Día Martes de actualización! (Mirna, son las 0:23, por lo que prácticamente, ya es miércoles) Bueno... veinte minutos no hacen la diferencia... ¿Cierto?
CAPÍTULO 9
Dos semanas habían pasado y Kurt las vivió en una nebulosa confusa, entre malestares, náuseas y mariposas en el estómago, y no precisamente porque su bebé se estuviera haciendo sentir, sino por las extrañas actitudes que Blaine había tenido con él; siempre atento, cercano y eso le revolvía los sentimientos al castaño, quien no deseaba tener líos amorosos de ningún tipo. Creía que la relación que tuvo con Sebastian Smythe comenzaba a ser superada, o al menos eso pensaba al no ponerse a llorar como un bebé al recordarle. Poco a poco la luz al final del túnel se hacía visible para Kurt.
La tranquilidad de su cuarto se vio afectada, al sentir que alguien irrumpía a través de la ventana, precipitándose hacia el interior. El ojiazul apartó la mirada del libro que estaba leyendo, sólo para ver la apuesta figura de Blaine entrar a escena. Su patentada sonrisa lo saludó y él se mordió las mejillas por dentro para no dejar ver la felicidad que le producía verlo ahí. Kurt mantuvo su posición, recostado en la cama, ligeramente sentado, mientras que el moreno, se acomodaba a su lado como si de su casa se tratara.
- Hola, cariño – dijo al fin, girándose y reposando su peso sobre el codo, para poder mirarlo. Sus ojos miel lo observaron con detenimiento, antes de tenderle una pequeña barra de envoltura escarlata brillante – Traje chocolate.
Kurt no pudo contener por más tiempo la sonrisa y le arrebató el obsequio de las manos. Como un niño pequeño lo abrió y dio una mordida.
- Hmm… Justo lo que necesitaba – murmuró con placer.
- Mi telepatía no falla – la arrogancia era perceptible en su tono de voz – Puedo oír a mi bebé – se señaló la cien con el dedo índice.
- Blaine… - Kurt rodó los ojos, cambiando su expresión a una más seria – Te he dicho, creo que demasiadas veces, que este bebé NO es tuyo.
El moreno frunció el ceño, sintiendo las palabras del castaño, como una bofetada en la cara.
- ¿Ah, sí? Entonces… ¿quién? – lo desafió - ¿Tu noviecito, el estirado?
- Yo – respondió con molestia – Yo soy el único padre de este bebé – se señaló el pecho con ímpetu – Y espero que eso quede claro, no quiero tener que repetirlo en el futuro.
- Mira, cariño… - Blaine se puso de pie en un rápido movimiento – Tú puedes repetirme cuantas veces quieras que ese bebé apareció por arte de magia… Pero yo sé, estoy completamente seguro, que es mío – la intensa mirada del mayor le produjo una gran incomodidad a Kurt – Ya quiero ver cómo le explicas a todo el mundo el hecho de que te nació con cabello negro y rizado.
- ¡Eso no será así! – rebatió Kurt, ahora molesto de su tono de burla – Tendrá un hermoso y castaño cabello, junto a unos enormes ojos azules.
Blaine soltó una risita que terminó por cabrear al menor.
- ¿Sabes qué? Gracias por el chocolate, pero ya te puedes ir – lo despachó, tomando el libro olvidado en su regazo y ocultándose tras él, fingiendo la mayor concentración en lo que supuestamente leía. Aquello sólo hizo reír más al moreno.
- Okay, mensaje captado, cariño – se dispuso a salir por la ventana – No olvides abrigarte por estos días, hace un frío del demonio.
Kurt soltó un murmullo bajo, que a Blaine le sonó como un "vete al diablo". Le lanzó un sonoro beso y brincó al exterior.
-o-
Kurt se sentía aliviado de quitarse de encima la clase de gimnasia, luego de fingir de manera casi profesional, el mayor malestar general del mundo. Supuestamente ahora debería estar en camino a la enfermería, pero un antojo de manzanas, lo tenía yendo hacia la cafetería. Casi podía saborear el dulce sabor de la fruta, era algo increíble.
