En la oscura y solitaria ciudad, se escuchaban los chapoteos de un par de botas, de una persona que corría rápidamente tratando de llegar muy pronto a su hogar, pues la tormenta cada vez se hacía más intensa.
Entró a uno de los callejones, pasando desapercibido por el lugar, como si de un fantasma se tratase. Avanzó unos pasos más, hasta detenerse en un par de tablas de maderas, las hizo a un lado, adentrándose al sitio que solo estaba iluminado por una pequeña lámpara.
—¡Hermano, ya llegué! —exclamó mientras volvía a colocar las maderas en su lugar; posteriormente se sacó la capa que la cubría de la lluvia.
—Shiro, pensé que tardarías más. —Dijo un chico misterioso.
Apareció un hombre, moviendo una de las viejas cortinas. Aquel muchacho era de estatura alta, su cabello era corto, su rostro ya representaba signos de ser un adulto
—Sabes muy bien que no me gusta que vayas sola, pues mira nada más cómo estás —Kyoka notó como su hermana estaba mojada y temblando de frío, por la repentina tempestad.
—Eso lo sé, Kyoka, pero tú aún sigues herido, no podía quedarme aquí, mientras intentas encontrar comida… sabes que las cosas se volvieron difíciles. —Reclamó sentándose en un pequeño sillón desgastado.
—Pero...
—Además mira lo que conseguí. —la muchacha interrumpió sacando dos pequeños panes de una bolsa—, por lo menos esta noche comeremos.
—Pero yo soy el hermano mayor, es mi deber cuidarte… se los prometí a ellos. —el joven de cabello negro corto y alborotado expresó con un semblante serio y melancólico—. Y mira nada más donde estamos, en esta maldita pocilga como si fuésemos perros.
Pues Kyoka tiene razón, ellos dos vivían como si fueran animales, su pequeño refugio sólo constaba de dos pequeñas habitaciones, la entrada que era cubierta por un par de maderas, allí solo se encontraba un sillón, una pequeña mesita y cosas que ellos encontraban. La otra habitación era el dormitorio, ambos dormían en el mismo lugar, sobre un montón de trapos rotos y harapos.
—Oye, ya tranquilizate hombre, ven y come. —Se levantó de su asiento y le colocó uno de los panes en su mano.
—Me gustaría ser así de positivo. —dio un pequeño bocado—; dentro de dos semanas, habrá una misión importante, cualquiera puede ir, esta es mi oportunidad para demostrar mi fuerza, si salgo exitoso me daran una buena paga.
—Sabes que ese tipo de misiones son muy peligrosas, necesitas entrenar mucho, ade…
—Sabes que en los lugares de entrenamiento, Kemonjins como nosotros tenemos prohibida la entrada —Kyoka se cruzó de brazos mirando al suelo, sintiendo vergüenza por lo antes dicho—; además Koreta y sus demás amigos vendrán a cobrarnos solo por este cuchitril.
—Kyoka, prometeme que no volverás a pelear de nuevo con ellos —el Kemonjin mayor intento irse, pero ella lo detuvo—. ¡Prometemelo! Mira en qué estado te encuentras por la última vez.
—Está bien —Shiro suspiró pesadamente—. Ven aquí hermanito, te cambiare las vendas, esas ya están viejas.
—¿Dónde encontraré una hermanita tan buena y dulce como tú? —Rió, abrazándola fuertemente y sacudiéndole el cabello.
Planeta Kõri
—Señor Cold, aquí le traigo los informes del planeta Metsu. —Un changlong de piel gris y de gemas amarillas entró a la oficina del Rey.
Los únicos que podían acceder al lugar eran la familia real y los generales de alto mando. Pero solamente si el Rey se encontraba allí o daba permiso, pues si él los pilla hurgando entre sus cosas, la muerte sería el mayor placer y deseo que tendrían.
Cold se encontraba de pie en la ventana, en su mano sostenía una copa de vino, estaba mirando desde el gran ventanal, las afueras del Gran Palacio Real, desde allí se obtenía una buena vista de la ciudad y sobre la pista de vuelo.
En ese lugar era donde salían y estacionaban las grandes y pequeñas naves, soldados iban y venían todo el tiempo; además desde ahí llegaban productos, mercancías e incluso esclavos de otros planetas, rara vez esa zona estaba sin actividad.
—Fujimo, confío que serán buenas noticias —El rey Cold se giró para verlo directamente—. Estoy cansado de tener problemas con esos idiotas.
—Descuide alteza, todo está bajo en orden, los habitantes decidieron entregarnos la mayor cantidad de recursos posibles —Fujimo puso una pila de papeles sobre el escritorio.
-Solo tenemos que apretar un poco y ya los tenemos a nuestros pies -sonrió el alienígena de piel violeta claro, dejando la copa de vino-. ¿Y mi hijo Freezer? —preguntó mientras ojeaba los papeles.
—¡Oh! Pues él se encuentra dentro de la base militar, quería poner en orden las cosas, para la próxima misión y…
—Asegurarme de que todo vaya bien, pues no será nada fácil llevar a cabo esta conquista, así sabré quienes irán. —Una voz firme y elegante interrumpió la conversación.
Otro changlong había entrado al lugar, pero no se trataba de cualquiera, él era el Príncipe Freezer Cold, el hijo menor del Rey y heredero legítimo a la corona y al trono.
—Ah, mi hijo preferido, ¿qué tiene de interesante esta misión, como para que tu vayas personalmente a supervisar?
—El planeta Kyoshu, es un planeta peligroso, los seres de aquel lugar miden más de cinco metros, sus tentáculos son un gran arma letal, ninguno de mis soldados serían capaces de sobrevivir.
—Si me permite preguntar mi Príncipe, ¿a qué raza piensa mandar contra esos monstruos? —preguntó el general Fujimo, haciendo una leve inclinación de cabeza, mostrando respeto ante su superior.
—Pues tengo planeado mandar a los bárbaros Kemonjins, son una raza salvaje y poderosa. —Habló Freezer.
—¿Kemonjins? ¿te refieres a aquellas bestias? No creo que sea correcto mandarlos hijo, son unos estúpidos incivilizados, les estas dando mucha prioridad al dejarlos ir a misiones importantes. —interrumpió el mayor, cuestionando la decisión de su hijo.
—Son una raza guerrera y orgullosa, estarán más que dispuestos a aceptar aquel reto.
—Está bien, te doy permiso, pero con la condición de que se le esté permitido ir a cualquier clase.
—¿Pero de que le servirá eso alteza? Se demorarán más y habrá bastantes bajas por parte de los Kemonjins. —cuestionó el general.
—Tú mismo lo has dicho Fujimo; por parte de los monos hay muchos débiles e inservibles que querrán ir a la misión, hay que aprovechar la oportunidad para deshacernos lo antes posible de ellos.
—¡Pero padre! Sería un desperdicio, perder demasiados guerreros en vano; además ellos aumentan su…
—¡¿Acaso me estás cuestionando?! —regañó severamente, mirando a su hijo de una forma peligrosa y amenazante.
—N-no padre... —tartamudeó Freezer de una manera sumisa, no queriendo contradecir a su progenitor.
Publicado: 6/02/19
