Capítulo 6.


Kurt sentía que su interior giraba vertiginosamente, mientras sus ojos viajaban de su médico a su novio, con la vana esperanza de que esto no estuviera pasando realmente. No contaba con que fuera a desmayarse en casa, y mucho menos que Sebastian tuviera la osadía de llevarlo hasta la consulta del doctor. Esto no podía estar pasando.

- Creo que… Voy a darles un momento… - la profunda voz del profesional, lo apartó bruscamente de sus cavilaciones, aterrizando sobre la realización de sus temores. Esto era tan malditamente real, como que él estaba embarazado – Para que puedan hablar tranquilamente.

Sebastian aguardó paciente la explicación de su novio, o tal vez sólo estaba demasiado sorprendido con la noticia como para pedir más información al respecto.

- Seb… - la voz del castaño sonó pequeña y débil, casi al borde del llanto – Esto… Yo… yo iba a decírtelo…

- ¿Quién es... el padre? – Sebastian sabía que no era la forma correcta de decir aquello – Es… ¿mío? – Kurt frunció el ceño, contrariado con la pregunta. ¿En serio su novio dudaba? Aunque él no había sido fiel, Sebastian no tenía como saberlo – Lo siento… - se disculpó, apenado – No quise decir eso… Yo… Solo estoy muy… ¡Wow!

- Perdóname… - fue lo único real que podía salir de los labios de Kurt por ahora – Perdóname…

- No, bebé… No te disculpes por esto… - el mayor lo detuvo. Sebastian conocía de los casos del gen portador, por lo que no era tan descabellada la idea de que su pequeño novio estuviera esperando un hijo de él – Dios, porque nunca me dijiste que tenías el gen… Yo hubiera sido más cuidadoso.

- No tenía idea… - confesó – Papá jamás me lo dijo.

- ¡Dios! – Sebastian pasó una mano por su pelo, pensando a gran velocidad cómo haría para afrontar esto, ya que dentro de sus planes no había estado la posibilidad de ser padre a los 17 años. Era una locura – Pero, tranquilo bebé, vamos a superar esto… ¿De acuerdo? Te amo y amaré también a nuestro hijo.

Kurt, inundado de una culpa enorme y, a la vez, un sentimiento de gratitud cayó en un estrepitoso llanto sin control. La situación vivida sólo le confirmaba que estaba con el chico más grandioso del mundo, y que se iría al infierno con pase V.I.P. por no decirle la verdad.

Fue contenido por su novio por largos minutos, hasta que el médico regresó a la habitación.

- ¿Todo bien? – preguntó el hombre, observando la escena frente a él.

- Si, doc – respondió Seb, tendiéndole un pañuelo a su novio, mientras aun le acariciaba la espalda en círculos.

- Okay, bien – caminó hacia ellos – Como ya le dije a Kurt, él debe cuidarse estos primeros meses. Nada de esfuerzo innecesario, ni estrés; alimentación sana y no olvides ir al obstetra.

El ojiazul asintió, sintiendo que el llanto amainaba por fin.

-o-

El viaje de regreso a casa fue silencioso, incómodo, sólo interrumpido por los pequeños suspiros de Kurt, quién no dejaba de pensar en qué iba a hacer de ahora en adelante, ya que se había destapado su secreto, y hasta el momento Sebastian creía que el bebé que esperaba era de él. Tal vez no había sido tan malo todo esto, al menos ahora podría contar con su novio para desahogarse de todas sus preocupaciones y angustias que antes no tenía con quién hablarlas. Ya no se sentiría tan sólo en esto.

Al llegar a casa, Kurt se mantuvo sentado un tiempo más antes de bajarse. No sabía que debía decirle a Seb, o si comportarse como siempre. Sebastian bajó rápidamente, rodeando el auto y abriendo la puerta del lado de Kurt, con la clara intención de ayudarlo a bajarse.

- Tranquilo – Kurt alzó una mano para detenerlo – Seb, no estoy enfermo – bajó del vehículo solo – Aun puedo hacer cosas simples como estas.

