Voy a protegerte

Ronja y Britta regresaron cerca del atardecer, ambas chicas estaban agotadas, aspirando con fuerza y jadeando, con las cienes llenas de sudor y arrastrando los pies con las armaduras puestas llegaron al cuarto de Birk, al llegar enseguida se sacaron las pesadas piezas de metal, respirando con alivio al dejarlas en el suelo, Ronja sacudió su melena negra con fuerza sintiendo sus hombros y cuello liberados de tanto peso.

-¿Cómo les fue?

Preguntó enseguida el pelirrojo con una sonrisa.

-Nada de arpías…

Respondió la rubia, quien con cara de desagrado miraba el pañuelo con el que se acababa de secar el sudor de la frente.

-Sólo un par de pequeños Rumphobs y liebres.

Aclaró la hija del bandolero.

-¡Aun así fue divertido!

Dijo sonriente la hija de los Norrgarden alzando los brazos y tirándose a un costado de la cama de Birk.

-¡El bosque es enorme!, Sólo había visto el camino que lleva hacia aquí, pero ahora por fin pude ver lo enorme y hermoso que es.

Ronja soltó una risa y se tiró a un lado de la rubia mirando al techo.

-Yo también me puse muy feliz el primer día que pude salir a ver el bosque, sentir la hierba fresca en tus pies, el aroma de los árboles y el sonido de las aves es hermoso, ¿No crees?

Britta asintió cerrando los ojos con una sonrisa enorme, luego lanzó un largo y profundo bostezo estirando los brazos y se acurrucó.

-No te molesta si tomamos una siesta, ¿Verdad Birk?

El pelirrojo negó sonriendo.

-Pueden dormir si quieren, yo me la paso aquí todo el día descansando, así que creo que tienen derecho a dormir un rato.

Ronja se dio la vuelta recargada en sus codos mirando a su amigo, le dio una tierna sonrisa y se tiró boca abajo cerrando los ojos.

Luego de unos segundos y de oír la respiración profunda de la chica, Birk estiró el cuello para mirarla un poco mejor y sonrió.

-Te has dormido muy rápido, hermana mía.

Dijo para sí mirándola dormir, se reacomodó en la almohada y resopló con preocupación, tenía muchas cosas en la cabeza, no se imaginaba que días antes no se preocupaba más que en que la primavera llegara pronto y ahora tenía muchas angustias encima, cosas propias de personas mayores, en ocasiones se preguntaba si no era mejor quedarse como un niño para siempre.

Desde que Mattis y Borka se habían aliado, el chico era bastante feliz viviendo en el bosque con los bandoleros y Ronja, las preocupaciones por morir de hambre, no tener agua y pasar frío habían desaparecido y él no quería por ningún motivo volver a sentir esa angustia.

En el momento en que rodearon el bosque de Borka, la vida del chico cambió completamente, de tener una habitación para él solo, tres comidas y un techo, tuvieron que abandonar todo. Arriesgando su vida para poder tener un pequeño lugar donde refugiarse, ver a su madre preocupada por abrir las reservas de comida y encontrarlas vacías o a su padre desesperado por no poder ni siquiera conseguir agua.

La vida al llegar al bosque de Mattis había sido muy dura y Birk no quería por ningún motivo que Ronja pasara por lo mismo que él.

-Tu no debes preocuparte, tu hermano, se hará cargo de todo.

Dijo finalmente el pelirrojo cerrando los ojos de igual forma.

Cuando la luna ya estaba brillando en medio del cielo, un par de golpes en la puerta de la habitación, hicieron que los tres muchachos despertaran.

Medio adormilado, Birk respondió para que pasaran, al abrirse la puerta, Mattis entró con cara de ogro y paso firme, se detuvo frente a la cama y cruzó los brazos mirando con severidad al hijo de su rival y amigo, quien se talló los ojos.

Luego Ronja bostezo estirándose y sintiendo ya el frío de la noche tembló abrazándose a sí misma.

-Parece que me quedé dormida.

Dijo a su furioso padre.

-¿No me digas?

Expresó sarcástico el señor de las bestias y jefe de bandoleros, luego volteo en dirección a una silla cerca de la chimenea de la habitación, ahí, un adormilado Peljie dormía profundamente, ya que tenía el sueño pesado, ni siquiera se había despertado con el ruido de Ronja y Britta cuando llegaron y tampoco con el de Mattis.

