Volví! Aviso: Como lo indica el nombre del capítulo... TEMÁTICA FUERTE. Espero que les guste! Los hechos comienzan a moverse más rápido y nos encontramos con los miedos y las partes más vulnerables del alma. Gracias por sus reviews! Realmente me motivaron mucho a publicar este capítulo cuanto antes. Beso enorme!

.Forte.

-Tienes que decírselo.

-No es tan fácil.

Taichi suspiró con frustración.

-Nunca creí decir esto de un Ishida, pero él merece conocer la verdad, no seas injusta.

-Él está pasando por un momento difícil, no sabe si su hermano va a sobrevivir. No quiero preocuparlo ni estresarlo más de lo que ya está.

-Es necesario que seas completamente sincera. Este asunto no es una estupidez, ¿sabes? Y no puedo ser tu niñera las venticuatro horas del día, tengo un empleo que mantener, y mamá está muy asustada…

-Ya lo sé. Es que… no puedo. Me supera esta situación y lo sabes.

-Creéme que a todos nos supera.

El muchacho castaño se acercó a su hermana menor y dejando de lado su enfado la abrazó con fuerza.

-No dejaré que ese imbécil te ponga un dedo encima, tranquila. Pero debes decírselo a Takeru -le costó decir el nombre del muchacho, pero de sobra el rubio había demostrado un genuino interés en Hikari, atreviéndose a ir a cenar a la casa de los Yagami en presencia del temible Taichi.

La chica asintió.

-De todos los tipos que hay en el mundo, mis dos hermanas tenían que elegir a esos papanatas Ishida…

Hikari sonrió y le dio un empujón suave mientras Taichi lanzaba una carcajada. Al menos había logrado que ella se riera, no estaba siendo muy usual en ella en los últimos días.

XxxxxxxxxxxxxxX

Takeru se despertó de golpe ante el insistente sonido de su celular.

Le costó ubicarse en el tiempo y en el espacio pero finalmente pudo tomar el aparato que chillaba y atender la llamada aún adormecido.

-¿Sí?

-Takeru, ¿irás al ensayo hoy?

-Miyako… ehhh, si, creo. ¿Qué hora es?

-Son las seis de la tarde -dijo ella entre risitas.

Faltaba una hora. Por suerte su amiga le había despertado a tiempo. Llevaba unos cuantos días apenas pudiendo pegar ojo porque pasaba las noches en el hospital acompañando a su hermano que aún estaba inconsciente, dormía durante las mañanas para luego pasársela estudiando en la tarde y se marchaba a los ensayos, y en la noche volvía al hospital.

Si había tenido tiempo de ver a Hikari era únicamente gracias a que ella había aparecido alguna vez en el hospital o debido a las clases que tenía con ella -Takeru se había negado a suspenderlas, en parte para poder verla a ella y en parte porque percibía sus mejorías con el violín y eso le motivaba a continuar- pero ya notaba cómo su cuerpo comenzaba a pasarle factura por todo el estrés al que tenía que hacer frente.

En tan solo un par de días sería el concierto para piano y orquesta de Tchaikovsky y luego podría descansar algunos días. Había faltado a dos ensayos la semana anterior porque se había quedado dormido. En ambas situaciones los directivos de la orquesta Waseda habían sido indulgentes porque conocían la complicada situación de salud de su hermano. Pero no podía permitir que le volviera a pasar. Sabía que Sora había mediado para que no le marcaran alguna sanción.

Así que de muy mala gana se incorporó en el sofá en el que había caído rendido por el sueño y observó el desorden reinante en su departamento. Cuando pudo se incorporó y se limitó a cambiarse y recoger su violín para salir hacia el ensayo.

Al cabo de media hora se encontraba ingresando al auditorio y para su sorpresa vio que allí estaban Koushiro, Taichi y Hikari.

Ella le sonrió cuando le vio aparecer. Estaba tan bella como siempre, aunque hacía algunos días que la notaba rara, no había podido hablar con ella al respecto, pero supuso que tendría que ver con lo delicado de la situación de Yamato.

Taichi observó de reojo la forma en la que su hermana abrazaba a Takeru para saludarlo, pero no dijo nada.

