Nadie es como Birk
Ronja caminaba por las callesitas de piso de piedra de la aldea, bajo los techos de teja rojo, el sol de la tarde iluminaba el camino y las caras animadas de los habitantes y los vendedores.
Se escuchaban muchas voces al mismo tiempo, las risas de los niños, los gritos de los comerciantes ofreciendo sus productos, Ronja escuchaba tanto ruid al mismo tiempo que no podía enfocarse en nada en particular, junto con su padre, llevan un caballo con una carreta repleta de cosas, joyas, provisiones, pieles etc. para poder conseguir utensilios, armas y otras cosas útiles en el castillo y en los asaltos.
Mattis miraba a hija, recordando su primer visita a la aldea, sólo que a diferencia de él, la chica no lucía tan deslumbrada por el lugar, miraba al frente con una sonrisa en la cara sin detenerse a mirar algo en específico, como si anduviera en la guarida como todos los días.
-¿Qué pasa Ronja? has estado muy callada todo el camino.
Preguntó el padre, la chica volteó y sonrió.
-Estaba pensando en que si a Birk le gustaría más que le llevara una tarta de manzana o una de queso.
Mattis se detuvo y la miró cruzando los brazos, pensativo, expresó como un sabelotodo en el mismo tono.
-No creo que esa serpiente en verdad pueda ser tu persona especial.
-¿Por qué?
-Lo crees así, porque no conoces más niños de tu edad, siempre has vivido entre bandoleros mayores que tú.
Ronja negó con la cabeza.
-No lo creo, aunque existan millones de personas de mi edad, ninguna será igual a Birk, de eso estoy segura.
Mattis arqueo una ceja y frunció la comisura de su boca, luego volteó por los alrededores y vio a un grupo de chicos, sentados en círculo jugando a las cartas.
-Mira, ahí hay algunos mocosos, ¿No te parece alguno de ellos mejor que el hijo de Borka?
Ronja los miró, estaban sentados en círculo alrededor de una fuente, jugando a las cartas con cara de pereza, la chica frunció el ceño y miró uno a uno, había un par de rubios, algunos castaños y hasta uno pelirrojo.
La chica regresó la vista a su padre.
-No se ven muy amistosos.
-Vamos, míralos bien, tal vez alguno te parezca mejor, mira ese, se ve grande y fuerte.
Ronj miro al chico, era alto y robusto, entonces se rascó la nariz.
-Yo creo que tiene cara de tonto.
-Bueno y que me dices de ese otro.
Ronja miró a un chico rubio de cabello rizado, sólo hizo una mueca.
-¿Qué dices?
La chica se puso las manos en la cintura.
-Da igual, sólo están ahí perdiendo el tiempo, no hacen nada útil y se ve que no saben cazar ni hacer nada, seguro un árbol tiene más reflejos que ellos.
-¿Cómo puedes saber eso?
La chica tomó un guijarro de la calle y lanzó contra uno de ellos, dándole en la cabeza, dirigió la mirada a donde estaba la chica, sobándose la cabeza y con mirada furiosa.
-¿Lo ves? Ni siquiera ha podido evadir esa piedrita.
El chico se aproximó a la chica despeinada y le miró levantando el mentón queriendo parecer amenazante, Mattis cruzó los brazos a punto de ponerse en medio, pero la chica le detuvo con la mano y avanzó.
-¿Qué te pasa niña?, ¿Quién te dijo que puedes lanzarle cosas a la gente y quedarte como si nada?
Ronja se puso las manos en la cintura y se acercó a él mirándole hacia arriba ya que el chico era más alto, le miraba fijo, sin pestañear y con expresión seria, el chico extrañado de que Ronja no se intimidara y actuara de forma contraria, parpadeo, se puso nervioso de recibir la mirada fija de esos ojos negros.
-¿Qué?, ¿Qué quieres?
Preguntó perturbado.
-Seguro también eres malo disparando flechas.
-Oye, eso no lo sabes y además ¿Qué te importa?
Ronja se desató el arco de la espalda y con fuerza lo entregó al chico junto con una flecha.
-Bien, ya verás.
Expresó sonriente halando la cuerda del arco con la flecha, disparó a una cesta de unos vendedores a unos metros de distancia.
-¿Qué te parece? Niña grosera.
Ronja le pidió el arco con la mano sin decir una palabra y apuntó al cielo, el chico ni se molestó en mirar a que apuntaba y rio.
-¡Así no se hace, eres una tonta!
Una paloma cayó al suelo, Ronja caminó a ella y la guardó en la carreta que llevaba jalando su padre, el cual sólo observaba ya que su hija, de cierta forma se lo había pedido.