- ¿Otra vez fuera de clases? – Kurt pudo reconocer el chasqueo de lengua reprobatorio que le siguió a ese particular saludo.
- Podría decir lo mismo, ¿no crees? – Kurt se giró para ver la sonrisa divertida de Blaine a dos metros de él - ¿Acaso estas matriculado en esta escuela? A veces creo que sólo te cuelas para pasearte por aquí y por allá, ligarte un par de chicas y regresar a casa a descansar – el moreno sólo rió - ¡Ah! Y también escabullirte en mi casa, casi lo olvidaba.
- Me atrapaste, ¿ahora qué voy a hacer contigo? – bromeó, acercándose al castaño peligrosamente – Ya que conoces mi secreto, tendré que silenciarte… - Kurt negó con la cabeza, divertido de la situación, hasta que sintió que Blaine lo arrastraba hacia un salón, que para su suerte o su desgracia, estaba vacío.
- ¿Qué haces? – preguntó el castaño, confundido, viendo como el mayor cerraba la puerta. Un nervioso cosquilleo le recorrió del estómago, hasta la garganta. Recordar que Blaine venía de una correccional, tampoco lo ayudaba a tranquilizarse; y se maldijo a sí mismo por traer ese pensamiento en un momento como este.
- Lo que dije… - tomó ambos brazos de Kurt y los levantó, apoyándolos contra la pared – Silenciándote.
El pánico se apoderó del castaño y la sonrisa que antes hubiera tenido, se esfumó.
- ¿De qué hablas? – murmuró, dejando notar el temblor en su voz.
- Shhh… - entonces Kurt sintió un nuevo cambio de emociones, cuando el rostro del moreno estuvo a centímetro y medio del suyo. Su aliento le cosquilleaba la cara.
- No es gracioso – susurró, sin saber por qué sentía que no debía elevar la voz.
La nariz del mayor recorrió todo el camino de su mandíbula, llegando hasta el mentón, bajando hasta su clavícula, donde depositó un húmedo beso que hizo estremecer vergonzosamente a Kurt. El pobre chico no sabía qué hacer, ni qué pensar de todo eso. ¿Cómo, de una broma, habían pasado a… lo que sea que fuera esta situación? Quería apartarse, pero no lo hacía. Aún tenía las piernas libres, por lo que en un caso extremo podría liberarse con un buen rodillazo, pero su mente estaba sumida en una nebulosa de placer y su cerebro había hecho corto circuito con el beso que le diera Blaine. La boca del moreno comenzó a subir, lenta y peligrosamente, agitando la respiración superficial de Kurt. El castaño se mordió el labio inferior, anticipando los movimientos del mayor. Y tal como lo sospechaba, Blaine sostuvo con sus dientes el antes mordido labio, liberándolo sólo para atraparlo entre los suyos, y profundizando posteriormente el más apasionado de los besos que Kurt hubiera recibido en su vida.
Le quitó por completo el aliento, robándole la cordura y las ganas de salir corriendo de ahí. Inevitablemente se dejó besar, recepcionando la boca de Blaine son la suya abierta, sin inhibiciones. La temperatura se le elevó 5 grados de sólo imaginarse como se vería la escena si alguien entrara al salón en ese momento. El beso era caliente y demandante, Blaine lo apegaba a su cuerpo con propiedad, como si le perteneciera por completo, dejándole notar lo excitado que estaba. La presión sobre sus manos desapareció, para luego sentir las grandes y masculinas manos del moreno sobre su trasero, apretándolo contra él.
Y fue esa maniobra, la cual lo hizo reaccionar. Esto estaba mal, y Blaine no podía estar besándolo así, como si fueran algo más que simples conocidos. Él no era cualquier cosa, ni una de las porristas fáciles que saltaban al regazo del moreno cuando a éste se le antojaba. Kurt no le había dado la confianza.
