.Coda.
Llegaron exhaustos. Las condiciones meteorológicas no habían sido las más adecuadas para viajar, por la cual el avión había tenido que detenerse a hacer una escala imprevista y aguardar a que pasara lo peor.
Seis horas habían estado vagando por el aeropuerto sin poder salir ni conciliar sueño.
El avión aterrizó finalmente en Tokio, una inquieta Hikari observaba a través de las ventanillas la estructura del edificio en el que ya imaginaba a su hermano esperándolos. Se volvió a mirar hacia el interior del avión y vio a Takeru profundamente dormido. Ni siquiera se había percatado de que habían llegado, solo estaba inclinado hacia ella con la boca ligeramente entreabierta y una posición bastante incómoda.
Hikari suspiró. Luego él se estaría quejando del dolor de espalda, y ya sabía quién tendría que hacerle masajes.
Aguardó a que las personas se levantaran de sus asientos y comenzaran a descender para inclinarse hacia su novio y despertarlo suavemente.
Él abrió los ojos con dificultad, y poco a poco se centró en la realidad que le rodeaba. En el pasillo del avión había una fila que avanzaba con lentitud hacia las salidas que indicaba la tripulación. Hikari le sonreía y le indicó que se moviera para recoger sus pertenencias, que estaban en el portaequipaje.
Se pusieron de pie con lentitud y avanzaron tranquilamente hasta salir del artefacto cuando ya no quedaba casi nadie.
Aun con el rostro somnoliento y quejándose con muecas por su adolorida espalda, Takeru siguió a la chica hacia la parte de migración. Aguardaron a que los oficiales sellaran los documentos y caminaron hasta la larga cinta en la que desfilaban innumerables valijas y maletas de todo tipo.
Les llevó unos minutos recoger todas las que les pertenecían para poder pasar por la aduana y así finalmente dar por terminado el ingreso al aeropuerto. Se miraron y sonrieron. Al fin estaban en casa.
Vieron a Taichi inmediatamente. Sus cabellos estaban algo alborotados y tenía el rostro un poco menos ojeroso que la última vez que Hikari había hablado con él sobre el juicio. Sin embargo, pese al cansancio que se evidenciaba en sus ojos, los recibió con un gran abrazo y una amplia sonrisa. Se le notaba feliz de que ambos estuvieran allí.
Les ayudó cargando con algunas maletas y los guió hacia el exterior de la amplia edificación, avanzaron a través del gigantesco estacionamiento hasta encontrar su camioneta.
Hikari se giró para observar el cielo mientras ellos acomodaban el equipaje en el vehículo. Sentía la calidez de los primeros rayos de sol en su rostro, mientras el astro se asomaba para dar comienzo al día. Internamente, agradeció poder dejar el exilio que se había autoimpuesto por su propia seguridad. Desvió la vista hacia el delicado anillo de compromiso que llevaba en la mano. Ya nada volvería a ensombrecer sus ganas de vivir.
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En el lugar del acusado estaba ubicado Kobayashi.
Sus almendrados ojos verdes estaban fijos en Takeru, que relataba aquel encuentro en el teatro, la forma en la que Kyo había amenazado a Hikari y cómo casi había herido a Koushiro.
Cuando nombró a Yagami, la mirada sombría de Kobayashi se desvió hacia la chica. Ella ni siquiera parecía reparar en su presencia. Estaba increíblemente pálida, rodeada de sus padres y su amiga Takenouchi.
Había más gente alrededor de ellos, pero la única persona que le interesaba intimidar con su mirada era a Hikari. Y no había podido hacerlo. Los tiempos sí que habían cambiado para él, no poder atemorizarla con su expresión más furiosa le había desconcertado. Nunca habría imaginado que ella se burlaría tan descaradamente de él.
Y sí que se reía de él. Pero ya se encargaría de borrarle esa estúpida expresión de seguridad. Ya había notado el anillo en su mano y la forma en la que ella observaba a ese tal Takeru. Había visto la sonrisa tonta que ella le había dirigido al rubio antes de que él comenzara a declarar.
De acuerdo, ya hallaría el modo de borrarle esa felicidad, se la arrancaría si era necesario, ya se vengaría.
Sonrió despectivamente mientras ese chico continuaba con la declaración.
Siempre habría un modo de lograrlo.
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Ubicado tras una puerta entreabierta, observó el salón principal desde la pequeña habitación en la que se encontraba junto a su nervioso hermano. Takeru prestó atención a los detalles de la decoración del lugar para la ocasión. Delicados arreglos florales hechos por la madre de Sora, que se dedicaba al ikebana.
Desde aquel discreto sitio veía como los invitados entraban y curioseaban por el hermoso salón en el que se llevaría a cabo la boda.
-¿Ya llega la gente? -Yamato fingía un tono despreocupado mientras se detenía en los detalles de su vestimenta.