- Okay, sólo quiero cuidarte – le dio una sonrisa nerviosa. Kurt podía notar con claridad que su novio se estaba esforzando en disimular el nerviosismo que aún conservaba desde que había recibido la noticia de su embarazo.

Al dejar al menor en la puerta de su casa, lo besó castamente y le dijo que lo llamaría en cuanto llegara a Dalton. Un "te amo" fue susurrado en su oído, entonces se marchó.

Kurt entró a su casa y sólo pudo llorar. Últimamente esa era la única forma en que su cuerpo liberaba las tensiones, lloraba como si le pagaran por ello.

-o-

El lunes llegó lento y tortuoso. Kurt peleó con su despertador, con su cepillo de pelo y hasta con su ropa. Estaba simplemente de mal humor, y no era su culpa que la noche no hubiera sido suficiente para todo el sueño que tenía, ni que su cabello decidiera no querer peinarse correctamente, mucho menos que uno de sus pantalones favoritos e ilegalmente ajustados, no quisiera cerrarse sobre su abdomen. Apenas tenía algo más de un mes y ya odiaba comenzar a despedirse de su ropa. O tal vez estaba exagerando y estaba algo inflamado por otro motivo.

Se disponía a desayunar con Finn, cuando la sólo imagen de su hermano masticando descuidadamente su cereal lo mandó de regreso al baño. Vomitó su propia hiel, pues no había alcanzado a probar bocado.

- Cariño, deberías llevar algo – sugirió Carole con voz maternal – No es sano que pases tantas horas sin comer.

- Lo sé, es sólo que… veo la comida y ya no me dan ganas de comer – explicó con una mueca de desagrado.

- Al menos toma una barra de granola – Kurt aceptó para no levantar sospechas, y luego se marchó al instituto.

Al igual que la vez anterior, fue recibido con Blaine coqueteando descaradamente con una chica, a la que tenía atrapada entre su casillero y él. La pareja estaba coincidentemente frente a su propia taquilla. Kurt fingió que no existían, e introdujo sus cosas lo más rápido que le fue posible dentro del locker para huir de allí.

La clase de matemáticas fue un asco, entre números y problemas, su vida se sentía mucho más miserable. Sólo lo mantenía en pie el hecho de saber que tenía una pequeña vida dentro de él; alguien que lo necesitaba, y para quién él sería su todo.

Sonrió ante el pensamiento, tentado de poner una mano sobre su vientre, pero se contuvo. No deseaba tener que explicar su extraña conducta. La improvisada batería que golpeaba Puck a su lado, lo distrajo. El chico del mohicano estaba descaradamente oyendo música, sin importarle la clase en lo más mínimo.

- Entregaremos sus exámenes – comentó el profesor en el frente y Kurt le dio un codazo a Puckerman – Las calificaciones están bastante bajas, por lo que sería bueno que pusieran más empeño en estudiar, chicos.

- ¿Cuánto sacaste? - quiso saber el castaño.

- Lo de siempre – respondió, alzando sus hombros – Reprobado.

- Dios, Puck… si sigues así te sacarán del equipo – el mayor rodó los ojos, como si eso no fuera posible.

- Feliz aceptaría una clase tuya – le guiñó un ojo y fue el turno de Kurt de rodar los ojos.

- ¿Acaso le estás aprendiendo las frasecitas a tu amigo Blaine? – dijo, antes de pensarlo siquiera.

- Anderson es un idiota – masculló – Y hablando de él, sabes que tenemos una conversación pendiente – lo señaló con un dedo acusador – No lo has olvidado, ¿o sí Hummel?

- Tenemos la hora de almuerzo – se quiso quitar de encima los penetrantes ojos de su amigo. Sabía que el chico insistiría hasta sacarle toda la información y Kurt no estaba tan seguro de querer contarle todos sus problemas, o al menos, los que involucraban a Blaine Anderson.

-o-

A mitad de la clase de gimnasia, se vio en la obligación de sentarse, porque la fatiga no le permitía mover un solo musculo más. Tina se había acercado a verificar que todo estaba ben, porque Kurt, si bien no era un atleta, al menos hacía el esfuerzo de estar al nivel exigido en clase.

