Se acerca el final. Quedan 3 capítulos y el epílogo. Enjoy!
.Andante.
III.Otoño
"Celebra el rústico, con bailes y cantos
La feliz vendimia y el alegre placer
Y del licor de Baco encendidos tantos,
Acaban con sueño su gozo.
Hace cada uno saltos y bailes y cantos
El aire que templado da placer,
Y la estación que invita a tantos
De un dulcísimo sueño al bello gozo.
Cazador que al alba sale a la caza
con cuernos, escopetas y jaurías salen fuera
Huye la fiera, y la rastrean;
Ya sorprendida, y agotada por el gran ruido
de escopetas y perros, herida amenaza,
Lánguida, con huir, pero abrumada muere."
Las hojas naranjas, amarillas y marrones decoraban el sendero por el que Hikari transitaba tranquilamente. Se concentraba en cada sonido de aquel parque, los cantos de las aves, la forma en la que el viento arrancaba sonidos relajantes de las copas de los únicos árboles perennes del lugar. Observaba el agitado transitar de algunas ardillas y disfrutaba de la brisa fresca que le revitalizaba el rostro. Había estado escuchando durante toda la mañana un ensamble de música barroca que interpretaba a Bach en su celular. Cosas así solían ocurrirle cuando echaba mucho de menos a Takeru. Poco a poco lo que antes le había parecido insoportable se había ido tornando más calmo, por supuesto que le echaba de menos, pero el hecho de que se vieran esporádicamente le había permitido volver a conectar con más rutinas de práctica y estudio.
Ahora tenía algunos alumnos y dictaba clases en un importante conservatorio. No todo era tan malo.
No podía esperar a que llegara el invierno para volver a Japón, añoraba demasiado a su familia y comenzaba a averiguar opciones para trasladarse allí definitivamente. Estaba muy agradecida de las oportunidades que había tenido en Berlín, pero sentía que necesitaba establecerse en su país y poder viajar de vez en cuando por el mundo oara dar conciertos o masterclass según se le antojara, por fortuna, gracias a su gran talento el dinero no era un impedimento para ella. Solo quería que Kyo quedara tras las rejas de una vez por todas.
Se acercaba la fecha de finalización del contrato con la Orquesta de Berlín y ya comenzaba a estudiar el concierto tan ansiado de Tchaikovsky, su favorito. Se había dedicado de lleno a él en sus ratos libres, quería que saliera perfecto.
Su celular vibró y observó con una sonrisa la pantalla que le indicaba que su hermano quería hablar con ella.
Se sentó en una banca bajo un pequeño grupo de árboles que aún no terminaban de dejar caer todas sus hojas para atender la video llamada con una amplia sonrisa. Vio aparecer el rostro con ojeras de Taichi, sin embargo él sonreía.
-¿Cómo estás, Hikari?
-Hola, aquí paseando por el parque, haciendo tiempo entre las clases del conservatorio -se encogió de hombros.
-Qué buena vida te das mientras yo soy un esclavo del sistema -dijo el joven con una mueca dolorida -escucha, yo… tengo que pedirte algo.
-Dilo -dijo ella, aún sonriendo.
-Mira, es fundamental para el juicio. Necesito que tu terapeuta esté dispuesta a prestar su declaración, sobre las secuelas -mientras él hablaba, Hikari simplemente asentía – aquí ordenarán una pericia psiquiátrica y va a ser duro, intento evitarlo y quizás teniendo un diagnóstico claro no sea necesario…
-Oye. Que si, se lo diré. Pero Taichi, no temas, haré todas las pericias que sean necesarias, ese tipo no volverá a tocarme un pelo-
Le vio sorprenderse. Incluso ella misma estaba extrañada, no solo de sus propias palabras, sino de la seguridad que sentía.
-Estoy cansada de huir, hermano. -prosiguió ante el silencio del chico - Haré todo lo que sea preciso para que no vuelva a hacer daño, me merezco una vida en la que pueda estar en paz, ya estoy harta de sentirme débil. Y no permitirê que él pueda meterse con mi familia ni con Takeru.
Le pareció verlo asentir con lágrimas en los ojos, pero quizás solo fuera la mala calidad de la imagen. Sin embargo le vio limpiarse las lágrimas.
-¿Cuando se te ocurrió crecer así, enana? – dijo él cariñosamente. Se aclaró la garganta – no volverá a meterse con nadie, los hermanos Yagami no se lo vamos a permitir, ¿verdad?
-Por supuesto. Te enviaré todos los documentos, y te pondré en contacto con ella.
-Ge… genial. Gracias.
-A ti, Taichi.
La comunicación se cortó y ella se quedó sentada en la banca, contemplando sus alrededores con un tipo de paz que le era desconocida. Nunca se había sentido tan decidida a algo, quería su vida de vuelta. Su libertad.
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Takeru dirigió sus ojos claros hacie el punto donde le señalaba Daisuke. Entre risas observaron a Meiko haciendo de las suyas. Coqueteaba con un violinista de otra orquesta y hablaban muy cerca, mientras la música sonaba intensamente por todo el local.
