Hoooola! Tarde otra vez... Pero no quería dejar pasar a mañana, simplemente porque estaré horriblemente ocupada, tengo una mudanza encima... Bueno, la historia de mi vida, me cambio muchísimo de casas. En fin! Este creo que es el capítulo más largo hasta ahora... con casi 6.000 palabras... Espero lo disfruten!


CAPÍTULO 10


El corazón de Kurt iba a mil por hora, mientras retorcía sus dedos con nerviosismo. Podía oír únicamente el sonido del "tic-tac" del reloj de la sala, además de la respiración molesta de su padre, sentado frente a él. El castaño sabía que si no había dicho nada aún, era porque estaba pensando en las palabras precisas para comenzar la conversación.

- Papá… - susurró con la voz temblorosa, mientras sentía que las lágrimas se acumulaban en sus ojos azules.

- ¿Por qué, Kurt? – dijo, interrumpiendo cualquier excusa que pudiera decir su hijo – ¿Por qué no me dijiste nada de esto? Soy tu padre.

- Lo siento… - soltó, en medio de un sollozo.

- ¿Qué estabas esperando? – continuó el mayor - ¿Qué llegara la hora del parto? – Kurt negó con la cabeza, dejando caer un par de lágrimas – Dios mío, ¿cómo pudiste ser tan irresponsable? ¡Eres sólo un niño!

- Yo no sabía… - se esforzó en decir.

- ¡Tienes dieciséis años! – lo silenció con la firmeza de su voz – No tienes ni la madurez, ni el permiso para éstas cosas – el castaño se sintió fatal – Yo pensé, que después de todo este tiempo de estar juntos, desde de que tu mamá nos dejó, había la suficiente confianza entre nosotros, pero veo que no es así.

- Papá, yo no…

- Me has decepcionado, Kurt – las palabras golpearon su pecho como una bola de demolición – Yo te di todo el espacio para ser tú mismo, acepté hasta que tuvieras un novio, pero nunca esperé que te aprovecharas de esa confianza, para pisotearla de esta manera – el llanto del menor resonó por la sala – Dime, ¿quién es el padre? – preguntó, Kurt alzó la mirada, perdido en su propia pena, como para pensar en qué responder.

- Papá…

- Lo siento, pero ya que no estás saliendo con Sebastian… - negó con la cabeza al ver la cara de su hijo, enrojecida con el llanto – ¿Él ya lo sabe?

- Sí – se limitó a decir. El castaño era incapaz de pronunciar una frase completa, sin quebrarse en llanto.

- Lo voy a matar en cuanto lo vea – masculló, frunciendo los labios de rabia.

Pasó un momento de silencio. Kurt logró componerse un poco, antes de por fin poder preguntar lo que deseaba.

- ¿Por qué nunca me dijiste que tenía el gen portador? – su voz era solo un hilo – El doctor dijo que lo sabías desde que nací.

- Porque pensaba comentarlo cuando tuvieras edad – respondió con dureza – Cuando vinieras a mí, para decirme que querías ir más allá con tu novio, o tal vez antes de casarte – Kurt lo miró dudoso. ¿Enserio pensaba que se guardaría casto hasta ese momento? – Entonces yo te diría todo esto. No esperaba que saltaras a la cama del primer novio de secundaria que tuvieras.

- Eso no es así – se ofendió Kurt – Tú me conoces y sabes que yo no soy esa clase de chico.

- Pues, al parecer no te conozco lo suficiente – contraatacó Burt.

- Todo esto se hubiera evitado si me hubieras contado mi condición – Kurt se secó las lágrimas con el antebrazo.

- Hey, no me culpes a mí de tu irresponsabilidad – lo riñó su padre – Así como fuiste lo suficientemente adulto para esto, tendrás que serlo para reconocer tus errores y hacerte cargo de ellos.

- Lo sé y voy a hacerlo – aseguró el menor.

- Y supongo que Sebastian va a ayudarte – comentó.

- No, él y yo terminamos – respondió el castaño – Y no he vuelto a tener noticias de él – el chico alzó la barbilla con dignidad – De todos modos no lo necesito.

- Kurt, esto es un proceso largo y difícil… Necesitarás toda la ayuda y el apoyo que puedas tener – comenzó a decir Burt, suavizando un poco la voz – Un embarazo siempre está lleno de cosas buenas, como de cosas malas… Y en un chico, será brutal. Debes tener eso presente, y ser fuerte, porque lo que se te viene, no es algo sencillo – la advertencia de su padre, hizo que el menor se encogiera en sí mismo – Pero siempre tendrás a tu familia para ayudarte en lo que sea posible… Independiente de lo molesto que pueda estar contigo, eres mi hijo, y te amo por sobre todas las cosas – aquello renovó las lágrimas en los ojos de Kurt – Ahora dime, ¿Cuánto tiempo tienes?