El chico rubio se acercó a los otros dos y los saludó amablemente. Notó sus semblantes algo sombríos y eso le llamó la atención. Se podía palpar cierta incomodidad en el ambiente. Se excusó torpemente y entró al auditorio. Algo extraño ocurría y no estaba muy seguro al respecto, no consideraba que fuera hacia él el problema, pero quería hablar con Hikari sobre eso.

Cuando ingresó al escenario varios compañeros se le acercaron a preguntarle sobre la salud de su hermano y los avances. Sabía que algunos lo hacían con preocupación genuina pero otros estaban interesados en conocer detalles por fuera de las comunicaciones oficiales de la prensa, por lo que era muy cuidadoso y escueto para dar información. Se ubicó en su lugar con pesadumbre, no se sentía bien.

Levantó la vista al oír la voz de Miyako y la vio acercarse a él para darle un afectuoso abrazo. Ella sí que había estado acompañandolo desde el corazón, con su esposo, un gran tipo llamado Ken, había ido hasta el hospital solo para llevarle comida. Quizás la otra persona que se había comportado así era Hikari, que alguna vez había ido a verlo. Takeru no se había sentido muy seguro de que ella lo acompañara porque no sentía que fuera el mejor momento para presentarla a sus padres, algo que él sí había hecho con la familia Yagami. Simplemente no era adecuado.

Sora apareció intantes después y se ubicó cuidadosamente en su lugar. Su esguince se había curado casi por completo, pero aún así iba con cuidado. En el centro del escenario se hallaba un hermoso piano de cola entera. Era un instrumento inmenso de color negro y parecía imponerse con su sola apariencia. La orquesta estaba un poco más atrás de lo usual. Koushiro ya se había sentado frente al teclado y hacía unas respiraciones profundas antes de comenzar. Los ensayos habían sido muy buenos, la Waseda ya se acostumbraba a la directora Takenouchi y todo fluía mejor, por lo que aquel día iba a ser ejecutado el concierto entero.

La pelirroja dio la señal y comenzó el ensayo general. Takeru seguía atentamente la partitura, en esta ocasión y dados los últimos acontecimientos no había podido estudiarla tanto como hubiera querido.

En el momento que Koushiro comenzó a tocar su parte solista, se concentró en las butacas de la sala. Divisó a algunas personas que se ubicaban en algunos sitios, los ensayos generales solían atraer a algunas personas que pagaban entradas más baratas para presenciarlos. A lo lejos divisó a Hikari pero no a su hermano. Junto a ella estaba sentada Mimi. Se sonrió, aquella soprano era realmente muy divertida y en un par de ocasiones recientes había cenado con ellos.

El concierto retomó la dinámica orquestal nuevamente y sus ojos azules volvieron a perderse entre pentagramas.

XxxxxxxxxxxxxxX

-Y esto es para que sepan a quién le perteneces, putita.

Hikari sintió el dolor punzante del cuchillo en su espalda desnuda, cerca de sus vértebras y la sensación desagradable se extendió por todo el lado izquierdo. Él reía por lo bajo, en parte por el sádico placer que sentía al verla sufrir, en parte porque dentro de su delirio sentía que todo el sufrimiento acabaría pronto.

La hoja metálica parecía dibujar una serie de líneas desparejas, de momento dejando algunas marcas más profundas.

La chica ya había perdido toda esperanza, apenas veía algo con el ojo derecho, pues su agresor le había golpeado repetidamente el rostro. Sentía en sus labios el sabor de su propia sangre y solo quería que aquello acabara de una buena vez.

La puerta se abrió estrepitosamente y solo vio a varias personas entrar y abalanzarse sobre su atacante.

Hikari despertó bruscamente, gritando y bañada en sudor. Temblaba.

Estaba en su habitación, a salvo. Pero tenía demasiado miedo. Las pesadillas y recuerdos del pasado estaban apareciendo con mucha frecuencia y ya notaba los primeros síntomas de su estrés post-traumático. Las paranoias la enloquecían. Taichi tenía toda la razón. Debía contárselo a Takeru, él merecía conocer la historia. Ella no había sido capaz de hacerlo esa noche, había preferido que pasara el concierto para que él se encontrara más descansado.

Se levantó de la cama y se dirigió hacia la cocina. La casa estaba en absoluto silencio, sus padres dormían profundamente.