- ¡Detente! – bufó Kurt, apartándolo con todas sus fuerzas, de un empujón.
- ¿Qué pasa? – Blaine parecía contrariado.
- ¿Qué demonios crees que estás haciendo? – le reprochó el menor, sintiéndose vulnerable.
- Vamos, Kurt… sólo fue un beso – el moreno trataba de quitarle importancia al asunto - No vas a armar un problema por eso.
- Y es que, ¿acaso no puedo? – puso los brazos en jarras, ahora molesto de verdad – Me besaste – Blaine rodó los ojos – Me arrastraste hasta aquí, y sin mi permiso, me besaste.
- ¿Vas a decirme que no lo estabas disfrutando? – la sonrisa arrogante se posicionó como un escudo de batalla en el rostro de Blaine.
- Eres un idiota – escupió con rabia – No puedes simplemente hacer lo que se te venga en gana… ¡No conmigo! – lo señaló con un dedo - ¿Quién te piensas que soy? ¿Una cheerio?
- Por supuesto que no – se rió Blaine – A ellas no tengo que besarlas a escondidas.
Siendo incapaz de contenerse, Kurt lo abofeteó. Se mordió el labio, esperando la respuesta de Blaine. Este soltó una risa sin humor, cargada de rabia.
- No te confundas – continuó Kurt, ahora que había quitado por fin la sonrisa del mayor – Sólo nos conocimos por un accidente, y si hablamos hasta hoy, es porque tú no has querido dejarme en paz – las palabras caían como puñales en el pecho de Blaine – Todo lo que pasó entre nosotros fue un error, y si de mí dependiera, jamás hubiera ocurrido. Métetelo en la cabeza, nosotros no somos nada, tú no tienes ningún derecho sobre mí y no voy a permitir que esto se vuelva a repetir.
- Tú te lo pierdes – masculló el moreno, saliendo del salón como alma que lleva el diablo, aporreando la puerta con violencia.
Kurt sintió la rabia subirle a la cabeza y tuvo que sentarse un momento, pues la montaña rusa de emociones, le produjo un mareo. Se centró en controlar su respiración hasta que dejó de sentir el corazón palpitándole en el cráneo. Lentamente se puso en pie y salió del salón. Se dijo a sí mismo que Blaine no le arruinaría su primer antojo del embarazo. Por lo que fue a la cafetería por su manzana.
-o-
Después de aquel incidente, no le sorprendió para nada que Blaine Anderson retomara sus andanzas de galán de cuarta. El castaño ponía todo de su parte para bloquear las imágenes del moreno besuqueando a cada chica del instituto. Sabía que en menos de dos días tendría que acudir a su cita con el obstetra, y odiaba la idea de estar solo en este proceso; no sabía si guardar el secreto del embarazo era algo positivo, pues sólo lo hacía sentirse miserable.
En su mente manoseó la idea de pedirle a Blaine que lo acompañara como último recurso, pero no podía, no luego de las cosas que le había dicho. Puck también era un candidato, aunque no sería capaz de decirle la verdad, dándole la razón a todas las conjeturas que viene diciéndole desde la dichosa fiesta. Expulsó la idea de la cabeza inmediatamente.
Kurt se mordió el labio, esperando impaciente el momento correcto de abordar a Blaine. Para tranquilizarse, se dijo a sí mismo que lo peor que podría pasar era que le dijera que no, en cuyo caso podría salirse de la incómoda situación pretendiendo que sólo era una broma. Lo vio caminar, con las manos en los bolsillos y un contoneo único en él, dirigiéndose hacia el gimnasio. Lo siguió sigilosamente y cuando se cercioró que nadie estuviera cerca, tomó aire para hablarle.
- Hola… - su voz resonó ligeramente en la soledad del amplio lugar - ¿Tienes un minuto?
- Hmm… - Blaine se volteó, casi con expresión triunfante en el rostro, molestando a Kurt con ello – Miren quien viene suplicando por un poco de Blaine Anderson.