- Diez semanas – su padre alzó una ceja – Am… Dos meses y medio.

- Oh, Okay… aún queda tiempo para que comience a notarse – comentó, poniéndose de pie. Kurt lo imitó y se sorprendió cuando su padre lo envolvió en sus brazos.

Kurt amaba a su padre, porque podría ser el peor de los hijos, y decepcionarlo como lo había hecho, pero él jamás le negaría su apoyo y cariño.

Luego de esa intensa conversación, Burt se retiró, diciendo que iría al taller para despejar la mente. Kurt regresó a su cuarto, realmente afectado por todo aquello, pero un poco más aliviado de que por fin comenzara a salir la verdad a la luz. Era un peso y una preocupación menos, sobre los hombros del chico, que ya bastante tenía con el embarazo.

Su celular, olvidado sobre la cama, parpadeaba anunciando una llamada entrante.

- ¡Kurt! ¡Gracias al cielo que contestas! – oyó la voz del moreno del otro lado - ¿Qué rayos pasó?

- Am… - Kurt contuvo el llanto, tomando aire para calmarse – Mi padre nos escuchó hablando y se enteró de todo – respondió, sintiendo la sorpresa en Blaine.

- Le hablaste… ¿de todo? – dijo, poniendo especial énfasis en su pregunta.

- ¿Estás loco? ¡Claro que no! – Kurt se sentó y pasó una mano por su pelo – Lo hubiera matado… Él… asumió que Seb… mi ex… bueno… era el padre…

- ¿Y no lo es? – Kurt se maldijo internamente ante aquella revelación – Eso es lo que me has dicho todo el tiempo – la burla era perceptible en su voz.

- Yo no he dicho eso – intentó recuperarse – El padre soy yo, nadie más.

- ¡Vamos, Kurt! No te embarazaste del Espíritu Santo – rió con diversión – Sólo dilo y ya…

- ¿El qué?

- Que yo soy el padre de ese bebé – dijo triunfal.

- Vete al diablo – siseó molesto – Ni en tus mejores sueños oirás eso de mí, ríndete Anderson.

- Ya veremos – Kurt finalizó la llamada, sintiéndose incómodo.

Tal vez había quedado vulnerable con la conversación, por lo que había hablado sin pensar. Seguía creyendo que involucrar a Blaine en todo esto no era correcto. Y odiaría equivocarse una vez más, como le pasó con Sebastian, quien parecía un chico encantador, formal y realmente enamorado de él, y resultó siendo un patán, que no le importó dejar a su novio por las críticas de sus padres.

Definitivamente no podía arriesgarse así de nuevo.

-o-

Una nueva semana iniciaba y Kurt caminaba tranquilamente por los pasillos de McKinley High. El clima afuera estaba gélido y todo anunciaba que pronto la lluvia se dejaría ver, pero nada podía perturbar el buen humor del castaño. A pesar que su padre le retirara la palabra después de su "charla", sentía que un gran peso había sido retirado de sus hombros, y una sensación de ligereza lo invadía.

- Hola, Hummel – saludó desde su espalda, una voz familiar para el ojiazul.

- ¿Qué hay Puck? – respondió, volteando a verlo con una sonrisa.

- ¡Wow! ¿Te ganaste la lotería o qué? – preguntó - ¿Por qué sonríes así?

- Y ¿por qué no? – dudó el castaño – Hoy es un hermoso día.

Noah miró hacia el exterior por las ventanas y frunció el ceño.

- Sí, claro… ¿Te sientes bien? – lo cuestionó, chequeando la temperatura de su frente con el dorso de su mano.

- De maravilla, pero voy tarde a mi clase de español – lo apartó con simpatía – Nos vemos al rato.

Dejó atrás a Puckerman, con una profunda expresión de confusión. Pero finalmente sonrió, pensando en que hacía mucho tiempo que no veía a Kurt feliz.

Cuando el castaño entró al salón, estuvo a punto de salir y comprobar que era el salón correcto. Y su impresión se debía nada más y nada menos, que a Blaine Anderson, quien yacía sentado en un pupitre, balanceándose sobre las patas traseras de la silla, como solía hacerlo su amigo Puck.

Aprovechando el lugar vacío a su lado, se apoderó de él y dejó sus libros sobre la mesa. El moreno se quitó los audífonos que tenía puestos y lo recibió con una sonrisa típica en él.

- No sé si estoy comenzando a alucinar, pero… si no me equivoco… Es la primera vez en el año que te veo en una clase – comentó - ¿Acaso me estás acosando?

