Capítulo 8.
Kurt caminaba solitario por los pasillos de McKinley, estaba llegando tarde a clases, pero no podía importarle menos, estos últimos días habían sido una vertiginosa montaña rusa de emociones, y a pesar del apoyo de su familia al enterarse por la boca muy grande de Finn que había cortado con Sebastian, su ausencia le dolía. Aún sentía que lo amaba, tal vez no como antes, sin embargo quedaba demasiado en su corazón como para ignorarlo. Había llorado cada noche desde su rompimiento, y se esforzaba en darse ánimos cada mañana para continuar asistiendo a clases, sin sucumbir en una terrible depresión sin retorno. Tenía que mantenerse firme, por su bebé. Se prometió a sí mismo no estar triste nunca más por él, pero había fracasado horriblemente. Por lo que ya no sabía cómo sobrellevar todo esto. Gracias al cielo, Blaine se estaba comportando bien con él, casi podía encontrarse con él sin sentir el común giro en su estómago, lo que podía considerar un avance entre ellos. Cada mañana el chico había aparecido en su casillero con un sobre de galletas saladas, aunque supuso que por la hora, hoy se lo perdería.
- Disculpe la tardanza – se excusó Kurt, al entrar al salón de español. El señor Schuester le dio una sonrisa y con un gesto de su mano lo invitó a entrar – Gracias.
Se desplomó en su asiento junto a Puck y deseó volver a dormirse.
- Hey, te ves muy mal… - comentó el chico del mohicano en cuanto lo vio - ¿Has tenido mala noche?
- Un mal año, para ser más específicos – respondió Kurt en un susurro. Apoyó su cabeza sobre la fría superficie de la mesa, relajándose y cerrando sus ojos.
- ¿Es por el idiota de Sebastian que estás así? – se aventuró en preguntar Puck.
- No quiero hablar de eso, Noah – balbuceó con un tono ligeramente amenazante.
- Okay, lo entiendo – aun así continuó – Sólo te diré que te felicito por mandarlo a la mierda… - Kurt alzó la cabeza, mirándolo molesto – Eres un chico increíble, y el tipo ese no te merecía.
- ¿Has terminado? – preguntó alzando una ceja.
- Si – el ojiazul regresó su cabeza al lugar anterior. Puck comenzó a dar botes con su pierna, inquietando al menor.
- ¿Algo más que quieras decirme? – Kurt arrastró las palabras, manteniendo los ojos cerrados.
- Bueno, te he visto como un zombie estos días, y estaba pensando que tú y yo deberíamos ir a la fiesta que se está organizando en…
- No, no, no… - lo detuvo Kurt – En la vida, jamás quiero volver a ir a una maldita fiesta.
- Oye, me lo debes después de la última – lo recriminó el mayor.
- Precisamente, por culpa de esa estúpida fiestecita, mi vida se fue a la basura – Kurt mantenía su tono de voz en sólo un susurro – No voy a tropezar dos veces con la misma piedra.
- Vamos, tienes que sacudirte todo eso – Puck le dio un empujoncito con su hombro – Te servirá para distraerte y dejar de pensar en ese idiota…
- Puck… - advirtió el castaño.
- Lo siento – masculló el chico del mohicano, riendo divertido.
- De todos modos, gracias por la invitación – siseó, volviendo a medio dormirse sobre el pupitre.
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Kurt salió al aparcamiento, topándose con un enorme grupo, donde Blaine estaba en medio, haciéndolos reír a todos. El ojiazul pudo apreciar su risa sincera, sin inhibiciones, mientras carcajeaba junto a los demás. El castaño no pudo negar que aquella imagen era realmente bella, al igual que su sonrisa.
Caminó hacia su carro, pasando desapercibido para el moreno, pero no llegó lejos.
- Entonces… - Puckerman lo alcanzó de donde quiera que haya venido y Kurt casi pegó un brinco.
- ¿Qué? – respondió, aclarando su garganta.
- ¿Irás conmigo a la fiesta? – el menor rodó los ojos a vista y paciencia de Noah.
- No estoy para fiestas, ya te lo dije – explicó con voz cansada.
