No pude resistirme a dividir este capítulo en dos, si todo sale bien puedo publicar la segunda parte hoy mismo! Quedan dos capítulos para el final.
.Sinfonía.
Hikari casi había recibido el impacto del ramo que Sora lanzó en pleno rostro, pero Mimi, aparecida desde un punto estratégico, lo había atrapado en el aire con gracia y ahora miraba recelosa al resto de las invitadas que allí había, desafiando con la mirada a cualquiera que se atreviera a arrebatárselo. Lo que no entendía era que con la expresión malévola que adornaba sus facciones, ninguna chica estaba dispuesta a intentar quitárselo.
Desvió su atención hacia Koushiro y le sonrió encantadoramente mientras lo saludaba con un suave ademán.
La fiesta llegaba a su fin. Hikari buscó con la mirada a Takeru, se había divertido tanto bailando con Mimi en la última parte del evento que había perdido de vista a su novio. Ya estaba muy cansada y deseaba irse a dormir. Sora estaría un par de semanas fuera de la capital así que la orquesta no ensayaría en ese tiempo, así que solo pensaba en lo mucho que iba a descansar.
Lo divisó a lo lejos. Estaba hablando con Ken y Taichi y los tres tenían una expresión demasiado seria. Supo que algo no andaba nada bien, especialmente al ver que Takeru llamaba la atención de Koushiro y le hablaba rápido y alterado.
Cuando su novio se dirigió hacia ella lo hizo con un gesto que pocas veces le había visto. El ceño fruncido y la mirada fija en ella. Antes de que llegara a su lado, antes de que él abriera la boca, Hikari lo supo.
-Kyo.
El rubio se detuvo en seco y luego de sobreponerse a la sorpresa tomó la mano de la chica.
-Si, Kobayashi. Pero tranquila, te llevaremos a casa de tus padres, a salvo de él, irán con una escolta.
-¿Iremos? ¿Y qué hay de ti?
-Nos dividiremos. Taichi irá contigo, está demasiado alcoholizado como para conducir, pero Koushiro, Ken y yo saldremos en distintas direcciones para despistar. Ya hay oficiales en todas las casas hacia donde nos dirigimos, nos esperarán allí. Tranquila, es por simple precaución, pero como Yamato es una figura pública debe haber sabido que estaríamos aquí.
Estaba muy nerviosa pero sabía que lo mejor para su seguridad era que se marchara cuanto antes, obedeciendo las órdenes policiales.
-Ten cuidado, Takeru. -le dijo aferrándose al brazo de él cuando iba a marcharse.
El chico sonrió para tranquilizarla.
-Lo tendré. Nos vemos mañana ¿si? Te quiero.
Dijo esto, le besó los labios apresurado y se marchó hacia la puerta del local. Vio que los demás lo esperaban para repartirse en diferentes vehículos y se encargó de reunirse con sus padres.
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Kobayashi sonrió desde su puesto de vigilancia.
Tal como lo había previsto, vio salir a varios coches a la vez. En uno de ellos iban los recién casados. Y el resto se entremezclaban. Pero tenía claro su objetivo.
Condujo el coche que había robado hacía un par de horas y se fue detrás de quien más le había fastidiado durante los últimos tiempos.
Escapar le había llevado tiempo, pero como no se encontraba en una prisión de máxima seguridad no había sido tan complicado.
Había iniciado una pelea durante el almuerzo y se había autolesionado haciéndose un corte en el brazo. También había aprovechado la sangre de un recluso que había sido gravemente herido y se había lanzado al suelo fingiendo hallarse inconsciente, mientras el tumulto de los presidiarios era interrumpido violentamente por algunos agresivos guardias.
Allí lo habían levantado y sin constatar que la sangre fuera realmente suya lo habían apartado del resto hacia el pasillo de la enfermería. Pero horas antes se había encargado de robarle un pequeño cuchillo a su compañero de celda, en realidad se trataba de un trozo de metal que aquel hombre había ido limando con el correr de los días. Lo extrajo de su uniforme carcelario, sorprendió, amenazó y atacó a un guardia. De algún modo lo había logrado. Con ese hombre como rehén había ido ganando tiempo y distancia para evitar a los francotiradores y poder calcular su maniobra. Le había sido sencillo acercarse poco a poco a las murallas que rodeaban la prisión, si había algo de lo que se sentía orgulloso era de lo observador que era.
Había sido lo suficientemente rápido para saltar desde lo alto del muro justo después de asesinar a su víctima.
Por poco no lo habían capturado, pero ya era libre para atreverse a todo. Había matado a un ser humano y ya sabía quien sería el próximo.
Volvió al presente, seguía al pequeño coche gris que había salido en dirección opuesta al resto. Sabía que se trataba del señuelo correcto, y calculando sus posibilidades se desvió por una calle secundaria, previendo el camino que tomaría luego el chico que lo conducía. Nada como un golpe sorpresivo.
Condujo durante unos minutos siguiéndolo por una calle paralela. Era bastante tarde y las vías para circular en la ciudad estaban vacías, de modo que le seguía el rastro con calma, como si se tratara de un cazador experto que conoce las intenciones de su presa. Su mente más fría actuaba, continuó con sus helados ojos fijos en las esquinas para cersionarse a la distancia de que su víctima continuaba por el camino correcto, hasta que llegó el momento de utilizar su factor sorpresa.
Takeru no vio el coche que lo embistió desde la izquierda, solo sintió la fuerte sacudida y no pudo esquivar la columna que apareció ante él.
