.Semifusa.

Con el paso de los días, Takeru comenzaba a mejorar sus ejecuciones. Los sábados eran los días en los que Hikari se podía hacer un tiempo para corregir su técnica o darle consejos prácticos para la interpretación de esa obra.

Poco a poco había comenzado a cambiar su perspectiva a la hora de estudiar. Ahora ocupaba el tiempo informándose sobre el compositor, la historia detrás de la obra y la forma en la que se tocaban los instrumentos en esa época, la intención detrás de cada nota.

Le encantaba escuchar hablar a su novia de eso, ella analizaba el contexto histórico y utilizaba todos los datos para enriquecer la calidad de sus conciertos, y ahora él comenzaba a entender que más allá de la sensibilidad y simpleza que veía en la chica cuando tocaba, más allá de su brillante técnica, había muchas horas de estudio y mucho conocimiento detrás. Eso era lo que la hacía una artista tan completa. Y eso estaba aprendiendiendo él.

En el caso de la obra que tenía entre manos, Vivaldi había compuesto el concierto acompañado de poesía. Cada uno de los pequeños movimientos iba acompañado por unos versos para darle otra intención a la música, y eso le ayudaba en gran parte para poder poner en práctica todo lo que Hikari le estaba enseñando.

Vieron varios videos de otros violinistas interpretando la obra y sacaban sus conclusiones. De verdad ahora comprendía porqué Hikari había llegado a ser tan brillante.

Restando una semana para la temida audición, de pronto ya no se sentía tan mal consigo mismo. Incluso había accedido a que su novia lo filmara para luego corregirle posturas, era un gran avance contra su gran enemiga, la inseguridad.

"Si tienes miedo de fallar, no hay nada mejor para superarlo que equivocarte. Aprendiendo de los errores, entendiéndolos, es la única forma de que los superes. Te abres a equivocarte y ya dejas de estar tan pendiente del resultado perfecto, por el contrario, lo disfrutas, y te equivocas menos, porque ya eso no te genera estrés"

Esas palabras se habían quedado grabadas en su mente.

Y vaya que las aplicaba. De pronto ya no se enojaba consigo mismo, sino que se reía. Algunas veces Hikari llegaba al departamento y se apoyaba en el marco de la puerta de la habitación en la que él estaba estudiando, y lo miraba con una sonrisa mientras él se reía y hacía muecas frente al espejo ante algún error.

Faltaba un día para que ella tocara el concierto con la Orquesta de Berlín y ya tenía todo preparado. Hasta había recibido un vestido de préstamo y estaba ansiosa por mostrárselo a Takeru.

Aguardó en silencio a que él terminara con su estudio, se dedicó a observarlo con mucho gusto, recorriendo con la mirada la alta figura, y recordando los hermosos momentos vividos cuando recién comenzaba a darle clases, cuando procuraba no mirarle directamente o no ruborizarse cuando le corregía la postura.

-Flashback-

Parecía muy lejano aquel primer beso bajo los árboles del parque. Recordaba que había llegado empapada a su casa por la copiosa lluvia y ni siquiera había intercambiado palabras con sus padres, para que no notaran lo nerviosa que se encontraba. Su corazón latiendo a un ritmo demasiado intenso. Hacía mucho tiempo que no le sucedía eso con alguien, no sabía si alguna vez había tenido esa química con sus ex, esa tensión. Los días siguientes había estado muy preocupada antes de volver a verlo, porque tenía tanto miedo a lo que pudiera resultar, mucho que arriesgar ahora que comenzaba a sentirse libre.

Pero él era sumamente gentil y comprensivo.

Luego de una semana en la que estaba llena de dudas, llegó el día de la clase y esta transcurrió con calma. Era como si nada hubiera ocurrido. Pero al final Takeru le dijo que necesitaba hablar -y vaya que Hikari sentía lo mismo – así que ella accedió a caminar con él por el parque, hasta que se sentaron en una banca que allí había.

Estuvieron unos instantes en silencio hasta que él se giró y la miró a los ojos.

-Me gustas mucho, de verdad. No quiero que te sientas incómoda con esto que ha pasado, ¿si? Realmente quisiera salir contigo, aunque sé que no he generado buenos antecedentes.

