Bueno, llegamos al final. Quiero agradecerles de corazón a todos y cada uno de los que se pasó por aquí a leer esta historia, a quienes me animaron con reviews e incluso a quienes nunca dejaron uno pero sí se marcaron esta historia para seguir las actualizaciones.
Este último capítulo fue lo primero que me vino a la mente y lo que motivó el ff, este fue el final que proyecté como guía. Les recomiendo que escuchen el concierto para Violín y Orquesta de Tchaikovsky, es mi favorito absoluto y debo decir que varios de mis colegas músicos le tienen el mismo aprecio. A continuación les dejo la última escena seguida del epílogo.
Le dedico este final a todos ustedes!
Una vez más: GRACIAS!
.Finale.
-Da lo mejor de tí, como tú sabes.
Hikari se abrazó al cuello de su mejor amigo y asintió. Últimamente se emocionaba con mayor facilidad, como si lo que había sucedido en esos tiempos hubiera accionado en ella un interruptor para disparar lágrimas. Le habían dicho que era normal luego de vivir momentos tan traumáticos como aquel de hacía unos meses, pero se enfurecía con ella misma por estar así justo antes de ingresar a tocar su obra preferida en la gala que más se había promocionado en todo el año.
Como fuera, Kyo ya estaba tras las rejas, en una prisión de máxima seguridad y su pena había sido ascendida por matar al oficial de la prisión. Luego de todas las locuras que habían sucedido, cuando por fin se libró de él, Hikari necesitó un tiempo para reorganizar su vida y sus prioridades. Las pesadillas desaparecieron de a poco.
La realidad a la que se había acostumbrado era ahora muy diferente.
Ella y Koushiro habían inaugurado una academia musical juntos y de pronto comenzaba a tener la vida que siempre había anhelado, alumnos, conciertos en su país y reconocimiento. Takeru estaba por comenzar su gira muy pronto y sabía que todo iría de maravilla para él.
Se acercó al espejo que había en el camerino y corroboró que el maquillaje estuviera en buenas condiciones. También observó por enésima vez el vestido que llevaría esa noche.
Era muy original, la parte superior se ajustaba a su delgada figura y tenía algunas lentejuelas bordadas alrededor del escote. La falda era amplia y de gasa, pero lo que más le gustaba era que aquella vaporosa tela salía desde la espalda en forma de finos trozos de tela que se enredaban delicadamente en sus brazos.
Vio una pequeña lágrima asomar en su ojo derecho y la secó cuidadosamente. Bastante tiempo le había llevado quedar lista para esa noche y no iba a permitir que se le estropeara por andar lloriqueando como un niño.
Koushiro le hizo señas desde la puerta para que se apresurara. Ya estaba todo listo para que ingresara a la sala llena.
Sora, que miraba al teatro sonriendo, con su vestido negro hecho por la misma diseñadora que había vestido a Hikari, hizo que la Orquesta Waseda saludara con una inclinación respetuosa al público.
La gala de aquella noche era un homenaje a Tchaikovsky, uno de sus compositores favoritos. La primera parte había estado a cargo de Koushiro y ahora llegaba el gran momento de la noche.
Dirigió la mirada ante el auditorio lleno, divisó en los palcos con mejores vistas a su esposo, sus suegros, a su querido cuñado, a Mimi, a la madre de Koushiro y al resto de la familia Yagami.
Se aclaró la garganta antes de pronunciar un corto discurso.
-Quiero dedicar este poderoso concierto a todos aquellos que han sido sometidos por alguien que se atrevió a prohibirles soñar. Y nadie mejor para interpretar esta obra que una sobreviviente. Con ustedes, Hikari Yagami, nuestra solista favorita.
Ante el cálido aplauso y las bellas palabras que Sora le había dedicado, una tímida Hikari salió al escenario, con su brillante vestido rojo que despertó admiración y suspiros. No quería volver a llorar, así que hizo lo posible por sonreír de cara al público.
Su violín favorito, el cabello recogido con una bonita trenza que caía sobre su hombro derecho, y el vestido hicieron de ella la verdadera protagonista.
Takeru la miró embelesado.
Se la veía increíblemente fuerte y con ganas de vivir. Las últimas semanas habían sido complicadas para ella, lo sabía muy bien. Dar ese concierto era un verdadero acto de amor propio y allí estaba para apoyarla. La vio tomar posición y asegurarse de que el instrumento estaba listo.
Una vez que la orquesta afinó, los primeros acordes del primer movimiento comenzaron a llenar el teatro, luego apareció el crescendo que inundó la sala para que entrara la solitaria voz del violín principal.
Como siempre, Hikari se transformaba cuando tocaba, pero aquella noche parecía haber crecido para volerse una vibrante flor de color escarlata.
Las primeras notas de ella vibraron y parecieron afirmarse con el pasar de los segundos, acompañadas por una tímida orquesta que se limitaba a unas pequeñas acotaciones .
Las frases del violín se intercalaban con la orquesta, parecía un gentil diálogo, y las apoyaturas del resto de los instrumentos sostenían la vibrante voz solista.
