Las estaciones cambian al mundo y yo también cambiare
El sol brillaba en lo alto del cielo, tiñendo las calles de piedra con caminos de ladrillo rojo de una tenue luz ocre.
Ronja, la hija del bandolero, de 17 años, con salvaje cabellera oscura como sus ojos, unas piernas largas y veloces y una sonrisa en la cara, recogía junto con su madre y Lil-Klippen unas cajas que contenían piezas de plata.
Desde el día en que Mattis juró dejar de ser un bandolero, el grupo de hombres junto con las dos amas de casa (y las verdaderas jefas de todos) y los dos jóvenes chicos, pusieron manos a la obra para comenzar con su nueva vida de personas honestas.
El joven Borkason, enseñó con esmero a los bandoleros a trabajar la plata, demostrando ser además de buen maestro, un gran artesano.
Mientras la pandilla de bandoleros de Mattis aprendía el oficio, Lovis y Undis no sólo tenían que hacerse cargo de preparar los alimentos, lavar las ropas y cuidar de las ovejas y cabras, ahora también se encargaban de administrar el castillo, así como de negociar en el pueblo las ventas de lo que los bandoleros fabricaban, por lo que Ronja, finalmente adquirió más responsabilidades junto con el resto de la familia.
Las cosas no fueron sencillas, después de todo, nadie los conocía en el pueblo, por lo que para empezar desconfiaban de ellos por completo, sumando el hecho de que la gente rica siempre buscaba piezas de artesanos conocidos y "Birk Borkason" no le sonaba a nadie.
Así que por muchas semanas las mujeres y la hija del bandolero regresaban sin una sola venta, por lo que Mattis maldijo su decisión repetidas veces e incluso se vio tentado a regresar a los caminos a robar.
Las reservas de comida estaban por agotarse justo cuando el invierno estaba por dejar sin opciones y el grupo de bandoleros con los ánimos en el suelo, cuando finalmente un día las mujeres regresaron con respuestas positivas.
Poco a poco el nombre de los herreros del "zorro pelirrojo" fueron conocidos en el pueblo y sus alrededores, por lo que las ventas mejoraron, incluso ahora, las mujeres podían vender en la plaza del pueblo junto con los demás habitantes, por lo que la confianza se acrecentó.
Ronja estaba feliz, ya que pese a haber tenido que trabajar duro y olvidarse de sus días de felicidad en el bosque junto a Birk para cada uno asumir un papel y responsabilidad, sentía que todo valía la pena con tal de poder dormir tranquila sabiendo que su amado padre y sus queridos bandoleros podrían pasearse por las calles sin miedo de ser capturados.
Sin embargo, esa tarde llegó al castillo Mattis, con el entrecejo fruncido y dando pasos marcados, abrió la puerta de par en par y sin saludar a nadie se sentó con fuerza en la mesa recargando su mejilla en su mano.
Los bandoleros, junto con su padre y Borka la miraron desconcertados, ellos llevaban un buen rato en la mesa esperando la llegada de Lovis y Undis para la hora de la cena.
-¿Sucede algo?
Preguntó Mattis al ver a su adorada hija con cara de molestia y con la boca torcida.
-Nada en particular…
Respondió vagamente, indicando de forma más que obvia que en efecto, algo sucedía.
-Está molesta, un muchacho del pueblo le silvó.
Respondió Lovis mientras comenzaba a servir el estofado de cordero en los platos para la cena, al instante todos cuestionaron en un unísono y alargado coro de sorpresa, la chica sólo frunció más su mejilla contra su mano.
-¡¿Quién se atrevió a coquetearle así a mi palomilla?!
Gritoneó el señor de la montaña y jefe de las bestias azotando con furia sus puños cerrados en la mesa.
-Ya te lo dije, un muchacho del pueblo.
Expresó Lovis con su típico tono de monotonía.
-Es normal, Ronja ya es una señorita y una muy guapa, afortunadamente nada parecida a ti….