Ella asintió, no se atrevía a hablar, pero ante esas palabras solo recordaba a la bella chica de cabello azul, que había besado a Takeru frente a sus ojos, haciendo pedazos sus infantiles proyecciones a futuro con él. Y sin embargo allí estaba el rubio, siendo sincero. Y algo en el corazón de ella se lo indicaba, realmente valía la pena correr el riesgo e intentarlo con él. ¿Por qué no hacerlo cuando cada porción de su alma y su cuerpo así lo deseaban?

-¿Y esa chica?- preguntó dudosa. Quería saber algo al respecto.

Takeru frunció el ceño levemente, con amargura.

-Mitsuki es parte del pasado desde aquel día en el que nos viste. Te seré sincero, no pretendía salir seriamente con ella, me distraía, pero era bastante obsesiva y no quería dejarme por nada del mundo, a pesar de que ya estábamos distanciados. Aquella noche me enojé mucho con ella y le dije que no quería verla más. Lo ha respetado, se dio cuenta de que yo no estaba dispuesto a seguir con ella. No le hizo gracia pero me la quité de encima. No estoy orgulloso de ello.

Estuvieron unos instantes en silencio.

-Me he sentido rara estos días, Takeru. No sabía si llamarte o ignorarte, hasta dudaba de que fueras a aparecer en la clase de hoy.

-Lamento eso. Yo… -el chico hizo una pausa para reorganizar las palabras que se arremolinaban en su cabeza- yo estoy seguro de querer conocerte más, de hecho creo que lo deseo desde aquel día en el que intentaron robarte el violín en el tren. Porque esto no me pasó nunca con nadie. - sus ojos estaban muy abiertos mientras lo decía, y por alguna razón Hikari realmente leyó la sinceridad en ellos.

-Es que… a mí me sucede igual.

Listo. Lo dijo. Vio cómo él alzaba las cejas con sorpresa, solo un segundo, para luego acercarse a la chica, sin dejar de mirarla a los ojos con intensidad.

-Entonces…

-Veamos qué sucede - dijo la castaña, notando que los colores se le subían al rostro. Decidió romper ella misma con la tensión del momento, no creía soportar más tiempo aquella mirada tan hermosa fija en su rostro.

Tomó el rostro de Takeru entre sus finas manos y besó sus labios con suavidad, con timidez, hasta que él respondió, rodeándola con sus brazos e intensificando el beso. Todo fue perfecto hasta que el móvil del chico sonó.

Allí se separaron de mala gana y Takeru contestó la llamada de su hermano a regañadines. Intercambiaron unas breves palabras y cortó la comunicación.

Se volvió a mirarla con una sonrisa.

-Eres hermosa.

Ella suspiró, sentía las mariposas en su estómago.

-Podríamos ir lento.

El rubio asintió con complacencia.

-Si así lo prefieres…

-Necesito que sea así. Tengo mis razones.

Notó que Takeru no comprendía mucho a lo que ella se refería, pero asintió, lo notaba tan feliz como ella misma.

-Fin del flashback-

Ahora, mirando hacia ese pasado -tan solo unos meses atrás- su relación estaba realmente afianzada. Había podido confiar abiertamente en él, sus mayores inseguridades y temores eran alejadas con la mera presencia del chico. Eran tiempos muy diferentes y ella sabía que aquellos ùltimos sucesos eran una clarísima prueba de que estaban transitando el camino juntos y de forma correcta.

Volvió a la realidad y se retiró en silencio de la habitación para que Takeru finalizara su ensayo tranquilo.

Se dedicó a pedir la cena, pues no tenía ánimos para cocinar.

Tomó asiento en el enorme sofá de la sala principal y encendió la televisión para buscar algún canal con música de los años ochenta, era uno de sus géneros favoritos.

Su novio apareció unos momentos después, y comprobó que la chica se había quedado dormida. Grande fue su sorpresa cuando veinte minutos más tarde sonó el timbre, y supo que ella había pedido algo para cenar.

Bajó a pagar y recibir la comida.

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Hikari se veía demasiado hermosa. Él no podía quitarle la vista de encima.

El vestido era naranja, y realzaba su palidez y sus delicados ojos almendrados.

El maquillaje no era excesivo, lo justo. Sus largos cabellos recogidos en un elegante rodete y decorados con broches dorados llenos de perlas. Takeru la contempló fascinado y la hizo girar varias veces entre sus brazos, apreciando de cerca la vaporosa tela que brillaba y arrancaba destellos dorados al reflejarse en la piel de la chica, el vestido era largo y la falda era amplia, pero en la parte superior se ceñía al delgado cuerpo de su novia. Se detuvo en la parte superior de la espalda, que quedaba al descubierto, y allí depositó unos besos, embriagándose del perfume que ella utilizaba para aquellas ocasiones.