- Hola, también para ti, cariño – se rió, sentándose correctamente.

- No me digas que cambiaste tu horario para que coincidieras conmigo "casualmente" – hizo comillas en el aire, sin dejar su expresión de sospecha – Porque eso no es propio de ti.

- Tienes razón, no es eso – le aclaró, conservando su buen humor – Pero, ahora que voy a ser padre, creí que sería bueno tomarme esto del estudio enserio – se encogió de hombros, como si hablara del clima.

- ¿Qué? – Kurt cambió a una mueca divertida – Disculpa, es que creo que no oí bien – ironizó – Dijiste… ¿Ahora que serás padre?

- Sí, eso dije – confirmó, sin inmutarse.

- ¿Y es que acaso embarazaste a una de las porristas con las que te enrollas? – se burló, tratando de sonar desenfadado.

- No – respondió acercándose al rostro del menor, con su arrogante sonrisa, captando las intenciones de Kurt – Pero, si dejé esperando un hijo mío a un chico increíble, sexy y con un trasero… - hizo un obsceno gesto con su boca, que desató un enrojecimiento general en Kurt, quien le propinó un golpe en el brazo - ¿Qué? – se rió, sobando el área golpeada – Tú comenzaste con las bromas.

- No soy un pedazo de carne, Blaine – siseó bajo, para que sólo él lo oyera.

- Por supuesto que no – la sonrisita en su rostro terminó por cabrear al castaño, quien se volteó al frente, para luego mirar a su alrededor en busca de otro lugar vacío. Tarde, porque ya todos los sitios estaban ocupados.

Resopló resignado a pasar noventa minutos junto a Blaine. ¿Qué tan malo podría ser?

- Blaine, ¿quieres callarte? – susurró, mientras el moreno no dejaba de decirle cosas al oído, burlándose del maestro, de cómo se oían las palabras en español, comparándolas con otras y de sus compañeros de clase.

- Lo siento, pero estoy aburrido – confesó, poniendo cara de niño regañado – Y no se me ocurre que más hacer para matar el tiempo.

- Am… podrías hacer tu tarea… o al menos dejarme hacer la mía – se quejó.

- ¿Y de qué sirve? – continuó – De todos modos, ¿Cuándo vamos a hablar en español con alguien? Las posibilidades que eso pase, son una en un millón.

- Aun así, pretendo graduarme algún día – siseó – Asique, cierra tu bocota.

No lograron cumplirse cinco minutos completos, cuando con lentitud, Blaine se acercó nuevamente al oído del menor.

- ¿Has pensado en algún nombre para el bebé? – Kurt detuvo el bolígrafo a un centímetro del papel, alzó la mirada hacia su compañero de pupitre y soltó el aire por la nariz, demostrando su molestia, con la mejor cara de perra que pudo. El aludido alzó las manos en rendición – Sólo preguntaba.

La clase continuó igual, con Kurt bufando cada cinco minutos, por ser interrumpido por un particularmente inquieto Blaine, haciéndole las preguntas más rebuscadas e irritantes que se le ocurrían.

Cuando el timbre se dejó oír por fin, Kurt soltó un suspiro de alivio, agradeciendo al cielo que esa tortura hubiera acabado. Tal vez, en cualquier otra situación le hubiera parecido divertido, y hasta añadiría un par de comentarios, pero lo cierto es que la clase de español era una de sus favoritas. A Kurt le gustaban mucho los idiomas, y Blaine lo había vuelto una odisea.

- Eres la persona… más infantil… que he conocido – le dijo el castaño, con los dientes apretados – Y si estás intentando tomarte la vida enserio, vas por muy mal camino.

Recogió sus libros, se acomodó el bolso sobre el hombro y caminó fuera del salón. Blaine lo alcanzó al llegar al casillero, que abrió violentamente.

- ¡Hey! No entiendo por qué te enojas – su expresión tranquila sacaba de quicio al menor – Sólo es una clase, no vas a morir por no prestar atención.

- Y yo no entiendo por qué eres así… - soltó, arrojando sus libros dentro de la taquilla – A veces te comportas como un adulto, que quiere hacer las cosas bien y aparenta preocuparse por los demás, y al segundo siguiente… eres sólo un niño inmaduro…

- Vamos, eso no es cierto – se rió confundido – Yo sólo, creí que sería divertido hablar un poco… Es la primera vez que compartimos una clase…

- Si fueras un estudiante promedio, nos veríamos en todas las clases – acotó el castaño, pero luego se maldijo a sí mismo, pues sabía que Blaine lo malinterpretaría.

- No creo que haya sido tan terrible para ti, si estás planeando compartir el resto de las clases conmigo – su sonrisa cargada de arrogancia reapareció y Kurt quiso golpearse.