- Estás muy deprimido últimamente… Sólo quiero que estés feliz otra vez – intentó persuadirlo.
- Por supuesto que estoy deprimido, Noah – confesó el castaño – Terminé mi relación con mi novio, porque sus padres me odiaban y me trataron horrible, además de la culpa por estar con otro chico… Yo… No sé cuánto más pueda aguantar… - pasó una mano por su frente – Sólo… No soy la mejor compañía, ¿sí?
- Kurt, tu siempre serás la mejor compañía – Puck se acercó al menor – Y esa fiesta va a ser un asco si tú no vas – le dio una sonrisa autentica y Kurt no pudo evitar devolvérsela.
- ¡Hola! ¿Interrumpo algo? – la voz de Blaine hizo al ojiazul dar un brinco - ¿No están demasiado cerca para conversar?
- Piérdete, Blaine – masculló Puckerman.
- No, no discutan – Kurt detuvo una potencial disputa entre los dos chicos. Blaine se veía realmente molesto y… ¿celoso?
- Kurt, quería hablar contigo – el moreno se acercó con la clara intención de apartarlo de Noah. Este puso un brazo posesivo alrededor de los hombros del menor.
- Pues, que pena… Él está hablando conmigo ahora – lo desafió el chico del mohicano.
- ¡Ugh! ¿Pueden dejar de ser tan cavernícolas? – Kurt miró de los mieles ojos de Blaine a los verdosos ojos de Noah, ambos chicos mirando con molestia al otro – Puck, ya te di mi respuesta – le quitó el brazo que lo sostenía, y comenzó a caminar – Blaine, sígueme.
Si hicieron alguna interacción, Kurt no lo vio, pues caminó sin voltearse.
- Creí que me mandarías a la mierda, igual que a Puckerman – comentó el moreno, ajustándose al paso de Kurt.
- No te confíes – le giñó un ojo – Siempre puedo arrepentirme.
- Cariño, sabes que eso no funciona conmigo – la sonrisa patentada de Blaine hizo su aparición.
- Entonces… ¿Qué tienes para decirme? – lo apremió el castaño, llegando a su carro – Estoy cansado y sólo quiero llegar a casa para dormir una vida entera.
- Pues, hay una fiesta que…
- ¡No! – decretó Kurt, tapándole la boca con su mano al moreno – De ninguna maldita manera… ¿Qué le pasa a todo el mundo? ¿Desde cuándo me convertí en el tipo de chico que se la pasa en fiestas? ¡Dios!
- ¿Debo tomar eso como una negativa? – dudó el ojimiel, apartando su mano con suavidad.
- Un gran y gordo "no" – Kurt jaló la puerta y lanzó su bolso dentro - ¿Olvidas las consecuencias de la última fiesta?
- Jamás… es la mejor de mi vida, cariño – le guiñó un ojo – Comenzando por la parte en que tú y yo…
- ¡Okay! ¡Adiós Blaine! – el castaño se subió a su Navigator, cerrando la puerta, con la risa del mayor de fondo.
Por el espejo retrovisor, vio un beso lanzado al aire para él, y no pudo evitar reír también. Blaine lograba sacarle una sonrisa, aun en contra de su voluntad. Era un completo loco, pero a Kurt le estaba agradando demasiado este loco.
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Más tarde, ese día; Kurt estaba discutiendo con Noah por el teléfono.
- Que no… Ya te lo he dicho un montón de veces – la molestia se oía en la voz del menor.
- Te prometo que no te dejaré beber una sola gota – insistió Puck – Sólo bailaremos, y nos divertiremos.
- Ni aunque quisiera beber, no puedo – se recriminó por su boca suelta – N-no… no puedo, porque yo y el alcohol no somos buena dupla.
- ¿Lo ves? No hay de qué preocuparse – Kurt soltó un suspiro, tal vez el veinteavo de esa conversación.
- Okay, veré como le hago para que mi padre me deje ir – finalmente cedió. Oyó la expresión de victoria del otro lado de la línea – Pero sólo por un rato y tendrás que venir por mí y dejarme en la puerta de mi casa, ¿Okay?