-¿Tienes miedo de que te deje plantado? Déjame decirte que te mereces pasar por ese susto, solo por todo lo que ha tenido que ocurrirte para que no la dejaras escapar.
-¿Ahora eres gracioso?
Takeru ignoró con su mejor sonrisa la mirada asesina que le dirigió su hermano.
-Al final todo ha valido la pena -se encogió de hombros y volvió a asomarse a la puerta para ver qué tal iba todo. Ya todo estaba más concurrido.
Divisó a sus padres, a Koushiro con su madre y a Mimi. Y vio aparecer en la entrada principal a los padres de Hikari junto con Taichi.
Se sonrió. Habían tardado bastante en llegar. Sabía que ella estaría acompañando a la novia en su gran día. Apenas se habían cruzado la noche anterior en el departmento al que se habían mudado juntos tras volver a Japón. En los últimos días se habían encargado de ordenar sus pertenencias luego de la mudanza. Y poco a poco comenzando a crear sus rutinas. Hikari había comenzado a ensayar el tan ansiado concierto con la Waseda. Y él, luego de que los directivos de la orquesta a la que había pertenecido tanto tiempo le hubieran solicitado que volviera, se lo había pensado seriamente y había decidido dar un paso al costado.
Un par de días antes Hans le había coordinado su primer gira enteramente solista. No podía encontrarse más feliz. La Waseda ya era una etapa finalizad para él. Jamás dejaría de sentirse agradecido por todo lo que había vivido y aprendido con ella.
La ceremonia fue sencilla, Sora estaba radiante con bonito vestido sin mangas, el diseño se ajustaba a su esbelto cuerpo y destacaba el delicado bordado con algunas perlas que recorría la zona del escote y se perdía hacia la falda, que no era muy amplia pero arrastraba una cola que realzaba sus finos rasgos.
Así había sido siempre ella. Y a Yamato se lo veía feliz a su lado. Sonreía y no le quitaba los ojos de encima. Tanto tiempo se la habían pasado esquivándose y buscándose, amor y por momentos odio mal disimulado. Tanta frustración, tanto desasosiego. Y el accidente. Aquello puso todo en su lugar, al principio de un modo bastante doloroso, luego acomodándose con delicadeza hasta volver a fluir con naturalidad y sinceridad. Takeru los observaba sintiéndose particularmente feliz, en especial al pensar en su propio futuro, donde estaría pasando por una situación similar en algún tiempo.
Se distrajo con Hikari, que estaba a su lado en silencio, con algunas lágrimas de emoción asomando en sus ojos. Ella sí que se merecía ser feliz.
Con su mano rozó la de ella y la chica lo observó un instante con una sonrisa dulce. Se veía preciosa con su vestido celeste, su cabeza tenía un delicado prendedor de flores que hacían juego con la vestimenta y el resto de su cabello caía por su espalda totalmente suelto y libre. Reía como una chiquilla y lanzó una exclamación aguda segundos después cuando los novios daban el sí y el resto de la concurrencia aplaudía.
Se distrajo unos instantes viendo la forma en la que su hermano sellaba su amor con su esposa. Le encantaba verlo así, mientras recordaba el accidente, los meses que había estado en coma y la forma en la que había visto a Sora preocuparse por él, recordó la noche en la que gracias a ella su hermano había vuelto a recobrar la conciencia.
Tantos sucesos juntos en tan poco tiempo. Estaba feliz de hallarse viviendo eso.
El momento del vals fue su favorito. Especialmente cuando pudo acercarse a su cuñada y bailar con ella.
-Al fin te apiadas de nosotros y nos liberas de este nefasto ser -dijo mientras ella se reía a la vez que danzaban al compás de la música -ya lo amenacé, más vale que te cuide, y sino ya me dejarás hacerme cargo a mí.
-Siempre tan noble -Sora no dejaba de sonreír, sumamente radiante. Nunca la había visto tan hermosa -te lo cuidaré bien. Pero hazme tú el favor de cuidarme a esa florecilla que vas a desposar pronto, que te las verás con su hermano si le haces algo -dijo con un tono que simulaba ser serio.
-¿Te lo ha mostrado? -su cuñada asintió.
-En realidad lo vi en su mano antes pero Hikari moría de ganas de contármelo. También has pasado varias pruebas de fuego con ella, ¿cierto?
Takeru asintió de buena gana. Ella tenía toda la razón, continuó escuchando sus palabras.
-Siempre llega el punto en el que debemos cambiar la pregunta que nos hacemos frente a lo negativo, en lugar de lamentarnos, decidirnos a aprender.-Sora se detuvo con una gran sonrisa y abrazó fuertemente al chico. Takeru se hizo a un lado y observó que Taichi se había acercado a ellos para bailar con su amiga de toda la vida.