- Es enserio… Sólo necesito un minuto – el castaño se mantuvo tranquilo, pues no quería terminar yendo solo a la consulta.
- Puedo darte un poco más que eso – caminó hacia la galería y se sentó con propiedad, esperando que Kurt hablara.
- Okay… yo… no sé por dónde empezar… - los nervios le hicieron dudar acerca de ser la decisión correcta – Am… Tengo una… consulta con el obstetra que ve mi embarazo y…
- ¿Está todo bien? – la expresión arrogante de Blaine cambió a una genuina. Kurt casi podía sentir la preocupación en sus palabras.
- Si, si, sólo es una consulta de rutina – le aclaró el menor, haciendo que éste relajara el ceño – La cosa es que… como bien sabes, estoy solo en esto… No tengo un novio, tampoco puedo contarle a mi familia ni a mis amigos, al menos no por ahora… - el castaño tomó otra respiración – No quiero ir solo.
- Y no te queda mucho, ¿cuánto tiempo tienes ya? – consultó Blaine de forma sincera.
- Dos meses y medio – respondió Kurt, esbozando una sonrisa que no pudo contener - ¿Crees que… podrás acompañarme? – el castaño se retorció los dedos, ligeramente nervioso.
- ¿Hablas enserio? – dudó el moreno, algo reticente.
- Créeme que si tuviera a alguien más que me acompañara, no estaría molestándote – dijo cabreado – Debe ser terrible para ti perder una tarde en la que podrías estar follando con alguien.
- Oye, ¿por qué me atacas? – el ojimiel intentó calmarlo, pues Kurt cada día tenía un humor más sensible.
- No estoy atacándote, a menos que decir la verdad, sea un ataque… Pues, lo siento – soltó con ironía - ¿Sabes qué? Olvida lo que he dicho, no quise ponerte incómodo – el castaño caminó lejos de Blaine, dejándolo con la palabra en la boca y sin entender realmente de qué iba todo esto.
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Más tarde ese día, Blaine esperaba que la luz del cuarto de Kurt se encendiera, para hacer su entrada. Llevaba un rato trepado en el gran árbol fuera de su ventana, temblando a ratos por el frío viento de mediados de noviembre. Cuando por fin se iluminó la habitación, el moreno se aproximó con sigilo, asegurándose que sólo estuviera Kurt.
El castaño tomó su cepillo de dientes y se dispuso a limpiar su boca antes de meterse a la cama. Se enjuagó y escupió. Alzó la vista al espejo y se observó un rato. Había tomado por costumbre el ir mirando sus cambios. Las náuseas lo tenían en los huesos, y sonrió sin humor al pensar en las dietas fallidas que realizó anteriormente. De todos modos ese estado no duraría más de un mes, cuando su panza comenzara a notarse, y con lo delgado que estaba, sería aún más evidente.
Al salir del baño, sintió una presencia junto a él, se volteó hacia la ventana y vio a un muy tembloroso Blaine parado, frotando sus manos para calentarlas.
- No entiendo que haces aquí… Creí que ya no te colarías a mi cuarto como un delincuente – comentó, sentándose en la cama para quitarse los zapatos.
- Sólo vine a terminar correctamente la conversación de esta tarde – respondió, añadiendo un "me estoy congelando" en un murmullo.
- Ya te lo dije, olvida todo eso – la mirada se posó en Blaine, viendo lo pálido que estaba, y el tono violáceo que comenzaban a tomar sus labios – Quieres… ¿quieres que te traiga algo caliente?
- Estoy bien, no te preocupes – descartó caminando hacia él y sentándose en la cama – Sólo quería decirte que iré contigo.
- ¿Qué? – el castaño no sabía si alegrarse o darle las gracias.
- Eso, que iré contigo… Entiendo que estás solo en todo esto, asique puedes contar conmigo – le dio una sonrisa verdadera y Kurt soltó un suspiro aliviado.
- Es el viernes a las cinco en punto – informó el menor – No vayas a dejarme plantado, porque no te lo perdonaría jamás.
