar.
-Yagami Hikari.
La voz le hizo sobresaltarse. Se giró rápidamente para encontrarse cara a cara con Kobayashi, el chico más popular de la escuela. Era un muchacho realmente guapo, tenía un rizado cabello oscuro y brillantes ojos verdes, era alto y estaba apoyado despreocupadamente en una pared, con las manos en los bolsillos de su pantalón. Él no le caía bien, tenía el tipo de personalidad seductora que lo hacía muy deseable para la mayoría de las chicas. Lo observó con cara de pocos amigos. A Hikari no le movía un pelo.
-¿Qué quieres?- comenzó a caminar dándole la espalda mientras se alejaba sin prestarle atención.
Él no le dijo nada, simplemente la siguió.
-Tengo una queja para el molesto presidente del Consejo de Estudiantes, supongo que como él no está hoy, podría plantearle mi inquietud a la vicepresidenta.
-Está con gripe, díselo en persona el lunes. Buen fin de semana. -la chica siguió su camino ignorando completamente al joven. Salió al patio y no divisó a Midori por lo que caminó hasta su casa.
Esa tarde recibió una llamada de su amiga, feliz porque el chico que le gustaba no le había rechazado, de hecho también se le había declarado. Saldrían esa misma noche. Pero lo que a Hikari no le resultó muy genial fue que él propuso que el sábado salieran con su mejor amigo y ella.
De todos los idiotas del instituto, tenía que ser precisamente "ese" imbécil el mejor amigo. Kobayashi Kyo.
Aceptó a regañadines porque no quería dejar sola a Midori. Pero no le hacía gracia. Demasiadas veces había visto cómo ese idiota rechazaba chicas y no le agradaba.
Al día siguiente llovía mucho y Hikari tuvo la esperanza de que cancelaran la salida, pero eso no ocurrió.
Caminó de mal humor hasta el lugar en el que iba a encontrarse con Midori y aguardó bajo su paraguas a que alguno de ellos apareciera. Grande fue su decepción al descubrir que Kobayashi ya estaba en el restaurant. De no ser por la lluvia se habría quedado gustosa afuera, pero todo parecía conspirar en su contra.
Ingresó al local y se dirigió hacia la mesa en la que se encontraba el chico, que lejos de su actitud arrogante de siempre, estaba tranquilo y le sonrió amablemente. Eso era un alivio, al menos así podían conversar.
Midori y Ryo los encontraron charlando animadamente unos minutos más tarde. Realmente ese tal Kobayashi no parecía ser tan mal tipo, eso sentía Hikari cuando le veía hacer muecas y molestar a su amigo.
Jamás habría imaginado que podía ser tan agradable. Incluso se había ofrecido a acompañarla hasta su casa luego.
La actitud de Kyo hacia ella cambió totalmente a partir de allí, tornándose una persona atenta y solícita con ella, simpàtico. Al cabo de dos meses comenzaron a salir. ¿Qué podía salir mal así?
-Fin Flashback-
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Takeru ingresó al hospital apresuradamente. Apenas su madre le había telefoneado con la noticia del accidente él salió corriendo hacia el centro de la ciudad.
Al acercarse al edificio detectó varias cámaras y medios de comunicación, muchos periodistas estaban a una distancia prudencial marcada con cordones. Un administrativo del hospital solicitaba que se mantuvieran alejados para permitir el ingreso de pacientes. Por otro lado, cruzando la calle había vallas de contención para los fans que se agolpaban y lanzaban chillidos histéricos. Takeru se sintió bastante fastidiado por tener que dar un gran rodeo para ingresar al lugar, incluso tuvo que mostrar su documento para que le permitieran entrar.
"Estúpida banda de rock llena de fans"
Se acercó a la recepción y luego de preguntar por el apellido de su hermano, siguió las indicaciones del funcionario que le había atendido y se acercó al pasillo donde estaban las salas de terapia intensiva.
Sus padres estaban allí y también también los chicos de la banda y el manager. Se sorprendió mucho al ver a la persona que menos esperaría ver allí.
Se dirigió a su madre, que lloraba nerviosamente. La mujer se abalanzó hacia su hijo menor y se dejó abrazar y contener por él, mientras que su esposo recorría el pasillo inquieto yendo de un extremo al otro e intercambiando miradas sombrías con el resto de los presentes.
Cuando Natsuko dejó de sollozar y soltó a Takeru, éste pudo volverse a observar a quien los acompañaba silenciosamente.