- Tranquila, ya se me pasará – la calmó. Su cabeza daba vueltas, y no sabía cómo iba a continuar en esta situación sin que todo mundo se enterara de su condición.

Decidió ir a los servicios, en lo que la clase acababa. Tomó una ducha y se vistió rápidamente. Cuando se disponía a salir de allí, se topó de frente con el arrogante rostro de Blaine. Ambos se miraron un momento, antes de que Kurt soltara un siseo bajo e intentara pasarle por el lado.

- ¿Están regalando algo que te vas tan rápido, cariño? – se burló el moreno.

- No necesito que regalen nada para desear salir de aquí – respondió, no queriendo quedar con la palabra en la boca – Este lugar comenzó a apestar.

Blaine sólo rió fuertemente, mientras el menor salía de allí más que molesto. La actitud de su némesis lo descomponía. ¿Cómo podía ser tan descarado? Se había estado besando con distintas personas en sus narices, y ¿luego intenta que haga de cuenta que eso no pasó? Pero, de todos modos, ¿por qué tenía Kurt que preocuparse por eso? Al contrario, debería sentirse feliz de que por fin Blaine siguió con su vida de ligón y lo dejó en paz, dentro de lo posible, claro.

Respiró un poco más relajado ante eso, y se dio cuenta que no era tan malo. Era algo positivo y mientras más lo pensaba, más tranquilo se sentía.

Más tarde ese día, Puck hablaba animoso con un renovado Kurt, el menor había sido capaz de comer su comida casi por completo y se sentía satisfecho. Agradecía que las náuseas lo hubieran abandonado por ese día al menos. Puck hizo un cambio en la conversación, de improviso.

- Así que, tú y Blaine… - tomó su manzana y la mordió, mirando a Kurt expectante.

- No nos pongas a mí y a ese en una misma frase – rebatía el ojiazul – Y si lo dices por lo que dije el otro día, sólo fue un accidente.

- Kurt, me dijiste que te besó en tu cuarto – le recordó – ¡Dentro de tu maldita casa! ¿Qué quieres que piense?

- Nada, no tienes que pensar nada… Porque no hay nada – trato de esclarecer – El idiota ese, a quien le sobra la confianza y tiene el ego más grande que un continente, creyó que sería una buena idea meterse por mi ventana – comenzó a explicar – Se escondió y me besó sin mi consentimiento.

- Creí que tú lo habías besado – Puckerman estaba confundido.

- No, él me tomo por sorpresa, y sí, en un momento me dejé llevar – confesó ruborizándose – Pero al segundo siguiente lo aparté, lo juro.

- ¿Y eso es todo? – dudó Noah.

- Por supuesto que sí – insistió el menor - ¿Qué más podría pasar ente nosotros?

- Am… no lo sé – dio otro mordisco a su manzana – Tal vez que follaran como en la fiesta.

- ¡Santo cielo! – escupió en un susurro – No vas a dejarlo pasar jamás, ¿cierto?

- Soy tu amigo, no puedo – respondió.

Kurt suspiró frustrado y alejó la bandeja de su rostro, ya no podría comer nada más luego de esa conversación.

-o-

Sebastian le texteó un par de veces en el bloque de la tarde, preguntándole como iba con el embarazo, y si se había sentido bien, mostrándole su preocupación de que volviera a desmayarse. Kurt, como pudo, le respondió a su novio, tranquilizándolo. Últimamente sentía que debía hacerlo con todo el mundo. No acostumbraba a ser el centro de atención, ni siquiera en casa; por lo que todo esto era nuevo y no sabía cómo sobrellevarlo.

El resto de la semana se mantuvo en igualdad de condiciones; problemas al levantarse, vomitando con el estómago vacío, viendo a Blaine por las mañanas con una chica distinta; lo cual lo hacía dudar profundamente de la orientación del chico, y pasando el día en un esfuerzo sobre humano porque nadie notara que sus salidas entre clase, se debían a sus constantes nauseas.

- Huyendo de clases, cariño – Kurt acababa de devolver la manzana que había logrado desayunar. Su rostro pálido lo delataba, aunque se hubiera mojado en el baño.