Las agilidades asomaban de vez en cuando, pero incluso los más críticos y perfeccionistas perdían su foco porque se distraían con aquel rostro tan hermoso que pasaba por miles de expresiones. Aquel carisma de alma libre se destacaba por sobre todas las notas, pese a tratarse de una ejecución brillante.
Sora marcó la entrada de toda la orquesta luego de las primeras cadencias de Hikari, la fuerza de esa obra, su nobleza, hacían de ella una de sus favoritas, y era notorio que a Hikari le ocurría lo mismo.
La chica sonreía mucho mientras las orquesta hacía sus partes y luego se preparaba para ingresar en la parte más virtuossa.
Mientras ejecutaba con precisión cada nota, simplemente recordaba todo lo que había pasado hacía algunas semanas. Ahora era libre, tan libre como esas melodías que fluían por la sala.
Pronto la orquesta retomó su protagonismo y volvió a alternar sus frases poderosas con la dulzura del violín que sostuvo ante el silencioso auditorio las notas sobreagudas para comenzar lentamente a acercarse a la parte más expuesta para la solista.
Su ceño se frunció de puro placer, vibrando con cada sonido y en concentración máxima. El vibrato se sostuvo mientras que la orquesta volvió a aparecer tímidamente con su melodía principal, para que Hikari retomara la misma frase y la alterara levemente.
En su solo se destacó mucho. Aunque ella lo ignoraba, todos estaban muy pendientes de su interpretación.
Aquellos pasajes complicados parecían sencillos siendo ejecutados por ella, quizás por la sonrisa apacible que mantenía, quizás porque internamente cantaba cada parte de la melodía.
El final del primer movimiento se hizo notar con la Waseda ganando protagonismo hasta que finalmente tomó toda la fuerza para finalizar.
A pesar de no haber terminado la obra, a pesar de que simplemente habían hecho una pequeña pausa antes del segundo movimiento, el público no pudo resistirse a aplaudir. Hikari salió de su ensoñación. Nunca le había ocurrido eso, siempre se respetaba mucho el silencio entre los distintos movimientos de cada concierto, pero aquella noche todo era más sensible. Algo había tocado con su interpretación.
Cuando se recompusieron de la interrumpción, Sora intercambió una mirada con el grupo y comenzó con la segunda parte de la obra, mucho más lenta.
Otra vez la orquesta y el violín solista parecían danzar e interpretar la misma melodía para luego variarla. Si bien ese movimiento era el denominado femenino, aunque era lento, tenía su complejidad particular para ser interpretado correctamente.
Hikari amaba la forma en la que esa parte desembocaba en el tramo final del concierto.
Los instrumentos se apagaron lentamente y estalló la tercera y última parte.
La orquesta hizo la entrada poderosa y luego calló para dejar al violín principal tomar protagonismo, comenzando con lentitud para desplegar rápidamente lo mejor de sí mismo.
Las velocidad que tomaron las notas que el arco arrancaba de las cuerdas se volvió delirante hasta que la solista comenzó un alegre diálogo con la orquesta, que poco a poco iba tomando fuerza y protagonismo, para volver a apagarse y lanzar frases sueltas de algunos pocos instrumentos.
Tchaikovsky fue uno de los últimos compositores rusos del romanticismo, tenía esa cualidad de pasar de la más absoluta calma al virtuosismo más exacerbado. A Hikari le resultaba fascinante la cantidad de alternancias que debían considerarse para interpretar este concierto.
La orquesta la acompañaba con potentes acordes que llenaban de expresividad su interpretación.
Una vez más, pasaban de la mayor calma al virtuosismo más exigido, se centraba en nuevas notas sobreagudas y dejaba que la Waseda retomara el concierto perezosamente.
La voz principal se fue apagando de a poco y se hizo lenta y dramática hasta llegar cerca del final.
Hikari vibró con el ímpetu de su instrumento, comenzó con los virtuosismos del final mientras la orquesta comenzaba a acompasarse a su ritmo y a tomar mayor importancia y hacerse más notoria.
Las últimas frases musicales y el crescendo de todos los instrumentos juntos, volvieron a alternarse con la solista.
El final fue brillante, y cuando por fin dejó su brazo extendido hacia arriba, la chica del vestido rojo se llevó una mano al rostro.
Lloraba.
Y no era por la angustia, era que simplemente nunca se había sentido tan viva. El publico había estallado y no cesaba de aplaudir y celebrar la interpretación.
Sus ojos recorrieron el teatro y sonrió y se inclinó varias veces para agradecer a cada rostro que podía vislumbrar, la mayoría de personas anónimas que habían formado parte de esa noche tan especial.
Los asistentes continuaban aplaudiendo y ella volvió la vista hacia Sora, que estaba también emocionada, muy orgullosa de su amiga. Se giró a saludar a la Waseda y descubrió que todos los músicos estaban de pie, también aplaudiendo con mucho cariño.
