Hola! Tuve algunos problemitas para actualizar la semana que pasó, ya saben; aniversario de matrimonio, un cumpleaños y esas cosas de gente mortal. Peeeero, aquí estoy con un nuevo capítulo. Disfruten!
Capítulo 4.
Lunes. Si antes los odiaba, ahora los detestaba. Kurt había pasado un pésimo fin de semana. Aunque se había prometido no llorar ni deprimirse, porque le haría mal al bebé, no pudo evitarlo y sus ojos lo delataban. Llevaba profundas ojeras violáceas, las cuales destacaban en su pálida piel de porcelana.
- Hola, cariño – ya era costumbre aquel saludo para el moreno – Uh… ¿Mala noche?
- Mal mes – gruñó en respuesta - ¿Te puedes desaparecer?
- ¿Y ahora que te hice? – se extrañó Blaine, que pensó que su odio hacia él había disminuido.
- Sólo déjame en paz en resto del curso, ¿quieres? – masculló, apretando el paso.
- No, eso es mucho tiempo – bromeó el otro, ajeno al mal humor del menor. Kurt lo miró amenazante, con una ira que Blaine jamás había visto en sus ojos azules – Pero… Te daré este día… Disfrútalo extrañando mi bello rostro – le lanzó un beso al aire y se alejó antes de que el castaño lo degollara vivo.
Mientras andaba por los pasillos, Kurt ideaba alguna estrategia para ocultar su estado todo el tiempo que le fuera posible. Quizá debiera despedirse de sus camisas ajustadas o sus pantalones de Alexander McQueen. Su pecho se contrajo con el pensamiento, pero por mantener su vida en calma, estaba dispuesto a hacerlo. El doctor había sido claro, nada de estrés… Y tener a media escuela mirándolo de forma reprobatoria, era todo lo contrario a lo que él necesitaba.
Otro punto que no podía ignorar, era qué hacer con su novio. No podía decirle que estaba embarazado, sin caer en una explicación con la cual se enredaría y terminaría diciendo cosas demás, como su desliz en la fiesta. Tampoco podía decirle que era de él y fingir que no pasaba nada… a menos que…
La idea que cruzó por la cabeza del castaño debería avergonzarlo, pero no lo hacía. Estaba tan desesperado por algo de apoyo, un hombro en el cual llorar y alguien que lo abrazara y le prometiera que todo estaría bien, que haría hasta lo más inimaginable para tener eso. Conocía muy bien a Seb, y sabía que él comprendería la situación, si alteraba levemente los factores. Movería algunas fichas en el juego, para que la perspectiva de su novio fuera diferente a la hora de saber la verdad.
No es igual si le dijera que tendría un hijo, a que si le dijera que tendrían un hijo. Era jugar muy sucio y Kurt era consciente de ello, sin embargo se negaba a romper la promesa que se hizo a sí mismo de no decir nada acerca de Blaine y lo ocurrido en la fiesta.
Aunque sonara egoísta, él debía pensar en lo mejor para su hijo, y un padre como Sebastian era lo que necesitaba. Alguien atento, comprensivo, cariñoso y, por sobretodo, alguien correcto.
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- Kurt… ¡Kurt! – Tina sacudió a su amigo, tratando de no llamar la atención de los demás ocupantes del salón - ¡Kurt! – el castaño se movió un poco y se frotó el puño en uno de sus ojos, alzando la cabeza.
- ¿Qué… qué ocurre? – balbuceó adormilado.
- Kurt, es la tercera clase en la que te duermes – comentó la chica, dándole una mirada cargada de preocupación - ¿No has dormido bien? ¿Estás enfermo o qué es lo que te pasa?
- Nada, tranquila – se esforzó por sonar creíble – Finn me mantuvo despierto anoche con el ruido de sus video juegos, ya sabes – mintió. Últimamente las mentiras le salían antes de lograr retenerlas.
- Pues, habla con él, o te pasarás el semestre durmiendo – le aconsejó su amiga, antes de volver su vista al frente, donde el maestro estaba sumido en una explicación que para Kurt era un incesante y muy molesto zumbido sin sentido.
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- Hola, Seb – dijo Kurt, con el teléfono pegado al oído, mientras se sentaba en el asiento del piloto - ¿Cómo estás?
- Hola, bebé… - contestaron del otro lado – Extrañándote… ¿Y tú?
- De camino a Dalton, para que ya no me extrañes tanto – Kurt oyó la risita de su novio, y se alegró junto con él – Tengo muchas ganas de estar contigo.