- Ugh – gruñó, debido a que Blaine le obstaculizaba el paso con su brazo apoyado en el marco de la puerta – Quítate.

- Cariño, has pensado en cambiar el tono de tu maquillaje – continuó hablando el moreno, sin prestarle atención a la molestia de Kurt – Te ves como si acabaras de levantarte de una tumba.

- ¡Que te quites! – insistió con voz firme y mirada amenazante.

- No me intimidas, cariño – se rió con su sonrisa arrogante – Eres como un pequeño Bambi – le pasó una mano por el rostro, que Kurt apartó de un rápido manotazo. Blaine mantuvo su sonrisa – Dile a tu novio que te quite ese mal humor – Kurt optó por empujarlo para poder pasar de una buena vez - ¡O si quieres, te lo quito yo! – Kurt no volteó a mirarlo, ni siquiera para mostrarle el dedo como estuvo tentado a hacer, sólo caminó rápido, con la risa de Blaine a sus espaldas.

Fue una semana realmente dura para el castaño. Pero ya era viernes y las clases habían acabado, por lo que se dirigía hacia la consulta de su, ahora, obstetra. Un cosquilleo en su estómago, lo mantenía constantemente nervioso. La sensación burbujeante de la felicidad, lo embriagaba. Sí, estaba feliz a pesar de haber tenía una semana horrible, porque hoy vería nuevamente a su pequeño bebé.

Sebastian se había disculpado reiteradas veces dentro de una llamada telefónica, por no poder acompañarlo, ya que no tenía forma de salir de Dalton, aun siendo viernes. Kurt lo disculpó, considerando que el chico había sido un cielo en cuanto se enteró de todo.

- Hola, Kurt – saludó el obstetra, tendiéndole una mano al menor – El doctor Jenks me habló mucho de ti.

- Bueno, me conoce desde que nací, prácticamente – comentó el ojiazul, sentándose y acomodando su bolso sobre el regazo con nerviosismo.

- Okay, tenemos que hablar un poco de ti y de tu condición, primero que nada – comenzó el mayor – Eres uno de los tres casos con gen portador en el país – Kurt asintió – Y por lo que te imaginarás, el embarazo en un hombre es muy distinto que en una mujer – el hombre tomó unos diagramas – Lo que te permite quedar en estado, es el hecho de que tienes útero, pero en un hombre el embarazo es mucho más complicado, porque para tu cuerpo el feto, es algo ajeno – El ojiazul intentaba seguir a su obstetra – Si bien, no va a atacarlo como un virus, pero no le entregará todo lo que necesita. El 90% de los embarazos masculinos logran llegar a término, aunque por el hecho de no menstruar, el periodo de gravidez es menor… Más o menos siete meses – el chico quiso interrumpir, pero prefirió esperar hasta que el médico finalizara su explicación – Además, necesitarás de una dotación mensual de vitaminas, hierro y por supuesto, ácido fólico. Es realmente importante que las tomes sagradamente, porque es lo único que te asegurará que tu bebé está correctamente nutrido.

- Okay… - soltó en un susurro; sus ojos enormemente abiertos por la nueva información adquirida – Entonces…

- Lo sé, es mucho para retener – se rió el hombre – En resumen, tu embarazo durará alrededor de siete meses, en donde tu cuerpo no proveerá todos los nutrientes necesarios a tu bebé, por lo que tendrás que tomarlos por tu cuenta.

- Entiendo – dijo Kurt más esclarecido.

- Debes tener mucho cuidado con lo siguiente, Kurt – al menor se le revolvió el estómago – En cuanto llegues al séptimo mes, por razones obvias, no tendrás rompimiento de membrana, ni ningún signo real de que tu bebé ya viene – el castaño no pudo contener su expresión de angustia – Lo único que será perceptible, serán las contracciones. Pero, al igual que en las mujeres, puede ser asintomático, lo que sumaría mayores problemas. Con esto quiero que te asustes, Kurt.

- Es difícil no asustarse – su voz era un hilo - ¿Qué ocurre si no tengo síntomas y mi bebé no puede nacer?