- Okay, terminé aquí – declaró el menor, cerrando la taquilla y caminando lejos de Blaine.

El resto del día logró mejorar un poco el ánimo de Kurt, pero no pudo hacerlo sentir con la felicidad que sentía por la mañana. La lluvia se dejó caer en gran cantidad, haciendo un fuerte ruido sobre cada tejado. Las clases habían acabado, y Kurt salía en ese momento del club Glee, conversando animadamente con Mercedes y Tina, acerca de las locales que ya estaban casi encima. Rieron y anduvieron por el pasillo, hasta que la figura de Blaine, apoyado en su casillero lo hizo despedirse de sus amigas, evitando así cualquier posibilidad de que lo relacionaran con el moreno. Esperó a que ellas se alejaran, y entonces caminó hacia él.

- ¿Buscas a alguien? – dijo, esperando que se quitara de la puerta del locker, para sacar sus cuadernos.

- Sí, a ti – respondió, impulsándose con la espalda para alejarse y darle lugar al ojiazul de que sacara sus cosas – Quería disculparme.

- ¿Tú? – Kurt rió divertido – ¿Y por qué te estás disculpando, exactamente?

- Por interrumpir tu clase, por ser un niño inmaduro y… - se acercó a Kurt, acorralándolo entre la taquilla y su cuerpo. La piel del menor se erizó ante la cercanía, sintiendo los latidos aumentar de intensidad. Estaba seguro que iba a besarlo – Por no tomarme las clases enserio antes… - el aliento del moreno le cosquilleaba el rostro – Tal vez tienes razón… Y no quiero que mi hijo… o hija… - el mayor pasó el dorso de su mano suavemente por sobre la tela de la camisa de Kurt a la altura del vientre. Al ojiazul se le aceleró la respiración ante su gesto – Piensen que su padre es un perdedor…

- Blaine… - la voz salió temblorosa de sus labios, casi como un jadeo, en lugar de una advertencia real – Tú no eres el pad…

- Shhh… - Blaine comprimió el rostro con desagrado – Odio cuando dices eso… - susurró, casi sobre la boca de Kurt, quien no podía dejar de mirarlo a los ojos con deseo puro – Además, no he terminado de disculparme… - continuó, torturando al castaño con su proximidad, jugando con sus ganas de más – Porque… es mejor pedir perdón… que pedir permiso – añadió, rozando los labios del menor, causando que se acalorara con su cercanía y su forma de hablarle, tan íntima y tan caliente.

Y como lo había anticipado Kurt, Blaine cubrió su boca con la suya, succionando, mordiendo y saboreando sus labios como si su vida dependiera de ello. El chico estaba confundido, pues el moreno había logrado seducirlo, con sus palabras susurradas a centímetros de él, y su cuerpo pegado al suyo. No era justo para la endeble fuerza de voluntad de Kurt, quien estaba horriblemente vulnerable desde que las hormonas del embarazo hicieran estragos en su cuerpo y cabeza.

Luego de que le hubiera robado el aliento con aquel beso de película erótica, Blaine se apartó para tomar algo de aire. Kurt abrió sus ojos lentamente, sintiéndose desnudo y vergonzosamente excitado, como cada vez que el moreno lo tocaba o besaba.

- Creí… - Kurt aclaró su garganta, recuperando la compostura – Creí haberte dicho que no podías besarme… No sin mi permiso.

- Kurt… ¿qué quieres que haga? – se quejó Blaine – ¿Qué puedo hacer?, si cada vez que te miro… - volvió a aproximarse, pasando el dorso de su mano, por la mejilla del menor, que estaba pintada de carmín - …Siento que no puedo alejar mis manos de ti…

- Basta… - dijo el ojiazul, aunque sonaba más como una súplica, que como una orden – Esto no está bien, no es correcto.

Logrando zafarse de la prisión que había hecho Blaine a su alrededor, caminó hacia la salida, tratando de andar lo más rápido que podía, sin llegar a correr; y como era de suponerse, Blaine lo siguió. Al abrir la puerta, se topó con la copiosa lluvia que caía, pero debía llegar a su carro para salir de allí de una vez por todas, por lo que no le importó mojarse, y se adentró en la cortina de agua que caía, cubriéndolo por completo.

- ¡Maldita sea! – oyó tras de sí a Blaine - ¡Kurt!

El aludido no miró a quién lo llamaba, y sólo mantuvo su paso rápido, sintiendo la humedad escurrirle por la espalda y la cara. ¿Por qué había dejado su carro tan lejos? Aunque agradecía que ya todo mundo se hubiera ido, para que nadie lo viera así.

