Originalmente este capítulo es la mitad de uno más largo. Lo dividí porque se me hacía eterno para escribir. Basándome en la obra de Vivaldi "Las cuatro estaciones" me propuse hacer un recorrido con hechos aislados que transcurren durante un año en el que tanto Hikari como Takeru se encuentran creciendo a nivel personal, él de gira, comenzando a experimentar su vida como músico solista profesional, y ella quedándose en Berlín, aprendiendo a lidiar con su soledad y los monstruos del pasado. Para separar los momentos utilizo los poemas que el mismo Vivaldi compuso para estos cuatro conciertos. Les recomiendo que los escuchen, son cortos y cada uno es una verdadera obra de arte. Quedan cerca de cuatro capítulos para finalizar la historia, gracias a todos los que me han comentado, escrito por privado, o marcado esta historia como favorita, me ayuda a cumplir con mis metas de finalizar cada fic que comienzo. Además amo a esta pareja.
Aquí vamos:
.Agitato.
I.Primavera
"Llegó la primavera y festejándolo
La saludan los pájaros con alegre canto,
Y las fuentes con el soplo de los cefirillos
Con dulce murmullo discurren entretando:
Vienen cubriendo el aire con negro manto
Y rayos, y truenos, elegidos para anunciarla
Callando así estos, los pajarillos;
Vuelven otra vez a su canoro encanto.
Y así, sobre el florido y ameno prado,
Al caro murmurar de bosques y plantas
Duerme el cabrero con el fiel can al lado.
De la pastoral zanfoña al son festejante
Danzan ninfas y pastores en el techo amado
A la brillante llegada de la primavera."
Aquel año se quedaría grabado para siempre en su corazón. Los conciertos de las cuatro estaciones estaban resultando muy bien. Todo marchaba del mejor modo.
Takeru sonreía y se inclinó ante el público que llenaba el pequeño teatro de aplausos, allí en primera fila vio a la culpable de que él estuviera allí en esos momentos. Hikari aplaudía con una inmensa sonrisa en su cálido rostro, orgullosa.
El joven se giró hacia su izquierda para saludar a Hans, que aceptó el gesto y luego de hacer una reverencia ante los asistentes a los conciertos, indicó a la pequeña orquesta que hiciera lo mismo.
Recién acababan de terminar el último concierto en Alemania, todos estaban felices de estar allí, de haber llegado a ese punto en el que les había sido ofrecida una gira por el resto de Europa, y quizás América y Asia.
Cuando el público se retiró, todos los músicos hicieron un brindis. Hans estaba algo ebrio pero muy alegre, acompañado de su atractivo novio y abrazando a todo el que se le acercara.
Taichi se había excusado poco antes, alegando que al otro día viajaba a Japón muy temprano, no sin antes felicitar a su cuñado, sintiéndose aliviado de que Meiko estuviera lejos y coqueteando con uno de los músicos.
Hikari se acercó al rubio y le sonrió.
-¿Eras tú quien deseaba experimentar la vida de músico solista?- dijo mientras sus dedos jugaban distraídamente con las solapas del esmoquin de su novio.
-Podré hablarte de eso en un par de meses.
-Yo diría que ya lo estás viviendo. Y me siento orgullosa de ti, aún habiendo tenido que anotarte a la audición a escondidas.
-Y darme el mayor susto de mi vida. Si, gracias. -dijo él con una divertida mueca. Apoyó sus manos en la cintura de ella para darle un beso afectuoso en los labios. -Te estaré agradecido siempre por esa traición. - La chica sonrió burlonamente. Estaba bastante cansada porque llevaba muchos días estudiando demasiadas horas con la orquesta de Berlín, pero todo era por una buena razón.
Por primera vez desde que había conocido a Takeru, deberían estar separados un tiempo, meses. Y aunque el hecho de que ambos estuvieran viviendo su sueño le hacía inmensamente feliz, sabía que le echaría muchísimo de menos. Eran muchos momentos transitados a la par, y los últimos meses venían siendo los mejores en mucho tiempo, pero estaban dispuestos a pagar ese precio, era hora de crecer.
Se había quedado perdida en sus propios pensamientos y apenas había notado que la mayoría del grupo se había retirado poco a poco, se distrajo al ver que Daisuke e Iori se acercaban para despedirse y al final Takeru tomaba su mano para irse de allí.
Caminaron en silencio entre las tranquilas calles cercanas a su hogar, cada uno reflexionando sobre lo que vendría.
Como si se hubieran puesto de acuerdo, se detuvieron y miraron a los ojos.
-Te quiero- dijo Hikari con una sonrisa. Él se limitó a rodearla con sus brazos y estrecharla con fuerza. No hubo necesidad de decir nada más, porque momentos después ambos compartieron un beso intenso. Podrían con todo eso y mucho más.
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Transcurrieron dos semanas y llegó el día de la partida. La primer etapa se concentraría en Italia, recorriendo desde las grandes ciudades hasta algunos remotos pueblos, para luego ir a Grecia por un par de conciertos.