- Tranquilo, nos preocuparemos de que eso no pase – lo calmó el hombre – Debes estar siempre monitoreando tu embarazo, si pasan más de 24 horas en que tu bebé no realiza ningún movimiento, debes venir inmediatamente… Es importante que si eso pasara, intentes estimular el movimiento, ya se hablándole, comiendo algo dulce o tomando una ducha caliente.

- Okay, Okay – Kurt asentía, pero por dentro estaba hecho un manojo de nervios.

- Estaré contigo en todo momento, Kurt – le aseguró el doctor – Puedes llamarme cada vez que tengas dudas, o quieras saber algo. Aun eres pequeño para enfrentar algo como esto, pero ya que has decidido tenerlo, vamos a hacer que funcione, ¿de acuerdo?

- Por supuesto – el castaño le dio una sonrisa nerviosa y luego sus ojos se iluminaron, cuando le hizo una seña con su mano para que se subiera a la camilla.

- Vamos a revisarte – Kurt casi brincó para ver a su bebé lo antes posible. Levantó su suéter y dejó al descubierto su vientre aun plano.

Al igual que había hecho su doctor de cabecera, el obstetra puso el gel y luego lo inspeccionó con el pequeño aparato, paseándolo de un lado a otro, haciendo algunos comentarios acerca del estado de la placenta y el tamaño del saco amniótico. Entonces los azules ojos de Kurt, que habían estado expectantes, vieron por segunda vez a su pequeño milagro. Se llevó una gran sorpresa de verlo mucho más nítido que la vez anterior. Se distinguían con claridad su cabeza, manos y piernas. Era una miniatura del bebé que sería al nacer y Kurt no pudo contener las emociones que lo abordaron. Sus lágrimas cayeron, pero no le importó porque estaba dichoso, oyendo de fondo los presurosos latidos del pequeño ser dentro de él.

- Estás de siete semanas, y como puedes ver, tu bebé está bastante formado – le comentó, viendo la felicidad del menor – Sería bueno que vinieras nuevamente antes de la semana doce. Ahí terminará el primer trimestre y confirmaremos que superamos la etapa más difícil.

- Sí, como usted diga, doctor – Kurt asintió feliz.

Salió de la consulta del obstetra, embobado, mirando las imágenes de su bebé. Era increíble cómo sin conocerlo aun y en tan poco tiempo, ya sentía que lo amaba y que podría hacer cualquier cosa por él. Su corazón se sentía tan grande en ese momento dentro de su pecho, que quería brincar de felicidad.

-o-

Burt le había pedido ese sábado por la mañana, que lo ayudara junto con Finn en el taller. Creyó que sería una buena manera de matar el tiempo, y no sentir la ausencia de Sebastian ese fin de semana que sus padres lo habían dejado encerrado en Dalton. Pero, luego de la primera hora, tratando con todas sus fuerzas de no sentir el profundo olor a aceite de motor y gasolina, había terminado en el retrete devolviéndolo todo. Su padre no prestó mucha atención en un principio. Sin embargo la cuarta vez que lo vio correr al baño, más pálido que de costumbre, decidió averiguar que iba mal con su hijo.

- Kurt – dio dos golpes en la puerta. Desde el exterior podía oír claramente como el menor vomitaba - ¿Todo bien?

- Si, papá – se forzó a decir, mojándose el rostro en el lavamanos.

- ¿Entonces, que es todo esto? – Kurt maldijo internamente.

- Creo… creo que he pescado algún virus… gripe… o algo – mintió, abriendo la puerta del baño, sintiéndose como un muerto en vida.

- Te ves muy mal, será mejor que regreses a casa – sugirió Burt, al ver el deplorable estado en que estaba el menor. Kurt quiso negarse, pero realmente no tenía energías para seguir allí y sólo quería dormir lo que quedaba del fin de semana, asique asintió – Nos vemos en la cena.

Besó su frente y Kurt tomó su bolso, marchándose gustoso a la comodidad de su casa. Al llegar, se recostó y durmió hasta la hora de la cena.