No entendía cómo Kyo había quedado libre, en Alemania había ido preso. Pero aparentemente se las había ingeniado para reducir su pena y hacía cerca de un mes que había arrivado a Japón.

Su hermano se había informado con sus contactos y ya había una orden de restricción para que él no se le acercara, el problema era que no le había visto, simplemente era un acoso silencioso, como las flores que enviaba semanalmente a su casa, las cartas que llegaban de forma anónima -y que Hikari se había encargado de quemar sin abrir- pero todo indicaba que tarde o temprano se daría un encuentro, y ella quería estar preparada para eso. No quería huir durante toda su vida.

La última vez que lo vio fue en el juicio que le hicieron en Alemania porque él la atacó en el hotel. Aquella vez Hikari había sido rescatada a tiempo pero en estado muy grave. Él realmente había ido a matarla. La había torturado durante horas y hasta había abusado de ella. El recuerdo que la chica guardaba era muy profundo en su corazón y le hacía estremecerse.

Se rodeó con sus propios brazos y en su espalda, a la altura del hombro izquierdo, sintió aquella cicatriz.

El único corte que había sido lo suficientemente profundo como para dejar esa marca que nunca se iba.

"Nunca más" pensó la chica mientras sus párpados temblaban dejando asomar sus lágrimas.

XxxxxxxxxxxxxxxX

La noche estaba preciosa, pese a que era invierno. O eso sentía Sora mientras observaba desde la ventana del pasillo del hospital a las personas que transitaban por la calle, con abrigos largos y preocupadas por comprar regalos de navidad.

Tenía la frente apoyada en el cristal frío y su mente vagaba observando cada movimiento.

Así se la encontró Takeru cuando salió de la habitación de terapia intensiva en la que se encontraba Yamato. La vio sola, con su abrigo azul en la mano y un bolso de cuero muy delicado.

Se le acercó en silencio con las manos en los bolsillos de sus jeans y observó hacia la calle.

-¿Cómo está Yamato? -preguntó la pelirroja sin apartar la vista del paisaje externo.

-Digamos que se está recuperando bien, pero aún no despierta. Los médicos dicen que hay que hablarle para que salga de ese estado, que siguen siendo receptivos. Pero aún no he logrado nada.

Ella suspiró.

-¿No quieres entrar tú e intentarlo? -preguntó el rubio.

-¿Yo? ¿Tú crees que cambiaría algo? -fue una pregunta llena de dudas y reproches hacia sí misma.

-Bueno, puedes intentarlo… Él trataba de salvarte antes de quedar inconsciente.

Ella abrió los ojos sorprendida. Asintió en silencio. Era increíble lo tímida que podía volverse a veces, era una parte de su carácter desconocida para él, quien solo la veía dirigir la orquesta Waseda con mucho ímpetu.

-Inténtalo. Por favor.

-Está bien.

Sora se alejó de la ventana y lo miró con una sonrisa suave.

-Él siempre me ha hablado maravillas de ti. Sé que nunca me ha mencionado a mí, porque le daba demasiada vergüenza que supieran que su corazón se había vuelto tan "blando"y a veces es muy idiota, pero realmente nos quisimos mucho. La última vez que estuvimos juntos fue hace un año y me dijo que aún me quería, que sabía que su actitud debía cambiar. No pude creerle, siempre se ha vuelto a ir. -ella desvió la vista, muy triste - Pero sufre mucho. Me ha dicho que te admira, porque tú no temes mostrarte débil. Ahora entiendo a lo que se refería. Él no ha podido sincerarse consigo mismo aún, pero tú si. Con aciertos y errores te muestras, sin miedo. A él le aterroriza Tú eres transparente como él no ha podido ser. Porque él ha vivido hacia el afuera, siendo fiel a la imagen que los demás tienen de él, pero no a su verdadero yo. Ese que tú y yo conocemos. Siempre me habló de ti y tu violín, pero no sabía que estabas en la Waseda, ni siquiera conozco los nombres de mis músicos -se rió nerviosa- Solo espero que salga de esto.

Takeru estaba tan sorprendido con las palabras de Sora que se le acercó para darle un gran abrazo. Ella quedó como en shock, pero comprendió que el chico estaba muy emocionado.

-Lo primero que tendrá que aprender… es a decirle a sus seres queridos lo mucho que le hacen falta. -dijo ella con lágrimas en los ojos.

