La piel parecía querer quemarse de el, su corazón palpitaba desmesuradamente, su estomago se revolvía ante cada posibilidad de mala suerte o fallo, sin embargo y pese a todo, no quería estar en otro lugar, ni en otro tiempo, ni con otra persona, todo era perfecto y nada podía cambiar eso.
Luan sonreía entusiasmada mirando la pantalla de videojuegos, no era por el juego en si mismo, sino por la posibilidad de ganar un premio, con los ojos brillosos, los labios fruncidos en una sonrisa estirada que revelaba un poco de sus dientes frontales.
La idea de adentrarse a Royal Woods en medio de lo que bien podría llamarse "cita" le aterraba, pero no conocía otro lugar donde podía no solo pasarle bien él, sino también conseguir comida chatarra a buen precio y de paso obtener un regalo para Luan, la primera vez que lo pensó sintió un poco de vergüenza, entre lo poco ideal para una cita, el ruido constante y molesto –Curioso que soporte su propio barrullo pero nunca el de alguien fuera de amigos y familia—además de que a Luan no podría gustarle.
Fue descartado casi en el primer momento, luego le vino a la mente la idea de un picnic en un bosque cercano o en algún restaurante lujoso, pero ninguno conocía un bosque o pradera cercana y el restaurante era demasiado pretencioso para Luan.
-No importa donde sea Linc, mientras estés conmigo será divertido-dijo abrazando suavemente su cuello.
Lincoln se resigno con un poco de vergüenza, pero mientras Luan más parecía divertirse, ese sentimiento se arrinconaba y se oscurecía en un rincón de su mente, mas aun seguía ahí.
La pantalla centellaba con un mensaje en letras mayúsculas de color rojo, bajo encima de un compartimiento el arma de plástico conectado a un lado de la maquina mientras unas fichas eran tiradas en el hueco debajo del panel.
Lincoln los recogió, eran redondas con bordes dorados y un centro azulado, era una típica moneda que solo se aceptaban en salones de videojuegos que se dividían en 100, 10 y 1 unidades, ya tenía un cumulo bastante grande y finalmente con esas últimas tres monedas de 100 unidades había conseguido lo necesario.
-Bueno, ahora que tienes tus monedas ¿Podemos irnos?-Luan volvió a insistir como hace unos veinte minutos
No era que no le agradase el lugar, simplemente ya no tenían nada que hacer ahí, lo primero que hicieron luego de entrar fue ocupar una mesa y pedir una porción mediana de pizza y una soda mediana para cada uno, la caja quedo totalmente abierta revelando su exterior grasiento y con algunas migajas mientras que las bebidas quedaron sin una gota en su interior, esperaron en un satisfecho silencio que la comida se haya acentuado y luego de ello bailaron unos minutos en un simulador de baile antes de que la comida dentro de sus estómagos les haya advertido de que no había desaparecido del todo.
Pero cuando ya estaban por irse Lincoln se negó, asegurando que tenía algo que hacer y con ello empezó a recorrer cada estación de juegos como pudo, ganando fichas como si de ello dependiese su vida Luan ya se estaba cansando de ver a su hermano jalar palancas y presionar botones, ella le había perdido las ganas de jugar luego de probar con unos juegos.
-Aun no Luan-aseguro, mordiendo suavemente su labio inferior empezó a calcular la cantidad de unidades que tenia, finalmente con una sonrisa se fue directo hacia un mostrador, el hombre detrás que era lo bastante adulto para asistir a una universidad lo miraba inexpresivo, entre el aburrimiento y la seriedad, con los cabellos castaños ocultos detrás de una gorra multicolor a excepción de unos pocos que corrían libre alrededor de su cara
-¿Se le ofrece algo?-
-Si-dijo de su bolsillo saco un puñado de fichas tan grande que tuvo que sostenerla con las dos palmas abiertas para entregárselas al cajero-Quiero comprar un muñeco, el de arriba, el osito con el corazón-señalo con un poco de vergüenza un oso de lana blanca, sosteniendo un corazón rojo que tenia escrito con letras y de un contrastante blanco te amo, estaba siendo sujetado en la segunda fila por un estante de marfil, debajo de este estaba escrito con un marcador rojo
El cajero empezó a contar en silencio rápidamente antes de dar por hecho que todas las fichas necesarias estaban ahí, lo guardo en un cajón acomodando las fichas en cada hilera con un papel que decía las unidades exactas, el cajero agarro al peluche y lo dejo a Lincoln.