El jefe de los bandoleros levantó las orejeras del gorro de Peljie y aspiró con fuerza, los tres chicos se taparon los oídos sabiendo lo que pasaría a continuación.

-¡DESPIERTA AHORA INÚTIL!

Gritó fuertemente, Peljie con el corazón acelerado y los ojos bien abiertos se acurrucó a un lado de la silla halando las orejeras de su gorro sin poder escuchar más que un silbido y miró temeroso a su jefe, así que luego de temblar un poco dibujó una sonrisa temblorosa.

-Hola jefe….

Mattis gruño furioso.

-¡¿Cómo es posible que te quedes dormido cuando te pedí que vinieras a cuidar de Ronja?!, ¡Ya casi es media noche y tú sigues aquí holgazaneando mientras en casa nos morimos de angustia por mi pequeña palomilla!

-¡Perdóneme jefe!

Se disculpó el joven bandolero, Mattis regresó la mirada a su hija quien también le dio una sonrisa mostrando los dientes a modo de disculpa.

-Será mejor que nos vallamos ahora, las arpías rondan por esta zona cuando el sol comienza a salir.

Ronja asintió tallándose los hombros de frío, Mattis le sonrió y de su bolsa sacó el abrigo de la chica, la hija del bandolero se lo vistió y se fue a despedir de Birk.

-Vendré de nuevo mañana…. Es decir, en cuanto salga el sol.

Birk lanzó una risa.

-Está bien, hermana mía.

Luego, la chica se acercó y le susurró al oído como la otra vez, Mattis miraba atento con una ceja levantada tratando de escuchar esta vez.

-Te he traído lo que querías, la canasta está bajo la cama.

Y se despidió con una sonrisa, el jefe de los bandoleros se fue con su hija, empujando a Peljie.

-¡Nos vemos mañana Ronja!

Despidió Britta, luego volteó a ver a Birk y de igual forma se despidió bostezando.

Una vez que todos salieron de la habitación, Birk, encontrándose solo, volteó en dirección a la ventana y suspiró, hizo a un lado las sábanas y miró sus piernas, ambas vendadas y amoratadas por los golpes, movió sus dedos lentamente, incluso hacer eso le dolía mucho.

En la semana que llevaba en cama no había intentado ponerse de pie, ya que tal como el médico que lo visitó había sugerido, el chico no debía levantarse ni esforzarse, pero ahora Birk tenía algo en mente, algo que le obligaba a mejorarse rápidamente aunque pareciera que debía hacer todo lo contrario.

Birk, giró su cadera en dirección al suelo, tomó un respiro, intentó bajar un pie, pero éste le causó un gran dolor, tomo otro respiro y lo puso en el suelo, un ligero crujido se escuchó, era el hueso de su pie que se amoldaba a la posición que le demandaba, luego repitió el proceso con el otro pie sufriendo lo mismo.

Tras unos segundos de pie, se tiró en la cama de nuevo, se pasó el brazo en la frente secando el sudor que había desprendido su piel por el esfuerzo y dolor que había soportado, después recordó lo que Ronja le había dicho, y estiró el brazo bajo la cama, ahí estaba la canasta.

El joven pelirrojo, la abrió, como siempre había pan casero, queso y ahora una botella con un poco de vino, Birk sonrió, sacó el corcho de la botella y la sacudió en círculos mirando a través del vidrio y con la tenue luz de la luna que entraba por la ventana, cómo se movía la bebida, luego acercó su nariz.

-Es amargo, ¿Tal vez?

Determinó al sentir ese fuerte olor a uva y alcohol, luego se tapó la nariz y dio un sorbo, dibujó una cara de desagrado y se pasó lentamente el líquido para enseguida sacar la lengua en señal de disgusto.

-No sé si es amargo… ácido…

Luego sintió como la bebida le hacía sentir calidez en la garganta y en el pecho y paladeó el resto del sabor de su lengua, entonces dio otro sorbo, esta vez no le pareció tan desagradable, de nuevo sintió calidez, con una sonrisa se tocó el pecho.

-Tal vez por eso les gusta el vino a los hombres, es reconfortante y una vez que haces a un lado ese fuerte sabor que te hace adormilar la lengua sabe un poco dulce, pero ya ha sido suficiente por hoy.

