Hola a todos! Aquí estoy con mi actualización de día jueves, pero estoy pensando en cambiarla a los viernes porque estos dias llego muy tarde a casa.

Antes de leer es importante que sepan que este es el último capítulo original que tengo, y que todo los que seguían los perdí horriblemente... Asi desde el 6to capítulo en adelante, comencé a reescribir, por lo que si notan alguna diferencia en la historia es más que nada que mi memoria no es fotografica, pero me he esforzado demasiado en hacer un buen trabajo reescribiendo, además de hacer mucho más larga la historia, que como la tenía originalmente.

En fin! Disfruten!


Capítulo 5.

- ¿Kurt?... ¿Es… estás llorando? – preguntó Burt, sentándose junto a él en la sala. El muchacho se encontraba viendo un programa en Animal Planet, donde se mostraba a una leona, con sus cachorros, tratando de conseguir alimento, mientras batallaban con sobrevivir en el salvaje lugar.

- No… yo… - tomó un pañuelo de papel y sorbió su nariz sonoramente – Es que… esos pobres cachorros… son tan pequeños… - trató de explicar, en medio de su lloriqueo - ¿Cómo se supone que… puedan alimentarse… o cazar? – un sollozo arrancó de su garganta – Y esa leona… está completamente sola… con sus hijitos… y debe arriesgar su vida para darles de comer… - el llanto de Kurt continuó otro par de gimoteos más, mientras su padre lo observaba con incredulidad.

- Kurt, tú jamás ves este tipo de programas, porque dices que son tontos y que la naturaleza es aburrida… - inquirió su padre - ¿Por qué ahora se despertó este interés?

- Estaba pasando canales… y me quedé atrapado con esos pequeños… - el pañuelo desechable fue reemplazado por uno nuevo, limpiando sus lágrimas con él.

- ¿Qué demonios te pasa, chico? – dudó el mayor – Hace días que estás… no lo sé… raro… - Kurt se alarmó ante eso, cesando el llanto al instante y mirando a su padre con atención – Estás distante, algo deprimido… y siempre después de la cena, lo único que quieres hacer, es irte a dormir… ¿Hay algo que quieras contarme?

- ¿Qué? No, papá… todo está bien – declaró el castaño, tratando de sonar convincente.

- ¿Problemas con Sebastian? – volvió a cuestionar – Mira, sé que yo no soy el más indicado a quien pedirle consejo, porque no soy ningún experto, pero si él está haciendo algo que te haga sentir incómodo… No lo sé, tal vez… forzándote a algo… Puedes decírmelo…

- Papá, Sebastian está bien, y nuestra relación… a pesar de la distancia, se mantiene firme – miró a su progenitor a los ojos, dándole credibilidad a sus palabras – Además, si insinúas que él me está forzando a tener sexo… - el rostro de Kurt y su padre, se pintaron de carmín – Puedes estar tranquilo… él es un buen chico, y te respeta… Me ama y no me forzaría a nada que yo no deseara hacer – el ojiazul se puso de pie. Al menos, en la última frase no había mentido, porque cuando hacia el amor con su novio, era consensuado.

El muchacho se retiró de la sala, pero a Burt le quedó dando vueltas en la cabeza lo dicho por su hijo.

"No me forzaría a nada que yo no deseara hacer"

No quería malinterpretar aquello, pero…

"Nada que yo no DESEARA hacer"

…aquello era ligeramente sospechoso para Burt…

"No deseara hacer"

Sin embargo, no estaba de más aclararlo.

- ¡Kurt! – vociferó el mayor, poniéndose de pie con confusión.

-o-

Desde su visita al médico hace una semana, Kurt conservaba el DVD, junto con las tomas del ultrasonido, en su bolso. No se atrevía a guardarlas en ninguna otra parte, porque nada le parecía lo suficiente seguro dentro de su casa. Había estado tentado de comprarse una caja fuerte, pero era una idea absurda, que sólo llamaría más la atención sobre el contenido.

