Birk corría velozmente, estaba completamente empapado, resoplando vapor por el frio, sentía la ropa mojada y pesada pegada a su cuerpo, corría entre los arbustos en medio del bosque, rasguñándose los brazos, había perdido el rastro de Ronja, la chica corría cual equino y el agua había borrado sus huellas.
Una tormenta caía esa tarde, una tan fuerte como la del día en que ambos llegaron al mundo, los truenos caían con fuerza, estremeciendo la tierra, Birk temía que esos truenos terminaran separando a Ronja de él como lo hicieron una vez con el castillo de Mattis.
Ronja estaba llorando, abrazando sus rodillas, bajo una pequeña cueva que encontró en el camino, las lágrimas de la chica se desvanecían junto con la lluvia y su sollozo no podía ser escuchado ni por ella misma ya que los truenos caían uno tras otro.
-¿Qué puedo hacer?, ¿Qué puedo hacer?
Se repetía Britta caminando en círculos por la enorme estancia de la casa, el mayordomo le miraba y sin poder resistir más terminó preguntándole la causa de su pesadumbre.
-¡No lo entenderías Hubert!, ¡El corazón de una doncella es un misterio que ni siquiera nosotras mismas podemos comprender!
El mayordomo se rascó la cabeza sin comprender nada.
-¡Deja de perder el tiempo y empiecen a preparar chocolate caliente para cuando ellos regresen!
Ordenó cruzando los brazos, el mayordomo asintió corriendo a cumplir el mandato de la chica.
Ronja sollozaba cada vez más lento, suspiraba a la vez que respiraba, se notaba que su corazón estaba verdaderamente destrozado, Birk era la persona en la que más confiaba, por la que pondría las manos al fuego, por la que daría su vida entera, no entendía porque le había mentido de esa forma, se sentía verdaderamente traicionada, pensaba que tal vez Birk ya se había cansado de la promesa que ambos habían hecho y por eso le mentía, que tal vez prefería estar con Britta con todos esos lujos y la buena comida.
La chica sacudió la cabeza para aclarar sus pensamientos, Birk no era así, si fuese el caso, el muchacho le habría dicho directamente, o tal vez, no lo conocía tan bien como creía.
La chica se abrazó a si misma con fuerza cerrando los ojos, no quería odiar a Birk, en realidad, sentía, que no podría aunque en verdad lo quisiese, no a él, porque si lo hacía, entonces sentiría que su vida perdía fuerza y sentido.
Entonces, un fuerte estruendo se escuchó y sintió, un trueno partió a la mitad un tronco justo frente a Ronja, al ver el fuego emanar de ambas mitades, la chica salió de la cueva, entonces, mientras corría, recordó el momento en el que conoció a Birk Borkason, lo veía claramente, el pequeño chico sentado en los escombros del castillo, con un brazo recargado de una rodilla y una pierna descansando en la nada, sus ojos se llenaron de lágrimas de nuevo, pero ella las secó al instante para poder ver a dónde se dirigía.
-Tengo que ser valiente, no puedo pasarme la vida llorando cada vez que este triste, no puedo odiar a las personas cuando no hacen las cosas como yo deseo, regresaré, le preguntare porque me mintió, le preguntaré las veces que sean necesarias y si no responde ¡Lo golpearé hasta que lo haga!.
Expresó la chica decidida, pero entonces, el aullido de una arpía se escuchó sobre su cabeza, la chica tomó una rama tirada y la levantó.
-¡Largo de aquí!
Gritó decidida, la arpía abrió de par en par, concentrando sus rojas pupilas en la chica y la sobrevoló más cerca.
-¡Una preciosa miña de ojos negros!
Graznó la bestia.
-¡Vete, no me molestes ahora!
Entonces, aparecieron otras arpías más.
-Déjanos ver tu preciosa sangre brotar de tus ojos cuando los arranquemos!
Gritaban volando en círculos, Ronja entonces pasó un trago de saliva, una de las arpías se lanzó en picada hacia la chica, Ronja saltó hacia un arbusto rasguñándose la cara, otra más se lanzó y la chica salió corriendo.
Con el grupo de arpías tras ella, la chica corrió y mirando hacia las bestias, tropezó con una roca y cayó por una colina, rodando por ella hasta caer fuertemente en la tierra.
La chica no podía moverse, intentó levantarse con apoyo de sus brazos, pero por los golpes dolían tanto que no podía sostenerse y cayó de nuevo, con la mitad de la cara en el suelo, alzó la mirada al cielo, las arpías ya estaban nuevamente danzando en círculos para atacar en cualquier momento, la chica miró al frente, estaba el río, el cual avanzaba descontrolado y veloz.
No tenía salida, si se quedaba, las arpías acabarían con ella, si saltaba al río, era muy probable que muriera ahogada, la chica cerró con fuerza sus ojos.
-Quería verte al menos una vez más….
Expresó al escuchar a una arpía lanzarse a ella, una lágrima rodó por su ojo hacia el otro para terminar en la tierra, entonces cerró los ojos esperando la llegada de su final.