Había sido un día cargado de emociones.
Luego de ganar un concurso de orquestas en aquella ciudad de Turquía, sus anfitriones los habían invitado a divertirse en una discoteca que no quedaba muy lejos del hotel.
El único que había preferido quedarse durmiendo era Iori, pero habiendo pasado tantas semanas girando ya venía siendo hora de un buen descanso. Se lo merecían.
Una chica se acercó a Daisuke y le dijo algo al oído mientras Takeru observaba a la gente que allí había. Realmente nunca le había gustado salir a ese tipo de lugares, había tenido una corta etapa de eso durante su fugaz romance con Mitsuki, pero le había bastado para no volver a estar interesado en eso.
Vio que Daisuke miraba de mala gana a la joven que ahora se marchaba sin mirarlo.
-¿Qué pasó? ¿La rechazaste? – le preguntó Takeru sin comprender mucho. En los últimos tiempos se habían hecho buenos amigos y eran raras las veces en las que lo había visto hablando con alguna chica, no solían acercársele mucho.
-Es que estaba interesada en ti, OTRA VEZ.
Sin dudas no era la primera vez, el rubio solía despertar interès en todo tipo de chicas allá s donde iba. No le agradaba que Daisuke se sintiera mal por eso, así que procuró buscar el modo de cambiar de tema.
Hasta que vio a una chica que observaba con interés a su amigo, se la señaló con la cabeza y una vez que su acompañante asintió y se alejó en esa dirección, se permitió salir a una de las terrazas que había en el lugar para disfrutar de la noche otoñal.
Consultó su móvil y se encontró con un mensaje de Hikari. En apenas un par de semanas comenzaría el invierno, y con él llegaría el día de volver a Berlín para empacar y volver a Japón.
Su hermano ya le había anunciado que el departamento estaba libre, aguardando su regreso.
Y allí llegaría el juicio, la boda y no sabía qué más. De momento su mayor preocupación era poder estar tranquilos en Tokio, sin Kobayashi estorbando.
En el mensaje ella se despedía, ya se había ido a la cama hacía un buen rato. Sonrió. Cuando todo estuviera más calmado, sería momento de proyectar hacia el futuro. De momento ya sabía cuál era el primer paso.
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IV.Invierno.
"Helado tiritar entre la nieve plateada
al severo soplo del hórrido viento
correr batiendo los pies en todo momento;
Y por el soberbio castañetear los dientes;
Estar junto al fuego, tranquilos y contentos,
Mientras afuera la lluvia moja a ciento.
Caminar sobre el hielo, y a paso lento
Por miedo a caer avanzar con cuidado;
Ir firme, resbalar, caerse al suelo
De nuevo ir sobre el hielo y correr rápido
Sin que el hielo se rompa, y se desmenuza;
Sentir que sale de las puertas herradas
Siroco, Bóreas, y todos los vientos en guerra
Esto es el invierno, pero tal, que alegría nos trae".
La noticia les alegró la vida.
El tan ansiado retorno de Takeru se había adelantado, no tardarían tanto en finalizar sus quehaceres para volver a Japón antes de lo esperado. En un par de semanas ya volverían a estar allí, más unidos que nunca luego de ese año de constantes pruebas.
Lo vio aparecer en la puerta de desembarque con una chaqueta azul y la bufanda haciendo juego. El violín colgado en su hombro despreocupadamente y su bolsa de viaje en una mano mientras que con la otra arrastraba su valija. Analizó con gusto la apariencia del chico mientras le veía reírse de buena gana.
Daisuke iba a su lado, discutiendo con Hans mientras Iori ponía los ojos en blanco, harto de lidiar tantos meses con ellos.
Unos pasos detrás vio a Meiko aferrada al brazo de uno de los chicos de la orquesta. Hikari parpadeó confusa. Habría jurado que cuando el ensamble había partido en primavera para comenzar la gira, la chica de gafas y cabello oscuro estaba en una relación con otro chico del mismo grupo.
No le importó, vio a Takeru buscándola con la mirada y allí se adelantó para ir a recibirlo.
Él sonrió ampliamente al reconocerla entre la gente y apresuró el paso para llegar a su lado.
Cuando se encontraron lo hicieron fundiéndose en un abrazo. El joven soltó el bolso de viaje y la valija y la levantó del suelo, dejándola suspendida mientras buscaba sus labios a tientas entre los cabellos de Hikari, que con el impulso se había despeinado mientras que sus brazos rodeaban el cuello de él.
Se besaron con suavidad. Se miraron y dejaron que sus ojos y los latidos de sus corazones hablaran por ellos.
-Vayan a un hotel… -la voz de Daisuke interrumpió el dulce momento y le dirigieron miradas llenas de reproche.