- Por supuesto – juró Puckerman – Te recojo a las diez.
La llamada finalizó y Kurt se arrepintió de haber aceptado, cuando un fuerte mareo lo abordó. Tuvo que sentarse en su cama, respirando pausadamente, a la espera de que la sensación lo dejara moverse de nuevo. Tomó grandes bocanadas de aire, concentrando su vista en un punto muerto, hasta que la habitación dejó de girar. ¿Debería tomar eso como una advertencia?
Ahora… ¿Cómo le haría para obtener el permiso de su padre?
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- No, Kurt – musitó Burt, saliendo de debajo de un carro – Ni en un millón de años.
- Pero, papá… Puckerman prometió llevarme y traerme de regreso – intentó convencerlo.
- ¿Y eso debería ser alguna garantía para mí? – la ironía era perceptible en la voz del mayor – Ese chico no se ve nada serio.
- Es el mejor amigo de Finn… Y mío también – Burt negó con la cabeza – Papá, yo realmente necesito distraerme un poco… Desde que terminé con Sebastian… - Kurt bajó la cabeza ante el recuerdo de su ex novio. Aun dolía mencionar su nombre.
- Si intentas una especie de psicología inversa… - Burt pudo ver la tristeza en los ojos azules de su hijo. Ciertamente había notado lo deprimido que había estado desde que el novio de Kurt se había cambiado de escuela. Él ya no había vuelto a ser el mismo.
- Prometo volver temprano – dijo, como último recurso.
- Dios… - el hombre suspiró pesadamente – Más te vale estar aquí antes de las doce – la amenaza implícita en las palabras de su padre, lo hicieron asentir frenéticamente, con los ojos muy abiertos, pero una enorme sonrisa también.
- ¡Gracias, papá! – chilló dando un brinco y saliendo del taller a toda prisa, antes de que Burt cambiara de opinión.
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- Mierda, Hummel – bufó Puckerman, parado al final de la escalera de la casa de Kurt – Creí que me volvería anciano aquí esperándote – el castaño rodó los ojos - ¿Qué te tomó tanto tiempo?
- La moda y el buen gusto, toman tiempo – Puck negó con la cabeza. Lo cierto es que Kurt no podía confesar que había tenido problemas para entrar en sus bellos pantalones azules Marc Jacobs, y en otro par de pantalones más, antes de hallar los que finalmente eligió, de material más elástico. Tampoco pensaba referirse a las camisas desechadas por ser demasiado ajustadas a la altura del vientre. O tal vez sólo fuera la paranoia de Kurt con todo esto del embarazo, pues nada lo hacía sentir lo suficientemente seguro de que nadie note su estado - ¿Nos vamos?
- Sí, por favor – gruñó el mayor, tironeando del brazo a Kurt, para salir rápido de su casa.
El viaje hacia la fiesta estuvo lleno de bromas y anécdotas probablemente inventadas en la cabeza de Puck, pero Kurt no paró de reír. Hacía mucho que no pasaban un tiempo así de simple; entre chistes e historias bobas. El castaño se dio cuenta lo mucho que se había alejado de lo que era antes, y no sólo el tiempo que llevaba embarazado, sino desde que comenzó a salir con Sebastian. Estaba aislado en su burbuja de amor, aunque ahora se arrepentía de eso. ¿De qué le había servido estar lejos de todo mundo, si al final su relación no duró más de seis meses? De no ser por Puck, estaría tan solo como una paria. También estaba Blaine, pero su compañía era intermitente, y algo extraña aún para el menor.
Llegaron a un pequeño conjunto de departamentos; en un edificio de más de diez pisos. El elevador le revolvió un poco el estómago a Kurt, e instantáneamente supo que no debió haber ido. El sonido de que habían llegado, le hizo congelarse en el lugar.
- ¿Piensas quedarte ahí toda la noche? – Noah lo miró con una ceja alzada. El castaño torció el gesto, vacilante.
- Yo… yo creo que mejor me voy a casa… - Puck resopló frustrado – No me siento bien.
- No me vengas con esas mierdas – se quejó, halándolo del brazo hacia el pasillo – Ya estamos aquí y no pienso devolverme, asique pon tu trasero en marcha.
