Los dos jóvenes llegaron al castillo cuando la luna estaba en su punto más alto, se detuvieron en la puerta ya que les extrañó por completo no haber encontrado a nadie en la torre de vigilancia del sendero de los lobos, se miraron y asintieron abriendo la puerta.

Casi al instante se quedaron congelados mirando a todos los bandoleros y Mattis alrededor de la habitación como si hubiesen adivinado que en ese momento iban a llegar, el jefe de las bestias y señor de la montaña se acercó a ellos.

-¿Se puede saber? ¡¿En donde estuvieron todo el día?!

Preguntó levantando el tono de su voz con furia.

-Nos tomamos un día de descanso.

Respondió Birk cruzando los brazos con expresión despreocupada.

-¡¿Y por qué regresan tan tarde?!

-Por qué el día es muy corto.

Ahora fue el turno de Ronja de responder.

Mattis gruñó con las manos en el cabello echando la cabeza para atrás.

-¡Te juro que si no fueras hijo de mi hermano y mi hija no te quisiera, hace mucho tiempo yo...

-Sobre eso...

Interrumpió Birk, todos centraron su mirada en él.

-¡¿QUE DIJISTE?!

Se escuchó como estruendo hasta por fuera del castillo, Mattis estaba furioso, Ronja se cubría las orejas luego del grito de su padre y Birk le miraba sin cambiar de expresión.

-Te dije, Mattis, que amo a Ronja y quiero quedarme con ella para siempre.

-¡Oh por Dios, ya lo dijo!

Expresó Lil Klippen con las uñas en los dientes y bricando de nervios, el resto de igual forma con la mirada desconcertada, enseguida giraron su mirada a Mattis, Lovis sonrió atando su hilo en el telar.

-¡Eso será sólo sobre mi cadáver!

Respondió amenazante el hombre.

-Bueno, entonces no me va a quedar más opción, que robarle al jefe de los ladrones del bosque, su más preciado tesoro.

-¡¿Robarme algo tu?!, ¡Primero te cortaría las manos antes de que le pongas un dedo encima a mi preciosa palomilla!

Los bandoleros entonces, sacaron cuchillos y mazos, mirando amenazante al joven pelirrojo, a esperas de la indicación de su jefe para darle una paliza, Mattis se acercó subiendo las mangas de su camisa, Birk no se movió un centímetro y Ronja estaba por intervenir poniéndose en medio.

-Creo que ya te olvidaste de lo dijiste el otro día ¿Eh Mattis?

Preguntó el joven, Mattsi se detuvo alzando una ceja en señal de estar tratando de recordar algo, luego recordó a lo que el chico se refería y le regreso la mirada con sorpresa.

-¡Eso no tiene nada que ver con esto!

-¿A no? El día del asalto en la casa Norrgarden, me dijiste que pasara lo que pasara, yo debía amar y cuidar a Ronja por ti.

La chica se quedó desconcertada y miró a su padre, el resto también le miró, los bandoleros estaban sorprendidos y enojados.

-¡¿Cómo pudo decirle eso tan a la ligera jefe?!

Reclamó Sturkas.

-¡Si jefe, nosotros queríamos una pelea de las bestias!

Agregó Klippen cruzando los brazos

-¡Eso fue porque pensé que acabaría ejecutado por los soldados del rey!, pero como vez, estoy sano y salvo y voy a vivir muchos años para cuidar de mi hija!

-Valla, ¿No sabía que la pablara del señor y amo de las bestias valía menos que una piedra de río.

La cara de Mattis se tiñó de rojo intenso, miró a su hija.

-¡Ronja! Qué es lo que tú quieres?!

-A Birk, padre...

-¡¿Y si te prohíbo casarte con él?!

-Entonces accederé a huir con él.

Respondió la chica dibujando una sonrisa con las manos en la cintura.

Mattis se jaló con fuerza el cabello y luego de unos segundos lanzó un golpe con furia en una de las columnas de la habitación haciendo retumbar la estructura.

Un recuerdo cruzó por su cabeza hinchada de enojo, era un día de invierno, los pequeños Ronja y Birk quitaban la nieve de la entrada cuando de momento comenzaron una pelea de bolas de nieve riendo a carcajadas, Mattis miraba con una enorme mueca en su cara, recargado en la torre del castillo, Skaller-Per apareció tras de él.

-Deberías estar feliz de ver a Ronja tan contenta Mattis.

-¿Qué haces aquí anciano?, Ayer ni siquiera podías levantarte de tu cama.

-Quería ver, como los jóvenes se divierten incluso en un clima tan deprimente como este.

-Yo no le veo nada de divertido...

Replicó Mattis recargando su mejilla en su mano ya la vez su brazo del marco de la ventana.

-¿No es curioso Mattis?, ¿Cómo esos dos niños nacieron el uno para el otro?

Mattis enseguida volteó furioso.