Una vez que tuvo el peluche en sus manos, lo resguardo en sus brazos como si fuese un tesoro, ignorando como le era posible las miradas con una pequeña exclamación de ternura y algunas risas por parte de los más jóvenes y otros que estaban en la misma línea de su edad, pero finalmente cuando la vio, con los ojos más brillantes de felicidad y una sonrisa que arrugaba estiraba su cara pudo sentir que ese revoltijo de malas sensaciones recibiera tanto daño que lo dejaba inmóvil en algún rincón lejano del cual él no estaba interesado en adentrarse.
-¡Gracias Linky!-exclamo felizmente-Se parece un poco a ti ¿no crees?-un brillo burlón nació en su expresión de felicidad mientras miraba detalladamente al pequeño peluche
Lincoln se rasco la nuca a la par que lanzaba una risa nerviosa, el parentesco que tenía su cabello con el tono del peluche lo hizo decidir que ese era el elegido para ser un regalo digno para su hermana, pensándolo con un poco mas de paciencia se dio cuenta de que en realidad podía llegar a ser un poco pretensioso.
Luan le había dado a Lincoln un sonoro y fuerte beso, presionando sus labios contra la mejilla pecosa de Lincoln, el sonrojo gano que era levemente marcado en sus mejillas al momento de darle el peluche a Luan había ganado tono y terreno en su cara convirtiéndolo casi en un volcán.
La joven no hizo amago para reprimir su sonrisa ante la vista sonrojada de su hermano, el osito era del tamaño perfecto para ser sujetado con ambas manos, aunque para ser aun más parecido tendría que ser un conejo.
Sujetados de la mano tan disimuladamente como pudieron siguieron caminando, a veces tenían que cortar su tacto cuando sentían que las miradas de los peatones se concentraban en ellos, ocultar lo que no querían ocultar a plena vista fue un gran fastidio para ambos, ellos no querían ocultarse, pero de no hacerlo, sus padres se asegurarían que no fuese posible que se volvieran a encontrar hasta que no pudieran reconocerse, por lo que estar en Royal Woods siempre era una zona de fuego, sino mirabas donde pisabas terminarían quemándose totalmente y las cicatrices serian incurables.
Pero Lincoln no quería pensar en ello, se concentraba en pasarla bien con Luan, nada más, con ella sombras de la incertidumbre y la depresión se evaporaban como si ella fuese capaz de alejar cualquier mal que el mundo tenía que ofrecer.
Apretó con más intensidad la mano de su hermana sin llegar a ser lo bastante fuerte para que le duela, su hermana volteo al sentir la subida de intensidad en su mano, con una sonrisa radiante que volvía loco a su hermano.
Siguieron su curso, sin prisa ni lentitud, solo una pequeña marcha envuelta en un silencio que a ambos les pareció agradable y cómodo, sin nada más que decir siguieron su trayectoria por varias cuadras, siempre cuidadosos de que alguien los observase, pero en ningún momento se separaron, desde que habían empezado a salir fueron a todas partes juntos, parecía que les hubiesen unido con cinta adhesiva, no podías ver a uno sin que el otro estuviese a su lado.
Sus hermanas lo notaron de manera superficial, creyendo que preferían pasar el tiempo con ella porque simplemente de una manera que ninguna de ellas podía explicar encontraba sus chistes y sus pasatiempos mas disfrutables que el de ellas—La única explicación lógica de aquello era que los genes de su padre habían despertado un rasgo más en Lincoln—
El bullicio que a veces brindaba la calle lo ponía nervioso, como si cada charla fuese dirigida a ellos, siendo descubiertos y criticados hasta que secasen sus almas y destruyeran su estatus social marcándolos como parias para aquellos que los conociese y su secreto.
Basta.
Sacudió su cabeza alejando esos pensamientos, de tanto estrés que tenía en su cuerpo le saldrían aun mas canas blancas y su pulso estaría más agitado que Lola cuando ponía kilos de azúcar a algún café que tomaba.