- Hmm… eso suena muy interesante… - el ronroneo suave de Sebastian, le envió cosquillas por el cuerpo al ojiazul – Y también muy sexi.
- ¿Ah, sí? – el castaño rió – Sólo asegúrate de estar solo, ¿okay?
- Por supuesto que lo haré.
Kurt finalizó la llamada, completando así la primera parte de su plan. Si lograba engatusar lo suficiente a Sebastian para que hicieran el amor, y él olvidara el preservativo, lo demás sería pan comido y no tendría que recurrir a explicaciones. Lo que le complicaba… era intimar con su novio… Ya iba más de un mes que no estaban juntos, y hace tres semanas lo había hecho con Blaine en la fiesta… No creía ser capaz de llegar hasta el final, pero debía hacerlo si quería que resultara su plan… Era la única forma. Sin embargo, no dejaba de pensar en que apenas podía besarlo, y se sentía horrible cada vez que lo miraba a los ojos para decirle que lo amaba. Estaba cometiendo la peor de las bajezas al intentar cargarle un bebé que no era de él, pero no podía hacer nada al respecto. Era Sebastian, o el chico recién salido del reformatorio.
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Los labios húmedos de su novio eran reconfortantes. Kurt había logrado traspasar la línea que los días anteriores no pudo, y dejando de lado la molesta voz de su consciencia, estar con Seb se sentía bastante bien. No había notado lo mucho que lo extrañó, hasta que estuvo recostado de espaldas sobre la cama, con Sebastian meciéndose sobre él, mientras lo devoraba a besos.
- ¿Seguro… que nadie vendrá? – quiso asegurarse el ojiazul.
- Hmm, hmm… - negó Seb – He puesto… llave… a la puerta – la lengua del mayor recorrió el torso ahora desnudo de Kurt.
- Oh, Bastian… - gimió él, enredando sus dedos en el cabello del chico – Hmm… sí…
- Shhh… - lo besó, para callarlo – He puesto llave, no aislante de ruidos… así que mantén tus exclamaciones sólo para que yo las oiga – advirtió Seb, capturando su labio inferior y mordiéndolo sensualmente.
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- ¿Por qué tendrías condones en la escuela? – cuestionó Kurt, algo molesto de que su plan estuviera fallando - ¿Pretendías usarlos con tus compañeritos? – el tono irónico del ojiazul sacó una risa en Sebastian.
- Compré la caja cuando cumplimos cinco meses, pero no tuve oportunidad de usar ni uno solo – explicó, rompiendo el empaque – ¿Lo ves? Estaba sellada – le enseñó el paquete.
- Te creo, pero no entiendo tu extraña obsesión con los preservativos… Es decir, no es como si fuera la primera vez – los recursos se le agotaban a Kurt, y sabía que una vez que hiciera el amor con Sebastian, la culpa se multiplicaría y pasaría mucho tiempo antes de tener algún contacto íntimo con él.
- No es que tenga miedo de que me contagies con algo… Sé que estás limpio, ambos lo estamos – lo miró con ojos sinceros, sentándose de regreso en la cama con el sobre plateado en su mano – Es sólo que no quiero hacerte daño, y esto… – agitó el sobre frente a los ojos de Kurt – Facilita las cosas… Sobre todo porque no tengo lubricante.
- Compras condones… ¿pero no lubricante? – el ojiazul alzó una ceja - ¿Quién te entiende?
- ¿Qué? En la tienda no tenían de fresa, y sé que ese te encanta – se recostó sobre Kurt medio riendo y lo besó, conservando su sonrisa – Ya deja de darle vueltas al asunto y sigamos en donde lo dejamos.
Kurt vio como Seb tomaba el pequeño sobre, con claras intenciones de abrirlo, y se lo arrebató antes de que lo hiciera. Su novio le mandó una mirada extrañado, pero él lo volteó en la cama y realizó un sensual recorrido, besando desde su pecho, hasta su pelvis. El castaño no tenía la menor idea de qué estaba haciendo, sólo sabía que algo se le tenía que ocurrir en menos de un minuto y su cerebro no ayudaba ya que estaba en blanco. ¿De qué modo lograría que Sebastian se olvidara del preservativo? ¿Qué oportunidad tenía él de conseguir su objetivo? Las posibilidades eras casi inexistentes…
"¡Ya lo tengo!", gritó mentalmente el menor "No necesita no usarlo, sino, usarlo de forma incorrecta"
Con algo más de confianza, el ojiazul puso el sobre en su boca, asegurándose de que al rasgarlo, también se rasgara el preservativo, consiguiendo con esto, un casual descuido, muy común. Satisfecho con lo que había hecho, se dio a la tarea de deslizar el condón por la longitud de su novio.