-Servirá para la cena de hoy…
Expresó sonriente, volteó a ver al chico el cual miraba boquiabierto.
-Y Birk, dispara mucho mejor que yo…
Luego volteó a ver a su padre.
-Sin duda es mejor, que todos esos juntos, el chico se apresuró a protestar.
-¡Oye! ¿Qué es eso de mejor que yo, solo porque pudiste matar una paloma no quiere decir….
-Si no puedes evitar una piedra, ¿Cómo evitarás que una arpía, ¿Cómo vas a cazar una liebre?, Apuesto a que no podrías atrapar un pez con las manos y seguro hasta los Rumphobs te asustan.
-Los… los Rumpu ¿Qué?
-Y lo más importante.
Dijo picoteándole el pecho haciéndole retroceder.
-No eres nada amable, eres grosero, no sabes cómo tratar a una chica.
El chico se quedó mirándole sin saber qué decir, sus amigos, que habían estado observando todo el rato, se echaron a reír, las mejillas del muchacho se pusieron rojas y se dio la vuelta yéndose del lugar
-¡Di lo que quieras, mocosa rara!
Expresó marchándose, Ronja resopló y miró de nuevo a su padre.
-Lo vez padre, Birk puede hacer muchas cosas y lo más importante, es amable, buena persona y es muy sabio; Me salvo la vida cuando aún no éramos hermanos, cuando yo le ahuyentaba y le decía que se fuera. Tal vez, existan chicos más apuestos, más grandes y más fuertes, pero no hay nadie como Birk, para mí, él es único.
Mattis suspiró, se rascó la cabeza y dio un par de vueltas en círculos, pensando, un pensamiento le cruzó por la cabeza, entonces, cerró sus puños con fuerza y de la nada le dio una patada a la carreta haciendo una de sus clásicas rabietas, se rascó de nuevo la cabeza, ésta vez con ambas manos y con desesperación, Ronja sólo miraba, luego de unos minutos pateando, se detuvo, miró al cielo y resopló con fuerza cubriéndose la cara con ambas manos, regresó la mirada a su hija y resignado recargó una pierna en la carreta cruzando los brazos.
-Si lo pones de ese modo, esa pequeña serpiente no parece tan mala, pero aun así eres muy joven para pensar en esas cosas… apenas tienes 13.
-Tengo 15, padre…
-Como sea… eres muy joven siquiera para pensar en tener amigos varones que no sean los bandoleros.
-Birk es mi hermano y tú me dijiste que te casaste con mamá a los 16, yo sólo soy un año menor…
-¡Pero es diferente!
-¿Por qué?
-¡Porque tú eres mi pequeño tesoro y no voy a dejar que nadie se robe tu corazón tan pronto y punto, se acabó esta conversación, no hay más que decir!, ahora, ve a comprar lo que querías para que vallamos a cambiar estas cosas.
-¡Esta bien!
Respondió la chica dándole una sonrisa a su padre y corriendo al puesto de pastelillos, Mattis suspiró nuevamente mirando a su hija y sonrió para sí mismo, con un poco de melancolía en su temple.
-Aunque me duele reconocerlo, sólo él podía ganarse el corazón de mi palomilla, no me queda más que tener fe en que él la quiera tanto, como mi Ronja lo quiere a él.
Mientras tanto Birk junto con Britta, bajaban las escaleras en dirección a un sótano, el mayordomo de la chica había conseguido unas muletas para el joven Borkason, por lo que bajaba lentamente cada escalón, al dar vuelta por las escaleras de caracol, Birk vio el taller de los Norrgarden.
Se trataba de una enorme habitación que abarcaba todo el subterráneo de la casa, los trabajadores enseguida saludaron a su ama y a su acompañante, el joven pelirrojo miró cada rincón del lugar tratando de memorizar herramientas y materiales, su vista se posó en un hombre corpulento, que con un martillo, golpeteaba una barra incandescente, roja, como el sol de la mañana.
-Este hombre está forjando una espada.
Explicó Britta.
-No sabía que también hacían armas.
Expresó el pelirrojo mirando cómo una vez hecha al modo que quería, el hombre sumergía la pieza en agua, desprendiendo vapor, al sacarla, la espada ya estaba dura.
-Estas armas son para la protección de la señorita Britta, nos han llegado rumores que una banda de bandoleros viven por aquí.
Expresó el hombre a Birk, el cual rio disimuladamente al saber que se referían a ellos.