Finalmente vieron la entrada doble del cine, con las puertas forradas en rojo con una tarima para los boletos donde un hombre vigilaba sentado en una silla, con las personas entrando y saliendo contantemente del edificio que tenia frente, era el cine de Royal Woods, hoy un día sábado lo más probable es que se topasen con una cara conocida, de haber sido otro lugar de cualquier otra ciudad de lo único que tendrían que preocuparse era de no mostrarse muy afectuosos para la incomodidad del publico que los observaba.
Solo faltaba una cuadra mas para poder pedir los boletos y poder entrar, una idea azoto su mente, con una sonrisa traviesa separo el agarre de su hermana, ella la miro confundida unos segundos antes de que un ápice de idea que compartía con su hermano lo mirase con una leve sorpresa muda.
-¡El último en llegar compra la comida!-y comenzó la carrera
-¡Pero eso no es justo!-
El juego de pisadas comenzó, tan rápidos como sus jóvenes cuerpos podían acelerar, la distancia no era larga, pero ninguno de ellos se caracterizaba por ser un atleta –Eso recaía en los hombros de su hermana Lynn—pero finalmente Lincoln triunfante se apoyo con una mano en la madera de la tarima de boletos
-¡Gane!-
-Solo porque hiciste trampa-rezongo Luan con los brazos cruzados y mostrándole la lengua
Lincoln no respondió, simplemente siguió regocijándose con su victoria, levanto en lo alto su mano extendiendo dos dedos frente al hombre quien procedió a darle los boletos, apenas los obtuvo ambos entraron abriendo la puerta de un empujón, el alboroto se hizo presente en un grupo de personas, algunos esperando la entrada a una sala, otros haciendo fila para compras comestibles frente a frente a mostradores en los cuales posaban comidas chatarras, dulces y palomitas, detrás del vendedor había tres grifos de diferentes sabores de soda y un menú escrito en letras grandes y blancas en un letrero rojo.
-Te aparte un lugar, si es que puedo-añadió con falsa vanidad, con una pequeña sonrisa remarcando
Luan rodo los ojos con falsa molestia, dándole un pequeño empujón a su hermano
-Te conviene, comprare las palomitas y la soda, si no quieres morir de hambre durante toda la película me dejaras un asiento libre, de preferencia a tu lado, de mas preferencia con una cariñosa bienvenida cuando haya llegado-
-Por ti, te dejaría libre todos los asientos del cine aunque no trajeras nada de comida-
-Oh Wow, que romántico Lincoln, soy tan afortunada de tenerte a mi lado-el sarcasmo que expedía cada silaba era distinguible a kilómetros de distancia
-Bueno, en realidad creo que no podría dejar libre todos los asientos en la sala y si no traes comida tendremos hambre la próxima hora y estaremos incómodos sin mencionar que no podremos ver a gusto la película-
-Me retracto-dijo, su cara se endureció en una expresión seria que alteraría a cualquiera, pero su risa sofoco cualquier residuo de hostilidad que había dejado.
Con un beso en la mejilla se despidió, se fue rápidamente a la fila para la comida al otro lado de la habitación, mientras tanto las entradas se abrieron, habían dos, cada una era ancha y de doble puerta, cada uno custodiada por el personal puesto a un lado de cada puerta, la gente casi se empujaba por entrar en cada uno mientras Lincoln decidía que película ver.
En una cartelera al lado contrario de cada uno de los dos miembros del personal estaba la imagen de una película, una diferente a la otra.
Tenía que debatirse entre ver Deadpool 2 o una llamada la boda de Valentina.
Lincoln no necesito pensar más de un segundo luego de ver las opciones.
Sin vergüenza abrió rápidamente una de las puertas con un empujón, la filas de gente se repartían en dos columnas de veinticinco personas de cada lado, la luz aun no se había apagado y la cámara no reproducía nada, solo había un montón de gente acomodándose en su asiento, la mayoría de ellos, pero el bullicio permitido antes de iniciar con la película, una mano grande lo agarro del hombro con un poco de brusquedad, la enguantada mano de quien vigilaba la puerta lo miro con una seriedad más pronunciada, tanto que se veía demasiado hostil, Lincoln lo miro de vuelta, una sonrisita nerviosa creció en su boca
-Su boleto, señor-insistió con un brazo extendido y la mano abierta
Lincoln suspiro internamente, su calma volvía a su ser, por un momento pensó que diría algo sobre que debería de ser mayor de edad, pero el caballero que pedía los boletos sabia que aquello era menos respetado por lo niños de lo que una señal roja era respetada por un ebrio, Lincoln mostro como si fuese un premio aquel pesado de papel que el vendedor de boletos les había dado y se lo paso al hombre, luego de verlo por unos momentos, lo rompió y le devolvió a Lincoln la parte del código de barra, ahora podía entrar con toda la facilidad que le era permitido.