Expresó tapando de nuevo la botella y guardando la canasta.

-No quiero terminar con las mejillas coloradas como los bandoleros.

Dio un par de carcajadas y se recostó de nuevo con las manos en el estómago, mirando el techo de la habitación.

-Y si de por sí no puedo mantenerme en pie, no quiero imaginarme cómo terminaré si bebo más de la cuenta, "Aún eres un niño Birk Borkason"

Expresó imitando el tono de su madre y suspiró.

-Ahora siento ese calor en el estómago, son como cientos de libélulas golpeando, duele y asfixia, pero acelera el ritmo de mi corazón, tal vez es porque estoy lejos de casa o porque sé que lo estaré más tiempo, tal vez es porque no puedo decir lo que siento o porque voy a mentir. Quisiera estar ahora, tendido en el suelo, temblando de frío, en la cueva del oso a tu lado, hermana mía, pero después de todo, Birk Borkason ya no es un niño y tendré que mentirte para ayudar a los bandoleros.

Al amanecer, Britta entró al cuarto de Birk acompañado de una sirvienta que le llevaba el desayuno en una bandeja, ambas, se quedaron boquiabiertas mirando al joven pelirrojo dar pasos, mientras con sus brazos se apoyaba de los muebles que encontraba en su camino.

-¡Birk, no debes levantarte!

Apresuró Britta en comentar, se acercó al chico y le sirvió como apoyo, el pelirrojo resopló manifestando el esfuerzo que había llevado a cabo.

-Tal vez mañana ya pueda andar si sigo practicando.

Indicó el muchacho sonriendo, Britta hizo una mueca de desacuerdo.

-Si te recuperas pronto, seguro querrás regresar a casa, ¿No es así?.

Birk se apartó recargándose de un librero, y apoyado en un solo pie le sonrió aún más.

-Voy a cumplir mi promesa, te enseñaré a usar el arco para cazar arpías, pero para eso, tengo que pedirte un favor.

Britta asintió con la cabeza y despidió a su sirvienta haciéndoles repetidas veces señas con la mano para que saliera, luego se acercó a Birk.

-Tengo que fingir con Ronja y los demás que aún me encuentro gravemente herido y no puedo levantarme, de lo contrario me llevarán de regreso a casa.

-Bien, ¿Es todo?

Preguntó la chica indicando que si sólo de eso se trataba, el trato ya estaba más que hecho.

-No, hay algo más que quiero pedirte…

La chica se acercó y Birk le susurró al oído, Britta escuchó atentamente y una vez que el chico terminó su explicación, se separó y le sonrió.

-Eso tampoco es la gran cosa, en cuanto puedas caminar, puedes ir y venir, preguntar a quién quieras lo que quieras, sólo no te olvides de mis lecciones de tiro, quiero impresionar a Ronja la próxima vez que salgamos al bosque y algún día cazaré una arpía y la llevaré como trofeo a casa.

-Es un trato…

Birk acercó una mano a la chica mientras seguía recargado con la otra, Britta la estrechó.

-Hecho.

Cerca del medio día Ronja llegó nuevamente, un poco adormilada, como todos los días encontró a Birk en cama y ambos se sonrieron saludándose.

-¿Cómo te encuentras hoy Birk?

Preguntó la chica de cabello negro, Birk sonrió.

-Un poco mejor, hermana mía.

Ronja arqueo una ceja, por lo general Birk siempre decía, "Mejor, hermana mía", el agregarle ese "Un poco" le preocupaba, la chica se apresuró a dejar la cesta que siempre llevaba para el pelirrojo en el suelo y se sentó al lado de Birk.

-Veo que tu brazo está mucho mejor, ¿Qué tal están tus pies?

-Son perezosos como los osos en invierno, parece que no tienen ganas de andar.

Explicó el chico sonriendo.

Ronja no podía disimular su instantánea expresión de angustia, Birk no pudo evitar notarlo.

-Pero no duelen, sólo no quieren hacer nada, así que no te angusties, mejoraré, de eso estoy seguro.

La chica despeinada resopló.

-¿No tuviste problemas con Mattis por quedarte dormida ayer?

Preguntó el pelirrojo tratando de desviar un poco la conversación.

-No, el parece ser muy necio, per hace ya mucho que aceptó que seamos hermanos, aunque a veces no lo quiera reconocer.