Con la pasión del momento, Sebastian no se percató de nada, enloquecido con los candentes besos de Kurt y los jadeos contenidos.
Lo penetró suavemente, con ligeras pausas para que se ajustara a la intrusión, continuando luego con los embistes.
Ambos llegaron rápidamente al clímax, debido a la cantidad de tiempo que llevaban sin intimar. Desde la primera vez que lo habían hecho, jamás había pasado tanto tiempo. De eso ya iban tres meses.
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- Kurt, ¿estás bien? – Finn lo abordó en cuanto entró a la sala – ¿Por qué caminas así?
El color pintó las mejillas del castaño, que no sabía cómo explicarle a su hermano el motivo por el cual andaba así. Las semanas sin sexo, le pasaban la cuenta ahora y no podía disimularlo, mucho menos con alguien tan curioso como Finn.
- Me caí en la entrada – mintió – Y me golpeé el muslo.
- Dios, ¿te has roto algo? – se puso en pie y lo rodeó, como si fuese una pieza en exhibición. Kurt manoteó para alejarlo.
- Claro que estoy bien, dejará de doler en unas horas – se dispuso a subir la escalera, para huir de Finn y de sus preguntas.
- Creí que tendrías un hueso asomado – comentó él – Una vez vi un chico que resbaló con su skate y el hueso de su brazo quedó hacia afuera… Lo hubieras visto, fue increíble.
La repulsión que le produjo el relato de su hermano, lo obligó a correr a su cuarto.
De milagro llegó al retrete, antes de devolver todo lo que había comido ese día.
- Demonios – se quejó el menor.
Los tan conocidos malestares del embarazo comenzaban y él no se sentía preparado para afrontarlos. ¿Cómo se suponía que lidiaría con ellos en la escuela? Tal vez pueda ocultar el vientre los primeros meses, pero esto… era diferente.
Una vez que quedó con el estómago vacío, y un horrible dolor de garganta, tomó su laptop y se atiborró de información, en páginas web acerca de embarazos. En muchas de ellas recomendaban comer galletas saladas para prevenir las náuseas, lo que suponía una gran solución para el castaño si eso realmente funcionaba.
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- Hoy no participaré del ensayo – explicó el chico a sus compañeros del coro.
- ¿Por qué, Kurt? – consultó el señor Schue, rebuscando una partitura sobre el piano.
- Digamos que no podré hacerlo por un tiempo indefinido – el castaño se sentía verdaderamente incómodo hablando de ello, frente a todos sus amigos.
- No entiendo… ¿Ha pasado algo? – el profesor puso aquella mirada de preocupación al mirar a su alumno - ¿Estás enfermo?
- No, sólo… Lo siento, de verdad no sabría cómo explicarlo… Pero, necesito que comprendan que no puedo… - la cabeza del menor trabajaba en busca de alguna excusa creíble, sin embargo, no se le ocurría nada.
- No puedes simplemente ausentarte, Kurt – le reprochó Rachel – Si no estás al día en los ensayos, serás como un punto negro en la presentación de las locales y un error así podría costarnos el título de ganadores, y eso no lo puedo permitir. No he trabajado tan duro, para que vengas a echarlo todo a perder, a estar alturas, con tu capricho – Kurt le lanzó una mirada asesina, comenzando a cabrearse.
- ¿Y tú te piensas que lo hago sólo porque se me antoja? – soltó, mirándola con desdén – De todos modos tendrás tu sólo, Barbra – dijo sarcástico – No sé por qué te estás quejando – el castaño se puso de pie, ajustando la tira de su bolso – Lo único que estoy pidiendo es un poco de tiempo… No dije que dejaría el club.
- Claro que no lo has dicho – se sumó Santana – Porque eso sería como darnos una patada en el culo… Es decir, mira… A penas alcanzamos a ser doce, y con toda la mierda que nos tira la escuela… Bueno, a ustedes, porque yo al menos soy popular… Les sería un gran trabajo y un problema si intentaran reemplazarte – todos los ojos iban de la morena hacia Kurt y viceversa – Ahora, ¿Por qué no regresas tu trasero al asiento y continuamos el ensayo?