Hikari se reía suavemente por las cosquillas que le generaban las caricias de él en sus hombros.

Se giró para mirarlo a los ojos nuevamente, sonriendo feliz al comprobar lo mucho que había acertado con la elección de su hermoso vestido. Su novio se veía muy bien, le gustaba lo elegante que podía resultar con aquel esmoquin negro y los rebeldes cabellos dorados peinados hacia atrás, destacando los ojos de un cristalino color azul claro.

Él rozó con la yema de sus dedos el delicado escote que estaba lleno de perlas bordadas, haciendo juego con el peinado de la chica. Era el tipo de colores que mejor le sentaban a ella, los cálidos, que combinaban con sus ojos y cabellos castaños. Eso, o realmente ella lo hechizaba. Colocó las manos en la cintura de la chica, apoyando su frente en la de ella.

-Estás preciosa.

Hikari, que había cerrado los ojos ante el contacto, los abrió y se inclinó hacia adelante para besarlo.

-Te quiero -fue su respuesta.

Ya casi era la hora de salir.

Se terminaron de alistar y ella recogió su mejor violín, aquel que utilizaba en los conciertos.

Momentos después se dirigían al teatro.

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No era preciso destacar que Hikari se había lucido enormemente.

Luego del concierto habían sido invitados a un lujoso hotel en el que se celebraba una gran fiesta de gala, en la que estaban no solo quienes habían participado de la jornada musical de aquella noche, sino todos los grandes renombres de la música académica.

Takeru estaba mudo de sorpresa al poder saludar a músicos, directores y compositores a los que admiraba.

Hikari los conocía a todos y se movía en ese círculo con confianza, allá donde iba, alguien la llamaba por su nombre y la saludaban alegremente. El rubio estaba sorprendido, especialmente cuando un gran violinista la felicitó por la ejecución de aquella noche.

Allí supo que se trataba del misterioso profesor alemán de su novia, y que sería quien dirigiera la obra de Vivaldi que él estaba estudiando. Se sintió aturdido. Era difícil no sentirse disminuído al lado de ella, que desplegaba sus sonrisas y su humildad allá donde iba.

Sin embargo ella mantenía su perfil bajo, siendo muy educada y presentandole a todas esas personas a su novio, violinista también. Sí que era hábil, de pronto muchos le habían prestado atención al acompañante de Hikari, y algunos le preguntaban sobre las obras que estudiaba y donde había tocado. Al mencionar a la Orquesta Waseda varios asentían con aprobación.

De ese modo comenzaba a internalizarse en la otra cara de la autogestión como artista. Debía aprender a promocionarse, debía acostumbrarse a hacer lobby y a dejarse ver en aquellos círculos.

La chica se lo había explicado aquella tarde mientras se peinaba. El joven no lo había entendido al principio, quería hacerse conocer por su talento.

Pero la castaña había sonreído y dicho una gran verdad: "muchos son talentosos, pero no tienen contactos que los ayuden a hacerse un nombre, y debes aprovechar cada oportunidad para relacionarte con ellos. Es más probable que te presten atención así. Y tú quieres ser solista, estás esforzándote y trabajando en ello, pero esto es parte de la carrera también, pensar en grande, venderse como un buen producto. Así es la era de las redes sociales y la globalización, y sino pregúntale a tu hermano, las entrevistas y reuniones que debe haber tenido para promocionar a su banda".

Y tenía razón.

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Aquella mañana se despertó muy temprano. Había procurado descansar bastante para lograr la mayor concentración posible a la hora de audicionar, pero los nervios no se lo permitieron.

A su lado, Hikari dormía profundamente, descansando de su primer gran concierto unos días antes.

Se levantó en el mayor silencio posible, recogiendo la ropa que había preparado la noche anterior para vestirse en otra habitación.

Su violín y las partituras estaban perfectamente colocados sobre la mesa, aguardando a que llegara la hora. Se decidió a preparar un buen desayuno mientras que en su mente repasaba los pequeños movimientos de las cuatro estaciones. Sabía que podían pedirle que ejecutara cualquiera de ellos, por lo que había hablado con el profesor de Hikari, él iba a estar presente allí y eso le tranquilizaba. En algún momento habría sentido que estaba jugando sucio, pero le había quedado muy claro todo al hablar en aquella fiesta tan formal con algunos de los músicos que más admiraba.