Birk lanzó una risita.

-Será mejor que tengamos más cuidado la próxima vez, es peligroso que atravieses el bosque cuando el sol se ha metido, te has vuelto muy buena con el arco y flecha, pero aun así puede ser muy arriesgado que muchas arpías te ataquen a la vez.

-Regresaré a casa antes que el sol se meta, es una promesa.

Respondió con una mano en el corazón y la otra levantada, en señal de juramento.

-Aunque por hoy…

Hizo una pausa con la mirada trsite.

-Papá quiere que regrese ahora, me ha dicho que tenemos que hoy iremos a la aldea, que ya tengo edad para eso…

-¿No estas emocionada?, Es tu primera vez en la aldea.

Ronja sonrió ligeramente.

-Estaría feliz si tú fueras conmigo, me siento como una mala persona, tu estas aquí sin poder moverte por mi culpa y yo estaré paseando, ¡Así que te prometo no divertirme ni un poco!

Remarcó la chica con los puños cerrados, demostrando su determinación, Birk la miró con duda en la mirada, ladeo la cabeza y preguntó.

-No entiendo porque dices eso hermana mía, no ha sido tu culpa que yo me lastimara, yo fui quien planeo todo eso desde un principio.

-¡Es que yo te presione para no ser un bandolero desde un principio, cuando llegaron al bosque de Mattis, Borka se regocijaba de tener un hijo, de que tú eras el futuro líder de los bandoleros de Borka, tu no le negabas nada y lucías orgulloso a la par de tu padre, pero entonces… nos conocimos, nos hicimos hermanos, llegó el día de la pelea de las bestias salvajes, nuestros clanes se hicieron aliados y entonces…

Bajó la mirada al suelo, con pena en sus palabras.

-Le dije a mi papá que no quería ser ladrona, porque la gente sufre y chilla cuando les quitaban lo suyo, porque estaba mal…. Y entonces, cuando se decidió que tú serías el sucesor, juraste que tampoco lo harías…. Tal vez, lo que dije te hiso cambiar de opinión, tal vez tu ni siquiera pensabas que ser un bandolero era algo malo y te presione para preferir no serlo… aún el día del accidente, yo te insistí para que no lo fueras y por eso, es mi culpa , lo siento Birk, lo siento mucho.

-Eso no es cierto.

Dijo el pelirrojo, haciendo que enseguida la chica alzara la mirada.

-Yo quería ser un bandolero como Borka, porque era lo único que conocía, es verdad que yo pensaba que eso estaba bien, pero no me presionaste para cambiar de idea, no sólo decidí dejar de ser un bandolero por lo que dijiste, pude darme cuenta de muchas cosas cuando nos hicimos hermanos y una de ellas fue que nuestros padres son unos cabeza hueca. Peleaban, hacían a los demás pelear, incluso nosotros peleábamos y todo eso no tenía sentido alguno, entonces, me di cuenta de que lo que no todo lo que hacía Borka tenía que estar del todo bien; Tuvimos que huir de casa porque mi padre no quiso cambiar, sufrimos mucho y pudimos sufrir mucho más, hasta la muerte, por ser bandoleros. Así que no te culpes, hermana mía, el que yo no quiera seguir los pasos de mi padre y que me accidentara, no fue tu culpa, gracias a que me abriste los ojos, puedo confiar en que podré vivir de forma honesta y hacer mi propio camino, uno que no me lleve al sufrimiento de nuevo.

-Birk….

Expresó la chica mirándole fijamente, sin duda, el chico estaba madurando, sería un joven sabio y fuerte de voluntad.

/Definitivamente Birk es mi persona especial, quiero estar con él siempre y poder aprender de él y que también él aprenda cosas de mí/

Pensó la chica mientras sonreía tiernamente a Bik.

-¿Qué pasa hermana mía?

Preguntó el joven Borkason al ver la expresión que Ronja le daba en silencio.

-No es nada, es solo, que estoy feliz de que seas mi hermano.

-Entonces diviértete mucho por mí, ¿Está bien?

La chica asintió.

-Te traeré un recuerdo de la aldea y le pediré a mi padre que nos deje ir juntos cuando te mejores.

-Está bien.

Ronja entonces se despidió, Birk resopló desanimado, hizo a un lado las sábanas y se puso de pie.