.Fuga.
Sus nervios crecían a medida que el avión se acercaba a la pista principal, preparándose para el despegue. Sus piernas estaban inquietas, haciendo movimientos repetitivos a medida que aumentaba la ansiedad. El reducido espacio para estar sentado le preocupaba, considerando las muchas horas de viaje que tenían por delante y procuraba no pensar demasiado en el hecho de que era la primera vez que se subía a un artefacto así. Miraba hacia afuera en silencio.
Sintió el contacto de la cálida mano de Hikari sobre la suya y se giró para contemplarla.
Ella se veía tranquila y le sonreía con ternura. No le dijo nada, solo se limitó a enviarle un beso aéreo mientras se abrochaba el cinturón .
Los últimos días habían sido una verdadera locura para los dos. Preparar las valijas, alquilar un departamento en Berlín para instalarse unos cuantos meses, limpiar el departamento de Takeru para dejarlo en condiciones para que lo habitara Yamato, despedirse de sus amigos y familias, guardar en cajas las incontables partituras del rubio en la habitación que Hikari tenía en casa de sus padres, y por supuesto, estar pendientes de la situación legal de Kobayashi.
Por fortuna el ex novio de la violinista estaría un tiempo encerrado en prisión y además todas las fronteras de Japón estaban cerradas para que él no pudiera salir del país.
Estarían tranquilos viviendo a tanta distancia, además de todo lo que venía para la carrera solista de Hikari.
Observó unos segundos más el dulce rostro de la chica antes de volver a mirar con preocupación creciente hacia el exterior del avión. Este se había detenido unos instantes para solicitar la autorización para despegar.
Respiró hondo y escuchó una risita proveniente de su novia. Prefirió no comentar nada para que cesara de burlarse de él, no le resultaba gracioso.
Momentos después, cuando tomaron velocidad y sintió el leve cosquilleo en el estómago al dejar la tierra, solo pensó en que ante sus pies comenzaba a dibujarse una nueva senda, su destino listo para comenzar a escribirse.
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Takeru abrió la puerta del departamento y se hizo a un lado para que ingresara Hikari mientras él se ocupaba de buscar las valijas que habían quedado unos metros apartadas.
Escuchó a su novia mientras recorría las diferentes habitaciones en las que vivirían durante varios meses. A juzgar por los suspiros que provenían de su nuevo hogar, la chica realmente parecía feliz y satisfecha.
Atravesó el umbral principal y una vez que depositó todas las valijas en el suelo, cerró la puerta tras él para dirigir sus ojos celestes al lugar donde se encontraban.
Realmente Hikari había sido muy inteligente al buscar un departamento ya amoblado, eso facilitaría muchas cosas.
La sala principal era bastante amplia y tenía varias ventanas que permitían el ingreso de mucha luz natural, se encontraban en un sexto piso, por lo cual no había árboles que intervinieran con el paisaje a su alrededor.
El barrio no contaba con edificaciones muy altas, lo cual era positivo.
La castaña apareció sorpresivamente detrás de él y tomó su mano para guiarlo por todo el lugar.
Había dos habitaciones con sus respectivos baños, una cocina pequeña pero sumamente funcional, un comedor y un bellísimo y amplio balcón lleno de plantas, que estaba amoblado coquetamente con sillas y una mesa de jardín.
-No podría pedir más. -dijo Hikari con una sonrisa muy amplia mientras observaba aquella terraza tan bonita.
Takeru se le acercó por detrás y rodeó los hombros de la joven con sus brazos, dejando su cabeza apoyada cómodamente sobre los cabellos sedosos de ella.
-Es mejor de lo que imaginé, pero me falta algo. - dijo él, separándose lentementa para adelantarse unos pasos hacia la barandilla a la vez que se asomaba a observar el tránsito unos cuantos metros más abajo.
-¿Qué? – Takeru sonrió y notó muy divertido el tono preocupado en la voz de la chica, mientras fingía estar atento a lo que sucedía en las calles.
-Necesito un buen descanso luego de inaugurar nuestro hogar como corresponde.- el rubio hizo un gran esfuerzo por contener la risa, tan solo al imaginar los colores que le subirían al rostro a su novia con aquel comentario.
-Qué gracioso eres - Hikari se le acercó con los brazós cruzados sobre el pecho para enfrentarlo con su mirada que fingía ser de reproche -antes deberíamos deshacer el equipaj…
No pudo terminar de hablar porque Takeru no se contuvo de sus ganas de abrazarla y besarla.
El beso se prolongó unos segundos que parecieron transcurrir con mucha lentitud, hasta que la chica se separó con una sonrisa atontada y enfrentó los ojos claros de él con los suyos, ahora feliz.