Aquella madrugada apenas habían podido pegar un ojo. Por un lado, Takeru padecía una ansiedad que aumentaba a medida que transcurrían las horas, y Hikari se encoontraba algo nerviosa y triste. No era el hecho de que él se fuera, no era el hecho de estar sola - sabía que estarían en permanente contacto pese a la distancia- simplemente le dolía tener que deshacer esa hermosa rutina que habían construído desde que estaban en Berlín. Estar en esa ciudad, sin su novio ni sus amigos -pues ellos estarían en la gira con Takeru- era aceptar forzosamente que se sentía sola, y que pese a que Kobayashi ya no resultaba ser una amenaza para ella, el panorama que se formaba frente a sus ojos no le hacía sentirse bien. Por supuesto que estas ideas vagaban en su mente sin ser expresadas, no quería que él se sintiera mal con la situación que tanto se había empeñado por alcanzar.
II.Verano.
"Bajo dura estación por el Sol encendida.
Languidece el hombre, languidece el rebaño, y arde el pino;
Suelta el cuco la voz, y cuando la entienden
Cantan la torcaz y el jilguero.
El Céfiro dulce sopla, pero en disputa
Se mueve Bóreas de improviso a su lado;
Y llora el zagal, porque suspendida
Teme a la fiera borrasca, y su destino.
Roba a sus miembros laxos el reposo
El miedo al relámpago, y los fieros truenos
¡y de las moscas, y moscones, el tropel furioso
¡Ah, que son sus temores verdaderos!
Truena y fulmina el cielo y granizoso
Trunca las cabezas de las espigas y los granos altera."
En un caluroso día cerca de Sicilia, el yate descansaba en la superficie calma del mar. Aquella jornada excepcional de verano parecía haber llegado para romper con la monotonía de la últina semana, que se la habían pasado recorriendo pequeños poblados y ciudades del sur de Italia sin descanso, dando conciertos sin cesar.
Takeru observaba el azul mar de buen humor. A lo lejos se veían más lanchas y yates aprovechando el hermoso clima.
Había estado bastante exhausto los últimos tiempos por las pocas horas de sueño y por haber viajado incómodo, pero haber llegado a los días libres que tanto les habían prometido era maravilloso.
Las risas de Meiko y Hans llamaron su atención y centró la mirada en las aguas que rodeaban a la embarcación en la que se hallaban.
Al parecer Daisuke había perdido una competencia con el novio de turno de la chica de cabello oscuro y ahora intentaba salir a flote luego de haber caído de mala manera al agua.
Divisó a Iori a pocos metros de él, mirando al horizonte y perdido en su propia mente y se acercó para tomar asiento a su lado, mientras se dedicaba a observar la enorme superficie de agua.
-¿Tuviste noticias de Hikari?
-Aquí no tengo buena conexión, pero anoche hablamos y se encuentra bien, su mejor amigo se está hospedando en casa durante esta semana, vinieron de vacaciones él y su novia, así que al menos ya no tiene esa sensación extraña de encontrarse muy sola. Y yo puedo quedarme más tranquilo de que estará rodeada de buena energía y mucho afecto, que creo que es lo que más le ha hecho falta porque le es difícil sobrellevar la distancia.
-Espero que no se quede sola en su cumpleaños, es el próximo mes, ¿no?
-Si. Pero no premitirán que eso suceda. Realmente ha sido muy duro todo el asunto de Kobayashi. Al menos Hikari ha accedido a hacer terapia, pero sufre mucho -no iba a decir que en parte se sentía responsable de eso, era algo que le daba muchas vueltas en la cabeza. Afortunadamente Iori era el tipo de persona madura emocionalmente, que siempre tenía la palabra justa pese a ser un chico que ni siquiera llegaba a la adultez.
-No es tu culpa, esto es parte de su crecimiento, y del tuyo.
-Mi hermano me ha dicho lo mismo -dijo Takeru apoyándose en la barandilla del yate, aún con la vista fija en algún lejano punto sobre el mar - pero me cuesta. En mis relaciones anteriores siempre fui la clase de novio protector y atento, siempre procurando que cada una se sintiera a salvo. Con Hikari he vuelto a repetir eso, aunque quizás de forma más evidente, nunca había salido con alguien que de verdad hubiera llegado a estar en peligro.
-No es fácil ni para ella.
El rubio asintió y permaneció unos instantes en silencio mientras el otro chico se distraía escuchando la discusión entre Hans y Daisuke. Se volvió a observar el mar calmo.
-Tranquilo, todos estamos en permanente evolución, he conocido a alguno de los tipos que han salido con Hikari y ninguno tenía las agallas ni la fuerza para llevar adelante una relación con ella. Confía un poco más en ustedes, todo saldrá bien. -Ante las palabras del chico de ojos verdes, Takeru lo observó sorprendido y luego le sonrió con franqueza. Estiró su brazo para palmearle el hombro.
-Gracias.