- Nunca – Blaine mantuvo la mirada en los ojos de Kurt, y el castaño por un segundo creyó que intentaría besarlo otra vez. Cuando se estaba debatiendo entre dejarse besar o rechazarlo, el moreno se puso de pie – Bueno, que descanses.
Caminó a la ventana y bufando un par de maldiciones por el clima, se marchó, dejando a Kurt con una extraña sensación de vacío en su corazón. Ni siquiera el propio ojiazul comprendía las complicadas reacciones que tenía, ni porqué a veces quería dejarse llevar con Blaine y luego sólo deseaba apartarse. Se limitaba a culpar al embarazo y el estrago que hacían las hormonas en su cuerpo, pero algo en su cabeza le susurraba que era más que sólo eso.
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El viernes llegó lentamente, manteniendo a Kurt inquieto, incapaz de dejar de imaginar las mil reacciones que Blaine pudiera tener al ver el monitor, con el pequeño bebé moviéndose. El castaño sabía que por mucho que se lo negara en la cara al moreno, no había dudas que el hijo que esperaba era de Blaine, y se aterraba de sólo considerar la idea que al tenerlo, todo mundo notara el parecido innegable entre padre e hijo. Kurt aun no consideraba oportuno contarle a su padre y familia de su estado, mucho menos decirle que se había enrollado con un tipo completamente desconocido, recién salido de una correccional, porque estaba demasiado ebrio para mantener sus pantalones en su lugar. Ciertamente mandaría a su padre al cementerio.
Repiqueteó con más intensidad el suelo con su pie, mordiendo el bolígrafo que sostenía en su mano. No entendía ni una 'J' de lo que había escrito el Sr. Phillips en la pizarra y tampoco tenía cabeza para tratar de entenderlo. Finn le lanzó una bola de papel desde dos asientos más allá, sacándolo de un brinco de sus cavilaciones, soltando una maldición entre dientes.
"¿Qué pasa hermano?"
Kurt alzó la vista desde el papel a su hermanastro, viendo la pregunta impresa en todo su rostro. Negó con una sonrisa, asegurándole que estaba en perfectas condiciones. Finn torció el gesto, demostrando su incredulidad, pero regresó su atención a su propio pupitre, por lo que Kurt soltó un suspiro.
Estaba bajo demasiada presión y eso le pasaría la cuenta más temprano que tarde. Trató de ver los apuntes de Puck, pero se llevó una decepción al sólo ver dibujos.
- ¿No has escrito nada? – le recriminó a su amigo, quien se balanceaba despreocupado en las patas traseras de su silla.
- ¿Para qué? – respondió, volviendo a posar las otras patas en el suelo – Eres tú quien lo escribe todo siempre.
- Pues no, hoy no tengo cabeza para nada – confesó en un susurro apesadumbrado.
- ¿Y ahora qué demonios se supone que haré para tener los apuntes de la clase de hoy? – preguntó con descaro - ¿Cómo puedes ser tan irresponsable?
La boca de Kurt cayó abierta, para luego solo reír y negar con la cabeza. Su amigo estaba loco definitivamente.
Al término de la clase, Blaine aguardaba apoyado sobre los casilleros. En cuanto Kurt salió del salón, éste lo interceptó.
- ¿Nos vamos? – quiso saber y Kurt miró a su alrededor, para asegurarse que ni Finn ni Puck lo viesen. Tomó del brazo al moreno y lo jaló por un pasillo - ¿Qué pasa?
- Nada, sólo no quiero que me vean contigo – comentó, buscando las llaves de su carro en el bolso.
- ¿Debería sentirme ofendido con ese comentario? – se rió Blaine, sin perder su buen humor.
- No me refiero a eso… Tú… sabes que mi hermano es un soplón y si nos ve juntos muy a menudo… puede pensar mal o decirle a mi padre que tengo malas juntas… - Kurt soltó un suspiro, frustrado – No lo sé, sólo no quiero más problemas por ahora.