Además, cuando se sentía algo nostálgico, se encerraba en un cubículo del baño, y observaba las fotografías, aún si no entendía nada en ellas. Eso lo animaba a mantener un estado de ánimo saludable, porque no deseaba afectar la pequeña vida dentro de él.

- Oh, cariño… Lindos pantalones – la voz de su némesis resonó a su espalda cuando llegaba al final del pasillo.

- ¡Púdrete! – bufó, sin siquiera voltearse a ver quién era. Él lo sabía.

- Y como siempre, la cordialidad ante todo… - Blaine chasqueó la lengua, de forma reprobatoria – Ay, Kurt… Cualquiera diría que no tienes modales.

El castaño continuó andando hacia las escaleras que lo llevaban a la salida hacia el aparcamiento.

- Aunque ese conjunto hace que tus caderas se vean más grandes… - Kurt contuvo el aliento – Como… más anchas… No digo que eso no me guste, al contrario… - el ojiazul se volteó, cabreado del constante acoso por parte de Blaine.

- ¿Por qué no puedes dejarme en paz de un puta vez? – preguntó con voz cansada, caminando de espaldas, para poder ver a su pesadilla a la cara – Tengo unas amigas que serían felices de irse a la cama contigo… ¿Quieres sus números telefónicos?

- Kurt… - murmuró, tratando de interrumpir.

- Te los daré, tengo… montones de números…

- Kurt…

- Estoy seguro que quedaras feliz cuando… - el suelo bajo los pies del ojiazul, desapareció.

- ¡Kurt! – gritó el moreno, abalanzándose sobre el chico.

El golpe en sí, no le dolió, pero el temor de que eso le afectara a su pequeño bebé, lo aterró e hizo que su cabeza punzara con fuerza, temiendo lo peor. Había llegado a los escalones y no se percató de ello, pero sólo eran tres… treinta centímetros desde el suelo, por lo que el daño era nulo.

Blaine bajó de un salto, posicionándose junto a Kurt, ayudándolo a que se levantara. Su bolso había caído a una distancia corta, desparramándose el contenido de éste.

- ¡Qué torpe eres! – se quejó el moreno, mientras Kurt se sentaba sobre el asfalto - ¿A quién se lo ocurre caminar de espaldas de todo modos? ¡Qué idiota!

- ¡Hey! – refutó el aludido – ¡Fue un accidente! Un descuido le pasa a cualquiera, no es como si anduviera buscando caerme de culo a propósito.

- Pues, te caes cada vez que estoy cerca – masculló.

Blaine negó con la cabeza, acercándose al bolso del menor, con la intención de meter todos los libros de vuelta y entregárselo. Mientras tomaba un cuaderno de color azul, se paralizó. Bajo este, inconfundible, estaban las fotografías de un ultrasonido. El moreno las observó con atención, sintiendo una opresión en el pecho. Acabó de introducir todo dentro del bolso, conservando las imágenes para el final.

Anduvo hacia el castaño, que ya se encontraba de pie, pasando una mano con parsimonia por su trasero. Le tendió el bolso, y una vez que tuvo su atención, alzó la mano con las fotos.

- ¿Qué es esto? – dijo, sin ser capaz de controlar el nerviosismo en su voz.

- ¡Nada! – Kurt manoteó para arrebatarle el papel, pero el moreno fue más rápido al apartarlo - ¡Dame eso! ¡Es personal! ¿Acaso no sabes que no debes hurgar en las cosas de los demás? ¡Devuélvemelo! – chilló histérico.

- No puedo… - respondió él, completamente choqueado con el asunto – No, hasta que me expliques porqué tienes las fotos de un ultrasonido con tu nombre – declaró, con voz amenazadora.

- ¡No tienes ningún derecho de exigir nada! – volvió a vociferar - ¿Quién demonios te crees que eres?

- ¿Es tuyo? – preguntó, dando un paso atrás - ¿Te has hecho una ecografía?