-Yo creo que lo aprenderá. -El chico se alejó de ella, también estaba visiblemente emocionado -Gracias.

La pelirroja se limpió las lágrimas y se decidió a entrar por primera vez a la sala donde se encontraba Yamato.

No le resultó sencillo verlo entre tantos cables y caños, inconsciente y con esas máquinas conectadas a él. Se ubicó junto a la cama del hospital y sentándose en el sillón que allí había para el acompañante de turno, lo observó en silencio. No sabía qué decirle.

"A veces las palabras no salen, y debemos expresarlo de otro modo".

Recordó esa frase que solía decirle él cuando estaban solos, cuando tomaba una guitarra o su bajo y comenzaba a cantar alguna de sus canciones.

Sonrió con tristeza. Su voz no sería la misma luego de tantos días en los que había sido asistido para respirar, eso ella lo sabía.

Extendió su mano hasta los cabellos rubios de él y sus dedos se movieron enredándose entre el pelo. Sus ojos se llenaron de lágrimas y apoyó la frente sobre las mantas, creyendo no soportar esa visión que tenía frente a sus ojos.

-Yamato, qué idiota has sido estos años. -murmuró - Vuelve, no creo que pueda seguir adelante sabiendo que tu último acto consciente fue poder morir por mí.

Entonces sucedió algo. Escuchó unos sonidos extraños y al levantar la vista, descubrió que el chico había abierto los ojos y buscaba a alguien con la vista, le vio intentar moverse con dificultad mientras atinaba a quitarse el respirador.

Sora se puso de pie de un salto y presionó el timbre que llamaba a las enfermeras, se acercó a la puerta y se asomó para llamar a Takeru, totalmente pálida.

-¿Qué ocurre?

-Él ha despertado.

XxxxxxxxxxxxxxxxxX

La noticia la tomó por sorpresa en la mañana del concierto de Koushiro.

Takeru le avisaba que Yamato estaba consciente nuevamente, y que el escenario presente era mejor a lo que habían previsto los médicos. Le avisaba que estaba bien pero que probablemente no estaría en su casa durante el día, por lo que podían encontrarse en el mismo auditorio esa noche para el concierto.

Hikari tenía un par de boletos para un palco privado con buena ubicación. Había pensado compartirlo con Mimi pero aquella estaría en otro con la madre de Koushiro. Ni sus padres ni Taichi podrían acompañarle, pero eso no iba a suponer un problema. Así que se limitó a comenzar su jornada con mucho estudio. Era el modo en el que podía olvidarse de todo el horror que había rememorado en su pesadilla.

El violín cantaba todo lo que ella no podía. La canción del instrumento pronto alejó todos los temores y pudo sumergirse en el próximo proyecto que tenía con la Waseda.

Detuvo los ensayos para almorzar algo. La primer nevada del invierno había llegado. En otro momento habría amado abrigarse y salir a recorrer el parque en silencio, simplemente disfrutando del aire helado. Pero ahora no podía exponerse. Él la conocía demasiado bien como para poder interceptarla en cualquier lugar.

Se estremeció ante la sola idea de cruzárselo por allí.

Detestaba sentirse tan vulnerable.

Almorzó con su madre sin mencionarle las pesadillas. No quería preocuparla más de lo que ya estaba .

Más tarde se dio un baño y se arregló. Esa noche se quedaría en casa de Takeru y le hablaría de todo lo que le ocurría, porque sabía que el chico percibía que ella estaba distante, necesitaba que él conociera la verdad, incluso asumiendo el riesgo de que él pudiera alejarse -ya le había ocurrido con algunos chicos con los que había salido antes- pues no era fácil plantearle a alguien que comienza una relación "mi ex es un violento obsesivo que intentó matarme".

El día se le había ido volando.

Eligió una blusa rosa sin mangas y pantalones oxford oscuros y completó el atuendo con una elegante chaqueta negra y un pañuelo a tono con la blusa. Por encima se colocó la bufanda de colores, los guantes y un abrigo de color verde oscuro. Aguardó a que su hermano le avisara que pasaría por ella en el coche para bajar.

Un rato después ingresaba al teatro por la puerta de los músicos para desearle suerte a su mejor amigo.

