Bien, se que dije que esta historia seria de un solo tiro, y con miedo a que el dicho de que las segundas partes no son buenas se cumpla conmigo, les traigo este capitulo, espero lo disfruten.
estar contigo, o no estar contigo. Es la medida de mi tiempo.
Jorge Luis Borges
No es una Sorpresa 2
Caminó hasta llegar al sillón de dos cuerpos y tomó asiento, se quedó inmóvil por un momento, sorprendido, ya que su cuerpo comenzó a experimentar la sensación de incomodidad.
Se levantó tomando uno de los almohadones consigo, observó la alfombra que cubría el suelo y supo que debía hacer.
Agarró la frazada de color claro que estaba en el mismo sillón y la extendió sobre la superficie plana, luego puso el almohadón y se acostó.
Sabía que lo que estaba experimentando eran secuelas de su encierro. Pero, por una noche, ya no quería pelear con su conciencia, sobre lo que estaba bien, y sobre que no lo estaba.
Por una noche, no quería marcar líneas en la pared, para luego tacharlas.
Cerró sus ojos queriendo conciliar el sueño, cuando su teléfono móvil vibró sobre la mesa, era un mensaje de ella.
Su cable a tierra, la única que pudo mantenerlo cuerdo, la única que podía reconciliar al hombre que fue, con el hombre que era.
Termino con el equipo y voy a verte, ¿Estas bien?
Sonrió ante lo ilógico de la situación. Nunca creyó en el más allá ni en cosas sobrenaturales. Pero definitivamente su relación y la conexión que ambos compartían, no tenía explicación.
Escribió su respuesta.
Te espero.
A cambio recibió un corazón por respuesta.
Se quedó mirando la imagen.
Bien dice el dicho, que una imagen vale más que mil palabras.
Su tiempo en el penal, entre cuatro paredes, en medio de las peores personas con las que alguien puede cruzarse, le sirvió para aprender mucho, pero la soledad de las noches le sirvió para replantearse un montón de cosas.
Después de las primeras semanas, en la cual no había dormido martirizándose y echándose la culpa por lo que estaba ocurriendo, recibió su visita.
Si bien le embriagó una dicha inmensa, que casi hace a su corazón estallar, en el momento en que entró a la sala de visitas y la vio esperando por él. No quería que estuviera allí. No era un lugar para ella.
A pesar de que su sola presencia iluminaba toda sala, la verdad era que no quería compartir su luz con nadie.
Se lo reprochó, a su manera, pero lo hizo. No podía darse el lujo de ponerse sentimental ni nada que se le pareciera.
Mirar sus ojos le trajo paz. Una paz que creyó perdida. Se la grabó en su memoria, para que lo acompañara en sus noches, así como lo había hecho tiempo atrás.
Era una mujer legalmente ajena, pero en su mente siempre le perteneció.
Quizás fuera ese el motivo por el cual nunca avanzó en una relación con alguien más, quizás fuera la razón por la que no devolvió él te amo a Maeve.
Ese era un peso con el que llevaba cargando por años.
Pero estando una noche en su celda, lo comprendió, tanto él como Maeve eran dos personas solas y desesperadas, que no podían estar con las personas que amaban.
Todo su mundo siempre giró a su alrededor. A pesar del dilaudid, a pesar de Will, Y más allá de la vida.
No podía reprochar nada, después de todo ella estuvo siempre para él, de alguna manera diciéndole que lo amaba. Ella se lo demostraba quedándose a su lado.
Él se lo demostró alejándola de su lado. Una mala costumbre que tenía.
Cuando le enseñó el dibujo que Henry había pintado para él, se sintió miserable por hacer que el niño pasara por eso. Pero también pudo recordar el día que fueron al parque. Añoraba cada momento vivido con él y su madre. Eso le dio fuerzas.
Sintió el dolor de una puñalada atravesarlo cuando el guardia dijo "nada de tocar", nada de tocar.