- ¡Ugh!
Kurt fue tironeado hasta la puerta número 22. Desde allí se podía oír el sonido de los bajos vibrando por todo el piso. El menor se preguntó si sus vecinos estarían realmente sordos o si los otros departamentos estarían vacíos, porque si él viviese allí, seguramente ya habría llamado a la policía por disturbios o ruidos molestos.
Puckerman aporreó la puerta para hacerse oír por sobre el sonido estridente de la música pop. Repitió la acción dos veces más, mientras Kurt se removía incómodo a su lado, con ganas de huir. La puerta fue abierta y el castaño casi se cayó sobre su trasero, al ver a un perfecto y muy guapo Blaine, sonriendo con su patentada forma arrogante de hacerlo.
- ¡Hola! – vociferó sobre el bullicio – No sabía que vendrían.
- Sólo vengo por las chicas – masculló Puck, abriéndose paso, tirando del brazo de Kurt, quien seguía algo aturdido mirando al moreno – Muévete, Hummel.
- Creí que no eras el chico de las fiestas – se burló cariñosamente Blaine, acercándose al oído del castaño cuando este pasó por su lado.
- ¡Tsh! – chasqueó la lengua, molesto de la incoherencia en sus acciones.
A decir verdad, Kurt podría pagar por regresar a la comodidad de su cama, llenar un cuenco de frituritas y pasarse la noche viendo una maratón de la saga de crepúsculo, sin embargo, el tener a Blaine ahí, le había removido un poco el desánimo, sólo un poco, por supuesto.
La presencia del moreno lo inquietaba extrañamente, haciendo que su estómago burbujeara en espera de algo, expectante. Aunque el panorama dentro del mediano departamento no era para nada alentador; el lugar era un loft de un ambiente, sala, comedor y cocina estilo americano, además de una única puerta aparte de la de salida, que Kurt asumió, sería el dormitorio del dueño de casa. En un lado una improvisada barra libre, llena de distintos tipos de bebidas y mucho, mucho alcohol, los infaltables vasos rojos de plástico y algunos cuencos con botana. Nada espectacular. Una fiesta común y corriente de día viernes. Kurt soltó un suspiro, arrepintiéndose dos segundos más tarde al aspirar por accidente el tóxico olor a tabaco que flotaba por el aire, llevándolo a toser con poca delicadeza.
No pasó desapercibido para los penetrantes ojos mieles del moreno, quien no había apartado la vista de su castaña cabeza. Blaine no pudo despegar su mirada de su delgada y vibrante figura. Su perfil, tan peculiar, con su ridícula, pero adorable nariz puntiaguda y sus ojos azules; Blaine sentía que se desquiciaba. Caminó determinado hacia una pareja de chicos y les arrebató de un tirón el par de cigarrillos que acababan de encender. Los chicos lo miraron confundidos, pero los fieros ojos del moreno, no dieron lugar a reclamos.
- Nada de cigarrillos – decretó – Se los advertí antes.
Llevó los cigarros y los lanzó a la basura. Sonrió satisfecho, mirando a Kurt, quien inspeccionaba con cara de repulsión la barra de bebidas, decidiéndose internamente si encontraría alguna sin alcohol. Blaine abrió su nevera, sacando una gaseosa de limón y caminó de regreso a Kurt.
- Ten – le ofreció la botella y el ojiazul lo miró con ojos abiertos – Es libre de azúcar, tranquilo.
- Me preocupa más que sea libre de alcohol – bromeó Kurt, tomando la botella, aprobándola con la mirada, antes de destaparla.
- ¿Por quién me tomas? – fingió estar ofendido.
- ¡Hey, Andersooon! – gritó un grupo a sus espaldas, evidentemente ebrios - ¡Ven a beber con nosotros! ¡Estamos apostando por diez tequilas!
- No cuenten conmigo – se negó, y por el rabilo del ojo vio una media sonrisa en Kurt.
- Pero eres el único que puede beberse los diez tragos sin vomitar – rió escandalosamente un chico rubio y desaliñado.