- Kurt, cariño – la dulce voz de Carole lo trajo de vuelta a la realidad – Ya puedes bajar a cenar.

- De acuerdo, bajo en seguida – el castaño caminó hacia al baño, pero se detuvo a medio camino, porque un sospechoso movimiento desde el árbol frente a su ventana llamó su atención.

Por un segundo creyó que podía tratarse de Blaine, pero recordando sus últimos encuentros, dudaba que el pelinegro fuera a perder su tiempo discutiendo con él, en lugar de estar tirándose a alguien.

- ¿Cómo te has sentido, Kurt? – preguntó Burt, haciendo que el aludido sintiera que se ahogaba con las verduras.

- Ejem… este, sí… mejor, supongo – tartamudeó, tragando con dificultad.

- Debería llevarte con el doctor Jenks si continuas así – el muchacho palideció a un punto fantasmal – Puede ser algo más grave, como apendicitis, o algo así.

- No, no, papá, esta semana tengo demasiados compromisos en la escuela como para enfermarme – trató de bromear – No ha sido nada, de verdad – mostró su mirada más sincera, pero Burt aún no se fiaba del todo.

- Estaré vigilándote – respondió su padre y tuvo la sensación de que su padre quería decir mucho más con aquella frase. Pasó saliva y clavó la vista en su plato, comiendo rápido, para poder huir de la mesa.

Finn hizo el gasto del resto de la conversación, alivianando la tensión de aquella advertencia final. El ojiazul rogaba porque las malditas nauseas acabaran pronto, porque no podría ocultarlas por mucho tiempo más.

-o-

- Hola, bebé – saludó Sebastian desde el otro lado de la línea - ¿Cómo te sientes?

- Ugh… - bufó Kurt en respuesta – Esto es una mierda, quedaré en los huesos si sigo así.

- ¿Ha estado tan mal? – indagó su novio.

- No hay una sola comida que logre retener en el estómago – explicó, suspirando – Sólo quiero que esto termine ya.

- Eres muy valiente, Kurt – musitó cambiando su tono de voz – Yo no sé si hubiera sido capaz de afrontar algo así… Pero… - Kurt notó la duda al final de sus palabras.

- ¿Pero? – le instó a continuar. Y mejor no hubiera hecho tal.

- Aun no entiendo cómo nos pudo pasar esto si siempre… No es que insinúe que tú… Porque yo sé que… Y yo…

- Sebastian – lo frenó el ojiazul – La efectividad de un preservativo es del 99,9% - dijo, como si de un experto en el tema se tratara – Puede haberse roto uno de tantos, al abrirlo… con los dientes… - se arriesgó a desviar la atención hacia aquel "descuido" tan común.

- Puede ser… - la voz de Sebastian se relajó un poco. Hubo un silencio y Kurt supo que la conversación no terminaba allí.

- Suéltalo, Seb – masculló el menor – Desde aquí oigo los engranes de tu cabeza trabajar.

- Bebé… - Seb rió – Mis padres están organizando una comida para mañana, y me gustaría que vinieras.

- De ninguna manera – se negó el castaño – Tus padres me odian.

- Ellos no… - hizo una pausa – Bueno, "odiar" es una palabra muy grande – Kurt chasqueó la lengua – Pero es una excelente oportunidad de que limen asperezas.

- Ni siquiera dejarán que pase del vestíbulo – bromeó ácidamente el ojiazul.

- Hablo en serio, bebé… Vamos a tener un hijo – el estómago de Kurt se retorció incómodo – Necesito tener al amor de mi vida en paz con mis padres, porque no quiero tener que dividirme en dos.

- Sebastian, es que no sé si sea una idea muy buena – porfió – Ellos jamás han demostrado interés en nuestra relación, al contrario… Creo que sería mejor que inventaras una excusa por mí.

- Bebé, sólo dales una oportunidad, te prometo que no vas a arrepentirte.

- Maldición – escuchó a Seb reír, anticipando su respuesta – De acuerdo, iré a la cena.

En ese momento Kurt supo que se arrepentiría el resto de su existencia por esa respuesta.