- ¡Eso no te incumbe! – Kurt no quería dar su brazo a torcer.

- ¿Qué motivos existen para que un chico se haga un ultrasonido? ¡No lo entiendo! – declaró, pasando una mano por su cara, con frustración - ¡Esto… no tiene sentido! ¡Dime! ¿Lo tiene?

- ¡Si lo tiene o no, es mí problema, no tuyo! – Kurt escupía las palabras, mientras su voz temblaba y las lágrimas luchaban por caer - ¡Devuélveme eso ahora!

- Kurt… ¿Estás embarazado? – Blaine soltó la más obvia de las preguntas, pero a la vez, la más compleja, porque para el moreno no parecía posible aquello - ¿Cómo se supone que puedes estarlo? ¡Necesito saberlo!

- ¡Demonios, sí! – gritó, fuera de sí - ¡Pero y qué con eso! – silenciosamente, sus lágrimas humedecieron la palidez de su rostro - ¿Por qué mierda necesitas saberlo?

- ¿Quién es el padre? – cuestionó, con los ojos entrecerrados - ¿Soy yo?

- ¿Qué? ¡No! – se apresuró en decir. Por ningún motivo quería involucrar a Blaine en nada que tuviera que ver con él, ni con su bebé - ¿Acaso no sabes que tengo novio?

- ¿Cómo es que un chico se embaraza? – las preguntas de Blaine no dejaban de salir.

- No voy a responderte eso… ¡No voy a responder una maldita cosa más! – vociferó, agradeciendo al cielo, que nadie hubiera salido aún - ¡No tienes porqué entrometerte en mi vida! ¡No eres nadie, Blaine! ¡NADIE! – dicho esto, el moreno lo vio andar hacia él. De un tirón le arrebató las fotografías y caminó hacia su carro, con la intención de desaparecer del instituto, y si era posible, de la faz de la tierra.

-o-

La cabeza de Blaine era un desastre, y su cabello también. No sabía exactamente cuánto tiempo llevaba sentado en la misma posición, fumando cigarrillo tras cigarrillo, desde que había discutido con el ojiazul. No podía pensar con claridad y todo su mundo comenzaba a ponerse patas arriba.

Estaba tan impactado con la información adquirida que le era difícil procesarla. Aunque Kurt negara tan rotundamente su participación en el asunto, él podía apostar que el chico mentía. Inevitablemente, Blaine había sacado sus cuentas rápidas, concluyendo que había pasado un mes desde la fiesta, y si mal no recordaba, la información bajo el nombre de Kurt en la imagen, decía tres semanas. Todo calzaba, pero a la vez, era confuso.

Primero, porque Kurt tenía novio, y según Puckerman, desde hace tiempo. Segundo, porque él no había sentido nada raro estos días, y siempre ha oído que el padre experimenta ciertos síntomas, similares a la mujer. Tercero, Kurt no era una chica, y él aún no comprendía que poder sobrenatural le daba al muchacho la posibilidad de embarazarse. Y con todo eso en la cabeza, sólo le quedaba una solución.

Google.

Se precipitó en llegar a su moto, montándose en ella y acelerando a fondo para llegar a su pequeño departamento.

No tuvo tiempo ni de ponerse cómodo, o sacar una cerveza de la nevera, como era su costumbre, antes de tomar su laptop, tecleando "Embarazo masculino", desesperado porque el buscador le ofreciera una respuesta clara, que le solucionara sus dudas.

-o-

Azotó la puerta con violencia al cerrarla. Sus ojos le ardían por llorar durante todo el camino a casa, mientras se maldecía internamente por haber abierto la boca.

Se suponía que nadie debía enterarse aún, al menos, no antes de que él mismo terminara de asumir su nueva realidad, sin embargo, soltó la información a la primera interrogación.

- ¿Kurt? ¿Eres tú? – Carole apareció desde la cocina, con expresión preocupada al ver a su hijastro con el rostro enrojecido – Cariño, ¿qué te ocurre? ¿Está todo bien?

