La decisión de Britta
Un par de "toc toc" hicieron a la joven hija de los Norrgarden dirigir su mirada hacia la dirección de la puerta, la chica presurosa la abrió de golpe, tan fuerte que su brazo hizo un ligero rebote por el impulso que generó al abrir la pieza de madera.
Los ojos de Britta enseguida se dirigieron a los dos muchachos que estaban tras el mayordomo Ruphen, quien a pesar de saber bien que ambos eran amigos de Britta, siempre llamaba antes de dejarlos pasar...
Sin vacilar más la chica extendió sus brazos y abrazó protectoramente a Ronja de la cabeza como si fuese un tesoro perdido que acababa de recuperar, el mayordomo resopló con su acostumbrado temple y se marchó de la habitación.
-¡Mi preciosa Ronja, has regresado a salvo, no sé qué hubiera hecho si te sucedía algo!, ¡Sabía que era una mala idea ocultarte cosas, siempre que yo sé que algo está mal, está mal, sin duda todos deberían escucharme, mira como tienes la cara, seguro sufriste mucho!
La soltó de momento dándole un respiro ya que la había estrechado tan fuerte que ni siquiera podía respirar y mucho menos hablar, Britta entonces se dirigió a Birk con el entrecejo fruncido y un puchero en la boca, golpeteó el suelo con su pie como era su costumbre colocando sus manos en puño en su cintura.
-¡No debes ocultarle cosas a Ronja de nuevo!
Birk sonrió luego de tener una expresión de desconcierto por la efusividad de Britta ante Ronja y con una mano en el pecho y la otra levantada con la palma abierta, hizo una ligera reverencia.
-Lo juro.
Exclamó seguro y sin titubeos, Britta entonces lanzó un "mj" con un apruebo a penas notorio.
-Todo está bien Britta, entiendo bien lo que Birk hizo para no angustiarme y también… yo quiero pedirte disculpas por enojarme contigo, tú no tienes la culpa de lo que ha sucedido.
Britta sonrió levantando el mentón, sin duda la jovencita tenía un semblante de niña caprichosa que sólo los que la conocían bien podían interpretar.
-De ninguna forma podría enojarme con mi ninfa del bosque. –Expresó refiriéndose a Ronja, luego miró a Birk. –Y tampoco con mi cazador de arpías.
Ronja la tomó de las manos y le miró de forma seria.
-Escucha Britta, el día de hoy va a suceder algo en tu casa, puede que te asustes y creas que somos malas personas, pero te pido… por favor, que te quedes aquí, sin hacer ruido y con la luz de las velas apagada.
La expresión de la chica combinada con las palabras tan misteriosas de la hija del bandolero sin duda perturbó a Britta, quien sin dudarlo preguntó a qué se refería.
-Por ahora no podemos decírtelo, es importante que esto suceda para que de una vez por todas se aclare todo.
Explicó Birk de igual forma con seriedad en su mirada y en sus palabras, la chica nerviosa miraba a uno y a otro tratando de descifrar de qué hablaban, entonces un crujido se escuchó fuera de la casa, como un grupo de objetos cayendo, Britta se dirigió a la ventana para ver que sucedía, entonces Ronja y Birk se miraron y asintieron sabiendo que eso era la señal que esperaban para ejecutar el plan que sólo ambos conocían.
Cuando Britta se dio la vuelta de la ventana para decirle a los chicos que al parecer alguien había entrado en la mansión, vió con sorpresa la puerta cerrarse y al escuchar las llaves dar la vuelta por le cerradura se apresuró, giró el picaporte sin poder abrir, sin duda estaba cerrada con seguro, entonces golpeteo la puerta.
-¡¿Qué sucede?!, ¡¿Ronja, Birk?!, ¡¿Por qué me dejan aquí encerrada?!, ¡Abran la puerta!
-Lo siento Britta, pero es mejor que te quedes aquí, nos aseguraremos de que todo termine antes de que alguien llegue a tu habitación.
Dijo Birk tras de la puerta.
La chica giraba el picaporte con más insistencia.
-¡¿De qué hablan?! Están muy raros, ¡Ya paren con esta broma!
-Britta…. En verdad lo siento mucho… tal vez… no nos volvamos a ver….
La hija de los Norrgarden se quedó estática ante lo que dijo la castaña, así que dejando los golpeteos y la insistencia de abrir la puerta se quedó congelada con la mano en el picaporte escuchando, Ronja continuó hablando con la chica, con la mirada baja.
-… Escucha, no somos quienes creías, Birk no es hijo de un importante comerciante y yo mucho menos, sólo somos dos muchachos simples, hijos de bandoleros, no tratábamos de lastimar a nadie, sólo, tratamos de ayudar a nuestra familia… entenderé que nos odies después de esto, pero debes saber que para Birk y para mí eres alguien muy valiosa y nunca te olvidaremos…
Una lágrima cayó al suelo, Birk suspiró apoyando su mano en la espalda de la chica.
-…Gracias por todo Britta…
Luego, los pasos de ambos junto con sus sombras bajo la puerta se esfumaron, Britta entonces deslizó su mano del picaporte tirándola a su costado, haciéndola oscilar de un lado a otro como impulso de gravedad.
Con sus ojos fijamente posados en la madera de la puerta, se sentó en la alfombra bajo de ella y lentamente inclinó su cabeza acercando sus manos a sus piernas para abrazarlas, bajó su mirada hasta cubrirla con sus rodillas y se quedó en silencio.
Cuando era niña, muchas veces se dio cuenta que los demás niños se interesaban en ser sus amigos porque en realidad querían jugar con sus juguetes caros o disfrutar de los postres que se preparaban en su mansión, muchas veces se sintió sola, sentada siempre en medio de su inmensa habitación llena de muñecas de porcelana y juegos de té, a veces incluso se sentía alejada de su propia familia con sus padres siempre lejos y su hermano Skorpan sin interés de jugar con ella por la diferencia de edades.
Se sentía sola de nuevo, podía determinar perfectamente a que se referían Ronja y Birk.
Y es que ante tales palabras y analizando la situación en la que se conocieron la chica ya podía determinar lo que sucedería a continuación.
Pero Britta no era una chica conformista y detestaba la idea de simplemente sentarse ahí a llorar y dejar que las cosas sucedieran así nada más y nunca volver a ver a Birk y a Ronja, no le gustaba para nada, así que levantó la mirada decidida y caminó hacia la ventana, observó que sus criados eran sometidos por un grupo de enmascarados y determinó que no era conveniente clamar ayuda ante las advertencias de la hija del bandolero y el joven Borkason, así que dio un par de vueltas en círculos por su habitación, analizando la situación.
-Bien, voy a hacer lo que me pidieron…
Expresó tomando el candelabro y soplando para apagar las velas, luego, se dirigió a un baúl, tomó un cinturón y lo ató a su cintura con fuerza, atándole al costado una soga.
-…Pero tampoco me voy a quedar sin hacer nada.