La mayor parte ya estaba sentado, uno que otro salía para quien sabe qué, pero a eso Lincoln no le importaba en lo mas mínimo, se fue directamente a un asiento en medio en el lado derecho bajando escalones, era perfectamente cerca para poder verlo con la mayor claridad posible sin que la pantalla se exceda de su visión haciéndolo algo incomodo y poco disfrutable, internamente esperaba que Luan regresase pronto, a parte de dos adolescentes sentados en las sillas continuas al corredor no había nadie, dejándole cinco espacios vacios a su izquierda y otros cuatro a su derecha, pero aun así la inquietante sensación de que muy probablemente se alejen y la incomodidad lo predomine.
Pero ese no era el problema, el verdadero problema vino cuando se encontró con dos par de ojos que lo reconocieron para su desgracia.
-¡Lincoln!-
Casi le había dado un infarto al escuchar esa voz aguda, con una sonrisa pasando entre los asiento se acercaba Beatriz, pero no venia sola, a un lado de ella sosteniendo con placer un poco de popcorn, Jordán saludo con una mano la boca llena de comida, Lincoln quería correr, levantarse del asiento, correr y prácticamente romper la puerta de la sala, agarrar como podía a Luan y huir hasta casa, pero aun tenia la facultades mentales para darse cuenta de que aparte de ser extraño sería algo extremo, por lo que como pudo guardo calma.
Su sonrisa tembló y su pulso se disparo a extremos que solo sus hermanas habían logrado –Una de buena manera pero en general era de mala manera—
Tomo aire, tan lento y suave como se podía permitir y exhalo de la misma manera llevándose un poco de su nerviosismo, lo suficiente para relajar sus tensos músculos.
-Hola Chicas, ¿Qué hacen aquí?-Si, una típica pregunta tonta, se sintió como un tonto al imaginar la única respuesta posible de lo que haría cualquier persona normal en un cine.
-Vinimos a ver una película-Alego Jordán
Lincoln se alegro de no ser tan agresiva como lo hubiera sido Ronnie Anne si estuviese en esa sala y no a varios kilómetros lejos de Royal Woods, aunque en ese momento eso era lo que quería, volver a alejarse lo más posible de aquí
-Si, realmente no soy tan fanáticas de este tipo de películas, pero siempre es bueno probar cosas nuevas de vez en cuando-
Y como si alguien lo hubiese ordenado en algún lugar solo para incomodar mas a Lincoln Beatriz se sentó a su lado izquierdo, Jordán siguió a su amiga –Afortunadamente sentándose a un lado de la rubia—
-¿Y tu Lincoln?-Jordán tomo un puñado de popcorn y los comió con suma satisfacción-¿Viniste solo o tienes a alguien para acompañarte?-
-Solo yo y mi hermana-
-¿Cuál de todas?-Beatriz se acerco un poco a Lincoln, mientras que con su mano izquierda agarraba tanto popcorn como podía-¿Es Lynn acaso?-
-Es Luan-especifico.
La cara de Jordán se puso pálida, con los labios temblorosos y los ojos abiertos como platos, como si hubiese recibido la noticia de que embargaron su casa y tendrían que vivir en un hotel barato por un tiempo, Beatriz no estaba mejor, estaba casi hiperventilada, con los músculos tensos y su boca mostrando sus dientes en una expresión de terror, Lincoln se reiría si no fuese porque entendía a profundidad lo que Luan era capaz cuando liberaba su caos interior cada día de los inocentes.
-Tranquilas, ella no hace bromas durante las películas-aseguro.