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Pasar su cumpleaños sola era quizás una de las situaciones más difíciles. Lejos de todo y todos. Pero Hikari procuró no demostrar la gran soledad que sentía y sonrió mientras se inclinaba ante la enorme audiencia que aplaudía su desempeño en el concierto de Scarlatti.
Una hora después caminaba hacia su departamento con el estuche colgado en la espalda y buscando las llaves en su bolso cuando divisó una silueta muy conocida a lo lejos. Se detuvo en seco y procuró frotar sus ojos para salir de la aparente ensoñación en la que estaba, debía ser un espejismo producido por el intenso calor de los últimos días.
Pero para su sorpresa, descubrió que esa persona comenzaba a avanzar hacia ella acompañada de más caras conocidas.
Cuando Taichi llegó a abrazar a su hermana, Hikari se sumergió en sus brazos llorando desconsoladamente. Sus padres, Koushiro, Mimi y Sora se miraron con una sonrisa, comprendendiendo lo que ocurría y aguardando a que la violinista se tranquilizara para poder finalmente saludarla con un gran abrazo.
Una vez en el departamento, Sora y Mimi revisaban el vestidor de Hikari en busca de ropa para salir a cenar mientras ella se bañaba.
La chica las escuchaba parlotear al otro lado de la puerta y a pesar de que el grifo estuviera abierto y el agua cayera sobre su cabeza podía escuchar exclamaciones y risas. Percibía algo raro en el ambiente. Se preguntaba qué estarían tramando.
Una vez que todos se hubieron preparado para la ocasión, partieron hacia la zona más central de la ciudad a un bonito restaurante que había abierto sus puertas poco tiempo antes. Cuando ingresaron se dejó guiar al interior sin prestar mucha atención al resto de los comensales, ya le bastaba que todos ellos se hubieran tomado un vuelo para estar con ella aquel día, no podía sentirse más agradecida.
Al acercarse a la mesa sus acompañantes se dispersaron para tomar asiento y allí divisó a Yamato, que estaba sentado desde antes que llegaran.
Hikari se detuvo en seco.
¿Qué hacía Yamato ahí? ¿Cuándo había llegado y por qué no había ido a su departamento como los demás? Vio el brillo en las miradas de quienes habían ido a verla. Y supo que había algo más.
Se giró rápidamente para observar a su alrededor y allí le vio aparecer.
Takeru le sonreía, elegantemente vestido y tenía en una de sus manos un pequeño ramo de jazmines. La chica no pudo evitar correr hacia él y echarse en sus brazos, aún rezando para que no se tratara de un simple espejismo. Pero su novio le rodeó los hombros con un abrazo y supo que era cierto.
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Charlaron alegremente. Sora, Yamato, Koushiro y Mimi habían sido los primeros en arribar a Berlín e incluso habían asistido a su concierto, por supuesto que la audiencia era tan numerosa que la violinista jamás los hubiera visto. Más tarde habían llegado Taichi y sus padres, previamentr todos habían acordado reunirse en el departento de la castaña, habían ido hasta allí sabiendo que probablemente ella volviera a pie desde el teatro. Pero Yamato había cambiado el rumbo para ir a buscar a su hermano, que ya había ido directamente desde el aeropuerto al hotel donde se hospedaban todos para cambiarse allí.
Y Hikari jamás lo hubiera sospechado. Ni siquiera se había extrañado de que sus padres y Taichi la hubieran llamado la noche anterior para saludarla, pasadas las doce. A veces los nervios previos a un concierto le hacían no atender a esos pequeños detalles.
La estruendosa risa de Takeru la hizo girarse para contemplar como Yamato y Taichi se echaban puñales a través de palabras. Al parecer la relación de aquellos dos había evolucionado hacia algo mucho más positivo, de hecho Sora también les escuchaba y se reía de buena gana ante la situación.
Había echado tanto de menos a su familia, a sus amigos y a su novio.
La pelirroja interrumpió las charlas haciendo un gesto con las manos.
-Bueno, hemos venido a estar contigo en tu día, y nos quedaremos una semana más por aquí, pero no quería dejar pasar la oportunidad de que Takeru esté también por aquí. -se volvió para tomar su bolso y revisar el contenido mientras ponía una divertida mueca – les he traído las invitaciones para nuestra boda -señaló divertida a Yamato, que asintió -será en la próxima primavera. – Extendió las invitaciones que le correspondían a los presentes y se encongió de hombros –
-Si tenemos suerte, ya habrá pasado el juicio para ese entonces -agregó Taichi, era un tema que tarde o temprano debía conversarse, y mejor que fuera con todos delante para evitar malos entendidos.
-Estaré de gira hasta dos semanas antes de su boda, cancelaré los planes para estar libre esas fechas -dijo Takeru, había intentado volver cuanto antes pero era algo que no dependía enteramente de él, había un contrato muy generoso firmado que no lo liberaría antes del compromiso.
Hikari asimilaba en silencio la información.
-De acuerdo. Y además tengo un concierto de Tchaikovsky que interpretar en Tokio, ¿no?
Sora le sonrió encantada.