- Sí… - bufó Kurt, pasando una mano por su cara, intentando tranquilizarse, para no tomarla contra ella – Solo… fue un mal día, pero no pasa nada.

- ¿Seguro? – insistió, acariciando su brazo.

Ante la ternura del gesto, el castaño sólo pudo asentir, pues si hablaba, se quebraría y terminaría confesando todo… de nuevo.

- Iré… am… estaré en mi cuarto – musitó, subiendo las escaleras.

Le bastó entrar a su cuarto, para tenderse en la cama y llorar. El embarazo lo tenía ridículamente sensible y eso le molestaba, porque él solía ser más fuerte que eso.

-o-

El sonido de su móvil lo despertó. Asumió que se había dormido llorando, pues su cuarto estaba en penumbra.

- ¿Hola? – respondió sin tomarse tiempo de checar la pantalla.

- Hola, bebé – saludó la voz de su novio.

- Oh, hola Bastian… - aclaró su garganta, evitando sonar ronco.

- Te oyes… como si hubieras estado durmiendo… ¿Te he despertado? – consultó.

- Sí, pero no te preocupes… Ni siquiera había querido dormirme, en primer lugar – explicó el castaño, poniéndose de pie y andando hacia el baño.

- ¿Sabes? Estaba pensando en lo del otro día… y en las ganas que tengo de repetirlo – su tono de voz grave, era insinuante - ¿Cuándo vendrás otra vez?

- ¿Por qué debo ser yo el que vaya donde ti? – rió Kurt, negando con la cabeza – Si quieres repetir lo del otro día, tendrás que venir tú.

- ¡Vamos, bebé! Sabes que estoy encerrado en esta cárcel… - suplicó – Y no creo poder pasar más de un día sin besarte, y recorrer tu piel con mi boca…

- Okay, eso es muy caliente, pero… conservo mi postura… Si quieres hacer el amor conmigo, tendrás que ingeniártelas tu solito. No estaré cuatro horas en el carro solo para tener sexo contigo.

- De acuerdo, tu ganas… Luego no te quejes si me castigan por huir de Dalton – advirtió risueño, sacando una risita del ojiazul.

- Si lo logras, prometo que será mejor que el otro día – dijo Kurt, al momento que salía del lavabo y se encontraba de frente con el rostro serio de Blaine. La sonrisa en su rostro decayó al instante y por poco deja caer su móvil.

- Eso espero, haré una gran hazaña escapando de aquí – continuó hablando Sebastian – No vemos bebé… Te amo.

- Y-yo… yo también te amo… - tartamudeó, sin despegar sus ojos de los mieles del moreno – Adiós.

Apenas alcanzó a finalizar la llamada, cuando Blaine comenzó a hablar.

- Por mucho que te folles a tu novio, no alterarás el ADN del bebé, ¿sabes? – escupió con desdén – No se convertirá en el padre.

- ¿De qué demonios estás hablando? – susurró Kurt un tanto herido.

- Deberías ser más cuidadoso cuando hablas por teléfono de lo mucho que disfrutaste "el otro día" con tu noviecito – hizo comillas, burlándose.

- Yo puedo hablar de lo que se me antoje con mi novio, porque estoy en MI CUARTO – declaró con firmeza - ¿Se puede saber que mierda haces aquí? – puso los brazos en jarras sobre sus caderas – Ya te dije que no podías meterte a las casas de los demás así.

- Tú sabes perfectamente porqué estoy aquí – el moreno anduvo por la habitación, como animal enjaulado – Quiero que me digas la verdad… ¿Quién es el padre? – bufó, deteniéndose para lanzarle una mirada inquisitiva.

- No voy a responder a eso, porque ya lo hice… ¡No eres tú! – exclamó, intentado creer sus propias palabras.