Koushiro solía vestirse descuidadamente a veces, pero verlo con su traje impecable antes de un concierto era un espectáculo digno de admiración. Sonrió agradecido de que Hikari se encontrara allí para concentrarse respirando hondo como en sus tiempos de estudiantes cuando daban exámenes juntos.

Él le sonrió divertido cuando notó que la chica buscaba a alguien con la mirada.

-Takeru estaba afuera charlando con Mimi. -explicó el joven de cabello rojizo a la vez que su semblante se tornaba serio -¿se lo dirás, verdad?

Hikari miró a los ojos a su amigo, ahora su propio rostro se volvió serio.

-Sí, debo hacerlo. Por momentos me siento en peligro.

-No te culpo. Pero tranquila, todo estará bien. Te estaré cuidando como hace unos años. -la voz de Koushiro tembló.

-Sé que sí, pero espero que no tengas que volver a salvarme.

-Lo haré tantas veces como sea necesario.

Hikari le limpió la lágrima rebelde que se había escapado de aquellos ojos oscuros y tambiên ella se emocionó. Se lanzó a los brazos de él, que aún sorprendido por su propia reacción la rodeó afectuosamente.

-Dejémonos de dramas, mi querido amigo. Te deseo lo mejor esta noche, brilla como tú sabes hacerlo.

-Gracias. No creo que Takeru sea como los demás, te cuidará como Taichi o yo.

La chica se apartó y asintió. Se sentía mucho mejor.

Decidió salir de la parte de los camerinos y allí afuera se cruzó con Takeru, que sonreía radiante.

Al verla se le acercó y le dio un inmenso abrazo, levantándola en el aire ante la vista de todos los de la orquesta Waseda. Hubo varias exclamaciones pero nada de eso le importó. Estaba demasiado feliz por la mejoría de su hermano como para no celebrarlo como se le diera la gana.

Hikari se había sonrojado pero correspondió al gesto del chico llena de felicidad.

-Nos vemos luego -le susurró él al oído -y me explicarás porqué has estado tan rara. Te quiero.

La depositó en el suelo a la vez que besaba su mejilla y la orquesta se preparó para entrar al escenario.

Se cruzó con Sora, que lucía hermosa con su vestido rojo pero aún así tenía cierto semblante preocupado. Le deseó suerte a su amiga y salió hacia la calle, para entrar al teatro por la parte del público, donde le correspondía. Por fortuna no tuvo que esperar mucho para que la guiaran hacia su palco, pues la mayor parte de la gente ya estaba ubicada en el teatro.

Tomó asiento en el balcón y observó muy curiosa a toda la gente que allí había. Se habían agotado las localidades, aquel lugar estaba llenísimo. Escuchó un ruido extraño detrás de ella y se giró para comprobar si era la chica que la había ubicado.

Pero no era ella. De hecho era la persona que menos hubiera imaginado ver allí.

Kobayashi estaba de pie ante ella, oculto entre las sombras. Elegantemente vestido tenía esa aura que a ella le atemorizaba tanto. El cabello rizado estaba peinado hacia atrás y sus brillantes ojos verdes la estudiaban salvajemente. Sonreía de medio lado, estudiando las reacciones de ella en silencio.

-¿Disfrutando del espectáculo, preciosa?

-¿Qu… qué quieres Kyo? -atinó a buscar ayuda pero no sabía donde. Él sonrió.

-No te haré daño, Hikari. No hoy. Solo quería saludarte, avisarte que estoy aquí y que te he echado mucho de menos. Disfruta del concierto de tu amiguito… y de tu novio. Hacen una bonita pareja, ¿verdad? Descuida, si sigue en mi camino me encargaré también de él.

-Sal de aquí- Hikari temblaba pero sabía que con solo gritar alguien iría a socorrerla y a quitar a ese intruso del palco.

-Ya me retiro. Pero nos veremos pronto, a ver si esta vez aprenden todos que me perteneces.

Kyo no dijo nada más, se marchó rápidamente como había venido. La violinista escuchó cómo un funcionario del teatro lo interceptaba y él se excusaba alegando que se había confundido de camino al baño.

Le escuchó marcharse pero no se sintió mejor. Sintió que comenzaba a faltarle el aire.

Cuando Sora y Koushiro entraron al escenario ante el rabioso aplauso del público, Hikari gemía y temblaba sin poder remediarlo.

Ese miedo otra vez.