-Me encanta verte sonreír así, como desde el principio -susurró el rubio mirándola fascinado -definitivamente ha sido una excelente decisión.
Ella se conmovió. Esas palabras sí que eran importantes, un calor le recorrió el pecho y se fundió en un abrazo con Takeru.
Él la besó otra vez, con mayor intensidad.
Ya en el dormitorio principal se quitaron la ropa con la pasión de dos amantes adolescentes, a diferencia de las últimas veces en Tokio, Hikari dejó de lado su timidez y fragilidad para dar paso a otra faceta. Y para el joven el cambio fue demasiado importante. Como si toda la seguridad que le brindaba el hecho de estar en Berlín se tradujera en su actitud.
Ella le dio un leve empujón y él se dejó caer sobre las sábanas, observando cómo ella se colocaba sobre él, sin dejar de besarle el cuello y despertando todo tipo de reacciones en su cuerpo.
Vio descender lentamente los cabellos castaños de ella hacia su abdomen, hasta que los besos le distrajeron lo suficiente como para dejarse llevar y comenzar a disfrutar de las suaves caricias en sus zonas más íntimas.
Hizo un último esfuerzo por incorporarse y alcanzarla con sus brazos para besarla, pero ella insistió con un nuevo empujón para que se quedara allí tendido, Takeru estaba perdiéndose con aquellos labios que despertaban en él maravillosas sensaciones. Pocas veces lo habían pillado tan de sorpresa en la cama, usualmente era él quien tomaba la iniciativa. Se preguntó si aquella sería realmente su novia, pero los pensamientos pronto dejaron de tener sentido para arremolinarse en algún alejado lugar de su conciencia.
Tuvo que rogarle que se detuviera, porque sentía que no podría llegar a satisfacerla si ella continuaba así.
La joven se incorporó durante unos segundos con una sonrisa maliciosa.
-¿Cansado del viaje?
Takeru se incorporó más rápido de lo que ella pudiera haber imaginado, de modo que rodeó su cintura hábilmente con un brazo mientras con un leve giro la acostó bajo su cuerpo. Ahora era ella quien no podía moverse.
Conforme con el resultado de su maniobra, se dedicó a besar el cuello de Hikari mientras lentamente sus manos se dirigían a las muñecas de la chica para inmovilizarla y poder actuar a su gusto. Se dio cuenta de que ella realmente lo estaba disfrutando por los gemidos que se le escapaban de los labios. Descendió con besos hacia el pecho y allí se entretuvo mientras estaba atento a la forma en la que ella parecía retorcerse bajo su cuerpo.
Cuando la penetró, lo hizo con fuerza, a diferencia de todas las otras veces, y ella arqueó su espalda de puro placer.
Le encantaba verla así, disfrutando y enredando sus piernas con las de él, para que sus caderas quedaran unidas y así moverse simultáneamente, realmente se preguntaba si todas las otras veces había disfrutado tanto como aquella. No era mejor, era diferente.
Y lo entendió al encontrarse con la mirada intensa de ella, con su boca abierta. Aquel era el sabor de la libertad.
Era la misma Hikari que lo seducía en el escenario, era libre.
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Cuando despertó, ella no estaba a su lado. Se revolvió algo incómodo, porque esa cama era muy distinta a la suya. Escuchó un murmullo en otra habitación y agudizó el oído. Hikari hablaba fluidamente alemán y parecía divertida.
Decidió incorporarse, aún adormilado y sin tener idea de qué hora era, la luz que entraba desde el exterior le indicaba que había oscurecido, y su estómago rugió por el hambre, así que se levantó en silencio y se dirigió hacia la sala principal para buscar su valija donde se encontraba su toalla.
Caminó por el pasillo y percibió en delicioso aroma que no pudo identificar, pero no importaba, era comida.
Hikari estaba en la cocina y continuaba hablando y riendo bastante, así que ni se molestó en interrumpirla, simplemente recogió las valijas y las llevó hasta la habitación de ambos.
Un rato después salía de la ducha, relajado y feliz mientras pensaba en qué cenarían.
Percibió sonidos al otro lado de la puerta y se apresuró a vestirse para finalmente salir del cuarto de baño y ver a su novia sentada sobre la cama mientras buscaba distraídamente algo dentro de su valija.
-Hola.
La chica se sobresaltó, ni siquiera le había escuchado entrar.
-¿Descansaste? -preguntó Hikari con una sonrisa.
-Bastante. ¿y tú?