-Tu ya te has quedado con mi hermana -le dijo a él riéndose para luego dirigirse a Sora -y tú te has quedado con el peor tipo del universo, pero me conformo, al menos sé que las cuidarán bien ¿puedes decirme qué tienen de genial estos hermanos Ishida?
-¿De verdad quieres conocer tantos detalles? -dijo la pelirroja con una sonrisa traviesa mientras Taichi se ruborizaba notoriamente.
-¡Demasiada información! ¡Te ha echado a perder el cerebro! – exclamó Yagami escandalizado mientras comenzaba a moverse torpemente al ritmo del vals de Strauss y Sora se echaba a reír.
Más tarde, cuando sonaba la música en la fiesta, Hikari se acercó a Takeru y le señaló el pequeño escenario que se encontraba frente a la pista de baile. Sabían que Yamato cantaría un par de canciones como sorpresa para Sora. La castaña debía registrar todo con su cámara, así que se excusó con su novio para ir acercándose al lugar donde pronto había aparecido el novio con un micrófono y su bajo acústico, acompañado de los chicos de su banda.
Sora estaba en medio del lugar, sonriendo ampliamente de verlo allí, acomodándose la chaqueta y dejando la camisa por fuera de los pantalones a la vez que sus colegas se ubicaban sobre el escenario para interpretar unas versiones acústicas de sus propias canciones.
Takeru se acercó a Koushiro y Mimi, que estaban allí disfrutando del show tomados de la mano. Divisó a la distancia a Miyako, que se enjugaba los ojos muy emocionada -ella solía ser muy sentimental- y a Ken que simplemente le rodeaba la cintura con uno de sus brazos.
Divisó vagamente a sus padres y los de Sora, que estaban detrás de la novia y disfrutaban de la música.
La voz de Yamato estaba intacta, la había recuperado por completo y eso le hacía feliz. Recordaba lo ronca que había quedado luego de estar algunas semanas en coma con la respiración asistida. Sabía que él no había estado seguro de volver a sus giras por temor a perderla por completo, pero era innegable que tanto él como Takeru habían nacido para llevar la música a todos lados, para vivir por y para ella. Todo tomaba forma lentamente.
Hubo un pequeño brindis y la música bailable retomó el control de la pista.
Hikari apareció a su lado y se entretuvieron mirando algunas de las fotos que ella había ido tomando de la ceremonia. Luego lo arrastró hacia el patio con su flamante vestido color cielo. La chica avanzaba esquivando gente mientras que Takeru la seguía de buena gana, hasta que tomando la mano de ella la obligó suavemente a detenerse.
La joven se giró divertida para mirarlo con curiosidad.
-¿Qué pasa?
-Mira…-señaló hacia un lugar más apartado del patio en el que se encontraban.
Taichi bailaba y se reía con una chica que no conocían, pero parecía que todo entre ambos se volvía un poco más intimo.
-Es una amiga de Mimi- la voz de Yamato los interrumpió y desviaron la vista de la escena de Yagami para dirigir sus ojos hacia el joven que estaba con un elegante esmoquin oscuro.
-¿Qué haces tú aquí? -le increpó Takeru a su hermano -¿Donde está tu esposa?
-Bailando con su padre, y yo quise salir un poco a tomar aire.
-¿Recién te has casado y ya buscas aire?
Yamato no le hizo caso y se le acercó, excusándose con Hikari para llevarse a Takeru a alguna distancia y decirle algo al oído mientras la castaña sonreía y decidía entrar al salón para beber algo.
-Se ha escapado. Se lo acaban de avisar a Ken y él te estaba buscando. Deben irse cuanto antes.
Takeru lo observó muy serio. Kobayashi había escapado. Aquello no podía ser más desastroso. ¿Cómo sacaría a Hikari de allí sin que ella entrara en pánico? Taichi estaba algo alcoholizado y no podía contar con él, tampoco quería alarmar a sus suegros.
-Lamento informarte que además algunos medios de comunicación están apostados en la puerta, es lo malo de ser una figura pública. Le serà muy fácil adivinar que están aquí. -Yamato parecía contrariado por la situación -Solo se me ocurre hacer unas maniobras de distracción, como señuelos para que siga a cualquier otra persona que no sea Hikari.
-De acuerdo. Iré a buscar a Ken y a Koushiro, quizás nosotros podamos despistarlo si salimos en distintos coches.
-No hagas locuras, iré.
- En serio, tú no hagas locuras. Eres el novio, si no quieres salir en primera plana en todas las revistas de corazón mañana como el peor esposo del mundo, mejor quédate aquí. Sé cuidarme y ya he lidiado con ese imbécil.
-Está loco, es muy arriesgado. Mejor irnos todos tranquilos con escolta policial. Aguarda a que termine la fiesta.
-No puedo Yamato. Ya no lo soporto, que venga por mí, ya es hora de acabar con este enfermo.