- Deberías ir – murmuró el castaño en su oído – Romperás sus corazones si te niegas – ahora se estaba burlando.
- ¡Kuuurt! – Puckerman se acercó tambaleándose a su lado, y el menor se espantó al verlo tan borracho – Baila conmigo, vamos.
- ¿Cómo te las has ingeniado para emborracharte en menos de media hora? – chilló preocupado - ¡Esto es increíble!
- Tú eres increíble – balbuceó, abrazándolo y recargándose en su hombro – Vamos a bailar.
- Ni siquiera puedes caminar – Kurt se sintió mareado de pronto, la mezcla de olores, ente cigarrillos y el alcoholizado aliento de Noah, lo estaban llevando al borde de las náuseas. Blaine lo vio palidecer y rápidamente le quitó al chico de encima, sentándolo en un sofá al lado de la mesa de tragos.
- ¿Te sientes bien? – preguntó Blaine, tomando a Kurt por los hombros. El ebrio grupo de chicos seguían llamándole, pero él los ignoró por completo – Estás pálido.
- Necesito un baño – logró decir Kurt antes de que unas horribles ganas de vomitar, lo golpearan.
- En un minuto – el moreno lo llevó casi a la carrera por entre la multitud danzante, haciéndolos a un lado a punta de codazos y empujones, hasta llegar a la única puerta dentro del lugar. Blaine abrió y metió a Kurt rápidamente, cerrando tras de él. En efecto, era un agradable dormitorio. Lo condujo a través del lugar a otra puerta, que Kurt creyó un closet en primera instancia – Entra – el mayor abrió la puerta para él y lo introdujo al pequeño cuarto de baño – Si necesitas algo… - Blaine no logró acabar la frase, pues Kurt se precipitó hacia el inodoro, dejando salir todo. La puerta fue cerrada, pero a Kurt no podía importarle menos si Blaine veía el espectáculo que él era en ese momento, o no. Su cabeza punzaba y sus oídos se habían sumido en un incesante pitido, sin embargo, se sentía más liviano ahora que había vomitado. Lavó sus manos y se enjuagó la boca. Acunando sus manos, se mojó la cara y frente al espejo, intentó arreglar el cabello que se le pegaba a la frente. Aun parecía decente, o eso creía. Salió con las piernas temblorosas por el esfuerzo y se inquietó al ver a Blaine parado frente a él, a la espera.
- No tenías que esperar por mí – murmuró con un hilo de voz.
- ¿Te sientes mejor? – preguntó él, ignorando por completo lo dicho por el menor.
- No, en realidad, quiero ir a casa – de improviso, todo el cansancio acumulado del día, recayó sobre él.
- Te llevaré entonces – ofreció y Kurt no pudo evitar mirarlo con escepticismo.
- ¿Cómo? – dudó.
- Tengo mi moto abajo, en sólo unos…
- De ninguna manera – lo frenó en seco con ambas manos – No voy a subirme a esa cosa – Kurt negó con la cabeza.
- No tengo un auto y Puckerman no está en condiciones de conducir ni una bicicleta – Blaine abrió la puerta del cuarto, buscando al aludido con la mirada, viendo como estaba bailando ridículamente sobre la mesa de café, sólo con sus jeans puestos, mientras un par de chicas lo toqueteaban – Imposible.
- ¡Mierda! – masculló el castaño, dándose cuenta que no tenía más opción – De acuerdo, tendré que subirme al cacharro suicida.
- Hey, no la trates así – se quejó Blaine, tomando una chaqueta y saliendo tras el castaño hacia la puerta principal.
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Los ojos desmesuradamente abiertos de Kurt miraban la motocicleta de Blaine, con él montado en ella, pero sus pies no eran capaces de moverse. Estaba congelado, con el casco que Blaine le había puesto hacía diez minutos, y sus manos blancas presionando la correa de su bolso. No podía, estaba aterrado.
- Cariño, si no mueves tu trasero, te voy a subir por las malas – amenazó el moreno, perdiendo un poco la paciencia. Kurt no se movió ni un centímetro – Prometo ser cuidadoso y manejar como una anciana – intentó bromear.
