BONUS
La noche había cubierto con su manto oscuro al grupo, indicándoles que era momento de descansar. Ellos habían hecho una pequeña fogata para brindarse un poco de calor antes de irse a dormir, y de eso ya había pasado bastante rato. Algunas brasas aún iluminaban escasamente alrededor, por lo que la oscuridad no era total.
— Psst — el sonido fue bajo, dirigido sólo a ella —. Psst, Sango, ¿estás despierta?
— Ahora sí — respondió, abriendo un solo ojo para mirar a quien había interrumpido su sueño —. ¿Qué pasa?
— Tengo una pregunta.
— ¿Y no puede esperar hasta mañana? — Soltó un bufido, sin comprender la urgencia.
— Es algo que me está quitando el sueño — respondió él, causándole curiosidad ahora a la castaña.
— Bien, ¿qué es?
— ¿Por qué usas fundoshi?
Ella abrió los ojos y lo miró, un tanto avergonzada al saber que él había descubierto algo tan íntimo sobre ella. La tenue iluminación ayudó a que su sonrojo no fuese tan evidente.
— Y-Yo… ehm… digamos que es más cómodo — intentó explicarse, sabiendo que esa prenda era totalmente inusual en una chica —. Ya sabe, para moverse durante las batallas y el viaje…
— Comprendo… — Miroku pareció entender el punto, cerrando los ojos en un acto que ella creyó, le indicaba que volvería a dormir. — De seguro tu trasero debe verse muy sensual con él puesto. ¿Podrías mostrarme la próxima vez?
— Lo único que verá, serán mis manos golpeándolo por atrevido — demostró su fastidio, soltando un leve gruñido.
— Estoy impaciente por ver tus manos en acción… y me encanta como gruñes.
— ¡Excelencia!
— ¡¿Podrían ir a hacer sus cochinadas a otra parte y dejar dormir al resto?! — La voz de InuYasha los dejó sin habla, interrumpiéndolos. — Maldito par de pervertidos, aprendan a comportarse.
Ambos miraron alrededor, notando que Kagome también estaba despierta y sonrojada con lo que había escuchado. Sango quiso que el mundo se la tragara, dándose vuelta de inmediato para dar por finalizada la conversación, sintiéndose demasiado avergonzada por la escena. Miroku soltó un suspiro, volviendo a acomodarse en la raíz del árbol en el que descansaba, junto a la castaña, con una sonrisa satisfecha en sus labios.
— Sigo pensando que es muy sexy que uses fundoshi.
— Ya duérmase.
Obedeció, sólo porque sintió la atenta mirada de InuYasha en su persona, y supo que, si no se controlaba, no sólo iba a recibir la furia de Sango. De todas formas, la imagen de la exterminadora usando sólo un fundoshi nadie iba a sacársela de la mente.