Rebuscó las llaves de su carro, en su bolso, sin dejar de caminar, maldiciendo el clima al ver que sus cosas en el interior comenzaban a mojarse también.

- Kurt, no puedes irte así – lo alcanzó el moreno.

- Dejémoslo así, es lo mejor – respondió Kurt, quitándole la alarma al carro.

- Kurt… - la mirada de Blaine se encontró con la del menor, quien había estado revolviendo su bolso y no había reparado en lo sexi que se veía con el cabello mojado y la ropa pegada al cuerpo, casi translúcida.

El moreno miró a Kurt, con el cuerpo mojado y lo labios y las mejillas enrojecidas, los castaños mechones de cabello le caían en la frente, dándole un aspecto fantástico.

- Mierda… - siseó el ojiazul de un momento a otro, siendo incapaz de resistirse, ante la excitante escena que era Blaine, frente a él. Dejando caer su bolso, caminó los tres pasos que los separaban y tomándolo por el rostro, estampó su boca contra la suya, en un acto desesperado y salvaje. Blaine lo recibió sorprendido, pero aquella primera emoción se esfumó en cuanto sintió el cálido cuerpo de Kurt pegado al suyo.

El beso era aún más caliente que el que se habían dado hace un rato, sumándole la lluvia alrededor y que era Kurt quien había decidido besarlo esta vez, dejando de lado sus inhibiciones. De un momento a otro, el castaño estuvo apoyado en el carro, mientras que Blaine se deshacía besándolo con toda la pasión que el chico le producía, desquiciándolo con sus labios expertos. Las manos del moreno pasearon por los costados del menor, mientras que el castaño enterraba sus uñas en la espalda de Blaine.

Ambos sentían la satisfacción de tener ese beso que hace tiempo deseaban y no se había logrado, hasta ahora.

-o-

La ropa de Kurt cayó al piso, completamente empapada, acompañando a sus zapatos que estaban en igualdad de condiciones. Sabía que había sido una mala idea quedarse bajo la lluvia por tanto tiempo, pero estaba tan absorto besando a Blaine, que perdió la noción de todo lo que lo rodeaba. En sus labios aun podía sentir un hormigueo, debido a la intensa sesión de besos. Rió para sí, metiéndose a la ducha, dejando que el agua caliente le devolviera el calor que había perdido. Era una locura, y Kurt era plenamente consciente de las consecuencias que aquel impulso le traerían. Sin embargo, no podía decir que estaba arrepentido, en lo absoluto, disfrutó cada segundo que su boca estuvo pegada a la del moreno, quitándose por fin las ganas que se cargaba de hacerlo.

El extraño tipo de relación que mantenían Kurt y Blaine, permitía de cierto modo que estos deslices pudieran ocurrir, sin que eso alterara gravemente las cosas entre ellos, por lo que el castaño respiró tranquilo, reconfortándose con la idea de que mañana discutirían por cualquier cosa, regresando todo a la normalidad.

El resto de la semana pasó en un abrir y cerrar de ojos; Blaine mantuvo su actitud de siempre, haciendo insinuaciones de vez en cuando, las cuales Kurt se quitaba de encima con una negativa o un golpe en el brazo del mayor, haciendo las cosas simples, sin mayores compromisos de por medio. Kurt lo prefería así, sin involucrarse de más, manteniendo una distancia segura y una actitud frívola como coraza, para no dejar que los sentimientos afloraran, pues él no necesitaba eso en su vida, no ahora, ni en su situación, mucho menos con Blaine.

Ese sábado a medio día, Kurt estaba sumido en una gran pila de libros, informes y apuntes, esforzándose en memorizar todo para el examen que tendría el lunes. La ventana a su espalda fue abierta de improviso, levantando al menor de un brinco por el susto.

- ¡Maldición! – puso una mano sobre su pecho para cerciorarse de que el corazón seguía en su lugar - ¿Podrías dar un par de golpecitos antes? Evitarías matarme cada vez que vienes – pidió, regulando su respiración.

- Lo siento, es que… la ventana se atoró y… - hizo el gesto de empujarla hacia arriba con fuerza – No puedo controlar mi poder – se jactó, sacando una carcajada del castaño.

- Eres un presumido – Kurt negó con la cabeza, poniéndose de pie. Blaine se acercó a él con la intención de darle un beso, pero el menor giró ligeramente el rostro, recibiendo su saludo en la comisura de los labios. No pudo evitar sonreír, sonrojándose.

- Puedo saber a qué debo tu visita… Es temprano para ti – miró su reloj en la mesita de noche.

- Am… hoy fue un día productivo para mí – explicó, quitándose la chaqueta y recostándose sobre la cama como si fuera suya - Y, estuve pensando…

- Wow – se burló Kurt, abandonando su lugar en el escritorio y sentándose frente a Blaine.