El castaño pasó saliva, esforzándose en dar un paso cerca del vehículo, sin embargo, no lo logró.
- ¡Trae tu culo aquí, ahora mismo! – el moreno perdió la calma – No me hagas bajar.
- ¡Estas cosas me aterran! ¿Qué quieres que haga? – soltó histérico - ¿No puedes tener un carro como todo el mundo?
- ¡Aish! – se quejó, golpeando su palma en la frente – ¡Sólo sube, maldita sea!
- Eres un cretino – se quejó el castaño, poniéndose en movimiento al fin – Si algo me llegara a pasar a mí o a mi bebé, te juro que vendré a tu casa por las noches a jalarte los pies – amenazó, haciendo reír al moreno.
- Nada te pasará, cariño – lo tranquilizó, mientras lo ayudaba a subir – Y bueno, siempre podemos hacer otro bebé – Kurt le soltó un golpe en la espalda.
- ¡Idiota! – Blaine aceleró el motor, haciendo soltar un chillido a Kurt mientras se aferraba a la cintura del moreno como si su vida dependiera de ello.
- De preferencia, no me gusta que me abracen tan fuerte – se burló. Kurt quiso darle otro golpe, pero Blaine comenzó a avanzar por la calle.
Las manos de Kurt no soltaron el cuerpo de Blaine en ningún momento, y debía confesar que luego de que el nerviosismo del inicio se desvaneciera, la sensación era agradable. Podía sentir su aroma varonil tan cerca de su nariz, y palpar la firmeza de su estómago, bajo la ropa. El viento arremolinándose a su alrededor lo había relajado, calmándolo, como una canción de cuna, junto con el bajo ronroneo del motor. Tal vez podría acostumbrarse a esto, sólo tal vez.
- Cariño, ya llegamos – informó Blaine, pero a Kurt le tomó un minuto entero para abandonar la calidez del abrazo al rededor del mayor. No quería alejarse – Pero, si quieres, puedo dar otra vuelta – bromeó, al ver los lentos movimientos de Kurt.
- Ni lo sueñes – decretó el castaño, bajando cuidadosamente, sintiendo una fuerte sensación en sus pies, como si vibraran incansablemente.
- Entonces… - Blaine bajó también de la moto y se quedó mirando a Kurt expectante.
- ¿Vas a… volver a la fiesta, o…? – Kurt no sabía cómo acabar aquella pregunta. No sabía si el decirle abiertamente que se quedara, iba a sonar demasiado atrevido, o era precisamente eso lo que Blaine estaba esperando.
- Claro que tengo que volver, aunque no quisiera – la mirada de Kurt se llenó de algo parecido a la decepción, pero se esforzó en disimularlo, mirando hacia su casa, por si su padre estuviera espiándolos – No puedo dejar mi departamento en manos de un montón de borrachos locos – Blaine rió, pues había hecho una broma, pero Kurt no pudo reír, ni siquiera mostrar una sonrisa, porque acababa de caer en la cuenta de lo que el moreno había dicho – Nos vemos – se despidió de un atónito Kurt y se montó en su moto, desapareciendo junto al rugido del motor.
- ¿Su departamento? – susurró hacia la calle donde había estado el moreno.
Kurt entendió entonces que había estado en el departamento de Blaine, que había entrado a su cuarto y vomitado en su baño. ¡Vomitó en su baño! ¡EN EL BAÑO DE BLAINE!
Esto no podía ser más humillante.
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Kurt se había esforzado en no pensar en la noche anterior, pero la idea de haber estado en el departamento de Blaine y toda la situación vivida, lo estaba atormentando. Pasó el día estudiando, o pretendiendo que estudiaba, hojeando libros y apuntes, mientras su mente viajaba lejos de la sala de su casa, creando imágenes del moreno despertando por la mañana en la habitación donde ayer estuvo. Podía verlo sentado en la barra del desayuno, con una taza de café, vistiendo solo su ropa interior…
El sonido de su lápiz cayendo al suelo, lo regresó a la realidad. Sacudió su cabeza, apartando aquellas inapropiadas escenas de sus pensamientos. Culpó al embarazo y sus alocadas hormonas.