- ¡No mientas! – farfulló – Estaba borracho, pero no soy estúpido… - siguió diciendo – Recuerdo perfectamente que no me puse preservativo cuando follamos – Kurt desvió la mirada hacia el suelo. Odiaba lo directo que podía ser Blaine para decir las cosas – Y eso fue hace… un mes… ¿No crees que son demasiadas coincidencias?

- Mira, no es mi culpa que te folles a medio mundo sin ningún tipo de protección, y yo también había bebido mucho como para notarlo… Bastante, en realidad, para llegar a acostarme contigo… - Blaine lo interrumpió.

- Jamás me ha pasado – confesó – Es la primera vez que se me olvida… Y fue tu culpa – lo acusó, señalándolo con un dedo.

- ¿Qué? – chilló Kurt enfadado - ¿Cómo tienes el descaro de culparme de algo así? Fue culpa de ambos, imbécil – escupió entre dientes.

- Es tu culpa, por bailar de esa forma tan malditamente caliente… ¿Qué esperabas que hiciera? – se acercó al ojiazul, tomándolo por ambos brazos y fijando su mirada en la de él – Me vi en la obligación de cogerte y llevarte a la cama… No puedes culparme… - el castaño estaba mudo, observándolo con los ojos abiertos. Nunca había tenido tan cerca el rostro del moreno, desde la fiesta, y notaba que su cuerpo se sentía dolorosamente afectado al respecto – Como tampoco puedes culparme ahora… - la voz de Blaine se volvió sólo un susurro, mientras más acercaba su rostro al del menor – Por besarte… - eliminó la distancia entre ellos y capturó los labios de Kurt en un beso profundo y demandante, que el castaño no pudo resistir.

Sus rodillas temblaron y la respiración le faltó, pero su boca respondía a la de Blaine, como si estuviera acostumbrada a hacerlo. El moreno se perdió a sí mismo en la dulzura de su beso, recorrió con su lengua su cavidad y se deleitó al oírlo gemir suavemente.

La cordura abordó a Kurt, cuando la mano de Blaine descendió hasta su trasero y lo apretó con descaro. Como si hubiera sido abofeteado, abrió los ojos y empujó lejos al moreno, que estaba aturdido por su reacción tan repentina.

- ¡Vete! – exclamó únicamente.

- Pero ¿qué….? – negó con la cabeza confundido.

- ¡Vete de aquí! – chilló - ¡Y no se te ocurra volver! ¡Ni mucho menos besarme!

- ¿Ahora vas a decirme que no lo disfrutaste? – la sonrisa arrogante se apoderó de su boca - ¿No te gustó, Kurt?

- ¡Lárgate de aquí! – insistió el castaño.

- Muy bien… - el moreno lo miró dolido - ¿Sabes qué? ¡Tú y tu hijo bastardo pueden irse a la mierda! ¡No me importa!

Kurt se choqueó al oírlo decir eso, y no fue capaz de emitir un solo sonido. Observó atentamente como Blaine saltaba del borde de la ventana hacia el árbol y se perdía en la noche. Anduvo con pasos vacilantes hacia la ventana, cerrándola y deslizándose hasta el suelo, envuelto en sollozos irregulares.

- ¿Kurt? – oyó la voz de su padre - ¡Estamos en casa!

El alivio invadió al menor al percatarse de que no tuvo en consideración que pudo no haber estado solo en casa cuando discutía con Blaine.

-o-

La primera escena que vio Kurt ese viernes por la mañana, fue a una porrista prácticamente recostada sobre la moto de Blaine, mientras que este la besaba como un salvaje, metiéndole las manos por debajo de la falda, sin ningún tapujo.

Asqueado con el espectáculo, caminó lo rápido que sus piernas le permitieron hasta llegar a su taquilla.

- ¿Kurt? – la voz de Puckerman lo devolvió a la tierra – Woah, te ves fatal… ¿Qué pasa con esas ojeras?

- Puck… - lo ojos del castaño parecían estar programados para llorar cada vez que alguien se le acercaba – Puck… abrázame – sollozó, envolviendo el torso del mayor y deshaciéndose en llanto.