- Okay, entiendo, pero Finn es un idiota… - murmuró – El otro día estábamos en los vestidores, cuando llegó él, y…
- Blaine – lo frenó – No me interesa que me hables mal de MI hermano – dijo, recalcando el adjetivo de propiedad – Yo lo quiero mucho, además no me importa lo que haga.
- Sólo decía… A veces es bueno conocerle cosas sucias a la gente, así puedes negociar en caso que sepan algo malo de ti – explicó el moreno de lo más normal.
- Pareces un mafioso hablando así – Blaine rió – No hagas que me arrepienta de pedirte venir conmigo.
- Entiendo – simuló cerrar su boca con una cremallera invisible.
Kurt agradeció que la sala de espera, en la consulta del obstetra, no estuviera llena. De todos modos había una chica con una barriga incipiente de por lo menos seis meses de embarazo, Kurt podía apostar que no tenía más años que él. Del otro lado, una pareja; la mujer parecía a punto de explotar, por el enorme tamaño de su panza. El castaño no pudo evitar poner una mano sobre su vientre aun plano, como si con eso evitara que creciera. Ambos chicos se sentaron, sintiéndose horriblemente incómodos. Además del sujeto, con la mujer de barriga enorme, ellos eran los únicos chicos allí.
- Creo que esto fue mala idea – susurró Kurt, mirando a Blaine con la cara enrojecida hasta las orejas – Todos nos están mirando.
- Si la situación fuera al revés, y yo estuviera en el lugar de ese tipo, también nos miraría – se burló Blaine, quitándole tensión al asunto – No te intimides, piensa que jamás volverás a ver a esta gente.
- Aun así, sólo quiero que esto termine pronto – el menor soltó un suspiro tembloroso, pero su mano fue capturada con la del moreno. Los ojos azules de Kurt miraron a su acompañante, quien le sonreía de una forma que lograba tranquilizarlo.
La chica solitaria fue la primera en ser llamada, y luego de dos minutos, la pareja también ingresó a la consulta del otro obstetra. Una vez solos en la pequeña sala, el castaño se relajó.
- Jamás creí que pasaría por algo así – se quejó, limpiando el sudor de sus manos, sobre sus muslos, con impaciencia – Han sido los diez minutos más largos de mi vida.
- No exageres – Blaine parecía inmutable ante la situación – Sólo me pregunto… ¿Llegarás a verte como la señora esa?
- ¿Qué? – Kurt se sintió confundido.
- La de la enorme panza, ¿tendría trillizos? En mi vida había visto algo así… era descomunal – continuó comentando, sin reparar en que el nerviosismo del castaño aumentaba, imaginando todo aquello.
- ¿Quieres callarte? – lo silenció, regresando al rubor de hace un rato – Si la suerte aún está de mi lado, y el universo se apiada de mí, espero no llegar a verme así.
- Sería extraño de ver – añadió Blaine. Tomó nuevamente la mano de Kurt – Aun así, me encantaría verte con un vientre abultado, ¿sabes? – Kurt lo miró interrogante – Es que… eso lo haría más real, porque ahora… es como si no tuvieras nada.
- Entiendo, pero… - Kurt se miró el estómago por sobre la ropa que traía puesta – Será mucho más difícil mi día a día con un instituto entero mirándome… - Kurt cambió su expresión a una de tristeza – Estuve diez minutos siendo observado por estar en una consulta obstétrica, sólo con tres personas y quise salir corriendo, imagínate lo que será en la escuela, con una panza gigante – negó con la cabeza, conteniendo la angustia.
- Hey, hey… - Blaine lo tomó por el mentón, obligándolo a verlo a los ojos – Escúchame bien, yo jamás permitiré que algo malo te pase, ni que te digan nada estúpido o que pueda lastimarte… - el corazón de Kurt se sintió ligero ante sus palabras - Y yo soy el único que puede mirarte y decirte cosas inapropiadas – añadió, sólo para sacarle una sonrisa al menor.
- Gracias por lo primero – susurró – Y por ningún motivo puedes hacer lo segundo.