- Ignoraré eso – lo señaló con un dedo – Estuve pensando en que… sería bueno buscar un trabajo de medio tiempo – continuó – Ya sabes, para después de la escuela.

- Mmm… ya veo – Kurt no entendía de qué iba todo eso, ni porqué se lo contaba a él, como si de alguna manera le incumbiera – Y me lo estás contando... ¿Por?

- Cariño, los bebés necesitan mucho dinero – se sentó, para mirar a los ojos azules del menor – Y no puedes depender de tu familia por siempre, por eso creo que lo mejor es comenzar desde ya, ahorrar todo lo que pueda para la llegada del bebé… - Kurt boqueó, sin saber qué decir – Tal vez comprar algunas cosas antes, como pañales y esas cosas… No lo sé…

- Blaine… No… No tienes que… - el castaño negaba con la cabeza, mientras intentaba buscar las palabras adecuadas.

- Sí, tengo que hacerlo, porque no puedo dejarte toda la responsabilidad a ti – el moreno continuó, sin percatarse de la verdadera intención de Kurt tras esa frase.

- Okay, te voy a detener aquí porque esto se está saliendo de los márgenes – Kurt puso las manos como si detuviera una pared invisible frente a él – Primero, no tienes que buscar un trabajo si es para darme dinero, porque no lo necesito – el moreno quiso interrumpir, pero el ojiazul se adelantó – Segundo, no puedes descuidar la escuela por un trabajo de medio tiempo, yo no podría con mi consciencia si lo haces… Y tercero… Y creo que lo más importante… Blaine, es mi hijo, ya te lo he dicho muchísimas veces, no tienes que tomar responsabilidades que no te corresponde porque este bebé es mío, y yo me haré cargo de todo lo que necesite.

Blaine se dejó caer hacia atrás, soltando un bufido de frustración, tapando su rostro con ambas manos de forma dramática. Luego se levantó, con el pelo revuelto.

- ¿Hasta cuándo seguirás con eso? – preguntó, con voz cansada – Kurt, pareces una grabación… Todo el tiempo dices "este bebé es mío", "tú no eres el padre", "deja de preocuparte"… - gesticuló, imitando el tono de voz del menor – Te juro que voy a lanzarme por esa ventana si vuelvo a oír algo como eso de nuevo – dijo señalando la ventana a su lado.

- Pues, lo siento si te molesta – se defendió el castaño, poniéndose de pie y caminando por el cuarto – Pero es la realidad, y así te parezca una estupidez, yo puedo sólo con este bebé.

- Okay, me rindo – Blaine se puso de pie, tomando su chaqueta, para luego salir de allí, trepándose a la ventana.

Kurt soltó el aire pausadamente, intentando no perder la calma. Aquella parecía la eterna discusión sin fin. Y ni él daría su brazo a torcer, ni Blaine se cansaría de insistir.

- Y por si te lo preguntas… - el moreno añadió, metiendo solo la cabeza – Voy a buscar un trabajo de todos modos.

El castaño se sentó de regreso frente al escritorio. Una pequeña sonrisa fue tomando lugar en su rostro, y tuvo que darle la razón a sus pensamientos. Blaine podía ser un idiota cuando quería, pero a la vez sacarle la más grande de las sonrisas cuando se comportaba como todo un hombre.

Más tarde ese día, bajó a cenar, pues su estómago protestaba por un poco de comida. Ya sentados los cuatro a la mesa, Burt le lanzó una mirada cómplice a Kurt, recordándole sin palabras que debía contarle a su familia acerca de su embarazo, o al menos eso pudo entender el menor.

El castaño pensó la mejor forma de decirles una noticia como la suya, pero su cabeza no logró encontrar una manera sencilla de hacerlo, por lo que prefirió terminar su cena en silencio. Ya tendría tiempo luego de contarles todo.

Disculpándose, se retiró de la mesa para regresar a su cuarto. En cuanto se hubo sentado sobre la cama, Finn entró con su torpe andar.

- Am… Kurt… este – se rascó la nuca – Burt me dijo que… viniera a ver si estabas bien – Kurt entendió que su padre pretendía hacerle más fácil el asunto.

- Pues, no lo sé… - palmeó el lugar frente a él en la cama y su hermanastro se sentó con una expresión curiosa – Yo… hace tiempo que quiero decirles algo… A todos, bueno, papá ya lo sabe… pero, aun así – el menor aclaró su garganta y miró los ojos sinceros de Finn.

- ¿Qué ocurre? – lo animó - ¿Es algo malo?

- Er… Si… No, o sea… depende, yo… En mi situación no es algo muy bueno, aunque si es bueno en sí, es sólo que… la situación es… es… complicada.