- Oh, ¿Y qué tal si mando todo esto a la mierda y ustedes se quedan sin competencia por no ser suficientes miembros? – exclamó fastidiado con el egoísmo de sus compañeros de equipo.
- Kurt, Santana… ¡Ya basta! – advirtió Schuester.
- ¡No! Hablo en serio… Porque sin mí, saben que estarían perdidos – continuó Kurt, sin ningún filtro – Puede que encuentren algún perdedor como Jacob Ben Israel para reemplazarme, pero jamás lograrán ganar sin una de las mejores voces del coro – los señaló con un dedo, mientras bajaba el escalón que lo separaba del piso – Buena suerte perdiendo las locales, manada de individualistas.
- Kurt, ¿a dónde vas? – lo llamó el maestro, tratando de darle alcance, mientras el chico salía a grandes zancadas del salón, cerrando la puerta con un golpe seco - ¡Kurt!
- Woah, jamás pensé que lo vería tan enojado – murmuró Tina.
- Ni yo – le respondió su novio.
- Yo hablaré con él, señor S – dijo Puck, andando hacia la puerta – Usted tranquilo, seguro anda en sus días – intentó bromear, para quitar la tensión del momento.
Kurt entró al servicio de chicos, prácticamente echando humo por las orejas, de lo furioso que estaba. En su mente no cabía la idea de que les preocupara más la competencia que él, que era, "supuestamente", su amigo.
- ¿En qué demonios estabas pensando, Hummel? – vociferó Noah, en cuanto entró al baño. Lo conocía tan bien que sabía dónde lo hallaría.
- ¿No te has dado cuenta aún? – musitó Kurt con tono monótono – Estoy con un humor poco saludable, así que regresa a tu club y déjame en paz.
- ¡Odio cuando te comportas como una zorrita caprichosa! – bufó el chico del mohicano, pero el castaño le restó importancia con una mano y se volteó para verse al espejo - ¿Qué es lo que está mal? ¡Dime! ¿Terminaste con el idiota que tienes por novio y te estás desquitando con nosotros? ¿Te enteraste que eres adoptado o algo peor? Porque si fuera por cualquiera de esos motivos, tendrías razones de sobra para mandar a la mierda algo que te apasiona tanto – las palabras de Puckerman, le llegaban al menor como dardos, dándole en los puntos sensibles con precisión.
- Noah, no voy a tener esta conversación contigo… Y mucho menos en un baño – añadió negando con la cabeza.
- ¡Me importa poco si quieres hablar o no, porque no vine a escucharte! – declaró el mayor – Sino a decirte que se te fue la mano allá, que le debes una disculpa al menos al señor Schue, y que nadie va a prohibirte la entrada cuando regreses a tu centro – dicho esto, Puckerman salió de los servicios, dejando a Kurt con las palabras tintineando en su cabeza.
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Esa misma tarde, luego de que las clases acabaran, Kurt caminaba cabizbajo hacia el despacho del señor Schuester. Llamó a la puerta con delicadeza y bastó un asentimiento de cabeza, de parte del mayor, para entrar y sentarse frente a él.
- Dime, Kurt ¿qué necesitas? – dijo cordial.
- Señor Schue… yo… - retorció sus manos sobre su regazo, tratando de controlar sus nervios – Vine a disculparme… - los ojos del hombre se suavizaron, volviéndose amables y condescendientes – Estuve completamente fuera de lugar… y dije cosas estúpidas… - alzó la mirada apenada hacia el maestro, quien le dio una sonrisa honesta – Últimamente no sé qué me pasa, pero he tenido estos… arranques de locura… y cambios de humor muy drásticos… De verdad, lo siento – En realidad Kurt sabía con exactitud lo que le ocurría, pero no se atrevía a confesárselo al profesor de español, no porque no le tuviera confianza, sino porque sabía que en breve, la noticia llegaría a oídos de su padre, y eso lo aterraba.
- Disculpa aceptada – murmuró, sonriendo aún más – Sólo, trata de contar hasta diez antes de estallar… Por primera vez, en mucho tiempo, tenemos un equipo prometedor y ellos realmente quieren ganar.
- Lo sé y yo también lo quiero… - se apresuró en decir – Aunque… debe reconocer que Rachel y Santana sacan de quicio a cualquiera – Schuester rió, asintiendo.
- Sí… - soltó – Hay días en que realmente prueban mi vocación de maestro… - Kurt sonrió de vuelta – Pero, volviendo a tu asunto… Me gustaría saber, ¿qué te impide ensayar como los demás?