Llegó el silencio y de repente, escuchó el grito de una arpía y al abrir sus ojos, ésta ya estaba en el suelo con una flecha atravesada en la garganta, de nuevo intentó levantar su torso del suelo nuevamente mientras el resto de arpías gritaban, entonces logró sentarse y frente a ella estaba Birk, lanzando una segunda flecha que ocasionó que las demás arpías huyeran.
La figura de Birk en medio de la lluvia con arco y flecha se quedó grabadas en la memoria de Ronja para siempre porque ese día nuevamente le había salvado la vida.
El chico volteó en dirección de Ronja y sonrió alzando el arco.
-Lo encontré tirado, espero no te moleste que haya usado tu arco.
La mirada de Ronja se hizo vidriosa, Birk se acercó, colocó su brazo tras el cuello de la joven mientras con el otro la impulsaba a levantarse, titubeando un poco se puso de pie, mirándole sin decirle nada, Birk le sacudió las hojas y la tierra de la casaca y luego de la cara, tenía un gran moretón en el ojo, Birk hizo una mueca al verlo.
-Esas arpías son un problema, no sé qué ganan lastimando a la gente.
-Es tu culpa….
Expresó ronja en tono bajo, el joven no pudo evitar preguntar por lo que ella había dicho.
-¡Es tu culpa que ahora me sienta tan mal Birk Borkason, me duele todo el cuerpo, me duele la cara, creo que hasta me duelen las uñas y el cabello!... pero sobre todo…
La hija del bandolero se apretó con fuerza la casaca, en dirección a su corazón y las lágrimas cayeron una tras otra.
-sobre todo… ¡Me duele mucho el corazón! ¡Y eso no puedo curarlo con musgo seco ni con uvas rojas! ¡Siento que se me va a partir a la mitad y me voy a morir! ¡Me voy a morir por tu culpa!
Birk resopló rascándose el cabello.
-Supongo… que ya no tiene caso ocultártelo, porque se suponía que era para no causarte angustia, pero todo me salió al reves y ahora estas triste, lastimada y estuviste más preocupada por mi salud de lo que hubieras estado si te decía todo, creo que soy pésimo haciendo planes.
La chica no comentó nada, le miraba esperando le dijera la razón de su mentira.
-Ronja, Klippen me contó que los bandoleros tienen problemas, entonces yo…
Birk comenzó a narrarle los hechos, tal cual sucedieron, también le habló de cómo se sentía, de cómo se debatía entre los bandoleros y la amable gente que acababa de conocer tratando de que no se le escapase ningún detalle para evitar otro malentendido.
-….Por eso, decidí quedarme más tiempo, el suficiente para conocer perfectamente la casa y así ayudar a que los bandoleros no fueran atrapados de ninguna forma…
-¡¿Entonces les vas a ayudar a robarle a Britta?!
Reclamó ronja furiosa.
-No… no es eso…
Calmó el pelirrojo con ambas manos.
-Para eso, tengo algo planeado, algo que espero esta vez si salga bien.
Ella le miró con recelo, detenidamente, los ojos de Birk ya no lucían angustiados, parecían libres de nuevo, serenos, pacíficos como el lago en invierno, eso le hizo confiar finalmente, su expresión se fue suavizando hasta resoplar tranquila.
-No entiendo porque no me lo contaste todo desde el principio…
-No quería…. Que te preocuparas por eso…
ronja de nuevo frunció el ceño.
-¡Eres un cabeza hueca! ¡No tienes por qué cargar con todo eso tú solo, para eso tienes una hermana! ¡¿No es así?!
Luego dibujo lentamente una pequeña sonrisa, una sonrisa que tranquilizó el corazón de Birk y le hizo sonreír también.
-Esta vez, yo te ayudaré y seguro que ahora sí que salen las cosas bien.
Birk sonrió ante la respuesta de Ronja y le abrazó suavemente, la joven acomodó su cabeza en el hombro de Birk mientras también rodeaba su espalda con sus manos.
La lluvia se detuvo dejando al descubierto una tarde limpia y húmeda, Birk sonrió mirando el sol y respiró estirando los brazos con una sonrisa, se sentía tan ligero que creía que podría saltar un pino si lo deseaba.
-Bien, no hay tiempo que perder, regresemos hermana mía.
Ronja asintió, pero al dar un paso sintió un calambre en su pie, Birk no tardó en apoyarla de su hombro.
-Creo que me lo torcí…
Expresó resoplando, Birk le sonrió, se hincó de espaldas con las manos hacia atrás.
-Yo te llevo.
Ella sonrió y se acomodó en la espalda de Birk.
Así Birk caminó por el bosque cargando en su espalda a Ronja que se acurrucó en la espalda de Birk que era muy cálida, tras ella no podía ver más, sentía que su espalda era grande como el mundo y sentía que nada ni nadie podía atravesarla,
-Birk…
Llamó ella en tono bajo.
-¿Qué pasa, hermana mía?
-¿Si hubiese una persona a la cual amaras… más que a nadie más en este mundo, quien sería?
Preguntó entre bostezos, con pausas y tono barrido.
-Pues serías tú por supuesto.
Respondió al instante, no escuchó respuesta y giró la cabeza intentando ver a Ronja.
-Valla, ya te has quedado dormida.
Expresó sonriente regresando la mirada al camino.