Dijo en burla Undis a Mattis quien estaba por discutirle justo cuando Borka intervino.
-No puedes hablar a la ligera Undis, no es correcto que una jovencita sea tratada de esa forma tan irrespetuosa.
-Claro que es normal.
Agregó Lovis colocando el primer plato frente a Knotas, quien froto sus manos, sonriente, viendo el plato humear, la mujer colocó sus manos en su cintura.
-Los hombres son unos brutos, siempre se la pasan dando cumplidos a lo tonto y silbándonos como si con eso creyeran que se les puede tomar en serio, Ronja sólo tiene que aprender a ignorarlos como los tontos que son.
Undis asintió repetidas veces.
-¡¿Qué es normal?!, ¿¡Dime Lovis, ¿Acaso algún tipo te silbó o te dijo algo?!
Preguntó furioso Mattis, su mujer simplemente resopló.
-¿Acaso crees que fuiste el único que se atrevió a coquetearme?
Mattis apretó la mandíbula con fuerza, se notaba su enojo ya que la sangre se le subió enseguida a la cabeza, tiñendo su cara de rojo intenso, se levantó frente a su esposa con las manos temblorosas y las palabras atoradas en la garganta, la mujer le miró sin importancia.
-No seas infantil, ya hemos pasado por mucho para que te pongas celoso a estas alturas, también debes dejar a Ronja manejar esto, ella sabrá a quien le corresponde y a quien no.
-Así es.
Terminó diciendo Undis, de igual forma sirviendo el vino en los vasos para los bandoleros, Borka le miró como preguntando a lo que su esposa le interrumpió antes de que abriera la boca.
-Si, a mí también me pretendieron antes que tú, y no me hagas preguntas tontas. No cabe duda que tú y Mattis son igual de cabeza hueca.
Borka entonces gruñó tomando su sopa mientras Mattis lanzó un quejido sentándose de mala gana en la silla.
-El jefe esta muy enojado…
Susurro Lil-Klippen a Sturkas.
-Es cierto, y Borka también, me preguntó qué pensaría la pequeña comadreja si se enterara de lo que le paso a Ronja…
Al día siguiente, nuevamente en el pueblo, la chica se dirigía a comprar algunas cosas que su madre le había encargado mientras permanecía en el puesto, hiba distraída cargando una caja grande cuando escuchó unos silbidos.
Ronja se detuvo y apretando los dientes giró su mirada al lugar donde provenía el sonido, ahí estaba el chico del otro día, con un grupo de muchacho de su misma edad, riéndose, la chica hinchó las mejillas y se dirigió al lugar, al verla caminando hacia ellos, se inquietaron ya que nunca esperaron que la chica fuera a confrontarlos.
-¡Deja de molestarme!
Reclamó la chica furiosa, al que le había silbado.
-Oye, no te pongas así, solo era un cumplido.
Se excusó nervioso, mientras el resto reía.
-¡Pues guárdate tus cumplidos!
-Oye, no seas tan gruñona, no puedes esperar andar por ahí siendo tan guapa sin esperar que nadie se fije en ti.
-¡Yo puedo andar por donde yo quiera y nadie tiene porque molestarme!
Reclamó la chica enseñando su puño como advertencia.
-Vamos, no me guardes rencor, porque no mejor dejas que te ayude con esa caja y charlamos en el camino.
Expresó el chico castaño, tratando de ser amistoso.
-¡No tengo nada de que charlar contigo!
El chico estaba por acercársele cuando una voz interrumpió.
-Yo no haría eso si fuera tu.
Al instante las miradas se alzaron en dirección de la voz, ahí se encontraba sobre un muro, con una pierna recargada y la otra balanceándose, un muchacho de cabello pelirrojo y ojos azules, un muchacho de 17 años que miraba con una sonrisa.
-¡Birk!