- Al menos lo intenté – bromeó.
La chica adolescente salió en ese instante, mirándolos con una expresión de escepticismo. Blaine le tomó la mano a Kurt, enlazando sus dedos, desafiando con la mirada a la chica, quien apuró el paso y se fue. El castaño le dio un codazo, riéndose por la situación.
- ¿Kurt Hummel? – llamó la enfermera. El aludido se puso de pie, junto con Blaine, entrando a la consulta.
La mirada del obstetra se posó sobre Kurt, con alegría, pero cambió a una de confusión al ver a Blaine.
- Hola doctor – saludó el menor, tendiéndole una mano – Él es mi… es… Blaine… un amigo – balbuceó, torpemente.
- Hola, bienvenidos, tomen asiento – los recibió el profesional – Me parece excelente que vengas acompañado Kurt, es muy importante contar con una red de apoyo en tu estado.
- Si… - Kurt le lanzó una mirada nerviosa a Blaine, quien se mantuvo en silencio.
- Aunque, de todos modos, me gustaría poder hablar con tus padres – el semblante de Kurt cayó – Tú eres menor de edad y ellos deben estar al tanto de tu estado.
- Verá, doctor… es complicado… yo, voy a contarles, pero… - Kurt se retorció los dedos.
- Tranquilo, aun tienes tiempo – lo calmó el mayor – Sólo te lo comento, para que en cuanto ellos sepan, puedan venir a hablar conmigo, ¿de acuerdo?
- Si doctor, yo… supongo que de todos modos se enterarán pronto – se encogió de hombros con una sonrisa triste.
- Bueno, dejando eso de lado, cuéntame… ¿Cómo te has sentido? – quiso saber el obstetra.
Kurt se sumió en una detallada explicación de lo horrible que habían sido para él las últimas semanas, los síntomas y su pérdida de peso.
- Debes estar tranquilo, porque desde ahora todos esos malestares comenzarán a desaparecer – le comentó, sacando un suspiro aliviado del menor. Blaine observaba todo, sin decir una sola palabra. Kurt no sabía si estaba molesto con él o sólo estaba siendo un apoyo silencioso – Ahora, pasemos a la camilla para que veamos a ese pequeño revoltoso – lo invitó y Kurt dejó ver una sonrisa genuina, como hace tiempo no mostraba. Blaine caminó con ellos, manteniendo su distancia.
Kurt siguió las instrucciones del obstetra, que ya conocía y esperó impaciente que la imagen apareciera en el monitor. Sólo entonces, el moreno se acercó, apoyándose en la camilla junto a Kurt.
Aunque no lo demostrara, Blaine estaba hecho un atado de nervios, pues vería por primera vez, en vivo y en directo lo que hasta ese momento, era toda una ilusión para él. Y le importaba poco que Kurt insistiera en negarlo como padre de la criatura, porque algo en su interior le decía que era suyo.
Las imágenes difusas en la pantalla lentamente se fueron aclarando, tomando forma, y ajustándose, mientras el médico explicaba lo que iba apareciendo.
- Aquí está el saco… Se ve muy bien – comentó, anotando algunas cosas. Movió el aparato sobre el vientre de Kurt, acercando la imagen – Y acá, está tu hijo o hija… Puedes ver cómo está moviéndose – Kurt asintió, con los ojos llenos de lágrimas y la respiración algo agitada – Ya está perfectamente formado, su cráneo, sus extremidades y su cuerpo, además de todos sus órganos vitales – movió un poco más el ángulo de visión - Aun no podremos ver su sexo, pero a partir de la semana doce, lo podrás saber.
- Fantástico – susurró emocionado el castaño.
- Aun es muy pequeño, mide un poco más de una pulgada – continuó explicando – Pero en las próximas semanas va a duplicar su tamaño.