- Sé que para ustedes, los profesores, es difícil esto… Pero le pido que confíe en mí… - pidió el chico, ocultando el temblor de su voz – Es un tema delicado, que no puedo tomar a la ligera… Prometo que… en cuanto lo resuelva, todo se aclarará – intentó convencer al mayor.
- Lo haré, confiaré en ti, Kurt – confirmó él – Sin embargo, aunque no participes del ensayo, deberás asistir, para que no te pierdas en las coreografías.
- Claro que sí – asintió Kurt, algo mejorado de ánimo.
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- ¿Kurt? – la puerta de la habitación del castaño, fue abierta lentamente - ¿Puedo entrar?
- Claro, hermano – confirmó Kurt, dejando su laptop a un lado – Pasa.
- Yo… sólo venía a hablar contigo por lo que pasó hoy…
- Lo sé – interrumpió el menor – Metí la pata, pero ya me he disculpado con el señor Schue… Si sirve de algo.
Finn se sentó lentamente junto a su hermano, mirándolo con preocupación.
- Sabes que puedes confiar en mí, ¿cierto? – el ojiazul presionó los labios, observándolo atentamente mientras asentía – Y que si algo te estuviera pasando, puedes contármelo… Lo que sea.
Los ojos del castaño se cristalizaron al instante y Kurt maldijo para sí mismo. Claro que tenía problemas, uno en particular, que lo llamaría "papi" en un futuro no muy lejano. Pero no podía cargar con todo esto él solo. Sentía la latente necesidad de soltarse a hablar sin parar, hasta vaciar su angustia… Sin embargo, en lugar de hablar, un sollozo lo abordó y no le quedó más remedio que lanzarse a los brazos de Finn, dejando que el llanto lo liberara un poco de toda la presión que mantenía sobre sus hombros.
El mayor, inmediatamente, envolvió a su pequeño hermano, pasando su mano por la espalda, tratando de consolarlo. No entendía nada de lo que estaba pasando, pero tenía la certeza de que Kurt se lo diría.
El castaño perdió la noción del tiempo, acurrucado en el pecho de Finn, derramando tantas lágrimas como le era posible.
- ¿Ha pasado algo con Sebastian? – susurró Finn, intentando mirarlo a la cara.
Kurt no tuvo más alternativa que asentir. Era inventarse una excusa o decirle a Finn que sería tío.
- Lo extrañas, ¿no es así? – continuó intentando averiguar.
- ¿Por qué tuvo… que irse? – lloriqueó, sorbiendo su nariz – Me dejó solo… y yo lo necesito… ahora – pasó ambas manos, quitando la humedad de su rostro, sentándose derecho – Desde que me dijo que él se cambiaría de escuela… Supe que todo iba a ser una mierda… - Finn se puso de pie, caminando hacia el baño, para llevarle un poco de papel sanitario a su hermano, con el que pudiera secar sus lágrimas - ¿Sabes? Hubiera preferido que se cambiara de país… Porque es horrible tenerlo a dos horas, pero no poder verlo todos los días… - aceptó el papel que su hermano le ofreció - ¡Y sus padres! Ash… como los detesto… Ellos no me quieren ver junto a Bas, porque no estoy "a su altura" – hizo comillas en el aire - ¿Y qué si no somos millonarios? El amor no ve lo que tienes… Pero, para ellos… Sólo soy un oportunista… - Kurt negó con la cabeza. Sabía que todo lo que estaba diciendo era cierto, sin embargo, sólo era para encubrir la verdad y ser convincente.
- Que putada – masculló Finn, poniendo una mano en el hombro del castaño.
- Lo es… Pero, no quiero abrumarte con mis problemas… - el ojiazul forzó una sonrisa – Tu debes tener bastante con el hecho de salir con Rachel – bromeó, torciendo el gesto y el mayor rió.
- De todos modos, cuando necesites hablar… o, simplemente, llorar… o lo que sea… Cuentas conmigo – Finn le revolvió el pelo, en un gesto amistoso y se dispuso a dejar el cuarto – No debes guardarte esas cosas… Deberías decirle a Seb.
- Trataré – prometió Kurt, diciéndole adiós con la mano.
Cuando la puerta se cerró, soltó un suspiro.
"Deberías decirle a Seb…"
Las palabras de su hermano rondaron su mente.
Y tal vez debería hacerlo… Sin embargo, sentía que aún no era el momento.
Besos!