Expresó al instante Ronja con sus ojos enfocados en el muchacho, quien dio un salto y se colocó al lado de la chica, denotando la ahora, gran diferencia de estaturas.
-Mi hermana, es muy fuerte, ella puede romperte la nariz de un solo golpe, así que si yo fuera tú, me iría por donde vine y no volvería a molestarla.
Expresó con una sonrisa y las manos en la cintura.
El chico castaño frunció el ceño.
-¡Oye, no creas que vas a intimidarnos!
Expresó uno de los muchachos del grupo.
-Está bien…
Dijo el que molestaba a Ronja.
-Yo puedo con este.
Agregó hinchando el pecho, queriendo resaltar que era un par de centímetros más alto que Birk.
Ronja entonces frunció el ceño dando un paso al frente, pero Birk esta vez la detuvo colocándose frente a ella.
-Bien, muchachos, el día de hoy no tengo mucho tiempo, debo recoger a mi hermana y regresar al trabajo, espero que entiendan a la gente ocupada.
Expresó con una sonrisa desafiante como última advertencia, el otro comenzó a rodearlo y así comenzaron a desafiarse en círculos.
-Pues entonces vas a tardarte mucho, porque tu hermana y yo íbamos a ir a charlar un rato.
/¡Yo nunca dije que iba a charlar con ese tonto!/ Pensó Ronja apretando los dientes.
-Yo creo que necesitas madurar otros cien años como para que eso llegue a pasar.
Respondió Birk burlón.
Entonces, el muchacho enfurecido, le lanzó un golpe, Birk lo esquivó fácilmente, no solía pelear con nadie, pero que se le hiba a hacer, era ágil como una gacela, podía escalar más de 20 metros, correr más rápido que un alce, saltar por el desfiladero del diablo y había sido entrenado por Borka y los bandoleros para dar buenas tundas para cuando fuera un ladrón, además ahora tenía un par de fuertes brazos que años de martillar acero al rojo vivo habían formado, por lo que de un buen golpe en el estómago dejó al otro pobre en el suelo cayendo en un charco de lodo que salpicó el abrigo que llevaba el pelirrojo.
-¡Birk Borkason! ¡Tu lavarás esa ropa!, ¿Sabes lo difícil que es quitar las manchas de lodo?, ¡Jum! Los hombres son unas mulas necias, solo saben pelear y dar problemas.
Le gritó Ronja molesta, el joven le sonrió avergonzado.
-Lo siento, hermana mía.
Ronja estiró su mano, Birk resopló y se sacó el abrigo, entonces el resto pudo ver los músculos que se marcaban en los brazos de herrero del joven y asintiéndose el uno al otro, se llevaron en hombros a su amigo noqueado en el suelo.
-¡Eso no es justo!
Replicó Ronja caminando con furia, Birk resopló.
-¡Si yo fuera tan alta como tú, seguramente no se meterían conmigo!
-No te enojes, aunque eres más baja de estatura que yo, sigues siendo más rápida y seguro que aunque ese tipo era alto, tú eras mucho más fuerte.
La chica se detuvo para mirarle con un puchero en la boca.
-Antes éramos exactamente del mismo tamaño y hasta podía jurar que pesábamos lo mismo, yo nací horas antes que tú, ¿Por qué tuviste que crecer tanto?
-Bueno….
Expresó el pelirrojo alzando la mirada.
-Borka es más span style="text-decoration: underline;"alto/span que Mattis…. Supongo que por eso yo también soy un poco más alto.
-¡¿Un poco?!
Replicó al instante la chica, con los ojos llorosos.
-¡No es por eso, si yo fuera varón sería más alta y los muchachos no me silbarían en la calle!,
Birk le sonrió colocando su mano en el hombro de Ronja.
-Pero entonces, serías una mula necia, cabeza hueca.
La chica sonrió de a poco hasta que comenzó a reír, luego birk le siguió.
-Vamos al puesto por Lovis y Undis, seguramente estarán furiosas por dejarlas esperando.