-Nada. Pero es porque quería avisarle a mis amigos que ya estoy por aquí. Comenzaré mis ensayos mañana.
-¿De verdad?- Takeru se acercó y ella le hizo lugar para que se sentara a su lado sobre el borde de la cama.
-Si. Imagino que no te hace muy feliz.
-¿Por qué no? Es genial que ya comiences a trabajar en lo que viene, es lo que amas hacer. Quizás en algún momento podrías mostrarme la ciudad.
Ella asintió aliviada. Realmente aún le costaba eso de tener una relación seria en la que no le estuvieran reclamando atención ni pidiéndole explicaciones. Muy a su pesar, se daba cuenta de que muchas secuelas del pasaje de Kyo por su vida aún estaban con ella.
-Tranquilo amor. No es que no vayas a hacer nada. De hecho tendrás con qué entretenerte. -pudo ver el gesto de sorpresa en los ojos del rubio.
-¿Ah si? No tengo problema en hacerme cargo de la limpieza y la cena, de hecho no quiero presumir, pero me iba muy bien en las clases de economía doméstica en el instituto. -Takeru le sonrió con un fingido desdén y ella lanzó una carcajada burlona mientras él cruzaba los brazos sobre su pecho con un gesto ofendido.
-Sabes… podrías hacerte cargo dela limpieza, pero también tendrás que estudiar. Te dije que no veníamos solo por mí. Tienes un mundo al cual enfrentarte y del cual aprender. Me tomé la libertad de anotarte en una audición. -soltó ella. Ahora sí que vio la sorpresa reflejada en la expresión de su novio. Se quedó helado. Hikari salió de la habitación y se dirigió hacia la cocina, escuchando los pasos del sorprendido rubio que la seguían.
-¿Tú qué?
-Lo que escuchaste.
-¿Cuándo?
-En un mes es la audición, y te inscribí hace unos minutos, con mi profesor alemán de violín.
-¿Qué?
Ya no pudo contenerse y se giró para enfrentarlo con una dulce sonrisa.
-Te inscribí porque tú no te atreverías a dar ese paso. La audición es dentro de un mes, y mi profesor será quien dirija la obra.
-¿Qué obra es?
-Las cuatro estaciones, de Vivaldi.
-Yo… gracias.
Takeru estaba genuinamente conmovido. No se había imaginado que Hikari hiciera eso por él. Pero entendía que de otro modo, él mismo jamás iba a atreverse a audicionar, porque no era el hecho en sí de "competir", sino que tenía demasiado miedo de perder, de no ser suficientemente bueno. Su novia lo forzaría a presentarse y por una vez en la vida, supo que era lo mejor para él. Así que dio un paso hacia ella y le rodeó la cintura con uno de sus brazos, recortando la distancia entre ellos y besándola.
Ella interrumpió el beso, apoyando sus manos en el pecho de él.
-¿Sabes…? – susurró mientras que él la observaba - se está quemando la cena…
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Luego de la primer semana de adaptación a los nuevos horarios, comenzaba a establecer sus rutinas del día a día. Se levantaban temprano y desayunaban juntos. Luego Hikari comenzaba a estudiar en la habitación que habían destinado a la música y él se marchaba a realizar las compras o simplemente a recorrer la ciudad. Sobre el mediodía almorzaban juntos, a veces en el departamento, y otras veces en algún restaurante. Por la tarde ella se marchaba para los ensayos y Takeru comenzaba a estudiar para la audición.
Habían logrado organizarse así y de momento todo iba de maravilla.
Aquella tarde habló con su hermano a través de una videollamada. Yamato le mostró el departamento de Tokio y hablaron largo y tendido sobre los planes de ambos.
Había que ver el cambio que habían tenido las vidas de ambos durante los últimos tiempos. Su hermano se había comprometido con Sora antes de que Hikari y él viajaran a Berlín, y ahora estaban planificando la boda. Por otro lado, Kobayashi tendría varios meses en prisión y Taichi estaba obsesionado con armar un buen juicio contra él.
La charla fue amena y Takeru se dio cuenta de lo mucho que echaba de menos a su familia. Aún así recordaba las palabras de su hermano. Era hora de buscar su destino, y era muy positivo que Hikari fuera la clase de pareja que había necesitado en ese momento, alguien que le ayudara a despegar, del mismo modo que Yamato había necesitado aterrizar.
Con esos pensamientos se despidió y se dispuso a estudiar la obra de Vivaldi.
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No he tenido mucho tienpo para escribir, lo cual es lógico a esta altura del año! En el próximo capítulo Takeru se enfrentará a sus grandes temores. Gracias a todos por sus reviews!