Noah miró el tembloroso cuerpo de Kurt entre sus brazos y con algo de torpeza, lo intentó consolar, sin tener ni idea qué le ocurría.

- ¿Está todo bien? – consultó, acariciándole el cabello – Si alguien te ha hecho algo, lo mataré, lo juro – le susurró al oído.

Algunos chicos del equipo, pasaron por el pasillo donde ambos se encontraban. Miraron extrañados a Puckerman, y este les sonrió algo avergonzado.

Cualquiera que los viera, pensaría que lo estaba terminando, como si fueran una pareja.

- Kurt… ¿me dirás que ocurre? – insistió Puck.

- Lo siento… - el castaño soltó su agarre alrededor de su amigo y se limpió las lágrimas con el puño – He estado algo sensible estos días… - se justificó.

- ¿Algo? – Noah alzó una ceja – Jamás te había visto llorar, ni siquiera cuando por accidente ensucié tu pantalón de diseñador con Coca-Cola.

- No lo entenderías… - se limitó a decir, negando con la cabeza y volviendo su atención a su casillero, para sacar los libros de su primera clase.

- ¿Qué es lo que no entendería? – musitó Noah.

- Que he tenido problemas, ¿de acuerdo? – bufó – Mi vida que parecía estar en calma, se fue al carajo… Todo está mal y no sé cómo arreglarlo, y lo peor de todo es que comienzo a pensar que eso nunca pasará… Nada volverá a ser como antes.

- ¿A qué te refieres? – intentó aclarar.

- ¿Lo ves? – Kurt pasó una mano por su cabello, realmente frustrado – Es complicado… Y cuando creo que algo se soluciona, llega otra cosa peor, y me afecta… Como Blaine que…

- ¿Blaine? – Kurt se congeló. Había hablado de más - ¿Qué pasa con Blaine?

- Nada, no… quiero decir, no tiene nada que ver… pero… - balbuceó nervioso.

- De acuerdo, Kurt – lo miró serio – Aquí hay algo que no me estás diciendo. ¿Qué está pasando entre tú y Blaine?

- Nada – chilló – Nada está pasando entre nosotros… él sólo… es él, ya sabes… un completo idiota y… me besó…

- ¿Te besó? – exclamó Puckerman.

- No exactamente, o sea… nos besamos… - negó con la cabeza, tratando de aclarar su mente – En realidad, él me besó… pero, yo se lo permití, y luego lo empujé y lo corrí de mi cuarto y…

- ¿Tu cuarto? ¿Y qué mierdas hacía Blaine en tu cuarto? – se escandalizó.

- ¡Dios! Es una historia larga de contar… Y no quiero… - suspiró apesadumbrado – Sé que debemos hablarlo… Sólo que no ahora, por favor – pidió Kurt.

- Muy bien, esta tarde me pasaré por tu casa… Y me lo contarás todo, Hummel… ¡Todo! – advirtió amenazante. El castaño asintió resignado y cerró su taquilla, para dirigirse a su clase.

-o-

"Pasaré por ti a las 6. Te amo. Seb"

Kurt leyó el texto que le envió su novio cerca de la hora de salida, y sonrió para sus adentros. Por ser viernes, muy seguramente, sus padres le permitieron salir. Realmente extrañaba pasar tiempo con él, reír y bromear, las maratones de películas, sus tardes de karaoke… Todas esas cosas parecían formar parte de un pasado tan lejano que ni siquiera lograba recordar con exactitud, y eso le dolía. Deseaba con todas sus fuerzas recuperar aquello… aunque era imposible.

-o-

- Hola, bebé – Sebastian depositó un dulce beso en los labios del ojiazul.

- Hola – saludó, dejándolo entrar – Mis padres están en casa, así que tendremos que quedarnos en la sala… Ya conoces las reglas – Kurt torció el gesto y Seb rió divertido, acariciando su mejilla.