Aquellas palabras funcionaron casi tan bien como un calmante, pero aun así se mantuvieron tan alerta como una persona lo estaría en un barrio peligroso, sintiendo que en cualquier momento alguien saldría de un rincón sombrío, listo para apuñalarlo luego de vigilarlo por gran parte de la trayectoria.
Las luces repentinamente se apagaron, solo las luces del suelo y algunos celulares resplandecieron iluminando tenuemente la habitación, Lincoln se empezaba a impacientar a medida que aparecían los trailers.
Entre empujones, balanceos de equilibrio y algo de prisa, Luan logro entrar a la sala, en una mano llevaba dos sodas, en la otra llevaba una gran envase para popcorn grande color amarrillo sintiendo una sensación helada y húmeda en una mano y otra sensación caliente y arenosa en la otra mano, no hablaron previamente de que película elegirían para ver, así que tocaba adivinar, para su suerte, pudo divisar el cabello blanco de Lincoln de espalda, pudo comprobar con mayor exactitud cuándo volteo mientras hablaba con alguien.
Por un segundo su estomago se apretó, no del todo por los arranques de celos que algunas chicas tenían, sino más bien de que esas chicas, sean conocidas de Lincoln, mientras se acercaba lentamente se dio cuenta de que aquello era una realidad incomoda, eso no le gustaba, la estaban pasando tan bien aquella mañana para que unas chicas lo manden todo a la basura.
La chica de cabello anaranjado lanzo una risa un poco fuerte y la otra, de cabello rubio y un suéter blanco demasiado caliente para un día como este apoyo su mano cerca del apoya brazos del asiento.
Sus ojos se entrecerraron peligrosamente, una mueca de enojo se marco en una esquina de sus labios y ojos, de un momento a otro se tranquilizo y como si no hubiese pensando en iniciar una pelea que terminaba en muerte, sus rasgos faciales se relajaron, se acerco por un pequeño camino a la derecha de la fila del mismo lado bajando uno que otro escalón hasta llegar a la misma fila que Lincoln
Luan silencio se sentó a un lado de Lincoln, el ambiente se pudo sentir un poco más tenso para ellos, pero en cambio aquellas chicas parecían indiferentes ante la sensación pesada.
-Luan, mira ellas son mis compañeras de clase-dijo en voz baja, solo lo suficientemente fuerte para que ellos los escuche-Son Beatriz y Jordán-
Luan levanto un poco la cabeza, a un lado suyo la chica rubia la saluda con un gesto rápido de saludo, la otra chica en cambio quería hundir su cara entre el popcorn, su amiga le dio un ligero manotazo en el hombro, ella reacciono como si la hubiesen despertado.
-Jordán-
La chica entendió el contexto, así que con una mano levantada y una expresión que a Luan le resultaba difícil de explicar hablo.
-Hola-dijo casi como si estuviese hablando con ese primo molesto el cual estaría mejor en su casa y uno no se molestaría en no verlo por una larga temporada.
Luan devolvió el saludo de ambas con el mismo silencioso gesto, de repente la sala se ilumino tanto como la proyección podía, con tenues luces anunciando la introducción de la película, mientras las sombras los cubría casi en su totalidad, Lincoln aprovecho eso, con un ágil, natural y sencillo movimiento con su mano derecha, tomo la mano de Luan.
La castaña sintió la presión suavemente, miro de reojo su mano envuelta en la de Lincoln, sonrió con dulzura y pese a que su corazón se acelero por una amalgama de emociones que iban desde la felicidad y hasta la preocupación máxima, pero nuevamente la fuerza de agarre se intensifico, como si Lincoln la intentase calmar mediante ese gesto entendió el mensaje.
Yo te protejo
Y le creía, tal vez no lo decía, pero si lo transmitía y eso era todo lo que necesitaba, le devolvió el apretón con fuerza, también transmitiendo todas las sensaciones que podía.
Abrieron con prisa las puertas, de haberlos empujado un poco mas fuerte podrían hasta romper el vidrio, pero solo lograron que el personal en el interior se espanten un poco hasta que vieron que se trataba de una joven rubia y otra de cabello castaño y corto, se apresuraron como podían hacia los guardias empezando por el hombre que cuidaba la entrada derecha.
-Disculpe, ¿ha visto a una chica de pelo castaño con frenillos y a un chico de pelo blanco?-hablo tan rápido que por momentos se trabo.