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Entraron al departamento hablando alegremente. Takeru era muy divertido cuando hablaba de todo lo que había pasado los últimos meses, así que estuvieron un buen rato entretenidos ante los relatos de las aventuras amorosas de Meiko, los intentos de ligar de Daisuke con algunas chicas, los avances de Iori en cuanto a su seguridad para pararse frente a un público, y todo lo que había aprendido con Hans.
La vida de solista le había abierto la mente, aumentando sus ambiciones, y ahora sabía que eso era lo que quería hacer. Hikari lo escuchaba complacida. Por supuesto que entendía todo lo que él le decía, y además lo compartía.
Habían cenado con Hans y su novio en el aeropuerto para llegar directo a descansar del largo viaje.
Takeru la atrajo hacia su cuerpo y le besó la frente.
Bastante la había echado de menos los últimos tiempos como para dejarse vencer por el cansancio antes de tener un tiempo para hacer el amor.
Aunque se habían visto algunas veces, la sensación de volver a separarse durante las escapadas durante esos meses había sido extraña, especialmente al principio, cuando a Hikari le costaba lidiar con su pánico y paranoia que había reactivado los últimos tiempos la aparición de Kyo.
Pero eso ya iba a acabar.
Ella se había quedado aferrada a la cintura del chico, con el rostro hundido en su pecho, sonriendo porque al fin estaba allí. Sintió las manos de Takeru posàndose en su cintura, así que levantó el rostro hacia él y luego de sujetarle la nuca, lo atrajó hacia ella para comenzar a besarlo.
Con movimientos lentos le quitó la chaqueta y la dejó caer al piso, para dedicarse a desabrochar la camisa del chico mientras él continuaba ocupado en sus labios.
No parecía ser suficiente para ella. Así que se escabulló para que él la siguiera hasta adentrarse en la sala.
Cuando Takeru la alcanzó, ella le dio un suave empujón para que cayera sentado en el sillón. Aún sin ser muy consciente de lo que hacía, se ubicó sobre él, mirándolo a los ojos, colocandose sobre su cadera y acomodando las piernas a cada lado del cuerpo del chico. Y él enredó sus dedos finos en los cabellos castaños de la chica y descendió con su boca por la línea de la quijada hacia el cuello y se detuvo en la zona de ls clavículas mientras la escuchaba respirando un poco agitada.
Ahora fue él quien tomó la iniciativa, recorriendo las curvas de su novia con las manos, sin despegar los labios de su ardiente piel.
Le quitó la blusa con facilidad y ella le ayudó a quitarse su camisa. Se rieron al notar que para continuar desvistiéndose debían incorporarse un poco, eso hicieron y los pantalones quedaron en el suelo. Ahora se encontraban más cómodos, decidieron continuar en ese mullido sofá.
Él se deshizo velozmente del sujetador de la chica y ella volvió a ubicarse sobre él, en la posición anterior que estaba decidida a explorar, notando claramente como el cuerpo de él respondía con vigor pese al cansancio.
Lo sintió abrirse paso dentro suyo, y se entregó con lentitud. El ritmo no era muy apresurado, continuaban besándose con mucha ternura.
Takeru la estrechó contra su cuerpo, le gustaba sentir la delicada espalda de ella con sus manos, aferrándola cariñosamente. Sintió un par de marcas en aquella amplia extensión de piel. Esas cicatrices que tanto se había empeñado en besar cuando ella le había relatado -muy avergonzada- cómo habían sido originadas.
Se inclinó sobre ella y cambió la posición para alcanzar el punto máximo de placer juntos y entregarse a ese abrazo final.
Al cabo de unos minutos decidieron acomodarse mejor. Él se acostó cuan largo era en el sofá y ella se echó a su lado, muy pegada, mientras se cubrían con la manta que había allí.
Takeru estuvo largo rato acariciando los cabellos de la chica antes de decidir que aquel era el mejor momento para lo que necesitaba hacer hacía días.
Se incorporó apenas para alcanzar sus pantalones y buscar algo que había en ellos. Hikari se sobresaltó un poco, había estado a punto de dormirse. Lo observó con sus ojos castaños cuestionadores.
El joven le sonrió y la rodeó con su brazo libre.
-Sabes… he pensado mucho en lo que vendrá ahora. - notaba que ella le escuchaba con atención, así que prosiguió – Así que cuando Yamato me escribió para notificarme sobre su mudanza y decirme que mi departamento me aguarda para volver, comencé a darme cuenta de que sería muy extraño volver allí solo.
Pudo ver que ella fruncía levemente el ceño.
-Quiero que lo pienses bien, pero que sepas que nada me gustaría más que a partir de ahora nos planteemos seguir avanzando juntos. – y dicho esto, tomó la delicada mano que ella apoyaba en su pecho para colocarle un anillo en el dedo anular - Quiero casarme contigo, Hikari. ¿qué dices?
Ella aún en shock por lo repentino de sus palabras, se incorporó y lo miró sorprendida.
Él la observó encantado, deteniéndose en sus cabellos desordenados, en sus labios temblorosos y en sus ojos húmedos. La notó realmente hermosa.
-Yo… Takeru, SI.
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