Un suspiro en el corazón

Unos martillazos se escuchaban repetidamente fuera del taller de los Norrgarden, cuando el primer empleado llegó, se sorprendió al abrir la puerta y encontrar a un energético chico pelirrojo concentrado en su tarea, tanto que ni siquiera se percató que era observado, luego de unos minutos, más empleados fueron apareciendo haciendo un bulto de observadores.

Se miraban entre sí sonrientes y entonces llegó el viejo Rasmus, el maestro artesano quien había enseñado a Birk el día anterior, uno de los herreros le dio una palmada en la espalda.

-¡Parece que has encontrado un aprendiz muy interesante!

Expresó sonriéndole al anciano, quien miró al chico halando su barba, los ojos del anciano brillaron al ver la pasión que el joven Borkason ponía, era un sentimiento bastante alentador, Rasmus, miró la cera en el interior del cuerno que Birk llevó como lámpara, aún estaba encendida, lo que significaba que el chico había estado ahí desde antes que saliera el sol, además estaba muy consumida lo que también hacía suponer que había pasado la noche entera ahí, el viejo corazón del hombre latía con emoción al ver los ojos azules del pelirrojo sin una pisca de cansancio y finalmente entró.

-Parece que eres muy madrugador pequeño zorro astuto.

Expresó el anciano cruzando los brazos frente a Birk, quien finalmente apartó la vista de su pieza de plata para mirar al hombre.

-Llamándome de ese modo, me recuerda mucho al cabeza hueca de Mattis.

Respondió Birk con una sonrisa, el anciano tomó entre sus manos el molde que Birk había fabricado, se trataba de un óvalo con varios patrones tallados.

-Por lo que veo, vas a hacer un colgante, ¿No es así?

Birk asintió señalando su pieza.

-De este lado va a ir esa figura y del otro una piedra, pero aún no sé qué clase de piedra podría ponerle, por eso le he dejado una abertura grande, si la hago pequeña…

-La piedra ya no embonaría y sería un problema ponerla así.

-Así es, en cambio, si es pequeña bastará con que le haga un marco con más plata y se verá bien…

Los trabajadores miraban con asombro cómo el chico y el anciano se entendían perfectamente, uno añadía un consejo y el otro lo interpretaba inmediatamente, cómo si la pieza ya estuviese hecha de ese modo.

-Finalmente los eslabones de la cadena no deben ser frágiles, porque por el tamaño del colgante se romperían fácilmente.

Recomendó Rasmus, Birk asintió con una sonrisa y ánimo en el rostro, ese ánimo que una persona adquiere al tener una idea y quiere ejecutarla al instante.

-Las decoraciones que quieres hacer son muy bellas, pero para un principiante cómo tú será difícil ¿Estás seguro que quieres hacerlo de esa forma?

Birk asintió seguro y decidido.

-Bien, pues funde esa plata para que la pieza esté lista lo antes posible.

En la guarida de los bandoleros, luego de una noche llena de vino y música, Mattis despertó a los bandoleros de un portazo.

-¡¿Quién va a ir a ver a la sanguijuela?!

-¡Jefe!

Expresaron asustados los bandoleros al ver a Mattis en la puerta furioso, enseguida se levantaron de sus hamacas para vestirse.

-¡¿Y bien?!

Preguntó el señor de las bestias apresurándolos a responder su primera pregunta.

-Ayer ya no decidimos quien iría…

Respondió Peljie metiéndose las botas, Mattis hizo una mueca y frunció el ceño indicando descontento con la respuesta.

-¡Pues entonces irá el que salga primero de este castillo vestido, porque Ronja ya está por salir y si mi hija sale sola, el último que haya salido dormirá una semana sin descanso haciendo guardia!

Al instante, los bandoleros salieron disparados en la habitación entre empujones y gritos, medio desnudos y despeinados, poniéndose los pantalones y las camisas, escucharon a Ronja despedirse de Lovis en la puerta del castillo y apresuraron la carrera, la chica subió al caballo y corrieron más despavoridos, como si un ogro les fuera pisando los talones, la chica estaba por cruzar la enorme puerta de madera cuando Lil-Klipen y Sturkas en un intento por ser el primero en salir comenzaron a empujarse las caras, entonces sin fijarse en donde pisaban, Sturkas tropezó llevándose con él al bandolero más joven, cayeron al suelo y junto con ellos tiraron en cadena al resto.

-¡Por favor que alguien alcance a Ronja!

Gritó en el suelo el regordete Tjorm, no le importaba no ser quien ganase ya que era último en la fila y si Ronja salía sola él pasaría la semana haciendo guardia, entonces de la nada apreció Peljie saltando la mole de los cuerpos de sus compañeros en el suelo.

-¡No es justo!

Le gritó Sturkas al verlo alcanzar a la chica, Peljie les miró y sonrió sacando la lengua.

-¡Tú ya fuiste la otra vez, eres un tramposo!

Reclamó ahora Lil-Klippen.

Por el sendero que conducía a la casa Norrgarden, Peljie emparejó su caballo con el de Ronja.

-El jefe dijo que debíamos regresar antes del mediodía.

-¡¿Por qué?!

Preguntó la chica despeinada con tono molesto.

-Seguro sigue molesto por lo del otro día.

-¡Eso no es justo!, casi no he podido ver a Birk.

-Lo siento pequeña Ronja, pero si no cumplimos las órdenes del jefe, esta vez si que me matará, estoy seguro.