Se inclinó hacia ellos y volvió a dirigir sus ojos a las butacas y los palcos. Creyó divisar a Mimi y a sus padres, a Yamato y a sus suegros.
Sora la abrazó con fuerza, sorprendiéndola de lleno y haciendo que volviera a llorar. Tantas cosas habían sucedido desde que había llegado a tocar en aquella orquesta.
Cuando pudo centrarse en el escenario nuevamente, la orquesta había tomado asiento y los asistentes a la gala aguardaban para que tocara un bis.
Se decidió por tocar el primer movimiento del Verano de Vivaldi. Porque necesitaba que su novio supiera que se sentía orgullosa de todo lo que habían logrado juntos.
Cuando terminó -y fue nuevamente vitoreada por todos- se despidió varias veces del teatro hasta que se retiró a la parte tras bambalinas. Allí estaba todo el mundo.
Divisó a Takeru y se dio cuenta de que era la única persona con la que quería estar en esos momentos.
Se abrió paso entre el grupo que la observaba y se lanzó sobre él, rodeando su cuello con los brazos y besándolo significativamente.
Apenas hizo caso de los aplausos que se hacían oír a su alrededor, ahora elegía disfrutar el momento con él.
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.EPÍLOGO.
La suave brisa recorría los arbustos y agitaba las faldas de algunos vestidos, pero a Takeru solo le importaba fijar sus ojos claros en la caprichosa manera que tenía el viento de jugar con el cabello largo y suelto de quien pronto sería su esposa -y qué bien le sonaban esas palabras ahora- mientras la veía avanzar con lentitud hacia él y el juez que los casaría aferrada del brazo de su emocionado padre.
No eran muchos invitados, los justos para aquella íntima ceremonia. Vio acercarse a Hikari con una bella sonrisa.
Nada de maquillajes extravagantes ni vestuarios grandiosos, ella había elegido un vestido con mangas transparentes y un escote no muy pronunciado, la falda era larga hasta apenas cubrir sus pies, mientras una delicada tiara decorada con flores de campo adornada sus cabellos sedosos y hacía juego con el ramo que llevaba en sus manos.
Vio a Yamato y Taichi observándolo a él, el primero con una expresión un tanto burlona -recordaba vagamente haber recibido una amenaza el día de la boda de su hermano, por haberse propasado en los momentos previos, poniéndolo nervioso- y el otro con una sonrisa orgullosa en el rostro, hasta agradecida podría decirse.
Sora estaba junto a Miyako, Mimi y Etsuko – la novia de Taichi, conocida de su cuñada y la cantante lírica – y miraban muy emocionadas a la hermosa Yagami avanzando hacia su futuro esposo.
La novia llegó ante Takeru con una sonrisa radiante y visiblemente emocionada, incluso él mismo había derramado alguna lágrima al verla aparecer momemtos antes.
El funcionario del registro civil dijo unas breves palabras y firmaron el papeleo como correspondía, luego pasaron los testigos - Sora, Taichi, Koushiro y Miyako – para cerrar la ceremonia con el ansiado beso.
Hicieron un breve festejo ambientado con todo tipo de música. Irían a recorrer Italia en su luna de miel, así que Hikari hablaba con Hans y su novio alegremente y estando atenta a las recomendaciones que ellos le hicieran para el viaje.
Takeru se entretuvo observando a sus invitados.
Vio a Daisuke hacer el ridículo y bailando alegremente con toda mujer que se le cruzara delante, Iori se reía de él por lo bajo hasta que una chica se le acercó a hablar y se sonrojó visiblemente, se le notaba tartamudear.
Miyako, con sus seis meses de embarazo se entretenía charlando con Koushiro y Mimi, que hablaban e intercambiaban ideas para continuar desarrollando la escuela de música en la que incluso Hikari enseñaría mientras él proyectaba sus giras. No muy lejos de allí Ken estaba conversando tranquilamente con Yamato. En el extremo opuesto divisó a Meiko, que parecía interesada en el famoso hermano de Takeru, y su novio que iba tras ella -ahora se definía a sí misma como una persona poliamorosa-.
Sora, ignorando totalmente la situación se acercó a su esposo y le dijo algo al oído, Yamato le rodeó la cintura, incluyéndola en la coversación con el sargento de la policía mientras… ¿su hermano le acababa de acariciar el vientre a la pelirroja? Sí, y ella sonreía encantada. Ya averiguaría sobre eso.
Sus padres hablaban con sus suegros y para cerrar con lo que sus ojos estaban dispuestos a captar, Taichi y Etsuko bailaban y se reían mucho. Tal para cual.
Sintió un suave golpecito en el hombro. Hikari le sonreía y se aferraba a su cintura, mientras que Takeru se limitó a rodear sus hombros con su brazo y atraerla aún más hacia él. El viento volvió a agitar los vestidos y cabellos de los asistentes, la carpa en la que se llevaba a cabo el festejo y la vegetación, vio volar algunas flores en todas direcciones.
Aquello era todo lo que quería, y estaba feliz de poder compartirlo con ella.-
FIN