Así que un buen rato después se encontraba preparando las tostadas, el café para él y el té para ella. Se había encerrado en la diminuta cocina a hacer un jugo de naranja mientras tarareaba algunos pasajes lentos del concierto.

Momentos después se dirigía a la habitación donde dormía Hikari.

La despertó con algunos besos en el rostro. Le divertía hacerlo de ese modo, le agradaba ver la forma en la que ella fruncía la boca y el ceño mientras aún dormida intentaba apartarlo con leves empujones. Finalmente abría sus ojos castaños y lo observaba, entre molesta y somnolienta, hasta que se situaba en la realidad y le sonreía, luchando por no volver a cerrar los ojos.

Ella lo observó unos instantes y haciendo un gran esfuerzo se incorporó para rodearle el cuello con sus brazos y atraerlo hacia su cuerpo.

Se rieron bastante y al final él se quedó unos instantes apoyado en el pecho de su novia, aferrándose a su pequeña cintura mientras lograba desprenderse de los crecientes nervios que sentía.

-¿Cómo estás? – preguntó ella con su voz grave de recién levantada, aún rodeando el cuello del chico a la vez que acariciaba su espalda.

-Muy nervioso. Hice el desayuno.

-Vaya. Deberías estar nervioso más seguido. - bromeó.

Takeru se rió y con sus dedos índices le pinchó los costados, haciendo que ella se retorciera por la sorpresa y estallara de risa.

-Esto te va a costar caro. -dijo él en tono burlón.

-Tiemblo de miedo. -al parecer estaba de muy buen humor.

Se incorporaron y él fue a buscar el desayuno mientras ella lo observaba sonriente.

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El largo pasillo estaba lleno de personas, unos cuantos violinistas que aguardaban a ser llamados para la audición. Estaban en un conservatorio de Berlín, el mismo en el que Hikari había estudiado algunos años.

Takeru sentía sus nervios a flor de piel, pero ella estaba a su lado, sonriente y con palabras calmas. Había visto salir a muchos músicos que ya se habían probado, la mayoría bastante tristes o enojados. Al parecer el nivel de exigencia era bastante alto, y eso no le tranquilizaba.

Por otro lado hubo muchos que practicaban fuera y eso acentuaba su preocupación. Pocos salían de la instancia sintiéndose satisfechos.

Al cabo de una hora, uno de los músicos que evaluaba se asomó con rostro cansado.

-Takaishi, Takeru

Hikari le apretó el brazo y eso le hizo reaccionar. Claro, hacía tiempo que quería forjar su carrera en base a su propio esfuerzo, no quería utilizar el mismo apellido que su hermano, así que había elegido el materno. El joven se adelantó con su violín e ingresó al salón solo.

La habitación era amplia y estaba maravillosamente aislada de influencias sonoras del exterior. La luz del día se proyectaba en el piso de baldosas oscuras.

Hacia el centro del salón vio sentados detrás de una mesa a quienes evaluaban. Eran cinco personas.

El profesor de Hikari de hallaba en el medio, a su lado había una bella joven de cabello azabache con grandes gafas cuadradas, que observaba con una generosa sonrisa a todo lo que le rodeaba. El hombre que le había llamado por su nombre se ubicaba al otro lado del profesor violinista. También vio un hombre mayor -era un conocido director de orquesta- y en uno de los extremos, casi pasando desapercibido, a un jovencito que no tendría más de veinte años, con grandes ojos verdes de mirada profunda.

Los hombres conversaban en voz baja hasta que la chica les pidió que hicieran silencio.

-¿Tu nombre? -preguntó ella con dulzura.

-Takeru Takaishi.

Ella anotó algo en una planilla que tenía en su regazo.

-Cuando estés listo… comienza con el primer movimiento del Verano.

El joven asintió. Se ubicó sobre la tarima que le indicó el profesor de Hikari y respiró hondo.

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He tenido más tiempo de lo usual! Pronto el nuevo capítulo. Quise explayarme un poco en la relación cotidiana de ellos y mezclarlo con algo de la industria musical.

Espero que les guste!

Me gustó introducir a Meiko y a Iori en el fic, hacía tiempo que los tenía en mente!

Les recomiendo que escuchen este concierto de Vivaldi, Las Cuatro Estaciones, hay muchos movimientos conocidos, y es una obra preciosa!

Saludos y gracias por continuar leyendo!