- Okay, no estoy entendiendo nada, Kurt – Finn negó con la cabeza, poniendo sus manos al frente para detener el enredo de palabras que soltaba su hermano – Puedes ser más claro, sabes que a mí puedes decirme lo que sea – Kurt soltó un suspiro.

- Si, lo sé… bueno, lo que pasa es que – la mirada azul de Kurt se clavó en los ojos cafés del mayor – Tu sabes que yo tenía un novio, ¿cierto? – se fue por la tangente – Y, bueno con Sebastian hace un tiempo dimos un paso más en nuestra relación y eso, inevitablemente trajo consecuencias… Porque yo no sabía que soy portador del gen portador, que permite que un hombre tenga hijos.

- No entiendo que tiene que ver Sebastian – dudó – Ustedes ¿no habían terminado?

- Sí, terminamos, pero antes de eso, am… hacíamos lo que hacen los novios – Kurt alzó las cejas sugerentemente, para darse a entender, pero su hermano parecía un niño del jardín de infantes – Ya sabes, no creerás que no pasábamos todas las tardes sólo conversando… ¿si entiendes lo que te estoy diciendo? Vas a ser tío dentro de seis meses – soltó finalmente - Estoy embarazado.

Finn permaneció en silencio. Mucho tiempo. Tanto, que Kurt creyó que había sufrido una especie de parálisis.

- Por Dios, Finn… ¡Dime Algo! – pidió Kurt, tomándolo del brazo y sacudiéndolo un poco.

- T-tú… t-t-tú… ¡E-estás em-em-embarazado! – tartamudeó por fin - ¡Oh, mierda! ¡Mierda, mierda, mierda! – Kurt lo miró divertido – Entonces… ¿Yo también puedo embarazarme, aun siendo un chico? ¡Ay Dios! Mamá nunca me dijo nada – su expresión cambió a una aterrada.

- ¡No, no, no! Finn, escúchame – lo calmó el ojiazul – Tú no tienes el gen, tranquilo.

- ¿Por qué no? ¿Acaso sólo tú puedes tenerlo? – rebatió y el castaño negó con la cabeza.

- No me digas que ahora deseas tenerlo – se burló él.

- ¿Qué? No, claro que no – arrugó el rostro con desagrado.

El castaño le dio un abrazo a su hermano y este lo recibió en sus brazos con cariño.

- ¿Ahora entiendes porque estaba tan raro? – murmuró Kurt en cuanto se separaron.

- Sí… - se rascó la nuca, mirando a su hermano como si en cualquier momento le brotaría una barriga de nueve meses – Aun no puedo creer que seré tío – soltó, mirando a todas partes – Esto es una locura… ¡Seré tío! – una enorme sonrisa le partió la cara en dos y Kurt vio cómo se ponía de pie, sumido en sus propios pensamientos, murmurando "seré tío" una y otra vez, saliendo del cuarto. El castaño cada vez se sentía mejor, mientras más personas se fueran enterando de su estado, más aliviado estaría.

-o-

Cuando llegó el lunes, y las clases acabaron, Kurt no pudo ver por ninguna parte a Blaine, y su moto tampoco estaba en el parqueadero. Le marcó al celular y esperó, golpeando con su pie rítmicamente sobre el suelo, cruzando sus brazos.

- Hola cariño, estoy algo ocupado ¿pasó algo? – saludó, y el castaño podía oír ruido ambiente, como si estuviera en una tienda o algo similar.

- No realmente, ¿dónde estás? – quiso saber.

- En mi trabajo, y no quiero que me despidan en mi primer día por hablar por teléfono – se rió – Asique, hablamos luego, ¿sí?

- Am, Blaine… - lo detuvo antes de finalizar la llamada - ¿Acaban de pedirte un latte? – dudó, luego sus ojos azules se ampliaron - ¿Estás trabajando en el Lima Bean?

- Enserio tengo que cortar, cariño – desvió la pregunta – Mi jefe está mirándome muy molesto. ¡Adiós!

La llamada fue cortada y Kurt frunció el ceño, pensando en que la conversación del sábado no había servido para nada. Se subió a su carro, y luego de dar un par de vueltas vacilantes, se decidió por ir a cerciorarse de que Blaine decía la verdad. El hecho que consiguiera un trabajo, decía mucho de él y su nivel de compromiso con la situación, y si Kurt tuviera un listado de pros y contras, esto definitivamente iría destacado en el lado de los "pros". Por supuesto, el castaño no había hecho tal cosa. Aun.