- No importa, mientras podamos estar juntos – lo tomó de la mano y juntos se dirigieron hacia la sala.

Terminaron viendo una comedia romántica, acurrucados en el sofá, comiendo palomitas.

- Kurt, Carole y yo vamos a salir a cenar a Breadstix, así que no nos esperes despierto – explicó, llamando la atención de ambos jóvenes – Finn está en casa de Puckerman. Lo llamé y le avisé, por lo que llegará pronto.

- De acuerdo, papá – dijo Kurt, feliz de quedarse a solas con su novio – Diviértanse.

- Conoces las reglas, Kurt… Sé responsable – advirtió, lanzándole una mirada desconfiada a Sebastian, quien se encogió en su lugar, intimidado.

- Okay – susurró en respuesta.

Luego de que la puerta se cerrara, Bastian volteó a mirar a su novio como un lobo al asecho, sonriendo de lado, con sus intenciones llameando en el verde de sus ojos.

- Hmm… solos al fin… - dijo con un tono de voz sugerente, mientras acariciaba el muslo de Kurt.

- ¿No has oído a mi padre? – preguntó éste, haciéndose el difícil – Debo respetar las reglas.

- Las reglas fueron hechas para romperse – ronroneó, intentado besar al menor, pero en lugar de lograrlo, vio como Kurt se alejaba, poniéndose de pie para huir.

- No podrás romperlas si no me atrapas – lo desafió el ojiazul, sacando una carcajada divertida de Sebastian.

- Sabes que te atraparé enseguida – afirmó el mayor, comenzando a andar alrededor del sofá.

- Pruébalo.

Kurt se escabulló hacia el comedor, riendo sin tapujos, con su novio pisándole los talones. Sebastian intentó engañarlo, corriendo en sentido contrario, para pillarlo al rodear la mesa. El castaño logró percatarse de ello, doblando hacia el pasillo que daba a la cocina.

Se detuvieron frente a frente en la isla de la cocina, dando un paso a un lado, cuando el otro lo hacía y viceversa. Sebastian tuvo la genial idea de subirse a la mesada, con gran habilidad, haciendo que Kurt soltara un chillido, sorprendido de que casi lo atrapa.

El ojiazul se echó a correr escaleras arriba, sin embargo no llegó lejos. Justo en el momento en que alcanzaba el pasillo de arriba, Sebastian lo envolvió en sus brazos, con la respiración agitada.

- Eres… bueno – rió – Pero no lo… suficiente para… huir de mí.

- Sólo fue suerte – aseguró el menor, sintiéndose horriblemente mareado.

De improviso, el aire le faltó y su vista se nubló. Luego, todo se oscureció.

-o-

Cuando volvió a abrir los ojos, sólo vio luminosidad. Un techo blanco, una lámpara enceguecedora sobre su cabeza, el rostro de su médico y el olor típico de su consulta.

- Hola, Kurt – saludó el doctor, con una sonrisa.

No pudo emitir ningún sonido, pues escuchó el ruido de alguien corriendo una silla. Era Sebastian que en medio segundo estuvo a su lado, cogiendo su mano con preocupación.

- Bebé, despertaste – murmuró – Me diste un susto de muerte.

- ¿Qué pasó? – susurró, apenas audible, el castaño.

- Tu novio llegó hace un par de minutos, cargándote, porque te desmayaste en casa – explicó – Al registrarte, la enfermera me llamó y yo pensé que había ocurrido algo contigo y el bebé – continuó diciendo. A Kurt se le detuvo el corazón al oír a su médico hablar al respecto – Pero, tanto los desmayos como las náuseas y aquellas anomalías que puedas sentir, son parte del embarazo, así que no hay de qué preocuparse.

El ojiazul dejó caer la cabeza en la camilla, abatido.

- ¿Em… embarazo? – musitó Sebastian, quien había escuchado todo como un mero espectador - ¿Qué embarazo?

Era oficial, los planes de Kurt se habían ido al carajo.


Besos!