No pasó mucho tiempo antes que se rindiera con el estudio, por lo que recogió todo el papeleo y lo regresó a su cuarto. Acomodó sobre su escritorio los apuntes y devolvió los libros al pequeño estante.
- ¿Mucha tarea? – oyó a sus espaldas, dejando caer el ultimo libro al suelo.
- Hmp… Blaine – siseó, recobrando el aliento que el susto le quitó - ¿No tienes nada mejor que hacer? – se volteó, luego de recoger el libro y dejarlo en su lugar.
- Lo cierto es… que no – el ojimiel se recostó con confianza sobre la cama de Kurt, apoyando la cabeza sobre sus manos, marcando con ese movimiento los trabajados músculos de sus brazos – Y me gusta verte en fin de semana… Con ese cabello desordenado parece que acabaras de follar.
- ¡Demonios, Blaine! – bufó el castaño, dejándose caer sobre la silla del escritorio – ¿No puedes pensar en algo que no sea coger? – le reprochó.
- Nope – respondió con soltura.
- Eres un sucio – el ojiazul negó con la cabeza, poniendo su mejor cara de disgusto – Hay cosas mucha más importantes, ¿sabes?
- Me gusta tanto follar… - siguió hablando Blaine, ignorando los pensamientos de Kurt - … que aún recuerdo al último chico con el que estuve – por la cabeza del castaño pasaron imágenes de él en la fiesta, rodeado de chicas ebrias, dispuestas a irse a la cama con Blaine.
- Qué asco – murmuró el castaño por lo bajo.
- Tenía una sonrisa hermosa y un cuerpo increíble… - los ojos de Blaine brillaron ante el recuerdo.
- No quiero oír eso – el castaño negó con la cabeza.
- Aunque la primera vez que lo vi, sólo le miré el trasero… Pero después, cuando me lo volví a encontrar… Sus ojos ¡Dios! Eran maravillosos…
- ¡Cállate ya! – masculló el menor - Asquearás a mi bebé, ¿sabes que puede oírte?
- Azules… Cabello castaño… - Blaine volteó la mirada a Kurt, quien ahora estaba más interesado en la conversación del moreno – Piel blanca y suave… Y un culo perfecto… ¿Sabes de quién estoy hablando? – preguntó y el ojiazul sólo pudo negar con la cabeza – De ti.
El aire le faltó a Kurt, ante las palabras directas del moreno, pero su cerebro le gritaba que no podían ser sinceras. Era imposible, después de todo ese tiempo.
- Estás diciendo que… - el castaño tragó saliva – ¿No has dormido con nadie más, después de mí?
La sonrisa arrogante en el rostro de Blaine, tambaleó ligeramente, con algo muy parecido al nerviosismo.
- Soy selectivo, y tú eres increíble en la cama – respondió, recobrando su pose de galán – Dejaste la vara muy alta… En muchos sentido – bromeó.
- Y ¿crees que yo voy a creer eso? – Kurt negó con la cabeza – De ti puedo esperar cualquier cosa, menos la abstinencia voluntaria.
- Como quieras, sólo quería que lo supieras – susurró, poniéndose en pie y acercándose a Kurt. Le dio una ojeada a su celular – Creo que debería irme ya, me has soportado bastante.
- Te apiadaste de mí, gracias – se burló el castaño.
Los labios de Blaine se posaron calientes y suaves sobre la mejilla de Kurt, enviándole descargas eléctricas a través de la piel.
- Adiós, cariño – se despidió, desapareciendo por la ventana.
Un profundo suspiro abordó al castaño, su cabeza estaba muy confusa y eso lo inquietaba. Blaine estaba pisando firme en el terreno más peligroso del interior de Kurt y él no estaba seguro de querer detenerlo.
Muchas gracias a todas las personas que siguen esta historia, a pesar del tiempo que me he tomado en subirles los capítulos. Tuve un problema, con la línea de tiempo de este fic, se me había perdido, pero finalmente, haciendo uso de toda mi paciencia, logré recuperarla, asi que continuaré con las actualizaciones, tratando que sean los Martes y Jueves. Besos!