-Ven por aquí…
Dijo la chica señalando a un anciano, quien ni siquiera notaba la presencia de los chicos, estaba completamente concentrado, tenía puestos unas lentillas con lupas de diferentes graduaciones, con una manos sostenía un arillo de plata y con la otra, sujetaba unas pinzas que a su vez tenían una gema verde, el hombre, con la mano temblorosa, colocó la gema entre dos espirales que tenía el arillo y con mucho cuidado lo cerró.
Dándole un vistazo detallado a su creación, alzó la mirada, Birk dio un paso atrás asustado por el enorme ojo que aumentaban las lentes, el anciano parpadeo mirando a los chicos y se sacó las gafas de aumento.
-Este es uno de nuestros mejores artesanos.
Presentó Britta extendiendo su mano a modo de señalamiento, Birk recargó su muleta de la pared y extendió la mano a modo de saludo.
-Hola soy Birk Borka…. Mattisburg.
-Gusto en conocerte jovencito Borkamattisburg.
Correspondió el anciano el saludo estrechando con fuerza.
-Veo que su trabajo es muy dedicado.
Expresó el pelirrojo mirando de cerca la pieza que acaba de amar el anciano.
-Eso no es nada, en una ocasión una mujer que llevaba una peluca rizada y polvorosa nos pidió un anillo que tuviese la forma de un dragón enroscado, que fuera tan fino como el ancho de un dedo y que en los ojos del dragón le incrustaran dos rubíes.
Explicó Britta haciendo ademanes, Birk sorprendido regresó su mirada al trabajo del anciano, el cual, al verlo tan interesado, sacó de debajo de su mesa de trabajo una caja, en ella había moldes, piezas cortadas, cuchillas y otras cosas; El anciano buscó un cuadernillo y se lo entregó a Birk.
-Estos son algunos de los primero modelos que hice, primero los dibujaba y una vez que el cliente estaba contento con el diseño, me encargaba de fundir la plata y ponía manos a la obra.
El pelirrojo hojeo el cuaderno, mirando detenidamente cada detalle, sin duda, el hombre mayor se dio cuenta del interés que ponía el joven Borkason en su trabajo y sonrió al vero como el chico acariciaba los trazos con sus dedos, podía verlo reflejado en sus ojos azules, Birk imaginaba la textura que tendría la pieza si fuera fabricada, cada espiral, cada pico, sentía que el mismo lo ensamblada hilando la plata con los dedos, no sabía a qué se debía, pero sentía la calidez en el pecho que el vino le había ocasionado.
-Birk quiere aprender a hacer joyería de plata.
Dijo Britta sonriente al hombre, luego con las manos en la cintura ordenó con ese tono malcriado que ya nadie le tomaba a mal, porque ya conocían su modo de ser.
-Así que desde hoy, le enseñarás a trabajar como tú.
El hombre se pasó los dedos por su larga barba con una sonrisa, sin duda estaba emocionado de tener un aprendiz al que se le notaba el interés en el asunto.
-Con mucho gusto señorita Britta, ¿Pero con cuanto tiempo contamos?, Debo mencionarle que mi habilidad he podido adquirirla a lo largo de 20 años.
-¡20 años!
Replicó el joven Borkason, sorprendido de la cantidad de tiempo que requería para poder trabajar de esa forma, el hombre rio.
-Se necesita todo ese tiempo para pulir tus habilidades, pero lo único que puede detener tu talento es tu imaginación propia, si te enseño lo básico, el resto dependerá de ti, de la madera que tengas para este trabajo y de lo que tu cabeza quiera crear, así pueden pasar 50 años y si no tienes la creatividad para esto no importa cuanta maña adquieras.
Birk asintió decidido.
-Hare mi mejor esfuerzo.
El anciano le aceró un banquillo, Birk dejó las muletas a un lado y se sentó para observar al anciano, Britta sonrió cruzando los brazos.
-Bien, te veré en el almuerzo.
Despidió a su amigo y subió a la casa principal.
Así pasaron las horas, Birk no subió ni siquiera para el almuerzo, miraba con detenimiento y memorizaba cada instrucción dada por el hombre, entonces en un parpadeo ya era hora de que los trabajadores regresaran a su casa y el taller se cerrara.
Birk sacudió la cabeza dándose cuenta que el atardecer ya había llegado, el anciano que también se había concentrado demasiado explicando al chico se dio cuenta de que ya sólo quedaba ellos dos en el taller.
-Mañana seguiremos con esto, yo creo que es hora de descansar.
Indicó levantándose y acomodando su espalda encorvada, el pelirrojo afirmó con la cabeza sonriendo.
-Le agradezco mucho.
Regresó con la ayuda de sus muletas a la casa de arriba, al encontrarse con Britta, esta le replicó el no haberse encontrado con ella para el almuerzo, mientras el mayordomo observaba con recelo al pelirrojo.