El pequeño automóvil sufrió un golpe frontal y la columna se tambaleó peligrosamente sobre él, aunque sin llegar a caerse. Kyo se acercó y observó que el rubio estaba inconsciente, con sangre brotando de su sien. Como pudo lo arrastró fuera del vehículo y lo guió hacia el suyo, para introducirlo en el asiento trasero.
Había sido tan fácil…
Ahora era hora de divertirse.
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Hikari despertó sintiéndose un poco perdida. Le llevó tiempo percatarse de que estaba en la que había sido su habitación en casa de sus padres. Se estiró placenteramente sin ser muy consciente de lo que sucedía a su alrededor.
Llevaba un viejo pijama que utilizaba antes. A los pies de la cama reconoció el vestido celeste que había utilizado la noche anterior en la boda de Yamato y Sora.
Se incorporó de golpe.
Diablos. La boda. Kobayashi.
Se sintió un poco abatida al recordar la forma en la que prácticamente habían escapado de aquel lugar.
Se preguntó si Kyo realmente habría estado esperando por ellos. No sabía qué pensar al respecto.
Se había quedado dormida y ni siquiera recordaba haber leído en su móvil alguna respuesta de los chicos. Lo encendió y los minutos en los que el aparato se tardó en iniciarse le parecieron horas. Lo puso a cargar y buscó entre los cajones de la habitación algo con qué vestirse.
Descubrió el vestido azul que había usado la noche que habían salido con Takeru. Era lo único que había, así que se apresuró a vestirse mientras escuchaba a su moribundo celular vibrar a medida que le llegaban los mensajes.
Los comprobó de a uno.
Koushiro, Ken y Miyako, Sora y Yamato…
Pero Takeru no. Y eso sí que la asustó. Se apresuró a salir de la habitación rápidamente para hablar con sus padres y cuando llegó a la cocina vio que Ken y Yamato estaban allí, incluso Taichi. Todos tenían la preocupación pintada en el rostro.
Llegó hacia ellos y nadie parecía dispuesto a mirarla.
-¿Es Takeru? ¡¡No me escribió!! ¿Puede alguien decirme qué ha pasado? -gritaba totalmente histérica y fuera de sí. No era una niñita a quien hubiera que proteger, ella misma había soportado más horrores que quienes estaban allí reunidos, y quería una respuesta.
Al final solo su hermano se dignó a observarla. Nunca le había visto esa expresión. En todos los hechos que habían enfrentado juntos, en todas las ocasiones en las que siempre había tenido una respuesta tranquilizadora, ahora Taichi, el valiente, el protector, no sabía qué decirle.
-Encontraron el coche en el que se fue. Se accidentó pero él no estaba allí. Otro vehículo lo embistió y ahora se analizan en la policía las cámaras para dar con su paradero. Lo siento.
Hikari lo miró sin entender. Sintió que el aire no le entraba a los pulmones aunque quisiera respirar con todas sus fuerzas. Sus ojos se llenaron de lágrimas y no supo qué decir. No. Aquello no podía ser. Debía tratarse de una de sus tantas pesadillas. Pero todo era muy real.
No podía hablar, no podía mantenerse en pie. Lo único que veía era cómo Taichi la aferraba con cuidado y la guiaba hacia la silla más cercana, veía la mano de su hermano sujetando con cuidado su brazo, pero extrañamente creía haber perdido la sensibilidad en las extremidades. Lo único que sentía era la forma violenta en la que su corazón latía. Intentó respirar y no pudo. Antes de derrumbarse sobre la mesa, sus ojos castaños se detuvieron en su propia mano, en el pequeño y delicado anillo que le recordaba al único ser que había sido capaz de ayudarla a florecer pese a todo el pasado.
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Se había descompensado. Ahora estaba en la cama de sus padres y un médico se marchaba mientras escuchaba varias voces provenientes del resto de la casa. Alteradas todas ellas.
Ansiaba saber algo más pero entendía que ahora no era su asunto. Debía ser la policía quien se encargara a partir de ahora. No había sabido más detalles luego de haberse desmayado en la cocina. Y entendía que debía seguir sin saber nada del caso. Su madre la observaba mientras ella pensaba y evaluaba las posibilidades que había de que Takeru aún estuviera con vida.
Con vida. Eso dolía. La sola idea cruzando su mente, la posibilidad. Moriría. No encontraría la forma de sobreponerse a eso, por la culpa.
Ella y su novio habían forjado una sólida relación en poco tiempo, como ella nunca había tenido. Se habían hecho compañeros, habían discutido con intensidad alguna vez, pero habían crecido. Era su primer relación sana y duradera. Y aún conociendo su turbio pasado él se la había puesto al hombro.
Varias veces llegaba al punto de preguntarse porqué Takeru se había fijado en ella, porqué se había empeñado en estar con ella pese a todo. Hikari detestaba ser dependiente, mucho le había costado recobrar la confianza en sí misma luego de quedar reducida a un ser apenas vivo al librarse la primera vez del intento de asesinato, ese horrendo ataque de Kobayashi.
La primera vez.
Ataque.
Abrió los ojos con intensidad. Su madre se asustó y no pudo detenerla cuando ella se levantó de golpe, como impulsada por un resorte invisible para salir corriendo hacia la cocina.
Ken y los oficiales se habían marchado, pero allí estaban Koushiro, Yamato y Taichi. La miraron sin entender mucho lo que le ocurría.
-¡¡¡Sé donde están!!!!!
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Gracias por sus reviews! No se imaginan lo bien que le hacen a mi motivación!
Un beso!