Sora Takenouchi estaba sentada en una silla, a su lado vio el estuche rígido de su violonchelo. Estaba con los ojos cerrados y la nuca apoyada en la pared que tenía detrás. Vio que tenía vendas en su frente y además a su lado descansaba una muleta. Su pie derecho descansaba en el asiento de al lado, y el joven vio un gran moretón a la altura del tobillo. Por todo lo demás, parecía un poco nerviosa, pero procuraba respirar hondo aún sin abrir los ojos.
-Sora.
Ella se sobresaltó al oír a Takeru allí.
-¿Qué te pasó? ¿Estabas con él? – Los allí presentes, que no parecían haber reparado en la joven hasta ese momento, la observaron con atención.
Ella asintió y se incorporó, bajando su pie herido a la altura del piso mientras se inclinaba hacia adelante para mirarlos.
-Fue mi culpa, lo siento. Iba muy alterada caminando y no vi el coche que venía hacia mí. Me hubiera matado si no fuera porque Yamato me empujó y me hizo caer. Me esguincé el pie y me golpée la cabeza contra el suelo, así que no recuerdo nada más, pero cuando desperté aquí y me dijeron que había sido él quien se llevó la peor parte vine hasta aquí. Lo siento mucho Takeru, lo siento señores Ishida- Se inclinó aún más hacia adelante en la silla pero Natsuko se sentó a su lado, viendo que la joven estaba a punto de largarse a llorar.
Así que había sido eso. Takeru recordó los hechos de la noche anterior, ese reencuentro tan raro entre su hermano y Sora. Hasta hacía unos pocos días no sabía de la historia de ellos. Debía ser real el afecto que se habían tenido porque si bien ni siquiera la había oído nombrar cuando su hermano iba al instituto, jamás lo había visto con esa expresión cuando ella se marchó hacia el baño.
Varias veces estando en compañía de Yamato había sido testigo de cómo muchas chicas se le acercaban y se le declaraban o le reprochaban que luego de alguna noche juntos él ni siquiera reparara en ellas.
No lo culpaba.
Siendo muy pequeños sus padres se habían separado y tanto él como su hermano habían sufrido demasiado aquella distancia. Especialmente porque Natsuko se llevó a Takeru y Hiroaki a Yamato. Habían sido años tristes para ambos, en Takeru forjaron un carácter inseguro y dependiente, y en Yamato lograron convertirlo en alguien muy frío. Años más tarde, cuando Takeru se graduaba del instituto secundario, sus padres se reencontraron con el peso de los años que les hicieron madurar, con las ganas de reintentarlo y compensar todas las carencias hacia sus hijos. Sin embargo su hermano mayor no había estado allí para la ocasión, ya se encontraba girando con su banda, llevando consigo todo el peso de ese dolor de la infancia.
Finalmente ellos volvieron a casarse.
Era increíble que esa chica que ahora tenía frente a sus ojos había sido tan importante para su hermano. Pero allí veía el porqué. Ella de verdad estaba triste por él, de verdad se sentía culpable y aún así se había acercado, pese a sus heridas, para disculparse con ellos.
Se escuchó un murmullo de los chicos de la banda y se giraron todos en dirección al médico que aparecía.
Todos rodearon al hombre que miró fijamente al grupo.
-Ishida Yamato. Se encuentra estable pero en estado grave. Logramos detener la hemorragia interna pero aún está en coma inducido. Se le operó una pierna que podía estar comprometida pero afortunadamente no pasó a mayores. Visitas induviduales y estrictamente de su familia.
Takeru escuchaba pero sentía que no era él quien estaba pasando por eso. Era muy irreal. El doctor se marchó y vio a su padre hablar con los chicos de la banda y el manager, decidiendo qué decir a la prensa, mientras que Natsuko se dejó caer en un asiento cerca de Sora. La pelirroja solo evitaba las miradas, la notó asustada.
El joven decidió caminar un poco. Estable y grave. Sintió sus propias lágrimas luchando por salir pero intentó contenerlas. No quería.
Tomó su móvil y vio el mensaje de Hikari.
"Avísame, iré al hospital si es preciso. Te quiero"
La pantalla del celular recibió los suaves impactos de las lágrimas del chico. Por una vez en la vida sintió que podría abandonarse un poco a sentir el dolor, porque ya no estaba solo.
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Lamento la tardanza! La razón es que me surgieron ideas nuevas para próximos capítulos que me hicieron tener que reescribir este. Les he contestado en las reviews! Gracias a quienes siguen esta historia y siempre se toman su tiempito para leerla! Abrazo!!