La chica resoplo desanimada, luego aceptó el mandato con resignación, tal vez si era obediente, Mattis accedería a dejarla hacer el campamento bajo las estrellas que Britta y ella habían planeado.

Cuando arribaron a la casa Norrgarden, Britta escuchó al criado dar la orden de abrir las puertas para dejar pasar los caballos y enseguida corrió al taller, al verla entrar como una gacela veloz, los trabajadores le saludaron y la chica, sin detenerse gritó un "¡Buenos días a todos!" para evitar detenerse a saludar a cada uno personalmente, llegó a la mesa de Rasmus y asotó la mano en la misma para atraer la atención del anciano y el joven Borkason, quienes ni siquiera parpadeaban en su labor.

-¡Ronja ya llegó!

Expresó la chica tomando un respiro de aire, Birk al instante dejó lo que estaba haciendo y agradeció con la cabeza a Rasmus, se sacó el delantal y salió corriendo mientras Britta se sentaba jadeando por la carrera.

-Valla, parece que algo interesante sucede aquí.

Expresó el anciano sonriendo, ya que Birk ni siquiera había dormido por hacer el colgante y al escuchar el nombre de Ronja se había ido sin vacilar.

El pelirrojo, subió las escaleras, viendo por la ventana de la torre a la chica entrar por la puerta, se apresuró más tropezando, lanzó un quejido, después de todo, aún no se había recuperado del todo del accidente, pasó un trago de saliva sujetando el pie dónde se había golpeado al caer, contuvo su quejido de dolor y retomó el camino.

Ronja llegó al cuarto de Birk, el chico estaba en cama respirando rápido, estaba por saludar cuando la castaña ya estaba tocándole la frente.

-¡Estás ardiendo!

Expresó la chica angustiada, midiendo la temperatura en su propia frente.

-Estoy bien, hermana mía, sólo estoy acalorado, cómo hace calor en este cuarto, no tengo fiebre ni nada, no te preo…

Fue interrumpido por la chica, quien enseguida le dio un abrazo.

-¿Cómo es que no quieres que me preocupe?, Birk, si no te encuentras bien, debes decírmelo.

-Estoy bien ya te lo dije.

Afirmó el joven Borkason con una sonrisa, Ronja arqueó las cejas y decidida apartó las sábanas de la cama y le tomó una pierna.

-¿Qué es lo que haces?, Ronja ya te dije que…

La chica levantó el pantalón de Birk hasta la rodilla, justamente del pie en el que se acababa de golpear, estaba rojo e hinchado, sin mencionar que los moretones del accidente aún seguían púrpuras, Ronja dibujó una cara de angustia tremenda y luego le miró con enojo, con una lágrima saliendo de uno de sus ojos.

-¡No debes mentirle a tu hermana!, ¡Siempre me dices "estoy bien hermana mía, ya estoy mejor"! ¡Mira esto! ¡¿Acaso esto es estar bien?!

Regañó la chica señalando la pierna de Birk, el muchacho agachó la mirada como un niño pequeño.

-¡Eres un cabeza hueca Birk Borkason!

El chico, luego de parpadear desconcertado, sonrió y lanzó una carcajada.

-¡¿De qué te ríes?!

Preguntó molesta la despeinada Ronja, quien furiosa le miró con los puños cerrados y gruñendo mostrándole los dientes.

-Te escuchaste exactamente como Undis cuando regaña a Borka.

Respondió el chico cruzando los brazos, Ronja cambió su expresión hasta sonreírle también y compartió unas carcajadas con Birk, luego el muchacho tomó la mano de la chica y de nuevo se la puso en la frente.

-¿Lo ves? Ya estoy más fresco.

La chica le miró detenidamente.

-Es cierto.

Se miraron unos segundos sonriéndose, Ronja pudo apreciar algo distinto en Birk, algo había cambiado en él, algo que le hacía lucir más maduro, sus ojos negros reflejados en los azules del pelirrojo parecía que reflejaban algo que ella no podía descifrar, ¿Qué era eso que el joven le quería decir con la mirada?, era como si le quisiese gritar algo que no podía, como si le guardase un secreto que lo estaba perturbando.

-Ronja…

-¿Qué?

Birk lanzó una risa juguetona.

-Tu cabello ha crecido mucho, ahora sí que pareces una arpía.

Ronja torció la boca sujetándose el cabello.

-¡Eso no es cierto, soy mucho más linda que una arpía!

-Pues yo creo que realmente pareces una, te queda mejor el cabello corto.

Birk le sujetó un mechón deslizando sus dedos hasta soltarle.

La chica parpadeo mirando su cabello, raspándolo con sus dedos índice y pulgar una y otra vez.

-Creo que tienes razón, además es muy molesto traerlo así, mamá Lovis me jala mucho cuando lo cepilla y a mí me da pereza hacerlo por mí misma, ella insiste en que debo cepillarlo o me llenaré de piojos, creo que le diré a mamá que me lo corte como antes.

Luego miró a Birk, en plan de encontrarle un defecto a su peinado, pero no lo encontró, ella consideraba que ese peinado le quedaba bastante bien, así que sólo le señaló diciendo un "¡Ah!" recalcado haciendo que el joven dirigiera su atención al señalamiento de la chica.

-¡Te está creciendo la barba!

Birk se tapó la boca con ambas manos.

-¡Te pareces a Borka!

-¡Oh Dios, ahora me empezaré a inflar como un oso!

Ambos se miraron y de nuevo se echaron a reír.