Luego de que haya ido por Lori a casa, la rubia se puso a conducir siendo guiado por Luna, le había dicho que Lincoln y Luan estaban en otra ciudad.
Se estaban besando
Aquel pensamiento la desordeno internamente, pensar en su hermanito menor besándose con su otra hermana menor era algo que no podía imaginar tan fácilmente sin escandalizarse, había actuado con la mayor tranquilidad que podía, pensaba que todo era una equivocación que Luna lo había visto en un mal ángulo o que ni siquiera eran ellos, no podía pensar en los hermanitos que había visto, cuidado y protegido desde que eran bebes pudiesen hacer eso.
En medio de su viaje al pueblo vecino, Luna miraba el paisaje, viendo a la multitud de personas viajar por las calles, pasando por tiendas y algunos parques, finalmente lo vio, como una mancha en medio de una camisa totalmente blanca –Solo que esta vez al revés— vio a lo lejos una mancha blanca.
-¡Ahí están!-grito tan fuerte que Lori sintió su corazón chocar con su pecho en una sensación de alerta máxima
Con un frenado en seco que dejo grandes manchas en el suelo acompañado de una fuerte sacudida en ambas cambiaron de dirección tan rápido como pudieron, pero eso no fue suficiente, tenían que dar la vuelta totalmente en un curva y volver al otro carril tan rápido como pudieron, Lori rezaba que no le quitasen la licencia de conducir que con tanto esfuerzo había conseguido, desafortunadamente al momento de cambiarse de carril nuevamente se atascaron en un pequeño transito, cada minuto que pasaba a Luna se le subía el nerviosismo por las nubes, casi se podía ver el humo salir de sus orejas a causa de la ansiedad, en un movimiento rápido abrió la puerta del auto, Lori al percatarse de aquello se apresuro a detenerla.
-¡No te bajes!-
-Pero-
-¡¿Quieres que una moto o un auto conducido por un lunático te aplasten?!, No hagas ridiculeces y vuelve al asiento-
-No me pasara nada-aseguro, manteniendo la puerta abierta.
De improviso una moto paso cerca de ellos, casi chocando contra la puerta y seguramente Luna, Lori la volvió a fulminar con la mirada.
-¡Cierra la puerta!-
A regañadientes acepto, aunque la ansiedad jamás se fue de su cuerpo, se estacionaron en un pequeño lugar cerca del cine, se bajaron raudos y cuando entraron a la sala principal todo lo que vieron fue un lugar vacio a excepción del miembro de personal y unas pocas personas que compraban comida.
-Lo lamento señorita, pero no vi a nadie con cabello blanco entrar a esta sala-
Luna no pregunto por su hermana, su descripción tan vaga no lo ayudaba mucho, menos con la cantidad de chicas de cabello castaño que decidieron ver una película, sin nada más que perder le preguntaron al otro guardia, tan pronto este les había dicho que vio entrar intentaron entrar solo para ser detenidos por el mismo sujeto.
-Sus boletos por favor-dijo sintiendo un claro deja vu y relacionándolo con el mismo niño de cabellos blanco
-Aquí están-se apresuro a decir Lori, mostrando dos tickets, antes de que el guardia se de cuenta de la expresión de Luna, quien de tan apurada que había estado no se tomo la molestias de comprar los tickets
El guardia los agarro y del mismo modo que lo hizo con todas las personas que entraron al ver la función y lo rompió para devolver dos códigos de barra.
Entraron apresuradas, esta vez ambas intentaron no llamar mucho la atención, resultando totalmente fácil ya que la mayoría estaba sumamente concentrada en la película, se sentaron estratégicamente en el asiento en la última fila apenas Luna volvió a encontrar la cabeza de su hermano resaltando levemente en el mar de gente.
-Espero que tu paranoia valga la pena Luna-
-No es paranoia Lori, yo sé lo que vi-
Lori rodo los ojos fastidiada, ahora todo lo que quedaba era observar, mientras sentía un mar de sensación al pensar que lo que Luna le decía era más que una posibilidad.
Ahora solo tocaba rezar que todo fuese un malentendido o en su defecto que ella supiera reaccionar a la situación.
De momento, no se creía capaz de nada