¿Cómo puede alguien soportar tener al ser amado a escasos centímetros y sin embargo no poder sentir su calor?
En el momento de la despedida, Dios sabe que luchó con las ganas de llorar.
No tenía su abrazo, no tenía su perfume.
¿Podía la distancia, intensificar más un sentimiento? Por supuesto que sí. ¿Podía el tiempo matar un sentimiento? claro que no.
Dejó el teléfono nuevamente en la mesa y cerró sus ojos.
Inmediatamente el sueño llegó a él, en su mente apareció ella, llevaba carpetas de archivos en sus manos, caminaba hasta Elle quien estaba sentada sobre su escritorio. Luego apareció llamándolo Spence, con un pedazo de pastel extendido en su dirección, luego el juego de los Redskins.
Su primer beso.
La primera vez que se amaron.
Su sonrisa cómplice, su mirada de comprensión.
El día que él le dijo que todo había acabado.
Cuando lo regañó por exponer su vida frente a Owen Savage, y como terminaron la discusión, sin ropa, una vez más.
El día que después de Miami estuvo a punto de decirle algo importante, pero él no quiso escucharla, ya estaba con Will.
Después, cuando frente a Emily y Hotch se enteró que estaba embarazada. Pudo distinguir una mirada de culpa en sus orbes azules.
El día que hizo que tocara su vientre y sentir la patadas de Henry.
Luego las vegas, su mente se detuvo en esa imagen cuando quedaron solo los dos, era como si ella quisiera decirle algo.
Y luego cuando entró en la sala donde ella estaba con el recién nacido.
No iba a negarlo, sintió envidia del hombre a su lado.
Lo bueno de soñar, es que el inconsciente se pone de acuerdo con nuestros deseos y puede fabricar escenarios que en la realidad, son poco probables de realizarse.
De pronto el escenario cambió y estaba en un parque, sentado sobre un banco mirando a la zona donde estaban los juegos. La pequeña figura de Henry se volteó hacia él y le sonrió mientras agitaba su mano.
-Mírame papi- le gritó. Eso le pareció extraño, miró primero a su izquierda para ver si Will estaba allí, pero no estaba, luego giró hacia su derecha y se percató de que alguien sujetaba su mano, siguió son su mirada hasta encontrarse con jj, sentada a su lado miraba a su hijo jugar.
Después de unos instantes se volvió para mirarlo, tenía los ojos alegres. Le sonrió, mientras con su mano libre le acarició el rostro.
-Me pregunto si su hermano pequeño tendrá la misma energía- dijo para luego darle un corto beso en los labios.
-O si tendrá el cerebro de su padre- continuó divertida.
Atónito no sabía que responder, solo pudo observar como ella acariciaba su abultado vientre.
-Dame tu mano Spence- pidió ensanchando aún más su sonrisa.
Sin esperar a que él respondiera o hiciera algún movimiento, ella le tomó la mano y la colocó sobre su vientre, sintió unos golpecitos.
-Aun te resulta extraño- no le preguntaba su expresión lo delataba.
Por más que luchaba por decir algo, no encontraba su voz.
-Quizás con el tercero te acostumbres- bromeó. Pero su sonrisa se transformó en una mueca de dolor.
-¡Spence!- gritó – ¡Ayúdame!-
Se despertó sobresaltado.
Aún estaba en el suelo, su frente estaba cubierta de sudor.
¿Qué diablos? Pensó.
Su celular comenzó a vibrar, esta vez era una llamada.
-Reid- respondió.
-¡oh por todos los cielos! Reid, necesito que vengas lo más rápido que puedas-
-¿García? ¿Qué sucede?-
-Es, es el equipo Spencer, cayeron en una trampa-
Quizás fuese el simple hecho de que se estaba acostumbrando a que la vida le diera las peores cartas, o la simple realidad de su trabajo. Cualquiera que fuese el motivo.
No estaba sorprendido, al final de cuentas, todo estaba siendo demasiado bueno para ser cierto.