El lugar estaba cálido en contraste con el clima frío del exterior, por lo que se dijo a si mismo que la idea de ir allí por algo caliente, resultaba bastante conveniente. Se formó en la fila y esperó, jugueteando con sus manos. Al llegar a la caja, sus ojos escanearon a un Blaine que no había visto jamás. Llevaba en uniforme del Lima Bean, con una gorra sobre su cabeza. Era adorable de ver y Kurt no pudo evitar sonreír. Blaine en cambio, sin percatarse que era a Kurt a quien atendía, preguntó con voz monótona por la orden del castaño.

- Hmm… ¿qué tal una leche chocolatada? – dijo, haciendo que el moreno levantara la cabeza en media fracción de segundo al oírlo – Y añade unas galletas, de aquellas azucaradas – continuó Kurt, disfrutando el momento.

- ¿Qué haces aquí? – soltó casi en un susurro.

- Am… pidiendo una leche caliente, ¿Y tú? – se burló el menor.

- ¿Viniste a verme? – la patentada sonrisa de Blaine Anderson hizo su aparición, mientras se apoyaba en la caja registradora, para acercarse al castaño – Eso es lindo.

Kurt le entregó el dinero, haciéndole una seña, refiriéndose a la enorme fila a sus espaldas.

- Será mejor que dejes de charlar con los clientes, o no terminarás tu primer día – comentó Kurt.

Blaine asintió, recibiendo el dinero de Kurt y entregándole el cambio. El castaño se deslizó hacia el lado, con una sonrisa, pasando muy cerca de Blaine, logrando que éste lo siguiera con la mirada.

El ojiazul se sentó relativamente cerca de Blaine, bebió con toda la calma que le fue posible de su vaso, mirando de vez en cuando al moreno trabajar. Dentro de él, tenía la sensación de estar jugando con fuego, y quiso, una vez más, culpar a las hormonas de sus reacciones tan impulsivas. Últimamente se le hacía muy difícil contenerse delante del moreno y eso no le gustaba, pero tampoco hacía gran cosa para evitarlo. Lo cierto era que aunque se lo negara a sí mismo, el chico producía un efecto poderoso en él, lograba nublarle el juicio y sacar un lado desconocido para Kurt hasta ese entonces, una faceta en la que podía ser atrevido y sexi, arriesgarse a todo sólo por complacer sus deseos.

El castaño vio que Blaine aprovechaba que la fila había desaparecido, para hacerle un gesto a su compañero de trabajo, diciéndole algo en voz baja. Luego lo observó salir de atrás del mesón y caminar hacia él. Kurt compuso su mejor cara.

- Hola, de nuevo – saludó, sentándose frente al menor – Mi jefe salió por un momento, asique puedo tomarme cinco minutos.

- No tenías que hacerlo – Kurt jugueteó con el vaso ahora vacío, en sus manos – En realidad, sólo quería algo caliente y… confirmar si realmente estás tan loco como dices… Y ya veo que sí – el castaño negó con la cabeza, sonriendo.

- Soy un hombre de palabra – comentó y Kurt alzó una ceja – Bueno, tal vez no, pero esto es distinto… Es importante.

- Y yo te dije que no era necesario – insistió el ojiazul.

- Lo sé, pero yo decidí no escucharte – respondió con convicción.

- Si acabas por reprobar el curso… No podré dormir por las noches – se quejó de vuelta.

- De todos modos no podrás dormir cuando el niño nazca – bromeó – No será la gran cosa si repruebo.

- No, Blaine… Estás en tu último año y tienes todo un futuro por delante – el tono de voz del menor se volvió serio - ¿No piensas ir a una universidad? ¿Hacer algo para ti? ¿Qué te dé para vivir?

- Creo que si respondo a eso, voy a tenerte sobre mí, cada día, cantándome un sermón de dos horas – se burló.

- Te encantaría escucharme cantar… - bromeó de vuelta.

- Estos días… has estado particularmente diferente – comentó Blaine – Me gusta verte sonreír así, y ser tan caliente – susurró, sonrojando a Kurt hasta las orejas.

- ¿Te parece? – fingió inocencia.

- Oh, mierda… Mi jefe regresó – se interrumpió, mirando hacia el mesón – Será mejor que regrese.

- Okay, de todos modos ya tenía que irme – añadió Kurt, poniéndose de pie. Blaine aprovechó para besar su mejilla y salir casi corriendo a su lugar de trabajo.

Una pequeña vocecita en la cabeza del castaño, le dijo que estaba disfrutando demasiado aquellas muestras de cariño del moreno, pero Kurt la acalló. Además, se trataba de Blaine y era imposible imaginar un futuro con alguien como él. ¿Cierto?


Tan... taan...! Las cosas se están moviendo entre esos dos...

Gracias a todos por sus reviews y nos leemos el prox. martes.

Besos!

XOXO