Sólo entonces, Kurt sintió la mano de Blaine sobre la suya que reposaba en la camilla. Sus ojos lo observaron, y soltó el aire en cuanto vio la expresión de su rostro. Una perfecta mezcla entre felicidad absoluta y orgullo. El menor le apretó la mano de vuelta, para captar su atención. Blaine lo miró, como si Kurt fuera la cosa más maravillosa sobre la faz de la tierra y le sonrió ampliamente.
- Es hermoso… - susurró, en tanto el doctor estaba haciendo sus anotaciones – Hermoso…
El corazón de Kurt se comprimió y la culpa le golpeó la cara. Tal vez estaba siendo horriblemente egoísta al negarle a Blaine la posibilidad de sentir propia esa experiencia, y no sólo como un espectador. Pero estaba también aterrado de involucrar a Blaine en todo esto, para luego salir lastimado cuando dejara de importarle él y su hijo. A pesar de las buenas intenciones que el moreno pudiera tener para con Kurt, no era confiable; no podía darle a su hijo un padre intermitente que no estuviera para él en los momentos más importantes de su vida. Era mejor que sólo lo tuviera a él y a nadie más.
- Lo es – coincidió Kurt, levantándose de la camilla, recibiendo la toalla de papel que le tendía el obstetra para limpiarse el gel.
Salieron de la consulta, envueltos en una nebulosa de felicidad y emociones, mientas observaban las imágenes que le dio el doctor.
- Voy a quedarme con esta – Blaine le enseñó una donde podía apreciarse claramente el bebé de cuerpo completo.
- No puedes, son mías – se quejó el castaño, intentando arrebatársela.
- Tú tienes todas esas – le señaló las otras cuatro imágenes – No extrañarás esta.
Rápidamente la desapareció dentro de su billetera y Kurt solo negó con la cabeza, riendo.
-o-
Kurt terminó su cena, por primera vez en muchas semanas. El doctor había acertado con respecto a que los malestares amainarían de ahora en adelante. Se disculpó y fue a su cuarto. Como si fuera telépata, el celular de Kurt vibró. Blaine.
- Hola – saludó con una pequeña sonrisa formándose en su rostro.
- Hola, cariño – respondió del otro lado. Kurt rodó los ojos, divertido.
- ¿A qué debo tu llamada? – quiso saber el menor – Es raro que me llames, en lugar de sólo meterte por la ventana como siempre.
- ¿Estás extrañándome? – se burló con voz coqueta – Estuvimos juntos hace sólo tres horas.
- No es eso, idiota… - Kurt soltó un suspiro.
- Aun no puedo creer todo lo que pasó hoy – comentó de repente – Ahora mismo estoy mirándolo.
- ¿Tienes la foto en tu mano? – indagó Kurt.
- Sí, es hermoso… como tú – el castaño negó con la cabeza.
- Eres absurdo… Además, no quiero que te emociones mucho al respecto – le advirtió, sin dejar su buen humor – Ya te he dicho que ese bebé es sólo mío.
- Sí, si, como digas… - lo ignoró – No podrás quitarme la felicidad de haberlo visto, de que se haya vuelto algo real…
- Para mí ha sido real desde el principio, por todos los malestares del embarazo – Kurt rebuscó en su bolso por las fotografías – Pero, tienes razón, verlo hace que valga la pena.
- Eso quiere decir que… ¿no te arrepientes? – la voz de Blaine sonaba particularmente interesada.
- Tal vez de la forma como sucedieron las cosas, pero de este embarazo… - Kurt miró las fotografías – Jamás.
- ¿Kurt? – la voz de su padre lo petrificó en su sitio - ¿Cuál embarazo?
El menor volteó lentamente a su espalda, donde Burt lo miraba con el ceño fruncido y una expresión inescrutable en el rostro. Estaba jodido.
Agradecimientos especiales a "Georgi G" por sus reviews, gracias por quedarte hasta el final :D
También a Alo-kun, Jess, Vanesa, littleporcelana, robinnxc; y a quienes me comentan por Facebook: Angie Mf y Veronica!
Muchas gracias por esperarme y seguir esta historia, que continua avanzando sólo por ustedes...
Besos miles!
XOXO