-¿¡Que dijiste?!,

-Piénsalo bien, no creo que sea coincidencia que hallan nacido el mismo día.

-Lo que pasa es que el tonto de Borka nunca quiere quedarse atrás y por eso tuvo que tener a su pequeña serpiente el mismo día que mi Ronja sólo para molestarme.

-No puedes engañar estos viejos ojos Mattis, yo sé que lo que te molesta es que sabes lo que va a suceder en el futuro y no podrás hacer nada para cambiarlo.

-¡Haré hasta lo imposible para cambiarlo!, ¡Soy fuerte para defender a mi hija!

-No creo que tu fuerza sea mayor que la voluntad de Ronja

Mattis dio un segundo golpe con resignación y dándole la espalda a todos cabizbajos, respondió.

-¡Bien!

Los bandoleros se miraron entre ellos bajando sus armas y alzando los hombros.

Ronja sonrió.

-Les voy a dar mi permiso...

Dijo en tono desanimado, luego se giró repentinamente señalando a Birk directamente con la cara más amenazante que tenía.

-Pero te lo advierto, sanguijuela, que si haces llorar a mi pequeña, ¡Te haré sufrir tanto que vas a rogar que te maten!

Birk sonrió levantando su mano derecha.

-Te prometo, Mattis, que eso no va a pasar.

-Bien... pues más te vale...

Expresó sin ánimo sentándose de espaldas tomando un tarro de vino.

Se quedó en silencio, los presentes le miraban en espera de una reacción o algo más, su hija se acercó a punto de tocarle la espalda para llamarlo, pero antes de tocarlo Lovis le detuvo la mano y negó con la cabeza.

-Ya es hora de que te vayas a dormir Ronja, mañana temprano iremos al pueblo.

La chica bajó la mirada y dio una última mirada de preocupación a su padre.

-Y tu Birk, seguro en tu casa están preocupados porque no has regresado.

El pelirrojo asintió y se dio la vuelta despidiendo con su mano.

-Nos vemos más tarde, hermana mía.

La chica sonrió despidiendo con la mano, luego subió las escaleras, los bandoleros se quedaron viéndose entre ellos.

-Vamos, váyanse de aquí ¿O acaso quieren que les asigne tareas para que madruguen?

Ordenó Lovis con los brazos cruzados.

-Pero, queremos hablar con el jefe...

Protestó Peljie, sin embargo, bastó con que Lovis inclinara la ceja para que salieran despavoridos ante la advertencia indirecta de que si no obedecían las consecuencias serían terribles, entonces entendiendo la señal de Lovis, el grupo salió velozmente algunos casi tropezando.

Cuando la habitación quedó vacía y el silencio reino el lugar, Lovis se colocó tras Mattis, quien solo permanecía mudo de espaldas.

-Vamos, ya vete a dormir Mattis, si te quedas ahí toda la noche vas a enfermarte y yo no estoy dispuesta a cuidar de ti.

-¿No estas ni un poco triste?... ¿No sientes que se te va la vida ahora Lovis?

Preguntó Mattis sollozando.

-Por supuesto que no...

Respondió la mujer cruzando los brazos, Mattis volteó con los ojos llenos de lágrimas.

-¡Eso es porque yo siempre la he querido más!, Desde que nació... Mi Ronja... Mi palomilla...

Decía devastado tirándose en la mesa, Lovis resopló.

-No digas tonterías Mattis, ¿Cómo puedes pretender querer más a Ronja si yo soy su madre?, Deberías estar feliz por ella, Birk les ha conseguido a todos una forma de vivir honesta, es un buen muchacho...

-Lo sé... y eso, es lo que más me molesta... Que no puedo odiar a la pequeña serpiente... a pesar de quitarme el corazón de mi querida hija...

-Nadie te está quitando nada, lo sabes muy bien Mattis, Ronja no va dejar de quererte sólo por querer a Birk.

-Pero...

-Nada de peros, tarde o temprano nuestra hija iba a crecer y amar a alguien, así es la vida y tu, ya deja de lamentarte no seas egoista, que ya existe alguien que va a quererte siempre por encima de todo.

Mattis miró a Lovis, la mujer le sonrió.

-Quieras o no yo voy a estar contigo siempre, así que deja de preocupar a todos con esa actitud de...

Fue interrumpida por Mattis, quien le dio un fuerte abrazo, Lovs siempre aparentaba darle nula importancia a los berrinches y enojos de su esposo, sin embargo ver a Mattis sufrir, siempre le rompía el corazón, pero ella sabía que debía permanecer siempre fuerte ya que ella era soporte de Mattis, la mujer resopló y le acarició la espalda.

-Lovis... dime que no vas a irte nunca... o no voy a poder superar este dolor...

-Ya te lo dije... voy a quedarme a tu lado aunque no te parezca.

Y ya no dijo nada más, se quedó al lado de Mattis hasta que el hombre se cansó de llorar.